Notas con la etiqueta ‘Quito’

Ensayo sobre quienes fueron los verdaderos protagonistas de nuestra independencia y como interpretamos su legado. (Parte III)

Por: Alejandro Pisnoy.

Prof./Invest. CCC

La Gran Colombia. La Constante presión  

 

Lo que fue la Gran Colombia (lo que hoy en día comprende los países de Ecuador, Colombia y Venezuela), hoy es parte de la zona más caliente de nuestro continente. La presencia y presión de los EE.UU. en la región, más precisamente lo que es hoy  territorio de Colombia, estuvo a punto de llevar a la guerra a dos pueblo hermanos, como se sienten los habitantes de ambos países, que muy concientes de ello permitió a un presidente entrante como Juan Santos en Colombia, reemplazando a Álvaro Uribe[1] (principal impulsor de este enfrentamiento), y Hugo Chávez, más el apoyo de toda la región para que este enfrentamiento no se produjera, marcó un hito en el continente, ya que esta vez para resolver el problema no se recurrió a la pronunciación de la O.E.A, ni de los EE.UU. El mensaje de aquella “Patria Grande” por la que lucharon S. Bolívar, J. Sucre y M. Sáenz, pareció haber pesado en la sabia decisión.

 

En Nueva Granada (Colombia y Ecuador) y Venezuela el camino a la emancipación deja de lado en sus comienzos, a las clases populares, en algunos casos las autoridades coloniales lograron utilizarlas en su favor para evitar la formación de un gobierno criollo encabezado por la elite local.

En Venezuela los grandes plantadores mantuanos que controlaban la Corté Suprema, buscaban declarar la independencia; entre los que se encontraban Simón Bolívar y Andrés Bello entre otros; y que junto a F. de Miranda y otros diputados lograron firmar a fines de 1811 la Constitución que daba el nacimiento a la I República. Esta firma reconoció a la religión católica como oficial, además de abolir la trata de esclavos, los títulos nobiliarios y el régimen de castas para establecer la igualdad legal[2].

Quien sí contó con el apoyo indígena fue el gobernador realista Tomás Acosta en Santa Marta, ya que el resto de las provincias de Nueva Granda (Cartagena y Santa Fe entre otras), al igual que en Venezuela estaban controladas por los grandes propietarios criollos; Acosta logro disolver la Junta criolla tomando represalias comerciales con Cartagena[3]. Algo similar ocurrió en la provincia de Popayán donde el gobernador español Miguel Tacón disolvió la junta criolla, luego avanzó hacia Calí ofreciendo la libertad a los esclavos para que se sumen al ejercito realista, al no poder cumplir con esta promesa dada la resistencia de los criollos fue expulsado. Lograr la libertad de los esclavos hubiese alterado la economía minera de la región de Antioquia y de hacienda del Valle del Cauca, dependientes del trabajo esclavo.

En Quito se da un hecho poco normal durante la colonia, el obispo criollo José Cuero y Caicedo se opuso al colonialismo asumiendo un papel relevante en la región, siendo designado presidente del Estado de Quito donde tuvo que enfrentarse al ejército realista y para lo cual contó con el apoyo de los indígenas.

           

            A partir de 1816 Bolívar comenzará a articular e integrar la lucha por la independencia con las reivindicaciones sociales; de esta manera “la guerra independentista en Venezuela transitó de un movimiento exclusivamente mantuano a una revolución con amplio apoyo de masas”. [4] La marcha comenzó hacia la zona oriental del país, marcando desde el comienzo el carácter social que tendría esta etapa de la independencia, contando con el apoyo e incorporación a los ejércitos de campesinos, llaneros y esclavos.



[1]Los pueblos de Nuestra América […] recibieron con estupor, el 1 de marzo de 2008, la noticia de que Fuerzas Armadas colombiana habían abatido un contingente de las FARC-EP en Angostura, territorio ecuatoriano. La información cobro importancia, además, porque entre los muertos se encontraba Raúl Reyes…” En: M. Vallejo y H. López. El ataque de Colombia en territorio ecuatoriano. Detrás de las palabra y los hechos. Ed. CCC. Buenos Aires 2009.

[2] “El proceso emancipador en Nueva Granada […] tuvo otro talón de Aquiles en la lucha fraticida que envolvió a sus provincias, limitó la participación popular, impidió la unidad patriota y la consolidación de la independencia durante el período que la historiografía tradicional ha denominado “la Patria Boba””. En: Guerra Vilaboy, S. Op. Cit. pg. 62.

[3] La economía de Cartagena, en particular, como las demás provincias del litoral atlántico tenían una economía abierta al exterior, que permitió el ascenso de los terratenientes utilizando mano de obra esclava para la producción de azúcar, algodón y cueros.

            En la región del altiplano oriental (Santa Fe, y Socorro entre otras) predominaba la economía agrícola y artesanal, donde el trabajo era realizado por campesinos indígenas en favor de los grandes terratenientes.       

[4] Guerra Vilaboy, S. Op. Cit. pg.159.

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Ensayo sobre quienes fueron los verdaderos protagonistas de nuestra independencia y como interpretamos su legado. (Parte II)

Por: Alejandro Pisnoy. Prof./Invest. CCC

 

México. 200 años de “tierra y libertad”

 

La lucha indígena campesina en México es actualmente reconocida, ya que desde 1994 el EZLN (Ejercito Zapatista de Liberación Nacional) descendió desde las montañas en el sur del país, más precisamente en el Estado de Chiapas para denunciar al “mal gobierno” y reclamar las tierras que le pertenecen a los verdaderos dueños de la tierra. Organizados a partir de siete caracoles (regiones administrativas) impulsaron en cada uno de ellos el trabajo agrícola, su propia producción de alimentos y medicinas, y la educación para cada uno de los zapatistas. Su principal arma es la palabra, muy diferente a la que la mayoría de los medios de comunicación quiere presentar, sumando a esto la permanente represión por parte del ejército, ya que cabe aclarar, que cerca de cada caracol hay establecido un regimiento.

La resistencia y lucha zapatista tiene su origen en los líderes de la Revolución llevada adelante por indígenas y campesinos en 1910, encabezada por Emiliano Zapata y Pancho Villa, en el sur y en el norte del país respectivamente, dicha revolución se basó en la libertad y  distribución de la tierra en manos a los que verdaderamente la trabajan.

 

La revolución de 1910 fue la segunda revolución importante de este país, ya que la primera fue 100 años antes, cuando México todavía era parte del virreinato de Nueva España, pero el reclamo era el mismo, devolver la tierra a sus verdaderos dueños; es por esto, sumado al  aumento de precio del maíz, que encabezados por el cura Miguel Hidalgo, mineros, campesinos pobres, peones e indígenas se transformaron en los principales impulsores de la revolución; desde el norte comenzaron a avanzar hacia el centro del país, sumando aliados a su paso, lograron derrotar al ejército realista y firmar la abolición de la esclavitud y el tributo.

A diferencia del norte, el sur de México era menos poblado, pero con las mismas convicciones y mejor armados. Encabezados, al igual que en el norte por un cura, José María Morelos, peones y rancheros indígenas, mestizos y trabajadores negros iniciaron el camino de la insurrección de los marginados en esta región. Sin dejar de lado el respeto por la religión católica, al igual que Hidalgo, Morelos junto a sus hombres se pronuncian a favor de la soberanía popular, recuperar las tierras, el libre comercio y proclamar la independencia.

Las grandes luchas sociales, tanto del norte como del sur, se vieron atrapadas por el conformismo criollo de las metrópolis que sólo apoyaba, y se conformaba, con la independencia, pero no con el programa revolucionario. Pero las luchas populares volvieron a ser importantes, sobre todo en el sur, a partir de la denominada “Junta de La Balsa”, encabezada por Vicente Guerrero y “el indio”, Pedro Asencio de Alquisiras; que ante tan fuerte resistencia, e incasables intentos, las fuerzas realistas tuvieron que pactar, es por ellos que se firma el Plan de Iguala el 24 de febrero de 1821 y que fue conocido porque garantizo la religión, la unidad y la independencia.

 

Centroamérica. De las ideas posibles a la violencia        

 

La violencia es algo cotidiano en Centroamérica por estos días, sea de carácter social o estatal, con una fuerte influencia de los EE.UU. y una mirada constante hacia el norte por parte de sus habitantes, lejos parecen estar aquellos ideales de resistencia cuando unos 100 años atrás Augusto C. Sandino, Farabundo Martí o Antonio O. Sánchez, lideraron movimientos obreros, campesinos e indígenas en protesta y resistencia a la explotación de las empresas norteamericanas.

 

En la Capitanía General de Guatemala se encontraba la mayor población de indígenas que tributaban al sistema colonial, la organización productiva era muy similar a la del sur del Virreinato de Nueva España, como así también la influencia que causó la revolución encabezada por Morelos e Hidalgo. Es por ellos que los indígenas junto a intelectuales liberales, algunos pequeños comerciantes y algunos criollos pertenecientes a las clases más populares, encabezaron las principales protestas y conspiraciones, pero éstas no lograron alcanzar el nivel de las que se produjeron más al norte, ni el resto del continente, por lo que tampoco lograron alterar el viejo y establecido orden colonial.

            De hecho cuando se convoco al cabildo en septiembre de 1821, éste estaba compuesto por notables y grandes propietarios apoyados por las autoridades españolas. Pero la manifestación popular reclamaba “independencia o muerte”, es por esto que la aristocracia no tuvo alternativa y convocó a un congreso en donde participaran todas la provincias de Centro América, en el mismo se declaró el libre comercio, el respeto a los bienes de la iglesia y se delegó el poder a una Junta Provisional Gubernativa que fue presidida por el Gral. Gabino Gainza, el mismo que había convocado al cabildo a notables y propietarios, con el título de “jefe político y supremo de las provincias de Centro América”.

            En desacuerdo con esta decisión, encabezados por el cura Delgado, el pueblo salvadoreño organizo una gran resistencia y proclamo su independencia en enero de 1822, tanto de España como de México y abolieron la esclavitud, base fundamental en la economía de esta región. Hecho que se repitió en Nicaragua cuando el pueblo, encabezado por Cleto Ordóñez, se reveló frente a los realistas en Granada, proclamando un gobierno basado en la igualdad y republicano el 16 de enero de 1823.

            Estos acontecimientos lograron que México decidiera que Centro América mismo defina su destino. Se convocó a un congreso que proclamó la eliminación de títulos, la igualdad entre los ciudadanos, la independencia y la creación, el 22 de noviembre de 1824, de la Federación de Centro América.  

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Ensayo sobre quienes fueron los verdaderos protagonistas de nuestra independencia y como interpretamos su legado. (Parte I)

Por: Alejandro Pisnoy. Prof./Invest. CCC

 

“En las entrañas de mi patria entraba la punta asesina hiriendo las tierras sagradas. La sangre quemante caía de silencio en silencio, abajo, hacia donde está la semilla esperando la primavera. Más hondo caía esta sangre. Hasta las raíces caía. Hacia los muertos caía. Hacia los que iban a nacer”.[1] 

 

Es innegable el papel fundamental que jugaron en la etapa de la emancipación americana hombres como Francisco de Miranda, J. De San Martín, Simón Bolivar, Manuel Belgrano, José A. Sucre y Bernardo O´Higgins por nombrar algunos de ellos resaltados por la historia clásica o académica, pero sin destacar la importancia de su gesta o idea de emancipación y unidad del continente. Otros hombres “olvidados, o menospreciados”,  que también lucharon por la libertad del continente fueron José G. Artigas, Mariano Moreno, Juan J. Castelli, y hasta el propio y el más ideólogo revolucionario de la independencia, Bernardo de Monteagudo; claro que faltan nombrar a muchos más. Hoy podemos vislumbrar que estos hombres y sus ideales fueron dejados de lado, qué lugar ocupan los pueblos originarios, los negros (inclusive en situación de esclavitud) y los criollos que pertenecían a las clases más populares, en esta parte de la historia; teniendo en cuenta, la gran influencia y el camino que marcó para ésta gran emancipación continental la independencia de Haití, la primera independencia del continente (1 de enero de 1804), es decir, la victoria de los esclavos frente al ejército napoleónico.

En el párrafo anterior sólo mencionamos a algunos de los hombres y pueblos, dejados de lado por la historia tradicional, que lucharon por la independencia, pero mucho más olvidado, menospreciado y mal interpretado es el papel que tuvieron las mujeres en la lucha por la libertad de nuestro continente. Juana Azurduy en el Alto Perú; Manuela Sáenz quien lucho junto y desde muy joven, junto a Bolívar y Sucre; Javiera Carrera en Chile; Josefa Ortiz y Leona Vicario en México entre otras. Hoy en día poco reconocidas, hecho que no fue así en aquel momento, ya que pensadores como Monteagudo entre otros, reconocieron el papel fundamental de ellas en la lucha “… Americanas: os ruego por la patria que desea ser libre, imiteís estos ejemplos de heroísmo y coadyuvéis a esta obra con vuestros hijos; mostrad el interés que tenéis en la suerte futura de vuestros hijos, que sin duda serán desgraciados si la América no es libre […] viva la exclamación que hacía en nuestra época una peruana sensible ¡¡¡libertad, libertad sagrada, yo seguiré tus pasos hasta el sepulcro mismo!!! y al lado de los héroes de la patria mostrará el bello sexo de la América del Sud el interés con que desea expirar el último tirano, o rendir el supremo aliento antes que ver frustrado el voto de las almas fuertes”[2]   

 

En casi todos los territorios que se decían pertenecer a España, el camino a la emancipación se desarrollo en dos etapas, la primera desde 1808 hasta 1816; y la segunda desde 1816 hasta 1826. La primera etapa, se caracterizó por la formación de juntas de gobierno dominadas por la elite criolla que en algunos casos pretendía separarse de España, pero sin alterar la estructura socioeconómica que se venía desarrollando[3]. Paralelamente se produjeron rebeliones armadas de las clases más populares, en algunos casos organizadas, y en otros, más espontáneas, con falta de coordinación y diferentes estrategias, éstas se desarrollaron en las principales ciudades de la colonia (México, Venezuela, Nueva Granada, Quito, Alto Perú, Río de la Plata y Chile), con mayor o menor presencia de personas en alguna de ellas durante esta primera etapa, el objetivo era liberarse de la explotación española, pero sin caer en la explotación de la elite local[4].

La etapa que va desde 1816 hasta el Congreso de Panamá convocado por Bolivar en 1826 se caracterizó fundamentalmente porque las colonias españolas y portuguesas logran la liberación definitiva (excepto Cuba y Puerto Rico) luego de la derrota del ejército realista a manos del ejército comandado por el Mariscal Antonio J. De Sucre en Ayacucho, derrota que impuso la firma de la capitulación definitiva por parte de España. En esta etapa además, las guerrillas populares y campesinas jugaron un papel fundamental, más aún que en la primera etapa, que fue el de apoyar y auxiliar permanentemente a los ejércitos libertadores.



[1] Pablo Neruda. “El Empalado”.

[2] Monteagudo, B. Horizontes políticos. Ed. Aterramar. Bs. As. 2008. pg. 34   

[3] “…para este sector aristocrático, puesto a la cabeza de la lucha, la independencia era concebida como un conflicto en dos frentes: “hacia arriba”, contra la metrópoli y “hacia abajo”, para impedir las reivindicaciones populares y cualquier alteración del statu quo…”. En: Guerra Vilaboy, Sergio. El dilema de la independencia. Ed. Ciencias Sociales. La Habana. 2007. pg. 26.  

[4] “La Pobre participación popular en esta etapa de la guerra emancipadora, el exagerado papel atribuido a las ciudades en la estrategia militar, el carácter fragmentario y local de los gobiernos criollos y sus múltiples contradicciones intestinas (centralistas y federalistas, republicanos y monárquicos, radicales y moderados) fueron los elementos principales que llevaron al fracaso, de los principales focos de la insurrección, entre 1814 y 1815”.  En: Guerra Vilaboy, S. Op. Cit. pg. 28.

 

 

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La Mano Negra del Norte

Breve informe del historiador ecuatoriano Jorge Nuñez sobre el intento de Golpe de Estado al presidente Rafael Correa

Los golpistas son un grupúsculo de policías manipulado por políticos de ultraderecha, liderados por el ex-Presidente coronel Lucio Gutiérrez. Lo comprobamos temprano en la noche, cuando estuvimos con Jenny en el edificio de los Medios Públicos (TV, Radio, Diario El Telégrafo), donde ella había sido invitada para una entrevista. Pues bien, llegaron unas 80 personas, muchas de ellas encapuchadas, y atacaron el edificio, rompieron las puertas y las mamparas de cristal y asaltaron las oficinas de los diversos medios, tratando de cortar las transmisiones. A la cabeza, arengando a ese grupo de golpistas, estaba un abogado a quien conocemos bastante bien, llamado Pablo Guerrero, hijo del inefable Pepe Guerrero y que es hombre de confianza y colaborador político de Gutiérrez. Por suerte, luego llegó al lugar un grupo de militares constitucionalistas, para proteger los Medios Públicos, y controlaron a esos golpistas.

Indignados con ese atentado, de ahí nos fuimos a la Plaza Grande y estuvimos presentes cuando el Presidente Correa regresó al Palacio Nacional, luego de ser rescatado por los militares y los policías no golpistas. Ahí había una multitud esperándolo desde la mañana y grandes concentraciones ciudadanas se produjeron al mismo tiempo en todos los rincones del país, en respaldo a Correa y al orden constitucional. La gente deliraba de emoción patriótica y daba vivas a la Revolución Ciudadana, que ha calado hondo en los sectores populares, a los que ha beneficiado notablemente.

Por lo visto, la gente está consciente de que que éste es un gobierno al servicio del pueblo y de la nación, que ha creado una gama de ayudas en beneficio de los más pobres: incrementó el bono de la pobreza, creó subisdios a la luz eléctrica y a la educación, entrega desayunos y almuerzos escolares, así como uniformes y becas a los mejores estudiantes. También ha creado la Misión Manuela Espejo (nombre de nuestra primera enfermera, hermana del Precursor de la Indeopendencia), que ha empadronado a todos los minusválidos y gentes abandonadas del Ecuador, para proveerles de ayudas, recursos ortopédicos y medicinas, y el Programa Joaquín Gallegos Lara (nombre de un gran escritor minusválido), para proveer pensiones estatales a familiares o amigos que cuidan de enfermos, ancianos y minusválidos.

La gente también está consciente de la recuperación económica del país, gracias a la política proteccionista y de incentivos a la producción nacional, ahora alabada hasta por la revista The Economist: hay un despegue de la industria y la artesanía nacionales, hay una agricultura floreciente (que este año ha producido 100 mil toneladas extras de arroz y otras tantas de maíz y soya), hay una nueva y formidable red de carreteras pavimentadas con hormigón rígido (para que duren treinta años) y una política de incentivos al turismo interno, entre muchas otras medidas destinadas a impulsar el desarrollo interno. El resultado es una disminución de la pobreza, que ahora es la segunda menor de Sudamérica, después de Uruguay, según cifras de la ONU, y también un crecimiento del empleo y disminución del desempleo, que antes era del 12% y ahora es del 9%. ¡¡¡¡Y todo esto en medio de la crisis mundial!!!!

Ayer la situación de orden público ha sido normal. Se sabe que en el putsch hubo cinco muertos (dos policías constitucionalistas y tres civiles pro correístas, atacados por los policías golpistas) y unos 190 heridos.

Seguiremos informando. Cordialísimo abrazo!!

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El león ruge en Guayaquil, Ecuador 1922.

Mapa de América del Sur y Ecuador

Música de Ecuador Los Arados 

“…hasta hoy el pueblo ha sido cordero, pero mañana se convertirá en León”.[1]

            La ciudad de Guayaquil se encuentra ubicada al sudoeste de Ecuador,  a orillas del río Guayas, cerca de la desembocadura al Pacífico; donde se encuentra el principal puerto del país. Guayas, también es el nombre que lleva la provincia y de la cual Guayaquil es la capital.

            La formación y organización de los sindicatos obreros en Ecuador,  comienza a darse a principios del siglo  XX, ya que hasta ese entonces las agrupaciones obreras y campesinas se dedicaban principalmente al “socorro o ayuda mutuo/a”, para luego ser el embrión de las primeras organizaciones socialistas del país.

En 1912 se crea la Confederación Obrera del Ecuador (C.O.E), de ella formaron parte la mayoría de los sindicatos, y admitía tres clases de organización: la primera se encargaba de agrupar a asalariados y pequeños patrones, la segunda organizaba a las organizaciones sindicales de obreros asalariados de distintas profesiones como panaderos, matarifes, albañiles, y que no admitían patrones en sus filas. Y la tercera estaba compuesta por organizaciones mixtas que agrupaban a obreros y patrones de distintas profesiones.

Además de la C.O.E, también fueron creadas, en 1922, la Federación Regional de Obreros del Ecuador que estaba conformada por sindicatos autónomos y regionales de base socialista, y la Federación Regional de Trabajadores del Ecuador de ideales anarcosindicalistas fundada por uno de los más importante anarquistas ecuatorianos, Alejo Capelo Cabello. Estas  dos federaciones se diferenciaron C.O.E, ya que esta tenía una ideología más radical y conciliadora con los sectores empresariales y burgueses.

La primera gran huelga de obreros en Ecuador se dio en 1919, y fue llevada a cabo por los tipógrafos de Quito. La segunda gran huelga fue en 1921, los obreros de los yacimientos auríferos se levantan en contra de los dueños de la compañía de origen estadounidense pero, fueron reprimidos por el gobierno.

La tercera gran huelga se dio el 15 de noviembre de 1922 cuando en la ciudad de Guayaquil, los obreros cansados de reclamar durante días mejores condiciones de trabajo y salarios decidieron proclamar la huelga general; dos días antes la ciudad ya se encontraba sin luz por la huelga que habían comenzado los trabajadores de la planta eléctrica. El día 14, en asamblea general los tipógrafos y canillitas de la ciudad decidieron que los diarios salgan por última vez al amanecer del día siguiente. Además los conductores de colectivos, tranvías y ferrocarriles también decidieron sumarse al paro, como así también los trabajadores de las fábricas y comerciantes. El día 15 los obreros, cansados de esperar una respuesta por parte del gobierno que hablara de mejoras salariales y condiciones de trabajo decidieron marchar multitudinariamente a la gobernación, ubicada en los alrededores de la plaza central de la ciudad.

La multitud se encontraba reclamando, no sólo por las mejoras laborales y salariales, sino que también reclamaban por la liberación de los presos políticos, aparentemente infiltrados militares entre los trabajadores comenzaron a realizar desmanes y la represión por parte del ejército en contra de los trabajadores no se hizo esperar[2]. Las calles quedaron regadas de sangre de la gran cantidad de obreros muertos y heridos. En el resto del país la respuesta por parte de los trabajadores no se hizo esperar e inmediatamente comenzaron las huelgas y protestas en otras provincias del país, pero tampoco se hizo esperar la respuesta del gobierno, estos, al igual que sus compañeros de Guayaquil fueron reprimidos.

Las mujeres obreras y esposas de los trabajadores cumplieron un papel muy importante durante la huelga, son conocidos los casos de Tomasa Garcés y la “Negra” Julia  quienes estuvieron en la primera línea de la huelga. Tomasa se acostó en las vías del ferrocarril junto a sus hijos para impedir que los empresarios hagan caer la huelga poniendo en funcionamiento los trenes, y la Negra acusando de asesinos a los militares que habían descargando sus armas al pueblo.  

Pero estos hechos no terminaron este día, días después de la represión y sobre el río Guayas comenzaron a flotar los cadáveres que fueron asesinados durante la represión, como así también comenzaron a flotar las cruces que los compañeros y esposas arrojaron al río para conmemorar a los caídos. Este fue el comienzo y el ingreso de los obreros ecuatorianos en la revolución social de su país y de Nuestra América.

 

Alejandro Pisnoy

Prof. / Invest. CCC

Referencias Bibliográficas

Avilés Pino, Efrén. Revolución del 15 de noviembre de 1922. En:

www.enciclopediadelecuador.com

Murrillo, Celeste. Las mujeres en la primera huelga general de Ecuador. Noviembre 1922. En: www.pyr.org.ar

Paredes, Ricardo. El movimiento obrero en el Ecuador. En: www.yachana.org

Alejo Capelo y el 15 de noviembre de 1922. En: www.anarkismo.net

Rodriguez, Linda Alexandre. Política y poder en el Ecuador, 1830 1925” En: http://revistas.ucm.es/ghi/02116111/articulos/QUCE8484110017A.PDF  

 

 

 


 

[1] Trujillo, José V. En: Avilés Pino, E. Revolución del 15 de noviembre de 1922. En www.enciclopedadelecuador.com

[2] Algunos autores hablan de que no hubo infiltrados, sino que fueron algunos sectores provenientes del anarcosindicalismo los que comenzaron los desmanes, y otros, que delincuentes infiltrados entre los obreros quisieron desarmar a las fuerzas policiales y a partir de los enfrentamientos que se produjeron comenzaron los desmanes.  

 

 

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