Los Poetas de Mascaró - El libro (Primera Entrega)

Ensayos sobre la poesía. Ensayos sobre los ensayos.

Volver a opinar.


(Fragmento del prólogo del libro Los Poetas de Mascaró)


Se trata de escribir sobre la poesía. De reconocer escrituras que se generaron entre fronteras. De autores que formaron parte del hacer poético nacional entre los primeros años de la década del setenta hasta los años noventa. Como referencia particular estoy pensando en el Taller Literario Mario Jorge De Lellis y en la revista de literatura Mascaró. Como espacio más amplio algunos de los debates poéticos en últimas tres décadas. Cuando digo fronteras hablo de lo que representó una generación que vivió entre dictaduras y post-dictaduras. Cuando hablo de escrituras pienso en volver a opinar sobre el hecho poético tomando como referencia núcleos literarios de los que formé parte.

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En unos casos se trata de temáticas que compartimos entre quienes fuimos compañeros de viajes. En otros de reflexiones sobre el sentido de la poesía para uno mismo. También se trata de una memoria recordando a nuestros compañeros de taller desaparecidos que fueron víctimas del terrorismo de estado o murieron durante la pos-dictadura. Por eso se trata de escrituras y reflexiones entre fronteras. No pretendo por cierto establecer ningún canon ni reivindicar un programa. Formé parte de un espacio que no fue de ruptura y a la hora de las continuidades coparticipamos de una nueva exposición de multiplicidad de poéticas y micro-poéticas. No terminamos de ser en los años setenta y nos instalamos en los años ochenta en la diáspora de una derrota de la cual tampoco pudimos hacernos cargo porque habíamos sido demasiado jóvenes. La poesía igual sigue siendo una zona de riesgo. Dentro de un sorpresivo presente poético con una gran diversidad como riqueza, con las lógicas inflaciones que ofrecen los campos virtuales o las multiplicaciones de las patrias interiores donde las voces trabajan cuerpo a cuerpo. Se trata de una suma de notas ensayísticas que abordan distintos debates en la poesía argentina, diversos momentos vividos en común o en soledad, temas o acontecimientos históricos o simplemente reflexiones. El libro está acompañado por una selección de poemas. De alguna forma también se trata de un reencuentro con quienes trabajamos juntos en la poesía, polemizamos, nos reunimos en la amistad. Me refiero a Leonor García Hernando, Luis Eduardo Alonso, Nora Perusín y Sergio Kieslevsky y María Elena San Martín quienes integramos el Taller Literario Mario Jorge De Lellis y en los años ochenta creamos la Revista de Literatura Mascaró.


Uno da vueltas sobre sí mismo

El acto de poetizar es esencialmente una fidelidad, una fidelidad con uno mismo. Y aquella concentración que se genera desde el objeto-poema, aquella dureza que se esconde como energía en algún papel, libro o pantalla es la que “ostenta los signos sagrados de la escritura que disfrutan los retóricos, los filólogos y muchos lectores”. Por cierto que lo bello individual debe soportar “la contemplación pública” pero el flujo de lo signos sigue emanando de un objeto creado individualmente entre la palabra y el que se asume como trabajador de la palabra. Trabajo humano entonces creado por el oficio del poeta. Trabajo sobre el que uno vuelve siempre, fidelidad constante, pero también trabajo del ocio, en un hacer del tiempo poético que produce lo intangible: imágenes, metáforas, lenguajes.

Damos vueltas sobre nosotros mimos ante cada hoja de papel en blanco. Somos contemporáneos de nuestros propios presentes que van de la angustia, al hastío. Nos asombra el peso de la historia, de las escrituras de los clásicos que extendieron sus tiempos opulentos frente a la fragilidad de nuestros presentes exiguos. Pero a cada extensión de papel reconocemos la necesidad de la fe para creer, parta crear. Uno también duda del acto original de le escritura para ira hacia las sobres-escrituras, para ensayar sobre las palabras ya escritas de uno y sobre las escrituras de otros. Pero ese desplazamiento también es parte de una fidelidad acordada desde la primera imagen que uno sintió realizada como autor.

“Todo poeta tiene un pensamiento implícito” recuerda Cintio Vitier en su ensayo “Palabras a la aridez y es trabajo de la crítica descubrirlo. Pero Vitier reconoce que “Si hay una concepción cartesiana, hay también una concepción gongorina de las cosas” que resulta más difícil de descubrirlo en los poetas profundamente líricos. Pero existe definitivamente el pensamiento del sentimiento “el pensamiento aún no racionalizado a lo que debemos agregar “la sombra del pensamiento mítico” que se reconoce anterior a la distinción entre mito y logos, al propio “nacimiento de la filosofía”. La poesía “trata de reconstruir su templo en las ruinas del mito que son las metáforas” una batalla casi imposible y quizás en ese imposible radique lo utópico de la necesidad de construcción mítica en los presentes de la experiencia poética de cada uno. Pero “en nuestra vida cotidiana asistimos a una de las manifestaciones más conmovedoras de la fidelidad poética, -dice Vitier- y es lo que pudiéramos llamar la experiencia del “símbolo inverificable”.

Somos fieles entonces al misterio de lo real que nos es ajeno y cuando más inmediato más extraño “más que la perplejidad del por qué o para qué, es la pregunta por el dónde” para ello según Vitier debemos obedecer al espíritu, la fidelidad a la vida debe conducirnos a la vida del espíritu. ¿Pero dónde queda el espírutu? El propio Desacartes se murió sin saber el lugar donde vivía el alma: si en el cerebro o en el corazón. Pero más allá donde radique el alma o el espíritu, la obediencia poética parece conducir a la felicidad. ¿Y la desobediencia?

Volver a opinar

“Hay dos batallas que la poesía, como oficio, ha perdido: la de su inocencia y la de su libertad. La primera la perdió contra sí misma, contra el criticismo surgido de su propia conciencia, la segunda la perdió frente a lo otro, frente a ala escisión provocada por esa misma lucidez” recuerda Cintio Vitier. Para el poeta cubano el momento cumbre de este proceso se vive con el romanticismo alemán y el simbolismo francés: “la poesía se vuelve cada vez más, meditación sobre la poesía”. A lo que se agrega la culpa de la poesía frente a la acción, lo que implica una devaluación de la palabra como expresión. Dicho de otra forma: la palabra ya no alcanza. “lo cierto es que la poesía se siente culpable, y no sólo de su desmembramiento interior, de su desconexión con las fuerzas hostiles que ella misma, por rechazo, ha definido, sino tal vez de todo el drama espiritual que agobia al hombre”

En estas primeras líneas estamos trabajando con un ensayo de Cintio Vitier que a mi entender fue uno de los grandes poetas de habla hispana que además de hacer poesía, pensó la poesía también como un acto poético. Por eso en esta idea de reconsiderar algunos temas que para nada cierran los discursos, ni pretender ser definiciones últimas, no permiten volver a opinar. Regresar a las cosas que alguna vez se dijeron y pueden volverse a decir. “La poesía se ha vuelto una conspiración dentro de la realidad” decía Vitier en su texto La estación violenta a propósito del libro de Octavio Paz, en el año 1959 y agregaba una definición que parece presente: “El poeta es un sospechoso, no sólo para los otros, sino en especial para sí mismo; él sabe mejor que nadie que su tarea es clandestina, que lo que, por ejemplo, Gottfried Benn llamara el Mundo de la Expresión se ha cerrado sobre sí como un laberinto de espejos que sólo reflejan palabras, pero que, por lo mismo, lo que afuera se agita con la pretensión de ser la vida es también un laberinto de espejos donde sólo se reflejan hechos, la confrontación de estos dos laberintos es la agonía de nuestro tiempo”

Lo interesante que tiene para uno el ensayo como colage es la aventura de anudar por relaciones complejas aquellas que parecen simples y viceversa. Y para volver a pensar no está mal recurrir a esa suma de otras reflexiones que parecían de otro tiempo. Recurrir a un colage de reflexiones sobre las reflexiones de otros poetas sobre la poesía. Y volver a pensar. Pensar y repensar. Porque en Cintio Vitier también existe una relectura de aquellos textos canónicos de Octavio Paz: El laberinto de la soledad y El arco y la lira que alguna vez leímos para entender a México y la poesía. “En Paz la coherencia de la obra intelectual y poética es también una forma de desolación”.

El cansancio de los materiales.

Leonor García Hernando fue fiel a si misma. Vivió en unidad de poesía y vida. Creo que en los años setenta y ochenta no existe un representante tan cabal que unió a la poesía con el acto cotidiano en forma radical. Sentada sobre sí misma en el bar La Paz escribía y se iba con sus poemas. Fue la mejor representante de las escrituras que se crearon entre fronteras, entre dictadura y pos-dictadura en la Argentina.Y fue para nosotros una referencia permanente de los que conformamos una editorial donde ella publicó la mayoría de su obra poética y una revista literaria como Mascaró.

“La poesía como lo más parecido a una autobiografía de la muerte” adelantaba Tamara Kamenszain en su libro “La edad de la poesía” en su capítulo “La lírica terminal”. Se parte de una tensión casi inamovible: “Porque no hay una manera humana de abandonar la primera persona gramatical, aunque se ensayen otras. Y esto es como decir que no se puede no morir”. El poeta es conciente entonces que se escribe más allá de los estados, como un diario de vida contra la propia muerte, los estados irán profundizando el límite de la propia lírica. Un yo íntimo y privado que se contrasta con la primera persona del plural. La escritura entre fronteras forzó en nuestro país esos limites entre el yo y la muerte de los otros. Se aprendió a la fuerza a reconocer la muerte pública, ante la muerte lírica de la primera persona, aquello que García Hernado tituló tan bien en “la muerte argentina”.

Elegimos editar en este libro todos los poemas del libro “El cansancio de los materiales”. Se trata de su último libro y donde su poesía se condensa en la unidad de un largo aliento. Poemas que pueden ser leídos individualmente pero a su vez están asociados por la densidad de un lenguaje que abre y cierra cada uno de ellos como si se tratara de un todo y de las partes del todo. Además se trata de un libro original lubricado por las propias manos de Leonor.


(continuará)

Juano Villlafañe

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