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El Faro del Pacífico entra en erupción. El Salvador, enero de 1932

El faro del Pacífico entra en erupcion

 

“…Todos juntos tenemos más muertes que ellos, pero todos juntos tenemos más vidas que ellos. La todopoderosa unión de nuestras medias vidas, de las medias vidas de todos los que nacimos medio muertos en 1932”[1].

 

Desde 1913, y hasta 1927 El Salvador estuvo gobernado por la familia Meléndez-Quiñonez. Desde el comienzo de la década de 1920 la organización de los sindicatos comenzaba a ser mayor, sobre  todo en las zonas cafeteras, ya que el café era el principal producto de exportación del país. En 1927 asume la presidencia Pío Romero Bosque, un conservador que anuncio importantes leyes laborales a favor de los obreros, una de las cuales fue la legalización de los sindicatos, también permitió la libertad de prensa. Su gobierno se vio favorecido por la prosperidad económica del país, pero que al final de su mandato debió enfrentarse a la crisis económica de 1930.

En 1931, Pío Romero finalizaba su mandato, lo  sucedió Arturo Araujo, un terrateniente que era admirador del laborismo inglés. Su victoria fue posible gracias al apoyo de algunos sectores sindicales e intelectuales. Pero la crisis económica que afectaba al mundo se sentía cada vez más en El Salvador, y los problemas sociales se acrecentaban como así también los problemas gubernamentales, ya que el gobierno de Araujo al tener problemas administrativos y fiscales dejo de pagar a los funcionarios civiles y militares.

            La crisis fue insostenible para el gobierno y el 2 de diciembre de 1931 comenzó el derramamiento de sangre en El Salvador. Un grupo de militares, encabezado por el general Maximiliano Hernández Martínez, vicepresidente y ministro de guerra de Araujo, apoyado por los terratenientes burgueses, provoco un golpe de Estado, derroco al presidente Araujo, y se instalo en el poder.

            El pueblo, cansado de tanta opresión decidió levantarse contra el gobierno militar de Hernández Martínez y las plazas de varios pueblos del país comenzaron a llenarse. Pero la respuesta por parte del gobierno no se hizo esperar y comenzó una gran represión que acabo con una gran cantidad de indígenas, campesinos, estudiantes y obreros heridos y asesinados, las fuentes hablan de casi treinta mil muertos, claro que el análisis de cómo comenzaron los acontecimientos y quienes fueron sus principales ideólogos de este 22 de enero de 1932, presentan sus diferencias.

            Las causas que llevaron al pueblo a este levantamiento fueron: La concentración de tierras en manos de una pequeña burguesía expropiando a indígenas campesinos, que comenzó a fines del siglo XIX; La conformación, en 1930 del Partido Comunista de El Salvador (PCS), cuya figura más relevante, tanto en la creación del Partido como en el levantamiento del 22 de enero donde fue asesinado, fue Agustín Farabundo Martí[2]. Por último, al descontento por el derrocamiento de Araujo, se le sumo el gran fraude que hubo por parte del gobierno militar en las elecciones municipales del día 3 de enero de ese mimo año.

            La historiografía salvadoreña tiene varias visiones sobre el levantamiento de 1932, algunas hablan de que estos acontecimientos son el primer intento comunista revolucionario en América Latina en el marco de la lucha del comunismo internacional para imponerse sobre el imperialismo de los EE.UU. Para otros fue o es el comienzo del ejemplo a seguir en la lucha revolucionaria del continente llevada adelante por campesinos, estudiantes y obreros. Otra visión, habla de que este levantamiento organizado por campesinos indígenas  ladinos, agrupados bajo el sistema tradicional de cofradías, se le sumo el PCS, pero que estos no fueron los ideólogos del levantamiento, pero otra visón habla de que es al revés, el plan fue ideado por el PCS, y los campesinos se incorporaron a ellos.

            Las visiones varían de acuerdo a la ideología política de los distintos historiadores, pero lo que si nos aclara como se inicio el levantamiento es lo que menciona Will Alfredo Pinto, dirigente indígena de Izalco, militante del Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y miembro de la “Comisión de la Verdad sobre el genocidio de 1932” que se dedica a la investigación sobre las causas que desataron el levantamiento y la represión y etnocidio de ese año. En esta entrevista Will habla de que las causas que llevaron a este levantamiento fueron la pérdida de la tierra a manos de la burguesía terrateniente desde finales de la década de 1880, y que tubo como consecuencia a las malas condiciones económicas y de vida de los indígenas  campesinos, a esto se le sumo la crisis económica mundial de 1930, el posterior golpe de Estado y el fraude electoral de comienzos de enero ya mencionados.

En cuanto a la intervención del PCS en el levantamiento cuenta que “…la participación del Partido Comunista, al menos en lo que corresponde al sector indígena de Izalco es bastante poca. Lo que yo he logrado investigar es que era más el “Socorro Rojo”, el que estaba metido entre la comunidad indígena, tratando de orientar y organizar. Pero yo creo que al final el Partido Comunista  pudo haber tenido una participación en el levantamiento de 1932, pero aprovechando la situación, no es que la haya promovido, o que haya sido parte desde su inicio”.[3]

            Cuando el levantamiento popular fue derrotado el país entro en un largo período dirigido por una dictadura militar sangrienta y fascista, prohibiendo sindicatos y organizaciones partidarias democráticas. Se impuso el Estado de sitio, se llenaron las cárceles de presos políticos; se implantó una política a favor de la burguesía salvadoreña agroindustrial, comercial y financiera apoyada y respaldada por empresas y monopolios norteamericanos.

            Desviar la discusión y el análisis de la participación del PCS en el levantamiento popular de 1932 como lo hacen mucos historiadores, es importante, pero muchas veces nos puede llevar a dejar de lado las verdaderas causas y consecuencias, una maniobra que siempre les cabe bien a historiadores de derecha o que defienden los intereses de los EE.UU. para no mencionar la masacre que se llevo a cabo; análisis en los que muchas veces también caen algunos pensadores de la izquierda en la búsqueda de argumentar el porque de esa participación o simplemente justificarla. En ambos casos se pierde lo importante de los hechos que acontecieron y que deben permanecer en la memoria del pueblo salvadoreño y en la memoria de toda Nuestra América, dice Miguel Marmol (1981), escritor salvadoreño, “El Salvador es hoy ante todo, hechura de aquella barbarie… Puede que haya cambiado el estilo de los gobernantes, pero el modo de pensar básico que aún nos gobierna es el de los masacradotes de 1932”[4].

 

Alejandro Pisnoy  

Prof./ Invest. CCC.

 

Referencias Bibliográficas

Barishev, A. El Salvador. Medio siglo de miseria y de lucha. Ed. Cartago. Bs As. 1986.

Emanuelsson, Dick. Entrevista a Will Alfredo Pinto en: http://dickema24.blogspot.com/2009/06/las-raices-y-causas-de-la-insurreccion.html

Perez Brignoli, H. Breve historia de Centro América. Ed. Alianza. Madrid. 1990.



[1] Roque Dalton “Todos”. Poeta y escritos salvadoreño.

[2] Actualmente El Salvador esta gobernado por un Frente que en homenaje a Farabundo Martí lleva su nombre. Este Frente denominado Farabundo Martí para la Liberación Naciones (FMLN) fue creado por cuatro organizaciones en octubre de 1980. http://www.fmln.org.sv/historia.php

[4] Marmol, Miguel. En: Barishev, A. “El Salvador medio siglo de miseria y de luchas”. Ed. Cartago. Bs. As. 1986. Pg. 25

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Izquierda latinoamericana: historia y presente (a propósito del triunfo del FMLN)

El triunfo del FMLN en las recientes elecciones presidenciales en El Salvador es la confirmación de un proceso histórico que tiene como expresión actual el protagonismo del socialismo en el continente. Entendido este como un movimiento social, político y cultural plural cuyo objetivo es la descolonización del pensamiento, la ruptura de la dependencia política y la búsqueda de un desarrollo propio con perspectivas no capitalistas.

El triunfo de la casi totalidad de fuerzas políticas de izquierda en el continente que abarcan un rico abanico de organizaciones viejas y de reciente conformación y los gobiernos de este signo que desde hace varios años vienen consolidando una lenta transición tiene una profunda raíz histórica naturalmente.

La lucha por la liberación política del centro dominador, la ardua tarea por la libertad del pensamiento y de autonomía política tiene ya, desde que diera sus primeros pasos, más de un siglo de permanentes batallas. No es casual que una izquierda madura y heterogénea, que debe lidiar con grandes condicionamientos sociales se haya transformado en una fuerza verdaderamente popular a partir del apoyo creciente de amplios sectores sociales. La historia de Latinoamérica es una rica cantera de luchas por consolidar las identidades nacionales, por la búsqueda de un lugar en un mundo cada vez más interdependiente, por alcanzar un desarrollo sostenido con igualdad y justicia, por liberarse de las taras culturales producto del proceso colonizador y por la unidad fraterna de todas las naciones hermanas.

En cada una de estas cuestiones se han dado pasos de gigante en este corto período que comprende las gestiones de la izquierda americana en los albores del siglo XXI. La historia habla hoy y sus voces pueden remontarse al mismo proceso independizador. Pero ya en el siglo XX José Carlos Mariátegui, Farabundo Marti, Antonio García Nossa, Salvador Allende, Marcelo Quiroga Santa Cruz y Vivian Trías fueron voces que hoy se vuelven audibles claramente y vienen  a aportar junto a las expresiones actuales del pensamiento latinoamericano, cuya una de sus más poderosas miradas sea acaso la del vicepresidente boliviano, Antonio García Linera, en este presente cargado de esperanza y compromiso sin claudicaciones.

Esta realidad es consecuencia de una historia rica en acontecimientos, llena de episodios significativos, que tejieron procesos de resistencia, de lucha sin cuartel y de construcciones sociales de largo aliento. El triunfo del FMLN no puede comprenderse sin estudiar la situación armada de principios de la década de 1980, pero mucho menos sin las rebeliones masivas de 1930. La historia no solo no finalizó como lo predijo un efímero gurú del capitalismo liberal sino que ha demostrado que como topo esta más viva que nunca.

El devenir de la historia parece decir: ¡Ahora si Latinoamérica, lento pero seguro!

 

Julio Fornelli

Invest. CCC

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