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Rebautizar América (I Parte)

Más allá de las identidades, tradiciones, culturas, que definen sus actuales repúblicas o regiones, nuestra América se erige como una unidad superior –tal vez la de mayor coherencia en el mundo- con fuertes raíces y valores comunes que la potencian como entidad más que la dividen.

El problema ha sido que nos han querido escamotear nuestra identidad, para que el sueño de la Patria Grande, de la Confederación de Repúblicas Mestizas, como quería Bolívar y tantos otros patriotas, nunca se hiciera realidad. Para ello obraron, desde el comienzo de nuestra guerra por la primera independencia, las diplomacias y fuerzas militares de Inglaterra y Estados Unidos, así como los “espíritus de localías” –entiéndase las oligarquías nacientes en cada joven república que se iba independizando- que bien denunciara Bernardo Monteagudo en su “Ensayo sobre la necesidad de una Federación General entre los Estados hispanoamericanos y plan de su organización”, escrito en Quito en 1823.

“En este continente se habla prácticamente una lengua, salvo el caso excepcional del Brasil, con cuyo pueblo los de habla hispana pueden entenderse, dada la similitud entre ambos idiomas. Hay una identidad tan grande entre las clases de estos países que logran una identificación de tipo internacional americano, mucho más completa que en otros continentes”. Esto nos señalaba el Che en su famoso Mensaje a los pueblos del mundo a través de la Tricontinental, allá por 1967.

Podemos acudir a Elena Poniatowska para abundar en esto; escribe en un ensayo titulado Memoria e Identidad: “Fueron los conquistadores los que nos dieron nuestra actual identidad latinoamericana al imponer su lenguaje, su idea del núcleo familiar, su catolicismo, su machismo (no tenemos noticia del machismo indígena)…

“Por la palabra se ha unificado a América latina desde el río Bravo hasta Tierra del Fuego, por la palabra guardamos memoria, y la palabra ha sido instrumento de lucha, la palabra nos ha hecho reír, y la palabra se ha levantado en contra del silencio y en contra del sufrimiento.”[1]

Pero volviendo al Che y su discurso citado: “Lenguas, costumbres, religión, amo común, los unen. El grado y formas de explotación son similares en sus efectos para explotadores y explotados de una buena parte de países de nuestra América. Y la rebelión está madurando aceleradamente en ella.”

Ciertamente no es nueva la descripción desarrollada por el Che: un siglo antes, más precisamente en 1864, el ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Alvaro Covarrubias, en una nota dirigida al embajador de España, a propósito de la crisis hispano-peruana por la cuestión de las islas Chinchas, escribía:

“Las repúblicas americanas de origen español forman en la gran comunidad de las naciones, un grupo de Estados Unidos entre sí por vínculos estrechos y peculiares. Una misma lengua, una misma raza, formas de gobierno idénticas, creencias religiosas y costumbres uniformes, multiplicados intereses análogos, condiciones geográficas especiales, esfuerzos comunes para conquistar una existencia nacional e independiente: tales son los principales rasgos que distinguen a la familia hispanoamericana. Cada uno de los miembros de que ésta se compone ve más o menos vinculado su próspera marcha, su seguridad e independencia a la suerte de los demás. Tal mancomunidad de destinos ha formado entre ellos una alianza natural, creándoles derechos y deberes recíprocos que imprimen a sus mutuas relaciones un particular carácter. Los peligros exteriores que vengan a amenazar a alguno de ellos en su independencia o seguridad, no deben ser indiferentes a ninguno de los otros; todos han de tomar parte en semejantes complicaciones, con interés nacido de la propia y la común conveniencia.”[2]

En este escenario es que el Che veía madurar la rebelión, y se preguntaba al respecto: “¿cómo fructificará?, ¿de qué tipo será? Hemos sostenido desde hace tiempo que, dadas sus características similares, la lucha en América adquirirá, en su momento, dimensiones continentales.”[3]

El Che veía el escenario continental para la concreción de la segunda y definitiva independencia, tal como había sido escenario en la primera. La globalización de esta aldea común en que se ha transformado el mundo, nos lleva a pensar en la justeza de esta afirmación, con la cual adquiere nuevo vigor en estos comienzos del siglo XXI, el renovado objetivo de la Patria Grande, pensada su integración en términos de cierta institucionalización. Pero cuando hablamos de “Patria Grande”, ¿a quiénes estamos incluyendo? ¿Cuál es nuestra identidad? Esto es importante dilucidarlo porque, como escribe Heinz Dieterich, “Un pueblo sin identidad es un gigante miope. No puede ver el camino que ha de andar para su liberación. Destruir su identidad u ofuscarla significa cegar al pueblo y mantenerlo dentro de las cadenas seculares que le han sido impuestas. Contribuir a la reconstrucción y al avance de esta identidad, es decir, su capacidad de autodeterminación es, por ende, obligación prometeica de cualquier auténtico compromiso latinoamericanista.”[4]

Horacio A. López.


[1] M. Benedetti y otros. Nuestra América contra el V Centenario. Editorial Txalaparta. Tafalla. Navarra. 1990, p. 156 y 162.

[2] Citado por Miguel Rojas Mix en Los cien nombres de América, a su vez tomado de Patria y Federación de Justo Arosemena, La Habana, 1977.

[3] “Revista Tricontinental de Cuba”. La Habana. 1967.

[4] Heinz Dieterich. Emancipación e Identidad de América latina: 1492-1992, en Nuestra América contra el V Centenario. Editorial Txalaparta. Tafalla. Navarra. 1990, p.71.

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Efemérides de Nuestra América Noviembre (I parte)

1 de Noviembre

1857 El ejército de Buenos Aires vence a los indígenas liderados por el Cacique Calfulcura en Cristiano Muerto.

 

3 de Noviembre

1909 Con la participación de EE.UU. Panamá se declara independiente de la República de Colombia.

1930 Tras realizar un golpe de estado Getúlio Gómez asume el poder en Brasil.

 

4 de Noviembre

1780 Estalla en el Cuzco la rebelión indígena liderada por Túpac Amaru.

1964 En Bolivia el general y vicepresidente René Barrientos Ortuño asume el poder luego de encabezar un golpe militar al presidente Victor Paz Estanssoro.

1984 En Nicaragua el Frente Sandinista de Liberación Nacional, encabezado por Daniel Ortega y Sergio Ramírez vence en las primeras elecciones posteriores al fin de la dictadura de A. Somoza.

 

5 de Noviembre

1838 Independencia de Honduras.

1975 Muere Agustín Tosco.

http://www.youtube.com/watch?v=Mz2Lpm4MGjQ&feature=related

 

7 de Noviembre

1810 Al mando del Gral. A. Balcarce, el ejército revolucionario logra su primera victoria ante los realistas en Suipacha.

1976 Muere en combate el comandante revolucionario sandinista y nicaragüense Carlos Fonseca Amador.

http://www.youtube.com/watch?v=OtKbl5I6tpo

 

11 de Noviembre

1909 A manos de Simón Radowiski, anarquista nacido en Rusia el 10 de septiembre de 1891, es ajusticiado y asesinado por haber encabezado y ordenado la represión y asesinato de trabajadores, el coronel Ramón Falcón, jefe de Policía de la capital.

 

15 de Noviembre

1533 Francisco Pizarro ocupa la ciudad de Cuzco, corazón y capital del imperio Inca.

1781 Luego de ser traicionado muere en Bolivia Tupac Catari.

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Efemérides de Nuestra América. Septiembre (I parte)

2 de Septiembre

1901 El vicepresidente de Estados Unidos Theodore Roosevelt pronuncia su famoso discurso “Habla en voz baja y lleva contigo un gran garrote (big stick)”; días después asumió como presidente.

 

4 de septiembre

1812 A través de un decreto, los miembros del Primer Triunvirato abren las fronteras del territorio a todos los extranjeros dispuestos a respetar las leyes y disponen otorgar ayuda a quienes ejercieran la agricultura.

1970 Salvador Allende, candidato de la Unidad Popular, gana las elecciones presidenciales de Chile.

 

6 de septiembre

1930 El presidente radical Hipólito Yrigoyen es derrocado por un golpe militar, encabezado por el teniente general José Félix Uriburu. Por primera vez, desde 1853 se interrumpía el orden constitucional. Uriburu ocupó la Casa de Gobierno como presidente provisional de la Nación, iniciando un período conocido como “década infame”, en alusión al fraude electoral y los negociados de corrupción que caracterizaron el período.

 

7 de septiembre

1822 Se declara la independencia de Brasil, “Grito de Ipiringa”.

 

11 de septiembre

1973 El general Augusto Pinochet encabeza un golpe militar en Chile y derroca al gobierno constitucional del presidente Salvador Allende, quien se suicidó durante el asalto al palacio de la Moneda.

Documental: http://www.youtube.com/watch?v=ZHST-z3_COM

 

12 de septiembre

1821 El gobierno suprime por decreto la Gaceta de Buenos Aires, primer órgano de prensa de las ideas revolucionarias, nacido el 7 de junio de 1810. En su redacción participaron Juan José Castelli, Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Manuel Alberti, Pedro Agrelo y Bernardo de Monteagudo.

 

14 de septiembre

1810 La ciudad de Cochabamba, Alto Perú (actual Bolivia) se levanta en armas apoyando la Revolución de Mayo.

1816 El coronel Manuel Asencio Padilla, tras salvar la vida de Juana Azurduy, su compañera, es alcanzado y decapitado por el Cnel. realista Javier Aguilera en El Villar, Alto Perú.

 

15 de septiembre

1821 Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua proclaman su independencia.

1842 Es fusilado en Costa Rica Francisco de Morazán, héroe de la independencia centroamericana.

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De Monteagudo a UNASUR, una vocación de Unidad Regional.

Ponencia del Prof. y Lic. Pablo José Reid, en la I Jornada de Historia del Centro Cultural de la Cooperación.

 

La unidad de los países americanos no es una novedad surgida en los últimos años con el impulso dado con el ALBA primero y UNASUR después, por la iniciativa de los presidentes Chávez de Venezuela y Da Silva de Brasil respectivamente. La sensación de la necesidad de alguna forma de unidad existe desde los momentos mismos de la revoluciones de 1810.

Más aun podría decirse que en realidad la independencia y los sucesos bélicos y político-económicos inmediatos posteriores rompieron esa unidad en el mundo hispanoamericano.

En efecto, la América Española era una unidad concentrada bajo el cetro de los reyes de Castilla, formada por cabildos y pueblos reunidos en cuerpos jurídicos administrativos mayores pero artificiales; los virreinatos y las capitanías generales.

Dicho concepto no fue olvidado por los impulsores de la independencia. Ya desde el comienzo de la epopeya revolucionaria, mentes visionarias como las de Francisco de Miranda, José de San Martín, Simón Bolívar, Bernardo de Monteagudo, Juan de Egaña, José del Valle y otros, sostuvieron la necesidad de concretar esa unión ya sea en un solo gran Estado continental o en una  alianza regional de estados.

El propósito de este trabajo, es demostrar como los principios esbozados en el “Ensayo” de Bernardo de Monteagudo sobre la unidad americana, escrito en 1824, se materializan en los acuerdos alcanzados en el Congreso Anfictiónico de Panamá de 1826 y como regresan con las actualizaciones del presente en UNASUR con la ventaja de que este ya no se limita  solo a Hispanoamérica, sino que incluye a otros países como Brasil, Guyana y Surinán, países de origen no hispano.

De Monteagudo a Unasur

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Levantamientos en América Latina, fines del siglo XIX y comienzos del XX.

Sol de libertad -Track

A fines del siglo XIX y comienzos del XX hubo varios factores que llevaron a  distintos levantamientos en nuestro continente, estos fueron provocados por varios factores como el aumento de la explotación, que tendría como consecuencia la politización de estas clases, el avance del capitalismo y la consolidación de los modelos neoliberales.

En Argentina en 1879 el general J. A. Roca organizaba la última etapa de la mal llamada “Conquista del Desierto” reprimiendo, expulsando y aniquilando a los indígenas que habitaban la región pampeana y patagónica de Argentina en busca de la consolidación del Estado Nacional y la apropiación de grandes extensiones de tierras con el proyecto de que fueran entregadas a colonos y pequeños propietarios que llegaban desde Europa, pero nada fue así, finalmente las tierras fueron repartidas y entregadas a una pequeña minoría de familias burguesas ligadas al poder, las cuales pagaban sumas irrisorias de dinero por estas tierras.

En Perú, en 1886, los indígenas de la zona de Huaraz se sublevan contra el gobierno que encarceló y mando al azote al alcalde Pedro Atusparia quién reclamaba la derogación de nuevos y desmedidos tributos. El gobierno de Lima mientras tanto, reprimiría en búsqueda de recuperar el orden campesino y del mundo rural para asegurarse las ventajas que le proporcionaba el sistema económico de explotación.

Mientras tanto en el nordeste brasileño, en 1893, la resistencia provenía desde las clases marginales de la zona del sertao[1], donde una gran masa de mestizos y negros acompañados por viejos bandidos y propietarios, conducidos por Antonio Conselheiro resistía la represión del gobierno en Canudos, a quienes le querían imponer la hostilidad de la nueva república liberal instalada en 1889.

En 1899,  el jefe de los “andinos” de Venezuela, Cipriano Castro, amenazaba desde sus montañas al presidente Ignacio Andrade diciendo: “¡Aprenderá a conocer como roncan los tigres que bajan de los Andes!”.  Y en octubre de 1899 la Revolución llegaría al poder para luego convocar a elecciones. En Uruguay, Aparicio Saravia en 1897 se levanta contra el gobierno con un centenar de paisanos mal armados en defensa de su autonomía ya que desde Montevideo les querían imponer las reglas del mercado, pero a diferencia del caso Venezolano Saravia sería derrotado, y siete años después, en 1904 volvía a la lucha donde encontraría la muerte en la batalla de Masoller, esta marcaría el triunfo de José Batlle, con el que continuaría una larga sucesión familiar en el gobierno uruguayo.

            En México los campesinos también comenzarían el camino de la revolución en contra del gobierno y las políticas económicas de Porfirio Díaz en 1910. Desde el norte y el sur comenzaban los repartos de tierras, y en 1911 la Revolución Mexicana llegaba al poder, pero también comenzaban las internas entre V. Carranza y P. Villa y E. Zapata, y que finalizaría con la derrota y asesinato de estos dos últimos.

            En Nicaragua, Augusto C. Sandino, al frente de un pequeño ejército campesino decide desconocer el acuerdo entre el gobierno conservador y liberal nicaragüense y los EE.UU., y lanzarse a la guerrilla. Sandino y su ejército serían derrotados y las tierras quedarían en manos de un pequeño grupo que controlaba la riqueza agraria del país.

Pero, no sólo los levantamientos, rebeliones o revoluciones provenían desde los campesinos y las zonas rurales, las zonas mineras, principalmente en México y Chile, las zonas laneras-textiles de la patagonia Argentina y las zonas frutícolas y cafeteras de Colombia y Ecuador también protagonizarían y llevarían a cabo grandes huelgas, que al igual que los levantamientos campesinos eran fuertemente reprimidas por parte del Estado, que desde cada ciudad capital decidía los negociados, repartos de tierras y políticas económicas a seguir con las potencias europeas y, ya principalmente a finales del siglo XIX y comienzos del XX con los EE.UU.

 

Alejandro Pisnoy

Profesor/Investigador del CCC            

     


[1] Región de poca población o periferia de la periferia. 

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