Notas con la etiqueta ‘Panamá’

Colombia, un siglo antes un siglo después.

 

             A fines del siglo XIX, Colombia sufrió un duro enfrentamiento entre liberales y conservadores, cuyo hecho más saliente y sangriento, fue la llamada Guerra de los mil días entre 1899 y 1902, la cual se cobro unos 100.000 muertos, además de consolidar a los conservadores en el poder. Pero en 1903, conservadores y liberales tuvieron que llegar a una coalición para hacer frente a las presiones de EE.UU. que apoyaba la independencia panameña dado los intereses que tenían para la construcción de un canal interoceánico.

            La economía colombiana basada en la exportación del café sufrió un duro golpe durante los años 1917 y 1918 dada la depresión económica que sufrió el mundo por el desarrollo de la Primera Guerra Mundial, pero este fue sólo el principio de lo que durante la década del 20 termino siendo el comienzo de la dependencia económica que le impuso EE.UU., quién en 1922 aprovechándose de esa crisis obligó al gobierno colombiano a firmar la independencia de Panamá bajo el tratado Thompson Urrutia, donde a Colombia se le entrego un “dinero de conciencia” por el territorio robado y cuya suma fue de 25 millones de dólares.

Claro que EE.UU., no sólo se conformo con lograr la fragmentación de Panamá y Colombia, sino que además, unos meses después, enviaron una misión económica encabezada por Princeton Kemmerer, que impuso al gobierno colombiano un programa económico conservador basado en préstamos bancarios, además de tener que equilibrar el presupuesto de gobierno despidiendo a cientos de trabajadores y bajar los sueldos de los que siguieron trabajando.

No fueron sólo las políticas económicas las que EE.UU. impuso en Colombia, sino que también las empresas norteamericanas comenzaron a instalarse en el país cafetero haciéndose presentes en la producción y exportación petrolera a manos principalmente de la Stándar Oil, y de plátanos, a manos United Fruit Company (UFCO) que se estableció en Barranquilla, la costa caribeña de Colombia a comienzos del siglo XX.

En la década del 20 la UFCO llego a emplear unos 30.000 trabajadores, los cuales en 1924 se declararon en dadas las malas condiciones de pago y trabajo. La respuesta no se hizo esperar y la empresa norteamericana dijo que los trabajadores no eran responsabilidad de ellos ya que dependían de pequeños contratistas. Cuatro años más tarde, mejor organizados los trabadores volvieron a declarar la huelga, la respuesta de la UFCO, apoyada por el tribunal de justicia, fue la misma, los trabajadores eran responsabilidad de los pequeños contratistas, pero el gobierno si tomo una respuesta diferente, y el 6 de diciembre de 1928, en Ciénaga, los soldados del ejército dispararon contra los trabajadores y demás personas que se encontraban reunidas en la plaza del pueblo. El hecho dejo alrededor de 3.000 personas asesinadas, además los principales dirigentes comunistas y socialistas fueron encarcelados.  Acontecimientos semejantes, pero con menos muertos tuvieron las huelgas de los trabajadores del transportes y de una de las petrolera norteamericanas que operaba e Colombia, la Tropical Oil Company, en Barrancabermeja, a orillas del río Magdalena.

 

No sólo los trabajadores se revelaron contra el gobierno conservador, las malas condiciones de vida y trabajo durante las décadas de 1920 y 1930, también los pueblos originarios llevaron adelante sus reclamos en busca de mejores condiciones de vida y de las tierras que les fueron robadas a manos de terratenientes locales y empresas extranjeras; uno de sus líderes y pensadores más representativos fue Manuel Quintin Lame en los Valles del Cauca, el suroccidente de Colombia, quién llevo adelante una serie de importantes levantamientos.

En agosto de 1914, Quintin Lame, se dirigió a Bogotá, capital del país, para reclamar por las tierras que les habían arrebatado, y que nunca les habían devuelto. Luego de entrevistarse con los ministros de Relaciones Exteriores y de Guerra, de los cuales no obtuvo ninguna respuesta favorable. De regresó al Cauca comenzó a organizar un levantamiento general junto a las comunidades de Tolima, Huila, Tierradentro, Cauca y Valle para febrero de 1915, en busca de conformar lo que se denominaría, la “República Chiquita de indios”, expulsando a los terratenientes dueños de las fincas, las cuales volverían a ser propiedad de los habitantes originarios para distribuirlas de forma equitativa. Al enterarse del plan las autoridades locales, fieles representantes de los terratenientes, apresaron a Quintin Lame un mes antes del levantamiento en el pueblo de Coetano, fue trasladado y condenado a nueve meses de prisión en la ciudad de Popayán.

Cuando Quintin Lame obtuvo la libertar, a pesar de seguir siendo perseguido, simuló trabajar en las faenas agrícolas para poder continuar con su actividad política. Claro que los terratenientes continuaron con las denuncias,  además  de pedir que fuera encarcelado nuevamente. A fines de 1916 Quintin Lame encabezo el levantamiento de Inzá, donde los indígenas fueron reprimidos por las autoridades y por Pio Collo, un líder indígena en desacuerdo con la idea de Quintin Lame y aliado de los terratenientes. Durante la represión fueron detenidos, heridos y asesinados una gran cantidad de indígenas lamistas.

Quintin Lame fue perseguido constantemente, a pesar de ello en abril de 1917 llevo adelante un levantamiento en la hacienda de San Isidro, nuevamente fue traicionado por un líder indígena que formaba parte de la comisión que llevo adelante la organización del levantamiento, fue detenido golpeado y trasladado nuevamente a Popoyán.

Cuatro años pasaron hasta que en abril de 1921 Quintin Lame fue juzgado, asumiendo él mismo su defensa, en la que hablo por quince días, pero finalmente el juzgado lo declaro culpable por delitos de hurto, asonada fuerza y violencia condenándolo a cuatro años de prisión. Como ya había estado encarcelado durante esa cantidad de tiempo, en agosto de ese mismo año logro la libertad.

Los casi cuarenta años que pasaron hasta su muerte a los 80 años no cambiaron su objetivo de lucha y escribiendo obras como “En defensa de mi raza” y “Los pensamientos del indio que se educó en las selvas colombiana” donde seguía manifestándose por la relación entre el hombre y la naturaleza, la identidad, las tierras y los derechos que correspondían, y corresponden, a los pueblos originarios.

    

 Parece que nada es casualidad por nuestras tierras, que el tiempo no pasa, por un lado los pueblos originarios siguen luchando por recuperar su identidad y sus tierras arrebatadas desde hace más de cinco siglo; por el otro, hace casi un siglo EE.UU. apoyó la supuesta independencia de Panamá de Colombia que tuvo como fin la construcción de un canal interoceánico a cambio de unos dólares, además de imponer una política económica deficitaria para ambos países (Colombia y Panamá). Hoy casi un siglo después, Colombia parece no haber aprendido o entendido la lección, pues permite la instalación de bases militares estadounidenses en su territorio poniendo en peligro el difícil proceso de integración y unidad que se esta dando en nuestro continente, y que además nos puede costar y llevar a un enfrentamiento entre hermanos nuestramericanos.

 

Alejandro Pisnoy

Prof. Invest. CCC

 

Referencias Bibliográficas

 

Bethell, L. Ed. Historia de América Latina. Economía y sociedad 1870 1930. Vol VII. Ed. Crítica. Barcelona. 2000.

Cockcroft, J. América Latina y Estados Unidos. Historia y política país por país. Ed. Siglo XXI. México DF. 2001.

 

http://alirio-acevedo.blogdiario.com/i2007-11/

http://www.lablaa.org/blaavirtual/biografias/lamemanu.htm

http://www.luguiva.net/articulos/detalle.aspx?id=70

 

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EL CASO DE PUERTO RICO: De Colonia a Estado Libre Asociado (Parte III)

El puertorriqueño Eugenio María de Hostos fue un activo militante por la independencia de su país y la liberación antillana. En Nueva York editó el periódico La Revolución, desde el cual bregaba por la autonomía para Puerto Rico y Cuba; allí se unió a los revolucionarios que luchaban por la independencia de Cuba. Fue designado delegado para toda Sudamérica por la Junta Revolucionaria Cubana. Ramón Emeterio Betances bregó por la independencia de Puerto Rico, organizando sociedades secretas e impulsando el ya comentado estallido de Lares. Contribuyó con Cuba en la llamada guerra de los diez años; llegó a ser Delegado de la República Cubana en París, desde donde batalló en contra de la campaña de difamación promovida por España en contra de la revolución. Así de estrecho fue y es el vínculo entre estos dos pueblos a los que el imperialismo les niega relacionarse.

Como homenaje a esta vinculación que se pretende suprimir, vale reproducir las opiniones de José Martí sobre ambos patriotas. En el artículo “Catecismo Democrático” dice Martí sobre Hostos:

 

Eugenio María Hostos es una hermosa inteligencia puertorriqueña cuya enérgica palabra vibró rayos contra los abusos del coloniaje, en las cortes españolas, y cuya dicción sólida y profunda anima hoy las columnas de los periódicos de Cuba Libre y Sur América que se publican en Nueva York…

Ahora publica el orador de Puerto Rico, que ha hecho en los Estados Unidos causa común con los independientes cubanos, un catecismo de democracia, que a los de Cuba y su isla propia dedica…[1]

 

En carta a Ramón Emeterio Betances, José Martí le pide “organizar en París un grupo vigoroso y activo de auxiliadores de nuestra seria y creciente Revolución” y más atrás en la misiva lo caracteriza: “Yo conozco la indomable fiereza que anima y distingue a Ud. en nuestras cosas, y el respeto que por ello ha sabido hacer que se le tribute. Yo sé que no hay para Ud. mar entre Cuba y Puerto Rico y siente Ud. en su pecho los golpes de las armas que hieren los nuestros.”[2]

En 1953 Estados Unidos logró una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas (Resolución 748 –VIII) para sacar a Puerto Rico del listado de territorios coloniales. No obstante, el Comité de Descolonización de la ONU incorporó el caso de Puerto Rico dentro de su jurisdicción en 1978.

Pocos años antes de que Estados Unidos tuviera que entregar la soberanía del canal de Panamá, reconfiguró su mapa de instalaciones militares en la región. Toda esa zona de influencia que dependía  del Comando del Atlántico con sede en Virginia pasó a partir de junio de 1997 a la jurisdicción del Comando Sur, cuyos cuarteles generales se ubican en Miami y los componentes de dichos cuarteles en Puerto Rico.

Sería innumerable constatar los hitos de resistencia heroica del pueblo puertorriqueño en aras de su independencia. Sólo decir que esa lucha continúa: en la edición semanal que va del 28/9 al 4/10 de 2006 del periódico Claridad, periódico de circulación nacional que tiene como objetivo central ser un instrumento eficaz en la lucha por la independencia de Puerto Rico, un artículo titulado “De Lares a Hormigueros”, firmado por Perla Franco, señala:

 

El pueblo independentista se desbordó en la conmemoración del 138 aniversario del Grito de Lares el pasado 23 de septiembre (2006), muy a pesar del FBI, que la semana antes amenazó con que en el país habría actos terroristas e intervino contra varios militantes independentistas como para responsabilizarlos de los mismos.

El espíritu de los asistentes a los actos en Lares y de los mensajes vertidos en la tribuna fueron de mucha combatividad y de reclamos de honrar la memoria de los luchadores Filiberto Ojeda Ríos y Jorge Farinacci, aún cuando se celebraron separados entre un acto auspiciado por el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) y el Partido Nacionalista de Puerto Rico (PNPR) y otro por el Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH)…

Meneses (uno de los oradores en la primera actividad) se refirió a las amenazas y persecuciones a las que el FBI sometió a varios independentistas días antes de la actividad y que evidentemente no amedrentaron al independentismo que fue convocado a Lares para recordar aquel primer grito de independencia y que luego continuaría en Hormigueros para rendir homenaje a Filiberto Ojeda Ríos exactamente a un año de ser asesinado por el FBI en ese pueblo donde vivió sus últimos años de su clandestinaje político.

Meneses recordó además al luchador independentista y quien fuera su compañero, Jorge Farinacci, fallecido recientemente. La mención de Farinacci y Ojeda Ríos arrancó aplausos de los presentes. Ambos fueron ejemplos de los que no se rinden nunca, acotó…

 

La crónica transcripta muestra la consecuencia de esa lucha. Una lucha que, desde la ocupación estadounidense en 1898, ha arrojado unos 2.000 prisioneros políticos, muchos de ellos encarcelados en penales de Estados Unidos, con sentencias de más de 20 años de cárcel y cadenas perpetuas.

La última buena noticia al respecto llega por un artículo de José Bas García que publica Argenpress.info y que se titula:  “Congreso por la Independencia de Puerto Rico”, en el que se da cuenta de que los días 18 y 19 de noviembre de 2006 se reunieron en Panamá representantes de todos los grandes partidos de la América Latina en una actividad denominada Congreso Latinoamericano y Caribeño por la Independencia de Puerto Rico, convocada por el Partido Independentista Puertorriqueño, coincidente con el aniversario 180 del Congreso Anfictiónico de Panamá.

 

En esa ocasión –escribe Bas García- el Libertador Simón Bolívar convocó a dicho evento en cuya agenda estaba la independencia de las últimas colonias de España en América: Cuba y Puerto Rico. Martín (Fernando Martín, Presidente Ejecutivo del Partido Independentista Puertorriqueño) explicó que al no haberse realizado aún la independencia de Puerto Rico, literalmente existe una agenda Bolivariana inconclusa.

(…)

‘Este Congreso se trata de un primer paso –habrá pasos ulteriores- en tratar de lograr que América Latina en conjunto se convierta en el más poderoso interlocutor con Estados Unidos, no en plan de confrontación sino en plan de negociación y de promoción de la causa de la independencia de Puerto Rico’, explicó Fernando Martín. [3]

 

El 20 de noviembre se realizó una conferencia de prensa para dar a conocer los resultados del Congreso. Allí se anunció la constitución de un Comité Permanente de Trabajo para “coordinar y hacer valer” el plan de acción y las determinaciones del Congreso Latinoamericano y Caribeño por la independencia de Puerto Rico. Dicho Comité está integrado por personalidades políticas de nuestra América.

Queda por ver si los avatares de las luchas políticas en los países de nuestra América, no harán caer en la inercia o el olvido las iniciativas de dicho Congreso.

 

 

Horacio A. López



[1] José Martí, Obras Completas, Nuestra América, Editorial de Ciencias Sociales, 1991, Tomo 8, p. 53.

[2] Ibíd., p. 7.

 

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EL CASO DE LA ISLA DE SAN ANDRÉS: Secesión para ir a la reanexión.

Ligado al tema anterior de la Mosquitia[1] está el caso del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, actualmente bajo la soberanía colombiana, en donde –por lo menos en San Andrés- existen reclamos para reanexarse a Nicaragua, unificándose con la región de la Mosquitia.

El actual Departamento de Colombia se encuentra en el Mar Caribe a sólo 220 kilómetros al este de la costa de Nicaragua y a más de 770 kilómetros al noroeste de Colombia. El archipiélago está integrado por las islas de San Andrés, su capital, Providencia y Santa Catalina, además de una cantidad de islotes y cayos.

En el año 1631 se estableció en Providencia un grupo de puritanos ingleses, que se dedicaron a cultivar algodón y azúcar con mano de obra esclava. Diez años después fueron desalojados por los españoles, quienes posteriormente se retiran.

Estos territorios, ancestralmente, pertenecieron a la nación Mosquitia. En 1822 el Archipiélago y la costa de Mosquitia fueron separados de la capitanía de Guatemala para incertarlos en el Virreinato de la Nueva Granada. A partir de entonces perteneció a lo que hoy es la República de Colombia, pero manteniendo su cultura, diversas religiones y características lingüísticas (el inglés criollo sanandresano) diferentes a las del resto de Colombia.

En un trabajo del Centro de Estudios Económicos Regionales (CEER)- Cartagena, editado por el Banco de la República de Colombia, de autoría de Adolfo Meisel Roca, leemos los siguientes antecedentes históricos:

 

1851: Abolición de la esclavitud en la Nueva Granada.

1853: Plantadores de San Andrés se dedicaron al cultivo de la palma de coco, con demanda en el mercado norteamericano.

1883-1920: Auge en las exportaciones de cocos, prosperidad para los habitantes del archipiélago.

1929-1932: Deterioro de la situación económica de la isla por sequías, y caída de precios en el mercado internacional a causa de la Gran Depresión.

1930-1940: Migraciones de las islas hacia Panamá, Centro América y Colombia.

1950: Crisis económica por caída en exportaciones de coco, despoblación y emigración.

1951: La población alcanzó los 5.675 habitantes (853 menos que en el censo de 1938).

1946: Se inauguró el primer vuelo comercial regular a San Andrés desde una ciudad colombiana (Cartagena).

1953: San Andrés fue declarado puerto libre.

 

Al comienzo del trabajo citado Meisel Roca señala las consecuencias de haber declarado Puerto Libre al archipiélago:

 

En 1953, cuando el archipiélago fue declarado Puerto Libre y a los turistas colombianos se les permitió un cupo libre de aranceles para los artículos extranjeros que compraran en la isla, cambiaron dramáticamente las condiciones convirtiendo a los raizales en minoría en su propia tierra.

 

Y en las Conclusiones expresa:

 

 La marginalización económica, cultural y social de los raizales resulta ser el problema más serio que dejó la declaratoria de puerto libre a la isla en 1953.

Es urgente que se desarrollen programas de gobierno nacional, específicos y directos, que incrementen el capital humano de los raizales y la igualdad de oportunidades para que éstos participen mayormente en el control de la isla.

 

Con este cuadro de situación que llega hasta la actualidad, no es de extrañar la noticia que publicó El Nuevo Diario de Managua en su edición del 8 de diciembre de 1999 con el título: “Indígenas reclamarán isla de San Andrés”. El columnista es Oscar Merlo. En el copete de la noticia se lee: “Habitantes originales de la ínsula ocupada por Colombia, quieren reanexarse a Nicaragua. Invocan tratados que incluyen a Inglaterra, España, Estados Unidos y Austria en la solución del problema”. El artículo señala:

 

 El Consejo de Ancianos de la Costa Atlántica, prepara un documento legal mediante el cual reclamarán a Colombia la isla de San Andrés y demás territorios que ancestralmente pertenecieron a la Nación Mosquitia.

Los doctores Oscar Hodgson Argüello y Ernesto Scott Locawood, asesor legal y secretario ejecutivo respectivamente del Consejo de Ancianos, señalaron que en la solución a los problemas que se han presentado en el Mar Caribe, tienen derecho a participar diversas naciones, menos Colombia, que es la que se ha quedado con la ‘tajada del león’.

El doctor Hodgson manifestó que en la repartición del mar que se están haciendo Honduras y Colombia, los principales afectados son los indígenas de la Costa Atlántica de Nicaragua, incluyendo los que habitan las diferentes ínsulas.

En ese sentido, indicó que recientemente sostuvieron una reunión en San Andrés, y los indígenas que habitan allí manifestaron su deseo de volver a incorporar la isla a los antiguos territorios.

(…)

A través de los tiempos, señaló, el territorio indígena de la Costa Caribe ha tenido diferentes nombres, pasando por Togosgalpa y Tologalpa, en tiempos de la invasión española; Nación Mosquitia; Departamento de Zelaya; Zonas Especiales y actualmente Regiones Autónomas.

La posición de los ancianos ha sido definir este territorio como ‘Nación Comunitaria Mosquitia’, y partiendo de las diferentes agresiones culturales, territoriales, al medio ambiente y a los recursos naturales que le han hecho a nuestro territorio, el 17 de octubre de 1997 procedimos a izar la bandera de la nación Mosquitia.

El gobierno de la señora Violeta Barrios de Chamorro aceptó la izada de la bandera indígena por espacio de año y medio. ‘Hasta que llegó el doctor Alemán y la arrió, violando de forma flagrante el derecho internacional y el indígena’, señaló Hodgson.

La pelea es por nuestras tierras.

El problema actual entre Nicaragua, Honduras y Colombia, no es más que la discusión de la definición de las tierras indígenas, muchas de las cuales son patrimonio de la humanidad, dijeron los representantes del Consejo de Ancianos.

(…)

‘Pero ahora, con el actual problema de territorialidad, estamos tocando un avispero en términos del derecho internacional, por tratados como el Clayton-Bowler y el Clapton-Webster, que define la territorialidad entre Inglaterra y Estados Unidos, e involucran directamente a la Nación Mosquitia, al gobierno de Nicaragua y a los gobiernos de Centroamérica. Colombia nada tiene que ver en esto’.

Otros elementos normativos del derecho internacional mencionados por los indígenas, son el tratado entre Managua, Inglaterra y Estados Unidos; el laudo arbitral del emperador de Austria en 1870, hasta la definición del convenio de la Mosquitia, cuando el gobierno liberal de José Santos Zelaya se toma militarmente el territorio indígena ‘y se firma un convenio de buena voluntad entre los misquitos, los ramas y los nicaragüenses’.

 ‘Hay otro elemento clave, que es la entrega de la mitad del territorio indígena al gobierno de Honduras –y que es conocido hoy como la mosquitia hondureña- a través de subterfugios legales, aparentemente ‘cocinados’ en La Haya’, dijo el doctor Hodgson.

 

En nuestra sufrida América este caso puede verse como una rémora de las sucesivas colonizaciones y recolonizaciones impuestas en el Caribe, pero en particular remonta a responsabilidades concretas de España, Inglaterra y Estados Unidos en esos asuntos. Si bien directamente no aparece involucrado el coloso del norte, siendo más bien una disputa fronteriza entre Nicaragua y Colombia por la soberanía del archipiélago, la realidad indica el peligro latente de fragmentaciones, conflictos e inestabilidades, de las que siempre ha sacado ventajas Estados Unidos. Por lo menos eso es lo que enseña la historia en el continente.

 

Horacio A. López



[1] Nota publicada en el blog el día 20 de agosto de 2009. “EL CASO DE MOSQUITIA: Del Protectorado al intento de secesión”. http://www.centrocultural.coop/blogs/nuestramericanos/2009/08/20/el-caso-de-mosquitia-del-protectorado-al-intento-de-secesion/

 

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EL CASO DE MOSQUITIA: Del Protectorado al intento de secesión

Los ingleses, ávidos de conquistar territorios en el Nuevo Mundo, lograron una base en la Mosquitia –región oriental de la actual Nicaragua- en el siglo XVII. Establecieron allí un protectorado con el nombre de Reino de Mosquitia en 1661. Los indios mosquitios mantenían una fuerte identidad y habían rechazado a los españoles sistemáticamente; se aliaron con los ingleses por conveniencias comerciales y guerreras. Durante el siglo XVIII y parte del XIX el reino tuvo distintos monarcas sostenidos por Gran Bretaña. A mediados del XIX las presiones de los Estados Unidos, sustentadas en la Doctrina Monroe, y los intereses por las disputas territoriales debidas al proyecto de construcción del canal interoceánico por Nicaragua, llevaron a un acuerdo en 1850, entre este país y Gran Bretaña. Los ingleses mantendrían su dominación en la Costa y Estados Unidos lo haría sobre la ruta del Tránsito y el futuro del Canal.

En 1860 se firma el Tratado de Managua entre Nicaragua e Inglaterra.

 

Gran Bretaña renunciaba a su Protectorado Mosquitio y debía emprender su retirada paulatina de Centroamérica. Estados Unidos vendría a ocupar ese ‘vacío’. Sin embargo los ingleses retendrían su papel de ‘potencia protectora’ insistiendo en que los derechos de Autonomía de los misquitos se incluyeran en el Tratado. Así nació la ‘Reserva Mosquitia’. El rey de un plumazo dejó la corona y pasó a ser jefe hereditario de la Reserva… La ‘soberanía’ de Nicaragua era en realidad una formalidad… Un año después de firmado el Tratado de Managua, en Bluefields se reunieron 51 Witas (alcaldes) y aprobaron la Constitución de la Reserva, inspirada por el cónsul británico y que establecía de manera general, leyes inglesas.[1]

 

En 1894 la Mosquitia fue reincorporada oficial y concretamente a Nicaragua. La República de Colombia, durante muchos años, realizó a Nicaragua reclamaciones territoriales por la Mosquitia. Ambas naciones se pusieron de acuerdo recién en 1928 mediante un tratado por el cual Colombia reconocía la posesión nicaragüense sobre las costas de Mosquitia y, a su vez, Nicaragua le otorgaba reconocimiento soberano a Colombia sobre el Archipiélago de San Andrés y Providencia.

En 1909 los Estados Unidos pusieron sus ojos y sus intereses sobre Nicaragua, azuzados por la posición del gobierno de ese país que se oponía a la concesión de una ruta de Canal que EE.UU. proyectaba en dicha zona y, como agravante, tenía planes para otorgársela a Alemania. Entonces los norteamericanos reavivaron la aspiración secesionista de la zona de la Mosquitia, particularmente en la ciudad de Bluefields. Dicha ciudad había sido ocupada por el ejército nicaragüense en 1894, pero subsistía allí una cultura diferenciada del  resto del país: la habitaban mestizos y negros afro caribeños y se hablaba el inglés, además de tener el peso de una historia autonomista.

 

El procedimiento seguido por Taft y Knox[2] fue similar al empleado por Teodoro Roosevelt en Panamá. El 7 de octubre de 1909, el Cónsul norteamericano en Bluefields, Nicaragua, informaba cablegráficamente a Knox que al día siguiente estallaría una rebelión. Moffat, el susodicho Cónsul, detallaba los planes que aplicarían los alzados; el estado, con Bluefields como capital, se constituiría en ‘república’; Estrada, el gobernador, ocuparía la presidencia e inmediatamente apelaría a Estados Unidos para que lo reconociera…

El 10 se había constituido el gobierno provisional ‘amigo de los intereses yanquis’.[3]

 

A partir de allí viene un período de luchas fratricidas, renuncias de sucesivos presidentes de Nicaragua y el país convertido prácticamente en un protectorado yanqui, con sus aduanas controladas por funcionarios de EE.UU., para garantizar un empréstito cuya contratación se imponía y una comisión mixta de reclamaciones con mayoría yanqui.

 

Ante los rumores de que Díaz[4] se proponía hacer a Estados Unidos la concesión de una ruta para el canal y bases en ambas costas de Nicaragua, la Asamblea Nacional incluyó en la Constitución disposiciones que prohibían el traspaso del territorio nacional y fijaban la condición de nicaragüense para el desempeño de cualquier cargo público de la nación. Amenazaban venirse abajo los logros de Knox.[5]

 

Entonces entran en juego los marines, desembarcando en agosto de 1912. Sostenido en el poder por ellos, Adolfo Díaz es reelegido en noviembre en comicios vigilados por los marines. Finalmente, mediante el Tratado Bryan-Chamorro de 1916, Estados Unidos obtiene la tan ansiada ruta del canal, más una base naval en el Golfo de Fonseca.

Más adelante vendrá la heroica lucha del general Augusto César Sandino contra los marines invasores, los que se retiran en 1933 dejando a la Guardia Nacional bajo el mando del general Anastasio Somoza, quien en 1934 asesinará a Sandino.

Los intentos de secesión llegan hasta nuestros días y siempre con el aliento del imperialismo. A pesar de los intentos  del Frente Sandinista de Liberación Nacional para ganar a los misquitos para la causa de la revolución, incluido darles mayor autonomía, éstos escucharon los cantos de sirena de la contra.

Más recientemente, un cable de Prensa Latina, fechado el 30 de junio de 2004, da cuenta de lo siguiente:

 

El Consejo de Ancianos de los indígenas nicaragüenses anunció hoy que llevará al Tribunal Internacional de la Haya las demandas presentadas al gobierno para que le respeten su independencia heredada de sus ancestros. Lo anterior fue respaldado por más de 200 representantes de los grupos étnicos –misquitos, sumos, negros y ramas- que viven en la llamada zona de la Mosquitia, quienes participaron en la Asamblea general del Consejo. El evento que concluyó la víspera en Bluefields, capital de la Región Autónoma del Atlántico Sur, demandó al presidente Enrique Bolaños, se regresen a los indígenas las propiedades y derechos que heredaron de sus ancestros.

 

Hoy en día, cuando se vuelve a hablar de la posibilidad de un nuevo canal interoceánico por Nicaragua, la misma historia continúa.

 

Horacio A. López



[1] Reconquista Popular. Pueblos originarios y política imperialista.

http://archives.econ.utah.edu/archives/reconquista-popular/2004w38/msg00222.htm

 

[2]  Presidente y Secretario de Estado de los Estados Unidos respectivamente.

[3]  Ramos, César (comp.), Historia de América II, Selección de lecturas, Tomo II, Departamento de Historia de América, Universidad de La Habana, Editorial Pueblo y Educación, La Habana,  1980, p. 135.

[4]  Un nuevo Presidente de Nicaragua que respondía a Estados Unidos.

[5] Ibíd., p.138.

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EL CASO NICARAGUA: De la República al intento de anexión

Mapa de América Central y Nicaragua

Música de Nicaragua

En Nicaragua, con extensión a Centro América, se dio el caso más grosero de intervención yanqui en aras de anexar territorios ajenos: no fue alentando movimientos separatistas o anexionistas en sí, sino avalando a un aventurero sin escrúpulos –un verdadero filibustero como fue catalogado- de nombre William Walker, quien al frente de su “Falange Americana”, integrada por mercenarios yanquis, invadió Nicaragua llegando a proclamarse presidente de la misma como paso previo al objetivo de la anexión. Ya tenía antecedentes peligrosos:

 

En 1853 partió de San Francisco de California y desembarcó en La Paz, capital de la Baja California. Allí se proclamó presidente de la República de la Baja California. Era la inspiración del ‘modelo’ texano…

En mayo de 1854 se ‘anexa’ Sonora…

Agotados sus medios, se rindió a las autoridades norteamericanas. Procesado a instancia de México, fue finalmente absuelto.[1]

 

En 1855 desembarca en Nicaragua mediante un trato con los liberales en lucha civil contra los conservadores que gobernaban. Luego de una serie de batallas contra el gobierno constituido logra imponer un nuevo presidente, al que luego reemplaza por otro, hasta que termina asumiendo personalmente él la presidencia. El presidente norteamericano Pierce se apresuró a reconocer a su compatriota como presidente de otro país. Estaba en juego el control del territorio de una nación en la que era muy probable que se construyera el futuro canal interoceánico. Así lo confiesa en una carta el embajador yanqui designado por Pierce:

 

… Si el tránsito por su hermoso istmo es de una importancia vital para todas las naciones marítimas de la tierra, ¿de cuán mayor importancia no lo es para los Estados Unidos, desde la accesión a la California y el arreglo de nuestros territorios… sobre el Pacífico? Es importante para las demás naciones e indispensable para los Estados Unidos….

 

En su respuesta Walker deja traslucir sus verdaderas intenciones:

 

 … Es de esperar que se estén acercando mejores días, y que sea escuchada nuestra voz en nuestras reclamaciones de otras nacionalidades. Confío pues, que los Estados Unidos nos harán imparcial y estrictamente justicia, cuando presentemos nuestras demandas. Y además, esperamos con confianza y creemos de antemano que si hay otras naciones dispuestas a rechazar nuestros derechos, su gobierno no quedará frío espectador de sus actos.[2]

 

¿Cuáles eran esas reclamaciones de otras nacionalidades? ¿Cuáles las demandas a presentar y ante quién? Señala Gregorio Selser en su libro sobre Sandino:

 

… entre sus futuras ambiciones (se refiere a Walker) figuraba la de emular la hazaña de Sam Houston en Texas, incorporando la totalidad del territorio del istmo a los Estados Unidos. Para esto contaba no sólo con una situación política norteamericana propicia, sino con la benevolencia del propio presidente Pierce, quien no desautorizó al filibustero cuando éste proclamó que las elecciones que lo ungieron Presidente de Nicaragua habían sido supervisadas por tropas estadounidenses de New Orleáns y California…[3]

 

En una política de clara norteamericanización, Walker reestablece el sistema de la esclavitud y oficializa el  inglés como segundo idioma. Pero voluntarios de toda la región acudieron para expulsar al extranjero que pretendía convertir a esos países en territorios norteamericanos. En toda América hispana se escucharon airadas protestas. Tal vez la más paradigmática es la moción que en Chile llevaron a la cámara los diputados Errázuris, Irisarri, Prado, Aguirre, Barriga y otros, sugiriendo que el Poder Ejecutivo intervenga en los problemas de Nicaragua:

 

Mañana será tarde, porque si cae Centro América, cae con ella la llave del continente americano español en poder de los enemigos de nuestra raza…

Mañana será tarde, porque no faltará un pretexto cualquiera, una diferencia antigua, algún ridículo reclamo, un protectorado, una isla despoblada para traer sobre nuestras cabezas la tempestad que hoy ruge sobre nuestros hermanos”.

 

¡Cuánta razón y premonición encierra este alerta patriótico!

La resistencia al filibustero se amplió. Los ejércitos de las pequeñas repúblicas al mando del costarricense José Joaquín Mora lo enfrentan con variada suerte, hasta que en 1857 Walker finalmente capitula ante el capitán de un navío de guerra norteamericano, quien en definitiva lo salva trasladándolo hasta Panamá y desde allí a los Estados Unidos, donde fue recibido como un héroe.

En 1860 Walker realiza una nueva tentativa, esta vez desembarcando en Honduras. La suerte no lo acompañó, fue hecho prisionero y fusilado.

En la correspondencia de los agentes norteamericanos se revelan los planes que incluían a otros países centroamericanos: Beverly Clarke, ministro de Estados Unidos para Guatemala y Honduras, en carta a Lewis Cass, secretario de Estado de los Estados Unidos, escribe en 1859:

 

 En una época, mientras Walker fue jefe en Nicaragua, no hay duda que contaba con muchos amigos entre los liberales en Guatemala, y, a no ser por los supuestos errores en su política administrativa… muchos aseguran aquí que hubiera podido ser considerado como un libertador, y voluntariamente lo hubiesen constituido como cabeza política de este Estado.[4]

 

 

La derrota del proyecto Walker fue la derrota del Departamento de Estado de los Estados Unidos.

 

Horacio A. López



[1] Medina Castro, Manuel. Estados Unidos y América Latina. Siglo XIX. Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1974.

[2] Ibíd., p. 341.

[3] Selser, Gregorio, Sandino. General de hombres libres. Tomo I., Ediciones Especiales IV, Imprenta Nacional de Cuba, La Habana,  1960, p. 22.

[4] Medina Castro, Op. Cit., p. 344.

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