Notas con la etiqueta ‘Nuestra América’

Segundas Jornadas del Departamento de Historia C.C.C. y ADHILAC

Segundas Jornadas del Departamento de Historia del Centro Cultural de la Cooperación (CCC)y la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe

(ADHILAC, Argentina)

GUERRA DE EMANCIPACIÓN EN NUESTRA AMÉRICA

DOSCIENTOS AÑOS DE LUCHAS, UTOPÍAS Y CONTRAMARCHAS

Programa actualizado 2º Jornadas de Historia CCC-ADHILAC

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Segundas Jornadas del Departamento de Historia del Centro Cultural de la Cooperación (CCC) y la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC)

Segundas Jornadas del Departamento de Historia del Centro Cultural de la Cooperación (CCC) y la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC). 27 y 28 de Septiembre.

GUERRA DE EMANCIPACIÓN EN NUESTRA AMÉRICA. DOSCIENTOS AÑOS DE LUCHAS, UTOPÍAS Y CONTRAMARCHAS.

A fines del siglo XVIII la lucha antiesclavista en Haití dio lugar a la primera declaración de Emancipación de Nuestra América en 1804. Pocos años después la lucha se extendió por las colonias hispanas desde el río de la Plata a México. En este Bicentenario deseamos nutrir el debate acerca del proceso emancipatorio y de las cuestiones pendientes poniendo especial énfasis en el papel jugado por Simón Bolívar y otras figuras destacadas como Alexandre Pétion, Manuel Belgrano, Mariano Moreno, Bernardo de Monteagudo, José Gervasio de Artigas, Juana Azurduy de Padilla, José de San Martín, Miguel de Hidalgo, José María Morelos entre otros.

Por otra parte, como la colonial era una sociedad de castas cabe analizar también en qué medida los sectores subalternos participaron de estos procesos que culminaron en la separación de la mayoría de las colonias de la metrópoli, dado que muchas veces se presenta como un fenómeno exclusivo de las élites criollas. Sin dudas allí donde los paisanos, los pueblos originarios y los esclavos se unieron contra la opresión colonial, lograron resistir y finalmente derrotar a la represión metropolitana. Donde esa resistencia no logró ser tan persistente, como el caso cubano, pasaron décadas hasta consagrar su separación política de España.

Circular 2º Jornada CCC-ADHILAC

Si Ud. desea participar le pedimos que confirme su asistencia, los lugares para las mesas temáticas que se realizaran por la mañana y por la tarde, sea ponente o sólo presencial, son limitados; la mesa de las 19 hs. es pública y no requiere previa inscripción.

Si desea exponer, es necesario que envíe sus reflexiones sobre uno de estos ejes temáticos por escrito. La extensión deberá ser de 3 a 5 carillas.

Participantes:

a) De países hermanos: Carmen Bohórquez, Luis Pellicer (Venezuela)

Juan Paz y Miño, Jorge Núñez (Ecuador)

b) De Argentina: Profesores, docentes, investigadores y estudiantes de diversas Facultades y del CCC y de la ADHILAC Argentina.

Entre 50 a 60 participantes entre docentes y estudiantes de Historia, divididos en dos grupos. Cada grupo (integrado por expositores y asistentes) participa de una Mesa temática por la mañana y por la tarde, ambos días.

Los ejes de trabajo son los siguientes:

Eje 1: De Haití al Río de la Plata. Bolívar y la lucha por la emancipación de Nuestra América

Eje 2: Nuestra América en el Bicentenario: entre la integración regional y las presiones de las grandes potencias extra-regionales.

Lugar

CENTRO CULTURAL DE LA COOPERACIÓN “FLOREAL GORINI”

Avda. Corrientes 1543, C.A.B.A.

Martes 27 de Septiembre: Eje 1

Dos Mesas temáticas por la mañana (de 9 a 12.30 hs) y dos por la tarde (de 14.30 a 18 hs.) en el 3º piso

19 hs. Mesa Redonda abierta al público con los invitados.

Sala Solidaridad, 2º subsuelo

Miércoles 28 de Septiembre: Eje 2

Dos Mesas temáticas por la mañana (de 9 a 12.30 hs) y dos por la tarde (de 14.30 a 18 hs.) en el 3º piso

19 hs. Mesa Redonda abierta al público con los invitados.

Sala Solidaridad, 2º subsuelo

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Rebautizar América (II Parte) COMENCEMOS POR BAUTIZARNOS

COMENCEMOS POR BAUTIZARNOS

El escamoteo de nuestra identidad comienza por nuestro propio nombre; quiénes somos y cómo nos llamamos, es la cuestión.

Queremos hablar de “nuestra América” y no de “América latina” o cualquier otra formulación incorrecta, asumiendo la definición de José Martí de su ensayo de 1891. El término “América latina” es impropio y erróneo; se lo comenzó a usar durante la segunda mitad del siglo XIX desde los centros de poder económico y colonialista de Europa, para definir al territorio que comprende las dieciocho naciones de habla castellana en nuestro continente, por necesidades surgidas de sus demandas de dominación, de las de los negocios de exportación e importación y de las de proyectos de neocolonialismos tardíos.

“ La denominación América latina, a más de culturalmente imprecisa y cercana, se extendió al término de la centuria pasada –nos cuenta Hernández Arregui en su obra ¿Qué es el ser nacional?- apoyada por escritores encandilados por Francia, se aclimató finalmente en este siglo XX, bajo el ascendiente de personajes como Clemenceau o Poincaré, y es en alguna medida el resabio con cosméticos modernos de aquella inquina hacia España que viene de la política continental europea de los siglos anteriores, no sólo de parte de Inglaterra, sino de Francia, interesada por igual en el reparto de los restos del antiguo imperio Español en América.”

Al concepto también se lo utilizó para diferenciarse de aquellas partes que definen a la América anglo-sajona y a la francófona (Estados Unidos de Norteamérica, Canadá, archipiélago de las Bahamas). En esta conducta reivindicativa anduvieron el colombiano Caicedo y el chileno Bilbao principalmente: “En rigor – nos cuentan Sergio Guerra Vilaboy y Alejo Maldonado Gallardo- el neologismo América latina, que al parecer hizo su aparición a mediados del siglo XIX, tuvo como verdaderos padres al colombiano José María Torres Caicedo y al chileno Francisco Bilbao, ambos residentes en París. Este último empleó el vocablo, por primera vez en una conferencia dictada en la capital francesa el 24 de junio de 1856 con el título de “Iniciativa de la América”, donde también se valió del gentilicio latino-americano…

“… Torres Caicedo también lo utilizó, el 26 de septiembre de 1856, en la primera estrofa de la parte IX de su poema ‘Las dos Américas’…

“Poco después, en febrero de 1861, Torres Caicedo dio a conocer en París sus ‘Bases para la Unión Latino-Americana. Pensamiento de Bolívar para formar una Liga Latino-Americana; su origen y sus desarrollos, dirigida a la integración económica y política de las que llamó ‘Repúblicas latinoamericanas’…”

Pero la latinidad del término apenas abarcaría –por historia y por lenguaje- a la parte blanca, europea, de sus habitantes, dejando afuera a millones de pobladores descendientes de los pueblos originarios o de mezclas de ellos con negros o blancos, u otras combinaciones, los que no vienen solamente de una historia del mundo latino, ni sus lenguas se nutren de él; setenta y seis familias lingüísticas son originarias de América del Sur; muchas de ellas vivas, como el quechua, aymará, guaraní, mapuche.

Al respecto nos ilustra el peruano Luis Alberto Sánchez: “Ni nuestra cultura es latina, sino esencialmente indoíbera, con métodos y revoques franceses; ni lo español es latino, por cuanto fenicios, romanos, godos y árabes que plasmaron la Península representan, en conjunto, un aporte superior al latino; ni el indio, nuestra raíz, encarnación humana de lo telúrico, tiene nada de latino. Como reacción contra España, durante un período de nuestra historia, la denominación de América latina tuvo fortuna; hoy la disfruta sobre todo a guisa de facilitar el pensamiento de europeos y norteamericanos… y satisfacer el orgullo de franceses y afrancesados.

“Como ocurre casi siempre, estas generalizaciones resultan peligrosas o inexactas. Tal cual el término ‘latino’ aplicado a nuestra cultura encierra una jugosa ironía, de idéntica manera referirse a los Estados Unidos como una civilización definidamente ‘anglosajona’ no deja de ser disentible.”

Lo irrebatible es, como afirma Hernández Arregui, que la latinidad no existe. “Como no existe Occidente”, agrega en su obra citada.

Pero el término “América latina” termina por difundirse e imponerse, tomado principalmente por los norteamericanos, a quienes les viene bien la definición para que nadie nos confunda con ellos, y por los intelectuales nuestros con vocación de colonizados, hasta que termina siendo generalmente aceptado.

En el décimo aniversario de Playa Girón, en 1971, Fidel Castro señaló en su discurso:

“Todavía, con toda precisión, no tenemos siquiera un nombre, estamos prácticamente sin bautizar; que si latinoamericanos, que si iberoamericanos, que si indoamericanos.”

Es así, como señala Fidel. Partiendo del propio sustantivo “América” –que supuestamente proviene de la región nicaragüense habitada por los indígenas “americúas”, termino que termina generalizándose por el mapa que el cartógrafo florentino Vespucio realiza en 1507 y que firma con el seudónimo de “Americus”-, el aporte de poblaciones originarias, más europeas, más africanas e inclusive asiáticas, constituye un territorio de amalgamas notables y únicas que nos impide un nombre abarcador y sintetizador que contenga todos los afluentes.

Pero estos pueblos emergentes, que para nosotros son nuestros hermosos y gallardos pueblos, tienen otro concepto para los imperialistas.

Continúa Fidel en su discurso: “Para los imperialistas no somos más que pueblos despreciados y despreciables. Al menos lo éramos. Desde Girón empezaron a pensar un poco diferente. Desprecio racial. Ser criollo, ser mestizo, ser negro, ser sencillamente latinoamericano, es para ellos desprecio.”

Y ese pensar diferente, en cuanto a subestimarnos un poco menos, despreciarnos un poco menos, tal vez adquirió un nuevo nivel cuando fracasa el golpe de Estado de abril en Venezuela: ¡primer golpe de Estado tradicional, promovido por los imperialistas y sus agentes de afuera de Venezuela y también vernáculos, que fracasa una vez triunfante! Esos criollos, esos mestizos, esos mulatos y negros que construyen la llamada revolución bolivariana, les jugaron una mala pasada, como entonces en Girón.

Horacio A. López.


Juan J. Hernández Arregui. ¿Qué es el ser nacional?. Editorial Hachea. Buenos Aires. 1963, p. 34.

Sergio Guerra Vilaboy y Alejo Maldonado Gallardo. Los laberintos de la Integración Latinoamericana. Facultad de Historia de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. México. 2002, p. 33.

Luis Alberto Sánchez Exámen Espectral de América Latina. Editorial Losada. Buenos Aires. 1962, p.22.

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Rebautizar América (I Parte)

Más allá de las identidades, tradiciones, culturas, que definen sus actuales repúblicas o regiones, nuestra América se erige como una unidad superior –tal vez la de mayor coherencia en el mundo- con fuertes raíces y valores comunes que la potencian como entidad más que la dividen.

El problema ha sido que nos han querido escamotear nuestra identidad, para que el sueño de la Patria Grande, de la Confederación de Repúblicas Mestizas, como quería Bolívar y tantos otros patriotas, nunca se hiciera realidad. Para ello obraron, desde el comienzo de nuestra guerra por la primera independencia, las diplomacias y fuerzas militares de Inglaterra y Estados Unidos, así como los “espíritus de localías” –entiéndase las oligarquías nacientes en cada joven república que se iba independizando- que bien denunciara Bernardo Monteagudo en su “Ensayo sobre la necesidad de una Federación General entre los Estados hispanoamericanos y plan de su organización”, escrito en Quito en 1823.

“En este continente se habla prácticamente una lengua, salvo el caso excepcional del Brasil, con cuyo pueblo los de habla hispana pueden entenderse, dada la similitud entre ambos idiomas. Hay una identidad tan grande entre las clases de estos países que logran una identificación de tipo internacional americano, mucho más completa que en otros continentes”. Esto nos señalaba el Che en su famoso Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental, allá por 1967.

Podemos acudir a Elena Poniatowska para abundar en esto; escribe en un ensayo titulado Memoria e Identidad: “Fueron los conquistadores los que nos dieron nuestra actual identidad latinoamericana al imponer su lenguaje, su idea del núcleo familiar, su catolicismo, su machismo (no tenemos noticia del machismo indígena)…

“Por la palabra se ha unificado a América latina desde el río Bravo hasta Tierra del Fuego, por la palabra guardamos memoria, y la palabra ha sido instrumento de lucha, la palabra nos ha hecho reír, y la palabra se ha levantado en contra del silencio y en contra del sufrimiento.”[1]

Pero volviendo al Che y su discurso citado: “Lenguas, costumbres, religión, amo común, los unen. El grado y formas de explotación son similares en sus efectos para explotadores y explotados de una buena parte de países de nuestra América. Y la rebelión está madurando aceleradamente en ella.”

Ciertamente no es nueva la descripción desarrollada por el Che: un siglo antes, más precisamente en 1864, el ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Alvaro Covarrubias, en una nota dirigida al embajador de España, a propósito de la crisis hispano-peruana por la cuestión de las islas Chinchas, escribía:

“Las repúblicas americanas de origen español forman en la gran comunidad de las naciones, un grupo de Estados Unidos entre sí por vínculos estrechos y peculiares. Una misma lengua, una misma raza, formas de gobierno idénticas, creencias religiosas y costumbres uniformes, multiplicados intereses análogos, condiciones geográficas especiales, esfuerzos comunes para conquistar una existencia nacional e independiente: tales son los principales rasgos que distinguen a la familia hispanoamericana. Cada uno de los miembros de que ésta se compone ve más o menos vinculado su próspera marcha, su seguridad e independencia a la suerte de los demás. Tal mancomunidad de destinos ha formado entre ellos una alianza natural, creándoles derechos y deberes recíprocos que imprimen a sus mutuas relaciones un particular carácter. Los peligros exteriores que vengan a amenazar a alguno de ellos en su independencia o seguridad, no deben ser indiferentes a ninguno de los otros; todos han de tomar parte en semejantes complicaciones, con interés nacido de la propia y la común conveniencia.”[2]

En este escenario es que el Che veía madurar la rebelión, y se preguntaba al respecto: “¿cómo fructificará?, ¿de qué tipo será? Hemos sostenido desde hace tiempo que, dadas sus características similares, la lucha en América adquirirá, en su momento, dimensiones continentales.”[3]

El Che veía el escenario continental para la concreción de la segunda y definitiva independencia, tal como había sido escenario en la primera. La globalización de esta aldea común en que se ha transformado el mundo, nos lleva a pensar en la justeza de esta afirmación, con la cual adquiere nuevo vigor en estos comienzos del siglo XXI, el renovado objetivo de la Patria Grande, pensada su integración en términos de cierta institucionalización. Pero cuando hablamos de “Patria Grande”, ¿a quiénes estamos incluyendo? ¿Cuál es nuestra identidad? Esto es importante dilucidarlo porque, como escribe Heinz Dieterich, “Un pueblo sin identidad es un gigante miope. No puede ver el camino que ha de andar para su liberación. Destruir su identidad u ofuscarla significa cegar al pueblo y mantenerlo dentro de las cadenas seculares que le han sido impuestas. Contribuir a la reconstrucción y al avance de esta identidad, es decir, su capacidad de autodeterminación es, por ende, obligación prometeica de cualquier auténtico compromiso latinoamericanista.”[4]

Horacio A. López.


[1] M. Benedetti y otros. Nuestra América contra el V Centenario. Editorial Txalaparta. Tafalla. Navarra. 1990, p. 156 y 162.

[2] Citado por Miguel Rojas Mix en Los cien nombres de América, a su vez tomado de Patria y Federación de Justo Arosemena, La Habana, 1977.

[3] “Revista Tricontinental de Cuba”. La Habana. 1967.

[4] Heinz Dieterich. Emancipación e Identidad de América latina: 1492-1992, en Nuestra América contra el V Centenario. Editorial Txalaparta. Tafalla. Navarra. 1990, p.71.

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Nuestra América Insurgente

          “Descolonizar la historia de la región, el gran desafío”, así fue como titulo el diario Tiempo Argentino el encuentro de historiadores del pasado 26 de julio bajo el lema “Nuestra América Insurgente. Quinientos años de lucha emancipadora”. El mismo fue organizado por el Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini” y el Fondo Cultural del ALBA; que conto con la presencia de prestigiosos historiadores de nuestro continente: Xavier Albo (Bolivia), Sergio Guerra Vilaboy (Cuba), Jorge Nuñez (Ecuador), Luis Pellicer(Venezuela), Juan Carlos Junio y Horacio López (Argentina/director y subdirector del Centro Cultural).

          Por la mañana junto a los historiadores mencionados, profesores de historia y la participación de Fernando Buen Abad (México) y Atilio Boron (Argentina) entre otros, se debatióen en dos comisiones se debatió sobre  ¿cualés son las contribuciones de la historia como campo del saber a los proceso transformadores de nuestramérica hoy? (moderada por Santiago Sanchez y Alejandro Pisnoy) y ¿cualés son los aportes del proceso transformador de nuestramérica hoy para la renovación de la disciplina de la historia en términos epistemológicos, metodológicos, conceptuales, institucionales? (moderada por Pablo Imen)

Al finalizar las mismas se realizó un plenario general. A continuación se puede escuchar el audio.

Plenario de Comisiones

 

 

          Por la noche, y en la sala Solidaridad del Centro Cultural antes más de 200 personas los historiadores de nuestro continente disertaron sobre la historia y la lucha de NUESTRA AMÉRICA.

A continuación presentamos el video institucional y la disertación de Xavier Albó (las demás disertaciones, como así también la conferencia completa en archivo de audio las iremos presentando en las sucesivas semanas).

Institucional: http://www.youtube.com/watch?v=4Wuk8lz9X-g

Audio Conferencia: http://rapidshare.com/files/410791166/ponencias.mp

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