Notas con la etiqueta ‘Luchas Independentistas’

Levantamientos Andinos en la segunda mitad del siglo XVIII (II parte)

Mapa de América del Sur en el siglo XVIII

         Las tensiones sociales en esta época aumentaban noblemente en América, y sobre todo cuando en 1779 comenzaría la guerra anglo española que se extendería hasta 1783, y que para esta parte del mundo significaría un aumento en los impuestos para poder financiar la guerra al otro lado del Atlántico.      

En enero de 1780, en oposición a las innovaciones fiscales impuestas por España, se produce en Arequipa un levantamiento que se extenderá por las ciudades de Huaraz, Cerro de Pasco, La Paz, Cochabamba. El levantamiento de Arequipa fue el más notorio porque unió a los patricios y a los pobladores de la ciudad para atacar a la aduana y la casa del corregidor. Esta rebelión dejo en claro que el poder español en Perú era vulnerable, pero a su vez también demostró que una alianza de clases era muy difícil de mantener por las diferencias o desigualdades raciales y sociales existentes.

Unos años antes, en 1777, en Chayanta, al norte de Potosí comenzaba una rebelión que sería llevada adelante por Tomás Katari.  Este levantamiento tuvo tres etapas: la primera, se inicia en las ciudades de Anasaya y Urisaya de Macha en reclamo de sustituir a sus jefes étnicos y lograr el nombramiento de Tomas Katari como cacique de la región. Los enfrentamientos entre los indígenas locales y los españoles duraron hasta agosto de 1780, cuando se produjo el levantamiento masivo en el pueblo de Pocoata, logrando expulsar al corregidor español de Chayanta, y logrando la liberación del líder aymara Tomas Katari.

La segunda etapa cuando Tomas Katari regresa a la provincia de Macha como cacique en septiembre de 1780. Para esta época, las comunidades tenían el control de las áreas rurales y la violencia colectiva se había extendido a otras zonas de la puna y los valles. A fines de 1780, Tomas Katari intento recomponer la relación con los funcionarios españoles por medio del diálogo, pero los enfrentamientos habían llegado a un punto de no retorno. Esta etapa finaliza cuando en 1781 el líder aymara es capturado y asesinado, coincidiendo  con la expansión de la rebelión que Tupac Amaru encabezaba en el Cusco, el levantamiento en la ciudad de La Paz encabezado por Tupac Katari, y la exitosa sublevación en la ciudad de Oruro.

La tercera etapa es la que alcanzó la mayor insurrección y violencia cuando miles de indígenas encabezados por los hermanos de Tomas Katari, luego de atacar varios pueblos en la provincia de  Chayanta fueron derrotados con relativa rapidez, y entre abril y mayo de 1781 los españoles comenzaron a tomar de nuevo el control cuando capturaron y ejecutaron a los principales caciques de la revuelta.

Como mencione anteriormente la segunda etapa del levantamiento de Chayanta se da en paralelo con otros levantamientos a lo largo de la región de los Andes centrales, y que tuvieron distintas características entre sí.

En Oruro, provincia vecina a Potosí y La Paz, fue la única región donde los rebeldes lograron dominar el territorio a comienzos de 1781, ya que los indígenas se aliaron con parte de la elite, criollos y mestizos, en nombre de Tupac Amaru, y liderados por Jacinto Rodríguez se alzaron contra las autoridades españolas constituidas y los peninsulares en general. La diferencia que tuvo este levantamiento a otros fue que la población local supo distinguir a los criollos de los europeos, y que parte de la elite de Oruro se alió con los pueblos andinos para la lucha.

El levantamiento de La Paz surge, a diferencia de los procesos que se dieron en Cusco, Oruro y Chayanta, en el marco de una gran agitación revolucionaria al norte y al sur de Lago Titicaca en febrero de 1781, encabezada por Tupac Katari. Lo que comenzó como una protesta anticolonial, terminó siendo una guerra racial.

La rebelión del Cusco encabezada por Tupac Amaru durante 1780 y 1781, tuvo dos rasgos esenciales, el primero fue el renacimiento de la cultura incaica que comenzó a darse durante el siglo XVIII. El segundo rasgo fue que la sociedad cusqueña tuvo un elevado estatus social gozado por la aristocracia indígena, tanto entre las comunidades campesinas como entre la población hispana[1].

 La sublevación en la zona de Cusco se inició como una conspiración, un acto de violencia insurreccional que sorprendió por completo a las autoridades, la captura y la ejecución pública del corregidor de Tinta por parte de un supuesto descendiente del último Inca.

El mecanismo general de la expansión de la rebelión consistió en la marcha militar de las fuerzas de Tupac Amaru y en el establecimiento de contactos en las áreas rurales a fin de instigar el alzamiento en los pueblos. Para los pueblos indígenas de Cusco, la impugnación del régimen colonial constituyo el punto de partida de la insurrección.

Los levantamientos y resistencias de los pueblos originarios y sus descendientes de Nuestra América ante la dominación europea dejaron sus huellas en nuestra memoria, claro que la mayoría de ellos tuvieron características e ideologías diferentes en oposición a la nueva religión, la imposición de impuestos, o buscaban la vuelta anterior a la llegada de los españoles. El levantamiento, que tuvo una idea diferente para su época, ya que asumió reivindicaciones más a fondo sobre la tierra, las libertades políticas y la independencia, fue el encabezado por Tupac Amaru en Cusco durante 1780 y 1781, el más conocido y relevante de la época, levantamiento que los españoles quisieron ocultar y hacer olvidar en las décadas posteriores, como así también parte de la historiografía peruana. Claro que para otros historiadores, este levantamiento y la figura de Tupac Amaru como uno de los primeros de los grandes precursores de la independencia de Nuestra América, sí tuvo relevancia, al punto que describe los cuarenta años que siguieron a su ejecución en términos tales como: “casi medio siglo de incesante lucha por la libertad política” hablando de un proceso que alcanzó su conclusión natural y gloriosa con la entrada de San Martín en Lima en 1821[2].     

 

 

Alejandro Pisnoy

Prof. / Invest. CCC

 

Referencias Bibliográficas

 

Fisher, John. Etnicidad, insurgencia y sociedad en los Andes: el caso curioso del Perú, c. 1750 1840. En: Revista  Andina N 38.

Serulnikov, Sergio. Conflictos sociales e insurrección en el mundo colonial andino. El norte de Potosí en el siglo XVIII. Ed. FCE.  Bs. As. 2006.

Oliva de Coll, Josefina. La resistencia indígena ante la conquista. Ed. Siglo XXI. México D.F. 1991.

Valencia Vega. Julián Tupak Katari. Toco a rebato las campanas para la liberación del indio. Ed. Librería Juventud. La Paz. 1984.



[1] Serulnikov, Sergio. Conflictos sociales e insurrección en el mundo colonial andino. El norte de Potosí en el siglo XVIII. Ed. FCE.  Bs. As. 2006. pg. 421.

[2] Fisher, John. Etnicidad, insurgencia y sociedad en los Andes: el caso curioso del Perú, c. 1750 1840. En: Revista  Andina N 38. Pg. 77.

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SECESIONISMOS: VIEJAS ARTIMAÑAS

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La política secesionista es una vieja herramienta usada por Estados Unidos en los casos en que le convino más desmembrar Estados que invadirlos, porque sencillamente no tenía otra posibilidad. Cuando tuvo condiciones, anexó los nuevos países que se creaban; así ocurrió con la isla de Hawai en 1898, originariamente un reino tribal independiente; con Puerto Rico, anexándolo primero como “territorio”, cuando se desmembró de España en el mismo año y, finalmente, como Estado Libre Asociado; y lo intentó también con Cuba, al calor de las luchas independentistas de ambas islas.

En México logró que Texas se declarara primero país independiente y luego, en 1848, solicitara su incorporación a la Unión, hecho que motivó una guerra entre México y Estados Unidos. En esta guerra, como se sabe, perdió México, con lo cual Estados Unidos no sólo anexó Texas, sino también Nuevo México, Arizona, California, Nevada, Utah y parte de El Colorado. En total, pasaron a ser territorios estadounidenses dos millones de kilómetros cuadrados, más de dos veces el tamaño de Venezuela.

En 1903, Estados Unidos alentó el movimiento separatista de Panamá[1], logrando que ese Estado perteneciente a Colombia se transformara en República independiente. El objetivo, en este caso, era poder controlar al pequeño país naciente para dominar la construcción del canal que ya se proyectaba, y posteriormente detentar su control militar y económico.

Durante el siglo XX Estados Unidos apoyó los movimientos secesionistas, entre otros, en Ecuador –Guayaquil contra Quito-, en parte del norte amazónico brasileño, en Bolivia –Santa Cruz de la Sierra contra La Paz (fenómeno que ha adquirido actualidad)- e inclusive en la Patagonia argentina contra Buenos Aires.

Se sabe que la Venezuela bolivariana es un gran dolor de cabeza para el imperialismo; además de llevar adelante un proceso soberano e independiente, ejemplo para muchos países hermanos, tiene mucho petróleo. Estados Unidos importa petróleo venezolano, y ese petróleo está en el lago de Maracaibo en El Zulia. Fracasados los intentos electorales para desplazar a Chávez, y no creadas todavía las condiciones plenas para una invasión, intentan la jugada separatista. Allí se formó la organización autodenominada “Rumbo Propio”, la que promueve un plebiscito, para lo cual cuenta con profusos fondos con los que despliega una campaña que, por ejemplo, consta –entre otros elementos- de coloridos y enormes carteles murales que rezan: “Sí al Estatuto Autonómico. No al Socialismo. Basta de Izquierdas”.

Existe un trabajo de los venezolanos Luis Britto García y Fermín Toro Jiménez, titulado “Oscuras Intenciones” (6/9/02) que se refiere a las dos modalidades separatistas alentadas por Estados Unidos: la llamada “dura”, que impulsa la desagregación lisa y llana de una parte de un territorio nacional bajo la bandera de la autonomía e independencia, y la modalidad “blanda”, que consiste en potenciar el poder de los grupos dominantes de una región, con el objetivo de minar la capacidad de los Estados nacionales en cuanto a la coordinación e implementación de sus políticas administrativas, económicas, sociales y culturales. En este último caso entraría el accionar de las fuerzas contrarias al gobierno nacional boliviano en Santa Cruz, como plan “B”, si no logran la secesión como objetivo principal. También podemos ubicar aquí  el intento de unificación, pocos años atrás de los poderes provinciales de Río Negro y Neuquén en la Argentina, con el pueril pretexto de achicar los gastos de las respectivas administraciones provinciales.

En el año 1999 el diario chileno El Mercurio, en su edición dominical del 5 de septiembre, publica un artículo del periodista argentino Andrés Oppenheimer en el que difunde, a su vez, un trabajo del investigador mexicano Juan Enríquez Cabot, miembro del Centro David Rockefeller para Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Harvard. En dicho trabajo el autor cita a Enríquez, quien plantea que en un futuro próximo surgirán nuevos países en Sudamérica, centrando concretamente esa posibilidad en el sur de Chile y Argentina a partir de la adquisición de extensos territorios por parte de privados extranjeros. “Hasta ahora –plantea Enríquez- el hemisferio occidental ha sido una parte del mundo que parece haberse mantenido al margen de los impulsos secesionistas”. Más adelante señala: “El objetivo de la mayoría de las guerras actuales es hacer a los países más pequeños, no más grandes”. Avala su tesis con las siguientes cifras: 62 países había en el mundo en 1914; 74 en 1946 y 193 en 1998.

¿Será entonces Sudamérica la región del mundo que sufrirá las maniobras secesionistas futuras de Estados Unidos? Y afirmamos “Estados Unidos” porque creemos que seguirá vigente la aplicación de la Doctrina Monroe en la disputa por los nuevos repartos territoriales entre los socios imperialistas. Ya existen planes en marcha, como veremos en casos concretos, en Venezuela y Bolivia, Argentina, Chile, Brasil.

( En próximas entregas veremos los casos citados y otros, en particular).

 

Horacio A. López.

 

 

 


[1]  No abrimos juicio en este trabajo sobre las razones esgrimidas por los patriotas panameños para bregar por la independencia.

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