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Secesionismo: HACIA LA REPÚBLICA DE AIRRECÚ

Por: Horacio López

 

Vimos cómo los Estados Unidos, durante gran parte del siglo XIX, accionaron por diversas vías en función de poseer influencias decisivas sobre aquellos territorios centroamericanos que eran potenciales lugares por donde se podría construir el anhelado canal interoceánico. Tres eran las regiones que ofrecían condiciones para un proyecto de esa naturaleza: Tehuentepec en México, Nicaragua y Panamá. En todos los casos desplegaron sus influencias diplomáticas, económicas y militares para lograr sus objetivos.

Relata Medina Castro:

 

Las perspectivas del canal por el río San Juan, limítrofe entre Costa Rica y Nicaragua, provocaron inevitables celos y fricciones entre los dos pequeños países.

Pero nunca fue problema mayor.

Mas, existía. Estaba allí, latente.

Hasta que llegaron los gringos…

Y pretendieron sacar las castañas del fuego utilizando a los nativos.

Los norteamericanos a los ingenuos hijos de Nicaragua.

Los ingleses, a los no menos ingenuos hijos de Costa Rica.

Los norteamericanos contrataron la construcción del canal con Nicaragua en 1849.

Los ingleses, con Costa Rica, en 1850.

Unos y otros pretendían construir el canal a través del puerto y río de San Juan.[1]

 

Estados Unidos impuso su posición, favoreciendo a Nicaragua.

Como sabemos, el canal se terminó de construir por Panamá, lo que dejó latente el conflicto.

En 1858 Costa Rica y Nicaragua firman un Tratado de Límites denominado “Cañas-Jerez”, pero nunca quedó clara la delimitación, ya que cada uno de los respectivos países hace una lectura distinta de la letra del mismo. Por ejemplo, los costarricenses reclaman derechos sobre 800 metros de costa del lago de Nicaragua, en el punto donde el lago se une al río San Juan.

En los últimos años, producto de que se vuelve a hablar de la posibilidad de un nuevo canal interoceánico –esta vez sí por la zona del lago y el río San Juan- han recrudecido los conflictos. Nicaragua acusa a Costa Rica de una política “anexionista” sobre la rivera sur del lago Cocibolca, sumada a la explotación de recursos naturales y a la compra de propiedades fronterizas.

En un artículo firmado por Teresa Bausili en el diario La Nación de Buenos Aires, en su edición del 23 de enero de 2005, titulado “Un reclamo que estalla con frecuencia en América Latina”, leemos:

 

… En 1995, la ola separatista sorprendió a los gobiernos de Nicaragua y Costa Rica cuando los habitantes de una región inhóspita y fronteriza, disputada hace un siglo por ambos países, declararon la independencia de su territorio de 213 kilómetros cuadrados y proclamaron la ‘República de Airrecú’. El episodio fue sofocado sin violencia contra los 5.000 habitantes de la región, que hablan la lengua maleku y que ya hasta tenían bandera y habían designado presidente.

 

El fenómeno persiste y no es difícil imaginar qué siniestra mano está alentando esta secesión. Conviene hacer la salvedad de que en este caso se trata de habitantes pobres, quienes obviamente no poseen las mismas motivaciones que las oligarquías que alientan objetivos similares, por ejemplo en Bolivia.

            La agencia Noticias Aliadas –una ONG productora de información sobre acontecimientos latinoamericanos y caribeños- reproduce en su edición por Internet  del 23 de julio de 2003 un artículo titulado “¿Una nueva nación?”, firmado por Tim Rogers. Con el copete siguiente: “Separatistas se preparan para renacimiento de Airrecú”, publica:

 

Líderes de un movimiento separatista en la frontera norte de Costa Rica han advertido al gobierno que se le está acabando el tiempo para reclamar el territorio perdido ante Nicaragua hace 100 años, antes que nazca una independizada República de Airrecú.

Encerrada en una pantanosa franja de 440 km2 entre el lago Nicaragua y Costa Rica, el área es hogar de 5.000 empobrecidos  agricultores, cazadores furtivos de cocodrilos y ex combatientes sandinistas y contras. Aunque Nicaragua creó la Reserva Natural Los Guatuzos en 1990 para proteger el área, el movimiento Airrecú sostiene que una lectura cuidadosa del Tratado de Límites Cañas-Jerez de 1858 muestra claramente que la tierra pertenece a Costa Rica[2]

 

 

El artículo de marras reproduce también una foto tomada de la publicación The Tico Times, mostrando el rostro de Omar Jaén, quien aparece como el líder de Airrecú.

No dudemos sobre el hecho de que el desarrollo de los acontecimientos que lleven a la concreción o no de esta supuesta república, tendrá que ver con cómo se desarrolle el proyecto de un nuevo canal.

Lo último en esta disputa que toma la forma de conflicto entre países hermanos es que Costa Rica se ha aliado con Colombia para presionar a Nicaragua con la intención de ratificar el tratado de límites marítimos en el mar Caribe y forzar con ello una negociación sobre el río San Juan. Sumado a lo cual Costa Rica demandó a Nicaragua en 2005 ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya por cuestiones de jurisdicción en la navegación sobre el río San Juan. El conflicto entonces sigue abierto.

[1] Medina Castro, Op. Cit., p. 592.

 


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Ensayo sobre quienes fueron los verdaderos protagonistas de nuestra independencia y como interpretamos su legado. (Parte IV)

Por: Alejandro Pisnoy. Prof./Invest. CCC

Los Verdaderos Protagonistas

De la Gran Republiqueta a las seis Republiquetas.

           

El enfrentamiento entre los países de la zona sur de esta región del continente (Perú, Chile, Bolivia, Paraguay, Uruguay y Argentina) es algo constante, social por un lado, o bélico por el otro. En lo social basado en la constante discriminación entre los pueblos y el menosprecio hacia las culturas originarias; pero estos enfrentamientos, muchas veces se relacionan directamente con lo segundo, ya que los gobiernos militares en su momento, o “democráticos”, en otro, fueron los artífices de estos enfrentamientos por mantener el poder, los intereses propios o los negocios con países imperialistas como EE.UU. e Inglaterra, además de generar una dependencia permanente con estos. Pero sí hubo hombres que después de las independencias también lucharon por la unidad e igualdad del continente, y que a pesar de ser  acusados de guerrilleros o tener ideas que se oponían a un sistema del que sólo se beneficiaba la clase oligárquica, sus ideales y sangre derramada se expandieron por toda Nuestra América.     

 

En 1776 España decide dividir el virreinato del Perú creando el virreinato del Río de la Plata, región que comprende en la actualidad los países de Argentina, Bolivia, Uruguay, Paraguay y parte de Chile. En 1782 la corona decide dividir este nuevo virreinato en ocho intendencias, La Paz, Cochabamba, Charca, Potosí, Paraguay, Salta, Córdoba y Buenos Aires; y cuatro gobiernos sometidos a la autoridad de vierrey, Montevideo, Misiones, Chiquitos y Moxos. Esta nueva división  acrecentó las malas relaciones entre los gobiernos de Lima y Buenos Aires por la inclusión de las minas de Potosí en este nuevo virreinato, y a su vez garantizo la estructura económica y administrativa.

                                                                

            No podemos dejar de lado que “el Río de la Plata fue la región hispanoamericana donde, después de México, cobraron formas más definidas los perfiles de las transformaciones sociales, a la vez que el conflicto anticolonial evolucionaba, como en Nueva Granada, hacia una caótica guerra civil. La lucha fraticida estaba asociada aquí a la política conservadora de las aristocracias de Buenos Aires, empeñada en impedir la pérdida de sus privilegios tradicionales y evitar una verdadera revolución”[1]; hechos que se dieron claramente en la Junta de Mayo, donde por un lado estaban los representantes de la oligarquía (terratenientes, comerciantes y saladeristas) y la iglesia encabezados por Cornelio Saavedra, presidente de la Primera Junta por un lado y los intelectuales encabezados por Mariano Moreno, Juan J. Castelli y Manuel Belgrano por el otro, con la idea de llevar adelante el Plan de Operaciones que Moreno había redactado en busca de eliminar la influencia oligárquica en los ejércitos, éste permitía a los pueblos originarios y mestizos ocupar el cargo de oficial, el respeto y reconocimiento a estos pueblos se hizo notar a cada momento por este grupo de intelectuales revolucionarios. Decía Moreno “hacerse amar por los naturales por la dulzura con que se les trate, hacerles formar verdadera idea de esta cusa y que conozcan que sus tiranos son los únicos autores de los estragos de la guerra que padecen”.

            Este fue sólo el comienzo en el camino a la emancipación, ¿pero que lugar ocuparon las clases populares en esta etapa? Las discusiones pueden  ser muchas, pero es innegable que las hubo y que a pesar de no ser muy organizadas en algunos casos, estas luchas, jugaron un papel fundamental, por un lado el de desgastar a las fuerzas realistas, cuando pudieron ser utilizadas para otros combates, se vieron obligadas a destinar ejércitos al Alto Perú, como veremos más adelante. Y por el otro apoyar e incorporarse permanentemente a los ejércitos organizados (como en los casos de M. Belgrano y J. de San Martín) para luchar por la independencia[2].     

            A fines de 1810 el Ejército del Norte, al mando de Castelli, vence en Suipacha a las fuerzas realistas, a medida que las ciudades del Alto Perú sabían de su llegada comenzaron las sublevaciones, estas se dieron a lo largo de toda la región, inclusive en la principales ciudades, tanto en la zona andina como en la oriental (La Paz, Oruro, Potosí, Chuquisaca, Cochabamba y Santa Cruz de la Sierra). El apoyo de los pueblos originarios aumento cuando Castelli pronunció en idioma quechua y aymará que se suprimía el tributo, el servicio personal indígena y se debían repartir las tierras y el ganado confiscado a los realistas. Además conmemoró el 25 de Mayo de 1811, 1º aniversario de la revolución, en las sagradas ruinas de Tiahuanaco.

            Belgrano fue el encargado de la ofensiva al Paraguay, donde las diferencias entre los grupos que conformaron las juntas criollas eran similares a las de Buenos Aires, por un lado el representante de la oligarquía, Fulgencio Yegros, y por el otro, el abogado (igual que Moreno), José G. Rodríguez de Francia. A finales de 1810 y comienzos de 1811 Belgrano dictó en guaraní el reglamento que daba la igualdad, derechos a la tierra y eliminación del tributo a los treinta pueblos originarios de Misiones.  

            Es el mismo Belgrano quién junto a San Martín se reúne en Buenos Aires, ambos convocan a  la conocida “Asamblea del Año XIII”, en la misma no sólo se resolvió desconocer a Fernando VII y establecer los símbolos nacionales, sino que también demostró la importancia que para ellos tenía la cuestión social declarando la libertad de vientres y la libertad de los esclavos para que puedan incorporarse a los ejércitos (la esclavitud recién quedó abolida en 1853), la abolición de la trata y los títulos nobiliarios, suprimió la mita, las encomiendas, los mayorazgos y los servicios personales de los pueblos originarios. Además sostenía mantener el comercio con Inglaterra, también quedaba Buenos Aires como centro hegemónico de la región, causa por la que la Banda Oriental y el Paraguay estuvieron en desacuerdo.         

 

Quizás, el caso más emblemático de la lucha popular es el que se da en la actual República Oriental del Uruguay, donde los estancieros Fructuoso Rivera y José G. Artigas (oficial criollo) encabezaron la revolución, que al igual que en México provino de las áreas rurales. En esta región al no haber una gran población y poca estratificación social, se vio beneficiada la lucha popular, contando con la participación de gauchos, peones, algunos sectores bajos de la iglesia, indígenas charrúas y esclavos negros.

Un acontecimiento que sostiene esta lucha popular y el apoyo que tuvo Artigas en la región fue ocho años después de aquel cabildo abierto de 1810, al mando de 2000 indígenas charrúas y guaraníes, el indio charrúa Andresito -Andrés Guacurari-, (además contó con los barcos corsarios del irlandés Setter Cambell que habían desertado de la expedición inglesa de 1806 y 1807) acabaron con la rebelión antifederal en Corrientes, quedando en claro el apoyo que tuvo Artigas en la región.

 

En Paraguay con un gran apoyo de los campesinos y peones sin tierra, y con el Dr. José G. Rodríguez de Francia a la cabeza, se declaro la independencia absoluta, tanto de España como de Buenos Aires y la Liga federal, porque no iban a aceptar las pretensiones de un gobierno centralista, ni la imposición de restricciones comerciales y económicas.

Luego se superar las conspiraciones por parte de la aristocracia yerbatera, campesina y comerciantes, que además contaban con el apoyo de Buenos Aires; y con el apoyo del pueblo Francia logró ser confirmado como dictador supremo, de esta menara solidificó una economía netamente campesina expropiando las tierras a los criollos que habían traicionado a la independencia, a los realistas y a la iglesia para repartirlas entre las comunidades guaraníes, chacareros y peones, esta política fue conocida como “Estancias de la Patria” porque las tierras eran administradas por el gobierno[3].

 

La región del Alto Perú fue la región en la que se registraron una gran cantidad de levantamientos independentistas a partir de 1809, influenciados por el recuerdo, siempre vivo de los levantamientos llevados adelante por Tupac Amaru en el Cusco, y Tomas Katari en Chayanta (norte de Potosí), veinte años atrás; estos se intensificaron a partir de 1810 con la llegada de Castelli primero y Belgrano unos años más tarde; justamente fue al mando de este último, que se dio el acontecimiento más importante y poco recordado en esta etapa por lo que representó y sigue representando, “el 23 de agosto el ejército patriota a las órdenes del general Manuel Belgrano comienza el heroico éxodo del pueblo jujeño en dirección a Tucumán en lo conoce como el “éxodo jujeño”. Ante la inminencia del avance de un poderoso ejército español desde el norte al mando de Pío Tristán, el 29 de julio de 1812, Belgrano emite un bando disponiendo la retirada general. La orden de Belgrano era contundente: había que dejarles a los godos (en referencia a los ejércitos realistas) la tierra arrasada: ni casas, ni alimentos, ni animales de transporte, ni objetos de hierro, ni efectos mercantiles”[4].

            El “éxodo jujeño” fue un hecho muy significativo, también hay que remarcar los levantamientos guerrilleros populares favorecidos por la diversidad del territorio que intercala valles, selvas y zonas de montaña, levantamientos que se dieron a lo largo y ancho del Alto Perú. Estos movimientos que se declaraban independientes a medida que iban derrotando a los ejércitos realistas tuvieron como resultado varias regiones fundamentales, cada una de éstas, lideradas por un jefe o caudillo, los españoles las denominaran, de forma despectiva, como “republiquetas”. En el norte, en las provincias del lago Titicaca, el sacerdote Idelfonso de la Muñecas operaba en Ayata, de esta manera controlaba el camino Bajo Perú. En la zona central, había dos grandes levantamientos, uno fue el de Juan A. Álvarez en Mizque y Vallegrande,  encargado de obstaculizar las comunicaciones entre Cochabamba, Chuquisaca y Santa Cruz. El segundo, fue el que comandaba  Miguel Lanza en Ayopaya dentro de las montañas y la selva, entre La Paz y Cochabamba. En Cinti, al sur, y cubriendo el camino por el que pasaban los ejércitos libertadores se encontraban los liderados por José Camargo. Chuquisaca fue defendida por Manuel Padilla y su compañera, Juana Azurduy. Y en Santa Cruz de la Sierra, último refugio de las guerrillas, estaban los grupos liderados por Ignacio Warnes[5].

            La contraofensiva de los realistas, la falta de apoyo por parte de los nuevos gobiernos centrales y la falta de organización hizo que en 1816 la lucha de las guerrillas fuera decayendo, tanto que muchos de los que lucharon frente a los españoles, entre ellos Juana Azurduy después del asesinato de su compañero, debieron replegarse hasta territorio salteño, donde al mando de Martín Miguel de Guemes, “padre de pobres”, el pueblo siguió desgastando y resistiendo los ataques realistas, defendiendo de esta manera la frontera norte.

            Hasta aquí la situación en el Alto Perú, estas acciones  complicarían aun más el panorama para los ejércitos realistas cuando en agosto de 1814, otra vez en la zona del Cusco, y reivindicando el levantamiento llevado a cabo por Tupac Amaru en 1790; comenzó una protesta de criollos y mestizos liderados por José Angulo, ésta se intensificó cuando se sumo el anciano, líder indígena de Chincheros Mateo Pumacahua, quién ya había participado en el levantamiento de Tupac Amaru. Esta rebelión contó con el apoyo de las clases más bajas, y logró conformar una nueva Junta de Gobierno en el Cusco, integrada por Cnel. Moscoso, Angulo y Pumacahua; la misma presento un documento que pronunciaba “…trescientos mil Incas, señores de este suelo, coronaran los cerros, sus cimas serán la atalaya de las operaciones de nuestras tropas; su encadenada secuela, los muros impenetrables de nuestra defensa y sus entrañas, las metrallas del exterminio de vuestras tropas, si osáis oponeros a nuestros sagrados deberes. Nosotros no vivimos si no establecemos nuestra sagrada liberación; ya se acabo la infamia de nuestra esclavitud”.[6]  

            La contraofensiva española a este levantamiento que alcanzó toda la región del sur del Perú, tuvo como consecuencia que sus líderes, Vicente y José Angulo, el cura Bejar, Pumacahua y el poeta Mariano Melgar entre otros, fueron ejecutados. Algunos, como el cura Muñecas lograron escapar, para seguir la lucha junto a las guerrillas del Alto Perú.

            Mientras las guerrillas del Alto Perú por un lado, y la resistencia al sur del Perú por el otro, provocaban el desgaste de los ejércitos realistas; San Martín en las zona de Cuyo comenzó la ofensiva hacia  Santiago de Chile y luego a Lima, centro del poder español en América, organizando un ejercito compuesto por campesinos pobres y esclavos ya liberados, al cual se sumo O´Higgins quién lideraba a los exiliados chilenos. Además contaban con el apoyo popular al otro lado de la cordillera. Obtenido el triunfo luego de una gran operación militar que incluyó el cruce de la cordillera (enero de 1817), O´Higgins ocupa el cargo de director supremo en Chile y dicta la confiscación de los bienes realistas y la igualdad de derecho a favor de los pueblos originarios. Al tiempo comenzó a peder poder por la acusación y el malestar de las provincias de ejercer una política centralista que sólo beneficiaba a Santiago.

            A comienzos de septiembre de 1820 San Martín llega a la península de Paracas, Perú, junto a un ejército conformado por argentinos y chilenos. La primera medida que toma es concederle la libertad a 600 esclavos, pero con la condición de sumarse a sus fuerzas, esto no le alcanzaba para poder enfrentar al ejército realista, para luego ocupar Lima; y es por ello que requiere y consigue el apoyo de los pueblos originarios que habitaban los valles ubicados al pie de la cordillera, estos hombres, además incentivaron levantamientos, tras abolir el tributo en Tarma y Huamanga. Estos hechos impulsaron para que las demás regiones se fueran sumando. Todavía permanecía en la memoria las leyes que había declarado Castelli en beneficio hacia los pueblos originarios del Perú y el Alto Perú; y en agosto de 1821 se declara la supresión de la mita, el tributo y cualquier tipo de trabajo forzado indígena, incluyendo le da la libertad a los más de 40000 hijos de esclavos que eran explotados en las plantaciones costeras[7].

           

          Hasta aquí queda bien en claro el papel fundamental que jugaron las clases populares en todas las circunstancias, desde esclavos e indígenas a criollos y pequeños comerciantes pasando por campesinos, líderes campesinos y guerrilleros, etc. Puede que en muchos casos hayan participado en menor medida, pero no hay duda que participaron y conformaron los ejércitos libertadores, como así también recuperaron derechos que les pertenecían y correspondían. Además hubo circunstancias en las que custodiaron el paso de los ejércitos, produjeron el desgaste o reubicación de los ejércitos realistas; cabe destacar respecto a la participación y el compromiso de las clases populares en este proceso de emancipación cuando al mando del mariscal Sucre los ejércitos que lucharon por la independencia, y en menor número, derrotaron a los  realistas en la batalla de Ayacucho, batalla que significó la derrota y fin, del colonialismo español en Nuestra América.  

 

Referencias Bibliográfica

 

Bethell, Leslie (Ed). Historia de América Latina. La Independencia. Ed. Crítica. Barcelona. 2000.

Carrillo, Joaquín. Jujuy. Apuntes de su historia civil. Ed. Univ. de Jujuy. Jujuy. 1989. En:http://www.elhistoriador.com.ar/documentos/independencia/el_exodo_jujeno.php

Chumbita, Hugo. América en Revolución. Breve historia de la emancipación de los países Americanos (1776-1830). Ed. Fundación Ross. Bs. As. 2010.

Guerra Vilaboy, Sergio. El Dilema de la Independencia. Ed. Ciencias Sociales. La Habana. 2007.

Lynch, John. Las Revoluciones Hispanoamericanas. 1808-1826. Ed. Ariel. Barcelona. 1983.

Mieres, Fernando. La Rebelión Permanente. Las revoluciones sociales en América Latina. Ed. Siglo XXI. México DF. 2001.

Monteagudo, Bernardo. Horizontes políticos. Ed. Aterramar. Bs. As. 2008.

Peña, Milcíades. Antes de Mayo. Formas sociales del trasplante español en el Nuevo Mundo. Ed. Fichas. Bs. As. 1973.  

Pomer, León. La Guerra del Paraguay. Estado, política y negocios. Ed. Colihue. Bs. As. 2008.

Vallejo, M. y López, H.. El ataque de Colombia en territorio ecuatoriano. Detrás de las palabra y los hechos. Ed. CCC. Buenos Aires 2009.


[1] Guerra Vilaboy, S. Op. Cit. pg. 74.

 

[2] Si bien la Historia Académica se encargo de ocultar o dejar de lado el papel relevante que tuvieron las clases populares, hubo casos, como el de Milciades Peña,  en los que explican que las masas no tuvieron participación en este proceso. “La teoría de que el movimiento de la independencia fue una revolución democrático burguesa necesita atribuirle a las acciones políticas que produjeron la independencia un contenido democrático y popular, ya que es imposible una revolución democrático burguesa hecha en contra o a espaldas de las grandes masas […] Las únicas masas existentes en la campaña eran los gauchos, ya que los agricultores no pasaban de una exigua minoría. Pero afirmar que los gauchos exigían el reparto de la tierra es algo tan descabellado que hay que leerlo varias veces para convencerse de que efectivamente eso y no otra cosa es lo que está sobre el papel. Porque si había algo que a las masas de la campaña –es decir, al gaucho- no le interesaba para nada era la tierra”. En: Peña, Milciades. Antes de Mayo. Formas sociales del transplante español al Nuevo Mundo. Ed. Ediciones Fichas. Buenos Aires. 1973. pg. 90.  

[3] Esta política le costó al pueblo paraguayo el aislamiento y hostigamiento permanente del exterior. Política que se incrementó cuando Argentina, Brasil y Uruguay, más el apoyo y financiamiento exterior de Inglaterra, libraron la llamada guerra de la Triple Alianza (o Infamia) creando la imagen de un gobierno tiránico por parte de Francisco Solano López. Uno de los historiadores que delata esta idea y critica las políticas tomadas contra Paraguay es León Pomer diciendo que: “En una América del sur y central en el que el fenómeno argentino se repite; en un mundo cada vez más controlado por el capitalismo de las grandes potencias el Paraguay debía despertar graves aprensiones. Tierra riquísima en maderas, algodón, tabaco y otros productos requeridos por las potencias centrales, parecía impensable que pudiera guiar su derrotero histórico con arreglo a sus intereses nacionales, a su propia voluntad. Era también un mal ejemplo, inquietante y subversivo. Podía sucitar imitadores. Debía ser destruido […] había que civilizarlo, si por ello entendemos el acceso a los grados superiores de desarrollo económico, social y cultural, partiendo de lo existente, de la verdad real […] en el país las cosas eran distintas: ni hambre ni caos y atisbos de un desarrollo moderno con circunstancias cada vez más favorables para que ello ocurriera. Circunstancias internas, por supuesto. Con ferrocarriles, telégrafos y fundición de hierro, con una vasta industria artesanal y la casi total ausencia de latifundistas, sin una clase mercantil orgánicamente vinculada a las potencias centrales y un dilatado campesinado usufructuando tierras propias o del Estado y explotaciones agrarias estatales, en el Paraguay se habían creado condiciones para un acceso a nuevos y superiores grados de desarrollo económico, social y cultural por un vía inédita y si se quiere insólita. Ejemplo penoso y peligroso para los gobernantes del Brasil y del Plata; pero además una realidad cerrada de pillaje de los que estaban pillando nuestro país, el Uruguay, el Brasil y otros países de América del Sud. Y esto fue llamado “barbarie”. En: Pomer, León. La Guerra del Paraguay. Estado, política y negocios. Ed. Colihue. Buenos Aires. 2008.    

[4] Carrillo, Joaquín. Jujuy. Apuntes de su historia civil. Ed. Univ. de Jujuy. Jujuy. 1989.pg.En:http://www.elhistoriador.com.ar/documentos/independencia/el_exodo_jujeno.php

[5] En: Lynch, John. Las Revoluciones Hispanoamericanas 1808-1826. Ed. Ariel. Barcelona. 1983. pg. 136.

[6] En: Guerra Vilaboy, S. Op. Cit. pg. 91

[7] Esta política a favor de las clases populares, además de los levantamientos que se fueron produciendo, hizo que parte de los terratenientes y propietarios peruanos, siempre aliados de la corona, empiecen a declararse a favor de la independencia, pero con el beneficio de poder mantener sus tierras. Lo cierto era que se empezaba a quebrantar la relación entre algunos sectores de las clases altas y los realistas.

 

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Ensayo sobre quienes fueron los verdaderos protagonistas de nuestra independencia y como interpretamos su legado. (Parte III)

Por: Alejandro Pisnoy.

Prof./Invest. CCC

La Gran Colombia. La Constante presión  

 

Lo que fue la Gran Colombia (lo que hoy en día comprende los países de Ecuador, Colombia y Venezuela), hoy es parte de la zona más caliente de nuestro continente. La presencia y presión de los EE.UU. en la región, más precisamente lo que es hoy  territorio de Colombia, estuvo a punto de llevar a la guerra a dos pueblo hermanos, como se sienten los habitantes de ambos países, que muy concientes de ello permitió a un presidente entrante como Juan Santos en Colombia, reemplazando a Álvaro Uribe[1] (principal impulsor de este enfrentamiento), y Hugo Chávez, más el apoyo de toda la región para que este enfrentamiento no se produjera, marcó un hito en el continente, ya que esta vez para resolver el problema no se recurrió a la pronunciación de la O.E.A, ni de los EE.UU. El mensaje de aquella “Patria Grande” por la que lucharon S. Bolívar, J. Sucre y M. Sáenz, pareció haber pesado en la sabia decisión.

 

En Nueva Granada (Colombia y Ecuador) y Venezuela el camino a la emancipación deja de lado en sus comienzos, a las clases populares, en algunos casos las autoridades coloniales lograron utilizarlas en su favor para evitar la formación de un gobierno criollo encabezado por la elite local.

En Venezuela los grandes plantadores mantuanos que controlaban la Corté Suprema, buscaban declarar la independencia; entre los que se encontraban Simón Bolívar y Andrés Bello entre otros; y que junto a F. de Miranda y otros diputados lograron firmar a fines de 1811 la Constitución que daba el nacimiento a la I República. Esta firma reconoció a la religión católica como oficial, además de abolir la trata de esclavos, los títulos nobiliarios y el régimen de castas para establecer la igualdad legal[2].

Quien sí contó con el apoyo indígena fue el gobernador realista Tomás Acosta en Santa Marta, ya que el resto de las provincias de Nueva Granda (Cartagena y Santa Fe entre otras), al igual que en Venezuela estaban controladas por los grandes propietarios criollos; Acosta logro disolver la Junta criolla tomando represalias comerciales con Cartagena[3]. Algo similar ocurrió en la provincia de Popayán donde el gobernador español Miguel Tacón disolvió la junta criolla, luego avanzó hacia Calí ofreciendo la libertad a los esclavos para que se sumen al ejercito realista, al no poder cumplir con esta promesa dada la resistencia de los criollos fue expulsado. Lograr la libertad de los esclavos hubiese alterado la economía minera de la región de Antioquia y de hacienda del Valle del Cauca, dependientes del trabajo esclavo.

En Quito se da un hecho poco normal durante la colonia, el obispo criollo José Cuero y Caicedo se opuso al colonialismo asumiendo un papel relevante en la región, siendo designado presidente del Estado de Quito donde tuvo que enfrentarse al ejército realista y para lo cual contó con el apoyo de los indígenas.

           

            A partir de 1816 Bolívar comenzará a articular e integrar la lucha por la independencia con las reivindicaciones sociales; de esta manera “la guerra independentista en Venezuela transitó de un movimiento exclusivamente mantuano a una revolución con amplio apoyo de masas”. [4] La marcha comenzó hacia la zona oriental del país, marcando desde el comienzo el carácter social que tendría esta etapa de la independencia, contando con el apoyo e incorporación a los ejércitos de campesinos, llaneros y esclavos.



[1]Los pueblos de Nuestra América […] recibieron con estupor, el 1 de marzo de 2008, la noticia de que Fuerzas Armadas colombiana habían abatido un contingente de las FARC-EP en Angostura, territorio ecuatoriano. La información cobro importancia, además, porque entre los muertos se encontraba Raúl Reyes…” En: M. Vallejo y H. López. El ataque de Colombia en territorio ecuatoriano. Detrás de las palabra y los hechos. Ed. CCC. Buenos Aires 2009.

[2] “El proceso emancipador en Nueva Granada […] tuvo otro talón de Aquiles en la lucha fraticida que envolvió a sus provincias, limitó la participación popular, impidió la unidad patriota y la consolidación de la independencia durante el período que la historiografía tradicional ha denominado “la Patria Boba””. En: Guerra Vilaboy, S. Op. Cit. pg. 62.

[3] La economía de Cartagena, en particular, como las demás provincias del litoral atlántico tenían una economía abierta al exterior, que permitió el ascenso de los terratenientes utilizando mano de obra esclava para la producción de azúcar, algodón y cueros.

            En la región del altiplano oriental (Santa Fe, y Socorro entre otras) predominaba la economía agrícola y artesanal, donde el trabajo era realizado por campesinos indígenas en favor de los grandes terratenientes.       

[4] Guerra Vilaboy, S. Op. Cit. pg.159.

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Ensayo sobre quienes fueron los verdaderos protagonistas de nuestra independencia y como interpretamos su legado. (Parte II)

Por: Alejandro Pisnoy. Prof./Invest. CCC

 

México. 200 años de “tierra y libertad”

 

La lucha indígena campesina en México es actualmente reconocida, ya que desde 1994 el EZLN (Ejercito Zapatista de Liberación Nacional) descendió desde las montañas en el sur del país, más precisamente en el Estado de Chiapas para denunciar al “mal gobierno” y reclamar las tierras que le pertenecen a los verdaderos dueños de la tierra. Organizados a partir de siete caracoles (regiones administrativas) impulsaron en cada uno de ellos el trabajo agrícola, su propia producción de alimentos y medicinas, y la educación para cada uno de los zapatistas. Su principal arma es la palabra, muy diferente a la que la mayoría de los medios de comunicación quiere presentar, sumando a esto la permanente represión por parte del ejército, ya que cabe aclarar, que cerca de cada caracol hay establecido un regimiento.

La resistencia y lucha zapatista tiene su origen en los líderes de la Revolución llevada adelante por indígenas y campesinos en 1910, encabezada por Emiliano Zapata y Pancho Villa, en el sur y en el norte del país respectivamente, dicha revolución se basó en la libertad y  distribución de la tierra en manos a los que verdaderamente la trabajan.

 

La revolución de 1910 fue la segunda revolución importante de este país, ya que la primera fue 100 años antes, cuando México todavía era parte del virreinato de Nueva España, pero el reclamo era el mismo, devolver la tierra a sus verdaderos dueños; es por esto, sumado al  aumento de precio del maíz, que encabezados por el cura Miguel Hidalgo, mineros, campesinos pobres, peones e indígenas se transformaron en los principales impulsores de la revolución; desde el norte comenzaron a avanzar hacia el centro del país, sumando aliados a su paso, lograron derrotar al ejército realista y firmar la abolición de la esclavitud y el tributo.

A diferencia del norte, el sur de México era menos poblado, pero con las mismas convicciones y mejor armados. Encabezados, al igual que en el norte por un cura, José María Morelos, peones y rancheros indígenas, mestizos y trabajadores negros iniciaron el camino de la insurrección de los marginados en esta región. Sin dejar de lado el respeto por la religión católica, al igual que Hidalgo, Morelos junto a sus hombres se pronuncian a favor de la soberanía popular, recuperar las tierras, el libre comercio y proclamar la independencia.

Las grandes luchas sociales, tanto del norte como del sur, se vieron atrapadas por el conformismo criollo de las metrópolis que sólo apoyaba, y se conformaba, con la independencia, pero no con el programa revolucionario. Pero las luchas populares volvieron a ser importantes, sobre todo en el sur, a partir de la denominada “Junta de La Balsa”, encabezada por Vicente Guerrero y “el indio”, Pedro Asencio de Alquisiras; que ante tan fuerte resistencia, e incasables intentos, las fuerzas realistas tuvieron que pactar, es por ellos que se firma el Plan de Iguala el 24 de febrero de 1821 y que fue conocido porque garantizo la religión, la unidad y la independencia.

 

Centroamérica. De las ideas posibles a la violencia        

 

La violencia es algo cotidiano en Centroamérica por estos días, sea de carácter social o estatal, con una fuerte influencia de los EE.UU. y una mirada constante hacia el norte por parte de sus habitantes, lejos parecen estar aquellos ideales de resistencia cuando unos 100 años atrás Augusto C. Sandino, Farabundo Martí o Antonio O. Sánchez, lideraron movimientos obreros, campesinos e indígenas en protesta y resistencia a la explotación de las empresas norteamericanas.

 

En la Capitanía General de Guatemala se encontraba la mayor población de indígenas que tributaban al sistema colonial, la organización productiva era muy similar a la del sur del Virreinato de Nueva España, como así también la influencia que causó la revolución encabezada por Morelos e Hidalgo. Es por ellos que los indígenas junto a intelectuales liberales, algunos pequeños comerciantes y algunos criollos pertenecientes a las clases más populares, encabezaron las principales protestas y conspiraciones, pero éstas no lograron alcanzar el nivel de las que se produjeron más al norte, ni el resto del continente, por lo que tampoco lograron alterar el viejo y establecido orden colonial.

            De hecho cuando se convoco al cabildo en septiembre de 1821, éste estaba compuesto por notables y grandes propietarios apoyados por las autoridades españolas. Pero la manifestación popular reclamaba “independencia o muerte”, es por esto que la aristocracia no tuvo alternativa y convocó a un congreso en donde participaran todas la provincias de Centro América, en el mismo se declaró el libre comercio, el respeto a los bienes de la iglesia y se delegó el poder a una Junta Provisional Gubernativa que fue presidida por el Gral. Gabino Gainza, el mismo que había convocado al cabildo a notables y propietarios, con el título de “jefe político y supremo de las provincias de Centro América”.

            En desacuerdo con esta decisión, encabezados por el cura Delgado, el pueblo salvadoreño organizo una gran resistencia y proclamo su independencia en enero de 1822, tanto de España como de México y abolieron la esclavitud, base fundamental en la economía de esta región. Hecho que se repitió en Nicaragua cuando el pueblo, encabezado por Cleto Ordóñez, se reveló frente a los realistas en Granada, proclamando un gobierno basado en la igualdad y republicano el 16 de enero de 1823.

            Estos acontecimientos lograron que México decidiera que Centro América mismo defina su destino. Se convocó a un congreso que proclamó la eliminación de títulos, la igualdad entre los ciudadanos, la independencia y la creación, el 22 de noviembre de 1824, de la Federación de Centro América.  

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Ensayo sobre quienes fueron los verdaderos protagonistas de nuestra independencia y como interpretamos su legado. (Parte I)

Por: Alejandro Pisnoy. Prof./Invest. CCC

 

“En las entrañas de mi patria entraba la punta asesina hiriendo las tierras sagradas. La sangre quemante caía de silencio en silencio, abajo, hacia donde está la semilla esperando la primavera. Más hondo caía esta sangre. Hasta las raíces caía. Hacia los muertos caía. Hacia los que iban a nacer”.[1] 

 

Es innegable el papel fundamental que jugaron en la etapa de la emancipación americana hombres como Francisco de Miranda, J. De San Martín, Simón Bolivar, Manuel Belgrano, José A. Sucre y Bernardo O´Higgins por nombrar algunos de ellos resaltados por la historia clásica o académica, pero sin destacar la importancia de su gesta o idea de emancipación y unidad del continente. Otros hombres “olvidados, o menospreciados”,  que también lucharon por la libertad del continente fueron José G. Artigas, Mariano Moreno, Juan J. Castelli, y hasta el propio y el más ideólogo revolucionario de la independencia, Bernardo de Monteagudo; claro que faltan nombrar a muchos más. Hoy podemos vislumbrar que estos hombres y sus ideales fueron dejados de lado, qué lugar ocupan los pueblos originarios, los negros (inclusive en situación de esclavitud) y los criollos que pertenecían a las clases más populares, en esta parte de la historia; teniendo en cuenta, la gran influencia y el camino que marcó para ésta gran emancipación continental la independencia de Haití, la primera independencia del continente (1 de enero de 1804), es decir, la victoria de los esclavos frente al ejército napoleónico.

En el párrafo anterior sólo mencionamos a algunos de los hombres y pueblos, dejados de lado por la historia tradicional, que lucharon por la independencia, pero mucho más olvidado, menospreciado y mal interpretado es el papel que tuvieron las mujeres en la lucha por la libertad de nuestro continente. Juana Azurduy en el Alto Perú; Manuela Sáenz quien lucho junto y desde muy joven, junto a Bolívar y Sucre; Javiera Carrera en Chile; Josefa Ortiz y Leona Vicario en México entre otras. Hoy en día poco reconocidas, hecho que no fue así en aquel momento, ya que pensadores como Monteagudo entre otros, reconocieron el papel fundamental de ellas en la lucha “… Americanas: os ruego por la patria que desea ser libre, imiteís estos ejemplos de heroísmo y coadyuvéis a esta obra con vuestros hijos; mostrad el interés que tenéis en la suerte futura de vuestros hijos, que sin duda serán desgraciados si la América no es libre […] viva la exclamación que hacía en nuestra época una peruana sensible ¡¡¡libertad, libertad sagrada, yo seguiré tus pasos hasta el sepulcro mismo!!! y al lado de los héroes de la patria mostrará el bello sexo de la América del Sud el interés con que desea expirar el último tirano, o rendir el supremo aliento antes que ver frustrado el voto de las almas fuertes”[2]   

 

En casi todos los territorios que se decían pertenecer a España, el camino a la emancipación se desarrollo en dos etapas, la primera desde 1808 hasta 1816; y la segunda desde 1816 hasta 1826. La primera etapa, se caracterizó por la formación de juntas de gobierno dominadas por la elite criolla que en algunos casos pretendía separarse de España, pero sin alterar la estructura socioeconómica que se venía desarrollando[3]. Paralelamente se produjeron rebeliones armadas de las clases más populares, en algunos casos organizadas, y en otros, más espontáneas, con falta de coordinación y diferentes estrategias, éstas se desarrollaron en las principales ciudades de la colonia (México, Venezuela, Nueva Granada, Quito, Alto Perú, Río de la Plata y Chile), con mayor o menor presencia de personas en alguna de ellas durante esta primera etapa, el objetivo era liberarse de la explotación española, pero sin caer en la explotación de la elite local[4].

La etapa que va desde 1816 hasta el Congreso de Panamá convocado por Bolivar en 1826 se caracterizó fundamentalmente porque las colonias españolas y portuguesas logran la liberación definitiva (excepto Cuba y Puerto Rico) luego de la derrota del ejército realista a manos del ejército comandado por el Mariscal Antonio J. De Sucre en Ayacucho, derrota que impuso la firma de la capitulación definitiva por parte de España. En esta etapa además, las guerrillas populares y campesinas jugaron un papel fundamental, más aún que en la primera etapa, que fue el de apoyar y auxiliar permanentemente a los ejércitos libertadores.



[1] Pablo Neruda. “El Empalado”.

[2] Monteagudo, B. Horizontes políticos. Ed. Aterramar. Bs. As. 2008. pg. 34   

[3] “…para este sector aristocrático, puesto a la cabeza de la lucha, la independencia era concebida como un conflicto en dos frentes: “hacia arriba”, contra la metrópoli y “hacia abajo”, para impedir las reivindicaciones populares y cualquier alteración del statu quo…”. En: Guerra Vilaboy, Sergio. El dilema de la independencia. Ed. Ciencias Sociales. La Habana. 2007. pg. 26.  

[4] “La Pobre participación popular en esta etapa de la guerra emancipadora, el exagerado papel atribuido a las ciudades en la estrategia militar, el carácter fragmentario y local de los gobiernos criollos y sus múltiples contradicciones intestinas (centralistas y federalistas, republicanos y monárquicos, radicales y moderados) fueron los elementos principales que llevaron al fracaso, de los principales focos de la insurrección, entre 1814 y 1815”.  En: Guerra Vilaboy, S. Op. Cit. pg. 28.

 

 

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