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Las mujeres del café. Guatemala 1925.

Mapa de Guatemala y América Central

“Guardar silencio y mostrarse indiferente ante este gesto de las sufridas hijas del pueblo, aparte de ser censurable, acusa lenidad en quienes tal hagan. En nuestros anales obreristas, la actitud altiva de las mujeres hace época y quienes tenemos una cabal idea de lo que debe ser el espíritu de solidaridad, estamos con ellas… Las obreras declaradas en huelga, en su carrera de sufrimientos morales, en medio se su condición paupérrima, ha filtrado un rayo de luz en sus cerebros y han dicho: HASTA AQUÍ…”[1]

 

            A fines del siglo XIX y comienzos del XX Costa Rica encabezo el desarrollo cafetalero en Centroamérica, y fue el impulso para los demás países de la región, sobre todo en Guatemala y El Salvador que contaban con una gran cantidad de mano de obra, y esto los llevo a tener una supremacía regional en  la producción de café. Las propiedades dedicadas a la producción de café eran de grandes extensiones, y en manos de unos pocos terratenientes, en su mayoría de origen alemán beneficiados por el reparto de tierras llevado adelante por liberales de este período.

            El sistema de trabajo se encontraba bajo el sistema del colonato[2] aseguraba la mano de obra permanente, como así también el permanente reclutamiento de población indígena a los cuales ya le habían expropiado sus tierras y a los cuales se les pagaba con el sistema de bonos, que sólo podían canjear en los almacenes que pertenecían a los dueños de las empresas.

            En diciembre de 1921, Carlos Herrera, quien había sido designado a la presidencia de Guatemala mediante una alianza entre grupos de la elite capitalina, bajo un modelo católico conservador, apoyado por algunos sectores populares, obreros y artesanos; fue derrocado por un golpe militar que instaló una triunvirato de generales, cuya figura más representativa fue el general José María Orellana. Las causas más sobresaliente que llevaron al derrocamiento de Herrera fueron, la no implementación de una reforma monetaria impuesta por la burguesía local, y la venta de la compañía eléctrica a manos de los EE.UU., dicha compañía era de capitales alemanes, pero luego de la Primera Guerra Mundial las presiones para que esta sea vendida a capitales norteamericanos era insostenible, y con el apoyo y más tarde el reconocimiento de Washington se instalaban los militares en el gobierno, que luego convocaría a elecciones donde Orellana como candidato oficial fue elegido presidente. Donde una de las primeras medidas fue ratificar la venta de la compañía eléctrica a la empresa norteamericana U.S. Electric Bond and Share Co., y la implementación de la reforma monetaria, basada en la producción de café.

            La llegada al gobierno por parte del Gral. Orellana, favoreció a los intereses extranjeros y a la burguesía local, hechos que llevaron a la protesta de los sectores populares y obrero contra este régimen. El crecimiento del movimiento obrero venía aumentando desde el comienzo de 1920, y en 1922 se produce un levantamiento popular masivo en todo el país. El gobierno acusa al Partido Conservador de estar detrás de estos hechos y emprende una dura represión y persecución, principalmente contra los líderes de la iglesia y en menor medida contra anarquistas y comunistas.

             En 1924 lo trabajadores muelleros comienzan una huelga contra la United Fruit Company (UFCO), en reclamo de aumento salarial, reducción de las horas de trabajo y la no discriminación étnica racial para los trabajadores negros. A estas demandas se suman los trabajadores de las bananeras y son apoyados por las demás organizaciones sindicales del país. Luego de 27 días de represión y expulsión de dirigentes obreros la huelga es levantada sin poder lograr sus demandas. En ese mismo año también se levantan en huelga los trabajadores ferroviarios en contra de la International Railways of Centro América (IRCA). El final no se diferencia de la mencionada anteriormente, los trabajadores son perseguidos, reprimidos y encarcelados sin lograr que se cumplan sus reclamos.

            Durante 1925 y 1926 se desataran varias huelgas en todo el país. El gremio de los zapateros exige la reducción de la jornada laboral, un trato digno y mejores condiciones de trabajo. Luego de 18 días logra obtener las mejoras laborales. También el Sindicato Gremial de Panificadores inicia una huelga en busca de reducir la jornada diurna y eliminación de la jornada nocturna o doble salario. Esta huelga se hizo muy fuerte en la capital y en otras ciudades. Los principales dirigentes fueron perseguidos y encarcelados, pero lograron la mayoría de las demandas. Después de unos meses los panaderos volverían a la huelga dado el incumplimiento de las demandas. Otras huelgas que se dieron durante estos años fueron la de las y los costureros, los trabajadores de velas y jabón, los curtidores, ladrilleros y carreteros, pero las huelga que caracterizó a este período fue la huelga que el 25 de noviembre de 1925 llevaron adelante las escogedoras de café que trabajaban para el beneficio “La Moderna” propiedad de la compañía alemana Gerlach Co. Esta fue la primera gran huelga llevada a cabo por un grupo de mujeres en Guatemala y también en Centroamérica.

            En la mañana del 25 de noviembre de 1925, unas cien huelguistas, de las 150 que trabajaban en el beneficio, se reunieron cerca de la entrada de la empresa  cafetalera “La moderna”, lo que le reclamaban a la empresa alemana giraba en torno a la discriminación y diferenciación por el desprecio de su fuerza de trabajo y docilidad por ser mujer. Los reclamos principales fueron los siguientes: “…1) Ocho horas de trabajo diarias, 2) La supresión de multas, 3) Abolir la disposición de que por llegar fuera de hora al beneficio se les quite el trabajo, 4) Alternabilidad en el manejo de la maquinaria para que haya equidad en el salario que se devenga. 5) Aumento de salario de 5 pesos diarios, puesto que sólo ganaban entre 15 y 18 pesos por día (mientras que los sueldos de los trabajadores hombres solían oscilar entre 50 y 80 pesos diarios). 6) Que se les reconozca, sino el salario en casos de enfermedad, sí el puesto, ya que una sola falta es motivo para que se les quite el trabajo, sin que se tenga en cuenta las causales de ella, y 7) Que no sea retirada del beneficio por motivo del presente reclamo ninguna de las trabajadoras que existían hasta el día de ayer (24 de noviembre)…”[3].  

             La huelga duró seis días y fue apoyada por todos los sindicatos y federaciones de trabajadores del país. Esta tuvo una característica diferente a las huelgas que se venían produciendo en Guatemala, fue una protesta sin la organización de una marcha de protesta, pero sí de un para de actividades, y la creación de un “comité de huelga” encabezado por quién fue nombrada como directora, Berta Reyes, Ernestina Sierra como subdirectora, y Elisa Murga y Amelia Villagrán como secretarias. Las trabajadoras se encargaron de difundir sus protestas y reclamos en los diarios, asambleas y reuniones con distintos dirigentes obrero, y como consecuencia de esta lucha lograron la formación de su sindicato.

            Con el apoyo conseguido por parte de todas las federaciones y sindicatos del país lograron que se les reconociera el aumento salarial exigido, la jornada de 8 horas, la supresión de cualquier tipo de multas , el cambio de hombres por mujeres en el registro, y el no despido por motivo de enfermedad ni por haber participado en la huelga. Hasta aquí parecía ser que las obreras habían logrado su objetivo, pero la respuesta no se hizo esperar, la represión esta vez no fue la persecución, encarcelamiento o asesinato, sino que el día 15 de diciembre de 1925, la empresa alemana se veía en la necesidad de despedir a la mayoría de las trabajadoras por falta de grano. Las trabajadoras sabían que la medida era en represalia a la huelga llevada a cabo días atrás, “…según lo expusieron las obreras, todas las implicadas en la huelga fueron expulsadas, ya que cuando se presentaron a sus labores, sus lugares estaban ocupados por nuevas obreras… ¿Sí no hay trabajo como lo declararon los representantes de Gerlach, entonces porqué se contratan nuevas obreras?”[4]

El objetivo fue claro, y como lo dicen las noticias, había que deshacerse de las mujeres huelguistas de cualquier manera, pero esta vez la violencia fue utilizada de otra manera, lo palos y las balas fueron reemplazados por una simple excusa que a lo largo de la historia de nuestra América también se ira haciendo costumbre.

 

 

Alejandro Pisnoy             

Prof. Invest. CCC

 

Ref. Bibliográficas

Carrillo Padilla, Ana. Sufridas hijas del pueblo: la huelga de las escogedoras de café de 1925 en Guatemala. En: Revista Mesoamérica Número 27. 1994. pg. 93 126.

Muñoz, Jorge. Breve historia contemporánea de Guatemala. Ed. FCE. México DF. 1998.      

Pérez Brignoli, Héctor. Breve historia de Centro América. Ed. Alianza. Madrid. 1990.

Valladares, Luís. (Coord.) Historia de los intelectuales, la formación de la identidad y los movimientos sociales en la ciudad de Guatemala (1920 1944). Ed. Nueva Guatemala de la Asunción. 2006.



[1] “Revista del Trabajo”. En: Valladares, R. (coord.) “Historia de los intelectuales, la formación de la identidad y los movimientos sociales en la ciudad de Guatemala (1920 1944). Nueva Guatemala de la Asunción. Nov. 2006. pg. 87 88.

[2] Sistema que permitía al colono tener el derecho a cultivar la tierra que no lo pertenecía,  ni podía abandonarla. Además debía pagar por ella una renta por el uso de la misma.

[3] “Revista del Trabajo”. En: Valladares, R. (coord.) “Historia de los intelectuales, la formación de la identidad y los movimientos sociales en la ciudad de Guatemala (1920 1944). Nueva Guatemala de la Asunción. Nov. 2006. pg. 87

[4] “Revista del Trabajo”. En: Valladares, R. (coord.) “Historia de los intelectuales, la formación de la identidad y los movimientos sociales en la ciudad de Guatemala (1920 1944). Nueva Guatemala de la Asunción. Nov. 2006. pg. 89

 

 

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EL CASO DE LA ISLA DE SAN ANDRÉS: Secesión para ir a la reanexión.

Ligado al tema anterior de la Mosquitia[1] está el caso del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, actualmente bajo la soberanía colombiana, en donde –por lo menos en San Andrés- existen reclamos para reanexarse a Nicaragua, unificándose con la región de la Mosquitia.

El actual Departamento de Colombia se encuentra en el Mar Caribe a sólo 220 kilómetros al este de la costa de Nicaragua y a más de 770 kilómetros al noroeste de Colombia. El archipiélago está integrado por las islas de San Andrés, su capital, Providencia y Santa Catalina, además de una cantidad de islotes y cayos.

En el año 1631 se estableció en Providencia un grupo de puritanos ingleses, que se dedicaron a cultivar algodón y azúcar con mano de obra esclava. Diez años después fueron desalojados por los españoles, quienes posteriormente se retiran.

Estos territorios, ancestralmente, pertenecieron a la nación Mosquitia. En 1822 el Archipiélago y la costa de Mosquitia fueron separados de la capitanía de Guatemala para incertarlos en el Virreinato de la Nueva Granada. A partir de entonces perteneció a lo que hoy es la República de Colombia, pero manteniendo su cultura, diversas religiones y características lingüísticas (el inglés criollo sanandresano) diferentes a las del resto de Colombia.

En un trabajo del Centro de Estudios Económicos Regionales (CEER)- Cartagena, editado por el Banco de la República de Colombia, de autoría de Adolfo Meisel Roca, leemos los siguientes antecedentes históricos:

 

1851: Abolición de la esclavitud en la Nueva Granada.

1853: Plantadores de San Andrés se dedicaron al cultivo de la palma de coco, con demanda en el mercado norteamericano.

1883-1920: Auge en las exportaciones de cocos, prosperidad para los habitantes del archipiélago.

1929-1932: Deterioro de la situación económica de la isla por sequías, y caída de precios en el mercado internacional a causa de la Gran Depresión.

1930-1940: Migraciones de las islas hacia Panamá, Centro América y Colombia.

1950: Crisis económica por caída en exportaciones de coco, despoblación y emigración.

1951: La población alcanzó los 5.675 habitantes (853 menos que en el censo de 1938).

1946: Se inauguró el primer vuelo comercial regular a San Andrés desde una ciudad colombiana (Cartagena).

1953: San Andrés fue declarado puerto libre.

 

Al comienzo del trabajo citado Meisel Roca señala las consecuencias de haber declarado Puerto Libre al archipiélago:

 

En 1953, cuando el archipiélago fue declarado Puerto Libre y a los turistas colombianos se les permitió un cupo libre de aranceles para los artículos extranjeros que compraran en la isla, cambiaron dramáticamente las condiciones convirtiendo a los raizales en minoría en su propia tierra.

 

Y en las Conclusiones expresa:

 

 La marginalización económica, cultural y social de los raizales resulta ser el problema más serio que dejó la declaratoria de puerto libre a la isla en 1953.

Es urgente que se desarrollen programas de gobierno nacional, específicos y directos, que incrementen el capital humano de los raizales y la igualdad de oportunidades para que éstos participen mayormente en el control de la isla.

 

Con este cuadro de situación que llega hasta la actualidad, no es de extrañar la noticia que publicó El Nuevo Diario de Managua en su edición del 8 de diciembre de 1999 con el título: “Indígenas reclamarán isla de San Andrés”. El columnista es Oscar Merlo. En el copete de la noticia se lee: “Habitantes originales de la ínsula ocupada por Colombia, quieren reanexarse a Nicaragua. Invocan tratados que incluyen a Inglaterra, España, Estados Unidos y Austria en la solución del problema”. El artículo señala:

 

 El Consejo de Ancianos de la Costa Atlántica, prepara un documento legal mediante el cual reclamarán a Colombia la isla de San Andrés y demás territorios que ancestralmente pertenecieron a la Nación Mosquitia.

Los doctores Oscar Hodgson Argüello y Ernesto Scott Locawood, asesor legal y secretario ejecutivo respectivamente del Consejo de Ancianos, señalaron que en la solución a los problemas que se han presentado en el Mar Caribe, tienen derecho a participar diversas naciones, menos Colombia, que es la que se ha quedado con la ‘tajada del león’.

El doctor Hodgson manifestó que en la repartición del mar que se están haciendo Honduras y Colombia, los principales afectados son los indígenas de la Costa Atlántica de Nicaragua, incluyendo los que habitan las diferentes ínsulas.

En ese sentido, indicó que recientemente sostuvieron una reunión en San Andrés, y los indígenas que habitan allí manifestaron su deseo de volver a incorporar la isla a los antiguos territorios.

(…)

A través de los tiempos, señaló, el territorio indígena de la Costa Caribe ha tenido diferentes nombres, pasando por Togosgalpa y Tologalpa, en tiempos de la invasión española; Nación Mosquitia; Departamento de Zelaya; Zonas Especiales y actualmente Regiones Autónomas.

La posición de los ancianos ha sido definir este territorio como ‘Nación Comunitaria Mosquitia’, y partiendo de las diferentes agresiones culturales, territoriales, al medio ambiente y a los recursos naturales que le han hecho a nuestro territorio, el 17 de octubre de 1997 procedimos a izar la bandera de la nación Mosquitia.

El gobierno de la señora Violeta Barrios de Chamorro aceptó la izada de la bandera indígena por espacio de año y medio. ‘Hasta que llegó el doctor Alemán y la arrió, violando de forma flagrante el derecho internacional y el indígena’, señaló Hodgson.

La pelea es por nuestras tierras.

El problema actual entre Nicaragua, Honduras y Colombia, no es más que la discusión de la definición de las tierras indígenas, muchas de las cuales son patrimonio de la humanidad, dijeron los representantes del Consejo de Ancianos.

(…)

‘Pero ahora, con el actual problema de territorialidad, estamos tocando un avispero en términos del derecho internacional, por tratados como el Clayton-Bowler y el Clapton-Webster, que define la territorialidad entre Inglaterra y Estados Unidos, e involucran directamente a la Nación Mosquitia, al gobierno de Nicaragua y a los gobiernos de Centroamérica. Colombia nada tiene que ver en esto’.

Otros elementos normativos del derecho internacional mencionados por los indígenas, son el tratado entre Managua, Inglaterra y Estados Unidos; el laudo arbitral del emperador de Austria en 1870, hasta la definición del convenio de la Mosquitia, cuando el gobierno liberal de José Santos Zelaya se toma militarmente el territorio indígena ‘y se firma un convenio de buena voluntad entre los misquitos, los ramas y los nicaragüenses’.

 ‘Hay otro elemento clave, que es la entrega de la mitad del territorio indígena al gobierno de Honduras –y que es conocido hoy como la mosquitia hondureña- a través de subterfugios legales, aparentemente ‘cocinados’ en La Haya’, dijo el doctor Hodgson.

 

En nuestra sufrida América este caso puede verse como una rémora de las sucesivas colonizaciones y recolonizaciones impuestas en el Caribe, pero en particular remonta a responsabilidades concretas de España, Inglaterra y Estados Unidos en esos asuntos. Si bien directamente no aparece involucrado el coloso del norte, siendo más bien una disputa fronteriza entre Nicaragua y Colombia por la soberanía del archipiélago, la realidad indica el peligro latente de fragmentaciones, conflictos e inestabilidades, de las que siempre ha sacado ventajas Estados Unidos. Por lo menos eso es lo que enseña la historia en el continente.

 

Horacio A. López



[1] Nota publicada en el blog el día 20 de agosto de 2009. “EL CASO DE MOSQUITIA: Del Protectorado al intento de secesión”. http://www.centrocultural.coop/blogs/nuestramericanos/2009/08/20/el-caso-de-mosquitia-del-protectorado-al-intento-de-secesion/

 

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EL CASO DE MOSQUITIA: Del Protectorado al intento de secesión

Los ingleses, ávidos de conquistar territorios en el Nuevo Mundo, lograron una base en la Mosquitia –región oriental de la actual Nicaragua- en el siglo XVII. Establecieron allí un protectorado con el nombre de Reino de Mosquitia en 1661. Los indios mosquitios mantenían una fuerte identidad y habían rechazado a los españoles sistemáticamente; se aliaron con los ingleses por conveniencias comerciales y guerreras. Durante el siglo XVIII y parte del XIX el reino tuvo distintos monarcas sostenidos por Gran Bretaña. A mediados del XIX las presiones de los Estados Unidos, sustentadas en la Doctrina Monroe, y los intereses por las disputas territoriales debidas al proyecto de construcción del canal interoceánico por Nicaragua, llevaron a un acuerdo en 1850, entre este país y Gran Bretaña. Los ingleses mantendrían su dominación en la Costa y Estados Unidos lo haría sobre la ruta del Tránsito y el futuro del Canal.

En 1860 se firma el Tratado de Managua entre Nicaragua e Inglaterra.

 

Gran Bretaña renunciaba a su Protectorado Mosquitio y debía emprender su retirada paulatina de Centroamérica. Estados Unidos vendría a ocupar ese ‘vacío’. Sin embargo los ingleses retendrían su papel de ‘potencia protectora’ insistiendo en que los derechos de Autonomía de los misquitos se incluyeran en el Tratado. Así nació la ‘Reserva Mosquitia’. El rey de un plumazo dejó la corona y pasó a ser jefe hereditario de la Reserva… La ‘soberanía’ de Nicaragua era en realidad una formalidad… Un año después de firmado el Tratado de Managua, en Bluefields se reunieron 51 Witas (alcaldes) y aprobaron la Constitución de la Reserva, inspirada por el cónsul británico y que establecía de manera general, leyes inglesas.[1]

 

En 1894 la Mosquitia fue reincorporada oficial y concretamente a Nicaragua. La República de Colombia, durante muchos años, realizó a Nicaragua reclamaciones territoriales por la Mosquitia. Ambas naciones se pusieron de acuerdo recién en 1928 mediante un tratado por el cual Colombia reconocía la posesión nicaragüense sobre las costas de Mosquitia y, a su vez, Nicaragua le otorgaba reconocimiento soberano a Colombia sobre el Archipiélago de San Andrés y Providencia.

En 1909 los Estados Unidos pusieron sus ojos y sus intereses sobre Nicaragua, azuzados por la posición del gobierno de ese país que se oponía a la concesión de una ruta de Canal que EE.UU. proyectaba en dicha zona y, como agravante, tenía planes para otorgársela a Alemania. Entonces los norteamericanos reavivaron la aspiración secesionista de la zona de la Mosquitia, particularmente en la ciudad de Bluefields. Dicha ciudad había sido ocupada por el ejército nicaragüense en 1894, pero subsistía allí una cultura diferenciada del  resto del país: la habitaban mestizos y negros afro caribeños y se hablaba el inglés, además de tener el peso de una historia autonomista.

 

El procedimiento seguido por Taft y Knox[2] fue similar al empleado por Teodoro Roosevelt en Panamá. El 7 de octubre de 1909, el Cónsul norteamericano en Bluefields, Nicaragua, informaba cablegráficamente a Knox que al día siguiente estallaría una rebelión. Moffat, el susodicho Cónsul, detallaba los planes que aplicarían los alzados; el estado, con Bluefields como capital, se constituiría en ‘república’; Estrada, el gobernador, ocuparía la presidencia e inmediatamente apelaría a Estados Unidos para que lo reconociera…

El 10 se había constituido el gobierno provisional ‘amigo de los intereses yanquis’.[3]

 

A partir de allí viene un período de luchas fratricidas, renuncias de sucesivos presidentes de Nicaragua y el país convertido prácticamente en un protectorado yanqui, con sus aduanas controladas por funcionarios de EE.UU., para garantizar un empréstito cuya contratación se imponía y una comisión mixta de reclamaciones con mayoría yanqui.

 

Ante los rumores de que Díaz[4] se proponía hacer a Estados Unidos la concesión de una ruta para el canal y bases en ambas costas de Nicaragua, la Asamblea Nacional incluyó en la Constitución disposiciones que prohibían el traspaso del territorio nacional y fijaban la condición de nicaragüense para el desempeño de cualquier cargo público de la nación. Amenazaban venirse abajo los logros de Knox.[5]

 

Entonces entran en juego los marines, desembarcando en agosto de 1912. Sostenido en el poder por ellos, Adolfo Díaz es reelegido en noviembre en comicios vigilados por los marines. Finalmente, mediante el Tratado Bryan-Chamorro de 1916, Estados Unidos obtiene la tan ansiada ruta del canal, más una base naval en el Golfo de Fonseca.

Más adelante vendrá la heroica lucha del general Augusto César Sandino contra los marines invasores, los que se retiran en 1933 dejando a la Guardia Nacional bajo el mando del general Anastasio Somoza, quien en 1934 asesinará a Sandino.

Los intentos de secesión llegan hasta nuestros días y siempre con el aliento del imperialismo. A pesar de los intentos  del Frente Sandinista de Liberación Nacional para ganar a los misquitos para la causa de la revolución, incluido darles mayor autonomía, éstos escucharon los cantos de sirena de la contra.

Más recientemente, un cable de Prensa Latina, fechado el 30 de junio de 2004, da cuenta de lo siguiente:

 

El Consejo de Ancianos de los indígenas nicaragüenses anunció hoy que llevará al Tribunal Internacional de la Haya las demandas presentadas al gobierno para que le respeten su independencia heredada de sus ancestros. Lo anterior fue respaldado por más de 200 representantes de los grupos étnicos –misquitos, sumos, negros y ramas- que viven en la llamada zona de la Mosquitia, quienes participaron en la Asamblea general del Consejo. El evento que concluyó la víspera en Bluefields, capital de la Región Autónoma del Atlántico Sur, demandó al presidente Enrique Bolaños, se regresen a los indígenas las propiedades y derechos que heredaron de sus ancestros.

 

Hoy en día, cuando se vuelve a hablar de la posibilidad de un nuevo canal interoceánico por Nicaragua, la misma historia continúa.

 

Horacio A. López



[1] Reconquista Popular. Pueblos originarios y política imperialista.

http://archives.econ.utah.edu/archives/reconquista-popular/2004w38/msg00222.htm

 

[2]  Presidente y Secretario de Estado de los Estados Unidos respectivamente.

[3]  Ramos, César (comp.), Historia de América II, Selección de lecturas, Tomo II, Departamento de Historia de América, Universidad de La Habana, Editorial Pueblo y Educación, La Habana,  1980, p. 135.

[4]  Un nuevo Presidente de Nicaragua que respondía a Estados Unidos.

[5] Ibíd., p.138.

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EL CASO TEXAS: De la república de Fredonia a la de Estados Unidos

El despojo de casi la mitad del territorio mexicano por parte de Estados Unidos es históricamente el caso emblemático de la hipocresía y de la falta de escrúpulos del país del norte, en función de cumplir su objetivo del “Destino Manifiesto” para construir la gran potencia americana a costa de otros países  del continente. Manuel Medina Castro relata la cronología de esta historia, de la que tomaremos algunos hitos.

En 1820, el puritano Moisés Austin de Luisiana obtiene del gobernador español de Texas permiso para introducir 300 familias norteamericanas con el objetivo de colonizar y con el compromiso de fidelidad al rey y de defensa del territorio contra los indios y los filibusteros. Los colonos traían sus esclavos como mano de obra para sus labores agrícolas. En México la esclavitud estaba prohibida, pero se les autorizó a los colonos a traer los suyos. Siete años después ya eran 10.000 las familias norteamericanas asentadas en Texas.

En 1826, con el pretexto de que el gobierno mexicano decretase la liberación de los esclavos, colonos encabezados por el norteamericano Hayden Edward, toman Nacogdoches y proclaman la “República Libre de Fredonia”. Un mes duró esta experiencia que fue condenada por el congreso mexicano, el que culpó al gobierno de Estados Unidos de haber estimulado el levantamiento.

El presidente norteamericano Jackson envió en 1832 a un antiguo subordinado suyo, Sam Houston, a Texas, para que organizara la rebelión y canalizara el separatismo. En 1833 logra concretar la Convención de Texas. En 1834 el negociador yanqui declara: “México está en posesión de un territorio que no le pertenece de derecho. Debemos recuperar Texas: pacíficamente si es posible; por la guerra, si es nuestro deber.”

Un año más tarde Washington manda al general Gaines a la frontera, con un regimiento de infantería, listo para cruzarla hacia Texas. En 1835 la Convención de Texas formula una “declaración de derechos” y se organiza el primer gobierno texano. Houston es designado jefe del ejército. Comenzó la guerra separatista.

Durante 1836 los insurrectos combaten contra las fuerzas mexicanas, a las que terminan derrotando en la batalla de San Jacinto, en la que Houston apresa a Santa Anna, quien comandaba las fuerzas nacionales. A cambio de su vida, Santa Anna rindió sus armas y se obligó a gestionar el reconocimiento de la independencia de Texas, con la frontera en el río Bravo. San Jacinto fue el 21 de abril; ya el 2 de marzo de 1836 la Convención de Texas había proclamado la República.

 

En 1845, Texas, la ‘República autónoma’, solicitó su anexión a Estados Unidos. Se repetía una vieja historia… La guerra con Estados Unidos se hizo inevitable. En tal coyuntura, Santa Anna apareció de nuevo en la arena política.[1]

 

Los ejércitos norteamericanos invaden territorio mexicano para reasegurar sus planes y, luego de varias escaramuzas, se declara la guerra entre México y Estados Unidos en mayo de 1846. Relata Medina Castro:

 

… el 15 de agosto (1846), el coronel Kearney se dirigió desde Las Vegas a los habitantes de Nuevo México: ‘He venido cerca de vosotros por orden de mi gobierno para tomar posesión de este país, y hacer extensivas a él las leyes de los Estados Unidos. Nosotros los consideramos y los hemos considerado desde hace tiempo, como parte del territorio de los Estados Unidos. Nosotros venimos a vosotros como amigos y no como enemigos; como protectores y no como conquistadores; para vuestro beneficio y no para vuestro daño. En consecuencia, yo os declaro libres de toda liga con el Gobierno Mexicano…’”[2]

 

Dos años duró esa guerra desproporcionada. En septiembre de 1847 las tropas yanquis entran a la Ciudad México. El 2 de febrero de 1848 se firmó el tratado que ponía fin a las hostilidades, y por el cual

 

México perdía 1.528.241 kilómetros cuadrados: 689.836, de Texas; 838.405, de Nuevo México y Alta California. Era el 51% del territorio original del país… un área tan extensa como Inglaterra, Irlanda, Escocia, Francia, España, Portugal, Italia y Alemania juntas. Allí se levantarían luego los nuevos Estados de la Unión: Texas, Nuevo México, Arizona, California, Nevada, Utah, y parte de Colorado, Oklahoma, Kansas y Wyoming.

 

Así se formaron los Estados Unidos.

Hay que recordarlo cada día.

¡Cada día!

¡Cada día![3]

 

Horacio López

 

 



[1] Sánchez, Luis Alberto, Breve Historia de América, Losada, Buenos Aires, 1978, p. 322.

[2] Medina Castro, Op. Cit, p. 303.

[3] Ibíd., p. 325.

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GEOPOLÍTICA DE MAHAN

Es en la última década del siglo XIX, concretamente ante la problemática surgida en torno a la dominación de Cuba y todo el entorno antillano definido como Mare Nostrum por Estados Unidos, que las doctrinas geopolíticas se desarrollan con ímpetu en las usinas ideológicas de ese país. El Capitán de Navío (USN) Alfred Thayer Mahan perfecciona teóricamente el “Destino Manifiesto”.

Mahan determina que la cuestión de la extensión del poder continental para los Estados Unidos pasa por el control de los océanos y pasos internacionales marítimos, a partir de una poderosa flota militar y mercante. En la competencia por el poder entre los Estados, ubica como preponderantes  los factores geográficos (que incluyen la ubicación geográfica, la capacidad defensiva y los recursos naturales), los humanos y sociales. Sus propuestas se basaban en la fortaleza militar necesaria para los fines propuestos y criticaba a los gobiernos elegidos democráticamente por ser generalmente improvisadores y anti militaristas. Su solución ante estas “debilidades” era la creación de “grupos de presión” interesados en formar y mantener una poderosa armada. Aseguraba que los Estados Unidos de Norteamérica poseía las capacidades latentes necesarias para ejercer un control global de los océanos y de las líneas de comunicaciones marítimas.

Desde esa concepción, Mahan planteó la necesidad de construir un canal en Centroamérica para resolver el rápido traslado de la flota de guerra de una costa a la otra, en caso de conflictos, dado que la travesía por el estrecho de Magallanes insumía, en esa época, más de sesenta días. Una vez que se construyera el canal, se suscitaría el problema de su defensa para evitar que cayera en manos extranjeras. Al respecto señala el sociólogo puertorriqueño Ramón Grosfoguel:

 

Como una manera de asegurar la defensa del futuro canal, Mahan recomendó que antes de construirlo Estados Unidos debía adquirir Hawai y controlar militarmente las cuatro rutas marítimas caribeñas al noreste del canal. Las cuatro rutas que él identificó fueron: Paso de Yucatán (entre Cuba y México), Paso de los Vientos (la principal ruta norteamericana de acceso al canal entre Cuba y Haití), Paso de la Mona (entre Puerto Rico y la República Dominicana) y Paso de Anegada (cerca de St. Thomas en las aguas orientales de Puerto Rico). Mahan recomendó a las élites norteamericanas la construcción de bases navales en estas zonas como paso previo a la construcción de un canal y como paso indispensable para transformar a los Estados Unidos en una superpotencia.[1]

 

El Oficial de Estado Mayor de la Armada chilena, Capitán de Navío Alexander Tavra Checura, en un artículo publicado en 1996, titulado “Geopolítica. Pensamiento de Mahan”, concluye lo siguiente:

 

Las teorías de Mahan fueron exitosamente adoptadas por los Estados Unidos de Norteamérica entre fines del siglo pasado y las primeras décadas de este siglo, llevando a dicho país a alcanzar todos sus objetivos políticos, económicos y militares, hasta convertirlo en un poder global incontrarrestable a la fecha.

En ellas se fundamentaron la guerra Hispano- norteamericana (1898), la adquisición del archipiélago de Hawai, las conquistas de los archipiélagos de las Filipinas, Marianas y otras posesiones en el Pacífico Occidental y la creación artificial de Panamá y su canal, al promover una revolución contra Colombia, dueña de dicho territorio[2].

 

Horacio A. López

 

mapa-de-america-central-y-el-caribe


[1] Ramón Grosfoguel. “Los límites del nacionalismo: lógicas globales y colonialismo norteamericano en Puerto Rico”, en Jorge Enrique González, Editor. Nación y nacionalismo en América Latina, CLACSO. Buenos Aires, 2007.

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