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EL CASO DE HAWAI: De la monarquía al quincuagésimo estado.

Hawai es una de las más importantes de las más de ciento treinta islas que conforman el archipiélago de la Polinesia. Su capital es Honolulu. Hasta 1790 las islas hawaianas –bautizadas Islas Sándwich por los ingleses- pertenecían políticamente a la Gran Polinesia. En 1810 la llamada “Gran Isla” (Hawai) y otras menores, se unificaron en un reino. El gobierno del Reino de Hawai se fue transformando durante el siglo XIX en un gobierno representativo de elección popular, reduciéndose paulatinamente el poder de la monarquía. En 1820 comenzaron a llegar misioneros protestantes provenientes de Massachussets, los que convencieron a la reina Elizabeth Ka’ahumanu para que prohibiera las enseñanzas católicas en las islas y oficializara el Cristianismo Protestante. Al mismo tiempo la indujeron a firmar un tratado de Libre Comercio con el Presidente de Estados Unidos, John Quincy Adams, y a reconocer la incipiente deuda externa que ya tenían, comprometiéndola a pagarla.

Por presión de los misioneros y de los ya fuertes hacendados azucareros yanquis, se fue cambiando paulatinamente el régimen de propiedad de la tierra en manos de los nativos a favor de la propiedad privada de estos últimos.

El profesor Gary Leupp, del Departamento de Historia de la Universidad Tufts, escribe en un trabajo para “Rebelión” reproducido por “La Fogata Internacional” lo siguiente:

 

El rey Kakakaua (de 1874 a 1891)… negoció un tratado de reciprocidad que mantuvo el acceso privilegiado de Hawai al mercado azucarero de EE.UU. a cambio del uso de Pearl Harbor como base naval[1]. Lo que es aún peor, se rindió ante la presión de los hacendados azucareros y aceptó una nueva constitución (bautizada la ‘Constitución de la Bayoneta’ ya que fue dictada por los misioneros y hacendados y acompañada por la amenaza de derrocarlo), que privó del derecho a voto a tres cuartos de lo que había sido la población votante activa hawaiana… En el mes de enero (1893), trece importantes capitalistas haole se reunieron para planear un golpe, organizando una fuerza paramilitar para crear la base necesaria. ¿Su nombre? Evidentemente, Comité de Seguridad Pública, no podía ser de otra manera. Stevens (ministro plenipotenciario de EE.UU.), bien informado sobre la conspiración, les aseguró que los infantes de marina a bordo del USS Boston en el puerto de Honolulu estaban ‘listos a desembarcar en todo momento’ para apoyar sus dignos objetivos civilizadores anexionistas…

… Sanford B. Dole, hijo de misioneros, magnate del azúcar y Ministro de la Corte Suprema, proclamaba una república provisional ‘hasta que las condiciones de la unión a  Estados Unidos hayan sido negociadas’. Dole se convirtió en el primer Presidente de la República Hawaiana. (Compárese con Texas en 1836).[2]

 

En 1898 Hawai es anexada a los Estados Unidos como un nuevo territorio, y mediante un plebiscito en 1959 –61 años después- se convierte en un nuevo Estado de la Unión: el número 50.

En un trabajo de Marta Sojo y María Victoria Valdés-Rodda, publicado por la revista cubana Bohemia, se lee:

 

El archipiélago de ultramar, por supuesto, no era deseado por sus nuevos dueños para vacacionar, aunque el turismo es una de sus principales industrias junto a los cultivos de la piña y la fabricación de azúcar. En realidad, para los centros de poder estadounidenses la atracción fundamental es su ubicación en el Pacífico y su utilidad como sede de más de cien instalaciones militares que ocupan el diez por ciento del territorio.

Así que Hawai se lleva el cetro de ser el estado más militarizado de la Unión Americana en términos del control de tierras por el Departamento de Defensa. Donde hoy se cambian las varillas de energía nuclear en los submarinos atómicos es en la famosa base naval de Pearl Harbor, atacada por los japoneses en 1941 y que resultó el argumento para declararle la guerra a Japón durante la segunda conflagración mundial.[3]

 

En el mes de junio de 2006 dos docenas de activistas hawaianos, pertenecientes a la población de origen autóctono –unos 400.000 que viven en situación de extrema pobreza-, fueron noticia en algunos medios de la isla, por ocupar el segundo piso del Palacio Iolani, la residencia monárquica histórica en la capital del Estado, Honolulu, reclamando por la autogobernabilidad de Hawai. Una causa perdida, por lo menos por ahora, mientras reine el imperialismo.

 

Horacio A. López



[1]  Ya los EE.UU. tenían una política geoestratégica de expansión hacia el Pacífico.

[2] Gary Leupp. “El amanecer del imperialismo de EE.UU.” http://www.lafogata.org/003inter/inter2/in1.htm

 

[3] Marta Sojo y María Victoria Valdés-Rodda. “Hawai. Lo que no viene en las guías turísticas”. Revista Bohemia. Cuba. http://www.bohemia.cu/2006/08/03/especiales/hawai

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EL CASO DE LA ISLA DE SAN ANDRÉS: Secesión para ir a la reanexión.

Ligado al tema anterior de la Mosquitia[1] está el caso del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, actualmente bajo la soberanía colombiana, en donde –por lo menos en San Andrés- existen reclamos para reanexarse a Nicaragua, unificándose con la región de la Mosquitia.

El actual Departamento de Colombia se encuentra en el Mar Caribe a sólo 220 kilómetros al este de la costa de Nicaragua y a más de 770 kilómetros al noroeste de Colombia. El archipiélago está integrado por las islas de San Andrés, su capital, Providencia y Santa Catalina, además de una cantidad de islotes y cayos.

En el año 1631 se estableció en Providencia un grupo de puritanos ingleses, que se dedicaron a cultivar algodón y azúcar con mano de obra esclava. Diez años después fueron desalojados por los españoles, quienes posteriormente se retiran.

Estos territorios, ancestralmente, pertenecieron a la nación Mosquitia. En 1822 el Archipiélago y la costa de Mosquitia fueron separados de la capitanía de Guatemala para incertarlos en el Virreinato de la Nueva Granada. A partir de entonces perteneció a lo que hoy es la República de Colombia, pero manteniendo su cultura, diversas religiones y características lingüísticas (el inglés criollo sanandresano) diferentes a las del resto de Colombia.

En un trabajo del Centro de Estudios Económicos Regionales (CEER)- Cartagena, editado por el Banco de la República de Colombia, de autoría de Adolfo Meisel Roca, leemos los siguientes antecedentes históricos:

 

1851: Abolición de la esclavitud en la Nueva Granada.

1853: Plantadores de San Andrés se dedicaron al cultivo de la palma de coco, con demanda en el mercado norteamericano.

1883-1920: Auge en las exportaciones de cocos, prosperidad para los habitantes del archipiélago.

1929-1932: Deterioro de la situación económica de la isla por sequías, y caída de precios en el mercado internacional a causa de la Gran Depresión.

1930-1940: Migraciones de las islas hacia Panamá, Centro América y Colombia.

1950: Crisis económica por caída en exportaciones de coco, despoblación y emigración.

1951: La población alcanzó los 5.675 habitantes (853 menos que en el censo de 1938).

1946: Se inauguró el primer vuelo comercial regular a San Andrés desde una ciudad colombiana (Cartagena).

1953: San Andrés fue declarado puerto libre.

 

Al comienzo del trabajo citado Meisel Roca señala las consecuencias de haber declarado Puerto Libre al archipiélago:

 

En 1953, cuando el archipiélago fue declarado Puerto Libre y a los turistas colombianos se les permitió un cupo libre de aranceles para los artículos extranjeros que compraran en la isla, cambiaron dramáticamente las condiciones convirtiendo a los raizales en minoría en su propia tierra.

 

Y en las Conclusiones expresa:

 

 La marginalización económica, cultural y social de los raizales resulta ser el problema más serio que dejó la declaratoria de puerto libre a la isla en 1953.

Es urgente que se desarrollen programas de gobierno nacional, específicos y directos, que incrementen el capital humano de los raizales y la igualdad de oportunidades para que éstos participen mayormente en el control de la isla.

 

Con este cuadro de situación que llega hasta la actualidad, no es de extrañar la noticia que publicó El Nuevo Diario de Managua en su edición del 8 de diciembre de 1999 con el título: “Indígenas reclamarán isla de San Andrés”. El columnista es Oscar Merlo. En el copete de la noticia se lee: “Habitantes originales de la ínsula ocupada por Colombia, quieren reanexarse a Nicaragua. Invocan tratados que incluyen a Inglaterra, España, Estados Unidos y Austria en la solución del problema”. El artículo señala:

 

 El Consejo de Ancianos de la Costa Atlántica, prepara un documento legal mediante el cual reclamarán a Colombia la isla de San Andrés y demás territorios que ancestralmente pertenecieron a la Nación Mosquitia.

Los doctores Oscar Hodgson Argüello y Ernesto Scott Locawood, asesor legal y secretario ejecutivo respectivamente del Consejo de Ancianos, señalaron que en la solución a los problemas que se han presentado en el Mar Caribe, tienen derecho a participar diversas naciones, menos Colombia, que es la que se ha quedado con la ‘tajada del león’.

El doctor Hodgson manifestó que en la repartición del mar que se están haciendo Honduras y Colombia, los principales afectados son los indígenas de la Costa Atlántica de Nicaragua, incluyendo los que habitan las diferentes ínsulas.

En ese sentido, indicó que recientemente sostuvieron una reunión en San Andrés, y los indígenas que habitan allí manifestaron su deseo de volver a incorporar la isla a los antiguos territorios.

(…)

A través de los tiempos, señaló, el territorio indígena de la Costa Caribe ha tenido diferentes nombres, pasando por Togosgalpa y Tologalpa, en tiempos de la invasión española; Nación Mosquitia; Departamento de Zelaya; Zonas Especiales y actualmente Regiones Autónomas.

La posición de los ancianos ha sido definir este territorio como ‘Nación Comunitaria Mosquitia’, y partiendo de las diferentes agresiones culturales, territoriales, al medio ambiente y a los recursos naturales que le han hecho a nuestro territorio, el 17 de octubre de 1997 procedimos a izar la bandera de la nación Mosquitia.

El gobierno de la señora Violeta Barrios de Chamorro aceptó la izada de la bandera indígena por espacio de año y medio. ‘Hasta que llegó el doctor Alemán y la arrió, violando de forma flagrante el derecho internacional y el indígena’, señaló Hodgson.

La pelea es por nuestras tierras.

El problema actual entre Nicaragua, Honduras y Colombia, no es más que la discusión de la definición de las tierras indígenas, muchas de las cuales son patrimonio de la humanidad, dijeron los representantes del Consejo de Ancianos.

(…)

‘Pero ahora, con el actual problema de territorialidad, estamos tocando un avispero en términos del derecho internacional, por tratados como el Clayton-Bowler y el Clapton-Webster, que define la territorialidad entre Inglaterra y Estados Unidos, e involucran directamente a la Nación Mosquitia, al gobierno de Nicaragua y a los gobiernos de Centroamérica. Colombia nada tiene que ver en esto’.

Otros elementos normativos del derecho internacional mencionados por los indígenas, son el tratado entre Managua, Inglaterra y Estados Unidos; el laudo arbitral del emperador de Austria en 1870, hasta la definición del convenio de la Mosquitia, cuando el gobierno liberal de José Santos Zelaya se toma militarmente el territorio indígena ‘y se firma un convenio de buena voluntad entre los misquitos, los ramas y los nicaragüenses’.

 ‘Hay otro elemento clave, que es la entrega de la mitad del territorio indígena al gobierno de Honduras –y que es conocido hoy como la mosquitia hondureña- a través de subterfugios legales, aparentemente ‘cocinados’ en La Haya’, dijo el doctor Hodgson.

 

En nuestra sufrida América este caso puede verse como una rémora de las sucesivas colonizaciones y recolonizaciones impuestas en el Caribe, pero en particular remonta a responsabilidades concretas de España, Inglaterra y Estados Unidos en esos asuntos. Si bien directamente no aparece involucrado el coloso del norte, siendo más bien una disputa fronteriza entre Nicaragua y Colombia por la soberanía del archipiélago, la realidad indica el peligro latente de fragmentaciones, conflictos e inestabilidades, de las que siempre ha sacado ventajas Estados Unidos. Por lo menos eso es lo que enseña la historia en el continente.

 

Horacio A. López



[1] Nota publicada en el blog el día 20 de agosto de 2009. “EL CASO DE MOSQUITIA: Del Protectorado al intento de secesión”. http://www.centrocultural.coop/blogs/nuestramericanos/2009/08/20/el-caso-de-mosquitia-del-protectorado-al-intento-de-secesion/

 

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EL CASO DE MOSQUITIA: Del Protectorado al intento de secesión

Los ingleses, ávidos de conquistar territorios en el Nuevo Mundo, lograron una base en la Mosquitia –región oriental de la actual Nicaragua- en el siglo XVII. Establecieron allí un protectorado con el nombre de Reino de Mosquitia en 1661. Los indios mosquitios mantenían una fuerte identidad y habían rechazado a los españoles sistemáticamente; se aliaron con los ingleses por conveniencias comerciales y guerreras. Durante el siglo XVIII y parte del XIX el reino tuvo distintos monarcas sostenidos por Gran Bretaña. A mediados del XIX las presiones de los Estados Unidos, sustentadas en la Doctrina Monroe, y los intereses por las disputas territoriales debidas al proyecto de construcción del canal interoceánico por Nicaragua, llevaron a un acuerdo en 1850, entre este país y Gran Bretaña. Los ingleses mantendrían su dominación en la Costa y Estados Unidos lo haría sobre la ruta del Tránsito y el futuro del Canal.

En 1860 se firma el Tratado de Managua entre Nicaragua e Inglaterra.

 

Gran Bretaña renunciaba a su Protectorado Mosquitio y debía emprender su retirada paulatina de Centroamérica. Estados Unidos vendría a ocupar ese ‘vacío’. Sin embargo los ingleses retendrían su papel de ‘potencia protectora’ insistiendo en que los derechos de Autonomía de los misquitos se incluyeran en el Tratado. Así nació la ‘Reserva Mosquitia’. El rey de un plumazo dejó la corona y pasó a ser jefe hereditario de la Reserva… La ‘soberanía’ de Nicaragua era en realidad una formalidad… Un año después de firmado el Tratado de Managua, en Bluefields se reunieron 51 Witas (alcaldes) y aprobaron la Constitución de la Reserva, inspirada por el cónsul británico y que establecía de manera general, leyes inglesas.[1]

 

En 1894 la Mosquitia fue reincorporada oficial y concretamente a Nicaragua. La República de Colombia, durante muchos años, realizó a Nicaragua reclamaciones territoriales por la Mosquitia. Ambas naciones se pusieron de acuerdo recién en 1928 mediante un tratado por el cual Colombia reconocía la posesión nicaragüense sobre las costas de Mosquitia y, a su vez, Nicaragua le otorgaba reconocimiento soberano a Colombia sobre el Archipiélago de San Andrés y Providencia.

En 1909 los Estados Unidos pusieron sus ojos y sus intereses sobre Nicaragua, azuzados por la posición del gobierno de ese país que se oponía a la concesión de una ruta de Canal que EE.UU. proyectaba en dicha zona y, como agravante, tenía planes para otorgársela a Alemania. Entonces los norteamericanos reavivaron la aspiración secesionista de la zona de la Mosquitia, particularmente en la ciudad de Bluefields. Dicha ciudad había sido ocupada por el ejército nicaragüense en 1894, pero subsistía allí una cultura diferenciada del  resto del país: la habitaban mestizos y negros afro caribeños y se hablaba el inglés, además de tener el peso de una historia autonomista.

 

El procedimiento seguido por Taft y Knox[2] fue similar al empleado por Teodoro Roosevelt en Panamá. El 7 de octubre de 1909, el Cónsul norteamericano en Bluefields, Nicaragua, informaba cablegráficamente a Knox que al día siguiente estallaría una rebelión. Moffat, el susodicho Cónsul, detallaba los planes que aplicarían los alzados; el estado, con Bluefields como capital, se constituiría en ‘república’; Estrada, el gobernador, ocuparía la presidencia e inmediatamente apelaría a Estados Unidos para que lo reconociera…

El 10 se había constituido el gobierno provisional ‘amigo de los intereses yanquis’.[3]

 

A partir de allí viene un período de luchas fratricidas, renuncias de sucesivos presidentes de Nicaragua y el país convertido prácticamente en un protectorado yanqui, con sus aduanas controladas por funcionarios de EE.UU., para garantizar un empréstito cuya contratación se imponía y una comisión mixta de reclamaciones con mayoría yanqui.

 

Ante los rumores de que Díaz[4] se proponía hacer a Estados Unidos la concesión de una ruta para el canal y bases en ambas costas de Nicaragua, la Asamblea Nacional incluyó en la Constitución disposiciones que prohibían el traspaso del territorio nacional y fijaban la condición de nicaragüense para el desempeño de cualquier cargo público de la nación. Amenazaban venirse abajo los logros de Knox.[5]

 

Entonces entran en juego los marines, desembarcando en agosto de 1912. Sostenido en el poder por ellos, Adolfo Díaz es reelegido en noviembre en comicios vigilados por los marines. Finalmente, mediante el Tratado Bryan-Chamorro de 1916, Estados Unidos obtiene la tan ansiada ruta del canal, más una base naval en el Golfo de Fonseca.

Más adelante vendrá la heroica lucha del general Augusto César Sandino contra los marines invasores, los que se retiran en 1933 dejando a la Guardia Nacional bajo el mando del general Anastasio Somoza, quien en 1934 asesinará a Sandino.

Los intentos de secesión llegan hasta nuestros días y siempre con el aliento del imperialismo. A pesar de los intentos  del Frente Sandinista de Liberación Nacional para ganar a los misquitos para la causa de la revolución, incluido darles mayor autonomía, éstos escucharon los cantos de sirena de la contra.

Más recientemente, un cable de Prensa Latina, fechado el 30 de junio de 2004, da cuenta de lo siguiente:

 

El Consejo de Ancianos de los indígenas nicaragüenses anunció hoy que llevará al Tribunal Internacional de la Haya las demandas presentadas al gobierno para que le respeten su independencia heredada de sus ancestros. Lo anterior fue respaldado por más de 200 representantes de los grupos étnicos –misquitos, sumos, negros y ramas- que viven en la llamada zona de la Mosquitia, quienes participaron en la Asamblea general del Consejo. El evento que concluyó la víspera en Bluefields, capital de la Región Autónoma del Atlántico Sur, demandó al presidente Enrique Bolaños, se regresen a los indígenas las propiedades y derechos que heredaron de sus ancestros.

 

Hoy en día, cuando se vuelve a hablar de la posibilidad de un nuevo canal interoceánico por Nicaragua, la misma historia continúa.

 

Horacio A. López



[1] Reconquista Popular. Pueblos originarios y política imperialista.

http://archives.econ.utah.edu/archives/reconquista-popular/2004w38/msg00222.htm

 

[2]  Presidente y Secretario de Estado de los Estados Unidos respectivamente.

[3]  Ramos, César (comp.), Historia de América II, Selección de lecturas, Tomo II, Departamento de Historia de América, Universidad de La Habana, Editorial Pueblo y Educación, La Habana,  1980, p. 135.

[4]  Un nuevo Presidente de Nicaragua que respondía a Estados Unidos.

[5] Ibíd., p.138.

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EL CASO NICARAGUA: De la República al intento de anexión

Mapa de América Central y Nicaragua

Música de Nicaragua

En Nicaragua, con extensión a Centro América, se dio el caso más grosero de intervención yanqui en aras de anexar territorios ajenos: no fue alentando movimientos separatistas o anexionistas en sí, sino avalando a un aventurero sin escrúpulos –un verdadero filibustero como fue catalogado- de nombre William Walker, quien al frente de su “Falange Americana”, integrada por mercenarios yanquis, invadió Nicaragua llegando a proclamarse presidente de la misma como paso previo al objetivo de la anexión. Ya tenía antecedentes peligrosos:

 

En 1853 partió de San Francisco de California y desembarcó en La Paz, capital de la Baja California. Allí se proclamó presidente de la República de la Baja California. Era la inspiración del ‘modelo’ texano…

En mayo de 1854 se ‘anexa’ Sonora…

Agotados sus medios, se rindió a las autoridades norteamericanas. Procesado a instancia de México, fue finalmente absuelto.[1]

 

En 1855 desembarca en Nicaragua mediante un trato con los liberales en lucha civil contra los conservadores que gobernaban. Luego de una serie de batallas contra el gobierno constituido logra imponer un nuevo presidente, al que luego reemplaza por otro, hasta que termina asumiendo personalmente él la presidencia. El presidente norteamericano Pierce se apresuró a reconocer a su compatriota como presidente de otro país. Estaba en juego el control del territorio de una nación en la que era muy probable que se construyera el futuro canal interoceánico. Así lo confiesa en una carta el embajador yanqui designado por Pierce:

 

… Si el tránsito por su hermoso istmo es de una importancia vital para todas las naciones marítimas de la tierra, ¿de cuán mayor importancia no lo es para los Estados Unidos, desde la accesión a la California y el arreglo de nuestros territorios… sobre el Pacífico? Es importante para las demás naciones e indispensable para los Estados Unidos….

 

En su respuesta Walker deja traslucir sus verdaderas intenciones:

 

 … Es de esperar que se estén acercando mejores días, y que sea escuchada nuestra voz en nuestras reclamaciones de otras nacionalidades. Confío pues, que los Estados Unidos nos harán imparcial y estrictamente justicia, cuando presentemos nuestras demandas. Y además, esperamos con confianza y creemos de antemano que si hay otras naciones dispuestas a rechazar nuestros derechos, su gobierno no quedará frío espectador de sus actos.[2]

 

¿Cuáles eran esas reclamaciones de otras nacionalidades? ¿Cuáles las demandas a presentar y ante quién? Señala Gregorio Selser en su libro sobre Sandino:

 

… entre sus futuras ambiciones (se refiere a Walker) figuraba la de emular la hazaña de Sam Houston en Texas, incorporando la totalidad del territorio del istmo a los Estados Unidos. Para esto contaba no sólo con una situación política norteamericana propicia, sino con la benevolencia del propio presidente Pierce, quien no desautorizó al filibustero cuando éste proclamó que las elecciones que lo ungieron Presidente de Nicaragua habían sido supervisadas por tropas estadounidenses de New Orleáns y California…[3]

 

En una política de clara norteamericanización, Walker reestablece el sistema de la esclavitud y oficializa el  inglés como segundo idioma. Pero voluntarios de toda la región acudieron para expulsar al extranjero que pretendía convertir a esos países en territorios norteamericanos. En toda América hispana se escucharon airadas protestas. Tal vez la más paradigmática es la moción que en Chile llevaron a la cámara los diputados Errázuris, Irisarri, Prado, Aguirre, Barriga y otros, sugiriendo que el Poder Ejecutivo intervenga en los problemas de Nicaragua:

 

Mañana será tarde, porque si cae Centro América, cae con ella la llave del continente americano español en poder de los enemigos de nuestra raza…

Mañana será tarde, porque no faltará un pretexto cualquiera, una diferencia antigua, algún ridículo reclamo, un protectorado, una isla despoblada para traer sobre nuestras cabezas la tempestad que hoy ruge sobre nuestros hermanos”.

 

¡Cuánta razón y premonición encierra este alerta patriótico!

La resistencia al filibustero se amplió. Los ejércitos de las pequeñas repúblicas al mando del costarricense José Joaquín Mora lo enfrentan con variada suerte, hasta que en 1857 Walker finalmente capitula ante el capitán de un navío de guerra norteamericano, quien en definitiva lo salva trasladándolo hasta Panamá y desde allí a los Estados Unidos, donde fue recibido como un héroe.

En 1860 Walker realiza una nueva tentativa, esta vez desembarcando en Honduras. La suerte no lo acompañó, fue hecho prisionero y fusilado.

En la correspondencia de los agentes norteamericanos se revelan los planes que incluían a otros países centroamericanos: Beverly Clarke, ministro de Estados Unidos para Guatemala y Honduras, en carta a Lewis Cass, secretario de Estado de los Estados Unidos, escribe en 1859:

 

 En una época, mientras Walker fue jefe en Nicaragua, no hay duda que contaba con muchos amigos entre los liberales en Guatemala, y, a no ser por los supuestos errores en su política administrativa… muchos aseguran aquí que hubiera podido ser considerado como un libertador, y voluntariamente lo hubiesen constituido como cabeza política de este Estado.[4]

 

 

La derrota del proyecto Walker fue la derrota del Departamento de Estado de los Estados Unidos.

 

Horacio A. López



[1] Medina Castro, Manuel. Estados Unidos y América Latina. Siglo XIX. Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1974.

[2] Ibíd., p. 341.

[3] Selser, Gregorio, Sandino. General de hombres libres. Tomo I., Ediciones Especiales IV, Imprenta Nacional de Cuba, La Habana,  1960, p. 22.

[4] Medina Castro, Op. Cit., p. 344.

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SECESIONISMOS: EL CASO CALIFORNIA: De la República del Oso a la de Estados Unidos

En medio del clima de voracidad de los Estados Unidos hacia el territorio mexicano en esa década del 40, concretamente en 1845, el presidente norteamericano Polk había dado instrucciones secretas a su cónsul en Monterrey para trabajar en el objetivo de anexar pacíficamente California a los Estados Unidos. Previamente la ingerencia se venía materializando a través de una expedición “científica” al mando de un tal Fremont, destinada oficialmente a observaciones topográficas y científicas en California y Oregón, pero alertada para estar atenta a posibles estallidos revolucionarios.

Además, en 1843, tropas de la marina yanqui habían ocupado brevemente el puerto mexicano de Monterrey, presumiblemente para constatar el grado de reacción a tal medida.

En Sonoma, aventureros incitados para ello, organizan una revuelta y proclaman la creación de la “República del Oso” el 4 de julio de 1846. Tres días más tarde fuerzas yanquis vuelven a ocupar Monterrey y su comandante, Sloat, lanza una proclama: “De aquí en adelante, California será una porción de los Estados Unidos”. Efímera vida para la “República del Oso”.

El comodoro Robert Stockton, al mando de marines norteamericanos, desembarca en el puerto de San Pedro, cerca de Los Ángeles, sin enfrentar resistencia armada.

 

Kearney prosiguió a California. Al llegar advirtió que Sloat había condenado a los patriotas de la resistencia… Kearney decidió perdonarlos: ‘Yo, el suscrito, en nombre de mi gobierno, absuelvo a todos los que residen en territorios ocupados por la bandera americana, antes pertenecientes a México, de toda alianza que hayan tenido con su país y los declaro desde hoy para siempre, ciudadanos de los Estados Unidos…’

 

Cuando cae la capital de la República Mexicana y Santa Anna renuncia a la presidencia, el Congreso, asentado en Querétaro, se ve obligado a firmar el “Tratado Guadalupe Hidalgo”, por medio del cual la frontera norte de México quedó delimitada por los ríos Gila y Bravo. A cambio de todo el territorio perdido México recibe una indemnización de Estados Unidos de 15 millones de pesos.

Actualmente California representa la quinta economía del mundo y existe en su territorio un movimiento que propugna la secesión de Estados Unidos, aunque cuenta con poco poder y apoyo y, obviamente, con casi nula perspectiva de éxito en el futuro.

 

Horacio A. López.

Mapa de la frontera entre México y EE.UU.

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