Notas con la etiqueta ‘Panamá’

Efemérides de Nuestra América Noviembre (I parte)

1 de Noviembre

1857 El ejército de Buenos Aires vence a los indígenas liderados por el Cacique Calfulcura en Cristiano Muerto.

 

3 de Noviembre

1909 Con la participación de EE.UU. Panamá se declara independiente de la República de Colombia.

1930 Tras realizar un golpe de estado Getúlio Gómez asume el poder en Brasil.

 

4 de Noviembre

1780 Estalla en el Cuzco la rebelión indígena liderada por Túpac Amaru.

1964 En Bolivia el general y vicepresidente René Barrientos Ortuño asume el poder luego de encabezar un golpe militar al presidente Victor Paz Estanssoro.

1984 En Nicaragua el Frente Sandinista de Liberación Nacional, encabezado por Daniel Ortega y Sergio Ramírez vence en las primeras elecciones posteriores al fin de la dictadura de A. Somoza.

 

5 de Noviembre

1838 Independencia de Honduras.

1975 Muere Agustín Tosco.

http://www.youtube.com/watch?v=Mz2Lpm4MGjQ&feature=related

 

7 de Noviembre

1810 Al mando del Gral. A. Balcarce, el ejército revolucionario logra su primera victoria ante los realistas en Suipacha.

1976 Muere en combate el comandante revolucionario sandinista y nicaragüense Carlos Fonseca Amador.

http://www.youtube.com/watch?v=OtKbl5I6tpo

 

11 de Noviembre

1909 A manos de Simón Radowiski, anarquista nacido en Rusia el 10 de septiembre de 1891, es ajusticiado y asesinado por haber encabezado y ordenado la represión y asesinato de trabajadores, el coronel Ramón Falcón, jefe de Policía de la capital.

 

15 de Noviembre

1533 Francisco Pizarro ocupa la ciudad de Cuzco, corazón y capital del imperio Inca.

1781 Luego de ser traicionado muere en Bolivia Tupac Catari.

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Ensayo sobre quienes fueron los verdaderos protagonistas de nuestra independencia y como interpretamos su legado. (Parte II)

Por: Alejandro Pisnoy. Prof./Invest. CCC

 

México. 200 años de “tierra y libertad”

 

La lucha indígena campesina en México es actualmente reconocida, ya que desde 1994 el EZLN (Ejercito Zapatista de Liberación Nacional) descendió desde las montañas en el sur del país, más precisamente en el Estado de Chiapas para denunciar al “mal gobierno” y reclamar las tierras que le pertenecen a los verdaderos dueños de la tierra. Organizados a partir de siete caracoles (regiones administrativas) impulsaron en cada uno de ellos el trabajo agrícola, su propia producción de alimentos y medicinas, y la educación para cada uno de los zapatistas. Su principal arma es la palabra, muy diferente a la que la mayoría de los medios de comunicación quiere presentar, sumando a esto la permanente represión por parte del ejército, ya que cabe aclarar, que cerca de cada caracol hay establecido un regimiento.

La resistencia y lucha zapatista tiene su origen en los líderes de la Revolución llevada adelante por indígenas y campesinos en 1910, encabezada por Emiliano Zapata y Pancho Villa, en el sur y en el norte del país respectivamente, dicha revolución se basó en la libertad y  distribución de la tierra en manos a los que verdaderamente la trabajan.

 

La revolución de 1910 fue la segunda revolución importante de este país, ya que la primera fue 100 años antes, cuando México todavía era parte del virreinato de Nueva España, pero el reclamo era el mismo, devolver la tierra a sus verdaderos dueños; es por esto, sumado al  aumento de precio del maíz, que encabezados por el cura Miguel Hidalgo, mineros, campesinos pobres, peones e indígenas se transformaron en los principales impulsores de la revolución; desde el norte comenzaron a avanzar hacia el centro del país, sumando aliados a su paso, lograron derrotar al ejército realista y firmar la abolición de la esclavitud y el tributo.

A diferencia del norte, el sur de México era menos poblado, pero con las mismas convicciones y mejor armados. Encabezados, al igual que en el norte por un cura, José María Morelos, peones y rancheros indígenas, mestizos y trabajadores negros iniciaron el camino de la insurrección de los marginados en esta región. Sin dejar de lado el respeto por la religión católica, al igual que Hidalgo, Morelos junto a sus hombres se pronuncian a favor de la soberanía popular, recuperar las tierras, el libre comercio y proclamar la independencia.

Las grandes luchas sociales, tanto del norte como del sur, se vieron atrapadas por el conformismo criollo de las metrópolis que sólo apoyaba, y se conformaba, con la independencia, pero no con el programa revolucionario. Pero las luchas populares volvieron a ser importantes, sobre todo en el sur, a partir de la denominada “Junta de La Balsa”, encabezada por Vicente Guerrero y “el indio”, Pedro Asencio de Alquisiras; que ante tan fuerte resistencia, e incasables intentos, las fuerzas realistas tuvieron que pactar, es por ellos que se firma el Plan de Iguala el 24 de febrero de 1821 y que fue conocido porque garantizo la religión, la unidad y la independencia.

 

Centroamérica. De las ideas posibles a la violencia        

 

La violencia es algo cotidiano en Centroamérica por estos días, sea de carácter social o estatal, con una fuerte influencia de los EE.UU. y una mirada constante hacia el norte por parte de sus habitantes, lejos parecen estar aquellos ideales de resistencia cuando unos 100 años atrás Augusto C. Sandino, Farabundo Martí o Antonio O. Sánchez, lideraron movimientos obreros, campesinos e indígenas en protesta y resistencia a la explotación de las empresas norteamericanas.

 

En la Capitanía General de Guatemala se encontraba la mayor población de indígenas que tributaban al sistema colonial, la organización productiva era muy similar a la del sur del Virreinato de Nueva España, como así también la influencia que causó la revolución encabezada por Morelos e Hidalgo. Es por ellos que los indígenas junto a intelectuales liberales, algunos pequeños comerciantes y algunos criollos pertenecientes a las clases más populares, encabezaron las principales protestas y conspiraciones, pero éstas no lograron alcanzar el nivel de las que se produjeron más al norte, ni el resto del continente, por lo que tampoco lograron alterar el viejo y establecido orden colonial.

            De hecho cuando se convoco al cabildo en septiembre de 1821, éste estaba compuesto por notables y grandes propietarios apoyados por las autoridades españolas. Pero la manifestación popular reclamaba “independencia o muerte”, es por esto que la aristocracia no tuvo alternativa y convocó a un congreso en donde participaran todas la provincias de Centro América, en el mismo se declaró el libre comercio, el respeto a los bienes de la iglesia y se delegó el poder a una Junta Provisional Gubernativa que fue presidida por el Gral. Gabino Gainza, el mismo que había convocado al cabildo a notables y propietarios, con el título de “jefe político y supremo de las provincias de Centro América”.

            En desacuerdo con esta decisión, encabezados por el cura Delgado, el pueblo salvadoreño organizo una gran resistencia y proclamo su independencia en enero de 1822, tanto de España como de México y abolieron la esclavitud, base fundamental en la economía de esta región. Hecho que se repitió en Nicaragua cuando el pueblo, encabezado por Cleto Ordóñez, se reveló frente a los realistas en Granada, proclamando un gobierno basado en la igualdad y republicano el 16 de enero de 1823.

            Estos acontecimientos lograron que México decidiera que Centro América mismo defina su destino. Se convocó a un congreso que proclamó la eliminación de títulos, la igualdad entre los ciudadanos, la independencia y la creación, el 22 de noviembre de 1824, de la Federación de Centro América.  

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Ensayo sobre quienes fueron los verdaderos protagonistas de nuestra independencia y como interpretamos su legado. (Parte I)

Por: Alejandro Pisnoy. Prof./Invest. CCC

 

“En las entrañas de mi patria entraba la punta asesina hiriendo las tierras sagradas. La sangre quemante caía de silencio en silencio, abajo, hacia donde está la semilla esperando la primavera. Más hondo caía esta sangre. Hasta las raíces caía. Hacia los muertos caía. Hacia los que iban a nacer”.[1] 

 

Es innegable el papel fundamental que jugaron en la etapa de la emancipación americana hombres como Francisco de Miranda, J. De San Martín, Simón Bolivar, Manuel Belgrano, José A. Sucre y Bernardo O´Higgins por nombrar algunos de ellos resaltados por la historia clásica o académica, pero sin destacar la importancia de su gesta o idea de emancipación y unidad del continente. Otros hombres “olvidados, o menospreciados”,  que también lucharon por la libertad del continente fueron José G. Artigas, Mariano Moreno, Juan J. Castelli, y hasta el propio y el más ideólogo revolucionario de la independencia, Bernardo de Monteagudo; claro que faltan nombrar a muchos más. Hoy podemos vislumbrar que estos hombres y sus ideales fueron dejados de lado, qué lugar ocupan los pueblos originarios, los negros (inclusive en situación de esclavitud) y los criollos que pertenecían a las clases más populares, en esta parte de la historia; teniendo en cuenta, la gran influencia y el camino que marcó para ésta gran emancipación continental la independencia de Haití, la primera independencia del continente (1 de enero de 1804), es decir, la victoria de los esclavos frente al ejército napoleónico.

En el párrafo anterior sólo mencionamos a algunos de los hombres y pueblos, dejados de lado por la historia tradicional, que lucharon por la independencia, pero mucho más olvidado, menospreciado y mal interpretado es el papel que tuvieron las mujeres en la lucha por la libertad de nuestro continente. Juana Azurduy en el Alto Perú; Manuela Sáenz quien lucho junto y desde muy joven, junto a Bolívar y Sucre; Javiera Carrera en Chile; Josefa Ortiz y Leona Vicario en México entre otras. Hoy en día poco reconocidas, hecho que no fue así en aquel momento, ya que pensadores como Monteagudo entre otros, reconocieron el papel fundamental de ellas en la lucha “… Americanas: os ruego por la patria que desea ser libre, imiteís estos ejemplos de heroísmo y coadyuvéis a esta obra con vuestros hijos; mostrad el interés que tenéis en la suerte futura de vuestros hijos, que sin duda serán desgraciados si la América no es libre […] viva la exclamación que hacía en nuestra época una peruana sensible ¡¡¡libertad, libertad sagrada, yo seguiré tus pasos hasta el sepulcro mismo!!! y al lado de los héroes de la patria mostrará el bello sexo de la América del Sud el interés con que desea expirar el último tirano, o rendir el supremo aliento antes que ver frustrado el voto de las almas fuertes”[2]   

 

En casi todos los territorios que se decían pertenecer a España, el camino a la emancipación se desarrollo en dos etapas, la primera desde 1808 hasta 1816; y la segunda desde 1816 hasta 1826. La primera etapa, se caracterizó por la formación de juntas de gobierno dominadas por la elite criolla que en algunos casos pretendía separarse de España, pero sin alterar la estructura socioeconómica que se venía desarrollando[3]. Paralelamente se produjeron rebeliones armadas de las clases más populares, en algunos casos organizadas, y en otros, más espontáneas, con falta de coordinación y diferentes estrategias, éstas se desarrollaron en las principales ciudades de la colonia (México, Venezuela, Nueva Granada, Quito, Alto Perú, Río de la Plata y Chile), con mayor o menor presencia de personas en alguna de ellas durante esta primera etapa, el objetivo era liberarse de la explotación española, pero sin caer en la explotación de la elite local[4].

La etapa que va desde 1816 hasta el Congreso de Panamá convocado por Bolivar en 1826 se caracterizó fundamentalmente porque las colonias españolas y portuguesas logran la liberación definitiva (excepto Cuba y Puerto Rico) luego de la derrota del ejército realista a manos del ejército comandado por el Mariscal Antonio J. De Sucre en Ayacucho, derrota que impuso la firma de la capitulación definitiva por parte de España. En esta etapa además, las guerrillas populares y campesinas jugaron un papel fundamental, más aún que en la primera etapa, que fue el de apoyar y auxiliar permanentemente a los ejércitos libertadores.



[1] Pablo Neruda. “El Empalado”.

[2] Monteagudo, B. Horizontes políticos. Ed. Aterramar. Bs. As. 2008. pg. 34   

[3] “…para este sector aristocrático, puesto a la cabeza de la lucha, la independencia era concebida como un conflicto en dos frentes: “hacia arriba”, contra la metrópoli y “hacia abajo”, para impedir las reivindicaciones populares y cualquier alteración del statu quo…”. En: Guerra Vilaboy, Sergio. El dilema de la independencia. Ed. Ciencias Sociales. La Habana. 2007. pg. 26.  

[4] “La Pobre participación popular en esta etapa de la guerra emancipadora, el exagerado papel atribuido a las ciudades en la estrategia militar, el carácter fragmentario y local de los gobiernos criollos y sus múltiples contradicciones intestinas (centralistas y federalistas, republicanos y monárquicos, radicales y moderados) fueron los elementos principales que llevaron al fracaso, de los principales focos de la insurrección, entre 1814 y 1815”.  En: Guerra Vilaboy, S. Op. Cit. pg. 28.

 

 

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Colombia, un siglo antes un siglo después.

 

             A fines del siglo XIX, Colombia sufrió un duro enfrentamiento entre liberales y conservadores, cuyo hecho más saliente y sangriento, fue la llamada Guerra de los mil días entre 1899 y 1902, la cual se cobro unos 100.000 muertos, además de consolidar a los conservadores en el poder. Pero en 1903, conservadores y liberales tuvieron que llegar a una coalición para hacer frente a las presiones de EE.UU. que apoyaba la independencia panameña dado los intereses que tenían para la construcción de un canal interoceánico.

            La economía colombiana basada en la exportación del café sufrió un duro golpe durante los años 1917 y 1918 dada la depresión económica que sufrió el mundo por el desarrollo de la Primera Guerra Mundial, pero este fue sólo el principio de lo que durante la década del 20 termino siendo el comienzo de la dependencia económica que le impuso EE.UU., quién en 1922 aprovechándose de esa crisis obligó al gobierno colombiano a firmar la independencia de Panamá bajo el tratado Thompson Urrutia, donde a Colombia se le entrego un “dinero de conciencia” por el territorio robado y cuya suma fue de 25 millones de dólares.

Claro que EE.UU., no sólo se conformo con lograr la fragmentación de Panamá y Colombia, sino que además, unos meses después, enviaron una misión económica encabezada por Princeton Kemmerer, que impuso al gobierno colombiano un programa económico conservador basado en préstamos bancarios, además de tener que equilibrar el presupuesto de gobierno despidiendo a cientos de trabajadores y bajar los sueldos de los que siguieron trabajando.

No fueron sólo las políticas económicas las que EE.UU. impuso en Colombia, sino que también las empresas norteamericanas comenzaron a instalarse en el país cafetero haciéndose presentes en la producción y exportación petrolera a manos principalmente de la Stándar Oil, y de plátanos, a manos United Fruit Company (UFCO) que se estableció en Barranquilla, la costa caribeña de Colombia a comienzos del siglo XX.

En la década del 20 la UFCO llego a emplear unos 30.000 trabajadores, los cuales en 1924 se declararon en dadas las malas condiciones de pago y trabajo. La respuesta no se hizo esperar y la empresa norteamericana dijo que los trabajadores no eran responsabilidad de ellos ya que dependían de pequeños contratistas. Cuatro años más tarde, mejor organizados los trabadores volvieron a declarar la huelga, la respuesta de la UFCO, apoyada por el tribunal de justicia, fue la misma, los trabajadores eran responsabilidad de los pequeños contratistas, pero el gobierno si tomo una respuesta diferente, y el 6 de diciembre de 1928, en Ciénaga, los soldados del ejército dispararon contra los trabajadores y demás personas que se encontraban reunidas en la plaza del pueblo. El hecho dejo alrededor de 3.000 personas asesinadas, además los principales dirigentes comunistas y socialistas fueron encarcelados.  Acontecimientos semejantes, pero con menos muertos tuvieron las huelgas de los trabajadores del transportes y de una de las petrolera norteamericanas que operaba e Colombia, la Tropical Oil Company, en Barrancabermeja, a orillas del río Magdalena.

 

No sólo los trabajadores se revelaron contra el gobierno conservador, las malas condiciones de vida y trabajo durante las décadas de 1920 y 1930, también los pueblos originarios llevaron adelante sus reclamos en busca de mejores condiciones de vida y de las tierras que les fueron robadas a manos de terratenientes locales y empresas extranjeras; uno de sus líderes y pensadores más representativos fue Manuel Quintin Lame en los Valles del Cauca, el suroccidente de Colombia, quién llevo adelante una serie de importantes levantamientos.

En agosto de 1914, Quintin Lame, se dirigió a Bogotá, capital del país, para reclamar por las tierras que les habían arrebatado, y que nunca les habían devuelto. Luego de entrevistarse con los ministros de Relaciones Exteriores y de Guerra, de los cuales no obtuvo ninguna respuesta favorable. De regresó al Cauca comenzó a organizar un levantamiento general junto a las comunidades de Tolima, Huila, Tierradentro, Cauca y Valle para febrero de 1915, en busca de conformar lo que se denominaría, la “República Chiquita de indios”, expulsando a los terratenientes dueños de las fincas, las cuales volverían a ser propiedad de los habitantes originarios para distribuirlas de forma equitativa. Al enterarse del plan las autoridades locales, fieles representantes de los terratenientes, apresaron a Quintin Lame un mes antes del levantamiento en el pueblo de Coetano, fue trasladado y condenado a nueve meses de prisión en la ciudad de Popayán.

Cuando Quintin Lame obtuvo la libertar, a pesar de seguir siendo perseguido, simuló trabajar en las faenas agrícolas para poder continuar con su actividad política. Claro que los terratenientes continuaron con las denuncias,  además  de pedir que fuera encarcelado nuevamente. A fines de 1916 Quintin Lame encabezo el levantamiento de Inzá, donde los indígenas fueron reprimidos por las autoridades y por Pio Collo, un líder indígena en desacuerdo con la idea de Quintin Lame y aliado de los terratenientes. Durante la represión fueron detenidos, heridos y asesinados una gran cantidad de indígenas lamistas.

Quintin Lame fue perseguido constantemente, a pesar de ello en abril de 1917 llevo adelante un levantamiento en la hacienda de San Isidro, nuevamente fue traicionado por un líder indígena que formaba parte de la comisión que llevo adelante la organización del levantamiento, fue detenido golpeado y trasladado nuevamente a Popoyán.

Cuatro años pasaron hasta que en abril de 1921 Quintin Lame fue juzgado, asumiendo él mismo su defensa, en la que hablo por quince días, pero finalmente el juzgado lo declaro culpable por delitos de hurto, asonada fuerza y violencia condenándolo a cuatro años de prisión. Como ya había estado encarcelado durante esa cantidad de tiempo, en agosto de ese mismo año logro la libertad.

Los casi cuarenta años que pasaron hasta su muerte a los 80 años no cambiaron su objetivo de lucha y escribiendo obras como “En defensa de mi raza” y “Los pensamientos del indio que se educó en las selvas colombiana” donde seguía manifestándose por la relación entre el hombre y la naturaleza, la identidad, las tierras y los derechos que correspondían, y corresponden, a los pueblos originarios.

    

 Parece que nada es casualidad por nuestras tierras, que el tiempo no pasa, por un lado los pueblos originarios siguen luchando por recuperar su identidad y sus tierras arrebatadas desde hace más de cinco siglo; por el otro, hace casi un siglo EE.UU. apoyó la supuesta independencia de Panamá de Colombia que tuvo como fin la construcción de un canal interoceánico a cambio de unos dólares, además de imponer una política económica deficitaria para ambos países (Colombia y Panamá). Hoy casi un siglo después, Colombia parece no haber aprendido o entendido la lección, pues permite la instalación de bases militares estadounidenses en su territorio poniendo en peligro el difícil proceso de integración y unidad que se esta dando en nuestro continente, y que además nos puede costar y llevar a un enfrentamiento entre hermanos nuestramericanos.

 

Alejandro Pisnoy

Prof. Invest. CCC

 

Referencias Bibliográficas

 

Bethell, L. Ed. Historia de América Latina. Economía y sociedad 1870 1930. Vol VII. Ed. Crítica. Barcelona. 2000.

Cockcroft, J. América Latina y Estados Unidos. Historia y política país por país. Ed. Siglo XXI. México DF. 2001.

 

http://alirio-acevedo.blogdiario.com/i2007-11/

http://www.lablaa.org/blaavirtual/biografias/lamemanu.htm

http://www.luguiva.net/articulos/detalle.aspx?id=70

 

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EL CASO DE PUERTO RICO: De Colonia a Estado Libre Asociado (Parte III)

El puertorriqueño Eugenio María de Hostos fue un activo militante por la independencia de su país y la liberación antillana. En Nueva York editó el periódico La Revolución, desde el cual bregaba por la autonomía para Puerto Rico y Cuba; allí se unió a los revolucionarios que luchaban por la independencia de Cuba. Fue designado delegado para toda Sudamérica por la Junta Revolucionaria Cubana. Ramón Emeterio Betances bregó por la independencia de Puerto Rico, organizando sociedades secretas e impulsando el ya comentado estallido de Lares. Contribuyó con Cuba en la llamada guerra de los diez años; llegó a ser Delegado de la República Cubana en París, desde donde batalló en contra de la campaña de difamación promovida por España en contra de la revolución. Así de estrecho fue y es el vínculo entre estos dos pueblos a los que el imperialismo les niega relacionarse.

Como homenaje a esta vinculación que se pretende suprimir, vale reproducir las opiniones de José Martí sobre ambos patriotas. En el artículo “Catecismo Democrático” dice Martí sobre Hostos:

 

Eugenio María Hostos es una hermosa inteligencia puertorriqueña cuya enérgica palabra vibró rayos contra los abusos del coloniaje, en las cortes españolas, y cuya dicción sólida y profunda anima hoy las columnas de los periódicos de Cuba Libre y Sur América que se publican en Nueva York…

Ahora publica el orador de Puerto Rico, que ha hecho en los Estados Unidos causa común con los independientes cubanos, un catecismo de democracia, que a los de Cuba y su isla propia dedica…[1]

 

En carta a Ramón Emeterio Betances, José Martí le pide “organizar en París un grupo vigoroso y activo de auxiliadores de nuestra seria y creciente Revolución” y más atrás en la misiva lo caracteriza: “Yo conozco la indomable fiereza que anima y distingue a Ud. en nuestras cosas, y el respeto que por ello ha sabido hacer que se le tribute. Yo sé que no hay para Ud. mar entre Cuba y Puerto Rico y siente Ud. en su pecho los golpes de las armas que hieren los nuestros.”[2]

En 1953 Estados Unidos logró una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas (Resolución 748 –VIII) para sacar a Puerto Rico del listado de territorios coloniales. No obstante, el Comité de Descolonización de la ONU incorporó el caso de Puerto Rico dentro de su jurisdicción en 1978.

Pocos años antes de que Estados Unidos tuviera que entregar la soberanía del canal de Panamá, reconfiguró su mapa de instalaciones militares en la región. Toda esa zona de influencia que dependía  del Comando del Atlántico con sede en Virginia pasó a partir de junio de 1997 a la jurisdicción del Comando Sur, cuyos cuarteles generales se ubican en Miami y los componentes de dichos cuarteles en Puerto Rico.

Sería innumerable constatar los hitos de resistencia heroica del pueblo puertorriqueño en aras de su independencia. Sólo decir que esa lucha continúa: en la edición semanal que va del 28/9 al 4/10 de 2006 del periódico Claridad, periódico de circulación nacional que tiene como objetivo central ser un instrumento eficaz en la lucha por la independencia de Puerto Rico, un artículo titulado “De Lares a Hormigueros”, firmado por Perla Franco, señala:

 

El pueblo independentista se desbordó en la conmemoración del 138 aniversario del Grito de Lares el pasado 23 de septiembre (2006), muy a pesar del FBI, que la semana antes amenazó con que en el país habría actos terroristas e intervino contra varios militantes independentistas como para responsabilizarlos de los mismos.

El espíritu de los asistentes a los actos en Lares y de los mensajes vertidos en la tribuna fueron de mucha combatividad y de reclamos de honrar la memoria de los luchadores Filiberto Ojeda Ríos y Jorge Farinacci, aún cuando se celebraron separados entre un acto auspiciado por el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) y el Partido Nacionalista de Puerto Rico (PNPR) y otro por el Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH)…

Meneses (uno de los oradores en la primera actividad) se refirió a las amenazas y persecuciones a las que el FBI sometió a varios independentistas días antes de la actividad y que evidentemente no amedrentaron al independentismo que fue convocado a Lares para recordar aquel primer grito de independencia y que luego continuaría en Hormigueros para rendir homenaje a Filiberto Ojeda Ríos exactamente a un año de ser asesinado por el FBI en ese pueblo donde vivió sus últimos años de su clandestinaje político.

Meneses recordó además al luchador independentista y quien fuera su compañero, Jorge Farinacci, fallecido recientemente. La mención de Farinacci y Ojeda Ríos arrancó aplausos de los presentes. Ambos fueron ejemplos de los que no se rinden nunca, acotó…

 

La crónica transcripta muestra la consecuencia de esa lucha. Una lucha que, desde la ocupación estadounidense en 1898, ha arrojado unos 2.000 prisioneros políticos, muchos de ellos encarcelados en penales de Estados Unidos, con sentencias de más de 20 años de cárcel y cadenas perpetuas.

La última buena noticia al respecto llega por un artículo de José Bas García que publica Argenpress.info y que se titula:  “Congreso por la Independencia de Puerto Rico”, en el que se da cuenta de que los días 18 y 19 de noviembre de 2006 se reunieron en Panamá representantes de todos los grandes partidos de la América Latina en una actividad denominada Congreso Latinoamericano y Caribeño por la Independencia de Puerto Rico, convocada por el Partido Independentista Puertorriqueño, coincidente con el aniversario 180 del Congreso Anfictiónico de Panamá.

 

En esa ocasión –escribe Bas García- el Libertador Simón Bolívar convocó a dicho evento en cuya agenda estaba la independencia de las últimas colonias de España en América: Cuba y Puerto Rico. Martín (Fernando Martín, Presidente Ejecutivo del Partido Independentista Puertorriqueño) explicó que al no haberse realizado aún la independencia de Puerto Rico, literalmente existe una agenda Bolivariana inconclusa.

(…)

‘Este Congreso se trata de un primer paso –habrá pasos ulteriores- en tratar de lograr que América Latina en conjunto se convierta en el más poderoso interlocutor con Estados Unidos, no en plan de confrontación sino en plan de negociación y de promoción de la causa de la independencia de Puerto Rico’, explicó Fernando Martín. [3]

 

El 20 de noviembre se realizó una conferencia de prensa para dar a conocer los resultados del Congreso. Allí se anunció la constitución de un Comité Permanente de Trabajo para “coordinar y hacer valer” el plan de acción y las determinaciones del Congreso Latinoamericano y Caribeño por la independencia de Puerto Rico. Dicho Comité está integrado por personalidades políticas de nuestra América.

Queda por ver si los avatares de las luchas políticas en los países de nuestra América, no harán caer en la inercia o el olvido las iniciativas de dicho Congreso.

 

 

Horacio A. López



[1] José Martí, Obras Completas, Nuestra América, Editorial de Ciencias Sociales, 1991, Tomo 8, p. 53.

[2] Ibíd., p. 7.

 

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