Notas con la etiqueta ‘Chile’

EFEMÉRIDES DE NUESTRA AMÉRICA

 

 

A partir de este mes comenzamos con las efemérides de Nuestra América con el objetivo de recuperar algunos de los principales acontecimientos de nuestro continente, como así también las voces, de hombres y mujeres que fueron silenciadas por la historia oficial a lo largo de los siglos.

 

1 de marzo de 1879 Comienza la Guerra del Pacífico …

3 de marzo de 1816 Las fuerzas lideradas por Juana Azurduy derrotan a las fuerzas realistas…

 4 de marzo de 1811 Es asesinado Mariano Moreno…

24 de marzo de 1976 …comenzaba la etapa más oscura y sangrienta de la historia argentina…

Efemerides de marzo 

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EL CASO NICARAGUA: De la República al intento de anexión

Mapa de América Central y Nicaragua

Música de Nicaragua

En Nicaragua, con extensión a Centro América, se dio el caso más grosero de intervención yanqui en aras de anexar territorios ajenos: no fue alentando movimientos separatistas o anexionistas en sí, sino avalando a un aventurero sin escrúpulos –un verdadero filibustero como fue catalogado- de nombre William Walker, quien al frente de su “Falange Americana”, integrada por mercenarios yanquis, invadió Nicaragua llegando a proclamarse presidente de la misma como paso previo al objetivo de la anexión. Ya tenía antecedentes peligrosos:

 

En 1853 partió de San Francisco de California y desembarcó en La Paz, capital de la Baja California. Allí se proclamó presidente de la República de la Baja California. Era la inspiración del ‘modelo’ texano…

En mayo de 1854 se ‘anexa’ Sonora…

Agotados sus medios, se rindió a las autoridades norteamericanas. Procesado a instancia de México, fue finalmente absuelto.[1]

 

En 1855 desembarca en Nicaragua mediante un trato con los liberales en lucha civil contra los conservadores que gobernaban. Luego de una serie de batallas contra el gobierno constituido logra imponer un nuevo presidente, al que luego reemplaza por otro, hasta que termina asumiendo personalmente él la presidencia. El presidente norteamericano Pierce se apresuró a reconocer a su compatriota como presidente de otro país. Estaba en juego el control del territorio de una nación en la que era muy probable que se construyera el futuro canal interoceánico. Así lo confiesa en una carta el embajador yanqui designado por Pierce:

 

… Si el tránsito por su hermoso istmo es de una importancia vital para todas las naciones marítimas de la tierra, ¿de cuán mayor importancia no lo es para los Estados Unidos, desde la accesión a la California y el arreglo de nuestros territorios… sobre el Pacífico? Es importante para las demás naciones e indispensable para los Estados Unidos….

 

En su respuesta Walker deja traslucir sus verdaderas intenciones:

 

 … Es de esperar que se estén acercando mejores días, y que sea escuchada nuestra voz en nuestras reclamaciones de otras nacionalidades. Confío pues, que los Estados Unidos nos harán imparcial y estrictamente justicia, cuando presentemos nuestras demandas. Y además, esperamos con confianza y creemos de antemano que si hay otras naciones dispuestas a rechazar nuestros derechos, su gobierno no quedará frío espectador de sus actos.[2]

 

¿Cuáles eran esas reclamaciones de otras nacionalidades? ¿Cuáles las demandas a presentar y ante quién? Señala Gregorio Selser en su libro sobre Sandino:

 

… entre sus futuras ambiciones (se refiere a Walker) figuraba la de emular la hazaña de Sam Houston en Texas, incorporando la totalidad del territorio del istmo a los Estados Unidos. Para esto contaba no sólo con una situación política norteamericana propicia, sino con la benevolencia del propio presidente Pierce, quien no desautorizó al filibustero cuando éste proclamó que las elecciones que lo ungieron Presidente de Nicaragua habían sido supervisadas por tropas estadounidenses de New Orleáns y California…[3]

 

En una política de clara norteamericanización, Walker reestablece el sistema de la esclavitud y oficializa el  inglés como segundo idioma. Pero voluntarios de toda la región acudieron para expulsar al extranjero que pretendía convertir a esos países en territorios norteamericanos. En toda América hispana se escucharon airadas protestas. Tal vez la más paradigmática es la moción que en Chile llevaron a la cámara los diputados Errázuris, Irisarri, Prado, Aguirre, Barriga y otros, sugiriendo que el Poder Ejecutivo intervenga en los problemas de Nicaragua:

 

Mañana será tarde, porque si cae Centro América, cae con ella la llave del continente americano español en poder de los enemigos de nuestra raza…

Mañana será tarde, porque no faltará un pretexto cualquiera, una diferencia antigua, algún ridículo reclamo, un protectorado, una isla despoblada para traer sobre nuestras cabezas la tempestad que hoy ruge sobre nuestros hermanos”.

 

¡Cuánta razón y premonición encierra este alerta patriótico!

La resistencia al filibustero se amplió. Los ejércitos de las pequeñas repúblicas al mando del costarricense José Joaquín Mora lo enfrentan con variada suerte, hasta que en 1857 Walker finalmente capitula ante el capitán de un navío de guerra norteamericano, quien en definitiva lo salva trasladándolo hasta Panamá y desde allí a los Estados Unidos, donde fue recibido como un héroe.

En 1860 Walker realiza una nueva tentativa, esta vez desembarcando en Honduras. La suerte no lo acompañó, fue hecho prisionero y fusilado.

En la correspondencia de los agentes norteamericanos se revelan los planes que incluían a otros países centroamericanos: Beverly Clarke, ministro de Estados Unidos para Guatemala y Honduras, en carta a Lewis Cass, secretario de Estado de los Estados Unidos, escribe en 1859:

 

 En una época, mientras Walker fue jefe en Nicaragua, no hay duda que contaba con muchos amigos entre los liberales en Guatemala, y, a no ser por los supuestos errores en su política administrativa… muchos aseguran aquí que hubiera podido ser considerado como un libertador, y voluntariamente lo hubiesen constituido como cabeza política de este Estado.[4]

 

 

La derrota del proyecto Walker fue la derrota del Departamento de Estado de los Estados Unidos.

 

Horacio A. López



[1] Medina Castro, Manuel. Estados Unidos y América Latina. Siglo XIX. Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1974.

[2] Ibíd., p. 341.

[3] Selser, Gregorio, Sandino. General de hombres libres. Tomo I., Ediciones Especiales IV, Imprenta Nacional de Cuba, La Habana,  1960, p. 22.

[4] Medina Castro, Op. Cit., p. 344.

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Escuela Santa Maria de Iquique, Chile 1907

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Mapa de Chile e Imágenes

“A las 7 horas, la población, soñolienta aún, fue despertada por el ruido marcial de las tropas que recorrían las calles con sus arreos de campaña”[1]

 

            En Chile a fines del 1800 comienzos del 1900 la clase obrera comenzaba a organizarse y a tener mayor presencia en los reclamos por mejores condiciones de trabajo. En 1903 se produce la huela portuaria en Valparaíso, en 1905 la huelga de la carne en Santiago, en 1906 se produce la huelga general de Antofagasta, en 1907 la denominada “huelga grande” o de “los 18 peniques”, en 1909 se producen 29 huelgas en los que se involucran unos 200.000 trabajadores, en 1910 los ferroviarios realizan una gran manifestación callejera y entre 1916 y 1921 se producen 13 huelgas generales a los largo de todo Chile.

            En la región pampeana de Chile, ubicada el norte del país y cuya ciudad principal es Iquique, los trabajadores del salitre comienzan a levantarse en contra de las malas condiciones de trabajo y de vida que les eran impuestas por las oligarquías empresariales extranjeras y locales que explotaban la región.

            Los trabajadores vivían en casas que les daban los empresarios y el contrato se terminaba o el trabajador era despedido quedaba en la calle hasta conseguir un nuevo empleo, ya que las viviendas formaban parte del contrato de trabajo. 

            A la hora de cobrar su sueldo, era remunerado en forma de fichas o bonos que los obligaban a comprar en los almacenes o pulperías de la misma empresa, la cual vendía lo que quería y no lo que necesitaba el empleado,  además el costo de las mercaderías era muy alto.

            Las jornada de trabajo rondaba las 14 horas que dadas las condiciones en las que se trabajaba el obrero se enfermaba rápidamente y moría dado a que la asistencia médica casi no existía; y cuando no moría de alguna enfermedad moría en el trabajo ya que tampoco existían medidas de seguridad en los denominados cachuchos, (lugar donde el salitre hierve a más de 100º C), si un obrero caía sobre o dentro de esta especie de horno se quemaba vivo.

            Debido a estas condiciones inhumanas de vida y trabajo los trabajadores de la región se organizaron y reclamaron: el pago del jornal a 18 peniques, la eliminación del sistema de fichas o bonos, cubrir los cachuchos para evitar accidentes fatales, balanzas en los almacenes o pulperías para controlar el peso y las medidas de los comprado y la reincorporación, permanencia o indemnización de los trabajadores que participan en las huelgas.

            Como consecuencia de estos reclamos a partir de mediados de diciembre de 1907 los trabajadores de las distintas regiones pampeanas comienzan a llegar a la ciudad de Iquique. Después de duras negociaciones con el gobernador los trabajadores deciden proclamar la “huelga general” y organizar un Comité de Huelga.

            Luego de decidir que no se retirarían de la ciudad, solicitarán albergue en ésta para los trabajadores. El gobierno ofreció que se alojen primero  en un convento y luego en un regimiento, claro que, en ambos casos los trabajadores decidieron que no se iban a alojar en ninguno de estos dos lugares propusieron y exigieron quedarse en la escuela Santa María, con lo cual el gobierno no tuvo más remedio que aceptar.

            Los días pasaban y la huelga cada vez era más fuerte en toda la región, además llegaban más y más trabajadores a la escuela para afianzar la huelga; en este lapso los trabajadores organizaron distintos comités de vigilancia, de aseo, de víveres y de orden, gracias a la gran cantidad de trabajadores y familias que se habían instalado en la escuela.

            Los trabajadores cada vez más firmes no aceptaban las propuestas del gobierno ni de los empresarios, quienes comenzaron a organizar grupos represivos que empezarían a generar disturbios para luego poder justificar la represión, por lo que se decretó el Estado de sitio en la ciudad.

            Así llegamos a la mañana del sábado 21 de diciembre de 1907 donde la población y los trabajadores en huelga despertaron con las corridas de las tropas por toda la ciudad. Al medio día, estas ya estaban concentradas en la plaza principal. A las 3 de la tarde los huelguistas son obligados a volver a sus pueblos y a sus trabajos, la decisión fue unánime entre los trabajadores, la huelga sigue en pie, pero la  respuesta del Estado también lo fue.

            Las tropas de la oligarquía llenaron la escuela de Santa María de sangre asesinando a 3600 obreros, a 3600 personas. “La gente moría en la confusión. Ahora no había silencio, sino gritos, tantos gritos como si toda la ciudad, todo el país, todos los hombres del mundo (…) estuvieran reventando en alaridos que formaban remolinos de sangre que subían al cielo. (…) No era sólo la pampa quién gritaba. La pampa asesinada en la ciudad”[2].

            Cuando esta salvaje matanza termino, el gobierno ordenó trasladar en trenes calicheras o planos (vagones en los que se traslada el salitre), a los obreros sobrevivientes con sus mujeres e hijos. A medida que el tren se  alejaba de la ciudad eran esperados por las denominadas “guardias blancas” (compuestas por los hijos de la alta burguesía) para balearlos.

            La huelga fue llevada adelante no sólo por obreros chilenos, sino también, a la escuela se llegaron trabajadores peruanos, bolivianos y argentinos que apoyaban la huelga; los ministro de Bolivia y Perú intentaron intervenir hasta último momento, pero esta huelga en busca de mejores condiciones de vida y de trabajo no conocía de nacionalidades, ya que todos pertenecían al pueblo latinoamericano.

 

Alejandro E. Pisnoy

Prof./Invest. CCC.

 

Referencias Bibliográficas:

Silva Galdames, Osvaldo. Breve Historia de Chile. Ed. FCE. México. 1999.

Mujica, Dolores. Clase Contra Clase. Santa Marís de Iquique. Los métodos de la clase trabajadora y el cuestionamiento a la propiedad privada. Chile. 2006.

Grez Toso, Sergio. La Guerra Preventiva: Escuela Santa María de Iquique. Las razones del Poder.

Zolezzi Velásquez, Mario. La Huelga de los 18 peniques (1907). Iquique. 2007. 

 



[1] Devés, E. Los que van a morir te saludan. En: Mujica, D. Clase contra clase. Diciembre 2006.

[2] Teitelbon, V. Hijos del Salitre. En: Mujica, D. Op. Cit.

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