Archivo de la categoría ‘Levantamientos en Nuestra América’

“Che” a 83 años

14 de junio. A 83 años del nacimiento del médico y revolucionario nuestramericano Ernesto “Che” Guevara .

“…hay que endurecerse, pero sin perder la ternura jamás…”.

Discurso de Ernesto Guevara en el Forum Cubano, Noviembre de 1963 y entrevista realizada en Punta del Este. Agosto de 1961.

http://www.youtube.com/watch?v=1VwQ23L7jR0

http://www.youtube.com/watch?v=gUsV8aZnCdw&feature=related

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El 25 de Mayo en Nuestra América

El 25 de mayo parece ser un día más en el calendario si la Historia no hay dejado reguero de hechos y personajes, en particular para Nuestra América. Las luchas por la libertad, por la independencia, por los derechos de los hombres y mujeres de este continente son las palabras claves para esta efeméride de carácter múltiple.

1. En 1809 la pólvora revolucionaria americana se incendia en Chuquisaca (ayer Alto Perú, hoy Bolivia) con el llamado “Primer Grito Libertario de América”. Es cierto que previo hubo muchos gritos, en particular de los pueblos originarios como la rebelión de Tupac Amarú. Sin embargo la revuelta liderada por Juan Antonio Álvarez de Arenales ha sabido nutrirse de esas luchas previas y alcanzar el fuego revolucionario con la expulsión del presidente de la Real Audencia, el español Ramón García Pizarro, un 25 de mayo.

2. Un año después, 1810, el calor del fuego iniciado en Chuquisaca prendió en la cuenca del Río de la Plata, en el puerto de Santa María de los Buenos Ayres. Los revolucionarios, agrupados en el cabildo de esta ciudad, protagonizan lo que se llama la “Revolución de Mayo”. Algunos de estos integrantes levantan la bandera de la unidad americana y la independencia de cualquier dominio extranjero. Eso los llevó a protagonizar encarnecidamente la lucha contra los porteños que, aliado con la inminente potencia Inglaterra, buscaban reemplazar una metrópoli colonial por otra. Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Juan José Castelli y tantos otros son las voces revolucionarias que 201 años después aún resuenan llamándonos a alcanzar la segunda y definitiva independencia.

3. Como forma de consolidar la ola revolucionaria que se alcanzaba en Nuestra América se iniciaron diferentes batallas contra los godos instalados en estas tierras y con refuerzos enviados por la corona española. Cuatro años después de la Revolución de Mayo, el coronel Juan Antonio Álvarez de Arenales (el mismo líder de la revuelta de Chuquisaca) derrotó a una fuerza peninsular tres veces mayor en La Florida, Alto Perú. Esta batalla sumada a tantas otras son las que luego culminarán con la gloriosa victoria de José Antonio Sucre en la batalla de Ayacucho.

4. Sin embargo la lucha continuó aún después de la expulsión del colonialismo español en Nuestra América, la misma lucha por la liberación de los pueblos. Con el advenimiento de las industrias surgieron grupos de proletarios explotados. Muchos de ellos eran inmigrantes europeos. Pero supieron saber que estaban en una tierra con una rica historia revolucionaria y rebelde. Es así que también en un 25 de mayo pero de 1857 los obreros gráficos fundaron la Sociedad Tipográfica Bonarense, la primera asociación de socorros mutuos de la Argentina. Estos obreros iniciaron una lucha por las 8 horas de trabajo, mejores condiciones laborales y salariales, y también por una sociedad mas justa y equitativa.

5. El mayo rebelde aún sigue cabalgando en el calendario. Esta vez con tristeza y vergüenza para Latinoamérica. Tristeza por la muerte de la heroína de la independencia americana Juana Azurduy. Vergüenza por el estado de pobreza y abandono en que fallece esta mujer que dio su familia por la liberación de estas tierras. Juana Azurduy había sido protagonista junto a su esposo Manuel Ascencio Padilla en la revuelta de Chuquisaca de 1809. Luego combatieron en las tropas patrióticas, con Juana como líder guerrillera y mujer combatiente dejando un ejemplo de que el género no es impedimiento. Sin embargo Juana ha sido reivindicada en el 2009 por la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner al ascenderla post mortem a General del Ejército Argentino.

En este recorrido por el calendario del Mayo rebelde de Nuestra América podemos encontrar que el 25 es un día muy particular. Una fecha con varios aniversarios, con hechos y actores históricos que nos convocan a reflexionar y debatir nuestra Historia. Hace un año los argentinos festejamos el bicentenario, como lo están haciendo ahora nuestros hermanos paraguayos, con alegría y ganas de seguir luchando por la segunda y definitiva independencia americana. Objetivo que hoy retoman los gobiernos revolucionarios y progresistas de la región para alcanzar el sueño de nuestros libertadores.

Roberto Deibe

Dpto. Historia CCC

http://robertodeibe.blogspot.com

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AFRODESCENDIENTES (II Parte)

Por: JORGE NÚÑEZ SÁNCHEZ en: El Telégrafo. Primer Diario Público. Guayaquil, Ecuador.

IV

La independencia marcó la primera ruptura en el sistema de esclavitud. Los líderes criollos entendieron que sin el concurso de los negros no podrían enfrentar con éxito al poder colonial. Así, enrolaron en sus ejércitos a muchos esclavos, ofreciéndoles a cambio la libertad personal.

Esos soldados negros se destacaron por su valor, lo que los hizo merecedores de ascensos y premios. El Libertador dictó la “Ley de Haberes Militares”, por la que les entregó tierras, para que las cultivaran luego de la guerra. Además, Bolívar buscó liberar de la esclavitud a todos los esclavos del país. En su Discurso al Congreso de Angostura, el 15 de febrero de 1819, expresó: “Es imposible ser libre y esclavo a la vez… Yo abandono a vuestra soberana decisión la reforma o la revocación de todos mis estatutos y decretos; pero yo imploro la confirmación de la libertad absoluta de los esclavos, como imploraría mi vida, y la vida de la República”.

En 1821, el Congreso colombiano, dominado por los propietarios terratenientes, limitó este beneficio a una simple “libertad de vientres”, por la cual se otorgaba libertad únicamente a los futuros hijos de los esclavos.

Las páginas de nuestra historia americana están llenas de historias de heroicidad de los combatientes negros. En Venezuela es famoso el nombre del teniente de caballería Pedro Camejo, apodado “Negro Primero”, un legendario ayudante del general Páez en la guerra de independencia. Y también son famosos los batallones de “llaneros”, muchos de los cuales eran negros o mulatos.

Los soldados negros también jugaron papel clave en la “Campaña de los Andes” de San Martín. En las batallas de Chacabuco, Maipú, Cancha Rayada y otras, se destacaron los batallones argentinos séptimo y octavo de infantería, formados por  unos 1.500 soldados negros, cuya heroicidad fue alabada por el Libertador del Sur.

Cuando San Martín llegó a la costa peruana, en septiembre de 1820, en menos de 15 días se le presentaron unos 3.000 negros esclavos, que huían de las haciendas vecinas y deseaban enrolarse en el ejército de independencia.

En la independencia del actual Ecuador también participaron soldados y oficiales negros, tanto locales como procedentes de Colombia y Perú. Se destacaron entre ellos Fernando Ayarza y Juan Otamendi, que lucharon heroicamente en Pichincha y Ayacucho y que luego llegaron a ser generales del Estado ecuatoriano.

Pero si la guerra abrió un sistema de ascenso social para los negros, la república oligárquica buscó clausurarlo, para volver al antiguo sistema de dominación.

Al bravo Ayarza, general glorioso de la independencia, se le hizo azotar en público por el dictador Gabriel García Moreno, quien lo acusó de conspirador y afirmó que “Ese negro no merece otro castigo que el acostumbrado en las haciendas de trapiche”.

Y Otamendi, héroe condecorado de las luchas libertarias, fue despreciado junto con su esposa en una fiesta de la alta sociedad riobambeña, lo cual provocó su ira y generó un incidente armado que causó varios muertos. Años más tarde fue asesinado oscuramente, según parece por orden del mismo general Flores, al que servía con fidelidad.

V

Los trabajadores jamaiquinos son parte de nuestra historia y nuestra leyenda. Los primeros llegaron durante el gobierno de Gabriel García Moreno, contratados por la empresa de construcción del Ferrocarril del Sur. Vinieron desde el istmo de Panamá, a donde diez mil obreros jamaiquinos habían sido llevados por la Panamá Railroad Co. para construir el ferrocarril interoceánico (1850–1855). Su fama de buenos trabajadores, que además resistían bastante bien las enfermedades tropicales, determinó que fueran contratados para el Ecuador, cuando esa masa de obreros se dispersó al terminar la obra.

Los jamaiquinos cumplieron una gran labor en los trabajos del ferrocarril garciano. Y dejaron tan buena fama que, al emprenderse los trabajos del ferrocarril Guayaquil–Quito, en tiempos de la Revolución Liberal, fue traído al país un nuevo contingente de cuatro mil trabajadores jamaiquinos.

No está por demás aclarar que el nuevo ferrocarril planeado por Alfaro implicó una revisión a fondo de la obra inicial de García Moreno, de acuerdo con los avances tecnológicos habidos en las casi tres décadas intermedias. Según las técnicas usadas por entonces en los Estados Unidos, el sistema de “vía ancha” sustituyó al antiguo de “vía angosta”, se corrigió el trazado de la ruta y se utilizaron nuevas y más poderosas locomotoras, todo lo cual garantizaba un tren de mayor capacidad de carga y potencia de arrastre.

La labor de esos obreros migrantes del Caribe fue fundamental. Al ser angloparlantes, conocedores del empleo de explosivos y los usos del trabajo en cuadrillas, se adaptaron rápidamente a los sistemas de trabajo impuestos por Archer Harman y los jefes norteamericanos. Empero, ni unos ni otros contaban con la dureza del clima andino, que atravesaba por un período de gran pluviosidad. El río Chimbo y otros de la ruta se desbordaron y causaron destrozos en las obras del tren. Y muchos trabajadores murieron en esa circunstancia o durante los trabajos con explosivos. Eso produjo protestas y huelgas de los jamaiquinos, que exigían mejores condiciones de trabajo, las que fueron duramente reprimidas.

Lo que ocurrió entonces es parte de la leyenda, más que de la memoria histórica. Se dice que los guardias armados de la empresa aplastaron sangrientamente esas protestas y que hubo muchas víctimas, que luego fueron cargadas en un tren, al que se hizo descarrilar en la laguna de Yambo para ocultar la matanza.

Esta leyenda, difundida por los enemigos del gobierno alfarista, es contradictoria y no resiste un análisis serio. La huelga se habría producido  en la zona de la Nariz del Diablo, cuando la obra iba por la mitad, pero los muertos se habrían tirado en Yambo, es decir, en un tramo posterior, construido mucho más tarde.

Cierta o falsa, esa leyenda es parte del imaginario de aquel tiempo de intermitente guerra civil. Lo que es indudable es que muchos de esos trabajadores negros pasaron luego a trabajar para la Anglo, en la zona petrolera de Santa Elena, y que algunos de sus descendientes se convirtieron en glorias del deporte ecuatoriano: los Sandiford, Spencer y Klinger, entre otros.

VI

En Ecuador hubo al menos dos Presidentes de la República que fueron afrodescendientes. El primero de ellos fue Vicente Ramón Roca, que gobernó entre el 8 de diciembre de 1845 y el 15 de octubre de 1849.

Hemos mencionado en otra ocasión que, a inicios de la república, este comerciante liberal de Guayaquil ganó en buena lid la Presidencia de la nación a José Joaquín Olmedo, en la Asamblea Constituyente de 1845, y que esto motivó la ira de sus rivales, algunos de los cuales lo acusaron de ser “negro” o “zambo”, mientras que Rocafuerte ironizaba sobre la elección, diciendo: “La vara del mercader ha vencido a la musa de Junín”.

Aquellos calificativos raciales fueron dichos con mala intención, pues buscaban descalificar a un hombre que se había destacado por su patriotismo antes y después de la independencia. Y es que don Vicente Ramón fue perseguido por las autoridades españolas desde 1818, acusado de mantener correspondencia subversiva con un amigo de México. Luego fue miembro de la Junta del Distrito de Guayaquil en 1820, Jefe General de Policía entre 1829 y 1832, Diputado por Guayaquil en 1830, Prefecto de Guayaquil entre 1831 y 1834, Juez de incendios en 1832, Consejero de Estado en 1832, Vicepresidente del Congreso en 1833, Gobernador de la provincia del Guayas en 1835, Senador por Guayas en 1837-1839, Consejero Municipal en 1840, Miembro del Gobierno Marcista Provisorio en 1845 y finalmente Presidente de la República entre 1845 y 1849.

Por su parte, un hermano suyo, Francisco María Roca, fue miembro de la segunda Junta de Gobierno del Guayaquil independiente, en 1820, e instaló la primera imprenta del puerto y segunda del país, con la que dio a luz el afamado periódico El Patriota de Guayaquil, en mayo de 1821.

Pero volvamos al tema central de este artículo. La verdad es que don Vicente Ramón era afrodescendiente. Su padre, Bernardo Roca, era un mulato panameño que llegó en 1765, como tesorero de la expedición militar enviada por el Virrey de Nueva Granada para reprimir la Rebelión de los Estancos. Afincado en Guayaquil, este personaje, que sabía de cuentas y negocios, había destacado por su afán de trabajo e iniciativas, que lo convirtieron en un comerciante de éxito y hombre afortunado. Luego, su don de gentes le granjeó amistades poderosas, como la del gobernador Ramón García Pizarro, que lo hizo nombrar Coronel del Batallón de Milicias de Pardos. Y tuvo el buen sentido de educar muy bien a sus hijos, con preceptores privados.

Su hijo, el presidente Roca, hizo un gobierno con éxitos y errores. Pero la vieja aristocracia del país nunca le perdonó su origen racial, como lo revela un incidente ocurrido en Cuenca, años después. Según me cuenta la historiadora Raquel Rodas, Roca se hallaba en esa ciudad y fue invitado a un banquete en casa de la famosa señora Hortensia Mata, al que también concurrieron algunos personajes de la aristocracia morlaca. Molesto con la presencia de Roca, uno de ellos pidió silencio e hizo un brindis de doble sentido: “Supongamos que este vaso fuera santo y entonces brindemos por este San Vaso de Roca”. Salta a la vista que se estaba refiriendo al “Zambazo de Roca”.

VII

Otro famoso afrodescendiente de nuestra historia fue el presidente Juan de Dios Martínez Mera (1875-1955), que dirigió el país entre el 5 de diciembre de 1932 y el 19 de octubre de 1933. Era nieto de don Juan María Martínez Coello (1805-1861), que fuera un reputado artesano de color (carpintero de ribera), maestro mayor del Astillero de Guayaquil, fundador y primer presidente de la Sociedad Filantrópica del Guayas (1849), un organismo masónico de socorro mutuo y beneficencia, que se interesó por la educación del pueblo. Y era hijo de Tomás Martínez Ávalos (1838-1894), destacado intelectual y pedagogo porteño, que fundó una reputada escuela privada.

Martínez Mera fue un abogado y auditor de prestigio, cuyos vínculos con la banca y el liberalismo determinaron que fuera nombrado diputado, presidente de su Cámara y Ministro de Hacienda dos veces, antes de ser elegido Presidente de la República en 1932. Venció al conservador Manuel Sotomayor y Luna y al liberal de izquierdas Pablo Hanníbal Vela. Proclamado su triunfo, le fue colocada la banda presidencial por el presidente de la Cámara de Diputados, José María Velasco Ibarra, quien, al poco tiempo, lideró un movimiento para proclamar la nulidad de las elecciones, acusándolas de fraudulentas. Velasco Ibarra lideraba al bando derechista, que aún estaba herido por la destitución de Neptalí Bonifaz y su derrota en la guerra civil de los “Cuatro Días”.

Aprovechando en su favor los efectos de la crisis económica que golpeaba al país, el patrioterismo exacerbado por el conflicto de Leticia (que enfrentaba a Colombia y Perú, que disputaban territorios antes ecuatorianos) y aun la actitud orgullosa e inflexible con que el Presidente se había distanciado de sus amigos, Velasco logró el respaldo de muchos diputados liberales para destituir a Martínez Mera, supuestamente electo con fraude electoral. El diputado Joaquín Dávila mocionó la destitución del Presidente “por culpabilidad en los manejos de los asuntos internacionales”.

Ante esa injusta destitución, el Presidente se negó a renunciar y nombró un nuevo gabinete, que fue descalificado por el Congreso, en uso de sus atribuciones. Martínez Mera nombró un nuevo gabinete, que siguió igual suerte. Tras la destitución de siete gabinetes ministeriales, Martínez Mera se negó a la tentación dictatorial y simplemente abandonó el mando y viajó a Guayaquil, no sin antes dirigir un mensaje a la nación, que expresaba: “Al alejarme de la capital de la República no penséis  que llevo en mi pecho la más ligera huella de rencor. Nunca soñé ni con el poder ni con la venganza, sueño con la justicia. Me queda la satisfacción de que ni una lágrima se ha vertido por mi culpa, ni una gota de sangre ha salpicado mi ejercicio presidencial…”.

Lo sucedió en el mando, como encargado del poder, el último ministro de Gobierno,  doctor Abelardo Montalvo, quien convocó a nuevas elecciones, en las que triunfó José María Velasco Ibarra.

Años más tarde, pasadas las pasiones del momento, el Congreso de 1948 reconoció que, “cuando fue presidente de la República, Martínez Mera se desempeñó con dignidad, honradez y patriotismo”.

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AFRODESCENDIENTES (I Parte)

Por: JORGE NÚÑEZ SÁNCHEZ en: El Telégrafo. Primer Diario Público. Guayaquil, Ecuador.

I

Las Naciones Unidas han declarado al 2011 como Año Internacional de los Afrodescendientes. Y un mínimo de consecuencia con nuestra propia historia exige hablar de nuestras lejanas raíces africanas, porque es bien sabido que toda la especie humana procede de África, continente en donde surgieron los primeros homínidos, que luego se regaron por el mundo. Para ponerlo en lenguaje bíblico, Adán y Eva eran africanos. En cuanto se refiere al continente americano, hay elementos que permiten afirmar que los primeros africanos llegaron a él mucho antes de la conquista europea. Los grandes monolitos de la cultura Olmeca, que inequívocamente representan cabezas de negros, son una de las principales pruebas de ello.

Los africanos llegaron al actual Ecuador con la conquista española. Una historia equívocamente escrita nos ha hecho creer que todos los conquistadores eran blancos y barbados, cuando, en realidad, eran gentes procedentes de muchos de los pueblos que formaban el imperio español: castellanos, moros, judíos, flamencos, germanos e italianos, entre otros. Basta leer la lista de los fundadores de Quito, grabada en piedra en el atrio de su catedral, para comprobarlo. En ella figuran los nombres de Pedro Salinas y de un tal Antón, sin apellido, a los cuales se los identifica como de color negro.

En todo caso, estos dos conquistadores negros no eran esclavos, puesto que la esclavitud se implantó en América algún tiempo después. Pudieron ser moros subsaharianos, es decir, habitantes de la España islámica, derrotada poco antes por los reyes católicos. O también africanos tomados como rehenes por los cristianos españoles, en medio de esa intermitente guerra irregular que mantenían los pueblos del uno y otro lado del Mediterráneo. Me consta que en el golfo de Huelva (donde se halla el puerto de Palos, del que salió Colón) se habla hoy mismo de familias locales de origen africano.

Pero todo indica que hubo más africanos, o descendientes de africanos, entre los conquistadores de Quito. Basta analizar los apellidos de los jefes de la hueste conquistadora, Diego de Almagro y Sebastián de Benalcázar, que originalmente debieron apellidarse Al Maghr y Ben Alcazar. Es decir, el uno procedía de una familia del Magreb, el norte de África, que hoy ocupan Marruecos, Túnez y Argelia, y el otro se llamaba Del Alcázar, aunque, de ser castellano, se hubiera apellidado Del Castillo.

Así, hilando fino y leyendo entre líneas, quizá podríamos encontrarnos con otros conquistadores españoles de origen africano. Y también, claro está, con judíos, flamencos y castellanos propiamente dichos. Entre los judíos estuvieron los Núñez, Sánchez y Carvajal, uno de los cuales, Rodrigo Núñez de Bonilla, fue uno de los grandes capitanes de conquista y futuro encomendero de Quito, ciudad de la cual fue también primer alcalde, en 1535. Y entre los nativos de Flandes (actuales Holanda y Bélgica), figuraron los frailes Jodocko Rikjie y Pedro Gosseal, y el militar Francisco de Londoño, futuro mariscal y fundador de un dilatado clan familiar que se extiende por los actuales Ecuador y Colombia.

II

La esclavitud fue la otra cara del colonialismo europeo. Casi extinguidos los indios del Caribe por los malos tratos de los conquistadores, estos buscaron mano de obra esclava en África para sus plantaciones tropicales americanas. Desde entonces, decenas de millones de africanos fueron secuestrados y esclavizados por los traficantes europeos, para alimentar ese vil negocio de carne humana.

Esos seres humanos eran raptados en sus pueblos de origen por bandas criminales venidas de Europa u organizadas en la misma África, y luego trasladados en los inmundos barcos negreros, sin consideración a su origen, nivel cultural o identidad personal. Para que entraran en mayor número en las bodegas, se los acostaba encadenados en el piso y uno junto a otro, como cucharas. Como se resistían a probar comida, se los alimentaba por la fuerza, usando embudos.

Muchos morían en el viaje y otros preferían lanzarse al agua antes que vivir en esclavitud. Ya en el puerto de destino, eran tasados y vendidos como animales domésticos, esto es, por su juventud, fortaleza o vivacidad, aunque entre ellos había sabios y hombres de cultura.

Para el colonialista, el negro era simplemente un esclavo, una especie de bestia con forma humana “creada por Dios para servir a sus amos blancos”, según decían los esclavistas. Pero para sí mismo era un ser humano victimizado por la violencia de sus opresores, un ser con sentimientos, lengua, dioses y sueños propios, que ansiaba constantemente la libertad. No es de extrañar, pues, que en la historia del colonialismo europeo en América se hallen como elementos estructurales de las diversas sociedades tanto la esclavitud cuanto la resistencia esclava, expresada en protestas, robos y delitos de sangre contra los amos y capataces, así como en fugas, levantamientos o formación de palenques y quilombos de negros prófugos.

“Para el colonialista, el negro era solo un esclavo, una especie de bestia con forma humana…”

También son testimonios de esa resistencia las formas de represión institucionalizadas por el sistema colonial contra la resistencia esclava, expresadas en leyes y mandatos legales, que detallaban y categorizaban tanto los posibles delitos de los esclavos cuanto las penas y castigos que debían merecer por ellos. En la culminación de ese proceso de institucionalización de la represión, se dictaron los famosos “Códigos Negros”, que buscaban normar todos los aspectos de la esclavitud en América Latina.

De ellos, el más opresivo fue quizá el Code Noir,  promulgado en 1685 para las colonias francesas del Caribe, que daba al esclavo la categoría de un bien mueble sin ningún derecho personal, establecía durísimas penas para los esclavos fugitivos y daba al amo un ilimitado derecho de castigo; inclusive negaba a los esclavos el derecho al culto religioso, aunque obligaba a los amos a bautizarlos. En cuanto al ámbito español, el Código Negro carolino  de 1784 era también bastante riguroso: disponía duros castigos contra los negros rebeldes o cimarrones, prohibía a los esclavos tener un peculio superior a la cuarta parte de su propio valor, así como efectuar legados a sus familiares; también impedía que los esclavos comprasen su libertad, sosteniendo que el dinero reunido por estos era generalmente fruto de robos o de prostitución.

III

La esclavitud de los negros fue un elemento central del sistema colonialista. Sin ella, no hubiera existido la economía de plantaciones y ninguna de las potencias coloniales se hubiera enriquecido con la agricultura tropical. Es más, fue gracias a la esclavitud que Inglaterra, Francia, Holanda, Portugal y hasta Suecia lograron su primera acumulación de capital, que luego permitió a la mayoría de esos países dar el salto a la industrialización. La mayor expresión de ello fue el “comercio triangular”: los comerciantes europeos iban al África a cazar esclavos o los compraban a los reyezuelos africanos, pagándolos con herramientas, armas y chucherías; luego trasladaban esos esclavos hacia América y los vendían a los plantadores; con esa mano de obra esclava se producían azúcar, café, cacao, tabaco o especias en América, que luego eran llevados a Europa para ser distribuidos por el Viejo Mundo.

Empero, más allá de esa brutal realidad socioeconómica consagrada por el sistema colonial, supervivía otra realidad, no menos significativa: era el espacio de la conciencia social de los esclavos, que se percibían a sí mismos como unos seres humanos oprimidos por la violencia, degradados por la injusticia del mundo y la sevicia de sus amos, y merecedores de mejor trato, en tanto que “seres racionales e hijos de Dios”.

Así, un esclavo quiteño de fines del siglo XVIII, Mariano Chiriboga, pidió a las autoridades que le cambiaran de amo, pues bajo el poder del cura Maximiliano Coronel había “padecido los mayores maltratos y tormentos que pudiera una criatura humana que, si no hubiera sido por haber concertado la gran misericordia de Dios, ya hubiera pasado de esta presente vida a otra”.

Según refiere el historiador francés Bernard Lavallé, otros dos esclavos, Claudio Delgado y Bonifacio Isidro Carvajal, denunciaron por la misma época la brutalidad con que eran tratados los negros en las minas de oro de Barbacoas (actual Colombia), en especial “… la impía crueldad del capitán y apoderado Honorio Estupiñán … y con este motivo no cabe explicación de la sevicia que hemos tolerado aun cuando por tinta corriera la sangre de nuestras venas”.

Delgado denunciaba, por su parte, la terrible situación de su esposa, que se hallaba “convaleciente de un novenario de azotes a ciento, hasta dejarla inhábil, tanto que al curarle iba echando trozos de carne por las partes verendas”.

Además de esas voces testimoniales del dolor humano, en los archivos existen también valiosas pruebas de esa conciencia de humanidad que poseían los esclavos y que les impelía a luchar por todos los medios para liberarse de la esclavitud o, al menos, evitar los maltratos y alcanzar algún resquicio de libertad personal.

Juliana Villacís, una negra quiteña, escribía en 1801: “Los esclavos somos las personas más miserables y penosas, pero racionales y de la especie humana, cuya servidumbre es contra naturaleza…”.

Y el esclavo Francisco Carrillo argumentaba, por la misma época: “No nos falta otra cosa sino es quitarnos esta color morena oscura e infeliz, pero en la que sea alma racional y sensitiva, tiene igual el amo como el siervo”.

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INFLUENCIAS DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA EN LOS MOVIMIENTOS OBREROS Y SINDICALES EN COLOMBIA (IV Parte).

INFLUENCIAS DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA EN LOS MOVIMIENTOS OBREROS Y SINDICALES EN COLOMBIA.

Por: JORGE ENRIQUE ELÍAS CARO

El manejo político que hizo el Estado Colombiano a la información real de los hechos fue tan obvio que, utilizando mecanismos de presión hizo que los medios de comunicación desinformaran y desdibujaran la verdad de cómo acontecieron los sucesos. Lo único cierto y reconocido de todo esto, es que las fuerzas del Estado así fueran ocho, cien o más de mil, acribillaron a trabajadores que lo único que querían eran ver mejoradas sus condiciones de vida, todo a costa de satisfacer los intereses de una compañía multinacional americana, la que al final por las presiones que ejercía sobre el Gobierno central y regional, dentro de la estructura administrativa y/o aparato orgánico de manera consecuente se convirtió en un Estado dentro del Estado.

Como se ha podido notar hasta ahora, los primeros paros y ceses de actividades más sobresalientes sucedieron en la Costa Caribe colombiana, en especial sus puertos y sus zonas de influencia. Verbigracia de ello, los paros de Barranquilla en 1910 y 1918, de Cartagena en 1918 y Santa Marta tres veces, la primera de ellas en 1918 por lo del paro de los trabajadores portuarios; igualmente en ese mismo año con la primera huelga hecha por los trabajadores de la United Fruit Company y por último, la segunda gran huelga y masacre obrera de 1928. Esta situación demuestra que por ser ciudades puertos, las mismas zonas urbanas y sus áreas adyacentes por la actividad marítima y de comercio internacional que ejercían, había un alto influjo de pasajeros nacionales y extranjeros, al igual que tripulantes y marinos.

Estas migraciones en mucho de los casos traían consigo no sólo la carga o mercancías, sino también las noticias de los acontecimientos que sucedían en el entorno mundial, llegando incluso con ideas renovadas cargadas de pensamiento anarquistas y socialistas. De ahí que, algunos políticos ligados a estos movimientos fueran de corte liberal, mutualista, anarcosindicalistas y social revolucionarios, en su mayoría pertenecientes al Partido Socialista Revolucionario (PSR).

Estos aspectos los relató el periódico The Times de New York, cuando anunciaba los hechos acaecidos sobre la matanza de las bananeras e informaba de manera extensa que los disturbios obreros eran encabezados por agitadores mexicanos que, dos décadas antes habían liderado los procesos de la Revolución de ese país y con sus ideas revolucionarias promovían estas huelgas. Este aviso realizado por este medio de comunicación norteamericano fue producto de un comunicado de prensa que expidió la United Fruit Company a las agencias de New York y a los corresponsales del mundo, así:

la situación difícil que venía reinando desde hacía días en la región bananera colombiana, en donde la empresa tiene valiosísimos intereses, ha mejorado mucho desde las últimas 24 horas y que los despachos ya recibidos desde allí, dan esperanza de que pronto termine el conflicto surgido entre los patrones y obrero que culminó en una extensa huelga con caracteres revolucionarios.

El término “revolucionario” para el Gobierno de turno era una herejía. Hasta el punto que las noticias, después de la masacre obrera, los periódicos anunciaban en letras grandes y resaltadas en rojo los resultados del Ejército de la siguiente manera: “Los revolucionarios huyen en desbandada hacia la Sierra Nevada ; “Las tropas del Gobierno batieron en toda la línea a los Huelguistas ; “El ministro de Guerra informa que hubo más muertos en los últimos encuentros” . Los medios de comunicación en general informaban en sus apartes que, sobre el movimiento revolucionario del departamento Magdalena, todo tiende a demostrar que la fuerza militar había procedido con energía, más no había incurrido en excesos, pues los jefes militares habían ordenado hacer lo único que debía hacerse y que de ahí, no habían pasado.

No contentos con ello, en un comunicado enviado por el general Carlos Cortés Vargas como Jefe Civil y Militar de la Zona Bananera del Magdalena, informa que él como máxima autoridad de la región había dictado un Decreto por medio del cual se consideraba como “Cuadrilla de Malhechores” a los revolucionarios del Magdalena. El decreto estaba conformado por tres artículos y entre sus apartes como justificación para expedir este decreto, se especificaba que se sabía que los huelguistas estaban muy conformes con las doctrinas comunistas y anarquistas.

Lo peor del asunto es que, después de ocurridos los hechos de la masacre, los medios de comunicación tanto nacionales como internacionales le dieron una significativa importancia a estos sucesos. En primeras páginas los periódicos anunciaban de forma resaltada que, en la madrugada del día 6 de diciembre de 1928 en la localidad de Ciénaga y toda la región bananera del Magdalena se había presentado un “combate” en la que tropas del Ejército colombiano se enfrentaron a muerte contra unos “revolucionarios” del Orden Estatal, y que en principio como resultado de ese enfrentamiento se habían dado de baja a varios “bandoleros” y otros huelguistas habían quedado heridos. El General Ignacio Rengifo, Ministro de Guerra, en la descripción que hiciera de los obreros fue que “en el Magdalena no hay Huelga sino Revolución”.

En efecto se pudo constatar que el movimiento obrero desarrollado en el Magdalena, si estuvo asesorado por revolucionarios mexicanos, quienes incluso promovieron la creación del semanario “Organización” en la ciudad de Santa Marta. Periódico éste que estaba editado por un grupo de anarquistas y de socialistas denominado como “Grupo Libertario”, que en principio buscaban promocionar el socialismo revolucionario, en especial, para los trabajadores del sector bananero, que liderados por María Cano, Raúl Mahecha e Ignacio Torres Restrepo, buscaban mejoras en las condiciones de los trabajadores y evitar más abusos laborales por parte de la multinacional norteamericana United Fruit Company.

Una de las personas de contacto con los mexicanos para el desarrollo de estas acciones fue el periodista colombiano Julio Cuadros Caldas, quién después de haber estado por espacio de treinta años residiendo en México se constituyera en uno de los agraristas más importante que tuvo ese país durante el periodo álgido de la revolución y su posterior consolidación. Cuadros Caldas para 1924 bajo el mandato del general zapatista Fortino Ayaquica llega a ser Coronel de la séptima división del Ejército Libertador del Sur y durante su permanencia allí, promocionó el proceso revolucionario a nivel nacional e internacional, ayudando además a masificar el pensamiento agrarista y popular, hasta que fuera expulsado de dicho país en 1933. Su entrada como representante en la Comisión Nacional Agraria (CNA) se da para fines de 1921.

Este personaje colombiano tan importante para la revolución mexicana tenía relaciones permanentes con Víctor Raúl Haya de la Torre, uno de los fundadores de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) y con el Presidente de Colombia de 1910-1914, el Antioqueño Carlos E. Restrepo, a quien le regaló un libro de su autoría y en su dedicatoria le escribe: “para evitar la miseria, la injusticia y el dolor en que viven los campesinos colombianos”. Para 1925 ya estando en la cúpula agrarista mexicana, inicia viajes a distintas zonas de México para promover que las distintas regiones se unan a la iniciativa reformista nacional.

Lo importante del asunto aquí, es que en esta campaña muchos extranjeros fueron invitados para que replicaran en sus países esta política. Como es lógico Colombia no fue la excepción. Por allá estuvieron varios representantes de los trabajadores de las plantaciones bananeras del Magdalena y algunos comisionados de cabildos indígenas del centro del país que, cansados de tanta explotación y usurpación de sus tierras querían buscarle solución a estos problemas. Otros países invitados que estaban con observadores extranjeros eran Cuba, que en cabeza del líder comunista José Antonio Mella ese país pudo hacer presencia; de la misma manera, Nicaragua con el revolucionario Augusto César Sandino y Chile, a través de Luís V. Cruz.

Dentro de este contexto, los invitados y observadores internacionales proponen la creación de la organización “Campesinos del Mundo Unidos”, pero después de una acalorada discusión terminan por denominarla “Campesinos de América Unidos”, pues consideraron que su envergadura no alcanzaba para una cobertura de talla mundial, pero si continental.

Campañas estas que, por la experiencia obtenida y por sus dotes de escritor, hicieron posible que Julio Cuadros publicara en 1923 la obra denominada Catecismo Agrario. Libro que fue de mucha importancia para la comunidad campesina de la época, fuera de ser además un texto que por su valor en la lucha revolucionaria mexicana tuvo seis ediciones entre 1923 y 1932, con tres mil ejemplares cada una. Asimismo, durante su residencia en México publicó dos libros más para conocimiento del mundo exterior, uno titulado México-Soviétic y el otro denominado El Comunismo Criollo.

Como se podrá notar el tema agrario estuvo ligado a los movimientos obreros y sindicales, pues para el caso colombiano, como se mencionó en párrafos anteriores la economía del país giraba en torno al sector agrícola y su incipiente industrialización, es decir, estaba dada en torno a las plantaciones de tabaco, cacao, algodón, banano y por supuesto café, que grosso modo operaban en función de su transformación y posteriormente su exportación.

La cuestión plantacionista y minera, quiérase o no, están ligados al tema de la tierra y de ahí su relación con los sectores de la economía. Fuera de lo anterior, por las conexiones que se tenían con otras actividades productivas, el tema agrario no era sólo del sector primario sino de la industria y de la prestación de servicios especializados que, de alguna u otra forma, mantienen relación. Es el caso de los ferrocarriles y los puertos, ya que, todos esos cultivos debían ser transportados y exportados, de ahí que existiera todo un clúster de dinámicas económicas y por ende, incluyera a los trabajadores de estos sectores y sus movimientos obreros y sindicales. Lo que hacía que la fuerza obrera se convirtiera en una posición estratégica de poder.

Ese poder generó manifestaciones, nuevas ideas impregnadas de cambio social y mecanismos de presión hacia la clase dirigente. Tales manifestaciones fueron promovidas, aparte de las noticias que entraban por los puertos, por los libros que llegaban y circulaban en el país, como fueron los textos escritos por los colombianos Julio Cuadros Caldas desde México y José María Vargas Vila, éste último, quien en 1917 desde un pensamiento nacional antiimperialista con su libro Ante los Bárbaros, hizo una encendida defensa de la autonomía de los mexicanos para escoger el camino de su liberación. Circunstancia que le valió para ser considerado en ciertos círculos como un escritor escabroso y en contra del sistema.

Los norteamericanos retrocedieron asustados, cuando las hordas de Zapata y pancho Villa les salieron al encuentro y los obligaron a buscar la vida, más allá de las fronteras violadas.

Otra forma o mecanismos de difusión de las ideas liberales de la revolución mexicana en Colombia, fue la radiodifusión, la cual desde 1930 después de entrada en vigencia, lo que se denominó como la “República Liberal”, los gobiernos de turnos sobre todo los de Enrique Olaya Herrera y Alfonso López Pumarejo, estimularon a los municipios para la creación de empresas de radios en el país y con ellas se obtuvieran aparatos de radiodifusión, con el fin de divulgar en principio las labores de las autoridades nacionales, departamentales y municipales y como segunda medida, los acontecimientos nacionales relacionados con los asuntos públicos, los aspectos económicos y sociales. De igual forma, sería el medio para escuchar las locuciones presidenciales y conocer todo aquello que estuviera relacionado con lo que sucedía en la Nación, hecho que se configuró como premisa del presidente Alfonso López, ya que su fin primario era que los habitantes de Colombia se mantuvieran enterados de los acontecimientos socioeconómicos y del orden público del país.

Lo importante de este asunto es que, el presidente Alfonso López también quería que las poblaciones con más de 5000 habitantes tuvieran aparatos de radiodifusión y recepción para la enseñanza pública, pues según el Gobierno Central en países como México, la radio era utilizada para fomentar la cultura y la educación, además porque destacadas personalidades locutaban por ese medio temas relacionados con la ética, los valores, el ser humano, la filosofía, etc., razón por la cual, la radio sirvió de herramienta educativa a obreros, y pueblos enteros donde el acceso a la educación, por la escasez de establecimientos educativos, fuera casi nula. Además porque las primeras emisiones que llegaron a Colombia procedían de Cuba, Venezuela y México.

Como quien dice, las dinámicas de América Latina y Colombia en la primera mitad del siglo XX se movieron a ritmo de Rancheras. De ahí la importancia de su estudio, pues para Colombia no sólo fue la influencia que generó la revolución mexicana, sino su herencia. Hasta el día de hoy, los cantos de los charros mexicanos, como alegorías de su revolución, se sienten como si el tiempo no pasara, de igual manera el cine sigue tan campante con sus películas al estilo mexicano y desde la cultura en sus distintas expresiones como el muralismo, la literatura, las artes plásticas, los bailes, la música y las audiovisuales, México y su revolución aún residen en Colombia.

Referencias y Bibliografía en el archivo que esta a continuación:

Ponencia Revolución Mexicana y Movimientos Obreros en Colombia

Docente e Investigador de la Facultad de Ciencias Empresariales y Económicas de la Universidad del Magdalena (Colombia). Secretario Ejecutivo Internacional de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC).

Esta situación de presión ejercida por multinacionales de potencias mundiales a Gobiernos de países subdesarrollados y sobre todo en esta época, no sólo se presentó en Colombia, sino que fue una generalidad. Ver en los trabajos de Malcolm Rutherford: Institutionalism Between the Wars. Journal of Economic Issues, 34(2), 291-303. 2000 y también en: Understanding Institutional Economics: 1918-1929. Journal of the History of Economic Thought, 22(3), 277-308. 2000.

Catherine Legrand. El Conflicto… op. cit; Jorge Enrique Elías Caro. La masacre… op. cit.

Revuelta altamente cargada con los ideales Anarquistas de tipo español, especialmente basados en los conceptos de los españoles Anselmo Lorenzo y Rafael Barrett, aunque posteriormente esos pensamientos fueron neutralizados con la creación del Partido Obrero en ese mismo año de 1910, el cual más tarde por una fuerte corriente socialista en 1925 se constituye en Partido Social Revolucionario, lo que hizo que para 1926 los pocos obreros que se mantuvieron con cierto arraigo a los pensamientos anarcosindicalista crearan la Federación Obrera del Litoral Atlántico (FOLA) con 16 sindicatos asociados en cabeza de los anarquistas Gregorio Caviedes y Elías Castellanos.

Es importante anotar, que estas huelgas sin ningún tipo de organización, son las que en la historiografía colombiana se han denominado como “Paros de Revuelta”.

Álvaro Tirado Mejía: “Colombia: Siglo y Medio…”. op. cit. p. 136.

Estas embarcaciones venían especialmente de Francia, Alemania, Inglaterra, España, EE.UU y de países y colonias del Gran Caribe como es el caso de Cuba, Panamá, Venezuela, Jamaica, Curazao y por supuesto de México.

Ignacio Torres Giraldo: Síntesis de historia política en Colombia. Bogotá. 1995. p. 50.

Catherine Legrand. El Conflicto… op. cit. Ver también en Miguel Urrutia. Historia del Sindicalismo en Colombia. Medellín, la Carreta. 1976.

The Times. New York, diciembre 7 de 1928. p. 1.

Reporte de la United Press. New York, viernes 7 de diciembre de 1928.

La Prensa. Nro. 254. Barranquilla, lunes 10 de diciembre de 1928. p. 1.

Ibíd.

Diario del Córdoba, Ciénaga, domingo 9 de diciembre de 1928. p. 1.

La Prensa. Nro. 252. Barranquilla, viernes 7 de diciembre de 1928. p. 1.

En la revuelta liderada por Raúl Mahecha fueron capturados por las autoridades varios mexicanos y españoles que habían llegado para asesorar al movimiento obrero, “El tiempo”. Año XVIII, Nro. 6180. Bogotá, Sábado 8 de diciembre de 1928. p. 1.

Para este caso ver los trabajos de Alfredo Gómez: Anarquismo y anarco-sindicalismo en América Latina. Madrid. Editorial Ruedo Ibérico. 1980. p. 29; Luis Vitale: Contribución a una historia del anarquismo en América Latina. Santiago de Chile. Instituto de Investigación de Movimientos Sociales “Pedro Vuskovik”. 1998. pp. 22-25.

Guillermo Palacios: “Julio Cuadros Caldas: Un Agrarista Colombiano en la Revolución Mexicana. Revista Historia Mexicana, enero – marzo 2000. Vol. XLIX, Nro. 3. México D.F. El Colegio de México. pp. 431-476.

En 1911 fue arrestado por las fuerzas constitucionalistas debido a que para ese entonces ya hacía parte de los ejércitos zapatistas. En la cárcel conoce a uno de los máximos exponentes agraristas de la revolución Andrés Molina Enríquez, quién días previos había sido detenido por promover el “Plan Completo de la Revolución Agraria” y años más tarde lo recomendara para que integrara comisiones agraristas. De la misma manera, compartió celdas con el General Juan Andrew Almazan, líder irrestricto de la revolución, con quien a raíz de esa situación genera una gran amistad.

Julio Cuadros Caldas durante su tiempo en la revolución estuvo altamente comprometido en el reparto equitativo de las tierras y en la organización de comunidades campesinas.

Julio Cuadros nació en Cali (Colombia) en 1885 y llegó a México en mayo de 1909 por el puerto de Salina Cruz (Oaxaca) probablemente como corresponsal del periódico “La Humanidad” de Cali. En un ceso de extranjeros realizado en 1930 se declaró como una persona casada, de profesión periodista y de religión “Liberal”. Ver en Guillermo Palacios: Julio Cuadros Caldas… op. cit. p. 435.

Roberto Sandoval Zarraus: “Liga de Comunidades Agrarias del Estado de Veracruz. Su contribución al pensamiento agrario mexicano”, en Olivia Domínguez Pérez (Coord.) Agraristas y Agrarismo. Veracruz. Editora del Gobierno del Estado de Veracruz (México). 1992. p. 59

Este libro en principio fue publicado parcialmente por editoriales o columnas de opinión desde 1921 en el periódico “La Humanidad” de Cali. Ver en Guillermo Palacios: Julio Cuadros Caldas… op. cit. p. 447.

Ambos libros vieron la luz gracias al apoyo de Santiago Loyo Editor de Puebla. El primero de ellos se publica en 1926 y el segundo en 1930.

Luis Vitale. “A cien años de Chicago. El movimiento Obrero Latinoamericano”. Nueva Sociedad Nro. 83. Mayo junio de 1983. pp. 54-65; Ver también en Pablo González Casanova (Coordinador). Historia del Movimiento Obrero en América Latina: Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia y Paraguay. Tomo III. México. Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. Siglo XXI Editores. 1984.

Jhon Womack Jr. Posición estratégica y fuerza obrera. Hacia una nueva historia de los movimientos obreros. México D.F. Fideicomiso Historia de las Américas, serie ensayos. Fondo de Cultura Económica. El Colegio de México. 2007.

El Periodista. Del Caribe a la Patagonia: Proyección Continental del México Insurgente. Buenos Aires. Noviembre de 1987. p. 2.

Aparte del libro Ante los Bárbaros. 1917.

Archivo Histórico del Magdalena Grande (A partir de esta cita en adelante se denominará A.H.M.G.), Gaceta Departamental de 1934. Segundo Semestre. 9 de Octubre de 1934, Santa Marta. p. 669.

A.H.M.G, Periódico EL Estado, 19 de Octubre de 1934, Santa Marta. p. 1

A.H.M.G., Periódico El Estado, 26 de Noviembre de 1934.Santa Marta. p. 1.

A.H.M.G., Periódico El Estado, 27 de Diciembre de 1934. Santa Marta. p.1.

En México la educación durante la revolución fue una prioridad y más cuando el Partido Nacional Revolucionario Mexicano (PNR) lo toma como bandera de lucha a fines de los años veinte. El PNR posteriormente fue transformado por Lázaro Cárdenas en Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y convertido finalmente en el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Ver estos cambios en Alejo Maldonado Gallardo, Sergio Guerra Vilaboy y Roberto González Arana. Revoluciones Latinoamericanas del Siglo XX. Síntesis histórica y análisis historiográfico. Morelia-México. Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. 2006. p. 433.

Jorge Enrique Elías Caro. “La Radiodifusión en Santa Marta 1930 – 1940”. En Secuencia. Revista de Historia y Ciencias Sociales del Instituto Mora de México D.F (México). ISSN 0186-0348. Vol. 24 Número 72, Septiembre- Diciembre 2008. pp. 11 – 34

Ibíd.

Con la revolución mexicana se inició toda una tendencia nacionalista y anti-imperialista, sobre todo en la segunda mitad del siglo XX, la cual con el tiempo transformó el imaginario de una sociedad, que a su modo, de manera incluyente se vio reflejada en manifestaciones populares como la música y en ese caso la de los campesinos o rancheros mexicanos. Ejemplo de ello, se tienen las canciones “El Rey” y “La Ley del Monte” alusivas de una u otra manera a las luchas revolucionarias de Francisco “Pancho” Villa, Emiliano Zapata y demás colaboradores. Ver en Jesús Jáuregui. El Mariachi: Símbolo Musical de México. México D. F. Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1991. p. 37; Carlos Felipe Romero Anzola: Colombia en el Siglo XX: Una historia a ritmo de Ranchera. Bogotá. Universidad Javeriana. 2009. p. 30.

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