Notas con la etiqueta ‘Doctrina Monroe’

EL CASO DE MOSQUITIA: Del Protectorado al intento de secesión

Los ingleses, ávidos de conquistar territorios en el Nuevo Mundo, lograron una base en la Mosquitia –región oriental de la actual Nicaragua- en el siglo XVII. Establecieron allí un protectorado con el nombre de Reino de Mosquitia en 1661. Los indios mosquitios mantenían una fuerte identidad y habían rechazado a los españoles sistemáticamente; se aliaron con los ingleses por conveniencias comerciales y guerreras. Durante el siglo XVIII y parte del XIX el reino tuvo distintos monarcas sostenidos por Gran Bretaña. A mediados del XIX las presiones de los Estados Unidos, sustentadas en la Doctrina Monroe, y los intereses por las disputas territoriales debidas al proyecto de construcción del canal interoceánico por Nicaragua, llevaron a un acuerdo en 1850, entre este país y Gran Bretaña. Los ingleses mantendrían su dominación en la Costa y Estados Unidos lo haría sobre la ruta del Tránsito y el futuro del Canal.

En 1860 se firma el Tratado de Managua entre Nicaragua e Inglaterra.

 

Gran Bretaña renunciaba a su Protectorado Mosquitio y debía emprender su retirada paulatina de Centroamérica. Estados Unidos vendría a ocupar ese ‘vacío’. Sin embargo los ingleses retendrían su papel de ‘potencia protectora’ insistiendo en que los derechos de Autonomía de los misquitos se incluyeran en el Tratado. Así nació la ‘Reserva Mosquitia’. El rey de un plumazo dejó la corona y pasó a ser jefe hereditario de la Reserva… La ‘soberanía’ de Nicaragua era en realidad una formalidad… Un año después de firmado el Tratado de Managua, en Bluefields se reunieron 51 Witas (alcaldes) y aprobaron la Constitución de la Reserva, inspirada por el cónsul británico y que establecía de manera general, leyes inglesas.[1]

 

En 1894 la Mosquitia fue reincorporada oficial y concretamente a Nicaragua. La República de Colombia, durante muchos años, realizó a Nicaragua reclamaciones territoriales por la Mosquitia. Ambas naciones se pusieron de acuerdo recién en 1928 mediante un tratado por el cual Colombia reconocía la posesión nicaragüense sobre las costas de Mosquitia y, a su vez, Nicaragua le otorgaba reconocimiento soberano a Colombia sobre el Archipiélago de San Andrés y Providencia.

En 1909 los Estados Unidos pusieron sus ojos y sus intereses sobre Nicaragua, azuzados por la posición del gobierno de ese país que se oponía a la concesión de una ruta de Canal que EE.UU. proyectaba en dicha zona y, como agravante, tenía planes para otorgársela a Alemania. Entonces los norteamericanos reavivaron la aspiración secesionista de la zona de la Mosquitia, particularmente en la ciudad de Bluefields. Dicha ciudad había sido ocupada por el ejército nicaragüense en 1894, pero subsistía allí una cultura diferenciada del  resto del país: la habitaban mestizos y negros afro caribeños y se hablaba el inglés, además de tener el peso de una historia autonomista.

 

El procedimiento seguido por Taft y Knox[2] fue similar al empleado por Teodoro Roosevelt en Panamá. El 7 de octubre de 1909, el Cónsul norteamericano en Bluefields, Nicaragua, informaba cablegráficamente a Knox que al día siguiente estallaría una rebelión. Moffat, el susodicho Cónsul, detallaba los planes que aplicarían los alzados; el estado, con Bluefields como capital, se constituiría en ‘república’; Estrada, el gobernador, ocuparía la presidencia e inmediatamente apelaría a Estados Unidos para que lo reconociera…

El 10 se había constituido el gobierno provisional ‘amigo de los intereses yanquis’.[3]

 

A partir de allí viene un período de luchas fratricidas, renuncias de sucesivos presidentes de Nicaragua y el país convertido prácticamente en un protectorado yanqui, con sus aduanas controladas por funcionarios de EE.UU., para garantizar un empréstito cuya contratación se imponía y una comisión mixta de reclamaciones con mayoría yanqui.

 

Ante los rumores de que Díaz[4] se proponía hacer a Estados Unidos la concesión de una ruta para el canal y bases en ambas costas de Nicaragua, la Asamblea Nacional incluyó en la Constitución disposiciones que prohibían el traspaso del territorio nacional y fijaban la condición de nicaragüense para el desempeño de cualquier cargo público de la nación. Amenazaban venirse abajo los logros de Knox.[5]

 

Entonces entran en juego los marines, desembarcando en agosto de 1912. Sostenido en el poder por ellos, Adolfo Díaz es reelegido en noviembre en comicios vigilados por los marines. Finalmente, mediante el Tratado Bryan-Chamorro de 1916, Estados Unidos obtiene la tan ansiada ruta del canal, más una base naval en el Golfo de Fonseca.

Más adelante vendrá la heroica lucha del general Augusto César Sandino contra los marines invasores, los que se retiran en 1933 dejando a la Guardia Nacional bajo el mando del general Anastasio Somoza, quien en 1934 asesinará a Sandino.

Los intentos de secesión llegan hasta nuestros días y siempre con el aliento del imperialismo. A pesar de los intentos  del Frente Sandinista de Liberación Nacional para ganar a los misquitos para la causa de la revolución, incluido darles mayor autonomía, éstos escucharon los cantos de sirena de la contra.

Más recientemente, un cable de Prensa Latina, fechado el 30 de junio de 2004, da cuenta de lo siguiente:

 

El Consejo de Ancianos de los indígenas nicaragüenses anunció hoy que llevará al Tribunal Internacional de la Haya las demandas presentadas al gobierno para que le respeten su independencia heredada de sus ancestros. Lo anterior fue respaldado por más de 200 representantes de los grupos étnicos –misquitos, sumos, negros y ramas- que viven en la llamada zona de la Mosquitia, quienes participaron en la Asamblea general del Consejo. El evento que concluyó la víspera en Bluefields, capital de la Región Autónoma del Atlántico Sur, demandó al presidente Enrique Bolaños, se regresen a los indígenas las propiedades y derechos que heredaron de sus ancestros.

 

Hoy en día, cuando se vuelve a hablar de la posibilidad de un nuevo canal interoceánico por Nicaragua, la misma historia continúa.

 

Horacio A. López



[1] Reconquista Popular. Pueblos originarios y política imperialista.

http://archives.econ.utah.edu/archives/reconquista-popular/2004w38/msg00222.htm

 

[2]  Presidente y Secretario de Estado de los Estados Unidos respectivamente.

[3]  Ramos, César (comp.), Historia de América II, Selección de lecturas, Tomo II, Departamento de Historia de América, Universidad de La Habana, Editorial Pueblo y Educación, La Habana,  1980, p. 135.

[4]  Un nuevo Presidente de Nicaragua que respondía a Estados Unidos.

[5] Ibíd., p.138.

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EL DESTINO MANIFIESTO

La doctrina que lleva este nombre, y mediante la cual los Estados Unidos justificaron tantas de sus tropelías en el continente, tiene un sustento religioso proveniente del puritanismo que profesaban los primeros colonos ingleses, mediante el cual estaban convencidos de ser el pueblo elegido por Dios para sobresalir por sobre los demás. Convencidos de su superioridad moral como pueblo, no tuvieron problemas de conciencia en la aplicación de sus políticas nacionales de expansión y conquista.

Ya en 1818 invaden Florida con la excusa de reprimir a los indios Semínolas que incursionaban sobre tierras yanquis; posteriormente llegan a un acuerdo de compra de ese territorio a España. Es conocida la expansión que desarrollan por todo el Oeste, desde el Río Bravo hasta Canadá. Ocupan Hawai, intentan invadir Cuba en 1841 y aplican, desde 1823, la comentada Doctrina Monroe, por medio de la cual ningún territorio del continente americano podía ser ocupado por potencias europeas, aunque en la práctica no se aplicaba a las colonias francesas, inglesas, holandesas o danesas existentes.

La denominación “Destino Manifiesto” aparece por vez primera en 1845 en un artículo publicado en la revista Democratic Review de Nueva York, de autoría del periodista John O’Sullivan, en el que se fundamenta la necesidad de demostrar el ser un pueblo elegido por Dios, extendiéndose

 

….por todo el continente que nos ha sido asignado por la Divina Providencia, para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno. Es un derecho como el que tiene un árbol de obtener el aire y la tierra necesarios para el desarrollo pleno de sus capacidades y el crecimiento que tiene como destino.

 

Es el tiempo de aplicar esa concepción a Texas, territorio por cuya disputa Estados Unidos entabla una guerra con México, de 1846 a 1848, y que termina anexando junto a otros territorios mexicanos, como ya comentamos. Se aplica en 1898 cuando Estados Unidos se involucra en la guerra con España por la posesión de Cuba y, posteriormente, en el período 1901 – 1914, en la secesión de Panamá, para señalar los hechos más significativos. Escribe Laura Garza Galindo sobre el “Destino Manifiesto” en La Jornada de México:

 

La expansión territorial y la concepción imperialista de Estados Unidos se asientan en el siglo XIX. En 1803 el presidente Thomas Jefferson compra Luisiana y Florida… A lo largo de ese siglo, compran o pelean con otros países; no sólo en la propia América del Norte desplazan a sus pueblos indígenas, esclavizan o guerrean entre ellos, sino también salen a lugares lejanos y, con estrategias amigables o no, se apoderan lo mismo de Puerto Rico, que de Cuba, Panamá, Hawai, Alaska, Filipinas, UAM, Islas Vírgenes, entre otros ejemplos…

Lo esencial es que desde su origen como nación, la obsesión de Estados Unidos ha sido encontrar la perfección social mediante un triple compromiso: con la divinidad (cumpliendo con el destino impuesto por Dios), con la religión (observando una moral intachable) y con la comunidad (defendiendo su libertad, su seguridad y su propiedad). A lo largo de su historia, los políticos de esa nación han invocado el favor de Dios en sus discursos y han insistido en la ‘misión trascendente’ que tienen la obligación de cumplir.[1]

 

Por supuesto que tal misión trascendente a cumplir no contemplaba entre sus objetivos eliminar la situación de esclavitud y miseria de los cientos de miles de negros que vivían explotados inhumanamente en el sur de los Estados Unidos.

 

Horacio A. Lopez



[1] Laura Garza Galindo. La Jornada, México. 31 de mayo de 2003.

 

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SECESIONISMOS: VIEJAS ARTIMAÑAS

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La política secesionista es una vieja herramienta usada por Estados Unidos en los casos en que le convino más desmembrar Estados que invadirlos, porque sencillamente no tenía otra posibilidad. Cuando tuvo condiciones, anexó los nuevos países que se creaban; así ocurrió con la isla de Hawai en 1898, originariamente un reino tribal independiente; con Puerto Rico, anexándolo primero como “territorio”, cuando se desmembró de España en el mismo año y, finalmente, como Estado Libre Asociado; y lo intentó también con Cuba, al calor de las luchas independentistas de ambas islas.

En México logró que Texas se declarara primero país independiente y luego, en 1848, solicitara su incorporación a la Unión, hecho que motivó una guerra entre México y Estados Unidos. En esta guerra, como se sabe, perdió México, con lo cual Estados Unidos no sólo anexó Texas, sino también Nuevo México, Arizona, California, Nevada, Utah y parte de El Colorado. En total, pasaron a ser territorios estadounidenses dos millones de kilómetros cuadrados, más de dos veces el tamaño de Venezuela.

En 1903, Estados Unidos alentó el movimiento separatista de Panamá[1], logrando que ese Estado perteneciente a Colombia se transformara en República independiente. El objetivo, en este caso, era poder controlar al pequeño país naciente para dominar la construcción del canal que ya se proyectaba, y posteriormente detentar su control militar y económico.

Durante el siglo XX Estados Unidos apoyó los movimientos secesionistas, entre otros, en Ecuador –Guayaquil contra Quito-, en parte del norte amazónico brasileño, en Bolivia –Santa Cruz de la Sierra contra La Paz (fenómeno que ha adquirido actualidad)- e inclusive en la Patagonia argentina contra Buenos Aires.

Se sabe que la Venezuela bolivariana es un gran dolor de cabeza para el imperialismo; además de llevar adelante un proceso soberano e independiente, ejemplo para muchos países hermanos, tiene mucho petróleo. Estados Unidos importa petróleo venezolano, y ese petróleo está en el lago de Maracaibo en El Zulia. Fracasados los intentos electorales para desplazar a Chávez, y no creadas todavía las condiciones plenas para una invasión, intentan la jugada separatista. Allí se formó la organización autodenominada “Rumbo Propio”, la que promueve un plebiscito, para lo cual cuenta con profusos fondos con los que despliega una campaña que, por ejemplo, consta –entre otros elementos- de coloridos y enormes carteles murales que rezan: “Sí al Estatuto Autonómico. No al Socialismo. Basta de Izquierdas”.

Existe un trabajo de los venezolanos Luis Britto García y Fermín Toro Jiménez, titulado “Oscuras Intenciones” (6/9/02) que se refiere a las dos modalidades separatistas alentadas por Estados Unidos: la llamada “dura”, que impulsa la desagregación lisa y llana de una parte de un territorio nacional bajo la bandera de la autonomía e independencia, y la modalidad “blanda”, que consiste en potenciar el poder de los grupos dominantes de una región, con el objetivo de minar la capacidad de los Estados nacionales en cuanto a la coordinación e implementación de sus políticas administrativas, económicas, sociales y culturales. En este último caso entraría el accionar de las fuerzas contrarias al gobierno nacional boliviano en Santa Cruz, como plan “B”, si no logran la secesión como objetivo principal. También podemos ubicar aquí  el intento de unificación, pocos años atrás de los poderes provinciales de Río Negro y Neuquén en la Argentina, con el pueril pretexto de achicar los gastos de las respectivas administraciones provinciales.

En el año 1999 el diario chileno El Mercurio, en su edición dominical del 5 de septiembre, publica un artículo del periodista argentino Andrés Oppenheimer en el que difunde, a su vez, un trabajo del investigador mexicano Juan Enríquez Cabot, miembro del Centro David Rockefeller para Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Harvard. En dicho trabajo el autor cita a Enríquez, quien plantea que en un futuro próximo surgirán nuevos países en Sudamérica, centrando concretamente esa posibilidad en el sur de Chile y Argentina a partir de la adquisición de extensos territorios por parte de privados extranjeros. “Hasta ahora –plantea Enríquez- el hemisferio occidental ha sido una parte del mundo que parece haberse mantenido al margen de los impulsos secesionistas”. Más adelante señala: “El objetivo de la mayoría de las guerras actuales es hacer a los países más pequeños, no más grandes”. Avala su tesis con las siguientes cifras: 62 países había en el mundo en 1914; 74 en 1946 y 193 en 1998.

¿Será entonces Sudamérica la región del mundo que sufrirá las maniobras secesionistas futuras de Estados Unidos? Y afirmamos “Estados Unidos” porque creemos que seguirá vigente la aplicación de la Doctrina Monroe en la disputa por los nuevos repartos territoriales entre los socios imperialistas. Ya existen planes en marcha, como veremos en casos concretos, en Venezuela y Bolivia, Argentina, Chile, Brasil.

( En próximas entregas veremos los casos citados y otros, en particular).

 

Horacio A. López.

 

 

 


[1]  No abrimos juicio en este trabajo sobre las razones esgrimidas por los patriotas panameños para bregar por la independencia.

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