Archivo de la categoría ‘Biografías’

Los personajes de nuestra América. Juana Azurduy

Concurso Nacional de Diseño de Afiches

Organizado por Secretaría de Cultura de la Municipalidad de La Plata con el auspicio de la Asociación de Diseñadores de Comunicación Visual de la provincia de Buenos Aires - ADCV y el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini. El concurso de afiches apunta a recuperar el espíritu de los personajes que fueron el motor de los procesos emancipatorios latinoamericanos y contribuir a la preservación y construcción de la memoria colectiva, comenzando por la educación primaria. Dirigido a profesionales de la comunicación visual y el diseño gráfico -o grupos mixtos con profesionales- Finaliza: 04/08/10. Más información:

www.cultura.laplata.gov.ar  www.adcv.org.ar  www.centrocultural.coop

 Juana Azurduy

 

   “En poco tiempo, el prestigio de Juana Azurduy se incrementó a límites casi míticos: los soldados de Padilla veían en ella la conjunción de una madre y esposa ejemplar con la valerosa luchadora; los indígenas prácticamente la convirtieron en objeto de culto, como una presencia vívida de la propia Pachamama”[1].

 

Juana Azurduy nació en Toroca, una pueblo cercano a Chuquisaca el 12 de julio de 1780. En ese año en la ciudad de La Paz Tupac Catari y bartolina Sisa se habían levantado en armas apoyando el levantamiento de Tupac Amaru en el Cuzco. Su infancia tuvo un buen pasar, pero a la muerte de sus padres quedo a cargo su hermana Rosalía y sus tíos, quienes dado su idea conservadora decidieron enviarla al convento de Santa Teresa, donde fue expulsada a los ocho meses dado a que se revelo frente a la disciplina autoritaria promoviendo reuniones clandestinas, además de conocer la vida de Tupac Amaru y Micaela, como así también a leer la vida y escritos de Sor Juana Inés de la Cruz.

 

De regreso en Chuquisaca, Juana conoce a Melchor Padilla, y establece una amistad con su hijo, y  futuro esposo, Manuel. El 25 de mayo de 1809 estalla la revolución y Potosí, donde Manuel decide sumarse a la resistencia para enfrentar el ejército realista. Al año siguiente se une a Martín Miguel de Guemes, resistencia a la que Juana quería sumarse pero estaba prohibido el ingreso de mujeres. En 1813 Padilla fue el encargado de organizar el ejército que ocupo Potosí, y del cual, esta vez sí Juana formo parte, logrando que muchas mujeres se sumaran a la lucha.

 

En marzo de 1814 Manuel y Juana vencen a los realistas en Tarvita y Pomabamba. Pezuela, el jefe del ejército español, inicio la persecución, y las tropas revolucionarias debieron dividirse: Padilla se encaminó hacia La Laguna y Juana se internó en una zona de pantanos junto a sus cuatro hijos pequeños. Allí se enfermaron, los dos varones murieron antes de que Manuel llegara a auxiliarla. Una vez en el refugio del valle de Segura mueren sus dos hijas de fiebre palúdica y disentería. El 2 de agosto de 1814 Juana da a luz a su quinta hija junto al Río Grande mientras eran acechados por el ejército realista. Cuando la descubren un grupo de suboficiales intenta arrebatarle el tesoro con el que contaba el ejército revolucionario. Juana se alza frente a ellos junto a su hija recién nacida, y defendiéndose con la espada que le entregó M. Belgrano monto su caballo logrando así cruzar el río, para luego dejar a su hija Luisa al cuidado de Anastasia Mamani, una pobladora originaria. 

 

En 1816 Juana y Manuel, contaban con el apoyo de 6000 pobladores originarios, con los que lograron sitiar, por segunda vez, la ciudad de Chuquisaca. Pero esta vez Los realistas lograron poner fin al cerco, y en Tinteros, Manuel Padilla fue asesinado, su cabeza fue exhibida en la plaza pública durante meses. En mayo de 1817 Juana junto a su ejército lograron recuperarla.

 

Juana Azurduy no sólo fue nombrada teniente coronel por M. Belgrano, sino que también Antonio J. de Sucre, cuando fue nombrado mariscal tras la independencia de Bolivia declarada en 1825, le otorgo una pensión que le fue quitada durante el gobierno de José M. Linares en 1857. El 25 de mayo de 1862, a los casi 82 años, y al igual que la mayoría de los hombres y mujeres que lucharon por la independencia y unidad de nuestro continente, muere en el olvido y la pobreza, siendo enterrada en una fosa común. 


[1] Galeano Eduardo en “Mujeres”.

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Los personajes de nuestra América. Antonio J. de Sucre

Concurso Nacional de Diseño de Afiches

Organizado por Secretaría de Cultura de la Municipalidad de La Plata con el auspicio de la Asociación de Diseñadores de Comunicación Visual de la provincia de Buenos Aires - ADCV y el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini. El concurso de afiches apunta a recuperar el espíritu de los personajes que fueron el motor de los procesos emancipatorios latinoamericanos y contribuir a la preservación y construcción de la memoria colectiva, comenzando por la educación primaria. Dirigido a profesionales de la comunicación visual y el diseño gráfico -o grupos mixtos con profesionales- Finaliza: 04/08/10. Más información:

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Antonio José de Sucre

 

“… de los esfuerzos de hoy depende la suerte de la América del Sur, otro día de gloria va a coronar vuestra admirable constancia…”

 

Antonio José de Sucre nace en Cumaná el 3 de febrero de 1795 en el seno de una familia aristocrática, su padre era coronel del ejército realista. A diferencia de su padre, a los quince años (1812), Antonio se une al ejército patriota al mando de General Francisco de Miranda obteniendo rápidamente el rango de teniente.

 

El camino hacia las independencias comienza por la liberación de Ecuador tras el triunfo en la batalla de Pichincha que finalizó en mayo de 1822 consolidando la independencia de la Gran Colombia. En de 1823 llega a Lima tras el retiro de José de San Martín. Al año siguiente, en el mes de agosto, se sumo a Simón Bolívar en la batalla de Junín, y cuatro meses después vencieron al virrey La Serna en Ayacucho, lo que sello el fin del dominio español en esta parte del continente. Dada su destacada partición y sus victorias frente al ejército realista el parlamento peruano lo nombra Gran Mariscal y General en Jefe de los Ejércitos, y al mando de estos, marcha al Alto Perú, funda la actual República de Bolivia y redacta la Constitución, que en su momento era conocida como la más liberal del mundo. En 1828 a raíz de motines y presiones del Perú, el Mariscal Sucre regresa a Ecuador.

 

Entre 1828 y 1829 tiene lugar el enfrentamiento entre la Gran Colombia y el Perú por obtener el dominio de Quito y otras zonas que este último país reclamaba. En 1827 comienzan las diferencias entre el gobierno peruano que había derrocado al dejado por Bolívar. El enfrentamiento más cruel de este se da en febrero de 1829 en la batalla de Portete de Tarqui, al sur del ecuador.

El ejército bolivariano estaba al mando del Mariscal Sucre, que antes de que comiencen los enfrentamientos intento firmar un acuerdo con las autoridades peruanas, pero este fracasó e hizo inevitable el enfrentamiento. A pesar de contar con un número muy inferior de soldados Sucre logro la victoria grancolombiana, obligando a las autoridades peruanas encabezadas por el Gral. José de La Mar a capitular.

 

Sucre era el sucesor de Bolívar por su talento, su inteligencia, y porque era un complemento indispensable del libertador. Probablemente por esta idea se realizo la reforma constitucional de 1830 en la Gran Colombia, sus enemigos logran poner la norma que para ser presidente o vice se debían tener 40 años (Sucre tenía 35). También es factible que esto haya sido la causa de su asesinato. Con Sucre vivo, se garantizaba la continuidad política de Bolívar y la unidad de la Gran Colombia. Es asesinado de un disparo en las montañas de Berruecos (actual Colombia). Bolívar, ya enfermo al enterarse en Venezuela exclama “…Lo han matado porque era mi sucesor…¡Santo Dios! ¡Se ha derramado la sangre de Abel!… La bala cruel que le hirió el corazón, mató a Colombia y me quitó la vida“.

 

 

 

 

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Los personajes de nuestra América. Ernesto “Che” Guevara

Concurso Nacional de Diseño de Afiches

Organizado por Secretaría de Cultura de la Municipalidad de La Plata con el auspicio de la Asociación de Diseñadores de Comunicación Visual de la provincia de Buenos Aires - ADCV y el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini. El concurso de afiches apunta a recuperar el espíritu de los personajes que fueron el motor de los procesos emancipatorios latinoamericanos y contribuir a la preservación y construcción de la memoria colectiva, comenzando por la educación primaria. Dirigido a profesionales de la comunicación visual y el diseño gráfico -o grupos mixtos con profesionales- Finaliza: 04/08/10. Mas información: www.cultura.laplata.gov.ar  www.adcv.org.ar  www.centrocultural.coop

 

Ernesto “Che” Guevara de la Serna

 

“Me siento tan patriota de Latinoamérica, de cualquier país de Latinoamérica, como el que más y, en el momento en que fuera necesario, estaría dispuesto a entregar mi vida por la liberación de cualquiera de los países de Latinoamérica, sin pedirle nada a nadie, sin exigir nada, sin explotar a nadie”

 

Ernesto Guevara de la Serna nace el 14 de junio de 1928 en Rosario. A los dos años de edad sufre su primer ataque de asma, y la familia se muda en 1932 a la ciudad de Altagracia por recomendación médica. En diciembre de 1947 ingresa a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Durante 1952 viaja por Argentina, Chile, Perú, Colombia y Venezuela en compañía de Alberto Granados. El 12 de junio de 1953 recibe el título de médico. El 6 de julio parte rumbo a Venezuela, pero la situación que encuentra en Bolivia y su posterior contacto con exiliados latinoamericanos en Perú le hace cambiar de idea.

           

En diciembre de 1953 llega a Guatemala. En enero de 1954 conoce a Antonio Ñico López, participante del asalto al Cuartel Moncada, con el que entabla amistad. Después del golpe de Estado que culmina con el derrocamiento del gobierno democrático de Jacobo Arbenz, el Che parte rumbo a México. En julio de 1955 conoce a Fidel Castro y se enlista como médico de la futura expedición del Granma. El 25 de noviembre de 1956 los combatientes revolucionarios parten del puerto de Tuxpan con rumbo a Cuba. El desembarco se produce el 2 de diciembre y los rebeldes son sorprendidos pocos días después en Alegría de Pío por el ejército de Batista.

 

El 17 de enero de 1957 participa en el primer combate victorioso de los rebeldes en La Plata. El 28 de mayo se obtiene una importante victoria en el ataque al cuartel del Uvero. Según el Che, este combate marca la mayoría de edad del Ejército Rebelde. El 5 de junio, es nombrado jefe de la cuarta columna rebelde (en realidad, la segunda). Entre julio y diciembre fija su campamento en la zona de El Hombrito. Ahí instala una escuela, una fábrica de zapatos, una talabartería, una armería, una hojalatería, una herrería y un horno para hacer pan. El 21 de agosto de 1958, el Che recibe la orden de marchar con destino a la provincia de Las Villas para ponerse al frente de las unidades del Movimiento 26 de julio que operaban en esa zona. La columna invasora 8 “Ciro Redondo” parte el 31 de agosto desde El Jíbaro. El 8 de septiembre llega a Camagüey. El 15 de octubre, después de recorrer más de 500 Km, llega a la sierra de El Escambray. El Che instala su comandancia en Caballete de Casa. El 28 de diciembre, como parte de la ofensiva final del Ejército Rebelde, inicia el ataque a la ciudad de Santa Clara. El 31 de diciembre se consuma la toma de la ciudad y el triunfo de la Revolución. El 2 de enero de 1959 se traslada a La Habana, y el 7 de febrero es declarado ciudadano cubano por nacimiento. El 26 de noviembre  es nombrado presidente del Banco Nacional de Cuba.

 

El 16 de abril de 1951 se translada a la comandancia de occidente en Consolación del Sur, Pinar del Río, pues la inteligencia cubana piensa que habrá una invasión estadounidense por esa zona, la más cercana al continente. El desembarco mercenario finalmente se produce en Playa Girón y es derrotado por el naciente ejército revolucionario en tan solo 72 horas. El 2 de agosto de ese mismo año viaja al frente de la delegación cubana rumbo a Punta del Este, Uruguay, para participar en la Conferencia del Consejo Interamericano Económico Social. El día 8 interviene en la quinta sesión plenaria y fustiga la denominada Alianza para el Progreso. El 17 pronuncia un discurso en la Universidad Nacional de Montevideo. El 19, tras concluir su visita a Uruguay, viaja a Argentina y Brasil. El 23 informa en televisión al pueblo de Cuba los resultados de la Conferencia de Punta del Este.

 

El 3 de octubre de 1965 en el acto de constitución del Comité Central del Partido Comunista de Cuba Fidel Castro lee la carta de despedida del Che. Y el 3 de noviembre de 1966 llega a La Paz con el nombre de Adolfo Mena González y pasaporte uruguayo. El 7 de noviembre se incorpora a la guerrilla. En abril de 1967 se publica en Cuba su “Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental“. Luego de no conseguir el apoyo necesario de los campesinos el 8 de octubre es herido en combate en la Quebrada del Yuro. Al día siguiente, el 9 de octubre es asesinado en el pueblo de Higuera.

 

 

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El orador criollo

LOS HOMBRES DE LA REVOLUCION DE MAYO. CASTELLI

 El orador criollo

Transitamos ya el año del Bicentenario. Nos toca a nosotros, jóvenes y viejos, ser testigos de este singularísimo momento histórico que encuentra a nuestro continente convulsionado por un renacer de sus pueblos. Como en aquellos años del nacimiento de la Patria Americana están decididos a ser protagonistas del inicio de un nuevo tiempo que retome los objetivos y sueños inconclusos de los hombres de Mayo. Aquellos fervores revolucionarios triunfaron en su afán por terminar con el colonialismo de la cruz y la espada luego de 300 años de dominación, pero el gran plan de crear una gran Patria Americana que asegurase definitivamente para sus pueblos Libertad, Igualdad, Justicia, Democracia fue disipado en el devenir de la historia. No se logró.

Aquella gran utopía americanista, propia de los grandes momentos, creadora de hombres y mujeres notables, fue precisamente abrazada por nuestro Castelli, quien moriría muy tempranamente enmudecido por un cáncer de lengua, pero con la mirada puesta hacia la liberación definitiva de su patria, consecuente con el que fuera su norte a lo largo de la vida. Similar destino había tenido su camarada Mariano Moreno, asesinado en un luctuoso viaje luego de su derrota a manos del partido conservador y contrarrevolucionario. No fueron vidas paralelas las de estos dos grandes hombres de su época. La Revolución los unió, los transformó en una amalgama indisoluble, convirtiéndose en una fuerza vigorosa y dinámica que sería determinante en la génesis de la revolución.

Enemigo del término medio

Juan José Antonio Castelli-Villarino vino al mundo el 19 de julio de 1764. Su padre veneciano, fue médico boticario; hombre laborioso y honrado que a lo largo de su vida fue armando una respetable fortuna. María Josefa Villarino, madre del prócer, era hija de un rico terrateniente venido de Vigo.

Los dos años en Chuquisaca serían determinantes en su formación intelectual. Se doctoró en derecho, lo cual posibilitó que tuviera el primer bufete de abogado en su Buenos Aires natal. En el camino de retorno pasará por el Potosí. Observará su cerro preñado del mineral plateado amasado con la sangre de decenas de generaciones de indios. Su primer paso en la vida profesional fue en el Real Tribunal del Consulado de Buenos Aires. Lo hizo de la mano de su amigo y primo Don Manuel Belgrano. El joven Castelli ya se caracterizaba por su alma apasionada, un temperamento ardiente, voluntad de acero y, al decir de Monteagudo, «enemigo de todo término medio». A los 30 años contrajo matrimonio con María Rosa Lynch-Golajn, con quien tendría seis hijos.

En su ciudad, nuestro hombre, a pesar de sus logros, sufría con indignación lo que padecían todos los hijos de españoles nacidos en las Indias. Los peninsulares gozaban de todos los privilegios en detrimento de los aquí nacidos, quedando en un lugar de subordinación y de inferioridad, inclusive si sus padres tenían títulos españoles. En 1808 desarrolla la doctrina que dará sustento jurídico al cuestionamiento contra al poder colonial. Fundamenta concluyentemente que América debe quedar de facto independiente de España, toda vez que el vínculo real que los une se ha roto, por la interdicción del Rey, que es justamente el lazo de unión. América tiene igual derecho que España a formar su gobierno, “España ha caducado”. En lo sustancial su teoría se iría desplegando como una punta de lanza en el cuestionamiento al poder colonial y en el venablo que se clavaría en el corazón del sistema español en los días de la ruptura política.

Impronta revolucionaria

Su fama como orador de la Revolución nace de uno de los momentos cruciales de su vida y la de su Patria naciente: el Cabildo abierto del 22. El debate tumultuoso reúne una enorme presión dentro y fuera del Cabildo. Interviene el obispo Lue en representación del partido realista, planteando un audaz reto a los criollos: los españoles deben reasumir el mando por su sola condición de origen y «hasta cuando ya no quedase un solo español». Nicolás de Vedia y el doctor Cosme Argerich, le piden a Castelli que «hable por nosotros». El orador criollo interviene en forma magistral. Su concepto y forma convence y entusiasma a la Asamblea. Su discurso vehemente y fundado es interrumpido por aplausos y el pueblo desde la Plaza aplaude y vitorea a Castelli.

Cabeza de Tigre lo marcó para los tiempos por venir, que ciertamente serán intensos y muy cortos. La Junta ordena arcabucear a los conjurados contra la Revolución encabezados por Liniers, quien se convierte en traidor a la causa del pueblo que luchara heroicamente contra los ingleses. Moreno fundamenta la necesidad del escarmiento para defender a la naciente Revolución. Ocampo y Vieytes vacilan. Moreno responde: «nada hemos de conseguir con benevolencia y moderación». Castelli cumple la orden con profunda convicción política. Los facciosos son fusilados. La Revolución se salva.

En esa situación crítica, Moreno envía a su amigo al Alto Perú con plenos poderes para terminar «con los mandones». Quizás pocas situaciones políticas muestren con tanta claridad el plan de Mayo, como el accionar de Castelli en el Alto Perú.

Se trataba de imponer un nuevo sistema de gobierno auténticamente democrático ejerciendo una intensa propaganda hacia el pueblo, colocando a criollos en el mando. Reformar la enseñanza, reorganizar la Casa de la Moneda. Crear nuevas leyes para elevar en su condición a las masas indígenas. Reorganizar el ejército y la administración pública. Castelli reparte tierras, pregona el nuevo ideal de la Patria, elabora manifiestos y arenga apasionadamente al pueblo.

Por su parte, el presidente godo de Chuquisaca, Vicente Nieto, sentencia a muerte a todos los hombres llegados de Buenos Aires. “Los Americanos han nacido para ser esclavos, destinados por la naturaleza para vegetar en la oscuridad y el abatimiento”. Como vemos, la guerra es a muerte. El brillante secretario de Castelli, Monteagudo, rubrica a su vez la ejecución de los principales jefes realistas.Luego vendrá la derrota de Huaqui. El ejército se debilita por el sabotaje del saavedrismo y su estímulo a los núcleos norteños pudientes que se oponen a los «Jacobinos de Buenos Aires» y el mando del ejército auxiliador.

En el fondo, luego de la muerte de Moreno, lo que emerge era la intención de abandonar el Plan de Mayo y restaurar viejos intereses y culturas con un nuevo formato. El gobierno surgido del golpe de abril de 1811 enjuicia a Castelli y Belgrano. Vivió entonces Castelli largos meses de dolor e ingratitud. Un cáncer en la lengua avanzaba implacable. El 12 de octubre muere, pobre y perseguido, al decir de Manuel Moreno.La amargura de los últimos días de su vida contrastará con el profundo reconocimiento que le tributará su pueblo en los tiempos por venir.

Resulta imprescindible, entonces, recuperar la esencia de su pensamiento, el ejemplo de su conducta y acción y especialmente su disposición a cambiar la historia enfrentando con la máxima determinación humana y confianza en el futuro los obstáculos que lo viejo, en su vano intento por no morir, levanta con furor.

El comisionado Castelli plantó las banderas de la Patria sobre las ruinas de Tihuanaco. Aquel 25 de mayo de 1811 proclamó ante sus tropas y el pueblo altoperuano: «ordeno que siendo los indios iguales a todas las demás clases (…) declaro que son acreedores a cualquier destino y empleo de que se consideren capaces del mismo modo que todo nacional idóneo sea de la clase y condición que fuese, siempre que sus virtudes y talentos lo hagan dignos de la consideración del gobierno (…) que en el preciso término de tres meses deberán estar ya derogados todos los abusos perjudiciales a los Naturales y fundados todos los establecimientos necesarios para su educación sin que a pretexto alguno se dilate, impida o embarace el cumplimiento de estas disposiciones». Dos siglos después, un descendiente de aquellos indios liberados por la revolución juraba como Presidente de la Nación Boliviana ante aquellas históricas ruinas, sus dioses y su pueblo histórico.

Profesor Juan Carlos Junio

Director Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini

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Integridad y talento natural

LOS HOMBRES DE LA REVOLUCION DE MAYO. BELGRANO

Integridad y talento natural

Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, nace en Buenos Aires el 3 de junio de 1770. Como la mayoría de los hijos de las clases pudientes, realiza sus primeros estudios en el colegio de San Carlos en su ciudad natal. Se traslada a España para estudiar la carrera de derecho en Salamanca y Valladolid, la que culminará en 1789, el año de la Revolución francesa.

Este extraordinario acontecimiento generó un efecto huracanado en todo el mundo y también en nuestro joven estudiante. Él mismo dirá que «como consecuencia de la  Revolución en Francia, se apoderaron de mí las ideas de la libertad, igualdad, fraternidad, propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre, fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la Naturaleza le habían concedido».

La figura de Belgrano ha generado un sentimiento generalizado y coincidente de respeto y valoración por su trascendente rol en la Revolución de Mayo y en las Guerras de Independencia contra los ejércitos restauradores del colonialismo que reaccionaron con furor ante el grito de libertad e independencia de los pueblos del continente. Sin embargo resulta necesario señalar el intento permanente de que la vida y el papel de este personaje decisivo y crucial de nuestra historia, se vea reducida al rol de “hombre abnegado y desinteresado y Padre de nuestra Bandera”. Completa el esquema la descripción heroica de sus triunfos de Salta y Tucumán y las “tragedias” de Vilcapugio y Ayohuma.

Propiedad de la tierra

Ciertamente, no se debe restarle mérito al enorme simbolismo que significó la creación de una Bandera Nacional en un país que todavía no existía como tal. Por el contrario, hay que ubicarlo como un firme acto de rebeldía y una clara contribución política a forzar la marcha de la historia en aquellas circunstancias brumosas. Podemos interpretarla como una audaz intuición independentista, frente a las corrientes más inclinadas a retardar la ruptura con el viejo orden político y cultural. Los que «fernandeaban» al decir de Monteagudo. Sin embargo Belgrano fue un hombre de una personalidad desbordante, apoyado en una cultura vasta y profunda, que incluía las lecturas en Europa de los libros prohibidos, gracias a una expresa autorización papal por sus aventajados estudios. Si ahondamos en su formación, veremos la huella no sólo de los ilustrados franceses, Rousseau, Montesquieu; sino también de Jovellanos, Floridablanca y Campomanes, e inclusive de  los pensadores italianos más avanzados en los temas de formación de los estados nacionales. Fue traductor del libro de su admirado Francois Quesnay: “Máximas generales de gobierno económico de un reino agricultor”, famosísimo en su época.

Antes de ser un político sagaz y de clarísima percepción y un militar valiente y decidido, fue un intelectual capaz de sostener una mirada crítica sobre los grandes temas en debate en su época y de proponer primero e implementar después, nuevas ideas y enfoques para el análisis de la realidad de su país. Durante más de diez años luchó desde su sitial de Secretario del Consulado para romper la rutina de siglos de una cultura primitiva y oscurantista, e inculcar a sus compatriotas ideas renovadas que posibilitaron realizar progresos, en el marco del Virreinato. Fue Belgrano defensor e impulsor de una idea sustancial y revolucionaria para su tiempo. La riqueza no se debe constituir del producto de la explotación de la mano de obra indígena y de la extracción de metales preciosos, sino del trabajo productivo de la tierra. De allí su constante inquietud por transformar el régimen de propiedad de la tierra, típico del colonialismo atrasado y brutal del feudalismo español.

El vendaval

Su visión como economista, ciencia ésta que amaba, estuvo fuertemente influida por el pensamiento de los fisiócratas. Bajo su inspiración decía Belgrano con un profundo sentido crítico: «se han elevado entre los hombres dos clases muy distintas, la una que dispone de los frutos de la tierra, la otra es llamada solamente a ayudar con su trabajo (…) las unas se someten invariablemente a la mente de los otros». Se aprecia claramente que sus ideas estaban lejos del estereotipo del hombre moderado que algunos le endilgan. En esta cuestión, fue Belgrano el primero que propuso una idea de reforma agraria, basada en la expropiación de las tierras baldías para entregarlas a los desposeídos. El vendaval de la Revolución lo une al núcleo de criollos que toman la determinación de constituir un gobierno propio, independiente, rompiendo en todos los sentidos con el colonialismo. Va con Moreno, Castelli y San Martín, por el camino de la lucha. No dudará en actuar como jefe militar, diplomático, periodista, educador, jurista y cualquier otro oficio que hiciera falta.

Es interesante apreciar un rasgo de gran determinación en sus actos. En carta a Moreno del 20 de octubre de 1810, le dice: «Deje a mi cuidado el dejar libre de godos al país (…) ellos han de ayudar a nuestros gastos, por lo pronto he mandado a rematar la estancia de uno que se ha profugado a Montevideo».En la misma misiva, le cuenta a Moreno que el realista Vigodet es una «solemne bestia». Se despide del Secretario de la Junta diciéndole «basta mi amado Moreno, desde las cuatro de la mañana estoy trabajando y ya no puedo conmigo».

Fue Belgrano un creyente sincero y consecuente con su fe cristiana: «Dios nos da la unión y con ella todo lo resistiremos».. Esa era su convicción. Sin embargo, lo definitivo de su conducta fue la lucha política. No dudó entonces en ordenar la detención y remisión a Buenos Aires del obispo de Salta que conspiraba con los realistas.

Una de las facetas más valiosas de este gran constructor fue su convicción acerca de la necesidad imperiosa  de transformar radicalmente el sistema educativo colonial y de instruir al pueblo. Es este sentido fue Belgrano un verdadero fundador de una nueva educación para una nueva Patria: «Sin educación en balde es cansarse, nunca seremos más de lo que desgraciadamente somos».

Trabajó sobre los ámbitos más urgentes de la enseñanza primaria y secundaria, esforzándose por generalizar los estudios de las primeras letras, creando escuelas, principalmente para los núcleos más abandonados del sistema vigente: los indios, los hombres de campo y las mujeres”. En la cuestión de la mujer, denunciaba que “las tenemos condenadas a las bagatelas, y a la ignorancia, a pesar del talento privilegiado que distingue a la mujer”.

Función del Estado

Para el prócer, la educación primaria debía ser una función del Estado. En este sentido, fue el primer estadista que enarboló el principio de educación obligatoria y gratuita. Sostenía que la gratuidad debía ser sostenida por fondos recaudados con el producto de multas y confiscaciones o previendo la contribución de los pudientes para pagar a los maestros, a quienes siempre enaltece e idealiza, resaltando con gran sinceridad y convicción la función civilizadora y moral del docente.

Muchas liviandades e irrelevancia se han escrito sobre su vida privada. Basta decir que tuvo un hijo de su relación con María Ezcurra, que será adoptado por la familia Rosas, y crecerá con el nombre de Pedro Pablo Rosas y Belgrano. Más tarde en Mayo de 1819, de su amor con la joven tucumana María Dolores Helguera nació su hija Manuela Mónica Belgrano.

Difícilmente nos podamos sustraer  de la mejor opinión para finalizar esta breve reseña. Decía el General San Martín de nuestro ilustre patriota: «Belgrano es el más metódico de los que conozco en nuestra América, lleno de integridad y talento natural. No tendrá los conocimientos de un Moreau o un Bonaparte en punto a milicia, pero créame usted que es lo mejor que tenemos en América del Sud”. Moría, aquel 20 de junio de 1820, pobre y abandonado en su casa de la calle San Domingo (hoy Belgrano).

Creó la Bandera, y también fundó escuelas, repartió tierras, blandió la espada, impartió justicia, fue amigo leal y sincero, amó y fue amado. El Bicentenario de la patria lo encuentra incrustado en la memoria de su pueblo.

Prof. Juan Carlos Junio. Director del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini”.

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