Notas con la etiqueta ‘Centro Amèrica’

Efemérides de Nuestra América. Septiembre (I parte)

2 de Septiembre

1901 El vicepresidente de Estados Unidos Theodore Roosevelt pronuncia su famoso discurso “Habla en voz baja y lleva contigo un gran garrote (big stick)”; días después asumió como presidente.

 

4 de septiembre

1812 A través de un decreto, los miembros del Primer Triunvirato abren las fronteras del territorio a todos los extranjeros dispuestos a respetar las leyes y disponen otorgar ayuda a quienes ejercieran la agricultura.

1970 Salvador Allende, candidato de la Unidad Popular, gana las elecciones presidenciales de Chile.

 

6 de septiembre

1930 El presidente radical Hipólito Yrigoyen es derrocado por un golpe militar, encabezado por el teniente general José Félix Uriburu. Por primera vez, desde 1853 se interrumpía el orden constitucional. Uriburu ocupó la Casa de Gobierno como presidente provisional de la Nación, iniciando un período conocido como “década infame”, en alusión al fraude electoral y los negociados de corrupción que caracterizaron el período.

 

7 de septiembre

1822 Se declara la independencia de Brasil, “Grito de Ipiringa”.

 

11 de septiembre

1973 El general Augusto Pinochet encabeza un golpe militar en Chile y derroca al gobierno constitucional del presidente Salvador Allende, quien se suicidó durante el asalto al palacio de la Moneda.

Documental: http://www.youtube.com/watch?v=ZHST-z3_COM

 

12 de septiembre

1821 El gobierno suprime por decreto la Gaceta de Buenos Aires, primer órgano de prensa de las ideas revolucionarias, nacido el 7 de junio de 1810. En su redacción participaron Juan José Castelli, Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Manuel Alberti, Pedro Agrelo y Bernardo de Monteagudo.

 

14 de septiembre

1810 La ciudad de Cochabamba, Alto Perú (actual Bolivia) se levanta en armas apoyando la Revolución de Mayo.

1816 El coronel Manuel Asencio Padilla, tras salvar la vida de Juana Azurduy, su compañera, es alcanzado y decapitado por el Cnel. realista Javier Aguilera en El Villar, Alto Perú.

 

15 de septiembre

1821 Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua proclaman su independencia.

1842 Es fusilado en Costa Rica Francisco de Morazán, héroe de la independencia centroamericana.

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Las mujeres del café. Guatemala 1925.

Mapa de Guatemala y América Central

“Guardar silencio y mostrarse indiferente ante este gesto de las sufridas hijas del pueblo, aparte de ser censurable, acusa lenidad en quienes tal hagan. En nuestros anales obreristas, la actitud altiva de las mujeres hace época y quienes tenemos una cabal idea de lo que debe ser el espíritu de solidaridad, estamos con ellas… Las obreras declaradas en huelga, en su carrera de sufrimientos morales, en medio se su condición paupérrima, ha filtrado un rayo de luz en sus cerebros y han dicho: HASTA AQUÍ…”[1]

 

            A fines del siglo XIX y comienzos del XX Costa Rica encabezo el desarrollo cafetalero en Centroamérica, y fue el impulso para los demás países de la región, sobre todo en Guatemala y El Salvador que contaban con una gran cantidad de mano de obra, y esto los llevo a tener una supremacía regional en  la producción de café. Las propiedades dedicadas a la producción de café eran de grandes extensiones, y en manos de unos pocos terratenientes, en su mayoría de origen alemán beneficiados por el reparto de tierras llevado adelante por liberales de este período.

            El sistema de trabajo se encontraba bajo el sistema del colonato[2] aseguraba la mano de obra permanente, como así también el permanente reclutamiento de población indígena a los cuales ya le habían expropiado sus tierras y a los cuales se les pagaba con el sistema de bonos, que sólo podían canjear en los almacenes que pertenecían a los dueños de las empresas.

            En diciembre de 1921, Carlos Herrera, quien había sido designado a la presidencia de Guatemala mediante una alianza entre grupos de la elite capitalina, bajo un modelo católico conservador, apoyado por algunos sectores populares, obreros y artesanos; fue derrocado por un golpe militar que instaló una triunvirato de generales, cuya figura más representativa fue el general José María Orellana. Las causas más sobresaliente que llevaron al derrocamiento de Herrera fueron, la no implementación de una reforma monetaria impuesta por la burguesía local, y la venta de la compañía eléctrica a manos de los EE.UU., dicha compañía era de capitales alemanes, pero luego de la Primera Guerra Mundial las presiones para que esta sea vendida a capitales norteamericanos era insostenible, y con el apoyo y más tarde el reconocimiento de Washington se instalaban los militares en el gobierno, que luego convocaría a elecciones donde Orellana como candidato oficial fue elegido presidente. Donde una de las primeras medidas fue ratificar la venta de la compañía eléctrica a la empresa norteamericana U.S. Electric Bond and Share Co., y la implementación de la reforma monetaria, basada en la producción de café.

            La llegada al gobierno por parte del Gral. Orellana, favoreció a los intereses extranjeros y a la burguesía local, hechos que llevaron a la protesta de los sectores populares y obrero contra este régimen. El crecimiento del movimiento obrero venía aumentando desde el comienzo de 1920, y en 1922 se produce un levantamiento popular masivo en todo el país. El gobierno acusa al Partido Conservador de estar detrás de estos hechos y emprende una dura represión y persecución, principalmente contra los líderes de la iglesia y en menor medida contra anarquistas y comunistas.

             En 1924 lo trabajadores muelleros comienzan una huelga contra la United Fruit Company (UFCO), en reclamo de aumento salarial, reducción de las horas de trabajo y la no discriminación étnica racial para los trabajadores negros. A estas demandas se suman los trabajadores de las bananeras y son apoyados por las demás organizaciones sindicales del país. Luego de 27 días de represión y expulsión de dirigentes obreros la huelga es levantada sin poder lograr sus demandas. En ese mismo año también se levantan en huelga los trabajadores ferroviarios en contra de la International Railways of Centro América (IRCA). El final no se diferencia de la mencionada anteriormente, los trabajadores son perseguidos, reprimidos y encarcelados sin lograr que se cumplan sus reclamos.

            Durante 1925 y 1926 se desataran varias huelgas en todo el país. El gremio de los zapateros exige la reducción de la jornada laboral, un trato digno y mejores condiciones de trabajo. Luego de 18 días logra obtener las mejoras laborales. También el Sindicato Gremial de Panificadores inicia una huelga en busca de reducir la jornada diurna y eliminación de la jornada nocturna o doble salario. Esta huelga se hizo muy fuerte en la capital y en otras ciudades. Los principales dirigentes fueron perseguidos y encarcelados, pero lograron la mayoría de las demandas. Después de unos meses los panaderos volverían a la huelga dado el incumplimiento de las demandas. Otras huelgas que se dieron durante estos años fueron la de las y los costureros, los trabajadores de velas y jabón, los curtidores, ladrilleros y carreteros, pero las huelga que caracterizó a este período fue la huelga que el 25 de noviembre de 1925 llevaron adelante las escogedoras de café que trabajaban para el beneficio “La Moderna” propiedad de la compañía alemana Gerlach Co. Esta fue la primera gran huelga llevada a cabo por un grupo de mujeres en Guatemala y también en Centroamérica.

            En la mañana del 25 de noviembre de 1925, unas cien huelguistas, de las 150 que trabajaban en el beneficio, se reunieron cerca de la entrada de la empresa  cafetalera “La moderna”, lo que le reclamaban a la empresa alemana giraba en torno a la discriminación y diferenciación por el desprecio de su fuerza de trabajo y docilidad por ser mujer. Los reclamos principales fueron los siguientes: “…1) Ocho horas de trabajo diarias, 2) La supresión de multas, 3) Abolir la disposición de que por llegar fuera de hora al beneficio se les quite el trabajo, 4) Alternabilidad en el manejo de la maquinaria para que haya equidad en el salario que se devenga. 5) Aumento de salario de 5 pesos diarios, puesto que sólo ganaban entre 15 y 18 pesos por día (mientras que los sueldos de los trabajadores hombres solían oscilar entre 50 y 80 pesos diarios). 6) Que se les reconozca, sino el salario en casos de enfermedad, sí el puesto, ya que una sola falta es motivo para que se les quite el trabajo, sin que se tenga en cuenta las causales de ella, y 7) Que no sea retirada del beneficio por motivo del presente reclamo ninguna de las trabajadoras que existían hasta el día de ayer (24 de noviembre)…”[3].  

             La huelga duró seis días y fue apoyada por todos los sindicatos y federaciones de trabajadores del país. Esta tuvo una característica diferente a las huelgas que se venían produciendo en Guatemala, fue una protesta sin la organización de una marcha de protesta, pero sí de un para de actividades, y la creación de un “comité de huelga” encabezado por quién fue nombrada como directora, Berta Reyes, Ernestina Sierra como subdirectora, y Elisa Murga y Amelia Villagrán como secretarias. Las trabajadoras se encargaron de difundir sus protestas y reclamos en los diarios, asambleas y reuniones con distintos dirigentes obrero, y como consecuencia de esta lucha lograron la formación de su sindicato.

            Con el apoyo conseguido por parte de todas las federaciones y sindicatos del país lograron que se les reconociera el aumento salarial exigido, la jornada de 8 horas, la supresión de cualquier tipo de multas , el cambio de hombres por mujeres en el registro, y el no despido por motivo de enfermedad ni por haber participado en la huelga. Hasta aquí parecía ser que las obreras habían logrado su objetivo, pero la respuesta no se hizo esperar, la represión esta vez no fue la persecución, encarcelamiento o asesinato, sino que el día 15 de diciembre de 1925, la empresa alemana se veía en la necesidad de despedir a la mayoría de las trabajadoras por falta de grano. Las trabajadoras sabían que la medida era en represalia a la huelga llevada a cabo días atrás, “…según lo expusieron las obreras, todas las implicadas en la huelga fueron expulsadas, ya que cuando se presentaron a sus labores, sus lugares estaban ocupados por nuevas obreras… ¿Sí no hay trabajo como lo declararon los representantes de Gerlach, entonces porqué se contratan nuevas obreras?”[4]

El objetivo fue claro, y como lo dicen las noticias, había que deshacerse de las mujeres huelguistas de cualquier manera, pero esta vez la violencia fue utilizada de otra manera, lo palos y las balas fueron reemplazados por una simple excusa que a lo largo de la historia de nuestra América también se ira haciendo costumbre.

 

 

Alejandro Pisnoy             

Prof. Invest. CCC

 

Ref. Bibliográficas

Carrillo Padilla, Ana. Sufridas hijas del pueblo: la huelga de las escogedoras de café de 1925 en Guatemala. En: Revista Mesoamérica Número 27. 1994. pg. 93 126.

Muñoz, Jorge. Breve historia contemporánea de Guatemala. Ed. FCE. México DF. 1998.      

Pérez Brignoli, Héctor. Breve historia de Centro América. Ed. Alianza. Madrid. 1990.

Valladares, Luís. (Coord.) Historia de los intelectuales, la formación de la identidad y los movimientos sociales en la ciudad de Guatemala (1920 1944). Ed. Nueva Guatemala de la Asunción. 2006.



[1] “Revista del Trabajo”. En: Valladares, R. (coord.) “Historia de los intelectuales, la formación de la identidad y los movimientos sociales en la ciudad de Guatemala (1920 1944). Nueva Guatemala de la Asunción. Nov. 2006. pg. 87 88.

[2] Sistema que permitía al colono tener el derecho a cultivar la tierra que no lo pertenecía,  ni podía abandonarla. Además debía pagar por ella una renta por el uso de la misma.

[3] “Revista del Trabajo”. En: Valladares, R. (coord.) “Historia de los intelectuales, la formación de la identidad y los movimientos sociales en la ciudad de Guatemala (1920 1944). Nueva Guatemala de la Asunción. Nov. 2006. pg. 87

[4] “Revista del Trabajo”. En: Valladares, R. (coord.) “Historia de los intelectuales, la formación de la identidad y los movimientos sociales en la ciudad de Guatemala (1920 1944). Nueva Guatemala de la Asunción. Nov. 2006. pg. 89

 

 

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El Faro del Pacífico entra en erupción. El Salvador, enero de 1932

El faro del Pacífico entra en erupcion

 

“…Todos juntos tenemos más muertes que ellos, pero todos juntos tenemos más vidas que ellos. La todopoderosa unión de nuestras medias vidas, de las medias vidas de todos los que nacimos medio muertos en 1932”[1].

 

Desde 1913, y hasta 1927 El Salvador estuvo gobernado por la familia Meléndez-Quiñonez. Desde el comienzo de la década de 1920 la organización de los sindicatos comenzaba a ser mayor, sobre  todo en las zonas cafeteras, ya que el café era el principal producto de exportación del país. En 1927 asume la presidencia Pío Romero Bosque, un conservador que anuncio importantes leyes laborales a favor de los obreros, una de las cuales fue la legalización de los sindicatos, también permitió la libertad de prensa. Su gobierno se vio favorecido por la prosperidad económica del país, pero que al final de su mandato debió enfrentarse a la crisis económica de 1930.

En 1931, Pío Romero finalizaba su mandato, lo  sucedió Arturo Araujo, un terrateniente que era admirador del laborismo inglés. Su victoria fue posible gracias al apoyo de algunos sectores sindicales e intelectuales. Pero la crisis económica que afectaba al mundo se sentía cada vez más en El Salvador, y los problemas sociales se acrecentaban como así también los problemas gubernamentales, ya que el gobierno de Araujo al tener problemas administrativos y fiscales dejo de pagar a los funcionarios civiles y militares.

            La crisis fue insostenible para el gobierno y el 2 de diciembre de 1931 comenzó el derramamiento de sangre en El Salvador. Un grupo de militares, encabezado por el general Maximiliano Hernández Martínez, vicepresidente y ministro de guerra de Araujo, apoyado por los terratenientes burgueses, provoco un golpe de Estado, derroco al presidente Araujo, y se instalo en el poder.

            El pueblo, cansado de tanta opresión decidió levantarse contra el gobierno militar de Hernández Martínez y las plazas de varios pueblos del país comenzaron a llenarse. Pero la respuesta por parte del gobierno no se hizo esperar y comenzó una gran represión que acabo con una gran cantidad de indígenas, campesinos, estudiantes y obreros heridos y asesinados, las fuentes hablan de casi treinta mil muertos, claro que el análisis de cómo comenzaron los acontecimientos y quienes fueron sus principales ideólogos de este 22 de enero de 1932, presentan sus diferencias.

            Las causas que llevaron al pueblo a este levantamiento fueron: La concentración de tierras en manos de una pequeña burguesía expropiando a indígenas campesinos, que comenzó a fines del siglo XIX; La conformación, en 1930 del Partido Comunista de El Salvador (PCS), cuya figura más relevante, tanto en la creación del Partido como en el levantamiento del 22 de enero donde fue asesinado, fue Agustín Farabundo Martí[2]. Por último, al descontento por el derrocamiento de Araujo, se le sumo el gran fraude que hubo por parte del gobierno militar en las elecciones municipales del día 3 de enero de ese mimo año.

            La historiografía salvadoreña tiene varias visiones sobre el levantamiento de 1932, algunas hablan de que estos acontecimientos son el primer intento comunista revolucionario en América Latina en el marco de la lucha del comunismo internacional para imponerse sobre el imperialismo de los EE.UU. Para otros fue o es el comienzo del ejemplo a seguir en la lucha revolucionaria del continente llevada adelante por campesinos, estudiantes y obreros. Otra visión, habla de que este levantamiento organizado por campesinos indígenas  ladinos, agrupados bajo el sistema tradicional de cofradías, se le sumo el PCS, pero que estos no fueron los ideólogos del levantamiento, pero otra visón habla de que es al revés, el plan fue ideado por el PCS, y los campesinos se incorporaron a ellos.

            Las visiones varían de acuerdo a la ideología política de los distintos historiadores, pero lo que si nos aclara como se inicio el levantamiento es lo que menciona Will Alfredo Pinto, dirigente indígena de Izalco, militante del Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y miembro de la “Comisión de la Verdad sobre el genocidio de 1932” que se dedica a la investigación sobre las causas que desataron el levantamiento y la represión y etnocidio de ese año. En esta entrevista Will habla de que las causas que llevaron a este levantamiento fueron la pérdida de la tierra a manos de la burguesía terrateniente desde finales de la década de 1880, y que tubo como consecuencia a las malas condiciones económicas y de vida de los indígenas  campesinos, a esto se le sumo la crisis económica mundial de 1930, el posterior golpe de Estado y el fraude electoral de comienzos de enero ya mencionados.

En cuanto a la intervención del PCS en el levantamiento cuenta que “…la participación del Partido Comunista, al menos en lo que corresponde al sector indígena de Izalco es bastante poca. Lo que yo he logrado investigar es que era más el “Socorro Rojo”, el que estaba metido entre la comunidad indígena, tratando de orientar y organizar. Pero yo creo que al final el Partido Comunista  pudo haber tenido una participación en el levantamiento de 1932, pero aprovechando la situación, no es que la haya promovido, o que haya sido parte desde su inicio”.[3]

            Cuando el levantamiento popular fue derrotado el país entro en un largo período dirigido por una dictadura militar sangrienta y fascista, prohibiendo sindicatos y organizaciones partidarias democráticas. Se impuso el Estado de sitio, se llenaron las cárceles de presos políticos; se implantó una política a favor de la burguesía salvadoreña agroindustrial, comercial y financiera apoyada y respaldada por empresas y monopolios norteamericanos.

            Desviar la discusión y el análisis de la participación del PCS en el levantamiento popular de 1932 como lo hacen mucos historiadores, es importante, pero muchas veces nos puede llevar a dejar de lado las verdaderas causas y consecuencias, una maniobra que siempre les cabe bien a historiadores de derecha o que defienden los intereses de los EE.UU. para no mencionar la masacre que se llevo a cabo; análisis en los que muchas veces también caen algunos pensadores de la izquierda en la búsqueda de argumentar el porque de esa participación o simplemente justificarla. En ambos casos se pierde lo importante de los hechos que acontecieron y que deben permanecer en la memoria del pueblo salvadoreño y en la memoria de toda Nuestra América, dice Miguel Marmol (1981), escritor salvadoreño, “El Salvador es hoy ante todo, hechura de aquella barbarie… Puede que haya cambiado el estilo de los gobernantes, pero el modo de pensar básico que aún nos gobierna es el de los masacradotes de 1932”[4].

 

Alejandro Pisnoy  

Prof./ Invest. CCC.

 

Referencias Bibliográficas

Barishev, A. El Salvador. Medio siglo de miseria y de lucha. Ed. Cartago. Bs As. 1986.

Emanuelsson, Dick. Entrevista a Will Alfredo Pinto en: http://dickema24.blogspot.com/2009/06/las-raices-y-causas-de-la-insurreccion.html

Perez Brignoli, H. Breve historia de Centro América. Ed. Alianza. Madrid. 1990.



[1] Roque Dalton “Todos”. Poeta y escritos salvadoreño.

[2] Actualmente El Salvador esta gobernado por un Frente que en homenaje a Farabundo Martí lleva su nombre. Este Frente denominado Farabundo Martí para la Liberación Naciones (FMLN) fue creado por cuatro organizaciones en octubre de 1980. http://www.fmln.org.sv/historia.php

[4] Marmol, Miguel. En: Barishev, A. “El Salvador medio siglo de miseria y de luchas”. Ed. Cartago. Bs. As. 1986. Pg. 25

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EL CASO NICARAGUA: De la República al intento de anexión

Mapa de América Central y Nicaragua

Música de Nicaragua

En Nicaragua, con extensión a Centro América, se dio el caso más grosero de intervención yanqui en aras de anexar territorios ajenos: no fue alentando movimientos separatistas o anexionistas en sí, sino avalando a un aventurero sin escrúpulos –un verdadero filibustero como fue catalogado- de nombre William Walker, quien al frente de su “Falange Americana”, integrada por mercenarios yanquis, invadió Nicaragua llegando a proclamarse presidente de la misma como paso previo al objetivo de la anexión. Ya tenía antecedentes peligrosos:

 

En 1853 partió de San Francisco de California y desembarcó en La Paz, capital de la Baja California. Allí se proclamó presidente de la República de la Baja California. Era la inspiración del ‘modelo’ texano…

En mayo de 1854 se ‘anexa’ Sonora…

Agotados sus medios, se rindió a las autoridades norteamericanas. Procesado a instancia de México, fue finalmente absuelto.[1]

 

En 1855 desembarca en Nicaragua mediante un trato con los liberales en lucha civil contra los conservadores que gobernaban. Luego de una serie de batallas contra el gobierno constituido logra imponer un nuevo presidente, al que luego reemplaza por otro, hasta que termina asumiendo personalmente él la presidencia. El presidente norteamericano Pierce se apresuró a reconocer a su compatriota como presidente de otro país. Estaba en juego el control del territorio de una nación en la que era muy probable que se construyera el futuro canal interoceánico. Así lo confiesa en una carta el embajador yanqui designado por Pierce:

 

… Si el tránsito por su hermoso istmo es de una importancia vital para todas las naciones marítimas de la tierra, ¿de cuán mayor importancia no lo es para los Estados Unidos, desde la accesión a la California y el arreglo de nuestros territorios… sobre el Pacífico? Es importante para las demás naciones e indispensable para los Estados Unidos….

 

En su respuesta Walker deja traslucir sus verdaderas intenciones:

 

 … Es de esperar que se estén acercando mejores días, y que sea escuchada nuestra voz en nuestras reclamaciones de otras nacionalidades. Confío pues, que los Estados Unidos nos harán imparcial y estrictamente justicia, cuando presentemos nuestras demandas. Y además, esperamos con confianza y creemos de antemano que si hay otras naciones dispuestas a rechazar nuestros derechos, su gobierno no quedará frío espectador de sus actos.[2]

 

¿Cuáles eran esas reclamaciones de otras nacionalidades? ¿Cuáles las demandas a presentar y ante quién? Señala Gregorio Selser en su libro sobre Sandino:

 

… entre sus futuras ambiciones (se refiere a Walker) figuraba la de emular la hazaña de Sam Houston en Texas, incorporando la totalidad del territorio del istmo a los Estados Unidos. Para esto contaba no sólo con una situación política norteamericana propicia, sino con la benevolencia del propio presidente Pierce, quien no desautorizó al filibustero cuando éste proclamó que las elecciones que lo ungieron Presidente de Nicaragua habían sido supervisadas por tropas estadounidenses de New Orleáns y California…[3]

 

En una política de clara norteamericanización, Walker reestablece el sistema de la esclavitud y oficializa el  inglés como segundo idioma. Pero voluntarios de toda la región acudieron para expulsar al extranjero que pretendía convertir a esos países en territorios norteamericanos. En toda América hispana se escucharon airadas protestas. Tal vez la más paradigmática es la moción que en Chile llevaron a la cámara los diputados Errázuris, Irisarri, Prado, Aguirre, Barriga y otros, sugiriendo que el Poder Ejecutivo intervenga en los problemas de Nicaragua:

 

Mañana será tarde, porque si cae Centro América, cae con ella la llave del continente americano español en poder de los enemigos de nuestra raza…

Mañana será tarde, porque no faltará un pretexto cualquiera, una diferencia antigua, algún ridículo reclamo, un protectorado, una isla despoblada para traer sobre nuestras cabezas la tempestad que hoy ruge sobre nuestros hermanos”.

 

¡Cuánta razón y premonición encierra este alerta patriótico!

La resistencia al filibustero se amplió. Los ejércitos de las pequeñas repúblicas al mando del costarricense José Joaquín Mora lo enfrentan con variada suerte, hasta que en 1857 Walker finalmente capitula ante el capitán de un navío de guerra norteamericano, quien en definitiva lo salva trasladándolo hasta Panamá y desde allí a los Estados Unidos, donde fue recibido como un héroe.

En 1860 Walker realiza una nueva tentativa, esta vez desembarcando en Honduras. La suerte no lo acompañó, fue hecho prisionero y fusilado.

En la correspondencia de los agentes norteamericanos se revelan los planes que incluían a otros países centroamericanos: Beverly Clarke, ministro de Estados Unidos para Guatemala y Honduras, en carta a Lewis Cass, secretario de Estado de los Estados Unidos, escribe en 1859:

 

 En una época, mientras Walker fue jefe en Nicaragua, no hay duda que contaba con muchos amigos entre los liberales en Guatemala, y, a no ser por los supuestos errores en su política administrativa… muchos aseguran aquí que hubiera podido ser considerado como un libertador, y voluntariamente lo hubiesen constituido como cabeza política de este Estado.[4]

 

 

La derrota del proyecto Walker fue la derrota del Departamento de Estado de los Estados Unidos.

 

Horacio A. López



[1] Medina Castro, Manuel. Estados Unidos y América Latina. Siglo XIX. Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1974.

[2] Ibíd., p. 341.

[3] Selser, Gregorio, Sandino. General de hombres libres. Tomo I., Ediciones Especiales IV, Imprenta Nacional de Cuba, La Habana,  1960, p. 22.

[4] Medina Castro, Op. Cit., p. 344.

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