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Miranda en Cuba: Un capítulo decisivo en la vida del precursor de la Independencia de América Latina

Por  Sergio Guerra Vilaboy en Ariadna Tucma Revista Latinoamericana

El trienio de 1780 y 1783 fue decisivo para el curso de la vida del venezolano Sebastián Francisco de Miranda (1750-1816), precursor de la independencia de nuestra América. Esos fueron años de intensa actividad política, militar e intelectual, en los cuales comenzó a forjarse su conciencia “nacional” hispanoamericana y también el periodo en que se produjo su ruptura definitiva con la metrópoli española, tras abandonar el ejército real, y el inicio de un largo peregrinar a favor de la emancipación, objetivo al que se consagraría desde entonces.

Miranda en Cuba

Obtención del premio Extraordinario Casa de las Américas Bicentenario
Obtención del premio Extraordinario Casa de las Américas Bicentenario

 

"Jugar con Fuego. Guerra Social y Utopía en la Independencia de América"

 

 

http://www.ariadnatucma.com.ar/view.php?id=39&type=article

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EL CASO DE PUERTO RICO: De Colonia a Estado Libre Asociado (Parte III)

El puertorriqueño Eugenio María de Hostos fue un activo militante por la independencia de su país y la liberación antillana. En Nueva York editó el periódico La Revolución, desde el cual bregaba por la autonomía para Puerto Rico y Cuba; allí se unió a los revolucionarios que luchaban por la independencia de Cuba. Fue designado delegado para toda Sudamérica por la Junta Revolucionaria Cubana. Ramón Emeterio Betances bregó por la independencia de Puerto Rico, organizando sociedades secretas e impulsando el ya comentado estallido de Lares. Contribuyó con Cuba en la llamada guerra de los diez años; llegó a ser Delegado de la República Cubana en París, desde donde batalló en contra de la campaña de difamación promovida por España en contra de la revolución. Así de estrecho fue y es el vínculo entre estos dos pueblos a los que el imperialismo les niega relacionarse.

Como homenaje a esta vinculación que se pretende suprimir, vale reproducir las opiniones de José Martí sobre ambos patriotas. En el artículo “Catecismo Democrático” dice Martí sobre Hostos:

 

Eugenio María Hostos es una hermosa inteligencia puertorriqueña cuya enérgica palabra vibró rayos contra los abusos del coloniaje, en las cortes españolas, y cuya dicción sólida y profunda anima hoy las columnas de los periódicos de Cuba Libre y Sur América que se publican en Nueva York…

Ahora publica el orador de Puerto Rico, que ha hecho en los Estados Unidos causa común con los independientes cubanos, un catecismo de democracia, que a los de Cuba y su isla propia dedica…[1]

 

En carta a Ramón Emeterio Betances, José Martí le pide “organizar en París un grupo vigoroso y activo de auxiliadores de nuestra seria y creciente Revolución” y más atrás en la misiva lo caracteriza: “Yo conozco la indomable fiereza que anima y distingue a Ud. en nuestras cosas, y el respeto que por ello ha sabido hacer que se le tribute. Yo sé que no hay para Ud. mar entre Cuba y Puerto Rico y siente Ud. en su pecho los golpes de las armas que hieren los nuestros.”[2]

En 1953 Estados Unidos logró una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas (Resolución 748 –VIII) para sacar a Puerto Rico del listado de territorios coloniales. No obstante, el Comité de Descolonización de la ONU incorporó el caso de Puerto Rico dentro de su jurisdicción en 1978.

Pocos años antes de que Estados Unidos tuviera que entregar la soberanía del canal de Panamá, reconfiguró su mapa de instalaciones militares en la región. Toda esa zona de influencia que dependía  del Comando del Atlántico con sede en Virginia pasó a partir de junio de 1997 a la jurisdicción del Comando Sur, cuyos cuarteles generales se ubican en Miami y los componentes de dichos cuarteles en Puerto Rico.

Sería innumerable constatar los hitos de resistencia heroica del pueblo puertorriqueño en aras de su independencia. Sólo decir que esa lucha continúa: en la edición semanal que va del 28/9 al 4/10 de 2006 del periódico Claridad, periódico de circulación nacional que tiene como objetivo central ser un instrumento eficaz en la lucha por la independencia de Puerto Rico, un artículo titulado “De Lares a Hormigueros”, firmado por Perla Franco, señala:

 

El pueblo independentista se desbordó en la conmemoración del 138 aniversario del Grito de Lares el pasado 23 de septiembre (2006), muy a pesar del FBI, que la semana antes amenazó con que en el país habría actos terroristas e intervino contra varios militantes independentistas como para responsabilizarlos de los mismos.

El espíritu de los asistentes a los actos en Lares y de los mensajes vertidos en la tribuna fueron de mucha combatividad y de reclamos de honrar la memoria de los luchadores Filiberto Ojeda Ríos y Jorge Farinacci, aún cuando se celebraron separados entre un acto auspiciado por el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) y el Partido Nacionalista de Puerto Rico (PNPR) y otro por el Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH)…

Meneses (uno de los oradores en la primera actividad) se refirió a las amenazas y persecuciones a las que el FBI sometió a varios independentistas días antes de la actividad y que evidentemente no amedrentaron al independentismo que fue convocado a Lares para recordar aquel primer grito de independencia y que luego continuaría en Hormigueros para rendir homenaje a Filiberto Ojeda Ríos exactamente a un año de ser asesinado por el FBI en ese pueblo donde vivió sus últimos años de su clandestinaje político.

Meneses recordó además al luchador independentista y quien fuera su compañero, Jorge Farinacci, fallecido recientemente. La mención de Farinacci y Ojeda Ríos arrancó aplausos de los presentes. Ambos fueron ejemplos de los que no se rinden nunca, acotó…

 

La crónica transcripta muestra la consecuencia de esa lucha. Una lucha que, desde la ocupación estadounidense en 1898, ha arrojado unos 2.000 prisioneros políticos, muchos de ellos encarcelados en penales de Estados Unidos, con sentencias de más de 20 años de cárcel y cadenas perpetuas.

La última buena noticia al respecto llega por un artículo de José Bas García que publica Argenpress.info y que se titula:  “Congreso por la Independencia de Puerto Rico”, en el que se da cuenta de que los días 18 y 19 de noviembre de 2006 se reunieron en Panamá representantes de todos los grandes partidos de la América Latina en una actividad denominada Congreso Latinoamericano y Caribeño por la Independencia de Puerto Rico, convocada por el Partido Independentista Puertorriqueño, coincidente con el aniversario 180 del Congreso Anfictiónico de Panamá.

 

En esa ocasión –escribe Bas García- el Libertador Simón Bolívar convocó a dicho evento en cuya agenda estaba la independencia de las últimas colonias de España en América: Cuba y Puerto Rico. Martín (Fernando Martín, Presidente Ejecutivo del Partido Independentista Puertorriqueño) explicó que al no haberse realizado aún la independencia de Puerto Rico, literalmente existe una agenda Bolivariana inconclusa.

(…)

‘Este Congreso se trata de un primer paso –habrá pasos ulteriores- en tratar de lograr que América Latina en conjunto se convierta en el más poderoso interlocutor con Estados Unidos, no en plan de confrontación sino en plan de negociación y de promoción de la causa de la independencia de Puerto Rico’, explicó Fernando Martín. [3]

 

El 20 de noviembre se realizó una conferencia de prensa para dar a conocer los resultados del Congreso. Allí se anunció la constitución de un Comité Permanente de Trabajo para “coordinar y hacer valer” el plan de acción y las determinaciones del Congreso Latinoamericano y Caribeño por la independencia de Puerto Rico. Dicho Comité está integrado por personalidades políticas de nuestra América.

Queda por ver si los avatares de las luchas políticas en los países de nuestra América, no harán caer en la inercia o el olvido las iniciativas de dicho Congreso.

 

 

Horacio A. López



[1] José Martí, Obras Completas, Nuestra América, Editorial de Ciencias Sociales, 1991, Tomo 8, p. 53.

[2] Ibíd., p. 7.

 

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EL CASO DE PUERTO RICO: De Colonia a Estado Libre Asociado (Parte I)

La importancia de Puerto Rico en el plano militar más que en el económico, en la concepción defensiva de Estados Unidos ante un eventual ataque europeo, fue determinante en la política de dominación norteamericana sobre la isla.

Puerto Rico fue absorbido por Estados Unidos no por previa secesión y posterior anexión, ni ocupado parcialmente por vía de alguna “enmienda” como el caso cubano, sino por la figura de “Estado Libre Asociado”, forma intermedia que encontraron los yanquis para su total dominación sobre esta hermana antillana.

Al igual que en Cuba, en Puerto Rico se venía luchando por la independencia, adquiriendo gran virulencia esa resistencia en 1868. En dicho año se produjo la revolución por la liberación nacional conocida como el “estallido de Lares”, uno de cuyos inspiradores e impulsores fue Ramón Emeterio Betancés, quien junto a Eugenio María de Hostos fueron los adalides de la lucha patriótica en esos años. Si bien el estallido de Lares fue derrotado, las condiciones creadas llevaron a que España se viera obligada a abolir la esclavitud en marzo de 1873.

En 1898, en el marco de la guerra contra España por la independencia, Estados Unidos se introduce, para su propio provecho. Con el pretexto de la voladura del “Maine” ya comentada, bombardean la capital portorriqueña desde una escuadra al mando del almirante Sampson. En el mes de julio de dicho año las tropas yanquis toman posesión territorial y emiten una proclama dirigida al pueblo por medio de la cual le aseguran que venían “no para hacer la guerra sino para traer las bendiciones de la libertad”. En agosto se llega al armisticio previo al Tratado de París y en octubre de 1898 se efectúa la ceremonia oficial de transferencia de soberanía por medio de la cual el presidente de los EE.UU. nombra un Gobernador Militar para la isla. A partir de allí la economía puertorriqueña pasó a depender de Norteamérica.

El artículo II del Tratado de Paz entre España y Estados Unidos de América, firmado en París el 10 de diciembre de 1898, determinaba que España cedía a EE.UU. “la isla de Puerto Rico y las demás que están ahora bajo su soberanía en las Indias Occidentales…”. A partir de allí, Puerto Rico, como colonia de los EE.UU., sirvió como punta de lanza en el sistema defensivo-ofensivo militar del imperialismo en la cuenca del Caribe. La isla se transforma en centro de adiestramiento de la Marina, Ejército y Aviación Naval yanquis.

En 1900 el Senado de los EE.UU. aprueba una ley denominada “Ley Orgánica Foraker” por el nombre del Senador Joseph Foraker que la propuso, por medio de la cual, y en medio de una oleada de resistencia popular en Puerto Rico, se reemplazaba la intervención militar por un gobierno civil; pero dicho gobierno sería restringido y dependería del de los Estados Unidos. La dominación económica y política norteamericana se evidencia en los artículos de dicha ley:

 

Art. 2. (Derechos sobre importaciones extranjeras)

A partir de la fecha de la aprobación de esta Ley, las mismas tarifas y derechos de aduana serán impuestos, cobrados y pagados sobre todo artículo importado en Puerto Rico, de puertos no pertenecientes a los Estados Unidos, que la ley dispone sean cobrados sobre artículos de procedencia extranjera importados en los Estados Unidos… Disponiéndose además, que todo libro y folleto impreso en idioma inglés será admitido libre de derechos en Puerto Rico cuando se importe de los Estados Unidos.

Art. 3. (Intercambio de mercancías con los Estados Unidos)

A partir de la fecha…, toda mercancía que entre en los Estados Unidos, procedente de Puerto Rico, y entre en Puerto Rico, procedente de los Estados Unidos, será admitida en los respectivos puertos de entrada, al pagarse un quince por ciento de los derechos arancelarios que devengan sus similares procedentes de países extranjeros…”

 

El Senado de EE.UU. determina cuál será la capital de Puerto Rico y la protección sobre sus nuevos “súbditos”:

 

Art. 6. (Capital de Puerto Rico)

La capital de Puerto Rico será la ciudad de San Juan, manteniéndose allí el asiento del Gobierno.

Art. 7. (Ciudadanos de Puerto Rico; creación de un cuerpo político bajo el nombre de El Pueblo de Puerto Rico)

Todos los habitantes que continúen residiendo allí… serán tenidos por ciudadanos de Puerto Rico, y como tales con derecho a la protección de los Estados Unidos…

 

Otro artículo determina que las leyes de Puerto Rico, actualmente en vigor, continuarán vigentes siempre “que las mismas no resulten incompatibles, o en conflicto con las leyes estatutarias de los Estados Unidos…”. Se plantea también en un artículo el canje de la moneda puertorriqueña por moneda del cuño de los Estados Unidos.

El artículo 17 (Gobernador) dice:

 

El título oficial del jefe ejecutivo de la isla será ‘El Gobernador de Puerto Rico’. Será nombrado por el Presidente (de los Estados Unidos), mediante el concurso y consentimiento del Senado… tendrá todas las atribuciones de Gobernadores de Territorios de los Estados Unidos… y anualmente y cada vez que se le ordene, informará oficialmente… por conducto del Secretario de Estado, al Presidente de los Estados Unidos….

 

O sea que Puerto Rico pasaba directamente de ser colonia de España a colonia de los Estados Unidos, aunque oficialmente se le denominara “territorio”.

 

Horacio A. López

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EL CASO DE CUBA: Enmienda por Anexión

 

Mapa de América Central y Cuba

 

En 1895 los patriotas cubanos le dieron renovado impulso a la lucha por la independencia, luego de haber guerreado contra España durante diez años desde 1868 sin haber conseguido el objetivo tan anhelado. Los Estados Unidos tenían sus apetencias intactas sobre la isla, incrementadas por sus intereses económicos concretos en las plantaciones de azúcar y en las minas.

            Tomás Estrada Palma, caracterizado como el “padre” cubano de la enmienda Platt, representante de la revolución cubana en los EE.UU., en enero de 1898 le escribe a un compatriota residente en La Habana. En esta misiva se evidencian ya las intenciones que la potencia del norte tenía sobre la isla:

 

… puedo asegurar a Ud. que está ya completo el plan hábilmente preparado por el gobierno de Washington para imponer la paz de Cuba sobre la base de independencia con la garantía moral de los Estados Unidos, para asegurar la paz y el orden, promover las inversiones de capitales americanos en todo género de empresas en la isla y desarrollar entre ambos países un comercio recíproco que afianzará la prosperidad interior de nuestra patria. Ni exagero ni me hago ilusiones. La cuestión de Cuba ha llegado ya, con relación a los Estados Unidos, al límite extremo. Me consta que el presidente está inspirado en los más nobles sentimientos, a favor nuestro, reconociendo nuestro heroísmo en la lucha por la independencia, y deseando que al asegurarla sea fructífera para nosotros. Un medio hay que el presidente conoce, por el cual, sin necesidad de anexión, absolutamente, el gobierno de los Estados Unidos tendrá en la República de Cuba una intervención indirecta que servirá para imprimir moralidad a la administración de nuestra hacienda y para darnos crédito con los capitalistas que nos presten su dinero…[1]

 

O sea que los EE.UU. ya tenían perfectamente delineado el plan para intervenir en Cuba y asegurar las inversiones para sus capitalistas. Llama la atención en la misiva de Estrada Palma la aseveración sobre “un medio que el presidente conoce” por el cual, “sin necesidad de anexión”, garantizarían igual su injerencia.

La forma que los yanquis encontraron para inmiscuirse en la guerra y sacar provecho fue la explosión del acorazado “Maine”, anclado en La Habana, hecho que, sin pruebas, rápidamente lo atribuyeron a España y con dicha excusa le declararon la guerra.[2] Corría el año 1898.

La guerra fue muy corta y en poco tiempo los marines norteamericanos desembarcaron en Cuba. Se llegó así a la firma del llamado Tratado de Paz entre España y los Estados Unidos de América, firmado en París el 10 de diciembre de 1898. El Artículo I de dicho Tratado decía que

 

España renuncia a todo derecho de soberanía y propiedad sobre Cuba.

En atención a que dicha isla, cuando sea evacuada por España, va a ser ocupada por los Estados Unidos; los Estados Unidos, mientras dure su ocupación, tomarán sobre sí y cumplirán las obligaciones que por el hecho de ocuparla, les impone el Derecho internacional, para la protección de vidas y haciendas.

 

Por el Artículo II España cedía a los Estados Unidos “la isla de Puerto Rico y las demás que están ahora bajo su soberanía en las Indias Occidentales, y la isla de UAM en el archipiélago de las Marianas o Ladronas”.

Por el Artículo III España cedía el archipiélago conocido por las Islas Filipinas.

Al final del texto del Tratado, en el Artículo XVI se lee:

 

Queda entendido que cualquiera obligación aceptada en este Tratado por los Estados Unidos con respecto a Cuba, está limitada al tiempo que dure su ocupación en esta isla, pero al terminar dicha ocupación, aconsejarán al Gobierno, que se establezca en la isla, que acepte las mismas obligaciones.

 

Cuba tuvo que sufrir la ocupación militar yanqui y un gobernador militar, Leonardo Wood, quien convocó a una asamblea constituyente. No obstante haber sido votada la Constitución de la República el 21 de febrero de 1901, casi cuatro meses después, el 12 de junio, en sesión secreta la Convención, después de largos debates y con el pueblo cubano enardecido manifestándose en contra, decidió incorporar como “apéndice” a la Constitución, la llamada “Enmienda Platt”, que era una enmienda a un proyecto de ley presentado en el Senado de Estados Unidos y que concedía créditos para mantener el ejército durante el año fiscal en curso. Por la ventana se metió un “apéndice” a la Constitución cubana, que había sido presentado en el Senado norteamericano por el senador Orville Platt, como “enmienda” a la ley mencionada. Se lograba así la ingerencia directa de los Estados Unidos en Cuba, sin la necesidad de la anexión. Para el presidente McKinley, anexionista convencido, la Enmienda Platt fue el sustituto de la anexión.

El primer artículo de dicho “apéndice” asegura que ningún otro país podrá inmiscuirse en la isla, garantizando así las condiciones para que sólo Estados Unidos pudiera hacerlo:

 

 Que el Gobierno de Cuba nunca celebrará con ningún Poder o Poderes extranjeros ningún Tratado u otro convenio que pueda menoscabar o tienda a menoscabar la independencia de Cuba ni en manera alguna autorice o permita a ningún Poder o Poderes extranjeros, obtener por colonización o para propósitos militares o navales, o de otra manera, asiento en o control sobre ninguna porción de dicha Isla.

 

El artículo III reza:

 

Que el Gobierno de Cuba consiente que los Estados Unidos pueden ejercitar el derecho de intervenir para la conservación de la independencia cubana, el mantenimiento de un Gobierno adecuado para la protección de vidas, propiedad y libertad individual y para cumplir las obligaciones que, con respecto a Cuba, han sido impuestas a los EE.UU. por el Tratado de París y que deben ahora ser asumidas y cumplidas por el Gobierno de Cuba.

 

Artículo IV:

 

Que todos los actos realizados por los Estados Unidos en Cuba durante su ocupación militar, sean tenidos por válidos, ratificados y que todos los derechos legalmente adquiridos a virtud de ellos, sean mantenidos y protegidos.

 

Y en el artículo VII se llega a la médula de la intención yanqui:

 

Que para poner en condiciones a los EE.UU. de mantener la independencia de Cuba y proteger al pueblo de la misma, así como para su propia defensa, el Gobierno de Cuba venderá o arrendará a los EE.UU. las tierras necesarias para carboneras o estaciones navales en ciertos puntos determinados que se convendrán con el Presidente de los EE.UU.

 

Artículo VIII:

 

Que para mayor seguridad en lo futuro, el Gobierno de Cuba insertará las anteriores disposiciones en un Tratado permanente con los Estados Unidos.[3]

 

           En diciembre de 1903 Estados Unidos tomó posesión “hasta que lo necesitaren” de la Bahía de Guantánamo. Desde el triunfo de la revolución en 1959, la base militar allí instalada ha sido fuente de provocaciones y agresiones hacia Cuba. Después de las invasiones a Afganistán e Irak por parte de Estados Unidos y sus aliados, a principios del siglo XXI, la base de Guantánamo se ha hecho ignominiosamente famosa en todo el mundo por ser un centro ilegal de detención de combatientes árabes, quienes no poseen ningún derecho para su defensa y juicio. El Gobierno de Cuba ha declarado en muchas ocasiones que no aceptará ninguna negociación con respecto a este territorio ilegalmente ocupado, que no sea la retirada incondicional de las tropas extranjeras allí acantonadas contra la voluntad expresa del pueblo de Cuba.

El mayor y más certero juicio que podría hacerse sobre la significación de este bochornoso proceso lo hizo el general Leonard Wood, gobernador militar de la isla durante la ocupación norteamericana:

 

Por supuesto, que a Cuba se le ha dejado poca o ninguna independencia con la Enmienda Platt y lo único indicado ahora es buscar la anexión. Esto, sin embargo, requerirá algún tiempo y durante el periodo en que Cuba mantenga su propio gobierno, es muy de desear que tenga uno que conduzca a su progreso y a su mejoramiento. No puede hacer ciertos tratados sin nuestro consentimiento, ni pedir prestado más allá de ciertos límites y debe mantener las condiciones sanitarias que se le han preceptuado, por todo lo cual es bien evidente que está en lo absoluto en nuestras manos y creo que no hay un gobierno europeo que la considere por un momento otra cosa sino lo que es, una verdadera dependencia de los Estados Unidos, y como tal es acreedora de nuestra consideración. Con el control que sin duda pronto se convertirá en posesión, en breve prácticamente controlaremos el comercio de azúcar en el mundo. La isla se norteamericanizará gradualmente y, a su debido tiempo, contaremos con una de las más ricas y deseables posesiones que haya en el mundo…[4]

 

En 1933, recién cuando asume la presidencia de los Estados Unidos Franklyn Delano Roosevelt, en el marco de la llamada política del “Buen Vecino”, es abolida la Enmienda Platt en Cuba. Fue determinante para ello la triunfante revolución contra Machado y el total control que ya tenía el imperialismo sobre la economía cubana, lo que le permitía influir decisivamente en su política.[5]

              No sólo no se cumplieron las predicciones de Wood sino que tanto él como sus socios piratas, no tuvieron para nada en cuenta el patriotismo del pueblo cubano y hasta dónde lucharía y se erigiría la Patria de Martí.

 

Horacio A. López


[1] Emilio Roig de Leuchsenring, Historia de la enmienda Platt, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1979, p. 32.

[2]  Nótese la similitud de pretexto y procedimientos posteriores en el caso de los atentados a las Torres Gemelas en Nueva York, más de un siglo después.

[3] Emilio Roig Leuchsenring, Op. Cit., p. 24.

[4]Enmienda Platt. Fundamentos de la defensa nacional. www.cubagob.cu/otras_info/minfar/enmienda_platt.htm

 

[5] Historia de América II. Op. Cit., p. 135.

 

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