Notas con la etiqueta ‘Asamblea del año XVIII’

El orador criollo

LOS HOMBRES DE LA REVOLUCION DE MAYO. CASTELLI

 El orador criollo

Transitamos ya el año del Bicentenario. Nos toca a nosotros, jóvenes y viejos, ser testigos de este singularísimo momento histórico que encuentra a nuestro continente convulsionado por un renacer de sus pueblos. Como en aquellos años del nacimiento de la Patria Americana están decididos a ser protagonistas del inicio de un nuevo tiempo que retome los objetivos y sueños inconclusos de los hombres de Mayo. Aquellos fervores revolucionarios triunfaron en su afán por terminar con el colonialismo de la cruz y la espada luego de 300 años de dominación, pero el gran plan de crear una gran Patria Americana que asegurase definitivamente para sus pueblos Libertad, Igualdad, Justicia, Democracia fue disipado en el devenir de la historia. No se logró.

Aquella gran utopía americanista, propia de los grandes momentos, creadora de hombres y mujeres notables, fue precisamente abrazada por nuestro Castelli, quien moriría muy tempranamente enmudecido por un cáncer de lengua, pero con la mirada puesta hacia la liberación definitiva de su patria, consecuente con el que fuera su norte a lo largo de la vida. Similar destino había tenido su camarada Mariano Moreno, asesinado en un luctuoso viaje luego de su derrota a manos del partido conservador y contrarrevolucionario. No fueron vidas paralelas las de estos dos grandes hombres de su época. La Revolución los unió, los transformó en una amalgama indisoluble, convirtiéndose en una fuerza vigorosa y dinámica que sería determinante en la génesis de la revolución.

Enemigo del término medio

Juan José Antonio Castelli-Villarino vino al mundo el 19 de julio de 1764. Su padre veneciano, fue médico boticario; hombre laborioso y honrado que a lo largo de su vida fue armando una respetable fortuna. María Josefa Villarino, madre del prócer, era hija de un rico terrateniente venido de Vigo.

Los dos años en Chuquisaca serían determinantes en su formación intelectual. Se doctoró en derecho, lo cual posibilitó que tuviera el primer bufete de abogado en su Buenos Aires natal. En el camino de retorno pasará por el Potosí. Observará su cerro preñado del mineral plateado amasado con la sangre de decenas de generaciones de indios. Su primer paso en la vida profesional fue en el Real Tribunal del Consulado de Buenos Aires. Lo hizo de la mano de su amigo y primo Don Manuel Belgrano. El joven Castelli ya se caracterizaba por su alma apasionada, un temperamento ardiente, voluntad de acero y, al decir de Monteagudo, «enemigo de todo término medio». A los 30 años contrajo matrimonio con María Rosa Lynch-Golajn, con quien tendría seis hijos.

En su ciudad, nuestro hombre, a pesar de sus logros, sufría con indignación lo que padecían todos los hijos de españoles nacidos en las Indias. Los peninsulares gozaban de todos los privilegios en detrimento de los aquí nacidos, quedando en un lugar de subordinación y de inferioridad, inclusive si sus padres tenían títulos españoles. En 1808 desarrolla la doctrina que dará sustento jurídico al cuestionamiento contra al poder colonial. Fundamenta concluyentemente que América debe quedar de facto independiente de España, toda vez que el vínculo real que los une se ha roto, por la interdicción del Rey, que es justamente el lazo de unión. América tiene igual derecho que España a formar su gobierno, “España ha caducado”. En lo sustancial su teoría se iría desplegando como una punta de lanza en el cuestionamiento al poder colonial y en el venablo que se clavaría en el corazón del sistema español en los días de la ruptura política.

Impronta revolucionaria

Su fama como orador de la Revolución nace de uno de los momentos cruciales de su vida y la de su Patria naciente: el Cabildo abierto del 22. El debate tumultuoso reúne una enorme presión dentro y fuera del Cabildo. Interviene el obispo Lue en representación del partido realista, planteando un audaz reto a los criollos: los españoles deben reasumir el mando por su sola condición de origen y «hasta cuando ya no quedase un solo español». Nicolás de Vedia y el doctor Cosme Argerich, le piden a Castelli que «hable por nosotros». El orador criollo interviene en forma magistral. Su concepto y forma convence y entusiasma a la Asamblea. Su discurso vehemente y fundado es interrumpido por aplausos y el pueblo desde la Plaza aplaude y vitorea a Castelli.

Cabeza de Tigre lo marcó para los tiempos por venir, que ciertamente serán intensos y muy cortos. La Junta ordena arcabucear a los conjurados contra la Revolución encabezados por Liniers, quien se convierte en traidor a la causa del pueblo que luchara heroicamente contra los ingleses. Moreno fundamenta la necesidad del escarmiento para defender a la naciente Revolución. Ocampo y Vieytes vacilan. Moreno responde: «nada hemos de conseguir con benevolencia y moderación». Castelli cumple la orden con profunda convicción política. Los facciosos son fusilados. La Revolución se salva.

En esa situación crítica, Moreno envía a su amigo al Alto Perú con plenos poderes para terminar «con los mandones». Quizás pocas situaciones políticas muestren con tanta claridad el plan de Mayo, como el accionar de Castelli en el Alto Perú.

Se trataba de imponer un nuevo sistema de gobierno auténticamente democrático ejerciendo una intensa propaganda hacia el pueblo, colocando a criollos en el mando. Reformar la enseñanza, reorganizar la Casa de la Moneda. Crear nuevas leyes para elevar en su condición a las masas indígenas. Reorganizar el ejército y la administración pública. Castelli reparte tierras, pregona el nuevo ideal de la Patria, elabora manifiestos y arenga apasionadamente al pueblo.

Por su parte, el presidente godo de Chuquisaca, Vicente Nieto, sentencia a muerte a todos los hombres llegados de Buenos Aires. “Los Americanos han nacido para ser esclavos, destinados por la naturaleza para vegetar en la oscuridad y el abatimiento”. Como vemos, la guerra es a muerte. El brillante secretario de Castelli, Monteagudo, rubrica a su vez la ejecución de los principales jefes realistas.Luego vendrá la derrota de Huaqui. El ejército se debilita por el sabotaje del saavedrismo y su estímulo a los núcleos norteños pudientes que se oponen a los «Jacobinos de Buenos Aires» y el mando del ejército auxiliador.

En el fondo, luego de la muerte de Moreno, lo que emerge era la intención de abandonar el Plan de Mayo y restaurar viejos intereses y culturas con un nuevo formato. El gobierno surgido del golpe de abril de 1811 enjuicia a Castelli y Belgrano. Vivió entonces Castelli largos meses de dolor e ingratitud. Un cáncer en la lengua avanzaba implacable. El 12 de octubre muere, pobre y perseguido, al decir de Manuel Moreno.La amargura de los últimos días de su vida contrastará con el profundo reconocimiento que le tributará su pueblo en los tiempos por venir.

Resulta imprescindible, entonces, recuperar la esencia de su pensamiento, el ejemplo de su conducta y acción y especialmente su disposición a cambiar la historia enfrentando con la máxima determinación humana y confianza en el futuro los obstáculos que lo viejo, en su vano intento por no morir, levanta con furor.

El comisionado Castelli plantó las banderas de la Patria sobre las ruinas de Tihuanaco. Aquel 25 de mayo de 1811 proclamó ante sus tropas y el pueblo altoperuano: «ordeno que siendo los indios iguales a todas las demás clases (…) declaro que son acreedores a cualquier destino y empleo de que se consideren capaces del mismo modo que todo nacional idóneo sea de la clase y condición que fuese, siempre que sus virtudes y talentos lo hagan dignos de la consideración del gobierno (…) que en el preciso término de tres meses deberán estar ya derogados todos los abusos perjudiciales a los Naturales y fundados todos los establecimientos necesarios para su educación sin que a pretexto alguno se dilate, impida o embarace el cumplimiento de estas disposiciones». Dos siglos después, un descendiente de aquellos indios liberados por la revolución juraba como Presidente de la Nación Boliviana ante aquellas históricas ruinas, sus dioses y su pueblo histórico.

Profesor Juan Carlos Junio

Director Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini

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Integridad y talento natural

LOS HOMBRES DE LA REVOLUCION DE MAYO. BELGRANO

Integridad y talento natural

Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, nace en Buenos Aires el 3 de junio de 1770. Como la mayoría de los hijos de las clases pudientes, realiza sus primeros estudios en el colegio de San Carlos en su ciudad natal. Se traslada a España para estudiar la carrera de derecho en Salamanca y Valladolid, la que culminará en 1789, el año de la Revolución francesa.

Este extraordinario acontecimiento generó un efecto huracanado en todo el mundo y también en nuestro joven estudiante. Él mismo dirá que «como consecuencia de la  Revolución en Francia, se apoderaron de mí las ideas de la libertad, igualdad, fraternidad, propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre, fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la Naturaleza le habían concedido».

La figura de Belgrano ha generado un sentimiento generalizado y coincidente de respeto y valoración por su trascendente rol en la Revolución de Mayo y en las Guerras de Independencia contra los ejércitos restauradores del colonialismo que reaccionaron con furor ante el grito de libertad e independencia de los pueblos del continente. Sin embargo resulta necesario señalar el intento permanente de que la vida y el papel de este personaje decisivo y crucial de nuestra historia, se vea reducida al rol de “hombre abnegado y desinteresado y Padre de nuestra Bandera”. Completa el esquema la descripción heroica de sus triunfos de Salta y Tucumán y las “tragedias” de Vilcapugio y Ayohuma.

Propiedad de la tierra

Ciertamente, no se debe restarle mérito al enorme simbolismo que significó la creación de una Bandera Nacional en un país que todavía no existía como tal. Por el contrario, hay que ubicarlo como un firme acto de rebeldía y una clara contribución política a forzar la marcha de la historia en aquellas circunstancias brumosas. Podemos interpretarla como una audaz intuición independentista, frente a las corrientes más inclinadas a retardar la ruptura con el viejo orden político y cultural. Los que «fernandeaban» al decir de Monteagudo. Sin embargo Belgrano fue un hombre de una personalidad desbordante, apoyado en una cultura vasta y profunda, que incluía las lecturas en Europa de los libros prohibidos, gracias a una expresa autorización papal por sus aventajados estudios. Si ahondamos en su formación, veremos la huella no sólo de los ilustrados franceses, Rousseau, Montesquieu; sino también de Jovellanos, Floridablanca y Campomanes, e inclusive de  los pensadores italianos más avanzados en los temas de formación de los estados nacionales. Fue traductor del libro de su admirado Francois Quesnay: “Máximas generales de gobierno económico de un reino agricultor”, famosísimo en su época.

Antes de ser un político sagaz y de clarísima percepción y un militar valiente y decidido, fue un intelectual capaz de sostener una mirada crítica sobre los grandes temas en debate en su época y de proponer primero e implementar después, nuevas ideas y enfoques para el análisis de la realidad de su país. Durante más de diez años luchó desde su sitial de Secretario del Consulado para romper la rutina de siglos de una cultura primitiva y oscurantista, e inculcar a sus compatriotas ideas renovadas que posibilitaron realizar progresos, en el marco del Virreinato. Fue Belgrano defensor e impulsor de una idea sustancial y revolucionaria para su tiempo. La riqueza no se debe constituir del producto de la explotación de la mano de obra indígena y de la extracción de metales preciosos, sino del trabajo productivo de la tierra. De allí su constante inquietud por transformar el régimen de propiedad de la tierra, típico del colonialismo atrasado y brutal del feudalismo español.

El vendaval

Su visión como economista, ciencia ésta que amaba, estuvo fuertemente influida por el pensamiento de los fisiócratas. Bajo su inspiración decía Belgrano con un profundo sentido crítico: «se han elevado entre los hombres dos clases muy distintas, la una que dispone de los frutos de la tierra, la otra es llamada solamente a ayudar con su trabajo (…) las unas se someten invariablemente a la mente de los otros». Se aprecia claramente que sus ideas estaban lejos del estereotipo del hombre moderado que algunos le endilgan. En esta cuestión, fue Belgrano el primero que propuso una idea de reforma agraria, basada en la expropiación de las tierras baldías para entregarlas a los desposeídos. El vendaval de la Revolución lo une al núcleo de criollos que toman la determinación de constituir un gobierno propio, independiente, rompiendo en todos los sentidos con el colonialismo. Va con Moreno, Castelli y San Martín, por el camino de la lucha. No dudará en actuar como jefe militar, diplomático, periodista, educador, jurista y cualquier otro oficio que hiciera falta.

Es interesante apreciar un rasgo de gran determinación en sus actos. En carta a Moreno del 20 de octubre de 1810, le dice: «Deje a mi cuidado el dejar libre de godos al país (…) ellos han de ayudar a nuestros gastos, por lo pronto he mandado a rematar la estancia de uno que se ha profugado a Montevideo».En la misma misiva, le cuenta a Moreno que el realista Vigodet es una «solemne bestia». Se despide del Secretario de la Junta diciéndole «basta mi amado Moreno, desde las cuatro de la mañana estoy trabajando y ya no puedo conmigo».

Fue Belgrano un creyente sincero y consecuente con su fe cristiana: «Dios nos da la unión y con ella todo lo resistiremos».. Esa era su convicción. Sin embargo, lo definitivo de su conducta fue la lucha política. No dudó entonces en ordenar la detención y remisión a Buenos Aires del obispo de Salta que conspiraba con los realistas.

Una de las facetas más valiosas de este gran constructor fue su convicción acerca de la necesidad imperiosa  de transformar radicalmente el sistema educativo colonial y de instruir al pueblo. Es este sentido fue Belgrano un verdadero fundador de una nueva educación para una nueva Patria: «Sin educación en balde es cansarse, nunca seremos más de lo que desgraciadamente somos».

Trabajó sobre los ámbitos más urgentes de la enseñanza primaria y secundaria, esforzándose por generalizar los estudios de las primeras letras, creando escuelas, principalmente para los núcleos más abandonados del sistema vigente: los indios, los hombres de campo y las mujeres”. En la cuestión de la mujer, denunciaba que “las tenemos condenadas a las bagatelas, y a la ignorancia, a pesar del talento privilegiado que distingue a la mujer”.

Función del Estado

Para el prócer, la educación primaria debía ser una función del Estado. En este sentido, fue el primer estadista que enarboló el principio de educación obligatoria y gratuita. Sostenía que la gratuidad debía ser sostenida por fondos recaudados con el producto de multas y confiscaciones o previendo la contribución de los pudientes para pagar a los maestros, a quienes siempre enaltece e idealiza, resaltando con gran sinceridad y convicción la función civilizadora y moral del docente.

Muchas liviandades e irrelevancia se han escrito sobre su vida privada. Basta decir que tuvo un hijo de su relación con María Ezcurra, que será adoptado por la familia Rosas, y crecerá con el nombre de Pedro Pablo Rosas y Belgrano. Más tarde en Mayo de 1819, de su amor con la joven tucumana María Dolores Helguera nació su hija Manuela Mónica Belgrano.

Difícilmente nos podamos sustraer  de la mejor opinión para finalizar esta breve reseña. Decía el General San Martín de nuestro ilustre patriota: «Belgrano es el más metódico de los que conozco en nuestra América, lleno de integridad y talento natural. No tendrá los conocimientos de un Moreau o un Bonaparte en punto a milicia, pero créame usted que es lo mejor que tenemos en América del Sud”. Moría, aquel 20 de junio de 1820, pobre y abandonado en su casa de la calle San Domingo (hoy Belgrano).

Creó la Bandera, y también fundó escuelas, repartió tierras, blandió la espada, impartió justicia, fue amigo leal y sincero, amó y fue amado. El Bicentenario de la patria lo encuentra incrustado en la memoria de su pueblo.

Prof. Juan Carlos Junio. Director del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini”.

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Cuando todo estaba por hacerse

LOS HOMBRES DE LA REVOLUCION DE MAYO. MONTEAGUDO

Cuando todo estaba por hacerse

            El tucumano Bernardo de Monteagudo Cáceres formó parte del núcleo de hombres que por su acción y talento sustantivos, su conducta política indoblegable y su audacia intelectual fueron determinantes en la gesta por la liberación del colonialismo de la cruz y de la espada y fundadora de una nueva Patria Americana.

Es casi seguro que nació el 20 de agosto de 1789. Su padre fue un labrador en la Provincia de Albacete y luego capitán de milicias y comerciante en tierra americana. Su madre, Catalina Cáceres, pertenecía a una familia respetable de Tucumán. Monteagudo integró la pléyade de jóvenes estudiosos que en Chuquisaca abrevaron en el pensamiento de Rousseau y Montequieu, inspiradores de prédicas revolucionarias. Influyeron en el espíritu innato de rebeldía de Monteagudo las lecturas del jesuita francés G. Reynal, ferviente partidario de la libertad de los indígenas y la abolición de la esclavitud.

A los 20 años, escribe el «Diálogo entre Atahualpa y Fernando VII en los Campos Eliseos», un folleto de circulación clandestina a modo de sátira política. Allí su personaje el Rey Atahualpa cuestiona con lengua filosa la dominación española y reivindicando a los derechos de los americanos, dice: «habitantes del Perú (…) despertad ya del penoso letargo en que habéis estado sumergidos. Desaparezca la penosa y funesta noche de la usurpación y amanezca luminoso y claro el día de la libertad. Quebrantad las terribles cadenas de la esclavitud y empezad a disfrutar de los deliciosos encantos de la independencia». El ingenio literario y la audacia política ya lo desbordaban siendo muy joven.

En esa crucial y dramática situación del pueblo altoperuano rebelado, el joven Monteagudo será la pluma vehemente e impugnante del poder colonial y sus brutales y sanguinarios gobernantes. La proclama de la Junta Tuitiva –de su autoría- dice «hasta aquí hemos tolerado esta especie de destierro en el seno mismo de nuestra patria (…) Hemos guardado un silencio bastante parecido a la estupidez que nos atribuye el inculto español sufriendo con tranquilidad que el mérito de los americanos haya sido siempre un presagio cierto de su humillación y ruina». La represión ordenada por el sordo Cisneros causó cientos de muertos por «subversivos al orden público que promueven las detestables máximas del partido francés».

Pasión del Alto Perú

Castelli y Monteagudo, unidos por la misma pasión revolucionaria, compartían un fuerte sentimiento por aquella tierra altoperuana, que fue no sólo el lugar de su formación intelectual, sino también del despertar de su rebeldía política y cultural y muy espacialmente donde conocieron en las calles y ruinas de Potosí, Cochabamba y La Paz, la más cruel explotación humana a que se veían sometida la población india. Allí conocieron también la epopeya de la gran rebelión de Tupac Amaru. Aquí resulta necesario señalar un hecho económico social que sustenta y trasciende el relato. La economía colonial mediante su sistema de dominación dispuso durante 300 años de la mayor fuerza de trabajo conocida hasta entonces, lo cual hizo posible la extracción de riqueza más fabulosa que había conocido la humanidad.

En definitiva de eso se trataba: apoderarse de las riquezas de las entrañas de la tierra y de la que emana de la apropiación del trabajo de millones de seres humanos.

Ya en Buenos Aires, el joven y experimentado Monteagudo se integró a los nucleamientos que el partido continuador del plan de Moreno fue creando. Participó de la fundación de la Sociedad Patriótica, junto a la recién creada logia de los Caballeros Racionales con San Martín como líder y de la constitución de la Asamblea del año XIII. Fue Monteagudo uno de los principales impulsores de la histórica Asamblea dominada por la logia, y su aporte intelectual fue sustancial también en el grupo de inspiradores y redactores del documento que significó un paso gigantesco en la lucha por terminar con los anacronismos coloniales: eliminación de la odiada Inquisición, abolición de tributos a la población india, supresión de los títulos de nobleza e instrumentos de tortura y muchos otros.

La guerra de independencia lo une al otro hombre clave de la época, el General San Martín. Será en el futuro el principal pensador asociado al político y militar que se sintetiza en la figura de San Martín. Fue su más fecundo redactor de leyes y proclamas y hombre de acción siempre que hizo falta como auditor de guerra del ejército de los Andes. En ese carácter tendrá el gran honor de redactar el acta de la independencia de Chile que firmará O´ Higgins el 1º de enero de 1818.

Su aporte a la revolución americana fue crucial y no se detuvo hasta su muerte. Continuó el derrotero sanmartiniano en el Perú, donde fue Ministro de Guerra y luego de Gobierno y Relaciones Exteriores, sustentando la mayoría de las decisiones y medidas más transformadoras del orden vigente.

Claro y firme sentido

Tampoco Bolívar pudo sustraerse a la necesidad de sus servicios. El mismo declaraba “Francamente Monteagudo conmigo puede ser un hombre infinitamente útil” (carta a Santander), confiándole entonces la trascendente tarea de preparar el Congreso Anfictiónico que debía reunirse en Panamá, con vistas al cumplimiento de la tarea suprema del los revolucionarios americanistas: la ansiada unidad política de todos los pueblos y naciones preexistentes del continente.

Nuestro prócer fue apuñalado y muerto un 25 de enero de 1825, en una calle limeña, cuando visitaba a su amante Juanita Salguero. El puñal del matador Candelario Espinosa ponía fin a 35 años de vida de uno de los hombres más notables de la historia argentina y americana.

Cuando todo estaba por hacerse, por inventarse, como reclamaba el gran maestro venezolano Simón Rodríguez; nuestro tucumano ofreció su enorme talento, su prédica implacable frente a los enemigos y los siempre moderados apaciguantes, pensó en incorporar a los sectores más amplios de la Nación, convocó a las mujeres a participar de la lucha y acompañando a lo más lúcido de su época, tuvo un claro y firme sentido americanista continental. Soñó con San Martín, Bolívar, O´Higgins, Castelli y Moreno con la Patria Americana.

Esa gran tarea está por hacerse. De eso se trata una vez más.

Prof. Juan Carlos Junio

Director del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini”

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