Notas con la etiqueta ‘José Martí’

EFEMÉRIDES DE NUESTRA AMÉRICA “Mes de Mayo”

1 de mayo 1886 “En Chicago, Estados unidos, un grupo de trabajadores organiza una movilización popular en reclamo de la jornada de ocho horas… En el Congreso de París, de 1889, la “Segunda Internacional” acordó conmemorar el “Día del Trabajador” el 1º de mayo de cada año. Este hecho fue, y sigue siendo, la reivindicación permanente de la lucha obrera en reclamos de mejores condiciones de trabajo y de salarios justos que se conmemora desde de 1890, y que al correr de los años siguió siendo reprimido muchos gobiernos pertenecientes a las oligarquías de turno”.

http://www.youtube.com/watch?v=WgPmDBCQfwE

4 de mayo de 1909 “…el día 4 comenzaba la “Semana Roja” con unas 60 mil personas acompañando los féretros de los obreros asesinados al cementerio de Chacarita, con represión por parte de la policía incluida. Además unos 200 mil trabajadores de todo el país cerraron las fábricas y el puerto, y parando los ferrocarriles. La huelga fue total durante toda la semana…”

12 de mayo de 1986 “Muere la Dra. Alicia Moreau de Justo…”.

19 de mayo de 1895 En la batalla de Dos Ríos, y en su lucha por la independencia cubana, es asesinado José Martí… “Escribir sobre José Martí es fácil y difícil al mismo tiempo; es fácil porque es uno de nuestros grandes hombres de conducta y acción diáfana, pura, revolucionaria, cuya vida y aporte intelectual serán siempre ejemplos para todas las generaciones que asuman luchar por los cambios sociales y políticos necesarios. También es difícil poder definirlo abarcando todo lo que fue y representó: patriota revolucionario en primer lugar, político, poeta, ensayista, periodista; en definitiva, cabal hombre de su tiempo y de nuestra historia de luchas incansables por la verdadera independencia”.

Artículo completo sobre José Martí por H. López

25 de mayo de 1810 “Se produce en Buenos Aires, la “Revolución de Mayo”, como consecuencia asume el primer Gobierno Patrio…”

29 de mayo de 1969 “Estalla en la provincia de Córdoba, Argentina, un movimiento de agitación obrero-estudiantil conocido como el “cordobazo”…”

http://www.encuentro.gov.ar/nota-1245-Video-El-cordobazo.html

Archivo completo “Efemérides Mayo”

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JUGAR CON FUEGO. Guerra social y utopía en la independencia de América Latina.

Dos son los temas centrales del libro de mi autoría, titulado Jugar con Fuego. Guerra social y utopía en la independencia de América Latina, que acaba de obtener el Premio Extraordinario Casa de las Américas en su concurso correspondiente a este 2010 dedicado al bicentenario de la emancipación hispanoamericana. Nos referimos a las luchas sociales en la independencia de América Latina (1790-1830) y las aspiraciones de integrar a las antiguas colonias durante el proceso emancipador. El primero, tiene que ver con los intentos de convertir la independencia no sólo en una transformación del antiguo régimen político, sino también en una profunda revolución, que barriera el orden socio-económico caduco y diera paso al pleno desarrollo de los pueblos latinoamericanos. El segundo, se refiere a los intentos y posibilidades de preservar, durante las luchas anticoloniales, la unidad de los territorios desde Texas a la Patagonia.

Para muchos de los protagonistas, e incluso para los primeros cronistas e historiadores, la independencia era vista como una revolución, pues empleaban el término en la acepción que entonces tenía, esto es, un giro radical en la evolución de un país. Esa palabra se hizo de uso frecuente en el vocabulario de la época y sirvió de título a muchas obras clásicas sobre la emancipación, entre ellas, el Cuadro Histórico de la Revolución de la América Mexicana, del mexicano Carlos María de Bustamante, al Bosquejo histórico de la Revolución de Venezuela del caraqueño José Félix
Blanco o a la Historia de la Revolución de la República de Colombia en la América Meridional del historiador neogranadino José Manuel Restrepo, por sólo citar tres ejemplos.
           A nosotros nos interesa valorar, desde la perspectiva de la historia comparada, la independencia de América Latina como revolución, en su sentido de profundo cambio de la sociedad, de sustitución del viejo orden económico social por uno nuevo. En otras palabras, tratamos de analizar la emancipación latinoamericana como revolución social, con sus alternativas matices y variantes históricas. Desde este ángulo, ponemos de relieve los alcances y limitaciones de la liberación anticolonial y su relación, presente a todo lo largo de ese proceso, entre una revolución restringida a cambios en la esfera política o inclinada a realizar en forma paralela profundas transformaciones socio-económicas.
          En rigor, este fue el dilema de la independencia. La disyuntiva histórica a que se refería José Martí al señalar, en su ensayo Nuestra América, que el problema de la separación de las metrópolis europeas no era el cambio de formas, sino el cambio de espíritu. Por eso, el acento esta puesto en los programas y disposiciones revolucionarias adoptados durante los años de la emancipación, en los distintos escenarios del continente, las variantes para profundizar las transformaciones del orden existente y su frustración. Además, destacamos los intentos de la reacción colonialista, aliada con los sectores conservadores de la sociedad, por atizar a las masas populares contra la independencia, mediante la guerra social, que implicaba jugar con el fuego de la revolución.
            También intentamos rescatar las ideas y propuestas primigenias de unidad latinoamericana, nacidas en íntima vinculación con las luchas por la emancipación y como parte del proceso de formación de las repúblicas emergentes. En este sentido, se incluyen las conspiraciones y planes dirigidos a lograr la independencia de las Antillas españolas, piezas claves de la liberación hispanoamericana y de la propia integración continental, acorde al imaginario compartido por los próceres, temas habitualmente marginados en la mayoría de los textos de historia. El horizonte nacional común existente en la generación de la independencia, facilitó, tras la derrota de España, la fundación de grandes unidades estatales y permitió vertebrar el proyecto utópico de agrupar, en una gran nación, a todas las antiguas colonias hispanas, quimera que tuvo en Francisco de Miranda, José de San Martín y Simón Bolívar a sus más tenaces adalides.
           Hoy, 200 años después de los trascendentales acontecimientos de la independencia, en medio de festejos y celebraciones por la conmemoración, América Latina vibra de nuevo ante las perspectivas de profundas transformaciones revolucionarias dirigidas a alcanzar la tierra prometida por los libertadores. Los cambios positivos que sacuden por todas partes al continente, a inicios del siglo XXI, junto al vigoroso renacimiento experimentado por los sueños de la unidad latinoamericana, nos acercan a la hora de la segunda independencia de Nuestra América que reclamara José Martí.

Sergio Guerra Vilaboy

 Granma 29 de enero de 2010

 

 

 

 

 

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Ensayo sobre los obstáculos para la unidad en América del Sur. Fines del siglo XIX comienzos del siglo XX.

Ponencia de Alejandro Pisnoy en la I Jornada de Hitoria realizada en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini los días 20 y 21 de noviembre de 2009.

“… Los pueblos han de vivir criticándose, porque la crítica es la salud…”.[1]

 

José Martí

Ensayo sobre los obstáculos para la unidad en América del Sur. Fines del siglo XIX comienzos del siglo XX.


[1] José Martí. Nuestra América. Ed. Nuestra América. Buenos Aires. 2005. pg. 21

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EL CASO DE PUERTO RICO: De Colonia a Estado Libre Asociado (Parte III)

El puertorriqueño Eugenio María de Hostos fue un activo militante por la independencia de su país y la liberación antillana. En Nueva York editó el periódico La Revolución, desde el cual bregaba por la autonomía para Puerto Rico y Cuba; allí se unió a los revolucionarios que luchaban por la independencia de Cuba. Fue designado delegado para toda Sudamérica por la Junta Revolucionaria Cubana. Ramón Emeterio Betances bregó por la independencia de Puerto Rico, organizando sociedades secretas e impulsando el ya comentado estallido de Lares. Contribuyó con Cuba en la llamada guerra de los diez años; llegó a ser Delegado de la República Cubana en París, desde donde batalló en contra de la campaña de difamación promovida por España en contra de la revolución. Así de estrecho fue y es el vínculo entre estos dos pueblos a los que el imperialismo les niega relacionarse.

Como homenaje a esta vinculación que se pretende suprimir, vale reproducir las opiniones de José Martí sobre ambos patriotas. En el artículo “Catecismo Democrático” dice Martí sobre Hostos:

 

Eugenio María Hostos es una hermosa inteligencia puertorriqueña cuya enérgica palabra vibró rayos contra los abusos del coloniaje, en las cortes españolas, y cuya dicción sólida y profunda anima hoy las columnas de los periódicos de Cuba Libre y Sur América que se publican en Nueva York…

Ahora publica el orador de Puerto Rico, que ha hecho en los Estados Unidos causa común con los independientes cubanos, un catecismo de democracia, que a los de Cuba y su isla propia dedica…[1]

 

En carta a Ramón Emeterio Betances, José Martí le pide “organizar en París un grupo vigoroso y activo de auxiliadores de nuestra seria y creciente Revolución” y más atrás en la misiva lo caracteriza: “Yo conozco la indomable fiereza que anima y distingue a Ud. en nuestras cosas, y el respeto que por ello ha sabido hacer que se le tribute. Yo sé que no hay para Ud. mar entre Cuba y Puerto Rico y siente Ud. en su pecho los golpes de las armas que hieren los nuestros.”[2]

En 1953 Estados Unidos logró una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas (Resolución 748 –VIII) para sacar a Puerto Rico del listado de territorios coloniales. No obstante, el Comité de Descolonización de la ONU incorporó el caso de Puerto Rico dentro de su jurisdicción en 1978.

Pocos años antes de que Estados Unidos tuviera que entregar la soberanía del canal de Panamá, reconfiguró su mapa de instalaciones militares en la región. Toda esa zona de influencia que dependía  del Comando del Atlántico con sede en Virginia pasó a partir de junio de 1997 a la jurisdicción del Comando Sur, cuyos cuarteles generales se ubican en Miami y los componentes de dichos cuarteles en Puerto Rico.

Sería innumerable constatar los hitos de resistencia heroica del pueblo puertorriqueño en aras de su independencia. Sólo decir que esa lucha continúa: en la edición semanal que va del 28/9 al 4/10 de 2006 del periódico Claridad, periódico de circulación nacional que tiene como objetivo central ser un instrumento eficaz en la lucha por la independencia de Puerto Rico, un artículo titulado “De Lares a Hormigueros”, firmado por Perla Franco, señala:

 

El pueblo independentista se desbordó en la conmemoración del 138 aniversario del Grito de Lares el pasado 23 de septiembre (2006), muy a pesar del FBI, que la semana antes amenazó con que en el país habría actos terroristas e intervino contra varios militantes independentistas como para responsabilizarlos de los mismos.

El espíritu de los asistentes a los actos en Lares y de los mensajes vertidos en la tribuna fueron de mucha combatividad y de reclamos de honrar la memoria de los luchadores Filiberto Ojeda Ríos y Jorge Farinacci, aún cuando se celebraron separados entre un acto auspiciado por el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) y el Partido Nacionalista de Puerto Rico (PNPR) y otro por el Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH)…

Meneses (uno de los oradores en la primera actividad) se refirió a las amenazas y persecuciones a las que el FBI sometió a varios independentistas días antes de la actividad y que evidentemente no amedrentaron al independentismo que fue convocado a Lares para recordar aquel primer grito de independencia y que luego continuaría en Hormigueros para rendir homenaje a Filiberto Ojeda Ríos exactamente a un año de ser asesinado por el FBI en ese pueblo donde vivió sus últimos años de su clandestinaje político.

Meneses recordó además al luchador independentista y quien fuera su compañero, Jorge Farinacci, fallecido recientemente. La mención de Farinacci y Ojeda Ríos arrancó aplausos de los presentes. Ambos fueron ejemplos de los que no se rinden nunca, acotó…

 

La crónica transcripta muestra la consecuencia de esa lucha. Una lucha que, desde la ocupación estadounidense en 1898, ha arrojado unos 2.000 prisioneros políticos, muchos de ellos encarcelados en penales de Estados Unidos, con sentencias de más de 20 años de cárcel y cadenas perpetuas.

La última buena noticia al respecto llega por un artículo de José Bas García que publica Argenpress.info y que se titula:  “Congreso por la Independencia de Puerto Rico”, en el que se da cuenta de que los días 18 y 19 de noviembre de 2006 se reunieron en Panamá representantes de todos los grandes partidos de la América Latina en una actividad denominada Congreso Latinoamericano y Caribeño por la Independencia de Puerto Rico, convocada por el Partido Independentista Puertorriqueño, coincidente con el aniversario 180 del Congreso Anfictiónico de Panamá.

 

En esa ocasión –escribe Bas García- el Libertador Simón Bolívar convocó a dicho evento en cuya agenda estaba la independencia de las últimas colonias de España en América: Cuba y Puerto Rico. Martín (Fernando Martín, Presidente Ejecutivo del Partido Independentista Puertorriqueño) explicó que al no haberse realizado aún la independencia de Puerto Rico, literalmente existe una agenda Bolivariana inconclusa.

(…)

‘Este Congreso se trata de un primer paso –habrá pasos ulteriores- en tratar de lograr que América Latina en conjunto se convierta en el más poderoso interlocutor con Estados Unidos, no en plan de confrontación sino en plan de negociación y de promoción de la causa de la independencia de Puerto Rico’, explicó Fernando Martín. [3]

 

El 20 de noviembre se realizó una conferencia de prensa para dar a conocer los resultados del Congreso. Allí se anunció la constitución de un Comité Permanente de Trabajo para “coordinar y hacer valer” el plan de acción y las determinaciones del Congreso Latinoamericano y Caribeño por la independencia de Puerto Rico. Dicho Comité está integrado por personalidades políticas de nuestra América.

Queda por ver si los avatares de las luchas políticas en los países de nuestra América, no harán caer en la inercia o el olvido las iniciativas de dicho Congreso.

 

 

Horacio A. López



[1] José Martí, Obras Completas, Nuestra América, Editorial de Ciencias Sociales, 1991, Tomo 8, p. 53.

[2] Ibíd., p. 7.

 

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EL CASO DE CUBA: Enmienda por Anexión

 

Mapa de América Central y Cuba

 

En 1895 los patriotas cubanos le dieron renovado impulso a la lucha por la independencia, luego de haber guerreado contra España durante diez años desde 1868 sin haber conseguido el objetivo tan anhelado. Los Estados Unidos tenían sus apetencias intactas sobre la isla, incrementadas por sus intereses económicos concretos en las plantaciones de azúcar y en las minas.

            Tomás Estrada Palma, caracterizado como el “padre” cubano de la enmienda Platt, representante de la revolución cubana en los EE.UU., en enero de 1898 le escribe a un compatriota residente en La Habana. En esta misiva se evidencian ya las intenciones que la potencia del norte tenía sobre la isla:

 

… puedo asegurar a Ud. que está ya completo el plan hábilmente preparado por el gobierno de Washington para imponer la paz de Cuba sobre la base de independencia con la garantía moral de los Estados Unidos, para asegurar la paz y el orden, promover las inversiones de capitales americanos en todo género de empresas en la isla y desarrollar entre ambos países un comercio recíproco que afianzará la prosperidad interior de nuestra patria. Ni exagero ni me hago ilusiones. La cuestión de Cuba ha llegado ya, con relación a los Estados Unidos, al límite extremo. Me consta que el presidente está inspirado en los más nobles sentimientos, a favor nuestro, reconociendo nuestro heroísmo en la lucha por la independencia, y deseando que al asegurarla sea fructífera para nosotros. Un medio hay que el presidente conoce, por el cual, sin necesidad de anexión, absolutamente, el gobierno de los Estados Unidos tendrá en la República de Cuba una intervención indirecta que servirá para imprimir moralidad a la administración de nuestra hacienda y para darnos crédito con los capitalistas que nos presten su dinero…[1]

 

O sea que los EE.UU. ya tenían perfectamente delineado el plan para intervenir en Cuba y asegurar las inversiones para sus capitalistas. Llama la atención en la misiva de Estrada Palma la aseveración sobre “un medio que el presidente conoce” por el cual, “sin necesidad de anexión”, garantizarían igual su injerencia.

La forma que los yanquis encontraron para inmiscuirse en la guerra y sacar provecho fue la explosión del acorazado “Maine”, anclado en La Habana, hecho que, sin pruebas, rápidamente lo atribuyeron a España y con dicha excusa le declararon la guerra.[2] Corría el año 1898.

La guerra fue muy corta y en poco tiempo los marines norteamericanos desembarcaron en Cuba. Se llegó así a la firma del llamado Tratado de Paz entre España y los Estados Unidos de América, firmado en París el 10 de diciembre de 1898. El Artículo I de dicho Tratado decía que

 

España renuncia a todo derecho de soberanía y propiedad sobre Cuba.

En atención a que dicha isla, cuando sea evacuada por España, va a ser ocupada por los Estados Unidos; los Estados Unidos, mientras dure su ocupación, tomarán sobre sí y cumplirán las obligaciones que por el hecho de ocuparla, les impone el Derecho internacional, para la protección de vidas y haciendas.

 

Por el Artículo II España cedía a los Estados Unidos “la isla de Puerto Rico y las demás que están ahora bajo su soberanía en las Indias Occidentales, y la isla de UAM en el archipiélago de las Marianas o Ladronas”.

Por el Artículo III España cedía el archipiélago conocido por las Islas Filipinas.

Al final del texto del Tratado, en el Artículo XVI se lee:

 

Queda entendido que cualquiera obligación aceptada en este Tratado por los Estados Unidos con respecto a Cuba, está limitada al tiempo que dure su ocupación en esta isla, pero al terminar dicha ocupación, aconsejarán al Gobierno, que se establezca en la isla, que acepte las mismas obligaciones.

 

Cuba tuvo que sufrir la ocupación militar yanqui y un gobernador militar, Leonardo Wood, quien convocó a una asamblea constituyente. No obstante haber sido votada la Constitución de la República el 21 de febrero de 1901, casi cuatro meses después, el 12 de junio, en sesión secreta la Convención, después de largos debates y con el pueblo cubano enardecido manifestándose en contra, decidió incorporar como “apéndice” a la Constitución, la llamada “Enmienda Platt”, que era una enmienda a un proyecto de ley presentado en el Senado de Estados Unidos y que concedía créditos para mantener el ejército durante el año fiscal en curso. Por la ventana se metió un “apéndice” a la Constitución cubana, que había sido presentado en el Senado norteamericano por el senador Orville Platt, como “enmienda” a la ley mencionada. Se lograba así la ingerencia directa de los Estados Unidos en Cuba, sin la necesidad de la anexión. Para el presidente McKinley, anexionista convencido, la Enmienda Platt fue el sustituto de la anexión.

El primer artículo de dicho “apéndice” asegura que ningún otro país podrá inmiscuirse en la isla, garantizando así las condiciones para que sólo Estados Unidos pudiera hacerlo:

 

 Que el Gobierno de Cuba nunca celebrará con ningún Poder o Poderes extranjeros ningún Tratado u otro convenio que pueda menoscabar o tienda a menoscabar la independencia de Cuba ni en manera alguna autorice o permita a ningún Poder o Poderes extranjeros, obtener por colonización o para propósitos militares o navales, o de otra manera, asiento en o control sobre ninguna porción de dicha Isla.

 

El artículo III reza:

 

Que el Gobierno de Cuba consiente que los Estados Unidos pueden ejercitar el derecho de intervenir para la conservación de la independencia cubana, el mantenimiento de un Gobierno adecuado para la protección de vidas, propiedad y libertad individual y para cumplir las obligaciones que, con respecto a Cuba, han sido impuestas a los EE.UU. por el Tratado de París y que deben ahora ser asumidas y cumplidas por el Gobierno de Cuba.

 

Artículo IV:

 

Que todos los actos realizados por los Estados Unidos en Cuba durante su ocupación militar, sean tenidos por válidos, ratificados y que todos los derechos legalmente adquiridos a virtud de ellos, sean mantenidos y protegidos.

 

Y en el artículo VII se llega a la médula de la intención yanqui:

 

Que para poner en condiciones a los EE.UU. de mantener la independencia de Cuba y proteger al pueblo de la misma, así como para su propia defensa, el Gobierno de Cuba venderá o arrendará a los EE.UU. las tierras necesarias para carboneras o estaciones navales en ciertos puntos determinados que se convendrán con el Presidente de los EE.UU.

 

Artículo VIII:

 

Que para mayor seguridad en lo futuro, el Gobierno de Cuba insertará las anteriores disposiciones en un Tratado permanente con los Estados Unidos.[3]

 

           En diciembre de 1903 Estados Unidos tomó posesión “hasta que lo necesitaren” de la Bahía de Guantánamo. Desde el triunfo de la revolución en 1959, la base militar allí instalada ha sido fuente de provocaciones y agresiones hacia Cuba. Después de las invasiones a Afganistán e Irak por parte de Estados Unidos y sus aliados, a principios del siglo XXI, la base de Guantánamo se ha hecho ignominiosamente famosa en todo el mundo por ser un centro ilegal de detención de combatientes árabes, quienes no poseen ningún derecho para su defensa y juicio. El Gobierno de Cuba ha declarado en muchas ocasiones que no aceptará ninguna negociación con respecto a este territorio ilegalmente ocupado, que no sea la retirada incondicional de las tropas extranjeras allí acantonadas contra la voluntad expresa del pueblo de Cuba.

El mayor y más certero juicio que podría hacerse sobre la significación de este bochornoso proceso lo hizo el general Leonard Wood, gobernador militar de la isla durante la ocupación norteamericana:

 

Por supuesto, que a Cuba se le ha dejado poca o ninguna independencia con la Enmienda Platt y lo único indicado ahora es buscar la anexión. Esto, sin embargo, requerirá algún tiempo y durante el periodo en que Cuba mantenga su propio gobierno, es muy de desear que tenga uno que conduzca a su progreso y a su mejoramiento. No puede hacer ciertos tratados sin nuestro consentimiento, ni pedir prestado más allá de ciertos límites y debe mantener las condiciones sanitarias que se le han preceptuado, por todo lo cual es bien evidente que está en lo absoluto en nuestras manos y creo que no hay un gobierno europeo que la considere por un momento otra cosa sino lo que es, una verdadera dependencia de los Estados Unidos, y como tal es acreedora de nuestra consideración. Con el control que sin duda pronto se convertirá en posesión, en breve prácticamente controlaremos el comercio de azúcar en el mundo. La isla se norteamericanizará gradualmente y, a su debido tiempo, contaremos con una de las más ricas y deseables posesiones que haya en el mundo…[4]

 

En 1933, recién cuando asume la presidencia de los Estados Unidos Franklyn Delano Roosevelt, en el marco de la llamada política del “Buen Vecino”, es abolida la Enmienda Platt en Cuba. Fue determinante para ello la triunfante revolución contra Machado y el total control que ya tenía el imperialismo sobre la economía cubana, lo que le permitía influir decisivamente en su política.[5]

              No sólo no se cumplieron las predicciones de Wood sino que tanto él como sus socios piratas, no tuvieron para nada en cuenta el patriotismo del pueblo cubano y hasta dónde lucharía y se erigiría la Patria de Martí.

 

Horacio A. López


[1] Emilio Roig de Leuchsenring, Historia de la enmienda Platt, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1979, p. 32.

[2]  Nótese la similitud de pretexto y procedimientos posteriores en el caso de los atentados a las Torres Gemelas en Nueva York, más de un siglo después.

[3] Emilio Roig Leuchsenring, Op. Cit., p. 24.

[4]Enmienda Platt. Fundamentos de la defensa nacional. www.cubagob.cu/otras_info/minfar/enmienda_platt.htm

 

[5] Historia de América II. Op. Cit., p. 135.

 

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