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Makandal, el profeta de la libertad (parte II).

            Poco se sabe de los orígenes de este legendario personaje, pero algunas fuentes aseguran que nació en Guinea, en el seno de una familia tradicional, que le dio desde pequeño una importante formación religiosa musulmana e intelectual. Como muchos africanos, siendo muy joven, François Makandal,  fue apresado en un guerra fraticida, y vendido por sus enemigos tribales a los “civilizados” hombres blancos que se dedicaban al negocio de la trata negrera.

Luego de sufrir el periplo trasatlántico, arribo a Saint Domingue donde nuevamente fue vendido a un acaudalado terrateniente del norte y puesto a trabajar como esclavo en una de las plantaciones más importantes de la colonia. Al igual que el resto de los cautivos, vivió en carne propia las crueldades del sistema esclavista, padeciendo las permanentes torturas de los señores y llegando a sufrir la amputación del antebrazo en un accidente laboral. Aproximadamente para el año 1750, harto de humillaciones y luego de pelearse con su amo, Makandal se dio a la fuga, comenzando así, su larga y revoltosa trayectoria  como cimarrón en las regiones selváticas  de la Isla.[1] Lejos de optar por una vida apacible y de buscar reconstruir en la colonia el tradicional mundo africano como habían intentado otros cimarrones, Mackandal inició la conformación de un movimiento clandestino, cuyo objetivo ultimo y global, era  derrocar el poder de la casta dominante y terminar con la esclavitud en la Isla.[2]  En poco tiempo, gracias a sus dotes de líder, como eximio orador, valiente  luchador y profeta religioso vodu, Makandal junto a sus lugartenientes  Mayombé y Teysselo logró dar vida a una vasta comunidad cimarrona y a una red secreta  que fue creciendo en numero y abarcando amplias zonas de la región norte de la Isla. A su vez, debido a los conocimientos del líder en el uso de yerbas medicinales, el movimiento adopto como metodología de lucha, para socavar el poder colonial, el envenenamiento sistemático de los amos.

            Como señala Carolyn Fick, lo mas interesante del movimiento rebelde  liderado por Makandal es que representó, un importante giro en la historia de la resistencia de los esclavos en Saint Domingue  y un avance cualitativo en la conciencia de lucha de estos sectores. Así, en su opinión, la originalidad de éste radicó en su novedosa ideología y práctica política, ya  que, a diferencia de sus predecesores, no buscó conformar una comunidad libre, tradicional y afrocentrada como alternativa resistente a la esclavitud, sino que articulando  los elementos sincréticos contra-culturales del vodu, del cimarronaje y la resistencia cotidiana de los esclavos en las plantaciones, se propuso la destrucción total y absoluta del sistema esclavista y de la casta dominante[3]. En sus discursos frente a los esclavos y fugitivos, Makandal, “jugando” con tres pañuelos: uno amarrillo, otro blanco y negro, solía explicar con claridad pedagógica su proyecto político. Moreau de Saint Mery nos relata la escena. “He aquí –dijo- (mostrando el pañuelo amarillo) los primeros habitantes de Saint Domingue eran amarillos. He aquí los habitantes actuales y enseño el pañuelo blanco. He aquí, en fin, los que serán dueños de la Isla; era, el pañuelo negro[4] Makandal apostaba de esta manera a un proyecto emancipatorio universal y revolucionario (frente al anterior cimarrón/resistente/restauracionista), que redefiniera radicalmente el paisaje social político y económico de la colonia, su metodología era el veneno y hasta había planeado contaminar las fuentes de agua de Moreau de Saint Mery, para alcanzar su objetivo.

            El movimiento operó activamente aproximadamente desde 1752 hasta 1758, año en el que fue finalmente desarticulado. El número de integrantes superaba ampliamente el centenar, y entre ellos se encontraban cimarrones, esclavos de las plantaciones, domésticos y hasta negros libertos, en una rica y compleja alianza que permitía aunar esfuerzos, aprovechar las fisuras del sistema esclavista y golpear a los amos allí donde menos se los esperaban, en sus propios hogares. Los primeros años fueron de organización y las acciones individuales pasaron desapercibidas, pero con el correr del tiempo estas fueron incrementando y generalizándose, por toda la colonia, hasta que la casta dominante, empezó a notar que algo no andaba bien, que no era común la repentina plaga de envenenamientos. Los años 1757 y 1758, fueron los más trágicos para los blancos, con fuertes  brotes mortales en  ciudades claves como Port au Prince, le Cape Français y Fort Dauphin, propiciando un terror generalizado entre los amos y las autoridades coloniales, quienes, aunque apresaban, torturaban y ejecutaban a sus esclavos sospechosos, no lograban asestar el golpe definitivo que diera muerte a la hidra de mil cabezas, que  desde las tinieblas los acosaba[5]. Justamente, el terror, era uno de los objetivos claves del movimiento de Makandal, una de las herramientas principales de los cautivos, la posibilidad de demostrarles a los blancos, que a pesar de creerse amos y señores de la Isla, su poder era endeble y en última instancia se apoyaba, en un terreno fangoso, la aceptación pasiva de los esclavos. Una vez rota ésta, todo era posible, los amos vivían rodeados de enemigos y en los años 1757-1578, como nunca antes, éstos tuvieron clara conciencia del peligro real que eso significaba.

            A pesar de ello, como ya adelantamos el movimiento rebelde finalmente fracasó. El cimarrón, fue apresado en 1757, cuando bailaba en una calinda con sus hermanos y de ahí en más siguieron una serie de arrestos que con el tiempo lograron desarticular y dar por tierra con la organización clandestina que asolaba la Isla. Makandal, en un primer momento, logró romper las cadenas que  nuevamente lo aprisionaban y consiguió escapar a la selva sin embargo su suerte ya estaba echada y luego de una intensa búsqueda policial fue recapturado y ahora si, condenado a pagar sus pecados en la  hoguera. Pero Makandal, el místico,  se resistía a morir, él mismo les  había dicho  infinidades de veces a sus seguidores que era inmortal, que los blancos nunca podrían apresarlo y que de hacerlo, reviviría metamorfoseado en un animal mágico que continuaría eternamente la lucha hasta conseguir la definitiva libertad de los esclavos. Así el 20 de enero de 1758, el día de su ejecución ocurrió un hecho legendario que dejó atónitos a los blancos y cautivos, que habían sido convocados, para presenciar la ejemplar muerte del indómito cimarrón. Al prenderse la hoguera, este, estalló en furia, rompió las sogas y con un alarido se abalanzó sobre el público blanco. Cundió el pánico, pero finalmente el control fue restablecido y él condenado quemado vivo. Muerto al fin, habrán pensado los amos. Para los cautivos, la historia fue muy distinta, Makandal, con su última demostración de lucha, se había metamorfoseado, convertido, en un mártir inmortal, el cimarrón eterno, que con su coraje y su fe religiosa había sembrado los gérmenes de la libertad. Semillas que terminarían de brotar el 22 de Agosto de 1791, cuando miles de esclavos decidieron seguir su ejemplo y  emprender el camino definitivo hacia  la emancipación universal.[6]

 

Juan Francisco Martínez Peria

Invest. CCC

 

 


[1] Carolyn Fick , The Making of Haití , Ed University of Teneasse Press, Knoxville , 2006 ,pg 60 , José Luciano Franco , “Historia de la Revolución de Haití” ,Editora Nacional , Santo Domingo , pg 170 ,  CLR James , “The Black Jacobins” , Ed  Vintage ,New York , 1989 ,pg 20 ,Laurent Dubois , op cit , pgs 51,52.

[2] Carolyn Fick, op cit , pgs 61,62  ,  José Luciano Franco , op cit ,pg 171 ,CLR James ,op cit ,pg 20

[3] Carolyn Fick ,op cit , pg  61 ,62.

[4] Moreau de Saint Mery citado por Jose L.Franco , op cit , pg 171.

[5] Carolyn Fick , op cit , pgs  63-71

[6] Jose L .Franco , op cit  pg 172

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