Archivo de la categoría ‘Geopolítica’

ECUADOR Y COLOMBIA: UNA FRONTERA PROBLEMÁTICA

Ponencia de Margarita Vellejo en la I Jornada de Historia del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini” los días 20 y 21 de noviebre de 2009.

El ataque en Angostura puso en crisis el complejo entramado sobre el cual se configuran las actuales relaciones fronterizas entre Ecuador y Colombia, en las que  ha cobrado preeminencia el tema de seguridad con la implementación, por parte del gobierno colombiano, de la última fase del Plan Colombia, el llamado Plan Patriota, y la adopción,  a partir de 2003, de la política de Defensa y Seguridad Democrática.

Ecuador y Colombia. Una frontera problemática

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EL CASO NICARAGUA: De la República al intento de anexión

Mapa de América Central y Nicaragua

Música de Nicaragua

En Nicaragua, con extensión a Centro América, se dio el caso más grosero de intervención yanqui en aras de anexar territorios ajenos: no fue alentando movimientos separatistas o anexionistas en sí, sino avalando a un aventurero sin escrúpulos –un verdadero filibustero como fue catalogado- de nombre William Walker, quien al frente de su “Falange Americana”, integrada por mercenarios yanquis, invadió Nicaragua llegando a proclamarse presidente de la misma como paso previo al objetivo de la anexión. Ya tenía antecedentes peligrosos:

 

En 1853 partió de San Francisco de California y desembarcó en La Paz, capital de la Baja California. Allí se proclamó presidente de la República de la Baja California. Era la inspiración del ‘modelo’ texano…

En mayo de 1854 se ‘anexa’ Sonora…

Agotados sus medios, se rindió a las autoridades norteamericanas. Procesado a instancia de México, fue finalmente absuelto.[1]

 

En 1855 desembarca en Nicaragua mediante un trato con los liberales en lucha civil contra los conservadores que gobernaban. Luego de una serie de batallas contra el gobierno constituido logra imponer un nuevo presidente, al que luego reemplaza por otro, hasta que termina asumiendo personalmente él la presidencia. El presidente norteamericano Pierce se apresuró a reconocer a su compatriota como presidente de otro país. Estaba en juego el control del territorio de una nación en la que era muy probable que se construyera el futuro canal interoceánico. Así lo confiesa en una carta el embajador yanqui designado por Pierce:

 

… Si el tránsito por su hermoso istmo es de una importancia vital para todas las naciones marítimas de la tierra, ¿de cuán mayor importancia no lo es para los Estados Unidos, desde la accesión a la California y el arreglo de nuestros territorios… sobre el Pacífico? Es importante para las demás naciones e indispensable para los Estados Unidos….

 

En su respuesta Walker deja traslucir sus verdaderas intenciones:

 

 … Es de esperar que se estén acercando mejores días, y que sea escuchada nuestra voz en nuestras reclamaciones de otras nacionalidades. Confío pues, que los Estados Unidos nos harán imparcial y estrictamente justicia, cuando presentemos nuestras demandas. Y además, esperamos con confianza y creemos de antemano que si hay otras naciones dispuestas a rechazar nuestros derechos, su gobierno no quedará frío espectador de sus actos.[2]

 

¿Cuáles eran esas reclamaciones de otras nacionalidades? ¿Cuáles las demandas a presentar y ante quién? Señala Gregorio Selser en su libro sobre Sandino:

 

… entre sus futuras ambiciones (se refiere a Walker) figuraba la de emular la hazaña de Sam Houston en Texas, incorporando la totalidad del territorio del istmo a los Estados Unidos. Para esto contaba no sólo con una situación política norteamericana propicia, sino con la benevolencia del propio presidente Pierce, quien no desautorizó al filibustero cuando éste proclamó que las elecciones que lo ungieron Presidente de Nicaragua habían sido supervisadas por tropas estadounidenses de New Orleáns y California…[3]

 

En una política de clara norteamericanización, Walker reestablece el sistema de la esclavitud y oficializa el  inglés como segundo idioma. Pero voluntarios de toda la región acudieron para expulsar al extranjero que pretendía convertir a esos países en territorios norteamericanos. En toda América hispana se escucharon airadas protestas. Tal vez la más paradigmática es la moción que en Chile llevaron a la cámara los diputados Errázuris, Irisarri, Prado, Aguirre, Barriga y otros, sugiriendo que el Poder Ejecutivo intervenga en los problemas de Nicaragua:

 

Mañana será tarde, porque si cae Centro América, cae con ella la llave del continente americano español en poder de los enemigos de nuestra raza…

Mañana será tarde, porque no faltará un pretexto cualquiera, una diferencia antigua, algún ridículo reclamo, un protectorado, una isla despoblada para traer sobre nuestras cabezas la tempestad que hoy ruge sobre nuestros hermanos”.

 

¡Cuánta razón y premonición encierra este alerta patriótico!

La resistencia al filibustero se amplió. Los ejércitos de las pequeñas repúblicas al mando del costarricense José Joaquín Mora lo enfrentan con variada suerte, hasta que en 1857 Walker finalmente capitula ante el capitán de un navío de guerra norteamericano, quien en definitiva lo salva trasladándolo hasta Panamá y desde allí a los Estados Unidos, donde fue recibido como un héroe.

En 1860 Walker realiza una nueva tentativa, esta vez desembarcando en Honduras. La suerte no lo acompañó, fue hecho prisionero y fusilado.

En la correspondencia de los agentes norteamericanos se revelan los planes que incluían a otros países centroamericanos: Beverly Clarke, ministro de Estados Unidos para Guatemala y Honduras, en carta a Lewis Cass, secretario de Estado de los Estados Unidos, escribe en 1859:

 

 En una época, mientras Walker fue jefe en Nicaragua, no hay duda que contaba con muchos amigos entre los liberales en Guatemala, y, a no ser por los supuestos errores en su política administrativa… muchos aseguran aquí que hubiera podido ser considerado como un libertador, y voluntariamente lo hubiesen constituido como cabeza política de este Estado.[4]

 

 

La derrota del proyecto Walker fue la derrota del Departamento de Estado de los Estados Unidos.

 

Horacio A. López



[1] Medina Castro, Manuel. Estados Unidos y América Latina. Siglo XIX. Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1974.

[2] Ibíd., p. 341.

[3] Selser, Gregorio, Sandino. General de hombres libres. Tomo I., Ediciones Especiales IV, Imprenta Nacional de Cuba, La Habana,  1960, p. 22.

[4] Medina Castro, Op. Cit., p. 344.

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EL CASO TEXAS: De la república de Fredonia a la de Estados Unidos

El despojo de casi la mitad del territorio mexicano por parte de Estados Unidos es históricamente el caso emblemático de la hipocresía y de la falta de escrúpulos del país del norte, en función de cumplir su objetivo del “Destino Manifiesto” para construir la gran potencia americana a costa de otros países  del continente. Manuel Medina Castro relata la cronología de esta historia, de la que tomaremos algunos hitos.

En 1820, el puritano Moisés Austin de Luisiana obtiene del gobernador español de Texas permiso para introducir 300 familias norteamericanas con el objetivo de colonizar y con el compromiso de fidelidad al rey y de defensa del territorio contra los indios y los filibusteros. Los colonos traían sus esclavos como mano de obra para sus labores agrícolas. En México la esclavitud estaba prohibida, pero se les autorizó a los colonos a traer los suyos. Siete años después ya eran 10.000 las familias norteamericanas asentadas en Texas.

En 1826, con el pretexto de que el gobierno mexicano decretase la liberación de los esclavos, colonos encabezados por el norteamericano Hayden Edward, toman Nacogdoches y proclaman la “República Libre de Fredonia”. Un mes duró esta experiencia que fue condenada por el congreso mexicano, el que culpó al gobierno de Estados Unidos de haber estimulado el levantamiento.

El presidente norteamericano Jackson envió en 1832 a un antiguo subordinado suyo, Sam Houston, a Texas, para que organizara la rebelión y canalizara el separatismo. En 1833 logra concretar la Convención de Texas. En 1834 el negociador yanqui declara: “México está en posesión de un territorio que no le pertenece de derecho. Debemos recuperar Texas: pacíficamente si es posible; por la guerra, si es nuestro deber.”

Un año más tarde Washington manda al general Gaines a la frontera, con un regimiento de infantería, listo para cruzarla hacia Texas. En 1835 la Convención de Texas formula una “declaración de derechos” y se organiza el primer gobierno texano. Houston es designado jefe del ejército. Comenzó la guerra separatista.

Durante 1836 los insurrectos combaten contra las fuerzas mexicanas, a las que terminan derrotando en la batalla de San Jacinto, en la que Houston apresa a Santa Anna, quien comandaba las fuerzas nacionales. A cambio de su vida, Santa Anna rindió sus armas y se obligó a gestionar el reconocimiento de la independencia de Texas, con la frontera en el río Bravo. San Jacinto fue el 21 de abril; ya el 2 de marzo de 1836 la Convención de Texas había proclamado la República.

 

En 1845, Texas, la ‘República autónoma’, solicitó su anexión a Estados Unidos. Se repetía una vieja historia… La guerra con Estados Unidos se hizo inevitable. En tal coyuntura, Santa Anna apareció de nuevo en la arena política.[1]

 

Los ejércitos norteamericanos invaden territorio mexicano para reasegurar sus planes y, luego de varias escaramuzas, se declara la guerra entre México y Estados Unidos en mayo de 1846. Relata Medina Castro:

 

… el 15 de agosto (1846), el coronel Kearney se dirigió desde Las Vegas a los habitantes de Nuevo México: ‘He venido cerca de vosotros por orden de mi gobierno para tomar posesión de este país, y hacer extensivas a él las leyes de los Estados Unidos. Nosotros los consideramos y los hemos considerado desde hace tiempo, como parte del territorio de los Estados Unidos. Nosotros venimos a vosotros como amigos y no como enemigos; como protectores y no como conquistadores; para vuestro beneficio y no para vuestro daño. En consecuencia, yo os declaro libres de toda liga con el Gobierno Mexicano…’”[2]

 

Dos años duró esa guerra desproporcionada. En septiembre de 1847 las tropas yanquis entran a la Ciudad México. El 2 de febrero de 1848 se firmó el tratado que ponía fin a las hostilidades, y por el cual

 

México perdía 1.528.241 kilómetros cuadrados: 689.836, de Texas; 838.405, de Nuevo México y Alta California. Era el 51% del territorio original del país… un área tan extensa como Inglaterra, Irlanda, Escocia, Francia, España, Portugal, Italia y Alemania juntas. Allí se levantarían luego los nuevos Estados de la Unión: Texas, Nuevo México, Arizona, California, Nevada, Utah, y parte de Colorado, Oklahoma, Kansas y Wyoming.

 

Así se formaron los Estados Unidos.

Hay que recordarlo cada día.

¡Cada día!

¡Cada día![3]

 

Horacio López

 

 



[1] Sánchez, Luis Alberto, Breve Historia de América, Losada, Buenos Aires, 1978, p. 322.

[2] Medina Castro, Op. Cit, p. 303.

[3] Ibíd., p. 325.

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GEOPOLÍTICA DE MAHAN

Es en la última década del siglo XIX, concretamente ante la problemática surgida en torno a la dominación de Cuba y todo el entorno antillano definido como Mare Nostrum por Estados Unidos, que las doctrinas geopolíticas se desarrollan con ímpetu en las usinas ideológicas de ese país. El Capitán de Navío (USN) Alfred Thayer Mahan perfecciona teóricamente el “Destino Manifiesto”.

Mahan determina que la cuestión de la extensión del poder continental para los Estados Unidos pasa por el control de los océanos y pasos internacionales marítimos, a partir de una poderosa flota militar y mercante. En la competencia por el poder entre los Estados, ubica como preponderantes  los factores geográficos (que incluyen la ubicación geográfica, la capacidad defensiva y los recursos naturales), los humanos y sociales. Sus propuestas se basaban en la fortaleza militar necesaria para los fines propuestos y criticaba a los gobiernos elegidos democráticamente por ser generalmente improvisadores y anti militaristas. Su solución ante estas “debilidades” era la creación de “grupos de presión” interesados en formar y mantener una poderosa armada. Aseguraba que los Estados Unidos de Norteamérica poseía las capacidades latentes necesarias para ejercer un control global de los océanos y de las líneas de comunicaciones marítimas.

Desde esa concepción, Mahan planteó la necesidad de construir un canal en Centroamérica para resolver el rápido traslado de la flota de guerra de una costa a la otra, en caso de conflictos, dado que la travesía por el estrecho de Magallanes insumía, en esa época, más de sesenta días. Una vez que se construyera el canal, se suscitaría el problema de su defensa para evitar que cayera en manos extranjeras. Al respecto señala el sociólogo puertorriqueño Ramón Grosfoguel:

 

Como una manera de asegurar la defensa del futuro canal, Mahan recomendó que antes de construirlo Estados Unidos debía adquirir Hawai y controlar militarmente las cuatro rutas marítimas caribeñas al noreste del canal. Las cuatro rutas que él identificó fueron: Paso de Yucatán (entre Cuba y México), Paso de los Vientos (la principal ruta norteamericana de acceso al canal entre Cuba y Haití), Paso de la Mona (entre Puerto Rico y la República Dominicana) y Paso de Anegada (cerca de St. Thomas en las aguas orientales de Puerto Rico). Mahan recomendó a las élites norteamericanas la construcción de bases navales en estas zonas como paso previo a la construcción de un canal y como paso indispensable para transformar a los Estados Unidos en una superpotencia.[1]

 

El Oficial de Estado Mayor de la Armada chilena, Capitán de Navío Alexander Tavra Checura, en un artículo publicado en 1996, titulado “Geopolítica. Pensamiento de Mahan”, concluye lo siguiente:

 

Las teorías de Mahan fueron exitosamente adoptadas por los Estados Unidos de Norteamérica entre fines del siglo pasado y las primeras décadas de este siglo, llevando a dicho país a alcanzar todos sus objetivos políticos, económicos y militares, hasta convertirlo en un poder global incontrarrestable a la fecha.

En ellas se fundamentaron la guerra Hispano- norteamericana (1898), la adquisición del archipiélago de Hawai, las conquistas de los archipiélagos de las Filipinas, Marianas y otras posesiones en el Pacífico Occidental y la creación artificial de Panamá y su canal, al promover una revolución contra Colombia, dueña de dicho territorio[2].

 

Horacio A. López

 

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[1] Ramón Grosfoguel. “Los límites del nacionalismo: lógicas globales y colonialismo norteamericano en Puerto Rico”, en Jorge Enrique González, Editor. Nación y nacionalismo en América Latina, CLACSO. Buenos Aires, 2007.

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