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EL CASO DE VIEQUES: Parodia de intento de secesión

Vieques es una isla menor perteneciente a Puerto Rico; apenas tiene casi 23 kilómetros de largo por algo más de 6 de ancho. Por sus dimensiones se la llama la “isla Nena de Puerto Rico”. En 1935 los norteamericanos la comenzaron a usar ya como centro de sus ejercicios navales.

Señala Torres Rivera:

 

… la Marina de Estados Unidos ocupa más de la mitad de su territorio en instalaciones militares, polígonos de tiro y áreas de maniobras para sus bombardeos de práctica y ejercicios navales. En una porción de terreno equivalente a una tercera parte de la isla residen cerca de 10.000 habitantes.

En la porción Oeste… la Marina de Guerra de Estados Unidos tenía localizados hasta hace apenas unos meses 107 edificaciones donde se almacenaba el 95% de las bombas y municiones que utilizaban los Grupos de Combate encabezados por los diferentes portaviones de la Flota del Atlántico, conocida también como Segunda Flota, en sus ejercicios de entrenamiento previo a su desplazamiento hacia el Mar Mediterráneo y el Golfo Pérsico.[1]

 

Allí se entrenaron también las tropas yanquis que invadieron la pequeña isla de Granada en 1983.

La isla fue utilizada durante más de cuarenta años como campo de tiro, por donde circulaban municiones altamente contaminantes, incluidas ojivas con uranio. Por tal hecho hay una incidencia de cáncer muy alta entre la población. Los puertorriqueños en general y los habitantes de Vieques en particular vienen luchando por lograr que las fuerzas militares se retiren de la isla; en algunas oportunidades, como en 1999, se logró suspender los ejercicios militares por un tiempo, pero siempre se reiniciaban. En el año 2000 se anunció la realización futura de un referéndum entre los viequenses para determinar si la Marina de EE.UU. debía o no seguir allí. La Armada yanqui y sus lacayos locales comenzaron una campaña para convencer a parte de la población de la conveniencia de que siguieran en la isla; no alcanzaba para construir una mayoría que pudiera ganar en el referéndum, pero sí para lograr una cantidad de firmas que planteara al gobierno de los Estados Unidos que ¡Vieques se separase de Puerto Rico! La vieja y conocida metodología del imperialismo yanqui utilizada para poder dominar un territorio hostil. La paradoja en este caso es que se alentaba la separación de un territorio parte de un Estado Asociado a los Estados Unidos.

 En marzo de 2001 algunas agencias informativas daban cuenta sobre un grupo de residentes viequenses llegados a Washington para presentar un petitorio, firmado por 1780 personas, solicitando que Vieques se convierta en un territorio autónomo estadounidense. No faltó algún senador dispuesto a presentar dicho petitorio en el Congreso. La iniciativa no logró prosperar.

Finalmente, con un pueblo manifestándose en contra de la Marina norteamericana, en julio de 2001 la opción del cese inmediato y permanente de los bombardeos en Vieques obtuvo el 68% de los votos contra el 30% que planteaban la continuación de las maniobras militares.

El 1 de mayo de 2003 la Marina oficialmente desistió de utilizar Vieques como campo de tiro, sin renunciar a sus instalaciones asentadas allí como el puesto de comunicación en Monte Pirata y el lugar donde funciona el radar ROTHR (Relocatable Over The Horizon Radar). Queda pendiente la descontaminación de esas tierras.

En el sitio web de “Vieques Libre” se lee en un artículo titulado ¡Sí, se fue la marina!” firmado por Ricardo Olivero Lora, el mismo 1º de mayo de 2003 lo siguiente:

 

Mientras millones de personas en todo el mundo celebraban el día internacional de los trabajadores, Vieques y Puerto Rico tenían una razón adicional para hacerlo: la salida de la marina de guerra de los Estados Unidos del territorio Viequense…

…Hoy vemos cómo la lucha concertada, heterogénea y militante de un pueblo –con la desobediencia civil como motor fundamental- puede vencer hasta el enemigo quizás más poderoso del mundo: la marina imperialista estadounidense.

Luego de resistir 68 años de abusos e injusticias, en la madrugada de hoy miles de personas penetraron a los predios del Campamento García a las 12:01 AM, hora en que formalmente la marina perdía jurisdicción sobre esos terrenos. Fueron muchos los años de lucha, y la indignación acumulada por el pueblo viequense tenía que expresarse más allá de marchas y concentraciones. Y lo hizo…

…Hoy el pueblo viequense celebra la retirada de la marina, pero mañana comienza una nueva fase en esta lucha: el que los federales limpien los terrenos contaminados y el que los terrenos pasen a manos del pueblo viequense, y no al Servicio federal de Pesca y Vida Silvestre, agencia que ha sido cómplice histórico de las barbaridades de la marina. La victoria de hoy es ejemplo e impulso para las luchas de mañana.

 

Una pequeña lucha ganada en el marco de una lucha mayor de todo Puerto Rico, inserta en la inmensa y persistente lucha de nuestra América.

 

Horacio A. López



[1] Alejandro Torres Rivera, Op. Cit., p.8.

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EL CASO DEL CANAL INTEROCEÁNICO: De la República de Colombia a la de Panamá.

Un hecho fortuito producido en California a principios de 1848, siendo ya esta región parte integrante de los Estados Unidos, vino a crear nuevas realidades en la geopolítica norteamericana. El hecho en sí fue el descubrimiento de la existencia de oro en el valle del Sacramento. A partir de la difusión de semejante descubrimiento, un torrente de aventureros de toda laya se avalanzó sobre dicho territorio tras el sueño de convertirse en ricos de la noche a la mañana. En tan sólo un año San Francisco pasó de unos pocos centenares de pobladores a nuclear alrededor de 25.000; según el censo de 1850 California tenía ya 92.000 habitantes, y en 1858 esa cifra se elevaba a 380.000. Los buscadores de oro viajaban en caravanas a través del istmo de Panamá, o por los ríos y lagos de Nicaragua, cuando no en barcos mercantes por el Atlántico hacia el Pacífico a través del cabo de Hornos o el estrecho de Magallanes.

Esta nueva realidad puso sobre el tapete nuevamente el viejo sueño de la construcción de una vía interoceánica que permitiera evitar el largo viaje marítimo por el sur del continente. Los posibles lugares adecuados para construir vías de transportes rápidos eran: el istmo de Tehuantepec en México, el de Panamá en Colombia y el relacionado con el lago de Nicaragua.

El presidente norteamericano Pierce, mediante el Tratado de Gadsden impuesto a México en 1853, había obtenido de este país el derecho de construcción de un ferrocarril a través de su territorio, derecho del que nunca se hizo uso por considerárselo antieconómico. La segunda posibilidad, la del istmo de Panamá, no tardó en ser puesta en práctica, merced a la buena disposición de Colombia, nación que en 1846, por el Tratado de Nueva Granada no sólo concedió el derecho de paso a los ciudadanos norteamericanos, sino que acordó a los Estados Unidos la concesión para construir un ferrocarril transístmico, camino de hierro que en 1855 estaba ya concluido y era utilizado.

La tercera de las posibilidades, la vía terrestre - acuática nicaragüense, hizo necesario desbrozar previamente las malezas en que estaban envueltas las políticas y la diplomacia de los Estados Unidos y Gran Bretaña en todo el ámbito del Caribe. Cuando se llegó a una especie de acuerdo transitorio mediante el Tratado Clayton - Bulwer, en 1850, se convino la construcción de un canal por territorio de Nicaragua.[1]

Con el correr del tiempo este Tratado pasó a ser un obstáculo para Estados Unidos, que cada vez más quería efectivizar la Doctrina Monroe en lo que consideraba su área de influencia, o sea todo el continente americano. Gran Bretaña sobraba como socio. Mediante negociaciones entre ambas potencias, se llegó al Tratado Hay - Pauncefote en 1901, mediante el cual Gran Bretaña renunciaba a participar de la construcción del canal, autorizando a Estados Unidos a hacerlo y a ejercer su control sobre el mismo.

Anticipándose a estos planes, ya en 1881 los franceses habían comenzado la construcción del canal por el istmo de Panamá. Dificultades financieras y una sustitución de la compañía originaria por otra trabaron el desarrollo de las obras. En 1902 el presidente Theodore Roosevelt logró la autorización del Congreso para comprar en 40 millones de dólares la concesión francesa. El segundo paso fue lograr la autorización del gobierno de Colombia para construir el canal, lo que se consiguió a medias en 1903 con el Tratado Hay - Herrán; el problema fue que el gobierno colombiano no ratificó posteriormente este Tratado.

Se dieron entonces las condiciones para que Estados Unidos terminara impulsando la secesión de Panamá de Colombia, sabiendo que una nueva pero pequeña nación, con un gobierno recién instalado, sería presa fácil de sus presiones.

Como bien señala Olmedo Beluche

A inicios del siglo XXI podemos decir con seguridad que Panamá es un hecho, existe como país, y como tal no necesita ser permanentemente justificado. Ahora poseemos la madurez necesaria para examinar cuidadosamente nuestra historia, contarla como verdaderamente ha sido. Se requiere el estudio de nuestro pasado, no ideológico, sino científico y, por tanto, crítico.[2]

Adherimos a la afirmación de Beluche por cuanto queremos dejar claro que nuestro análisis no tiene que ver con tomar posición en cuanto a la justeza o no de la independencia de Panamá, sino mostrar las maniobras externas a Panamá que se montaron en esas reivindicaciones.

Aclarado esto, nos apoyamos en las definiciones que el citado Beluche plantea sobre el caso Panamá:

La idea que prevalece respecto a la formación de la nación panameña señala que la misma tiene como su actor y ejecutor central a la burguesía comercial citadina, cuya tarea histórica habría consistido en crear una nación (en ciernes desde el siglo XVIII, y construyéndose a lo largo de todo el siglo XIX, y emergiendo en 1903) con una misión histórica: el ‘transitismo’.

Para esta versión -sigue Beluche-, la esencia del ’ser nacional’ panameño consiste en servir de zona de tránsito al comercio internacional. Ese objetivo socioeconómico, que coincide plenamente con la privilegiada posición geográfica del país, justificaría (como necesarias y progresivas) todas las acciones emanadas de la clase comercial istmeña por concretar su sueño transitista, desde los tempranos intentos secesionistas del siglo pasado, hasta la ‘independencia’ de 1903.[3]

Cierto es, como lo indica Luis Vitale, que los sectores de la burguesía panameña tenían desde tiempo atrás aspiraciones de alcanzar la independencia. De hecho, durante 1840-1841 Panamá se había independizado por un año y a partir de allí hubo varios intentos para independizarse de manera definitiva.[4] Pero ante la nueva realidad, a principios del siglo XX, las perspectivas de grandes negocios irrumpieron de golpe ante los ojos de los grandes comerciantes panameños, dándole nuevos y mejores bríos a esa vieja aspiración hasta entonces latente:

La perspectiva de la construcción de un canal -relata Sergio Guerra Vilaboy- aun en las condiciones fijadas por el Hay - Herrán, significaba un alivio para el agobiado pueblo panameño y prometía grandes negocios a la oligarquía conservadora de Panamá. Por eso el rechazo del tratado por el gobierno colombiano fue interpretado en Panamá como una amenaza potencial para su muy deteriorada economía, lo que se sumaba a la posibilidad de que la vía se construyera entonces por otro lugar (Nicaragua), echando por la borda todas las expectativas de mejoramiento del país.

Eso explica que los norteamericanos pudieran aprovechar fácilmente, para sus objetivos, las legítimas aspiraciones panameñas de crear una nación independiente.[5]

La conspiración fue ganando terreno, alentada por los Estados Unidos, y ya era un secreto a voces, al punto que diez días antes de la “declaración de la independencia” formal, ya los navíos de guerra norteamericanos partían del puerto de San Francisco y de distintos puntos del mar Caribe. Algunas de estas naves estaban en Colón el día 2 de noviembre.

Escribe Medina Castro: ´

En la mañana del 3 llegó a Colón la cañonera colombiana ‘Cartagena’. Traía 500 hombres del batallón ‘Tiradores’, con destino a Panamá, al mando del general Tobar.

La compañía del ferrocarril, norteamericana, se apresuró a trasladar a Panamá a Tobar y a su ayudante. Pero no pudo llevar la tropa, por ‘inconvenientes técnicos’ de última hora…

Al caer la noche, los insurgentes de Panamá detuvieron a Tobar y proclamaron la ‘independencia’. El gobernador, José Domingo de Obaldía, estaba en el plan y se dejó apresar.

El comandante del ‘Nashville’, conforme a las instrucciones, impidió que las tropas gubernamentales avanzaran de Colón a Panamá.

¡Así triunfó la revolución! [6]

Tres días después de declarada la “independencia”, el gobierno de los Estados Unidos reconoce a la nueva república. A título comparativo consignemos que las repúblicas de Sud América tardaron doce años en ser reconocidas, luego de haberse independizado auténticamente.

Estados Unidos no se apoderó sólo del proyecto del canal sino, luego de construido, de su control y soberanía.

Es ineludible destacar la lucha del pueblo panameño por recuperar el canal para sí durante todo el siglo XX, lo que llevó a innumerables manifestaciones y enfrentamientos con las tropas norteamericanas instaladas en el estratégico paso. Recordemos los 20 muertos y centenares de heridos entre estudiantes panameños en 1964.

El último día de 1999 los EE.UU. debieron entregar el canal al gobierno panameño, de acuerdo con el Tratado Torrijos - Carter de 1977. Torrijos había muerto en un misterioso accidente de aviación nunca aclarado. Las fuerzas aéreas y de marinería yanquis se instalaron en las bases de Aruba y Curaçao, desde donde en menos de una hora pueden estar de nuevo en la zona del canal si algún conflicto que amenace su control geoestratégico así lo amerita.

Finalmente, el 22 de octubre de 2006 se realizó en Panamá un referéndum para decidir si el pueblo acepta la ampliación del canal, obra que permitiría el paso de barcos con 12 mil contenedores en lugar de los actuales que cargan 4 mil. Si bien el “Sí” por la ampliación se impuso por casi el 80% de los votos al “No” (20%), lo llamativo de esta elección fue el alto índice de abstencionismo: 60%, lo que indica -según varios analistas- que el pueblo consideró que la propuesta de ampliación es apresurada y el tiempo para discutirla demasiado corto. Además de temores sobre el enorme endeudamiento al que se precipitaría el país, hay quienes temen que detrás de esta ampliación pueda reanudarse una embestida de EE.UU. para que este país firme un Tratado de Libre Comercio (TLC) y lograr por esa vía un mayor control, además de temores a que el proyecto sea fuente de corrupción o que abra las puertas a potencias extranjeras.

La rapidez con que se sustanció la consulta evidencia una carrera por tener lista la magna obra (se habla de que las nuevas esclusas estarían funcionando entre 2014 y 2015) y ganarle así a eventuales proyectos de nuevos canales: vuelve el fantasma de un nuevo canal por Nicaragua, de unos 286 kilómetros de largo, que podría estar funcionando para el 2017. También se vuelve a hablar de México. En el actual contexto político, Estados Unidos ve más confiable y predecible a Panamá que a los dos países mencionados.

Horacio A. López


[1] Historia de América II. Op. Cit., p. 73.

[2] Olmedo Beluche. “El problema nacional: Hispanoamérica, Colombia y Panamá”, en Jorge Enrique González, Nación y nacionalismo en América Latina, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, Universidad nacional de Colombia. Facultad de Ciencias Humanas, Buenos Aires, 2007, p. 88.

[3] Ibíd., p. 83.

[4] Luis Vitale, De Bolívar al Che. La larga marcha por la unidad y la identidad latinoamericana, Cucaña Ediciones, Buenos Aires, 2002, p. 104.

[5] Sergio Guerra Vilaboy. Historia mínima de América. Editorial Pueblo y Educación. La Habana. 2003, p. 224.

[6] Medina Castro, Op. Cit., p. 622.

 

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Soberanía Latinoamericana: Secesionismo e intervencionismo imperialita

Presentación de la charla debate “Soberanía  Latinoamericana: Secesionismo e intervencionismo imperialista” en el marco de la II Semana del Libro Venezolano que se presento en el Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini” del 23 al 29 de noviembre.

En los videos que se pueden ver a continuación hablan en primer lugar Horacio López director del CCC, y en segundo lugar, el venezolano Sergio Rodriguez Director del RR II MPPC.

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EL CASO DE PUERTO RICO: De Colonia a Estado Libre Asociado (Parte III)

El puertorriqueño Eugenio María de Hostos fue un activo militante por la independencia de su país y la liberación antillana. En Nueva York editó el periódico La Revolución, desde el cual bregaba por la autonomía para Puerto Rico y Cuba; allí se unió a los revolucionarios que luchaban por la independencia de Cuba. Fue designado delegado para toda Sudamérica por la Junta Revolucionaria Cubana. Ramón Emeterio Betances bregó por la independencia de Puerto Rico, organizando sociedades secretas e impulsando el ya comentado estallido de Lares. Contribuyó con Cuba en la llamada guerra de los diez años; llegó a ser Delegado de la República Cubana en París, desde donde batalló en contra de la campaña de difamación promovida por España en contra de la revolución. Así de estrecho fue y es el vínculo entre estos dos pueblos a los que el imperialismo les niega relacionarse.

Como homenaje a esta vinculación que se pretende suprimir, vale reproducir las opiniones de José Martí sobre ambos patriotas. En el artículo “Catecismo Democrático” dice Martí sobre Hostos:

 

Eugenio María Hostos es una hermosa inteligencia puertorriqueña cuya enérgica palabra vibró rayos contra los abusos del coloniaje, en las cortes españolas, y cuya dicción sólida y profunda anima hoy las columnas de los periódicos de Cuba Libre y Sur América que se publican en Nueva York…

Ahora publica el orador de Puerto Rico, que ha hecho en los Estados Unidos causa común con los independientes cubanos, un catecismo de democracia, que a los de Cuba y su isla propia dedica…[1]

 

En carta a Ramón Emeterio Betances, José Martí le pide “organizar en París un grupo vigoroso y activo de auxiliadores de nuestra seria y creciente Revolución” y más atrás en la misiva lo caracteriza: “Yo conozco la indomable fiereza que anima y distingue a Ud. en nuestras cosas, y el respeto que por ello ha sabido hacer que se le tribute. Yo sé que no hay para Ud. mar entre Cuba y Puerto Rico y siente Ud. en su pecho los golpes de las armas que hieren los nuestros.”[2]

En 1953 Estados Unidos logró una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas (Resolución 748 –VIII) para sacar a Puerto Rico del listado de territorios coloniales. No obstante, el Comité de Descolonización de la ONU incorporó el caso de Puerto Rico dentro de su jurisdicción en 1978.

Pocos años antes de que Estados Unidos tuviera que entregar la soberanía del canal de Panamá, reconfiguró su mapa de instalaciones militares en la región. Toda esa zona de influencia que dependía  del Comando del Atlántico con sede en Virginia pasó a partir de junio de 1997 a la jurisdicción del Comando Sur, cuyos cuarteles generales se ubican en Miami y los componentes de dichos cuarteles en Puerto Rico.

Sería innumerable constatar los hitos de resistencia heroica del pueblo puertorriqueño en aras de su independencia. Sólo decir que esa lucha continúa: en la edición semanal que va del 28/9 al 4/10 de 2006 del periódico Claridad, periódico de circulación nacional que tiene como objetivo central ser un instrumento eficaz en la lucha por la independencia de Puerto Rico, un artículo titulado “De Lares a Hormigueros”, firmado por Perla Franco, señala:

 

El pueblo independentista se desbordó en la conmemoración del 138 aniversario del Grito de Lares el pasado 23 de septiembre (2006), muy a pesar del FBI, que la semana antes amenazó con que en el país habría actos terroristas e intervino contra varios militantes independentistas como para responsabilizarlos de los mismos.

El espíritu de los asistentes a los actos en Lares y de los mensajes vertidos en la tribuna fueron de mucha combatividad y de reclamos de honrar la memoria de los luchadores Filiberto Ojeda Ríos y Jorge Farinacci, aún cuando se celebraron separados entre un acto auspiciado por el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) y el Partido Nacionalista de Puerto Rico (PNPR) y otro por el Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH)…

Meneses (uno de los oradores en la primera actividad) se refirió a las amenazas y persecuciones a las que el FBI sometió a varios independentistas días antes de la actividad y que evidentemente no amedrentaron al independentismo que fue convocado a Lares para recordar aquel primer grito de independencia y que luego continuaría en Hormigueros para rendir homenaje a Filiberto Ojeda Ríos exactamente a un año de ser asesinado por el FBI en ese pueblo donde vivió sus últimos años de su clandestinaje político.

Meneses recordó además al luchador independentista y quien fuera su compañero, Jorge Farinacci, fallecido recientemente. La mención de Farinacci y Ojeda Ríos arrancó aplausos de los presentes. Ambos fueron ejemplos de los que no se rinden nunca, acotó…

 

La crónica transcripta muestra la consecuencia de esa lucha. Una lucha que, desde la ocupación estadounidense en 1898, ha arrojado unos 2.000 prisioneros políticos, muchos de ellos encarcelados en penales de Estados Unidos, con sentencias de más de 20 años de cárcel y cadenas perpetuas.

La última buena noticia al respecto llega por un artículo de José Bas García que publica Argenpress.info y que se titula:  “Congreso por la Independencia de Puerto Rico”, en el que se da cuenta de que los días 18 y 19 de noviembre de 2006 se reunieron en Panamá representantes de todos los grandes partidos de la América Latina en una actividad denominada Congreso Latinoamericano y Caribeño por la Independencia de Puerto Rico, convocada por el Partido Independentista Puertorriqueño, coincidente con el aniversario 180 del Congreso Anfictiónico de Panamá.

 

En esa ocasión –escribe Bas García- el Libertador Simón Bolívar convocó a dicho evento en cuya agenda estaba la independencia de las últimas colonias de España en América: Cuba y Puerto Rico. Martín (Fernando Martín, Presidente Ejecutivo del Partido Independentista Puertorriqueño) explicó que al no haberse realizado aún la independencia de Puerto Rico, literalmente existe una agenda Bolivariana inconclusa.

(…)

‘Este Congreso se trata de un primer paso –habrá pasos ulteriores- en tratar de lograr que América Latina en conjunto se convierta en el más poderoso interlocutor con Estados Unidos, no en plan de confrontación sino en plan de negociación y de promoción de la causa de la independencia de Puerto Rico’, explicó Fernando Martín. [3]

 

El 20 de noviembre se realizó una conferencia de prensa para dar a conocer los resultados del Congreso. Allí se anunció la constitución de un Comité Permanente de Trabajo para “coordinar y hacer valer” el plan de acción y las determinaciones del Congreso Latinoamericano y Caribeño por la independencia de Puerto Rico. Dicho Comité está integrado por personalidades políticas de nuestra América.

Queda por ver si los avatares de las luchas políticas en los países de nuestra América, no harán caer en la inercia o el olvido las iniciativas de dicho Congreso.

 

 

Horacio A. López



[1] José Martí, Obras Completas, Nuestra América, Editorial de Ciencias Sociales, 1991, Tomo 8, p. 53.

[2] Ibíd., p. 7.

 

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EL CASO DE PUERTO RICO: De Colonia a Estado Libre Asociado (Parte II)

Mapa de America Central y Puerto Rico

         De los “Sucesos Históricos” difundidos por el llamado Partido Nacionalista de Puerto Rico tomamos los siguientes datos:

 

El 2 de mayo de 1917 el presidente (de los Estados Unidos) Woodrow Wilson firmó el acta Jones-Shafroth… convirtiéndola en ley. Se le impuso a los boricuas la ciudadanía yanqui. El 17 de junio de 1917 Wilson proclamó el registro y reclutamiento de los habitantes de Puerto Rico entre las edades de 21 y 31 años. La orden aplicaba a los que habían aceptado la ciudadanía americana como a los que la habían rechazado y, siendo despojados de todos los derechos políticos, los que vivían como extranjeros en su propia patria.

La ley Jones establecía una Legislatura de dos Cámaras elegidas por sufragio universal masculino… El presidente de yanquilandia y el Gobernador nombrado por él retenían el poder del veto…

No hay precedentes en el mundo de imperios reclutando a sus colonos para que los defiendan en el campo de batalla…[1]; [2]

 

            Durante la década del 30 hubo grandes convulsiones sociales en Puerto Rico y represiones violentas contra el pueblo. A fines de esa década y con la guerra mundial en ciernes, Estados Unidos convierte a Puerto Rico en una inmensa instalación militar:

 

…se estableció en el Área Noroeste de la Isla una instalación aérea que eventualmente vendría a ocupar la sede del Comando Aéreo Estratégico del Atlántico; en el área norte, central y sur de la Isla, se desarrollaron varios importantes campamentos de entrenamiento para el Ejército (Fuerte Buchanan, el Campamento Tortuguero, Henry Barracks y lo que hoy se conoce como Campamento Santiago, sede de la Guardia nacional); en el área norte, se estableció la Base Naval de Isla Grande desde donde operaba también un aeródromo y otras instalaciones navales en el área de la Bahía de San Juan.

En la costa Norte, además, se estableció la Instalación Naval de Sabana Seca, un importante centro de comunicaciones desde donde se vigilan, interceptan y monitorean, aún al presente, comunicaciones de regiones tan distantes como el Cono Sur. Se ha indicado que fue desde estas instalaciones que durante la Guerra de las Malvinas Estados Unidos logró acceso y pudo decodificar las comunicaciones militares de las fuerzas armadas de Argentina, las cuales fueron entregadas a Inglaterra.

En el área Este de la isla, se construyó la principal base naval de la Flota del Atlántico fuera del territorio continental estadounidense, la Base Naval de Roosevelt Roads.[3]

 

En julio de 1950 el Congreso estadounidense aprobó la llamada Ley 600, que daba paso a la Constitución para Puerto Rico y a la figura de Estado Libre Asociado. La ley dejaba vigente el art. 1º de la ley Jones de 1917 por medio de la cual se mantenía a la isla como posesión de los Estados Unidos.

El descontento seguía y en octubre de 1950 se produjo un levantamiento armado. El 30 de dicho mes numerosos combatientes nacionalistas se lanzaron a la lucha armada insurreccional; hubo varios focos revolucionarios, y en el que se desató en el pueblo de Jayuya se declaró la República de Puerto Rico y se izó la bandera nacional, prohibida ya en esos años. La insurrección fue derrotada y se encarceló a más de mil personas sospechosas de ser nacionalistas o comunistas. El líder independentista Albizu Campos fue enviado a prisión. Aunque el levantamiento no triunfó, sirvió para que en el mundo se conociera mejor la causa de los patriotas puertorriqueños y su valor sin límites en aras de ser independientes.

Durante 1951 se realizaron, primero, un referéndum para legalizar la propuesta de la Ley 600, en el cual se abstuvo el 56% de la población electoral y, luego, las elecciones coloniales para elegir la Asamblea Constituyente, con una abstención del 62,5%. Los colonialistas siguieron adelante y, una vez aprobada la Constitución por la Asamblea, se realizó un nuevo referéndum para instaurarla, en el cual la abstención llegó al 67% de la población electoral. Obviamente los Estados Unidos y sus títeres locales hicieron caso omiso a semejante abstención. La Constitución entró en vigor en julio de 1952, cincuenta y cuatro años después de la invasión militar.

 

La Constitución dice en su Preámbulo:

 

Nosotros, el pueblo de Puerto Rico… ordenamos y establecemos esta Constitución para el estado libre asociado que en el ejercicio de nuestro derecho natural ahora creamos dentro de nuestra unión con los Estados Unidos de América.

Al hacerlo así declaramos: (…)

Que consideramos factores determinantes en nuestra vida la ciudadanía de los Estados Unidos de América y la aspiración a… la convivencia en Puerto Rico de las dos grandes culturas del hemisferio americano…

Artículo I. DEL ESTADO LIBRE ASOCIADO.

Sección I.- Se constituye el Estado Libre Asociado de Puerto Rico. Su poder político emana del pueblo y se ejercerá con arreglo a su voluntad, dentro de los términos del convenio acordado entre el pueblo de Puerto Rico y los Estados Unidos de América.

 

La Sección 5 del Artículo III dice:

 

Ninguna persona podrá ser miembro de la Asamblea Legislativa a menos que sepa leer  y escribir cualquiera de los dos idiomas, español o inglés; sea ciudadano de los Estados Unidos y de Puerto Rico y haya residido en Puerto Rico por lo menos durante los dos años precedentes a la fecha de la elección o nombramiento…

 

En el Artículo IV, sobre el PODER EJECUTIVO se lee:

 

Sección 1.- El Poder Ejecutivo se ejercerá por un Gobernador…

Sección 3.- Nadie podrá ser Gobernador a menos que, a la fecha de la elección, haya cumplido treinta y cinco años de edad, y sea y haya sido durante los cinco años precedentes ciudadano de los Estados Unidos de América y ciudadano y residente ‘bona fide’ de Puerto Rico.

 

Las mismas condiciones para los demás cargos importantes.

El Artículo VI, sobre DISPOSICIONES GENERALES, en su Sección 16 determina que todos los funcionarios deben prestar juramento de fidelidad “a la Constitución de los Estados Unidos de América y a la Constitución y a las leyes del Estado Libre Asociado de Puerto Rico”. Termina la Carta con la Sección 10 del Artículo IX titulado DISPOSICIONES TRANSITORIAS: “Esta Constitución comenzará a regir cuando el Gobernador así lo proclame, pero no más tarde de sesenta días después de su ratificación por el Congreso de los Estados Unidos.”[4]

En un trabajo del independentista Norberto Cintrón Fiallo, titulado “Puerto Rico: colonialismo y globalización”, leemos:

 

Hace más de cien años, Estados Unidos, por medio de un tratado en el cual nosotros nada tuvimos que tratar, el llamado tratado de París de 1898, nos impusieron situaciones que mucho se asemejan a las que hoy pretenden imponer, mediante el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) a toda América Latina. Podría hasta parecer curioso nuestro caso, pues, para el decenio de 1930, el intelectual puertorriqueño Antonio S. Pedreira, decía, ante la teoría de los defensores del colonialismo, quienes señalaban que Puerto Rico representaba el puente entre dos culturas, que nos declaraban ‘puente’ para que todo el mundo nos pasara por encima. En la actualidad, aquellos empresarios neoliberales y globalizadores que impulsan a San Juan como sede del ALCA también utilizan la metáfora del puente para defender nuestra supuesta capacidad para servir como cabecera de playa del neocolonialismo neoliberalizador…

Hablamos pues, desde nuestra singularidad colonial, la que nos obliga año tras año a incluir, dentro de las resoluciones que se presentan ante la ONU, un párrafo que exprese nuestra identidad latinoamericana y caribeña. Es como si las circunstancias geográficas, históricas y culturales no bastaran para declarar nuestra identidad a menos que se pronuncie y se apruebe el discurso que las devuelva a su verdadera realidad. No hay peor tragedia existencial que aquella causada por el colonialismo en la geografía mental del puertorriqueño. Nueva York o Los Ángeles se encuentran más cerca que la República Dominicana o Haití.

El colonialismo norteamericano ha pretendido sacarnos de nuestro entorno antillano, caribeño y latinoamericano. No hay prueba más dramática que las prohibiciones que nos imponen para relacionarnos con los hermanos cubanos. Se trata de todos los impedimentos, de todas las sanciones y re-sanciones inventadas periódicamente por el gobierno de Estados Unidos contra la Revolución Cubana. Últimamente, Venezuela, hasta hace poco destino turístico para muchos puertorriqueños de clase trabajadora, ha desaparecido de nuestra geografía aérea.[5]

 

Tragedia existencial, identidad reprimida, aislamiento de los verdaderos hermanos, tales las lacras causadas por el colonialismo. Puerto Rico y Cuba tienen una historia en común –más allá de sus fuertes lazos identitarios- en su lucha por la independencia.

 

Horacio A. López


[1] Partido Nacionalista de Puerto Rico. www.nacionypatria.com

[2]  Durante la Segunda Guerra Mundial 65.034 puertorriqueños fueron llamados al servicio activo; 43.434, cuando el conflicto de Corea, y 72.000 durante la guerra en Vietnam (Datos tomados del trabajo citado de Alejandro Torres Rivera).

[3] Alejandro Torres Rivera, Op. Cit., p. 4.

[4] Constitución de Puerto Rico de 1952. Versión impresa.

[5] Norberto Cintrón Fiallo, Primera Hora, Panorama, 18 de septiembre de 2006, Prensa Asociada. Fuente: Argenpress.

 

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