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El 25 de Mayo en Nuestra América

El 25 de mayo parece ser un día más en el calendario si la Historia no hay dejado reguero de hechos y personajes, en particular para Nuestra América. Las luchas por la libertad, por la independencia, por los derechos de los hombres y mujeres de este continente son las palabras claves para esta efeméride de carácter múltiple.

1. En 1809 la pólvora revolucionaria americana se incendia en Chuquisaca (ayer Alto Perú, hoy Bolivia) con el llamado “Primer Grito Libertario de América”. Es cierto que previo hubo muchos gritos, en particular de los pueblos originarios como la rebelión de Tupac Amarú. Sin embargo la revuelta liderada por Juan Antonio Álvarez de Arenales ha sabido nutrirse de esas luchas previas y alcanzar el fuego revolucionario con la expulsión del presidente de la Real Audencia, el español Ramón García Pizarro, un 25 de mayo.

2. Un año después, 1810, el calor del fuego iniciado en Chuquisaca prendió en la cuenca del Río de la Plata, en el puerto de Santa María de los Buenos Ayres. Los revolucionarios, agrupados en el cabildo de esta ciudad, protagonizan lo que se llama la “Revolución de Mayo”. Algunos de estos integrantes levantan la bandera de la unidad americana y la independencia de cualquier dominio extranjero. Eso los llevó a protagonizar encarnecidamente la lucha contra los porteños que, aliado con la inminente potencia Inglaterra, buscaban reemplazar una metrópoli colonial por otra. Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Juan José Castelli y tantos otros son las voces revolucionarias que 201 años después aún resuenan llamándonos a alcanzar la segunda y definitiva independencia.

3. Como forma de consolidar la ola revolucionaria que se alcanzaba en Nuestra América se iniciaron diferentes batallas contra los godos instalados en estas tierras y con refuerzos enviados por la corona española. Cuatro años después de la Revolución de Mayo, el coronel Juan Antonio Álvarez de Arenales (el mismo líder de la revuelta de Chuquisaca) derrotó a una fuerza peninsular tres veces mayor en La Florida, Alto Perú. Esta batalla sumada a tantas otras son las que luego culminarán con la gloriosa victoria de José Antonio Sucre en la batalla de Ayacucho.

4. Sin embargo la lucha continuó aún después de la expulsión del colonialismo español en Nuestra América, la misma lucha por la liberación de los pueblos. Con el advenimiento de las industrias surgieron grupos de proletarios explotados. Muchos de ellos eran inmigrantes europeos. Pero supieron saber que estaban en una tierra con una rica historia revolucionaria y rebelde. Es así que también en un 25 de mayo pero de 1857 los obreros gráficos fundaron la Sociedad Tipográfica Bonarense, la primera asociación de socorros mutuos de la Argentina. Estos obreros iniciaron una lucha por las 8 horas de trabajo, mejores condiciones laborales y salariales, y también por una sociedad mas justa y equitativa.

5. El mayo rebelde aún sigue cabalgando en el calendario. Esta vez con tristeza y vergüenza para Latinoamérica. Tristeza por la muerte de la heroína de la independencia americana Juana Azurduy. Vergüenza por el estado de pobreza y abandono en que fallece esta mujer que dio su familia por la liberación de estas tierras. Juana Azurduy había sido protagonista junto a su esposo Manuel Ascencio Padilla en la revuelta de Chuquisaca de 1809. Luego combatieron en las tropas patrióticas, con Juana como líder guerrillera y mujer combatiente dejando un ejemplo de que el género no es impedimiento. Sin embargo Juana ha sido reivindicada en el 2009 por la presidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner al ascenderla post mortem a General del Ejército Argentino.

En este recorrido por el calendario del Mayo rebelde de Nuestra América podemos encontrar que el 25 es un día muy particular. Una fecha con varios aniversarios, con hechos y actores históricos que nos convocan a reflexionar y debatir nuestra Historia. Hace un año los argentinos festejamos el bicentenario, como lo están haciendo ahora nuestros hermanos paraguayos, con alegría y ganas de seguir luchando por la segunda y definitiva independencia americana. Objetivo que hoy retoman los gobiernos revolucionarios y progresistas de la región para alcanzar el sueño de nuestros libertadores.

Roberto Deibe

Dpto. Historia CCC

http://robertodeibe.blogspot.com

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Efemérides de Nuestra América Febrero (I parte)

1 de Febrero

1932 Es fusilado en San Salvador, El Salvador, el revolucionario Farabundo Martí.

 

2 de Febrero

1536 Pedro de Mendoza funda el Puerto de Nuestra Señora del Buen Aire.

1813 La Asamblea General Constituyente, conocida como Asamblea del año XIII, declara libres a los hijos de madres esclavas nacidos después del 31 de enero de 1813. Dos días más tarde declara libres a todos los esclavos de países extranjeros que pisen el territorio de las Provincias Unidas. La resolución quedó sin efecto a fines de diciembre de 1813. El 21 de enero de 1814 la asamblea dispuso que quedaran en libertad los esclavos introducidos por vía de comercio o venta.

1848 Se firma el tratado de Guadalupe Hidalgo. Finaliza la Guerra entre EE.UU. y México, donde este último pierde gran cantidad de su territorio de su territorio.

 

3 de Febrero

1795 Nace en Cumana, Venezuela, el “Mariscal de Ayacucho” Antonio José de Sucre.

1929 Nace en Bogota, Colombia, el “sacerdote guerrillero del pueblo” Camilo Torres.

http://www.youtube.com/watch?v=4-8M1gkynL8&feature=related

1989 Finaliza en Paraguay, después de 35 años, la sangrienta dictadura del Gral. Alfredo Stroessner.

 

4 de Febrero

1794 Liberación de los esclavos en Haití, es la primera ley abolicionista de América.

 

5 de Febrero

1967 Muere la cantante popular chilena Violeta Parra.

http://www.youtube.com/watch?v=cJ9CeICphL8

 

 

6 de Febrero

1916 Muere Rubén Darío, poeta nicaragüense.

1932 Nace el revolucionario cubano Camilo Cienfuegos.

http://www.youtube.com/watch?v=5O8jRWHt_fc

 

7 de Febrero

1785 Nace en Salta Martín Miguel de Güemes. Peleó en las invasiones inglesas de 1806. Participó en la batalla de Suipacha. Formó parte del sitio de Montevideo, donde se encontraban los realistas. Y, junto a sus gauchos, combatió enérgicamente a los realistas en la frontera norte. Fue gobernador de Salta entre 1815 y 1820. Murió el 17 de junio de 1821.

 

10 de Febrero

1912 Se sanciona en Argentina la ley Sáenz Peña (Ley Nº 8.871) que establece el sufragio universal, secreto y obligatorio y el sistema de lista incompleta.

 

11 de Febrero         

1814 El gobierno de Buenos Aires expide un decreto en que se declaraba a José Gervasio de Artigas “infame”, le privaba de sus empleos y ofrecía 6.000 pesos a quien lo capturase vivo o muerto.

 

12 de Febrero

1541 Pedro de Valdivia funda la ciudad de Santiago del Nuevo Extremo a los pies del cerro Huelén, hoy denominada Santiago, capital de Chile.

1796 Nace en Tacarigua de Mamporal, Venezuela, la heroína por la independencia Eulalia Ramos Sánchez (Eulalia Buroz).

1818 En conmemoración al primer aniversario de la batalla de Chacabuco, Bernardo O’Higgins y José de San Martín proclaman la independencia de de Chile.

1984 Muere Julio Cortázar, escritor argentino.

 

13 de Febrero

1535 Nace el líder mapuche Lautaro.

http://www.educarchile.cl/Portal.Base/Web/VerContenido.aspx?ID=185581

1542 Gonzalo Pizarro y Francisco de Orellana descubren el río Amazonas.

1929 En Santiago-Cerro Marta, Panamá, nace el “Líder Máximo de la Revolución Panameña” Omar Torrijos Herrera. Fue asesinado misteriosamente por la CIA el 31 de julio de 1981 cuando su aeronave explotó en pleno vuelo.

 

14 de Febrero

1879 Empieza la Guerra del Pacífico, que enfrentó a Chile con Perú y Bolivia, cuando tropas chilenas ocuparon el puerto de Antofagasta, entonces territorio boliviano.

 

15 de Febrero

1787 Nace en Arequipa, Perú, el coronel mayor Ignacio Álvarez Thomas. Lucho por la Independencia, participó en la defensa de Montevideo durante las Invasiones Inglesas, en 1807. Encabezó la sublevación de Fontezuelas en 1815. Fue Director Supremo y jefe de Estado Mayor del ejército de Buroes Aires.

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La Vuelta de Obligado. El mito de una victoria

Por: Alejandro Pisnoy en Revista “Convergencia. Por un Judaísmo Pluralista y Humanista” Nº 40 Octubre-Diciembre.

 http://www.espacioconvergencia.com.ar/index.php?option=com_content&task=view&id=1995&Itemid=45

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Domingo de Olivera y Barahona. Prócer ecuatoriano-argentino

Por Jorge Nuñez Sanchez en el diario “El Telégrafo. (Primer Diario Público. Guayaquil, Ecuador) 23 de diciembre de 2010.

La gentileza de un respetado compatriota que reside en Buenos Aires, el doctor Otto Federico Aguilera, me ha permitido conocer la existencia de otro notable prócer ecuatoriano-argentino de inicios de la república: don Domingo de Olivera y Barahona.

Nacido en Ambato, actual capital de nuestra provincia de Tungurahua, el 10 de octubre de 1798, fue hijo de don Domingo de Olivera y Borja, nacido a su vez en Quito, a mediados del siglo XVIII, cuando esta ciudad pertenecía al Virreinato del Perú, y quien contrajo matrimonio con doña Manuela Barahona, radicándose luego en Lima.

Domingo fue educado en Lima con todo el cuidado debido a los hijos de la aristocracia, pero debió abandonar urgentemente esa ciudad, junto con su familia, tras el fracaso de la revolución contra el virrey Abascal ocurrida a fines de 1809, en la que su padre se hallaba comprometido. Tras refugiarse en el Alto Perú, la familia se trasladó a La Paz y luego a Chile. Tras la batalla de Tucumán, su padre y él entraron al Río de la Plata por la provincia de Salta y llegaron en marzo de 1813 a Buenos Aires.

Mientras su padre partía hacia Chile en agosto de 1820, para incorporarse al ejército libertador del Perú, Domingo, que llegó muy joven al Río de la Plata, fue abriéndose paso en el país, donde sus prendas morales y su personalidad le abrieron las puertas de los más distinguidos círculos sociales y políticos de la capital argentina. 

Inició su vida pública antes de cumplir 16 años, como empleado de la Intendencia de Policía, y en abril de 1819 ya era Oficial de Número del Ministerio de Hacienda. El  31 de julio de 1821 se casó con Dolores Piriz y Olaguer, de aristocrática familia criolla.

En marzo de 1822 fue nombrado por el ministro Bernardino Rivadavia como Secretario de la misión que iría a Chile y Perú, para liquidar la deuda por los gastos de las campañas libertadoras. Un año después, Rivadavia le encargó preparar la fundación de la “Sociedad de Beneficencia”. Y a mediados de 1823 presentó el “Reglamento para la Economía y Orden Interior de los Colegios de la Capital” y diseñó la creación de la Escuela de Agricultura, proyectos aprobados.

En enero de 1825 fue uno de los fundadores del periódico El Mensajero Argentino. Y en febrero de 1826 el presidente Rivadavia lo nombró Oficial Mayor del Ministerio de Negocios Extranjeros. Luego, durante la guerra con el Brasil, fue designado Oficial Mayor del Ministerio de Guerra y luego Secretario de Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina.

Afincado ya en su nuevo país, adquirió importantes propiedades, entre las que destacaba una estancia en Buenos Aires, que, al decir de Aguilera, “comprendía alrededor de una quinta parte de lo que es hoy la Capital Federal”. Agrega Otto que, “de aquel predio rústico, se conserva la casa principal o casco de la estancia, en un extenso parque conocido como Parque Avellaneda, en la zona oeste de la capital argentina”.

         Pero era también un hombre de cultura, y así se explica que haya sido encargado de redactar el “Reglamento para Orden y Estudio de la Universidad de Buenos Aires”, tarea de alta responsabilidad, que, en el caso chileno, fuera encargada al sabio polígrafo Andrés Bello.

En la Correspondencia del Libertador  Simón Bolívar con Chile y Argentina, compilada por don Vicente Lecuna, se reproducen varios documentos suscritos por Domingo de Olivera como Secretario de Negocios Extranjeros y/o Encargado del  Ministerio del ramo.

 

 

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Ensayo sobre quienes fueron los verdaderos protagonistas de nuestra independencia y como interpretamos su legado. (Parte IV)

Por: Alejandro Pisnoy. Prof./Invest. CCC

Los Verdaderos Protagonistas

De la Gran Republiqueta a las seis Republiquetas.

           

El enfrentamiento entre los países de la zona sur de esta región del continente (Perú, Chile, Bolivia, Paraguay, Uruguay y Argentina) es algo constante, social por un lado, o bélico por el otro. En lo social basado en la constante discriminación entre los pueblos y el menosprecio hacia las culturas originarias; pero estos enfrentamientos, muchas veces se relacionan directamente con lo segundo, ya que los gobiernos militares en su momento, o “democráticos”, en otro, fueron los artífices de estos enfrentamientos por mantener el poder, los intereses propios o los negocios con países imperialistas como EE.UU. e Inglaterra, además de generar una dependencia permanente con estos. Pero sí hubo hombres que después de las independencias también lucharon por la unidad e igualdad del continente, y que a pesar de ser  acusados de guerrilleros o tener ideas que se oponían a un sistema del que sólo se beneficiaba la clase oligárquica, sus ideales y sangre derramada se expandieron por toda Nuestra América.     

 

En 1776 España decide dividir el virreinato del Perú creando el virreinato del Río de la Plata, región que comprende en la actualidad los países de Argentina, Bolivia, Uruguay, Paraguay y parte de Chile. En 1782 la corona decide dividir este nuevo virreinato en ocho intendencias, La Paz, Cochabamba, Charca, Potosí, Paraguay, Salta, Córdoba y Buenos Aires; y cuatro gobiernos sometidos a la autoridad de vierrey, Montevideo, Misiones, Chiquitos y Moxos. Esta nueva división  acrecentó las malas relaciones entre los gobiernos de Lima y Buenos Aires por la inclusión de las minas de Potosí en este nuevo virreinato, y a su vez garantizo la estructura económica y administrativa.

                                                                

            No podemos dejar de lado que “el Río de la Plata fue la región hispanoamericana donde, después de México, cobraron formas más definidas los perfiles de las transformaciones sociales, a la vez que el conflicto anticolonial evolucionaba, como en Nueva Granada, hacia una caótica guerra civil. La lucha fraticida estaba asociada aquí a la política conservadora de las aristocracias de Buenos Aires, empeñada en impedir la pérdida de sus privilegios tradicionales y evitar una verdadera revolución”[1]; hechos que se dieron claramente en la Junta de Mayo, donde por un lado estaban los representantes de la oligarquía (terratenientes, comerciantes y saladeristas) y la iglesia encabezados por Cornelio Saavedra, presidente de la Primera Junta por un lado y los intelectuales encabezados por Mariano Moreno, Juan J. Castelli y Manuel Belgrano por el otro, con la idea de llevar adelante el Plan de Operaciones que Moreno había redactado en busca de eliminar la influencia oligárquica en los ejércitos, éste permitía a los pueblos originarios y mestizos ocupar el cargo de oficial, el respeto y reconocimiento a estos pueblos se hizo notar a cada momento por este grupo de intelectuales revolucionarios. Decía Moreno “hacerse amar por los naturales por la dulzura con que se les trate, hacerles formar verdadera idea de esta cusa y que conozcan que sus tiranos son los únicos autores de los estragos de la guerra que padecen”.

            Este fue sólo el comienzo en el camino a la emancipación, ¿pero que lugar ocuparon las clases populares en esta etapa? Las discusiones pueden  ser muchas, pero es innegable que las hubo y que a pesar de no ser muy organizadas en algunos casos, estas luchas, jugaron un papel fundamental, por un lado el de desgastar a las fuerzas realistas, cuando pudieron ser utilizadas para otros combates, se vieron obligadas a destinar ejércitos al Alto Perú, como veremos más adelante. Y por el otro apoyar e incorporarse permanentemente a los ejércitos organizados (como en los casos de M. Belgrano y J. de San Martín) para luchar por la independencia[2].     

            A fines de 1810 el Ejército del Norte, al mando de Castelli, vence en Suipacha a las fuerzas realistas, a medida que las ciudades del Alto Perú sabían de su llegada comenzaron las sublevaciones, estas se dieron a lo largo de toda la región, inclusive en la principales ciudades, tanto en la zona andina como en la oriental (La Paz, Oruro, Potosí, Chuquisaca, Cochabamba y Santa Cruz de la Sierra). El apoyo de los pueblos originarios aumento cuando Castelli pronunció en idioma quechua y aymará que se suprimía el tributo, el servicio personal indígena y se debían repartir las tierras y el ganado confiscado a los realistas. Además conmemoró el 25 de Mayo de 1811, 1º aniversario de la revolución, en las sagradas ruinas de Tiahuanaco.

            Belgrano fue el encargado de la ofensiva al Paraguay, donde las diferencias entre los grupos que conformaron las juntas criollas eran similares a las de Buenos Aires, por un lado el representante de la oligarquía, Fulgencio Yegros, y por el otro, el abogado (igual que Moreno), José G. Rodríguez de Francia. A finales de 1810 y comienzos de 1811 Belgrano dictó en guaraní el reglamento que daba la igualdad, derechos a la tierra y eliminación del tributo a los treinta pueblos originarios de Misiones.  

            Es el mismo Belgrano quién junto a San Martín se reúne en Buenos Aires, ambos convocan a  la conocida “Asamblea del Año XIII”, en la misma no sólo se resolvió desconocer a Fernando VII y establecer los símbolos nacionales, sino que también demostró la importancia que para ellos tenía la cuestión social declarando la libertad de vientres y la libertad de los esclavos para que puedan incorporarse a los ejércitos (la esclavitud recién quedó abolida en 1853), la abolición de la trata y los títulos nobiliarios, suprimió la mita, las encomiendas, los mayorazgos y los servicios personales de los pueblos originarios. Además sostenía mantener el comercio con Inglaterra, también quedaba Buenos Aires como centro hegemónico de la región, causa por la que la Banda Oriental y el Paraguay estuvieron en desacuerdo.         

 

Quizás, el caso más emblemático de la lucha popular es el que se da en la actual República Oriental del Uruguay, donde los estancieros Fructuoso Rivera y José G. Artigas (oficial criollo) encabezaron la revolución, que al igual que en México provino de las áreas rurales. En esta región al no haber una gran población y poca estratificación social, se vio beneficiada la lucha popular, contando con la participación de gauchos, peones, algunos sectores bajos de la iglesia, indígenas charrúas y esclavos negros.

Un acontecimiento que sostiene esta lucha popular y el apoyo que tuvo Artigas en la región fue ocho años después de aquel cabildo abierto de 1810, al mando de 2000 indígenas charrúas y guaraníes, el indio charrúa Andresito -Andrés Guacurari-, (además contó con los barcos corsarios del irlandés Setter Cambell que habían desertado de la expedición inglesa de 1806 y 1807) acabaron con la rebelión antifederal en Corrientes, quedando en claro el apoyo que tuvo Artigas en la región.

 

En Paraguay con un gran apoyo de los campesinos y peones sin tierra, y con el Dr. José G. Rodríguez de Francia a la cabeza, se declaro la independencia absoluta, tanto de España como de Buenos Aires y la Liga federal, porque no iban a aceptar las pretensiones de un gobierno centralista, ni la imposición de restricciones comerciales y económicas.

Luego se superar las conspiraciones por parte de la aristocracia yerbatera, campesina y comerciantes, que además contaban con el apoyo de Buenos Aires; y con el apoyo del pueblo Francia logró ser confirmado como dictador supremo, de esta menara solidificó una economía netamente campesina expropiando las tierras a los criollos que habían traicionado a la independencia, a los realistas y a la iglesia para repartirlas entre las comunidades guaraníes, chacareros y peones, esta política fue conocida como “Estancias de la Patria” porque las tierras eran administradas por el gobierno[3].

 

La región del Alto Perú fue la región en la que se registraron una gran cantidad de levantamientos independentistas a partir de 1809, influenciados por el recuerdo, siempre vivo de los levantamientos llevados adelante por Tupac Amaru en el Cusco, y Tomas Katari en Chayanta (norte de Potosí), veinte años atrás; estos se intensificaron a partir de 1810 con la llegada de Castelli primero y Belgrano unos años más tarde; justamente fue al mando de este último, que se dio el acontecimiento más importante y poco recordado en esta etapa por lo que representó y sigue representando, “el 23 de agosto el ejército patriota a las órdenes del general Manuel Belgrano comienza el heroico éxodo del pueblo jujeño en dirección a Tucumán en lo conoce como el “éxodo jujeño”. Ante la inminencia del avance de un poderoso ejército español desde el norte al mando de Pío Tristán, el 29 de julio de 1812, Belgrano emite un bando disponiendo la retirada general. La orden de Belgrano era contundente: había que dejarles a los godos (en referencia a los ejércitos realistas) la tierra arrasada: ni casas, ni alimentos, ni animales de transporte, ni objetos de hierro, ni efectos mercantiles”[4].

            El “éxodo jujeño” fue un hecho muy significativo, también hay que remarcar los levantamientos guerrilleros populares favorecidos por la diversidad del territorio que intercala valles, selvas y zonas de montaña, levantamientos que se dieron a lo largo y ancho del Alto Perú. Estos movimientos que se declaraban independientes a medida que iban derrotando a los ejércitos realistas tuvieron como resultado varias regiones fundamentales, cada una de éstas, lideradas por un jefe o caudillo, los españoles las denominaran, de forma despectiva, como “republiquetas”. En el norte, en las provincias del lago Titicaca, el sacerdote Idelfonso de la Muñecas operaba en Ayata, de esta manera controlaba el camino Bajo Perú. En la zona central, había dos grandes levantamientos, uno fue el de Juan A. Álvarez en Mizque y Vallegrande,  encargado de obstaculizar las comunicaciones entre Cochabamba, Chuquisaca y Santa Cruz. El segundo, fue el que comandaba  Miguel Lanza en Ayopaya dentro de las montañas y la selva, entre La Paz y Cochabamba. En Cinti, al sur, y cubriendo el camino por el que pasaban los ejércitos libertadores se encontraban los liderados por José Camargo. Chuquisaca fue defendida por Manuel Padilla y su compañera, Juana Azurduy. Y en Santa Cruz de la Sierra, último refugio de las guerrillas, estaban los grupos liderados por Ignacio Warnes[5].

            La contraofensiva de los realistas, la falta de apoyo por parte de los nuevos gobiernos centrales y la falta de organización hizo que en 1816 la lucha de las guerrillas fuera decayendo, tanto que muchos de los que lucharon frente a los españoles, entre ellos Juana Azurduy después del asesinato de su compañero, debieron replegarse hasta territorio salteño, donde al mando de Martín Miguel de Guemes, “padre de pobres”, el pueblo siguió desgastando y resistiendo los ataques realistas, defendiendo de esta manera la frontera norte.

            Hasta aquí la situación en el Alto Perú, estas acciones  complicarían aun más el panorama para los ejércitos realistas cuando en agosto de 1814, otra vez en la zona del Cusco, y reivindicando el levantamiento llevado a cabo por Tupac Amaru en 1790; comenzó una protesta de criollos y mestizos liderados por José Angulo, ésta se intensificó cuando se sumo el anciano, líder indígena de Chincheros Mateo Pumacahua, quién ya había participado en el levantamiento de Tupac Amaru. Esta rebelión contó con el apoyo de las clases más bajas, y logró conformar una nueva Junta de Gobierno en el Cusco, integrada por Cnel. Moscoso, Angulo y Pumacahua; la misma presento un documento que pronunciaba “…trescientos mil Incas, señores de este suelo, coronaran los cerros, sus cimas serán la atalaya de las operaciones de nuestras tropas; su encadenada secuela, los muros impenetrables de nuestra defensa y sus entrañas, las metrallas del exterminio de vuestras tropas, si osáis oponeros a nuestros sagrados deberes. Nosotros no vivimos si no establecemos nuestra sagrada liberación; ya se acabo la infamia de nuestra esclavitud”.[6]  

            La contraofensiva española a este levantamiento que alcanzó toda la región del sur del Perú, tuvo como consecuencia que sus líderes, Vicente y José Angulo, el cura Bejar, Pumacahua y el poeta Mariano Melgar entre otros, fueron ejecutados. Algunos, como el cura Muñecas lograron escapar, para seguir la lucha junto a las guerrillas del Alto Perú.

            Mientras las guerrillas del Alto Perú por un lado, y la resistencia al sur del Perú por el otro, provocaban el desgaste de los ejércitos realistas; San Martín en las zona de Cuyo comenzó la ofensiva hacia  Santiago de Chile y luego a Lima, centro del poder español en América, organizando un ejercito compuesto por campesinos pobres y esclavos ya liberados, al cual se sumo O´Higgins quién lideraba a los exiliados chilenos. Además contaban con el apoyo popular al otro lado de la cordillera. Obtenido el triunfo luego de una gran operación militar que incluyó el cruce de la cordillera (enero de 1817), O´Higgins ocupa el cargo de director supremo en Chile y dicta la confiscación de los bienes realistas y la igualdad de derecho a favor de los pueblos originarios. Al tiempo comenzó a peder poder por la acusación y el malestar de las provincias de ejercer una política centralista que sólo beneficiaba a Santiago.

            A comienzos de septiembre de 1820 San Martín llega a la península de Paracas, Perú, junto a un ejército conformado por argentinos y chilenos. La primera medida que toma es concederle la libertad a 600 esclavos, pero con la condición de sumarse a sus fuerzas, esto no le alcanzaba para poder enfrentar al ejército realista, para luego ocupar Lima; y es por ello que requiere y consigue el apoyo de los pueblos originarios que habitaban los valles ubicados al pie de la cordillera, estos hombres, además incentivaron levantamientos, tras abolir el tributo en Tarma y Huamanga. Estos hechos impulsaron para que las demás regiones se fueran sumando. Todavía permanecía en la memoria las leyes que había declarado Castelli en beneficio hacia los pueblos originarios del Perú y el Alto Perú; y en agosto de 1821 se declara la supresión de la mita, el tributo y cualquier tipo de trabajo forzado indígena, incluyendo le da la libertad a los más de 40000 hijos de esclavos que eran explotados en las plantaciones costeras[7].

           

          Hasta aquí queda bien en claro el papel fundamental que jugaron las clases populares en todas las circunstancias, desde esclavos e indígenas a criollos y pequeños comerciantes pasando por campesinos, líderes campesinos y guerrilleros, etc. Puede que en muchos casos hayan participado en menor medida, pero no hay duda que participaron y conformaron los ejércitos libertadores, como así también recuperaron derechos que les pertenecían y correspondían. Además hubo circunstancias en las que custodiaron el paso de los ejércitos, produjeron el desgaste o reubicación de los ejércitos realistas; cabe destacar respecto a la participación y el compromiso de las clases populares en este proceso de emancipación cuando al mando del mariscal Sucre los ejércitos que lucharon por la independencia, y en menor número, derrotaron a los  realistas en la batalla de Ayacucho, batalla que significó la derrota y fin, del colonialismo español en Nuestra América.  

 

Referencias Bibliográfica

 

Bethell, Leslie (Ed). Historia de América Latina. La Independencia. Ed. Crítica. Barcelona. 2000.

Carrillo, Joaquín. Jujuy. Apuntes de su historia civil. Ed. Univ. de Jujuy. Jujuy. 1989. En:http://www.elhistoriador.com.ar/documentos/independencia/el_exodo_jujeno.php

Chumbita, Hugo. América en Revolución. Breve historia de la emancipación de los países Americanos (1776-1830). Ed. Fundación Ross. Bs. As. 2010.

Guerra Vilaboy, Sergio. El Dilema de la Independencia. Ed. Ciencias Sociales. La Habana. 2007.

Lynch, John. Las Revoluciones Hispanoamericanas. 1808-1826. Ed. Ariel. Barcelona. 1983.

Mieres, Fernando. La Rebelión Permanente. Las revoluciones sociales en América Latina. Ed. Siglo XXI. México DF. 2001.

Monteagudo, Bernardo. Horizontes políticos. Ed. Aterramar. Bs. As. 2008.

Peña, Milcíades. Antes de Mayo. Formas sociales del trasplante español en el Nuevo Mundo. Ed. Fichas. Bs. As. 1973.  

Pomer, León. La Guerra del Paraguay. Estado, política y negocios. Ed. Colihue. Bs. As. 2008.

Vallejo, M. y López, H.. El ataque de Colombia en territorio ecuatoriano. Detrás de las palabra y los hechos. Ed. CCC. Buenos Aires 2009.


[1] Guerra Vilaboy, S. Op. Cit. pg. 74.

 

[2] Si bien la Historia Académica se encargo de ocultar o dejar de lado el papel relevante que tuvieron las clases populares, hubo casos, como el de Milciades Peña,  en los que explican que las masas no tuvieron participación en este proceso. “La teoría de que el movimiento de la independencia fue una revolución democrático burguesa necesita atribuirle a las acciones políticas que produjeron la independencia un contenido democrático y popular, ya que es imposible una revolución democrático burguesa hecha en contra o a espaldas de las grandes masas […] Las únicas masas existentes en la campaña eran los gauchos, ya que los agricultores no pasaban de una exigua minoría. Pero afirmar que los gauchos exigían el reparto de la tierra es algo tan descabellado que hay que leerlo varias veces para convencerse de que efectivamente eso y no otra cosa es lo que está sobre el papel. Porque si había algo que a las masas de la campaña –es decir, al gaucho- no le interesaba para nada era la tierra”. En: Peña, Milciades. Antes de Mayo. Formas sociales del transplante español al Nuevo Mundo. Ed. Ediciones Fichas. Buenos Aires. 1973. pg. 90.  

[3] Esta política le costó al pueblo paraguayo el aislamiento y hostigamiento permanente del exterior. Política que se incrementó cuando Argentina, Brasil y Uruguay, más el apoyo y financiamiento exterior de Inglaterra, libraron la llamada guerra de la Triple Alianza (o Infamia) creando la imagen de un gobierno tiránico por parte de Francisco Solano López. Uno de los historiadores que delata esta idea y critica las políticas tomadas contra Paraguay es León Pomer diciendo que: “En una América del sur y central en el que el fenómeno argentino se repite; en un mundo cada vez más controlado por el capitalismo de las grandes potencias el Paraguay debía despertar graves aprensiones. Tierra riquísima en maderas, algodón, tabaco y otros productos requeridos por las potencias centrales, parecía impensable que pudiera guiar su derrotero histórico con arreglo a sus intereses nacionales, a su propia voluntad. Era también un mal ejemplo, inquietante y subversivo. Podía sucitar imitadores. Debía ser destruido […] había que civilizarlo, si por ello entendemos el acceso a los grados superiores de desarrollo económico, social y cultural, partiendo de lo existente, de la verdad real […] en el país las cosas eran distintas: ni hambre ni caos y atisbos de un desarrollo moderno con circunstancias cada vez más favorables para que ello ocurriera. Circunstancias internas, por supuesto. Con ferrocarriles, telégrafos y fundición de hierro, con una vasta industria artesanal y la casi total ausencia de latifundistas, sin una clase mercantil orgánicamente vinculada a las potencias centrales y un dilatado campesinado usufructuando tierras propias o del Estado y explotaciones agrarias estatales, en el Paraguay se habían creado condiciones para un acceso a nuevos y superiores grados de desarrollo económico, social y cultural por un vía inédita y si se quiere insólita. Ejemplo penoso y peligroso para los gobernantes del Brasil y del Plata; pero además una realidad cerrada de pillaje de los que estaban pillando nuestro país, el Uruguay, el Brasil y otros países de América del Sud. Y esto fue llamado “barbarie”. En: Pomer, León. La Guerra del Paraguay. Estado, política y negocios. Ed. Colihue. Buenos Aires. 2008.    

[4] Carrillo, Joaquín. Jujuy. Apuntes de su historia civil. Ed. Univ. de Jujuy. Jujuy. 1989.pg.En:http://www.elhistoriador.com.ar/documentos/independencia/el_exodo_jujeno.php

[5] En: Lynch, John. Las Revoluciones Hispanoamericanas 1808-1826. Ed. Ariel. Barcelona. 1983. pg. 136.

[6] En: Guerra Vilaboy, S. Op. Cit. pg. 91

[7] Esta política a favor de las clases populares, además de los levantamientos que se fueron produciendo, hizo que parte de los terratenientes y propietarios peruanos, siempre aliados de la corona, empiecen a declararse a favor de la independencia, pero con el beneficio de poder mantener sus tierras. Lo cierto era que se empezaba a quebrantar la relación entre algunos sectores de las clases altas y los realistas.

 

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