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JUGAR CON FUEGO. Guerra social y utopía en la independencia de América Latina.

Dos son los temas centrales del libro de mi autoría, titulado Jugar con Fuego. Guerra social y utopía en la independencia de América Latina, que acaba de obtener el Premio Extraordinario Casa de las Américas en su concurso correspondiente a este 2010 dedicado al bicentenario de la emancipación hispanoamericana. Nos referimos a las luchas sociales en la independencia de América Latina (1790-1830) y las aspiraciones de integrar a las antiguas colonias durante el proceso emancipador. El primero, tiene que ver con los intentos de convertir la independencia no sólo en una transformación del antiguo régimen político, sino también en una profunda revolución, que barriera el orden socio-económico caduco y diera paso al pleno desarrollo de los pueblos latinoamericanos. El segundo, se refiere a los intentos y posibilidades de preservar, durante las luchas anticoloniales, la unidad de los territorios desde Texas a la Patagonia.

Para muchos de los protagonistas, e incluso para los primeros cronistas e historiadores, la independencia era vista como una revolución, pues empleaban el término en la acepción que entonces tenía, esto es, un giro radical en la evolución de un país. Esa palabra se hizo de uso frecuente en el vocabulario de la época y sirvió de título a muchas obras clásicas sobre la emancipación, entre ellas, el Cuadro Histórico de la Revolución de la América Mexicana, del mexicano Carlos María de Bustamante, al Bosquejo histórico de la Revolución de Venezuela del caraqueño José Félix
Blanco o a la Historia de la Revolución de la República de Colombia en la América Meridional del historiador neogranadino José Manuel Restrepo, por sólo citar tres ejemplos.
           A nosotros nos interesa valorar, desde la perspectiva de la historia comparada, la independencia de América Latina como revolución, en su sentido de profundo cambio de la sociedad, de sustitución del viejo orden económico social por uno nuevo. En otras palabras, tratamos de analizar la emancipación latinoamericana como revolución social, con sus alternativas matices y variantes históricas. Desde este ángulo, ponemos de relieve los alcances y limitaciones de la liberación anticolonial y su relación, presente a todo lo largo de ese proceso, entre una revolución restringida a cambios en la esfera política o inclinada a realizar en forma paralela profundas transformaciones socio-económicas.
          En rigor, este fue el dilema de la independencia. La disyuntiva histórica a que se refería José Martí al señalar, en su ensayo Nuestra América, que el problema de la separación de las metrópolis europeas no era el cambio de formas, sino el cambio de espíritu. Por eso, el acento esta puesto en los programas y disposiciones revolucionarias adoptados durante los años de la emancipación, en los distintos escenarios del continente, las variantes para profundizar las transformaciones del orden existente y su frustración. Además, destacamos los intentos de la reacción colonialista, aliada con los sectores conservadores de la sociedad, por atizar a las masas populares contra la independencia, mediante la guerra social, que implicaba jugar con el fuego de la revolución.
            También intentamos rescatar las ideas y propuestas primigenias de unidad latinoamericana, nacidas en íntima vinculación con las luchas por la emancipación y como parte del proceso de formación de las repúblicas emergentes. En este sentido, se incluyen las conspiraciones y planes dirigidos a lograr la independencia de las Antillas españolas, piezas claves de la liberación hispanoamericana y de la propia integración continental, acorde al imaginario compartido por los próceres, temas habitualmente marginados en la mayoría de los textos de historia. El horizonte nacional común existente en la generación de la independencia, facilitó, tras la derrota de España, la fundación de grandes unidades estatales y permitió vertebrar el proyecto utópico de agrupar, en una gran nación, a todas las antiguas colonias hispanas, quimera que tuvo en Francisco de Miranda, José de San Martín y Simón Bolívar a sus más tenaces adalides.
           Hoy, 200 años después de los trascendentales acontecimientos de la independencia, en medio de festejos y celebraciones por la conmemoración, América Latina vibra de nuevo ante las perspectivas de profundas transformaciones revolucionarias dirigidas a alcanzar la tierra prometida por los libertadores. Los cambios positivos que sacuden por todas partes al continente, a inicios del siglo XXI, junto al vigoroso renacimiento experimentado por los sueños de la unidad latinoamericana, nos acercan a la hora de la segunda independencia de Nuestra América que reclamara José Martí.

Sergio Guerra Vilaboy

 Granma 29 de enero de 2010

 

 

 

 

 

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EL CASO DE PUERTO RICO: De Colonia a Estado Libre Asociado (Parte I)

La importancia de Puerto Rico en el plano militar más que en el económico, en la concepción defensiva de Estados Unidos ante un eventual ataque europeo, fue determinante en la política de dominación norteamericana sobre la isla.

Puerto Rico fue absorbido por Estados Unidos no por previa secesión y posterior anexión, ni ocupado parcialmente por vía de alguna “enmienda” como el caso cubano, sino por la figura de “Estado Libre Asociado”, forma intermedia que encontraron los yanquis para su total dominación sobre esta hermana antillana.

Al igual que en Cuba, en Puerto Rico se venía luchando por la independencia, adquiriendo gran virulencia esa resistencia en 1868. En dicho año se produjo la revolución por la liberación nacional conocida como el “estallido de Lares”, uno de cuyos inspiradores e impulsores fue Ramón Emeterio Betancés, quien junto a Eugenio María de Hostos fueron los adalides de la lucha patriótica en esos años. Si bien el estallido de Lares fue derrotado, las condiciones creadas llevaron a que España se viera obligada a abolir la esclavitud en marzo de 1873.

En 1898, en el marco de la guerra contra España por la independencia, Estados Unidos se introduce, para su propio provecho. Con el pretexto de la voladura del “Maine” ya comentada, bombardean la capital portorriqueña desde una escuadra al mando del almirante Sampson. En el mes de julio de dicho año las tropas yanquis toman posesión territorial y emiten una proclama dirigida al pueblo por medio de la cual le aseguran que venían “no para hacer la guerra sino para traer las bendiciones de la libertad”. En agosto se llega al armisticio previo al Tratado de París y en octubre de 1898 se efectúa la ceremonia oficial de transferencia de soberanía por medio de la cual el presidente de los EE.UU. nombra un Gobernador Militar para la isla. A partir de allí la economía puertorriqueña pasó a depender de Norteamérica.

El artículo II del Tratado de Paz entre España y Estados Unidos de América, firmado en París el 10 de diciembre de 1898, determinaba que España cedía a EE.UU. “la isla de Puerto Rico y las demás que están ahora bajo su soberanía en las Indias Occidentales…”. A partir de allí, Puerto Rico, como colonia de los EE.UU., sirvió como punta de lanza en el sistema defensivo-ofensivo militar del imperialismo en la cuenca del Caribe. La isla se transforma en centro de adiestramiento de la Marina, Ejército y Aviación Naval yanquis.

En 1900 el Senado de los EE.UU. aprueba una ley denominada “Ley Orgánica Foraker” por el nombre del Senador Joseph Foraker que la propuso, por medio de la cual, y en medio de una oleada de resistencia popular en Puerto Rico, se reemplazaba la intervención militar por un gobierno civil; pero dicho gobierno sería restringido y dependería del de los Estados Unidos. La dominación económica y política norteamericana se evidencia en los artículos de dicha ley:

 

Art. 2. (Derechos sobre importaciones extranjeras)

A partir de la fecha de la aprobación de esta Ley, las mismas tarifas y derechos de aduana serán impuestos, cobrados y pagados sobre todo artículo importado en Puerto Rico, de puertos no pertenecientes a los Estados Unidos, que la ley dispone sean cobrados sobre artículos de procedencia extranjera importados en los Estados Unidos… Disponiéndose además, que todo libro y folleto impreso en idioma inglés será admitido libre de derechos en Puerto Rico cuando se importe de los Estados Unidos.

Art. 3. (Intercambio de mercancías con los Estados Unidos)

A partir de la fecha…, toda mercancía que entre en los Estados Unidos, procedente de Puerto Rico, y entre en Puerto Rico, procedente de los Estados Unidos, será admitida en los respectivos puertos de entrada, al pagarse un quince por ciento de los derechos arancelarios que devengan sus similares procedentes de países extranjeros…”

 

El Senado de EE.UU. determina cuál será la capital de Puerto Rico y la protección sobre sus nuevos “súbditos”:

 

Art. 6. (Capital de Puerto Rico)

La capital de Puerto Rico será la ciudad de San Juan, manteniéndose allí el asiento del Gobierno.

Art. 7. (Ciudadanos de Puerto Rico; creación de un cuerpo político bajo el nombre de El Pueblo de Puerto Rico)

Todos los habitantes que continúen residiendo allí… serán tenidos por ciudadanos de Puerto Rico, y como tales con derecho a la protección de los Estados Unidos…

 

Otro artículo determina que las leyes de Puerto Rico, actualmente en vigor, continuarán vigentes siempre “que las mismas no resulten incompatibles, o en conflicto con las leyes estatutarias de los Estados Unidos…”. Se plantea también en un artículo el canje de la moneda puertorriqueña por moneda del cuño de los Estados Unidos.

El artículo 17 (Gobernador) dice:

 

El título oficial del jefe ejecutivo de la isla será ‘El Gobernador de Puerto Rico’. Será nombrado por el Presidente (de los Estados Unidos), mediante el concurso y consentimiento del Senado… tendrá todas las atribuciones de Gobernadores de Territorios de los Estados Unidos… y anualmente y cada vez que se le ordene, informará oficialmente… por conducto del Secretario de Estado, al Presidente de los Estados Unidos….

 

O sea que Puerto Rico pasaba directamente de ser colonia de España a colonia de los Estados Unidos, aunque oficialmente se le denominara “territorio”.

 

Horacio A. López

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Levantamientos Andinos en la segunda mitad del siglo XVIII (I parte)

Mapa de América del Sur en el siglo XVIII            Desde el comienzo de la conquista de Nuestra América los pueblos originarios y sus descendientes resistieron la dominación española a lo largo de los siglos XVI y XVII, pero será en la segunda mitad del siglo XVIII donde las protestas con distintos objetivos tomaron su caudal más violento  e idealista, sobre todo en la región de los Andes Centrales, desde el primer levantamiento pan amazónico en 1742 encabezado por Juan Santos Atahualpa, hasta los levantamientos que se dieron en paralelo en el norte de Potosí llevado adelante por Tomas Katari, y por Tupac Amaru en el Cusco.

             La llegada poder en España en la segunda mitad del siglo XVIII de los Borbones en lugar de los Austrias, no sólo trajo reformas políticas, económicas, administrativas y religiosas en España, sino que también este tipo de reformas fueron aplicadas en América que tuvieron como consecuencia el aumento de los levantamientos de los descendientes de los habitantes originarios, apoyados por criollos y mestizos, ya sea por el aumento de impuestos o tributos, o la idea de volver al pasado, anterior a la llegada de los conquistadores.

            En 1742, se producirá en la región de la selva central de Perú el levantamiento más prologado de la época de la conquista y la colonia llevado adelante por Juan Santos Atahualpa en reclamo de la expulsión de los españoles del Perú y sus esclavos negros, dejando a los indios, mestizos y criollos en el territorio, a la vez que proponía el retorno al imperio de los Incas, pero sin dejar rasgos culturales que la población ya tenía interiorizados, como por ejemplo el cristianismo. Otra proclama era lograr la coronación del nuevo Inca, que no sería en el Cusco, centro de poder por excelencia del antiguo imperio, sino en Lima, la sede política colonial. Estas ideas llevaron a que el movimiento adquiera un componente mesiánico, en la función del líder como salvador mítico y reorganizador del mundo, y milenarista en su propuesta de cambio del cosmos.

            En 1752 Juan Santos Atahualpa junto a su ejercito logran su victoria más importante tomando las ciudades de Sonomoro y Andamarca, la llegada a Lima estaba cada vez más cerca, pero la reacción española no se hizo esperar y el movimiento de Atahualpa tuvo que retroceder. En 1756, Atahualpa desaparecerá misteriosamente, y nunca más se lo volvería a ver, algunas fuentes dicen que murió luchando contra un líder local en el pueblo Metraro.

 

Alejandro Pisnoy

Prof. / Invest. CCC

 

Referencias Bibliográficas

 

Fisher, John. Etnicidad, insurgencia y sociedad en los Andes: el caso curioso del Perú, c. 1750 1840. En: Revista  Andina N 38.

Serulnikov, Sergio. Conflictos sociales e insurrección en el mundo colonial andino. El norte de Potosí en el siglo XVIII. Ed. FCE.  Bs. As. 2006.

Oliva de Coll, Josefina. La resistencia indígena ante la conquista. Ed. Siglo XXI. México D.F. 1991.

Valencia Vega. Julián Tupak Katari. Toco a rebato las campanas para la liberación del indio. Ed. Librería Juventud. La Paz. 1984.

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