Notas con la etiqueta ‘Colombia’

Raúl Eduardo Mahecha y su influencia en el nacimiento del Movimiento Obrero Colombiano.

Mapa de Colombia

Por: Alejandro Pisnoy

Prof. de Historia / Invest. C.C.C.

Antes de entrar en lo que fue la lucha obrera en general, y petrolera en particular en la región del Río Magdalena, Colombia, si bien no fue inmediato, para el carácter organizativo, debemos mencionar la gran influencia que tuvieron como hechos políticos la Revolución Mexicana en 1910 y la Revolución Rusa de 1917 como ideales y alternativas a los gobiernos conservadores y liberales en Colombia.

En Colombia, durante el gobierno de Rafael Reyes (1904-1909), en 1905 bajo una serie de maniobras extrañas, se le otorgó a Roberto De Mares, protegido del presidente, la concesión de los yacimientos de Barrancabermeja, ubicados entre la desembocadura de los ríos Carare y Sogamoso, en la cuenca del río Magdalena, el mismo nombre que lleva la región y que comprende los departamentos de Santander (donde se ubica Barrancabermeja), Antioquia y Bolívar. De Mares, nunca comenzó las obras y en 1919 entregó los derechos de explotación por treinta años a la Tropical Oil Company, filial de la Internacional Petroleum, uno de los nombres que tenía la Standard Oil, y cuyo dueño era John D. Rockefeller. En agosto de 1921 la compañía norteamericana comenzó la explotación, no solo del petróleo, sino también de los obreros, que comenzaron a sufrir la explotación al mismo tiempo que se comenzaban a organizar.

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Charla: El surgimiento y la organización del Movimiento Obrero Petrolero en Colombia y Venezuela.

El surgimiento y la organización del Movimiento Obrero Petrolero en Colombia y Venezuela

Una análisis para recordar y resaltar la organización y la lucha del movimiento obrero colombiano y venezolano del petróleo en las primeras décadas del siglo XX ante las malas condiciones laborales y de vivienda llevado adelante por el arribo de empresas extranjeras para la explotación e importación de hidrocarburos con el permiso y aceptación de los gobiernos locales, que comenzó a ser una nueva fuente de riqueza para dichas empresas y las siempre aliadas burguesías regionales, y una fuente de pobreza económica y cultural para la sociedad.
Panelista: Alejandro Pisnoy (Profesor de Historia e Investigador del CCC).

21/07/11 19:00 Hs. Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini”
Corrientes 1543 Cap. Fed. 3º Piso Sala Meyer Dubrovsky.

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EFEMÉRIDES DE NUESTRA AMÉRICA Mayo, especial: ARGENTINA. (Parte II)

Este mes, el especial de la efemérides destaca parte de la historia Argentina; muchos fueron los pensadores que nacieron y lucharon en estas pampas y montañas del sur de nuestro continente llevando adelante la idea de la unidad de Nuestra América.

16 de Mayo

1987 El gobierno Radical que presidía el Dr. Raúl Alfonsín sanciona la “Ley de Obediencia debida” que beneficiaba a los asesinos de la última dictadura militar.

17 de Mayo

1969 En Rosario, Santa Fe, se produce una multitudinaria movilización obrera y estudiantil, El Rosariazo.

18 de Mayo

1975 Muere en la ciudad de Buenos Aires el bandoneonista y compositor popular Anibal “Pichuco” Troilo.

22 de Mayo

1810 En Buenos Aires se convoca a un Cabildo abierto.

1930 Nace el líder obrero Agustín Tosco.

23 de Mayo

1992 Fallece el cantante de Folklore Atahualpa Yupanqui.

24 de mayo

1810 El Cabildo formó provisoriamente una Junta de Gobierno presidida por el ex virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, quién había sido depuesto dos días antes. Tras las protestas del pueblo, Cornelio de Saavedra y Juan José Castelli se presentaron al virrey y le pidieron la renuncia, a la que accedió inmediatamente.

25 de mayo

1810 Se produce en Buenos Aires, la “Revolución de Mayo”, como consecuencia asume el primer Gobierno Patrio. “La Primera Junta de Gobierno” estuvo integrada por: Cornelio Saavedra, presidente; Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Miguel de Azcuénaga, Manuel Alberti, Domingo Matheu, Juan Larrea, vocales; y Juan José Paso y Mariano Moreno, secretarios.

http://www.elhistoriador.com.ar/infografias/25_de_mayo/index.html

1857 Se funda la Sociedad Tipográfica Bonaerense, fue la primera sociedad de socorros de la Argentina.

1862 Muere en la extrema pobreza y olvido, Juana Azurduy de Padilla. Heroína de la independencia del Alto Perú. Había nacido en Chuquisaca el 8 de marzo de 1781.

1973 El peronismo vuelve al gobierno, asume la presidencia Héctor Cámpora.

1974 Muere el pensador popular Arturo Jaureche.

2003 Néstor Kirchner asume la presidencia.

28 de Mayo

1946 Juan D. Perón mediante la creación de I.A.P.I. nacionaliza el comercio exterior.

29 de mayo

1969 Estalla en la provincia de Córdoba, Argentina, un movimiento de agitación obrero-estudiantil conocido como el “cordobazo”, cobrándose la vida de 14 personas a manos de la represión del gobierno militar encabezado por el Gral. Onganía.

http://www.encuentro.gov.ar/nota-1245-Video-El-cordobazo.html

30 de Mayo

1959 Muere el pensador nacional Raúl Scalabrini Ortíz.

31 de mayo

1855 El Cnel. Bartolomé Mitre, tras atacar a los indígenas sublevados del cacique Catriel en Sierra Chica, fue derrotado cuando llegó el cacique Calfucurá.

Más EFEMÉRIDES DE NUESTRA AMÉRICA… (Parte II).

18 de mayo

1781 Es descuartizado a manos de las autoridades españolas, en Cuzco, Perú, José Gabriel Condorcanqui “Túpac Amaru”.

http://www.centrocultural.coop/blogs/nuestramericanos/2009/09/06/levantamientos-andinos-en-la-segunda-mitad-del-siglo-xviii-ii-parte/

19 de mayo

1895 En la batalla de Dos Ríos, y en su lucha por la independencia cubana, es asesinado José Martí.

Escribir sobre José Martí es fácil y difícil al mismo tiempo; es fácil porque es uno de nuestros grandes hombres de conducta y acción diáfana, pura, revolucionaria, cuya vida y aporte intelectual serán siempre ejemplos para todas las generaciones que asuman luchar por los cambios sociales y políticos necesarios. También es difícil poder definirlo abarcando todo lo que fue y representó: patriota revolucionario en primer lugar, político, poeta, ensayista, periodista; en definitiva, cabal hombre de su tiempo y de nuestra historia de luchas incansables por la verdadera independencia.

1965 En Valle de la Pascua, donde había nacido en 1882 muere Emilio

Arévalo Cedeño, fue fundador del Partido Revolucionario de Venezuela y uno de los jefes guerrilleros contra el régimen de Juan Vicente Gómez.

http://www.venezuelatuya.com/biografias/emilio_arevalo_cedeno.htm

20 de mayo

1902 Estados Unidos se retira de Cuba y se proclama la República.

1910 Estados Unidos interviene Nicaragua.

25 de mayo

1809 Es expulsado el presidente de la Real Audiencia, Ramón García Pizarro a manos del movimiento revolucionario producido en Chuquisaca, liderado por Juan Antonio Álvarez de Arenales.

1814 El coronel Juan Antonio Álvarez de Arenales derrotó a una fuerza española tres veces mayor en La Florida, Alto Perú (hoy Bolivia).

26 de mayo

1969 Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador y Perú firman “el Pacto Andino”, parte de un programa de integración económica

28 de mayo

1814 En la primera batalla de Carabobo en ejército patriota, con la participación de Simón Bolívar, Rafael Urdaneta, Santiago Mariño, José Félix Ribas, Jacinto Lara y José Francisco Bermúdez, vencen a las fuerzas realistas.

Hasta entonces, en ningún campo de batalla venezolano se había reunido ni tanto número de soldados ni tan expertos jefes”. Rafael María Baralt.

1944 Un golpe militar derroca en Ecuador al presidente Carlos Alberto Arroyo del Río, sube al poder nuevamente el ex presidente José María Velasco Ibarra.

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AFRODESCENDIENTES (II Parte)

Por: JORGE NÚÑEZ SÁNCHEZ en: El Telégrafo. Primer Diario Público. Guayaquil, Ecuador.

IV

La independencia marcó la primera ruptura en el sistema de esclavitud. Los líderes criollos entendieron que sin el concurso de los negros no podrían enfrentar con éxito al poder colonial. Así, enrolaron en sus ejércitos a muchos esclavos, ofreciéndoles a cambio la libertad personal.

Esos soldados negros se destacaron por su valor, lo que los hizo merecedores de ascensos y premios. El Libertador dictó la “Ley de Haberes Militares”, por la que les entregó tierras, para que las cultivaran luego de la guerra. Además, Bolívar buscó liberar de la esclavitud a todos los esclavos del país. En su Discurso al Congreso de Angostura, el 15 de febrero de 1819, expresó: “Es imposible ser libre y esclavo a la vez… Yo abandono a vuestra soberana decisión la reforma o la revocación de todos mis estatutos y decretos; pero yo imploro la confirmación de la libertad absoluta de los esclavos, como imploraría mi vida, y la vida de la República”.

En 1821, el Congreso colombiano, dominado por los propietarios terratenientes, limitó este beneficio a una simple “libertad de vientres”, por la cual se otorgaba libertad únicamente a los futuros hijos de los esclavos.

Las páginas de nuestra historia americana están llenas de historias de heroicidad de los combatientes negros. En Venezuela es famoso el nombre del teniente de caballería Pedro Camejo, apodado “Negro Primero”, un legendario ayudante del general Páez en la guerra de independencia. Y también son famosos los batallones de “llaneros”, muchos de los cuales eran negros o mulatos.

Los soldados negros también jugaron papel clave en la “Campaña de los Andes” de San Martín. En las batallas de Chacabuco, Maipú, Cancha Rayada y otras, se destacaron los batallones argentinos séptimo y octavo de infantería, formados por  unos 1.500 soldados negros, cuya heroicidad fue alabada por el Libertador del Sur.

Cuando San Martín llegó a la costa peruana, en septiembre de 1820, en menos de 15 días se le presentaron unos 3.000 negros esclavos, que huían de las haciendas vecinas y deseaban enrolarse en el ejército de independencia.

En la independencia del actual Ecuador también participaron soldados y oficiales negros, tanto locales como procedentes de Colombia y Perú. Se destacaron entre ellos Fernando Ayarza y Juan Otamendi, que lucharon heroicamente en Pichincha y Ayacucho y que luego llegaron a ser generales del Estado ecuatoriano.

Pero si la guerra abrió un sistema de ascenso social para los negros, la república oligárquica buscó clausurarlo, para volver al antiguo sistema de dominación.

Al bravo Ayarza, general glorioso de la independencia, se le hizo azotar en público por el dictador Gabriel García Moreno, quien lo acusó de conspirador y afirmó que “Ese negro no merece otro castigo que el acostumbrado en las haciendas de trapiche”.

Y Otamendi, héroe condecorado de las luchas libertarias, fue despreciado junto con su esposa en una fiesta de la alta sociedad riobambeña, lo cual provocó su ira y generó un incidente armado que causó varios muertos. Años más tarde fue asesinado oscuramente, según parece por orden del mismo general Flores, al que servía con fidelidad.

V

Los trabajadores jamaiquinos son parte de nuestra historia y nuestra leyenda. Los primeros llegaron durante el gobierno de Gabriel García Moreno, contratados por la empresa de construcción del Ferrocarril del Sur. Vinieron desde el istmo de Panamá, a donde diez mil obreros jamaiquinos habían sido llevados por la Panamá Railroad Co. para construir el ferrocarril interoceánico (1850–1855). Su fama de buenos trabajadores, que además resistían bastante bien las enfermedades tropicales, determinó que fueran contratados para el Ecuador, cuando esa masa de obreros se dispersó al terminar la obra.

Los jamaiquinos cumplieron una gran labor en los trabajos del ferrocarril garciano. Y dejaron tan buena fama que, al emprenderse los trabajos del ferrocarril Guayaquil–Quito, en tiempos de la Revolución Liberal, fue traído al país un nuevo contingente de cuatro mil trabajadores jamaiquinos.

No está por demás aclarar que el nuevo ferrocarril planeado por Alfaro implicó una revisión a fondo de la obra inicial de García Moreno, de acuerdo con los avances tecnológicos habidos en las casi tres décadas intermedias. Según las técnicas usadas por entonces en los Estados Unidos, el sistema de “vía ancha” sustituyó al antiguo de “vía angosta”, se corrigió el trazado de la ruta y se utilizaron nuevas y más poderosas locomotoras, todo lo cual garantizaba un tren de mayor capacidad de carga y potencia de arrastre.

La labor de esos obreros migrantes del Caribe fue fundamental. Al ser angloparlantes, conocedores del empleo de explosivos y los usos del trabajo en cuadrillas, se adaptaron rápidamente a los sistemas de trabajo impuestos por Archer Harman y los jefes norteamericanos. Empero, ni unos ni otros contaban con la dureza del clima andino, que atravesaba por un período de gran pluviosidad. El río Chimbo y otros de la ruta se desbordaron y causaron destrozos en las obras del tren. Y muchos trabajadores murieron en esa circunstancia o durante los trabajos con explosivos. Eso produjo protestas y huelgas de los jamaiquinos, que exigían mejores condiciones de trabajo, las que fueron duramente reprimidas.

Lo que ocurrió entonces es parte de la leyenda, más que de la memoria histórica. Se dice que los guardias armados de la empresa aplastaron sangrientamente esas protestas y que hubo muchas víctimas, que luego fueron cargadas en un tren, al que se hizo descarrilar en la laguna de Yambo para ocultar la matanza.

Esta leyenda, difundida por los enemigos del gobierno alfarista, es contradictoria y no resiste un análisis serio. La huelga se habría producido  en la zona de la Nariz del Diablo, cuando la obra iba por la mitad, pero los muertos se habrían tirado en Yambo, es decir, en un tramo posterior, construido mucho más tarde.

Cierta o falsa, esa leyenda es parte del imaginario de aquel tiempo de intermitente guerra civil. Lo que es indudable es que muchos de esos trabajadores negros pasaron luego a trabajar para la Anglo, en la zona petrolera de Santa Elena, y que algunos de sus descendientes se convirtieron en glorias del deporte ecuatoriano: los Sandiford, Spencer y Klinger, entre otros.

VI

En Ecuador hubo al menos dos Presidentes de la República que fueron afrodescendientes. El primero de ellos fue Vicente Ramón Roca, que gobernó entre el 8 de diciembre de 1845 y el 15 de octubre de 1849.

Hemos mencionado en otra ocasión que, a inicios de la república, este comerciante liberal de Guayaquil ganó en buena lid la Presidencia de la nación a José Joaquín Olmedo, en la Asamblea Constituyente de 1845, y que esto motivó la ira de sus rivales, algunos de los cuales lo acusaron de ser “negro” o “zambo”, mientras que Rocafuerte ironizaba sobre la elección, diciendo: “La vara del mercader ha vencido a la musa de Junín”.

Aquellos calificativos raciales fueron dichos con mala intención, pues buscaban descalificar a un hombre que se había destacado por su patriotismo antes y después de la independencia. Y es que don Vicente Ramón fue perseguido por las autoridades españolas desde 1818, acusado de mantener correspondencia subversiva con un amigo de México. Luego fue miembro de la Junta del Distrito de Guayaquil en 1820, Jefe General de Policía entre 1829 y 1832, Diputado por Guayaquil en 1830, Prefecto de Guayaquil entre 1831 y 1834, Juez de incendios en 1832, Consejero de Estado en 1832, Vicepresidente del Congreso en 1833, Gobernador de la provincia del Guayas en 1835, Senador por Guayas en 1837-1839, Consejero Municipal en 1840, Miembro del Gobierno Marcista Provisorio en 1845 y finalmente Presidente de la República entre 1845 y 1849.

Por su parte, un hermano suyo, Francisco María Roca, fue miembro de la segunda Junta de Gobierno del Guayaquil independiente, en 1820, e instaló la primera imprenta del puerto y segunda del país, con la que dio a luz el afamado periódico El Patriota de Guayaquil, en mayo de 1821.

Pero volvamos al tema central de este artículo. La verdad es que don Vicente Ramón era afrodescendiente. Su padre, Bernardo Roca, era un mulato panameño que llegó en 1765, como tesorero de la expedición militar enviada por el Virrey de Nueva Granada para reprimir la Rebelión de los Estancos. Afincado en Guayaquil, este personaje, que sabía de cuentas y negocios, había destacado por su afán de trabajo e iniciativas, que lo convirtieron en un comerciante de éxito y hombre afortunado. Luego, su don de gentes le granjeó amistades poderosas, como la del gobernador Ramón García Pizarro, que lo hizo nombrar Coronel del Batallón de Milicias de Pardos. Y tuvo el buen sentido de educar muy bien a sus hijos, con preceptores privados.

Su hijo, el presidente Roca, hizo un gobierno con éxitos y errores. Pero la vieja aristocracia del país nunca le perdonó su origen racial, como lo revela un incidente ocurrido en Cuenca, años después. Según me cuenta la historiadora Raquel Rodas, Roca se hallaba en esa ciudad y fue invitado a un banquete en casa de la famosa señora Hortensia Mata, al que también concurrieron algunos personajes de la aristocracia morlaca. Molesto con la presencia de Roca, uno de ellos pidió silencio e hizo un brindis de doble sentido: “Supongamos que este vaso fuera santo y entonces brindemos por este San Vaso de Roca”. Salta a la vista que se estaba refiriendo al “Zambazo de Roca”.

VII

Otro famoso afrodescendiente de nuestra historia fue el presidente Juan de Dios Martínez Mera (1875-1955), que dirigió el país entre el 5 de diciembre de 1932 y el 19 de octubre de 1933. Era nieto de don Juan María Martínez Coello (1805-1861), que fuera un reputado artesano de color (carpintero de ribera), maestro mayor del Astillero de Guayaquil, fundador y primer presidente de la Sociedad Filantrópica del Guayas (1849), un organismo masónico de socorro mutuo y beneficencia, que se interesó por la educación del pueblo. Y era hijo de Tomás Martínez Ávalos (1838-1894), destacado intelectual y pedagogo porteño, que fundó una reputada escuela privada.

Martínez Mera fue un abogado y auditor de prestigio, cuyos vínculos con la banca y el liberalismo determinaron que fuera nombrado diputado, presidente de su Cámara y Ministro de Hacienda dos veces, antes de ser elegido Presidente de la República en 1932. Venció al conservador Manuel Sotomayor y Luna y al liberal de izquierdas Pablo Hanníbal Vela. Proclamado su triunfo, le fue colocada la banda presidencial por el presidente de la Cámara de Diputados, José María Velasco Ibarra, quien, al poco tiempo, lideró un movimiento para proclamar la nulidad de las elecciones, acusándolas de fraudulentas. Velasco Ibarra lideraba al bando derechista, que aún estaba herido por la destitución de Neptalí Bonifaz y su derrota en la guerra civil de los “Cuatro Días”.

Aprovechando en su favor los efectos de la crisis económica que golpeaba al país, el patrioterismo exacerbado por el conflicto de Leticia (que enfrentaba a Colombia y Perú, que disputaban territorios antes ecuatorianos) y aun la actitud orgullosa e inflexible con que el Presidente se había distanciado de sus amigos, Velasco logró el respaldo de muchos diputados liberales para destituir a Martínez Mera, supuestamente electo con fraude electoral. El diputado Joaquín Dávila mocionó la destitución del Presidente “por culpabilidad en los manejos de los asuntos internacionales”.

Ante esa injusta destitución, el Presidente se negó a renunciar y nombró un nuevo gabinete, que fue descalificado por el Congreso, en uso de sus atribuciones. Martínez Mera nombró un nuevo gabinete, que siguió igual suerte. Tras la destitución de siete gabinetes ministeriales, Martínez Mera se negó a la tentación dictatorial y simplemente abandonó el mando y viajó a Guayaquil, no sin antes dirigir un mensaje a la nación, que expresaba: “Al alejarme de la capital de la República no penséis  que llevo en mi pecho la más ligera huella de rencor. Nunca soñé ni con el poder ni con la venganza, sueño con la justicia. Me queda la satisfacción de que ni una lágrima se ha vertido por mi culpa, ni una gota de sangre ha salpicado mi ejercicio presidencial…”.

Lo sucedió en el mando, como encargado del poder, el último ministro de Gobierno,  doctor Abelardo Montalvo, quien convocó a nuevas elecciones, en las que triunfó José María Velasco Ibarra.

Años más tarde, pasadas las pasiones del momento, el Congreso de 1948 reconoció que, “cuando fue presidente de la República, Martínez Mera se desempeñó con dignidad, honradez y patriotismo”.

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INFLUENCIAS DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA EN LOS MOVIMIENTOS OBREROS Y SINDICALES EN COLOMBIA (IV Parte).

INFLUENCIAS DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA EN LOS MOVIMIENTOS OBREROS Y SINDICALES EN COLOMBIA.

Por: JORGE ENRIQUE ELÍAS CARO

El manejo político que hizo el Estado Colombiano a la información real de los hechos fue tan obvio que, utilizando mecanismos de presión hizo que los medios de comunicación desinformaran y desdibujaran la verdad de cómo acontecieron los sucesos. Lo único cierto y reconocido de todo esto, es que las fuerzas del Estado así fueran ocho, cien o más de mil, acribillaron a trabajadores que lo único que querían eran ver mejoradas sus condiciones de vida, todo a costa de satisfacer los intereses de una compañía multinacional americana, la que al final por las presiones que ejercía sobre el Gobierno central y regional, dentro de la estructura administrativa y/o aparato orgánico de manera consecuente se convirtió en un Estado dentro del Estado.

Como se ha podido notar hasta ahora, los primeros paros y ceses de actividades más sobresalientes sucedieron en la Costa Caribe colombiana, en especial sus puertos y sus zonas de influencia. Verbigracia de ello, los paros de Barranquilla en 1910 y 1918, de Cartagena en 1918 y Santa Marta tres veces, la primera de ellas en 1918 por lo del paro de los trabajadores portuarios; igualmente en ese mismo año con la primera huelga hecha por los trabajadores de la United Fruit Company y por último, la segunda gran huelga y masacre obrera de 1928. Esta situación demuestra que por ser ciudades puertos, las mismas zonas urbanas y sus áreas adyacentes por la actividad marítima y de comercio internacional que ejercían, había un alto influjo de pasajeros nacionales y extranjeros, al igual que tripulantes y marinos.

Estas migraciones en mucho de los casos traían consigo no sólo la carga o mercancías, sino también las noticias de los acontecimientos que sucedían en el entorno mundial, llegando incluso con ideas renovadas cargadas de pensamiento anarquistas y socialistas. De ahí que, algunos políticos ligados a estos movimientos fueran de corte liberal, mutualista, anarcosindicalistas y social revolucionarios, en su mayoría pertenecientes al Partido Socialista Revolucionario (PSR).

Estos aspectos los relató el periódico The Times de New York, cuando anunciaba los hechos acaecidos sobre la matanza de las bananeras e informaba de manera extensa que los disturbios obreros eran encabezados por agitadores mexicanos que, dos décadas antes habían liderado los procesos de la Revolución de ese país y con sus ideas revolucionarias promovían estas huelgas. Este aviso realizado por este medio de comunicación norteamericano fue producto de un comunicado de prensa que expidió la United Fruit Company a las agencias de New York y a los corresponsales del mundo, así:

la situación difícil que venía reinando desde hacía días en la región bananera colombiana, en donde la empresa tiene valiosísimos intereses, ha mejorado mucho desde las últimas 24 horas y que los despachos ya recibidos desde allí, dan esperanza de que pronto termine el conflicto surgido entre los patrones y obrero que culminó en una extensa huelga con caracteres revolucionarios.

El término “revolucionario” para el Gobierno de turno era una herejía. Hasta el punto que las noticias, después de la masacre obrera, los periódicos anunciaban en letras grandes y resaltadas en rojo los resultados del Ejército de la siguiente manera: “Los revolucionarios huyen en desbandada hacia la Sierra Nevada ; “Las tropas del Gobierno batieron en toda la línea a los Huelguistas ; “El ministro de Guerra informa que hubo más muertos en los últimos encuentros” . Los medios de comunicación en general informaban en sus apartes que, sobre el movimiento revolucionario del departamento Magdalena, todo tiende a demostrar que la fuerza militar había procedido con energía, más no había incurrido en excesos, pues los jefes militares habían ordenado hacer lo único que debía hacerse y que de ahí, no habían pasado.

No contentos con ello, en un comunicado enviado por el general Carlos Cortés Vargas como Jefe Civil y Militar de la Zona Bananera del Magdalena, informa que él como máxima autoridad de la región había dictado un Decreto por medio del cual se consideraba como “Cuadrilla de Malhechores” a los revolucionarios del Magdalena. El decreto estaba conformado por tres artículos y entre sus apartes como justificación para expedir este decreto, se especificaba que se sabía que los huelguistas estaban muy conformes con las doctrinas comunistas y anarquistas.

Lo peor del asunto es que, después de ocurridos los hechos de la masacre, los medios de comunicación tanto nacionales como internacionales le dieron una significativa importancia a estos sucesos. En primeras páginas los periódicos anunciaban de forma resaltada que, en la madrugada del día 6 de diciembre de 1928 en la localidad de Ciénaga y toda la región bananera del Magdalena se había presentado un “combate” en la que tropas del Ejército colombiano se enfrentaron a muerte contra unos “revolucionarios” del Orden Estatal, y que en principio como resultado de ese enfrentamiento se habían dado de baja a varios “bandoleros” y otros huelguistas habían quedado heridos. El General Ignacio Rengifo, Ministro de Guerra, en la descripción que hiciera de los obreros fue que “en el Magdalena no hay Huelga sino Revolución”.

En efecto se pudo constatar que el movimiento obrero desarrollado en el Magdalena, si estuvo asesorado por revolucionarios mexicanos, quienes incluso promovieron la creación del semanario “Organización” en la ciudad de Santa Marta. Periódico éste que estaba editado por un grupo de anarquistas y de socialistas denominado como “Grupo Libertario”, que en principio buscaban promocionar el socialismo revolucionario, en especial, para los trabajadores del sector bananero, que liderados por María Cano, Raúl Mahecha e Ignacio Torres Restrepo, buscaban mejoras en las condiciones de los trabajadores y evitar más abusos laborales por parte de la multinacional norteamericana United Fruit Company.

Una de las personas de contacto con los mexicanos para el desarrollo de estas acciones fue el periodista colombiano Julio Cuadros Caldas, quién después de haber estado por espacio de treinta años residiendo en México se constituyera en uno de los agraristas más importante que tuvo ese país durante el periodo álgido de la revolución y su posterior consolidación. Cuadros Caldas para 1924 bajo el mandato del general zapatista Fortino Ayaquica llega a ser Coronel de la séptima división del Ejército Libertador del Sur y durante su permanencia allí, promocionó el proceso revolucionario a nivel nacional e internacional, ayudando además a masificar el pensamiento agrarista y popular, hasta que fuera expulsado de dicho país en 1933. Su entrada como representante en la Comisión Nacional Agraria (CNA) se da para fines de 1921.

Este personaje colombiano tan importante para la revolución mexicana tenía relaciones permanentes con Víctor Raúl Haya de la Torre, uno de los fundadores de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) y con el Presidente de Colombia de 1910-1914, el Antioqueño Carlos E. Restrepo, a quien le regaló un libro de su autoría y en su dedicatoria le escribe: “para evitar la miseria, la injusticia y el dolor en que viven los campesinos colombianos”. Para 1925 ya estando en la cúpula agrarista mexicana, inicia viajes a distintas zonas de México para promover que las distintas regiones se unan a la iniciativa reformista nacional.

Lo importante del asunto aquí, es que en esta campaña muchos extranjeros fueron invitados para que replicaran en sus países esta política. Como es lógico Colombia no fue la excepción. Por allá estuvieron varios representantes de los trabajadores de las plantaciones bananeras del Magdalena y algunos comisionados de cabildos indígenas del centro del país que, cansados de tanta explotación y usurpación de sus tierras querían buscarle solución a estos problemas. Otros países invitados que estaban con observadores extranjeros eran Cuba, que en cabeza del líder comunista José Antonio Mella ese país pudo hacer presencia; de la misma manera, Nicaragua con el revolucionario Augusto César Sandino y Chile, a través de Luís V. Cruz.

Dentro de este contexto, los invitados y observadores internacionales proponen la creación de la organización “Campesinos del Mundo Unidos”, pero después de una acalorada discusión terminan por denominarla “Campesinos de América Unidos”, pues consideraron que su envergadura no alcanzaba para una cobertura de talla mundial, pero si continental.

Campañas estas que, por la experiencia obtenida y por sus dotes de escritor, hicieron posible que Julio Cuadros publicara en 1923 la obra denominada Catecismo Agrario. Libro que fue de mucha importancia para la comunidad campesina de la época, fuera de ser además un texto que por su valor en la lucha revolucionaria mexicana tuvo seis ediciones entre 1923 y 1932, con tres mil ejemplares cada una. Asimismo, durante su residencia en México publicó dos libros más para conocimiento del mundo exterior, uno titulado México-Soviétic y el otro denominado El Comunismo Criollo.

Como se podrá notar el tema agrario estuvo ligado a los movimientos obreros y sindicales, pues para el caso colombiano, como se mencionó en párrafos anteriores la economía del país giraba en torno al sector agrícola y su incipiente industrialización, es decir, estaba dada en torno a las plantaciones de tabaco, cacao, algodón, banano y por supuesto café, que grosso modo operaban en función de su transformación y posteriormente su exportación.

La cuestión plantacionista y minera, quiérase o no, están ligados al tema de la tierra y de ahí su relación con los sectores de la economía. Fuera de lo anterior, por las conexiones que se tenían con otras actividades productivas, el tema agrario no era sólo del sector primario sino de la industria y de la prestación de servicios especializados que, de alguna u otra forma, mantienen relación. Es el caso de los ferrocarriles y los puertos, ya que, todos esos cultivos debían ser transportados y exportados, de ahí que existiera todo un clúster de dinámicas económicas y por ende, incluyera a los trabajadores de estos sectores y sus movimientos obreros y sindicales. Lo que hacía que la fuerza obrera se convirtiera en una posición estratégica de poder.

Ese poder generó manifestaciones, nuevas ideas impregnadas de cambio social y mecanismos de presión hacia la clase dirigente. Tales manifestaciones fueron promovidas, aparte de las noticias que entraban por los puertos, por los libros que llegaban y circulaban en el país, como fueron los textos escritos por los colombianos Julio Cuadros Caldas desde México y José María Vargas Vila, éste último, quien en 1917 desde un pensamiento nacional antiimperialista con su libro Ante los Bárbaros, hizo una encendida defensa de la autonomía de los mexicanos para escoger el camino de su liberación. Circunstancia que le valió para ser considerado en ciertos círculos como un escritor escabroso y en contra del sistema.

Los norteamericanos retrocedieron asustados, cuando las hordas de Zapata y pancho Villa les salieron al encuentro y los obligaron a buscar la vida, más allá de las fronteras violadas.

Otra forma o mecanismos de difusión de las ideas liberales de la revolución mexicana en Colombia, fue la radiodifusión, la cual desde 1930 después de entrada en vigencia, lo que se denominó como la “República Liberal”, los gobiernos de turnos sobre todo los de Enrique Olaya Herrera y Alfonso López Pumarejo, estimularon a los municipios para la creación de empresas de radios en el país y con ellas se obtuvieran aparatos de radiodifusión, con el fin de divulgar en principio las labores de las autoridades nacionales, departamentales y municipales y como segunda medida, los acontecimientos nacionales relacionados con los asuntos públicos, los aspectos económicos y sociales. De igual forma, sería el medio para escuchar las locuciones presidenciales y conocer todo aquello que estuviera relacionado con lo que sucedía en la Nación, hecho que se configuró como premisa del presidente Alfonso López, ya que su fin primario era que los habitantes de Colombia se mantuvieran enterados de los acontecimientos socioeconómicos y del orden público del país.

Lo importante de este asunto es que, el presidente Alfonso López también quería que las poblaciones con más de 5000 habitantes tuvieran aparatos de radiodifusión y recepción para la enseñanza pública, pues según el Gobierno Central en países como México, la radio era utilizada para fomentar la cultura y la educación, además porque destacadas personalidades locutaban por ese medio temas relacionados con la ética, los valores, el ser humano, la filosofía, etc., razón por la cual, la radio sirvió de herramienta educativa a obreros, y pueblos enteros donde el acceso a la educación, por la escasez de establecimientos educativos, fuera casi nula. Además porque las primeras emisiones que llegaron a Colombia procedían de Cuba, Venezuela y México.

Como quien dice, las dinámicas de América Latina y Colombia en la primera mitad del siglo XX se movieron a ritmo de Rancheras. De ahí la importancia de su estudio, pues para Colombia no sólo fue la influencia que generó la revolución mexicana, sino su herencia. Hasta el día de hoy, los cantos de los charros mexicanos, como alegorías de su revolución, se sienten como si el tiempo no pasara, de igual manera el cine sigue tan campante con sus películas al estilo mexicano y desde la cultura en sus distintas expresiones como el muralismo, la literatura, las artes plásticas, los bailes, la música y las audiovisuales, México y su revolución aún residen en Colombia.

Referencias y Bibliografía en el archivo que esta a continuación:

Ponencia Revolución Mexicana y Movimientos Obreros en Colombia

Docente e Investigador de la Facultad de Ciencias Empresariales y Económicas de la Universidad del Magdalena (Colombia). Secretario Ejecutivo Internacional de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC).

Esta situación de presión ejercida por multinacionales de potencias mundiales a Gobiernos de países subdesarrollados y sobre todo en esta época, no sólo se presentó en Colombia, sino que fue una generalidad. Ver en los trabajos de Malcolm Rutherford: Institutionalism Between the Wars. Journal of Economic Issues, 34(2), 291-303. 2000 y también en: Understanding Institutional Economics: 1918-1929. Journal of the History of Economic Thought, 22(3), 277-308. 2000.

Catherine Legrand. El Conflicto… op. cit; Jorge Enrique Elías Caro. La masacre… op. cit.

Revuelta altamente cargada con los ideales Anarquistas de tipo español, especialmente basados en los conceptos de los españoles Anselmo Lorenzo y Rafael Barrett, aunque posteriormente esos pensamientos fueron neutralizados con la creación del Partido Obrero en ese mismo año de 1910, el cual más tarde por una fuerte corriente socialista en 1925 se constituye en Partido Social Revolucionario, lo que hizo que para 1926 los pocos obreros que se mantuvieron con cierto arraigo a los pensamientos anarcosindicalista crearan la Federación Obrera del Litoral Atlántico (FOLA) con 16 sindicatos asociados en cabeza de los anarquistas Gregorio Caviedes y Elías Castellanos.

Es importante anotar, que estas huelgas sin ningún tipo de organización, son las que en la historiografía colombiana se han denominado como “Paros de Revuelta”.

Álvaro Tirado Mejía: “Colombia: Siglo y Medio…”. op. cit. p. 136.

Estas embarcaciones venían especialmente de Francia, Alemania, Inglaterra, España, EE.UU y de países y colonias del Gran Caribe como es el caso de Cuba, Panamá, Venezuela, Jamaica, Curazao y por supuesto de México.

Ignacio Torres Giraldo: Síntesis de historia política en Colombia. Bogotá. 1995. p. 50.

Catherine Legrand. El Conflicto… op. cit. Ver también en Miguel Urrutia. Historia del Sindicalismo en Colombia. Medellín, la Carreta. 1976.

The Times. New York, diciembre 7 de 1928. p. 1.

Reporte de la United Press. New York, viernes 7 de diciembre de 1928.

La Prensa. Nro. 254. Barranquilla, lunes 10 de diciembre de 1928. p. 1.

Ibíd.

Diario del Córdoba, Ciénaga, domingo 9 de diciembre de 1928. p. 1.

La Prensa. Nro. 252. Barranquilla, viernes 7 de diciembre de 1928. p. 1.

En la revuelta liderada por Raúl Mahecha fueron capturados por las autoridades varios mexicanos y españoles que habían llegado para asesorar al movimiento obrero, “El tiempo”. Año XVIII, Nro. 6180. Bogotá, Sábado 8 de diciembre de 1928. p. 1.

Para este caso ver los trabajos de Alfredo Gómez: Anarquismo y anarco-sindicalismo en América Latina. Madrid. Editorial Ruedo Ibérico. 1980. p. 29; Luis Vitale: Contribución a una historia del anarquismo en América Latina. Santiago de Chile. Instituto de Investigación de Movimientos Sociales “Pedro Vuskovik”. 1998. pp. 22-25.

Guillermo Palacios: “Julio Cuadros Caldas: Un Agrarista Colombiano en la Revolución Mexicana. Revista Historia Mexicana, enero – marzo 2000. Vol. XLIX, Nro. 3. México D.F. El Colegio de México. pp. 431-476.

En 1911 fue arrestado por las fuerzas constitucionalistas debido a que para ese entonces ya hacía parte de los ejércitos zapatistas. En la cárcel conoce a uno de los máximos exponentes agraristas de la revolución Andrés Molina Enríquez, quién días previos había sido detenido por promover el “Plan Completo de la Revolución Agraria” y años más tarde lo recomendara para que integrara comisiones agraristas. De la misma manera, compartió celdas con el General Juan Andrew Almazan, líder irrestricto de la revolución, con quien a raíz de esa situación genera una gran amistad.

Julio Cuadros Caldas durante su tiempo en la revolución estuvo altamente comprometido en el reparto equitativo de las tierras y en la organización de comunidades campesinas.

Julio Cuadros nació en Cali (Colombia) en 1885 y llegó a México en mayo de 1909 por el puerto de Salina Cruz (Oaxaca) probablemente como corresponsal del periódico “La Humanidad” de Cali. En un ceso de extranjeros realizado en 1930 se declaró como una persona casada, de profesión periodista y de religión “Liberal”. Ver en Guillermo Palacios: Julio Cuadros Caldas… op. cit. p. 435.

Roberto Sandoval Zarraus: “Liga de Comunidades Agrarias del Estado de Veracruz. Su contribución al pensamiento agrario mexicano”, en Olivia Domínguez Pérez (Coord.) Agraristas y Agrarismo. Veracruz. Editora del Gobierno del Estado de Veracruz (México). 1992. p. 59

Este libro en principio fue publicado parcialmente por editoriales o columnas de opinión desde 1921 en el periódico “La Humanidad” de Cali. Ver en Guillermo Palacios: Julio Cuadros Caldas… op. cit. p. 447.

Ambos libros vieron la luz gracias al apoyo de Santiago Loyo Editor de Puebla. El primero de ellos se publica en 1926 y el segundo en 1930.

Luis Vitale. “A cien años de Chicago. El movimiento Obrero Latinoamericano”. Nueva Sociedad Nro. 83. Mayo junio de 1983. pp. 54-65; Ver también en Pablo González Casanova (Coordinador). Historia del Movimiento Obrero en América Latina: Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia y Paraguay. Tomo III. México. Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. Siglo XXI Editores. 1984.

Jhon Womack Jr. Posición estratégica y fuerza obrera. Hacia una nueva historia de los movimientos obreros. México D.F. Fideicomiso Historia de las Américas, serie ensayos. Fondo de Cultura Económica. El Colegio de México. 2007.

El Periodista. Del Caribe a la Patagonia: Proyección Continental del México Insurgente. Buenos Aires. Noviembre de 1987. p. 2.

Aparte del libro Ante los Bárbaros. 1917.

Archivo Histórico del Magdalena Grande (A partir de esta cita en adelante se denominará A.H.M.G.), Gaceta Departamental de 1934. Segundo Semestre. 9 de Octubre de 1934, Santa Marta. p. 669.

A.H.M.G, Periódico EL Estado, 19 de Octubre de 1934, Santa Marta. p. 1

A.H.M.G., Periódico El Estado, 26 de Noviembre de 1934.Santa Marta. p. 1.

A.H.M.G., Periódico El Estado, 27 de Diciembre de 1934. Santa Marta. p.1.

En México la educación durante la revolución fue una prioridad y más cuando el Partido Nacional Revolucionario Mexicano (PNR) lo toma como bandera de lucha a fines de los años veinte. El PNR posteriormente fue transformado por Lázaro Cárdenas en Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y convertido finalmente en el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Ver estos cambios en Alejo Maldonado Gallardo, Sergio Guerra Vilaboy y Roberto González Arana. Revoluciones Latinoamericanas del Siglo XX. Síntesis histórica y análisis historiográfico. Morelia-México. Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. 2006. p. 433.

Jorge Enrique Elías Caro. “La Radiodifusión en Santa Marta 1930 – 1940”. En Secuencia. Revista de Historia y Ciencias Sociales del Instituto Mora de México D.F (México). ISSN 0186-0348. Vol. 24 Número 72, Septiembre- Diciembre 2008. pp. 11 – 34

Ibíd.

Con la revolución mexicana se inició toda una tendencia nacionalista y anti-imperialista, sobre todo en la segunda mitad del siglo XX, la cual con el tiempo transformó el imaginario de una sociedad, que a su modo, de manera incluyente se vio reflejada en manifestaciones populares como la música y en ese caso la de los campesinos o rancheros mexicanos. Ejemplo de ello, se tienen las canciones “El Rey” y “La Ley del Monte” alusivas de una u otra manera a las luchas revolucionarias de Francisco “Pancho” Villa, Emiliano Zapata y demás colaboradores. Ver en Jesús Jáuregui. El Mariachi: Símbolo Musical de México. México D. F. Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1991. p. 37; Carlos Felipe Romero Anzola: Colombia en el Siglo XX: Una historia a ritmo de Ranchera. Bogotá. Universidad Javeriana. 2009. p. 30.

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