Archivo de la categoría ‘Levantamientos en Nuestra América’

Los esclavos negros del Azuay

Por Jorge Núnez Sánchez.

27 de marzo de 2014 en El Telégrafo. Primer Diario Público.

Guayaquil. Ecuador.

La esclavitud de la población negra estuvo presente en nuestro país desde la época colonial hasta los inicios de la época republicana. Y una lectura ingenua de la historia nos ha hecho creer que la esclavitud terminó por un decreto del general Urbina emitido el 25 de junio de 1851.

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Raúl Eduardo Mahecha y su influencia en el nacimiento del Movimiento Obrero Colombiano.

Mapa de Colombia

Por: Alejandro Pisnoy

Prof. de Historia / Invest. C.C.C.

Antes de entrar en lo que fue la lucha obrera en general, y petrolera en particular en la región del Río Magdalena, Colombia, si bien no fue inmediato, para el carácter organizativo, debemos mencionar la gran influencia que tuvieron como hechos políticos la Revolución Mexicana en 1910 y la Revolución Rusa de 1917 como ideales y alternativas a los gobiernos conservadores y liberales en Colombia.

En Colombia, durante el gobierno de Rafael Reyes (1904-1909), en 1905 bajo una serie de maniobras extrañas, se le otorgó a Roberto De Mares, protegido del presidente, la concesión de los yacimientos de Barrancabermeja, ubicados entre la desembocadura de los ríos Carare y Sogamoso, en la cuenca del río Magdalena, el mismo nombre que lleva la región y que comprende los departamentos de Santander (donde se ubica Barrancabermeja), Antioquia y Bolívar. De Mares, nunca comenzó las obras y en 1919 entregó los derechos de explotación por treinta años a la Tropical Oil Company, filial de la Internacional Petroleum, uno de los nombres que tenía la Standard Oil, y cuyo dueño era John D. Rockefeller. En agosto de 1921 la compañía norteamericana comenzó la explotación, no solo del petróleo, sino también de los obreros, que comenzaron a sufrir la explotación al mismo tiempo que se comenzaban a organizar.

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Cursos del PLED (Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales)

http://www.centrocultural.coop/blogs/pled/cursos-pled/

Cursos regulares Primer Semestre 2013

1.Extractivismo y resistencias sociales en Nuestra América: conflictos en torno a los bienes comunes y horizontes emancipatorios.
Prof. José Seoane, Emilio Taddei y Clara Algranati.
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2.La estrategia norteamericana en el Cono Sur: desafíos de una Doctrina Suramericana de Defensa frente a un nuevo escenario político-regional.
Prof. Sonia Winer.
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3. América Latina y el Caribe en la geopolítica imperial.
Prof. Atilio Boron.
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4. El agro en América Latina: historia, conflictos y debates.
Prof. Héctor Alimonda.
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5. Historia del Pensamiento Latinoamericano.
Prof. Juan Francisco Martínez Pería.
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6. Luchas y revoluciones por la segunda independencia de Nuestra América.
Prof. Sergio Guerra Vilaboy, Horacio López y Alejandro Pisnoy.
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7. Dinero y teoría política.
Prof. Hernán Borisonik.
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8. Esfera pública, medios masivos y conflictividad social.
Prof. Rodolfo Gómez.
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9. Movimientos y luchas sociales en los procesos políticos progresistas y de izquierda en América Latina.
Prof. Paula Klachko.
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10. El posmodernismo en las ciencias sociales.
Profs. Susana Murillo y José Seoane.
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11. Fundamentos para una doctrina de los Derechos Humanos en el siglo XXI.
Prof. Atilio Boron, Eduardo Barcesat, Graciela Rosenblum, José Ernesto Shulman, Gerardo Etcheverry y Carlos Zamorano.
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Rebautizar América (IV Parte) NUESTRA AMÉRICA Y NUESTROAMERICANOS

(Horacio A. López) La definición “nuestra América” es la más apropiada para abarcar y delimitar el espacio y la identidad que nos pertenecen a los que haHosta ahora nos llaman y nos llamamos latinoamericanos y caribeños.

El psiquiatra y escritor Guillermo Cohen De Govia propuso en un taller, en el marco del III Congreso Anfictiónico Bolivariano desarrollado en la Universidad de Panamá en noviembre de 1999, la utilización del término “nuestroamericanos” para definirnos a nosotros mismos.

En la línea de Martí, quien en su famoso trabajo de 1891 nos aconsejaba: “La historia de América, de los incas a acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia”, Alejo Carpentier, en un discurso pronunciado en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, el 15 de mayo de 1975, decía: “De ahí que la historia de nuestra América haya de ser estudiada como una gran unidad, como la de un conjunto de células inseparables unas de otras, para acabar de entender realmente lo que somos, quiénes somos, y qué papel es el que habremos de desempeñar en la realidad que nos circunda y da un sentido a nuestros destinos. Decía José Martí –agrega Carpentier- en 1893, dos años antes de su muerte: ‘Ni el libro europeo, ni el libro yanki, nos darán la clave del enigma hispanoamericano, añadiendo más adelante: Es preciso ser a la vez el hombre de su época y el de su pueblo, pero hay que ser ante todo el hombre de su pueblo.’ Y para entender ese pueblo –esos pueblos- es preciso conocer su historia a fondo, añadiría yo.”

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Rebautizar América (III Parte) AMÉRICA Y AMERICANOS

AMÉRICA Y AMERICANOS

Pero además de que estamos sin bautizar, como señala Fidel, el nombre que teníamos se lo apropió el gigante de botas de siete leguas del norte. . Tenemos que lidiar con los anglosajones del norte que se arrogaron la paternidad del nombre y se hacen llamar “americanos”, con un resultado asombroso, ya que la mayoría del mundo los acepta llamar así. Son ciudadanos de un país sin nombre: Estados Unidos de América es una razón institucional, una forma de organizar Estados, pero nunca un nombre propio; si el destino nos llevara, a los que vivimos en lo que hoy se define como América latina, por el camino que conduce a la integración, y ésta adquiriera una síntesis institucional, también podríamos llamarnos Estados Unidos de América, sin faltar a la verdad o a una razón con sentido común. Habría que plantearle a las Naciones Unidas –aunque fuese solamente por un ejercicio de ironía- que le exija a nuestros vecinos del norte, que se inventen un nombre propio, si es que no quieren –como supongo- utilizar algún nombre de los que utilizaban los originarios de allí para llamar a su territorio. Y este planteo, para no resignarnos como el panameño Justo Arosemena quien, en un discurso en Bogotá en 1856 en el que rehabilitaba el nombre de Colombia para el continente, explicó: “Nosotros, los hijos del Sur, no le disputaremos una denominación usurpada, que impuso también un usurpador”.

¿Qué América tenemos entonces en común con los Estados Unidos? Dice el chileno Miguel Rojas Mix:

“Siempre ha sido un problema para nosotros poder identificarnos. Saber cómo nos llamamos. Desde que, a comienzos del siglo XIX, el nombre de América deja de tener un sentido general para pasar a designar sólo a los Estados Unidos, los que vivimos al sur del Río Bravo nos encontramos en busca de nuestros papeles de identidad. Somos una especie de exiliados en nuestro propio continente. Ya lo constataba Humboldt en el suplemento agregado a la edición del Ensayo político sobre la isla de Cuba: “Para evitar las circunvoluciones fastidiosas” –decía- “pese a los cambios políticos ocurridos en la situación de las colonias, yo continúo describiendo en esta obra los países habitados por los españoles-americanos con la denominación de América Española. Nombro Estados-Unidos, sin agregar de la América septentrional, a los países de los anglo-americanos, bien que haya otros Estados-Unidos, formados en la América meridional. Es molesto cuando se habla de pueblos que desempeñan un papel importante en la escena mundial, y no tienen nombres colectivos. La palabra ‘americano’ no puede seguir siendo aplicada únicamente a los ciudadanos de los Estados Unidos de la América del Norte, y sería deseable que esta nomenclatura de naciones independientes del Nuevo Continente pudiera ser fijada de una manera a la vez cómoda, armoniosa y precisa.’”

Podríamos agregar que, en la misma sintonía de confusiones, la palabra “latinos” está incorrectamente utilizada para designar a los inmigrantes que, por causas originadas en la dominación neocolonialista de los mal llamados “americanos”, debieron cruzar el río Bravo hacia el norte. En un artículo aparecido en la Sección Enfoques del diario La Nación de Buenos Aires, que lleva el sugestivo título de “Nueva York, capital latina”, se lee: “ ‘Latino’ fue acuñado por militantes chicanos (descendientes de mexicanos) de California durante la era de los derechos civiles como un término de orgullo étnico. Obvia contracción de ‘latinoamericano’, la palabra adquirió muy pronto una connotación más específica. En principio, Latino es todo estadounidense que desciende de latinoamericanos, que tiene por lengua materna el inglés y por color de piel algún tono de la gama del marrón, y hasta el negro. La mayoría no tiene más contacto con América latina que el que los descendientes de alemanes, italianos o rusos tienen con Europa. En su sentido más amplio, el término engloba también a españoles y brasileños.”

La gran contradicción salta a la vista: Quien por su mezcla o pureza étnica tenga alguna gama del marrón o del negro en su piel, y viva en Nueva York u otra ciudad del norte, será catalogado como “latino”, aunque el fondo de su cadena ancestral lo denuncie como descendiente de maya, quechua, guaraní, congoleño o ugandés.

Horacio A. López.


Guerra y maldonado. Ob. Cit., p.23.

Miguel Rojas Mix. Los cien nombres de América. Editorial Lumen. Barcelona. 1991, p. 32.

Claudio I. Remeseira. Nueva York, capital latina. (Artículo) Diario La Nación. Buenos Aires. 26 setiembre, 2004.

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