Las palabras del mundo se cotizan en la Bolsa

Soberanía y lenguaje

Artículo realizado a propósito de un excelente libro de la filósofa francesa Bárbara Cassin titulado Googléame. La segunda misión de Estados Unidos, de la Editorial Fondo de Cultura Económico en coedición con la Biblioteca Nacional. Esta nota toma ideas y discursos del texto de Bárbara Cassin para proponer discusiones en relación a la soberanía en el usos de las palabras y el lenguaje.

Cuando se inaugura en Buenos Aires la Feria Internacional del Libro en el año 2009 se abre un debate a propósito de la lectura. La disputa que se intenta provocar se establece entre lectores y pos-lectores, entre quienes mantienen una cultura de la lectura en el soporte papel y entre quienes realizan la lectura por Internet, a través de blogs, páginas web o motores de búsqueda. Desde el papiro, pasando por la imprenta de Guttemberg, hasta llegar a Internet se han producido modificaciones fundamentales en los hábitos de la lectura. Inclusive, aquella vieja utopía de la biblioteca de Alejandría estaría hoy para muchos lectores representada por el motor de búsqueda Google que acaba de editar, para más datos, más de siete millones de libros de las bibliotecas de los EE.UU en sus páginas virtuales sin reconocer los derechos de autor. Me parece entonces muy atractivo debatir si el conflicto central se sucede entonces entre lectores y pos-lectores o entre dos culturas: la que representan los dueños de digitalización y la de los usuarios que leen o escriben sea en papel o desde las páginas de Internet. Las nuevas tecnologías han impactado indudablemente sobre los usos y costumbres, en la lectura, la escritura, en el trabajo con la palabra. La soberanía sobre los usos de las palabras y el lenguaje no esta determinada necesariamente por las nuevas tecnologías. Los dueños de las nuevas tecnologías que se apropian del tráfico de las palabras son a su vez los que arman, distribuyen y comercializan las palabras del mundo.

Mientras se derrumbaban los índices bursátiles en el mundo, las cifras de ganancias para Google en el primer trimestre del año 2008 ascendían a más de 1350 millones de dólares (Pagina12, 17/10/2008). El buscador Google se presenta como una misión de universalidad democrática y se ha coronado como sistema entre los tiempos del auge neoliberal y la nueva etapa pos-neoliberal. Un sistema cultural diseñado desde una estética soporte-superficie que tiene en su fondo un cerebro máquina que diseña una red, sencillo para ser conectado con altos niveles de auto-organización personalizada.

Google está totalmente consagrado a procurar la buena información, rápido, sencillo, a un bajo costo y de acceso libre. Glooge sirve al mundo en por lo menos cien lenguas diferentes. Esta disponible tanto para ricos como para pobres.

¿Pero por qué motivos Glooge cotiza en la Bolsa y cómo se establece el tráfico comercial? Hay que decir que el 99% de sus ingresos surge de la publicidad, pero no de una publicidad directa, ya que no se presenta en sus páginas de apertura. Glooge lo que hace es comercializar palabras, palabras clave que el cliente compra a las cuales el usuario llega y enlaza con el sitio destino que la empresa necesita para que el usuario consuma. Las palabras claves definen la información y por otro son las que se venden y se compran. La información Goggle es entonces un mercado sofisticado abierto las 24 horas del día donde millares de palabras que millares de personas buscan todos los días son vendidas y compradas como bienes y servicios. El mercado de palabras claves se hace en tiempo real como en la Bolsa porque hay una cantidad de lugares limitada para cada palabra clave. Se administra un portafolio de palabras que se van cotizando de acuerdo a la demanda. El anunciante paga a Google por la cantidad de clientes que hacen clic sobre la página de enlace. Para los usuarios de Google normalmente este tráfico comercial de publicidad se desconoce.

El Buscador Google permite el uso ilimitado de textos y la propia digitalización de libros, esto conduce al tema de los derechos de autor. Para los derechos de dominio público por cierto no existen problemas, pero para los derechos de autor particulares la situación es problemática en la medida que cada país tiene normas internas. Pero Google trabaja en primera instancia con políticas de hechos consumados. Al ser además un difusor masivo también actúa sobre las voluntades de editores y libreros. La digitalización que Google ha realizado no le pertenece Google. Pero bajo la idea de una difusión no comercial y educativa Google pretende sobrellevar la concentración de textos digitalizados sin autorización previa o con relativa autorización.

De la gran biblioteca formada por el soporte papel hemos pasado a la biblioteca del soporte digital, de los derechos de autor reales a los derechos de autor virtuales. La globalización ha replanteado el problema de los derechos de autor fronteras adentro de cada país, tanto en lo cultural como en lo político. Además cada usuario de Google se transforma a la vez en un consumidor de derechos de autor y en un nuevo editor, ya que suele pegar y transportar escritos originales extraídos de Internet.

Pero la globalización ha generado a la vez altos grados de regionalización y lo que implica sistemas de competencia establecidos desde ejes como pueden ser el europeo o el latinoamericano. Uberto Eco dice que “la lengua de Europa es la traducción”. Si el multiculturalismo adquiere un espacio regional como el Europeo y la lengua es la traducción, ¿por qué no pensar en un motor de búsqueda europeo? Un buscador hace a la soberanía de conocimiento digital y además es un gran comercio electrónico. Un motor que además puede ser multimedia, o sea que integre los textos, el sonido y la imagen.

Pero desde una crítica de la cultura, pensando en la traducción de cada texto original, el sentido final no puede ser la información. El conocimiento debe surgir de otras variables que permitan la formación crítica del ciudadano. Teniendo en cuenta que una política privada no es una política pública y una política pública, estatal y nacional, no es una política mundial. La suma de usuarios no necesariamente constituyen una asamblea ni una comunidad, ni cliquear implica un ejercicio político de gobierno, no se discute el poder ni se ejerce la crítica. El sistema Google, en todo caso, propone una suerte de “democracia apolítica” de supuesto igualitarismo entre usuarios desiguales en saber, de tal modo que el ignorante pesa tanto como el sabio en cuanto a la estructuración de lo que ignora. Pero además el ignorante suele ser el sector más desprotegido económicamente de la sociedad. La crisis internacional por el aumento de los alimentos ha permitido que el número de hambrientos crónicos en el mundo pase de 854 millones a 950 millones según el director general de la FAO y, por otra parte, no todos los habitantes del planeta tienen una computadora en su casa.

Al pensar entonces en los derechos al consumo de los bienes culturales, debemos pensar en cómo se generan territorialmente en cada país y en cada región formas de re-distribución de los bienes culturales dentro de niveles de vida donde las condiciones básicas de la ciudadanía estén resueltas.

Pero entonces por qué no pensar en un motor de búsqueda latinoamericano para mantener nuestra soberanía de conocimiento digital y realizar nuestro propio comercio electrónico en un continente que a la vez no necesita casi de traducciones.

La globalización se ha impuesto por los intereses del gran capital tras-nacionalizado. El motor de búsqueda Gloogle es un muy buen ejemplo de cómo se transfiere la riqueza desde un servicio que se propone a sí mismo neutro en lo político y de utilidad educativa y cultural. La problemática de los derechos de autor pasa mucho más hoy por redefinir una reapropiación de las tecnologías y los usos nacionales y latinoamericanos de la informática, que por cobrar impuestos a las máquinas fotocopiadoras o a las propias PC. En este sentido estamos frente a una oportunidad histórica para redefinir un bloque regional que impulse un Banco del Sur que inaugure el Fondo Latinoamericano de las Artes, las Letras y las Ciencias, de tal forma de salir de los modos premodernos de intercambio e integración para pasar a las formas modernas que permitan el tráfico de los bienes culturales y simbólicos con calidad institucional, valor económico, soberanía cultural, dentro del propio bloque regional latinoamericano. Las palabras se reapropian desde la lengua, desde la lectura, desde la escritura, pero el nuevo tráfico y la cotización en la bolsa de nuestras palabras merecen no sólo la recuperación etimológica y verbal. La soberanía tecnológica también hace a la soberanía de la lengua.

Juano Villafañe

Director Artístico del Centro Cultural de la Cooperación.

(Materiales Consultados: AAVV, Industrias Culturales. Mercado y políticas públicas en Argentina, CICCUS; Bárbara Cassin, Googléame. La segunda misión de Estados Unidos, Fondo de Cultura Económico.)

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