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¿Hacia Donde Va el Cambio? Debates sobre el neoconservadurismo en el siglo XXI.

¿Hacia Donde Va el Cambio?

Debates sobre el neoconservadurismo en el siglo XXI.

¿Por qué decimos que volvieron los noventas y el neoliberalismo?

¿Por qué se dice que Macri gobierna para pocos?

Los invitamos a participar de este ciclo de encuentros para analizar las principales características del origen y los objetivos de las políticas del actual gobierno.

En: “La Comuna. El Bachín Teatro” Zavaleta 74 (Esq. Av. Caseros) CABA.

1º Encuentro: Miércoles 27 de julio 19hs.

-Cambio o retorno. Políticas del hoy y origen del neoliberalismo.

-”Ceocracia” o una nueva vieja forma de gobernar.

2º Encuentro: Viernes 29 de julio 19hs.

-¿Pobreza Cero? Un concepto para discutir.

-Educación ¿derecho o privilegio?

Organiza: Dpto de Historia del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini”.

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A diez años del No al ALCA

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-285364-2015-11-04.html

Una década después

Por Agustín Lewit *

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Decir que un ciclo histórico comienza en una fecha precisa supone, como mínimo, incurrir en un reduccionismo. No obstante, hay momentos en la historia que, por la intensidad y la forma en que se despliegan los hechos, se convierten en bisagras. Algo de ello sucedió con la IV Cumbre de las Américas celebrada en Mar del Plata, hace ya una década. Veamos.

Lo primero a decir es que aquella Cumbre debe ser vista como un acontecimiento en el significado más profundo del término; esto es, como un hecho –la suma de muchos, en realidad– que propició un corte, una torsión en el ciclo histórico de la región. En efecto, aquellos días de noviembre en la atlántica ciudad balnearia, lo que sólo pudo ser dimensionado con el transcurrir de los años, fueron testigos de un poder instituyente que expuso con toda claridad la dimensión fundacional de lo político. Allí, efectivamente, comenzó algo nuevo.

Y esa novedad supuso, antes que nada, dejar algo atrás. ¿Qué, concretamente? Un proyecto de alcance continental impulsado por EE.UU. –el ALCA– que buscaba convertir a América en una enorme zona de libre comercio subordinando el resto de las economías a sus intereses, y que, de concretarse, hubiese significado para el continente entero la coronación absoluta, bajo el liderazgo hegemónico norteamericano, de las pesadas décadas neoliberales y un reaseguro de la continuidad de ese costoso rumbo por varias décadas más.

Quienes se encargaron de frenar ese proyecto imperial, fueron un puñado de presidentes de los países del Mercosur –Néstor Kirchner, Lula da Silva, Tabaré Vázquez y Nicanor Duarte Frutos–, la mayoría de ellos críticos respecto al derrotero neoliberal y arribados al poder con llamativa sincronía, que decidieron acoplarse a la temprana resistencia del líder bolivariano Hugo Chávez, quien había mostrado ya un solitario desacuerdo al ALCA en la Cumbre de Quebec en 2001.

Toda esa inédita y potente convergencia de voluntades políticas, que terminó torciendo el deseo del gigante del Norte, se constituyó –para decirlo finalmente– en el puntapié inicial de la reconfiguración regional que vino tiempo después, la cual se cristalizó en el surgimiento de nuevas instancias de integración –el ALBA, la Unasur y la Celac–, surgidas de forma soberana y respondiendo a los intereses reales de los países latinoamericanos, y la reformulación de otras tantas, tales como la ampliación del Mercosur con la incorporación de Venezuela y Bolivia. Es decir: aún sin ser consciente del todo, aquel encuentro movido por la resistencia sembró las condiciones de posibilidad de aquello que llamamos un nuevo tiempo regional, que incluye, entre otras cosas, la emergencia de espacios sin precedentes de vinculación entre los países de la región.

Para ser justos, también hay que señalar que aquel punto de inflexión que constituyó el freno al ALCA –que, por lo demás, era en un sentido amplio un freno al neoliberalismo– venía expresándose con fuerza y de diferentes modos en distintos escenarios nacionales: el Caracazo en Venezuela, en 1989, el surgimiento del zapatismo en México, en 1994, las convulsionadas jornadas argentinas del 19 y 20 de diciembre de 2001 y la guerra del agua en Bolivia, sólo por nombrar los acontecimientos más conocidos, deben leerse, en tal sentido, como antecedentes de aquella gesta histórica transcurrida en Mar del Plata.

Ahora bien, así como sostenemos que la región se ha transformado profundamente en estos últimos diez años, evidenciando avances sociales, económicos, culturales e integracionistas de fuerte alcance, y que muchos de esos avances –sino todos– deben su origen a aquella osadía del 2005 capitaneada por Chávez, los peligros para la misma en absoluto se han acabado. No sólo porque EE.UU. no ha desistido de sus objetivos de imponer el libre comercio en la región –basta analizar la extensa lista de TLC’s que ha firmado con países como Colombia, Perú y Centroamérica y su impulso a la Alianza del Pacífico– sino porque los propios sectores conservadores de cada uno de los países inscriptos dentro del eje posneoliberal no cejan en sus deseos de retomar el poder sea por las vías que sea.

Tras varios años de acumulación y beneficios claros para las mayorías populares, con un contexto internacional, además, que aportaba condiciones importantes para esa recuperación y que ahora ya no tanto, el escenario se presenta hoy cuanto menos complicado. Sin caer en tremendismos, empezamos a abandonar la década ganada para adentrarnos sin respiro a una década que –anticipándonos– podríamos llamar en disputa. En ese porvenir, recordar aquellos días de noviembre de 2005 resulta fundamental para continuar, como dijo Chávez ante un estadio mundialista colmado, “no sólo con la tarea de seguir enterrando al neoliberalismo, sino empezar a parir una nueva historia”.

* Cocoordinador del libro Del no al Alca a Unasur.

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Argentina: un balotaje crucial para América Latina

http://www.atilioboron.com.ar/2015/10/argentina-un-balotaje-crucial-para.html

Por Atilio Boron

El resultado de las elecciones del pasado domingo no fue un rayo en un día sereno. Un difuso pero penetrante malestar social se había ido instalando en la sociedad al compás de la crisis general del capitalismo, las restricciones económicas que impone a la Argentina el agotamiento del boom de las commodities y la tenaz ofensiva mediática encaminada a desestabilizar al gobierno. Era, por lo tanto, apenas cuestión de tiempo que esta situación se expresara en el terreno electoral. Ya las PASO (elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias) celebradas el 9 de Agosto habían sido una voz de alarma, pero no fue escuchada y analizada por el oficialismo con la rigurosidad requerida por las circunstancias. Prevaleció una actitud que para utilizar un término benévolo podríamos calificar como “negacionista”, gracias a la cual la autocrítica y la posibilidad de introducir correctivos  estuvieron ausentes, con las consecuencias que hoy estamos lamentando.

Me ceñiré, en este breve análisis, a algunos aspectos más relacionados con la estrategia y la táctica de la lucha política adoptadas por el Frente para la Victoria en los últimos meses. Dejo para otro momento la realización de un balance de la experiencia kirchnerista en su integralidad y con sus múltiples  contradicciones: asignación universal por hijo y concentración empresarial; extensión del régimen jubilatorio y regresividad tributaria; desarrollo científico y tecnológico (ARSAT I y II, etcétera) y sojización de la agricultura; orientación latinoamericanista de la política exterior y extranjerización de la economía. Algo he dicho al respecto en el pasado y no viene al caso reiterarlo en esta ocasión. Volveré sobre este tema en un escrito futuro, sin el apremio del momento actual. Tampoco me referiré, por ejemplo, a cuestiones que remiten a un arco temporal que trasciende la actual coyuntura electoral, como por ejemplo la llamativa ineptitud para construir un sujeto político y hacer de “Unidos y Organizados” una verdadera fuerza plural y frentista y no un cascarón vacío cuya única misión fue apoyar, sin ninguna eficacia práctica, las medidas del gobierno. O a la asombrosa  incapacidad para preparar, al cabo de doce años de gobierno, un liderazgo de recambio que no fuera Daniel Scioli, un político nacido del riñón del menemismo. O a la suicida actitud, seguida hasta hace unos pocos meses, de descalificar y hasta ridiculizar a quien, al final del camino, era el único candidato con el que contaba el kirchnerismo a la hora de enfrentar la riesgosa sucesión presidencial. Es decir, se vapuleó a una figura, contra la cual no se ahorraron ninguna clase de ofensas y humillaciones, sin percibir, en la alegre ofuscación de los cortesanos del poder, que era la única carta con la que contaban y que poco después deberían vergonzosamente aferrarse a ella, cual clavo ardiente, en una desesperada tentativa por salvar “el proyecto”. Dejo a la imaginación de los lectores la calificación de esta actitud.
Más cercano en el tiempo se cometieron varios errores de estrategia política de incalculables proyecciones: para comenzar, la decisión de no apoyar a Martín Lousteau en el balotaje por la jefatura de gobierno de la ciudad de Buenos Aires en contra de Horacio Rodríguez Larreta, el delfín de quien hoy aparece como el probable verdugo del kirchnerismo. De haberse actuado de esa manera, dejando de lado un absurdo fundamentalismo, el macrismo habría perdido la ciudad de Buenos Aires y se le habría propinado un golpe -si no mortal, al menos demoledor- a la candidatura presidencial de Mauricio Macri. Esta ofuscación del FPV, de la cual participaron desde la Casa Rosada hasta el último militante, fue una bendición para la derecha ya que le permitió nada menos que conservar en su poder a la ciudad de Buenos Aires y salvar el futuro de su principal espada política. Pocos casos de miopía política pueden igualarse a este.
Pero la carrera de errores no se detuvo allí. Con la intención de salvaguardar la pureza ideológica de la fórmula kirchnerista, y ante la desconfianza suscitada por Daniel Scioli y su sinuosa trayectoria política no se tuvo mejor idea que proponer como candidato a vicepresidente a Carlos Zannini. Al optar por el Secretario Legal y Técnico de la Presidencia se configuró una fórmula “kirchnerista pura”, buena para aplacar la ansiedad de los propios pero absolutamente  incapaz de captar un solo voto por fuera del universo político del kirchnerismo. Esta decisión pasó olímpicamente por alto todo lo que enseñan los manuales de la sociología electoral, que dicen que para obtener una mayoría hay que presentar una oferta política capaz de atraer la voluntad no sólo de los ya convencidos -el núcleo duro de una fuerza partidaria- sino también de quienes podrían ser atraídos por otras razones: rechazo a las fuerzas anti-kirchneristas, cálculo oportunista o tendencia a “votar a ganador”, entre muchas otras. Pero la fórmula Scioli-Zannini cerraba todas estas puertas, como se comprobó el pasado domingo y se quedaba enclaustrada en el voto kirchnerista, importante para insuficiente para obtener la diferencia que hubiera evitado el temido balotaje.
A lo anterior se agregó otro yerro inexplicable: el empecinamiento en proponer como candidato a la gobernación de la crucial provincia de Buenos Aires, que con casi el 38 % del padrón nacional es la madre de todas las batallas políticas en la Argentina, al Jefe de Gabinete de Ministros de la Presidenta Cristina Fernández, Aníbal Fernández. Este fue víctima de una tenaz e inmoral campaña de desprestigio que lo convirtió en el personaje con mayor imagen negativa de la provincia. Pese a ello se insistió tercamente en una candidatura que solo representaba a los propios y que perdía por completo de vista el complejo panorama electoral de la provincia. El resultado fue una derrota inapelable a manos de una candidata opositora, María Eugenia Vidal, que carecía por completo de experiencia en ese distrito ya que se había desempeñado en los últimos ocho años como Vice Jefa de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, acompañando a Mauricio Macri. Justo es reconocer que en esta derrota existen responsabilidades concurrentes: la mala imagen de Fernández se articuló con la pobre gestión de Scioli en la provincia. Si esta hubiera sido algo mejor Vidal no podría haberse alzado con la gobernación. Por ejemplo, si en lugar de dotar a la provincia con los tan publicitados 85.000 nuevos policías el gobernador saliente hubiera designado una cifra igual de nuevos maestros seguramente otro habría sido el resultado. En todo caso, cuesta entender las razones del tan pernicioso como costoso empecinamiento en sostener una candidatura como la de Fernández en esas circunstancias.
Por último, en este breve racconto, otro error fue la decisión de hacer que Scioli desplegase una campaña en la cual fuera lo más parecido posible a Cristina y cuyo eje central fuese la cerrada defensa de la gestión presidencial, sin ninguna proyección a futuro. Contra quienes proponían como slogan el cambio -de ahí el nombre de la alianza derechista: “Cambiemos”-  o quien como Macri demagógicamente exaltaba la “revolución de la alegría”, Scioli aparecía como un político triste y  titubeante, a la defensiva, e históricamente maltratado por la presidenta y su entorno, debilitado por las críticas recibidas desde la Casa Rosada, la Cámpora, Carta Abierta y con un libreto que lo condenaba a posicionarse como un acérrimo defensor del “proyecto”, sin la menor posibilidad de aludir a todo lo que faltaba hacer en el mismo, como una reforma tributaria integral, la estatización del comercio exterior y la implementación de una heterodoxa política antiinflacionaria que evitase la licuación de una parte nada desdeñable de la cuantiosa inversión social del gobierno de Cristina Fernández. Los resultados están a la vista.
Habría otras cuestiones por señalar, como el faltazo ante el debate con los otros candidatos presidenciales, que lo disminuyó aún más antes los ojos de la opinión pública y el oportunista anuncio, hecho sobre la hora, de duplicar el piso salarial para el impuesto a las ganancias, algo que el gobierno nacional tendría que haber hecho hace mucho. En todo caso, parecería que ciertos cambios habidos en la estructura social argentina y en el clima cultural imperante en el país, fuertemente semantizados por el terrorismo mediático lanzado por la derecha; cambios producidos precisamente por las políticas de inclusión social del gobierno de CF, no operaron en la dirección de otorgarle mayor sustentabilidad al proyecto sino todo lo contrario, en línea con tendencias ya observadas en países como Brasil, Bolivia, Ecuador y Venezuela y que es incomprensible que hubieran sido pasadas por alto en la Argentina. No necesariamente los sectores populares que mejoran su situación socioeconómica y cultural gracias a la acción de los gobiernos progresistas y de izquierda luego lo recompensan con su voto, y en la Argentina del pasado domingo esto fue muy elocuente. Hace tiempo que hemos venido advirtiendo que, ante la ausencia de una sistemática labor concientizadora y de formación ideológica –la célebre “batalla de ideas” de Fidel- el boom de consumo no crea hegemonía política sino que termina engrosando las filas de los partidos de la derecha.
Dado lo anterior, revertir lo ocurrido en la primera vuelta electoral aparece como una empresa muy difícil aunque no imposible. Habrá que intentarlo, para evitar que la Argentina sea la punta de lanza de un proceso que, ahora sí, podría ser el inicio del “fin de ciclo” progresista en la región, algo que hasta hace unos pocos días parecía poco probable. De hecho, si el candidato del kirchnerismo es derrotado en el balotaje sería la primera vez que un gobierno progresista o de izquierda es vencido en las urnas desde el triunfo inaugural de Hugo Chávez en diciembre de 1998. Hasta ahora, todos esos gobiernos fueron ratificados en las urnas y sería lamentable que la Argentina rompiera con esa positiva tendencia. Tenemos una responsabilidad regional de la cual no podemos sustraernos: una victoria de Macri sería un golpe mortal para la UNASUR, la CELAC y el mismo Mercosur. Además, la Argentina se realinearía incondicionalmente con el imperio y este redoblaría su ofensiva en contra de los gobiernos bolivarianos, cada vez más privados de apoyos externos. Como latinoamericano y marxista no puedo ser indiferente ante la amenaza que representa un eventual gobierno de Macri que se uniría de inmediato a Álvaro Uribe, José M. Aznar y sus mentores norteamericanos en su pertinaz cruzada para erradicar de la faz de la tierra al chavismo, a los gobiernos de Evo y Correa y para propiciar el “cambio de régimen” en Cuba. Es decir, para liquidar definitivamente todo rastro de antiimperialismo en América Latina. Nadie situado genuinamente en la izquierda política podría contemplar distraídamente esta posibilidad ni dejar de hacerse cargo de enfrentarla con todas sus fuerzas. Desgraciadamente, llegados a este punto, no tenemos mejores opciones que la de apoyar al FPV para aventar el riesgo de un mal mayor, sabiendo empero que si lográsemos triunfar en este empeño tendríamos que darnos de inmediato a la tarea de construir una verdadera alternativa política de izquierda porque el kirchnerismo, con sus aciertos, sus errores y sus limitaciones ideológicas, no lo es y no puede serlo.
¿Podrá Scioli doblegar a su contrincante en el balotaje? Dependerá de cómo diseñe su estrategia de campaña para estas semanas. Los dos debates con Macri pueden ser la llave del triunfo, si es capaz de pasar a la ofensiva y demostrar que tras la vaguedad discursiva de su oponente se esconde un brutal programa de ajuste. Pero no le bastará con eso. Tendrá también que dejar de circunscribir su discurso a la defensa de la obra del kirchnerismo (algo para lo cual la presidenta Cristina Fernández no necesita ayuda porque lo hace infinitamente mejor que él), definir nuevas prioridades y salir con propuestas concretas en materia económica, social, cultural e internacional que le permitan persuadir a la opinión pública que podrá ser el presidente que comience a hacer todo aquello que el kirchnerismo, en otros momentos, reconocía que aún restaba por hacer y no hizo. Y que lo diga con convicción, sin pedirle permiso a nadie ni esperar la palmadita afectuosa de la Casa Rosada. Es una tarea difícil pero no imposible. Enfrente suyo no tiene a un De Gaulle o un Churchill sino a un insulso producto de un astuto marketing político, apoyado por el aparato publicitario de la derecha imperial. Difícil, repito, pero lejos de ser imposible. Ojalá que le vaya bien porque, aunque algunos se empeñen en negarlo, en este balotaje también se juega el futuro de los procesos emancipatorios y de las luchas antiimperialistas en América Latina.
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MALVINAS - De la derecha nacionalista a la izquierda antiimperialista - Gabi Nacht con Pablo Caruso

Malvinas - De la derecha nacionalista a la izquierda antiimperialista.

Columna semanal de historia en Que vuelvan las ideas AM750 Lu a Vie 18:00 hs

Para escuchar hacé CLIC ACÁ Parte 1, y CLIC ACÁ Parte 2

Con @Gabinacht, @carusopablo y @Luispa0

malvinas

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CRISTINA, PERÓN, ALFONSÍN, REPÚBLICAS Y DEMOCRACIAS - Columna semanal de historia en Que vuelvan las ideas AM750 Lu a Vie 18:00 hs – Gabi Nacht con Pablo Caruso y Luispa Giniger

.Analizamos el discurso de Cristina del 1º de marzo en la apertura de sesiones ordinarias del Congreso nacional.

Para escuchar hacé CLIC ACÁ Parte 1, y CLIC ACÁ Parte 2

Con @Gabinacht@carusopablo@Luispa0

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