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EL CASO MALVINAS: ¿De territorio usurpado a Estado Kelper?

Con el criterio de la continuación de la potestad que España ejerciera en las Malvinas hasta que las abandonara en 1811, el gobierno de Buenos Aires toma posesión de las mismas en 1820.

El prologuista del libro de Alfredo Palacios, “Las Islas Malvinas. Archipiélago Argentino”, Jorge Cabral Texo, valora la demostración por parte del autor del libro

…de que el golpe de mano llevado a cabo por Inglaterra el 1º de enero de 1833, contra la soberanía argentina en las Malvinas, fue prologado y hasta preparado por funcionarios diplomáticos consulares norteamericanos al facilitar el malón realizado por la fragata Lexington1, en Puerto Soledad, el 28 de diciembre de 1831, al dar caza a los funcionarios allí instalados y al alegar luego, en justificación de su vandalismo, una especie de tercería de dominio sobre las Islas Malvinas, sosteniendo que ellas no pertenecían a las Provincias Unidas sino a Inglaterra.

Su inopinada defensa de Gran Bretaña –dice Palacios, refiriéndose al Encargado de Negocios de EE.UU.-, sosteniendo sus pretendidos derechos…, abrió las puertas a las reclamaciones de Inglaterra.2

Un año y cuatro días después de la tropelía yanqui en las Malvinas, Inglaterra ocupó militarmente las islas, manteniéndolas en una situación de “colonias” hasta nuestros días. En ese momento no valió la Doctrina Monroe para los Estados Unidos, como no valió tampoco en la década del 80 del siglo XX: en 1982 Estados Unidos volvió a ponerse del lado de los ingleses, proporcionándoles valiosa información satelital sobre la ubicación de los navíos argentinos durante la llamada “Guerra de Malvinas”. Desde entonces Argentina no cesa de plantear año tras año sus reclamos soberanos sobre las islas ante el Comité de Descolonización de la ONU. Para los argentinos no cabe ninguna duda en cuanto a que el archipiélago es parte de la República Argentina. Para nuestros hermanos americanos tampoco; vale destacar que, en plena guerra, las manifestaciones de solidaridad con la Argentina se desplegaron por toda nuestra América y que tres gobiernos ofrecieron su ayuda militar para combatir a los británicos: Cuba, la Nicaragua sandinista y el Perú. Por supuesto, la dictadura militar argentina, que había desatado el conflicto como una forma de congraciarse con el pueblo en momentos en donde ya estaba tambaleante, no aceptó esa ayuda que hubiera continentalizado la guerra.

Obviamente que la Argentina perdió su guerra con Gran Bretaña. El nuevo status que adquirieron las islas fue muy funcional a los intereses de Gran Bretaña en el Atlántico Sur.

En octubre de 2006 un artículo publicado en el Suplemento “Enfoques” del diario La Nación de Buenos Aires, titulado “¿Un Estado Kelper?”, firmado por Jorge Liotti, instala el tema de la intención de algunos dirigentes kelpers de las islas de bregar por la independencia de las mismas. Señala el copete del artículo: “Como parte de una estrategia de endurecimiento frente a la posición argentina, un sector del gobierno isleño plantea la independencia del archipiélago, aunque algunos observadores afirman que detrás de la iniciativa está el Foreign Office.”

Algunos párrafos del artículo señalan:

¿Podrían las islas Malvinas convertirse alguna vez en un miniestado administrado por los kelpers y reconocido por la ONU como un país independiente? Aunque parezca temerario, el planteo forma parte de la estrategia de endurecimiento de posiciones que impulsan algunas autoridades del archipiélago y que ha generado una creciente preocupación del lado argentino.

La idea fue expuesta por uno de los nuevos miembros del Consejo Legislativo de las islas, Richard Davies, e inmediatamente desató una polémica.

No hay razón, en mi opinión, para que no podamos buscar una plena independencia en el futuro (…). Hubo una pequeña presencia argentina en las islas a fines del siglo XIX, pero desde entonces nosotros desarrollamos el país (sic)’, declaró en una entrevista concedida al diario chileno La Tercera

Según relataron a La Nación miembros de la delegación argentina que participó el 15 de junio pasado de la reunión del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, Davies también expresó su posición independentista en ese ámbito…

…la mención explícita al concepto de ‘independencia’ ha sido interpretada como una profundización del histórico reclamo de autodeterminación de los isleños. El vocero y ex miembro del Consejo Legislativo Lewis Clifton lo entiende de ese modo. ‘La Constitución de las islas contempla la posibilidad de la autodeterminación y el autogobierno’, dijo a La Nación. ‘Y el autogobierno –aclaró- podría llevar a la independencia en algún momento: es un paso más allá en el derecho de autodeterminación’.

Cisneros3 entiende que este esquema ‘deriva de la tradicional noción británica de Commonwealth, compuesta por estados independientes vinculados a la Corona’. Según su visión, la postura que impulsan los malvinenses es similar al caso de Bélice, ‘que es formalmente independiente, pero con fuerte vinculación con el gobierno de Londres en cuestiones de defensa’.4

No es casual ni caprichosa esta demanda. Al igual que a mediados del siglo XIX, las islas Malvinas se revalorizan hoy geoestratégicamente para la OTAN por su proximidad con el paso sureño interoceánico, por su cercanía también con el continente antártico, por su condición de portaviones fijo y base militar, y por su riqueza ictícola, de krill, de petróleo y de yacimientos de minerales especiales en las profundidades del océano circundante. El control del paso interoceánico es un tema de importancia, tal como lo explicita el Documento de Santa Fe IV, ante una eventual complicación del control del canal de Panamá. Estados Unidos hace la vista gorda, en este caso, a la doctrina Monroe –como lo señalara José Ingenieros para otros lugares de nuestra América- debido a su estrecha alianza en la actualidad con Gran Bretaña. Igual postura tuvo cuando avaló la invasión inglesa en 1833 y cuando se colocó del lado británico en la guerra por las Malvinas de 1982.

Un estado kelper independiente, miembro del Commonwealth, desbrozaría el camino para un accionar con plena libertad de movimientos a los intereses de Gran Bretaña, cuestión que hoy no ocurre por la tensión generada en la disputa permanente de la soberanía con la Argentina. Valga como ejemplo de las dificultades actuales, la prohibición de vuelos desde y hacia Argentina y la sanción en el Parlamento argentino que prohíbe a los buques y empresas que operan en el Mar Argentino estar asociados con empresas que cuentan con licencias malvinenses.

el 18 de abril de 2008 el Reino Unido hizo un llamado a una “ronda de licencias” para la explotación de nuevas áreas hidrocarburíferas en torno a las islas Malvinas, ante lo cual el gobierno argentino protestó enérgicamente ante Londres, calificando el acto de “ilícito”.

Esta nueva disputa recién comienza y no será entre argentinos y kelpers, sino nuevamente entre argentinos e ingleses, con los Estados Unidos tomando partido por estos últimos.

Horacio López

Subdirector C.C.C.

1 Fragata de guerra norteamericana.

2 Alfredo L. Palacios, Las Islas Malvinas. Archipiélago Argentino, Claridad, Buenos Aires, 1934.

3 Andrés Cisneros, ex vicecanciller argentino.

4 Liotti, Jorge “¿Un Estado Kelper?”, Diario La Nación de Buenos Aires, 22 de octubre de 2006.

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Secesionismo: HACIA LA REPÚBLICA INDEPENDIENTE DE ANTIOQUIA

Por: Horacio López

 

El escritor colombiano Arturo Alape en su obra La Paz, la Violencia: testigos de excepción, narra lo siguiente:

 

Es preciso recordar que no habían pasado muchos días desde el grito de independencia en 1810, cuando ya los notables criollos se lanzaban en una larga guerra civil por ocupar el poder que creían suyo definitivamente; guerra que tomó el disfraz de sofisticados argumentos de federalistas contra centralistas… Un poco más adelante, al regresar los ejércitos colombianos del Perú y Bolivia en 1826 (…) el conflicto estalló para no apagarse durante todo el siglo. En el año 28 se levantan Obando y López en el Cauca, en el 29 lo hace Córdoba en Antioquia, en el 30 tras revueltas y revueltas, las oligarquías ecuatoriana y venezolana, disuelven la Gran Colombia, no sin antes asesinar a Sucre y dar un golpe de Estado, seguido de una guerra civil en Colombia. [1]

 

 

Este estado de anarquía y guerras fratricidas entre hermanos no sólo se desplegó durante el siglo XIX sino que continuó durante el XX. En todo ese largo periodo, sectores de las clases dominantes se fueron disputando, en diversos momentos, el poder político y los recursos materiales colombianos.

En nuestros días, en Colombia se libra una guerra de liberación nacional, en la cual las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) preponderantemente, luchan contra el Estado opresor y pro imperialista, dominando en forma soberana gran parte de la extensión del país. Las clases dominantes se atrincheran en un Estado fuertemente centralizado, militarizado y represor. No era de extrañar entonces que, en semejante situación, se exacerbaran las fuerzas centrífugas en determinadas regiones. El caso de Antioquia es uno de ellos.

Antioquia es uno de los actuales departamentos colombianos, el segundo más industrializado de Colombia. Allí se produce café, azúcar, leche, ganadería porcina y equina; se explotan minas de oro, platino, carbón y hay abundantes reservas de petróleo, hierro, cobre, entre otros minerales.

En su historia republicana, en Antioquia existieron siempre las ideas de independencia del poder federal central, levantándose cada tanto la reivindicación de la creación de la República independiente de Antioquia o “Antioquia la Grande”.

En su momento, mediante un pacto de conveniencias mutuas que incluía beneficios fiscales y cuotas de poder, como la designación de algunos ministros nacionales, la burguesía antioqueña –poderosa ya por su actividad de explotación y exportación cafetera- aceptó someterse al poder central. Y tuvo y tiene una influencia decisiva en las altas esferas gubernamentales (el Presidente Uribe pertenece al sector de los terratenientes antioqueños). Pero no obstante el regionalismo acendrado siguió vigente.

Tomamos del suplemento de la revista electrónica de Psicología Social FUNLAM de su edición nº 3 de octubre de 2001, de un artículo titulado “El discurso de la identidad en el regionalismo antioqueño”, lo siguiente:

 

 La conformación geográfica de Antioquia, su lento desarrollo y su aislamiento de las demás regiones de Colombia, fueron determinando un particular crecimiento y una singular forma de vida. Su visión del mundo se fue estructurando a partir de la lucha de gentes que, obligadas por el medio, se abrieron paso a través de la maraña de una región inhóspita.[2] Tales condiciones –continúa el artículo- configuraron los rasgos del complejo cultural antioqueño hacia la libertad, la independencia, el positivismo y el sentimiento de altivez, pero a su vez a un sentir omnipotente, a vivir sólo de sí mismos.

 

En relación a la capital del país, el artículo señala que

 

por mucho tiempo ha entablado una rivalidad que aún no conoce límite y que está constituida en los procesos de lucha por el reconocimiento social a nivel nacional conduciéndola al salto catastrófico hacia la segregación o el regionalismo.[3]

 

En la realidad social de la región se constata que los indígenas prácticamente desaparecieron; la población es en un 80% de origen europeo, predominando fuertemente la de origen español. Antioquia posee su bandera propia (dos franjas horizontales, una superior de color blanco y la otra verde), escudo e himno.

En este caso podemos hablar del desarrollo de las dos formas de secesión enunciadas al principio: la Blanda que promueve aspiraciones federalistas y, como recurso extremo llegado el caso, la Dura, o sea la independencia.

Sobre el primer caso: en el libro El Ensayo en Antioquia con selección y prólogo de Jaime Jaramillo Escobar encontramos una Declaración del Colegio de Abogados de Medellín del año 1972, que dice que dicho Colegio

 

…ha llegado a la convicción sobre la necesidad de adoptar un régimen federal para Colombia, mediante la respectiva reforma constitucional que reconozca la descentralización política, fiscal y administrativa a que tienen derecho las regiones, sobre la base de conservar para la nación su soberanía y competencia en los asuntos que son propios de su naturaleza, entre ellos la organización y distribución de las Fuerzas Armadas, el manejo de la política exterior y la regulación del comercio internacional, de la moneda y del crédito; la expedición de normas orgánicas en materia de impuestos destinados a gravar las rentas, el consumo de artículos de producción nacional y las importaciones y exportaciones…

“Considera el Colegio que el régimen federal, además de procurar el desarrollo equilibrado de las regiones en forma acorde con la idiosincrasia y los recursos naturales y humanos de cada una de ellas, constituye el medio por excelencia para preservar la libertad, consolidar la unidad nacional sobre bases firmes y reales, mantener la plena vigencia de las garantías individuales y del régimen democrático, y dar al país un gran impulso hacia nuevas formas de vida en que se asegure el cumplimiento de la justicia distributiva y de la igualdad de oportunidades tanto para los ciudadanos como para las entidades territoriales.[4]

 

Un grupo de senadores antioqueños presentó un proyecto de ley en el año 2000 para formar una sola región con Antioquia y los Departamentos de Chocó y Córdoba, con mayor autonomía, que le permita captar grandes inversiones capitalistas, especialmente norteamericanas y japonesas. Al mismo tiempo, la oligarquía antioqueña viene pactando con los paramilitares en la región, desde la época en que fuera gobernador Uribe Vélez (1995-1997).

La secesión Dura es la forma que promueve la independencia lisa y llana de Antioquia, para formar una nueva república. Encontramos una página web actualizada en junio de 2000 cuyo título dice: “Porque podemos solos!!” y su texto:

 

Pero lo importante aquí es hablar de una idea que siempre ha estado presente, desde el Estado de Antioquia en el siglo XVII hasta el movimiento de Antioquia Federal en los años 60’s.

Nosotros sólo tratamos de revivir la presencia del Estado con el concepto de crear un país, aunque sea en nuestros corazones, por ahora. Los jóvenes de hoy ya sienten la necesidad de afianzar el amor patrio por nuestra tierra paisa.

Esta página fue creada por ‘nosotros’ los jóvenes antioqueños que estamos cansados de que Colombia nos exprima y nos robe todo lo bueno que nosotros construimos; también estamos cansados de las discriminaciones de Bogotá (pura y mera envidia); los rolos hijueputas en nombre de Colombia discriminan la superioridad antioqueña: censurando nuestros aeropuertos, limitando el presupuesto para nuestro departamento, limitando las fuerzas militares, evitando hacer de Colombia una federación y mantener una estúpida unidad nacional que los beneficia a ellos y nos perjudica a nosotros ANTIOQUIA.

Antioqueños: Despertemos y luchemos por nuestra independencia, deshagámonos de los que nos han estado robando, utilizando, usurpando por más de 200 años.[5]

 

La hoguera sigue siendo atizada.


[1] Arturo Alape, La Paz, la Violencia: testigos de excepción, Planeta Colombiana, Bogotá, 1985.

[2] Tomado de Betancur Cuartas Belisario. “Declaración de amor del modo de ser del antioqueño”, El Navegante Editores, Santa Fe de Bogotá, Colombia, 1994, p.5.

 

 

[4] Jaramillo Escobar, Jaime, El Ensayo en Antioquia, Biblioteca Pública Piloto de Medellín para América Latina, Medellín, 2003.

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Secesionismo: HACIA LA REPÚBLICA DE AIRRECÚ

Por: Horacio López

 

Vimos cómo los Estados Unidos, durante gran parte del siglo XIX, accionaron por diversas vías en función de poseer influencias decisivas sobre aquellos territorios centroamericanos que eran potenciales lugares por donde se podría construir el anhelado canal interoceánico. Tres eran las regiones que ofrecían condiciones para un proyecto de esa naturaleza: Tehuentepec en México, Nicaragua y Panamá. En todos los casos desplegaron sus influencias diplomáticas, económicas y militares para lograr sus objetivos.

Relata Medina Castro:

 

Las perspectivas del canal por el río San Juan, limítrofe entre Costa Rica y Nicaragua, provocaron inevitables celos y fricciones entre los dos pequeños países.

Pero nunca fue problema mayor.

Mas, existía. Estaba allí, latente.

Hasta que llegaron los gringos…

Y pretendieron sacar las castañas del fuego utilizando a los nativos.

Los norteamericanos a los ingenuos hijos de Nicaragua.

Los ingleses, a los no menos ingenuos hijos de Costa Rica.

Los norteamericanos contrataron la construcción del canal con Nicaragua en 1849.

Los ingleses, con Costa Rica, en 1850.

Unos y otros pretendían construir el canal a través del puerto y río de San Juan.[1]

 

Estados Unidos impuso su posición, favoreciendo a Nicaragua.

Como sabemos, el canal se terminó de construir por Panamá, lo que dejó latente el conflicto.

En 1858 Costa Rica y Nicaragua firman un Tratado de Límites denominado “Cañas-Jerez”, pero nunca quedó clara la delimitación, ya que cada uno de los respectivos países hace una lectura distinta de la letra del mismo. Por ejemplo, los costarricenses reclaman derechos sobre 800 metros de costa del lago de Nicaragua, en el punto donde el lago se une al río San Juan.

En los últimos años, producto de que se vuelve a hablar de la posibilidad de un nuevo canal interoceánico –esta vez sí por la zona del lago y el río San Juan- han recrudecido los conflictos. Nicaragua acusa a Costa Rica de una política “anexionista” sobre la rivera sur del lago Cocibolca, sumada a la explotación de recursos naturales y a la compra de propiedades fronterizas.

En un artículo firmado por Teresa Bausili en el diario La Nación de Buenos Aires, en su edición del 23 de enero de 2005, titulado “Un reclamo que estalla con frecuencia en América Latina”, leemos:

 

… En 1995, la ola separatista sorprendió a los gobiernos de Nicaragua y Costa Rica cuando los habitantes de una región inhóspita y fronteriza, disputada hace un siglo por ambos países, declararon la independencia de su territorio de 213 kilómetros cuadrados y proclamaron la ‘República de Airrecú’. El episodio fue sofocado sin violencia contra los 5.000 habitantes de la región, que hablan la lengua maleku y que ya hasta tenían bandera y habían designado presidente.

 

El fenómeno persiste y no es difícil imaginar qué siniestra mano está alentando esta secesión. Conviene hacer la salvedad de que en este caso se trata de habitantes pobres, quienes obviamente no poseen las mismas motivaciones que las oligarquías que alientan objetivos similares, por ejemplo en Bolivia.

            La agencia Noticias Aliadas –una ONG productora de información sobre acontecimientos latinoamericanos y caribeños- reproduce en su edición por Internet  del 23 de julio de 2003 un artículo titulado “¿Una nueva nación?”, firmado por Tim Rogers. Con el copete siguiente: “Separatistas se preparan para renacimiento de Airrecú”, publica:

 

Líderes de un movimiento separatista en la frontera norte de Costa Rica han advertido al gobierno que se le está acabando el tiempo para reclamar el territorio perdido ante Nicaragua hace 100 años, antes que nazca una independizada República de Airrecú.

Encerrada en una pantanosa franja de 440 km2 entre el lago Nicaragua y Costa Rica, el área es hogar de 5.000 empobrecidos  agricultores, cazadores furtivos de cocodrilos y ex combatientes sandinistas y contras. Aunque Nicaragua creó la Reserva Natural Los Guatuzos en 1990 para proteger el área, el movimiento Airrecú sostiene que una lectura cuidadosa del Tratado de Límites Cañas-Jerez de 1858 muestra claramente que la tierra pertenece a Costa Rica[2]

 

 

El artículo de marras reproduce también una foto tomada de la publicación The Tico Times, mostrando el rostro de Omar Jaén, quien aparece como el líder de Airrecú.

No dudemos sobre el hecho de que el desarrollo de los acontecimientos que lleven a la concreción o no de esta supuesta república, tendrá que ver con cómo se desarrolle el proyecto de un nuevo canal.

Lo último en esta disputa que toma la forma de conflicto entre países hermanos es que Costa Rica se ha aliado con Colombia para presionar a Nicaragua con la intención de ratificar el tratado de límites marítimos en el mar Caribe y forzar con ello una negociación sobre el río San Juan. Sumado a lo cual Costa Rica demandó a Nicaragua en 2005 ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya por cuestiones de jurisdicción en la navegación sobre el río San Juan. El conflicto entonces sigue abierto.

[1] Medina Castro, Op. Cit., p. 592.

 


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EL CASO DE VIEQUES: Parodia de intento de secesión

Vieques es una isla menor perteneciente a Puerto Rico; apenas tiene casi 23 kilómetros de largo por algo más de 6 de ancho. Por sus dimensiones se la llama la “isla Nena de Puerto Rico”. En 1935 los norteamericanos la comenzaron a usar ya como centro de sus ejercicios navales.

Señala Torres Rivera:

 

… la Marina de Estados Unidos ocupa más de la mitad de su territorio en instalaciones militares, polígonos de tiro y áreas de maniobras para sus bombardeos de práctica y ejercicios navales. En una porción de terreno equivalente a una tercera parte de la isla residen cerca de 10.000 habitantes.

En la porción Oeste… la Marina de Guerra de Estados Unidos tenía localizados hasta hace apenas unos meses 107 edificaciones donde se almacenaba el 95% de las bombas y municiones que utilizaban los Grupos de Combate encabezados por los diferentes portaviones de la Flota del Atlántico, conocida también como Segunda Flota, en sus ejercicios de entrenamiento previo a su desplazamiento hacia el Mar Mediterráneo y el Golfo Pérsico.[1]

 

Allí se entrenaron también las tropas yanquis que invadieron la pequeña isla de Granada en 1983.

La isla fue utilizada durante más de cuarenta años como campo de tiro, por donde circulaban municiones altamente contaminantes, incluidas ojivas con uranio. Por tal hecho hay una incidencia de cáncer muy alta entre la población. Los puertorriqueños en general y los habitantes de Vieques en particular vienen luchando por lograr que las fuerzas militares se retiren de la isla; en algunas oportunidades, como en 1999, se logró suspender los ejercicios militares por un tiempo, pero siempre se reiniciaban. En el año 2000 se anunció la realización futura de un referéndum entre los viequenses para determinar si la Marina de EE.UU. debía o no seguir allí. La Armada yanqui y sus lacayos locales comenzaron una campaña para convencer a parte de la población de la conveniencia de que siguieran en la isla; no alcanzaba para construir una mayoría que pudiera ganar en el referéndum, pero sí para lograr una cantidad de firmas que planteara al gobierno de los Estados Unidos que ¡Vieques se separase de Puerto Rico! La vieja y conocida metodología del imperialismo yanqui utilizada para poder dominar un territorio hostil. La paradoja en este caso es que se alentaba la separación de un territorio parte de un Estado Asociado a los Estados Unidos.

 En marzo de 2001 algunas agencias informativas daban cuenta sobre un grupo de residentes viequenses llegados a Washington para presentar un petitorio, firmado por 1780 personas, solicitando que Vieques se convierta en un territorio autónomo estadounidense. No faltó algún senador dispuesto a presentar dicho petitorio en el Congreso. La iniciativa no logró prosperar.

Finalmente, con un pueblo manifestándose en contra de la Marina norteamericana, en julio de 2001 la opción del cese inmediato y permanente de los bombardeos en Vieques obtuvo el 68% de los votos contra el 30% que planteaban la continuación de las maniobras militares.

El 1 de mayo de 2003 la Marina oficialmente desistió de utilizar Vieques como campo de tiro, sin renunciar a sus instalaciones asentadas allí como el puesto de comunicación en Monte Pirata y el lugar donde funciona el radar ROTHR (Relocatable Over The Horizon Radar). Queda pendiente la descontaminación de esas tierras.

En el sitio web de “Vieques Libre” se lee en un artículo titulado ¡Sí, se fue la marina!” firmado por Ricardo Olivero Lora, el mismo 1º de mayo de 2003 lo siguiente:

 

Mientras millones de personas en todo el mundo celebraban el día internacional de los trabajadores, Vieques y Puerto Rico tenían una razón adicional para hacerlo: la salida de la marina de guerra de los Estados Unidos del territorio Viequense…

…Hoy vemos cómo la lucha concertada, heterogénea y militante de un pueblo –con la desobediencia civil como motor fundamental- puede vencer hasta el enemigo quizás más poderoso del mundo: la marina imperialista estadounidense.

Luego de resistir 68 años de abusos e injusticias, en la madrugada de hoy miles de personas penetraron a los predios del Campamento García a las 12:01 AM, hora en que formalmente la marina perdía jurisdicción sobre esos terrenos. Fueron muchos los años de lucha, y la indignación acumulada por el pueblo viequense tenía que expresarse más allá de marchas y concentraciones. Y lo hizo…

…Hoy el pueblo viequense celebra la retirada de la marina, pero mañana comienza una nueva fase en esta lucha: el que los federales limpien los terrenos contaminados y el que los terrenos pasen a manos del pueblo viequense, y no al Servicio federal de Pesca y Vida Silvestre, agencia que ha sido cómplice histórico de las barbaridades de la marina. La victoria de hoy es ejemplo e impulso para las luchas de mañana.

 

Una pequeña lucha ganada en el marco de una lucha mayor de todo Puerto Rico, inserta en la inmensa y persistente lucha de nuestra América.

 

Horacio A. López



[1] Alejandro Torres Rivera, Op. Cit., p.8.

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EL CASO DEL CANAL INTEROCEÁNICO: De la República de Colombia a la de Panamá.

Un hecho fortuito producido en California a principios de 1848, siendo ya esta región parte integrante de los Estados Unidos, vino a crear nuevas realidades en la geopolítica norteamericana. El hecho en sí fue el descubrimiento de la existencia de oro en el valle del Sacramento. A partir de la difusión de semejante descubrimiento, un torrente de aventureros de toda laya se avalanzó sobre dicho territorio tras el sueño de convertirse en ricos de la noche a la mañana. En tan sólo un año San Francisco pasó de unos pocos centenares de pobladores a nuclear alrededor de 25.000; según el censo de 1850 California tenía ya 92.000 habitantes, y en 1858 esa cifra se elevaba a 380.000. Los buscadores de oro viajaban en caravanas a través del istmo de Panamá, o por los ríos y lagos de Nicaragua, cuando no en barcos mercantes por el Atlántico hacia el Pacífico a través del cabo de Hornos o el estrecho de Magallanes.

Esta nueva realidad puso sobre el tapete nuevamente el viejo sueño de la construcción de una vía interoceánica que permitiera evitar el largo viaje marítimo por el sur del continente. Los posibles lugares adecuados para construir vías de transportes rápidos eran: el istmo de Tehuantepec en México, el de Panamá en Colombia y el relacionado con el lago de Nicaragua.

El presidente norteamericano Pierce, mediante el Tratado de Gadsden impuesto a México en 1853, había obtenido de este país el derecho de construcción de un ferrocarril a través de su territorio, derecho del que nunca se hizo uso por considerárselo antieconómico. La segunda posibilidad, la del istmo de Panamá, no tardó en ser puesta en práctica, merced a la buena disposición de Colombia, nación que en 1846, por el Tratado de Nueva Granada no sólo concedió el derecho de paso a los ciudadanos norteamericanos, sino que acordó a los Estados Unidos la concesión para construir un ferrocarril transístmico, camino de hierro que en 1855 estaba ya concluido y era utilizado.

La tercera de las posibilidades, la vía terrestre - acuática nicaragüense, hizo necesario desbrozar previamente las malezas en que estaban envueltas las políticas y la diplomacia de los Estados Unidos y Gran Bretaña en todo el ámbito del Caribe. Cuando se llegó a una especie de acuerdo transitorio mediante el Tratado Clayton - Bulwer, en 1850, se convino la construcción de un canal por territorio de Nicaragua.[1]

Con el correr del tiempo este Tratado pasó a ser un obstáculo para Estados Unidos, que cada vez más quería efectivizar la Doctrina Monroe en lo que consideraba su área de influencia, o sea todo el continente americano. Gran Bretaña sobraba como socio. Mediante negociaciones entre ambas potencias, se llegó al Tratado Hay - Pauncefote en 1901, mediante el cual Gran Bretaña renunciaba a participar de la construcción del canal, autorizando a Estados Unidos a hacerlo y a ejercer su control sobre el mismo.

Anticipándose a estos planes, ya en 1881 los franceses habían comenzado la construcción del canal por el istmo de Panamá. Dificultades financieras y una sustitución de la compañía originaria por otra trabaron el desarrollo de las obras. En 1902 el presidente Theodore Roosevelt logró la autorización del Congreso para comprar en 40 millones de dólares la concesión francesa. El segundo paso fue lograr la autorización del gobierno de Colombia para construir el canal, lo que se consiguió a medias en 1903 con el Tratado Hay - Herrán; el problema fue que el gobierno colombiano no ratificó posteriormente este Tratado.

Se dieron entonces las condiciones para que Estados Unidos terminara impulsando la secesión de Panamá de Colombia, sabiendo que una nueva pero pequeña nación, con un gobierno recién instalado, sería presa fácil de sus presiones.

Como bien señala Olmedo Beluche

A inicios del siglo XXI podemos decir con seguridad que Panamá es un hecho, existe como país, y como tal no necesita ser permanentemente justificado. Ahora poseemos la madurez necesaria para examinar cuidadosamente nuestra historia, contarla como verdaderamente ha sido. Se requiere el estudio de nuestro pasado, no ideológico, sino científico y, por tanto, crítico.[2]

Adherimos a la afirmación de Beluche por cuanto queremos dejar claro que nuestro análisis no tiene que ver con tomar posición en cuanto a la justeza o no de la independencia de Panamá, sino mostrar las maniobras externas a Panamá que se montaron en esas reivindicaciones.

Aclarado esto, nos apoyamos en las definiciones que el citado Beluche plantea sobre el caso Panamá:

La idea que prevalece respecto a la formación de la nación panameña señala que la misma tiene como su actor y ejecutor central a la burguesía comercial citadina, cuya tarea histórica habría consistido en crear una nación (en ciernes desde el siglo XVIII, y construyéndose a lo largo de todo el siglo XIX, y emergiendo en 1903) con una misión histórica: el ‘transitismo’.

Para esta versión -sigue Beluche-, la esencia del ’ser nacional’ panameño consiste en servir de zona de tránsito al comercio internacional. Ese objetivo socioeconómico, que coincide plenamente con la privilegiada posición geográfica del país, justificaría (como necesarias y progresivas) todas las acciones emanadas de la clase comercial istmeña por concretar su sueño transitista, desde los tempranos intentos secesionistas del siglo pasado, hasta la ‘independencia’ de 1903.[3]

Cierto es, como lo indica Luis Vitale, que los sectores de la burguesía panameña tenían desde tiempo atrás aspiraciones de alcanzar la independencia. De hecho, durante 1840-1841 Panamá se había independizado por un año y a partir de allí hubo varios intentos para independizarse de manera definitiva.[4] Pero ante la nueva realidad, a principios del siglo XX, las perspectivas de grandes negocios irrumpieron de golpe ante los ojos de los grandes comerciantes panameños, dándole nuevos y mejores bríos a esa vieja aspiración hasta entonces latente:

La perspectiva de la construcción de un canal -relata Sergio Guerra Vilaboy- aun en las condiciones fijadas por el Hay - Herrán, significaba un alivio para el agobiado pueblo panameño y prometía grandes negocios a la oligarquía conservadora de Panamá. Por eso el rechazo del tratado por el gobierno colombiano fue interpretado en Panamá como una amenaza potencial para su muy deteriorada economía, lo que se sumaba a la posibilidad de que la vía se construyera entonces por otro lugar (Nicaragua), echando por la borda todas las expectativas de mejoramiento del país.

Eso explica que los norteamericanos pudieran aprovechar fácilmente, para sus objetivos, las legítimas aspiraciones panameñas de crear una nación independiente.[5]

La conspiración fue ganando terreno, alentada por los Estados Unidos, y ya era un secreto a voces, al punto que diez días antes de la “declaración de la independencia” formal, ya los navíos de guerra norteamericanos partían del puerto de San Francisco y de distintos puntos del mar Caribe. Algunas de estas naves estaban en Colón el día 2 de noviembre.

Escribe Medina Castro: ´

En la mañana del 3 llegó a Colón la cañonera colombiana ‘Cartagena’. Traía 500 hombres del batallón ‘Tiradores’, con destino a Panamá, al mando del general Tobar.

La compañía del ferrocarril, norteamericana, se apresuró a trasladar a Panamá a Tobar y a su ayudante. Pero no pudo llevar la tropa, por ‘inconvenientes técnicos’ de última hora…

Al caer la noche, los insurgentes de Panamá detuvieron a Tobar y proclamaron la ‘independencia’. El gobernador, José Domingo de Obaldía, estaba en el plan y se dejó apresar.

El comandante del ‘Nashville’, conforme a las instrucciones, impidió que las tropas gubernamentales avanzaran de Colón a Panamá.

¡Así triunfó la revolución! [6]

Tres días después de declarada la “independencia”, el gobierno de los Estados Unidos reconoce a la nueva república. A título comparativo consignemos que las repúblicas de Sud América tardaron doce años en ser reconocidas, luego de haberse independizado auténticamente.

Estados Unidos no se apoderó sólo del proyecto del canal sino, luego de construido, de su control y soberanía.

Es ineludible destacar la lucha del pueblo panameño por recuperar el canal para sí durante todo el siglo XX, lo que llevó a innumerables manifestaciones y enfrentamientos con las tropas norteamericanas instaladas en el estratégico paso. Recordemos los 20 muertos y centenares de heridos entre estudiantes panameños en 1964.

El último día de 1999 los EE.UU. debieron entregar el canal al gobierno panameño, de acuerdo con el Tratado Torrijos - Carter de 1977. Torrijos había muerto en un misterioso accidente de aviación nunca aclarado. Las fuerzas aéreas y de marinería yanquis se instalaron en las bases de Aruba y Curaçao, desde donde en menos de una hora pueden estar de nuevo en la zona del canal si algún conflicto que amenace su control geoestratégico así lo amerita.

Finalmente, el 22 de octubre de 2006 se realizó en Panamá un referéndum para decidir si el pueblo acepta la ampliación del canal, obra que permitiría el paso de barcos con 12 mil contenedores en lugar de los actuales que cargan 4 mil. Si bien el “Sí” por la ampliación se impuso por casi el 80% de los votos al “No” (20%), lo llamativo de esta elección fue el alto índice de abstencionismo: 60%, lo que indica -según varios analistas- que el pueblo consideró que la propuesta de ampliación es apresurada y el tiempo para discutirla demasiado corto. Además de temores sobre el enorme endeudamiento al que se precipitaría el país, hay quienes temen que detrás de esta ampliación pueda reanudarse una embestida de EE.UU. para que este país firme un Tratado de Libre Comercio (TLC) y lograr por esa vía un mayor control, además de temores a que el proyecto sea fuente de corrupción o que abra las puertas a potencias extranjeras.

La rapidez con que se sustanció la consulta evidencia una carrera por tener lista la magna obra (se habla de que las nuevas esclusas estarían funcionando entre 2014 y 2015) y ganarle así a eventuales proyectos de nuevos canales: vuelve el fantasma de un nuevo canal por Nicaragua, de unos 286 kilómetros de largo, que podría estar funcionando para el 2017. También se vuelve a hablar de México. En el actual contexto político, Estados Unidos ve más confiable y predecible a Panamá que a los dos países mencionados.

Horacio A. López


[1] Historia de América II. Op. Cit., p. 73.

[2] Olmedo Beluche. “El problema nacional: Hispanoamérica, Colombia y Panamá”, en Jorge Enrique González, Nación y nacionalismo en América Latina, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Universidad nacional de Colombia. Facultad de Ciencias Humanas, Buenos Aires, 2007, p. 88.

[3] Ibíd., p. 83.

[4] Luis Vitale, De Bolívar al Che. La larga marcha por la unidad y la identidad latinoamericana, Cucaña Ediciones, Buenos Aires, 2002, p. 104.

[5] Sergio Guerra Vilaboy. Historia mínima de América. Editorial Pueblo y Educación. La Habana. 2003, p. 224.

[6] Medina Castro, Op. Cit., p. 622.

 

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