“FRONTERAS NACIONALES, DESCOLONIALIDAD Y MEMORIA: PERSPECTIVAS Y DESAFÍOS”. (II Parte)

08/01/2013

Por Horacio López.

En cuanto a la colonialidad del saber, en el campo de la Historia, estamos en una batalla contra esas producciones gestadas desde la herencia colonial. En estos tiempos de Bicentenarios hemos levantado lanzas contra aquellos que subsumen la guerra de independencia en fenómenos más amplios como la revolución liberal burguesa en España. El historiador colombiano Medófilo Medina, en un artículo inédito tituladoConsideraciones en torno al paradigma de François Xavier Guerra sobre las Revoluciones Hispánicas, señala que François Xavier Guerraasume los eventos ocurridos entre 1808 y1824-1825 como un proceso único entendido como la crisis de la Monarquía Hispánica que condujo a una transformación en sus dos pilares: la Península y América.1 O el llamadociclo de revoluciones atlánticasdefinido por historiadores europeos y norteamericanos como Jacques Godechot y Robert Palmer. En las obras de ambos autores ocupan un lugar central la investigación y la argumentación sobre las revoluciones y otros eventos de cambios políticos que se desarrollaron en los cuatro últimos decenios del siglo XVIII y los primeros del XIX. Si bien la revolución en Hispanoamérica no es objeto de la preocupación principal de estos historiadores, está incorporada en el modelo, así sea de manera sintética.

En 1947 Godechot publicó el libro Histoire de l´Atlantique,2 en el que en escala de larga duración aborda al océano Atlántico como sujeto y escenario de acontecimientos y procesos históricos. En otra escala temporal Godechot aborda en Les Révolutions (1770-1799) la revolución asociada a una época y a dos espacios geosociales: Europa y los Estados Unidos.3 En la misma perspectiva este autor extiende su análisis al período comprendido entre 1800 y 1815: L´Europe et l´Amérique à l´époque napoléonienne (1800-1815).4

El historiador norteamericano Robert Roswell Palmer, en su obra The age of democratic revolution,5 concibe la Revolución norteamericana y la Revolución Francesa como movimientos pertenecientes a la misma serie de eventos históricos, de la cual serían momentos culminantes pero no únicos. En verdad, Palmer construye un panorama del desarrollo de lo que con su correspondiente acento político-ideológico se ha denominado la civilización liberal de Occidente.

Cuando se dice que Mayo de 1810 en Buenos Aires no hubiese sido posible sin la invasión francesa a España, se está subestimando, creo, la dinámica propia del cambio, y se está poniendo el centro en un hecho europocéntrico.

Entre las deconstrucciones que se han venido produciendo en los últimos años en todas partes del mundo, figura como una de las contribuciones fundamentales, como afirma Edgardo Lander,el cuestionamiento de la historia europea como Historia Universal.6

Historia europea como una Historia Universal que no contempla, por ejemplo, a la revolución haitiana como la primer revolución antiesclavista triunfante en el mundo, la primera declaración de independencia y constitución de una República en Nuestra América el de enero de 1804. Frente a las limitaciones eurocéntricas, coloniales y esclavistas de las revoluciones de Estados Unidos y de Francia, la Haitiana se erigió como el primer proceso transformador que se propuso seriamente llevar adelante la universalización de los Derechos del Hombre y de los principios de Libertad e Igualdad.7¡

¿A qué se debe esta indiferencia historiográfica?, se pregunta Martínez Peria en su Introducción a su investigación titulada ¡Libertad o Muerte! Historia de la Revolución Haitiana. La respuesta la da el propio autor al citar al antropólogo haitiano Michel Rolph Trouillot, quien sostiene quedicho proceso revolucionario, aun en el momento mismo de su desarrollo, era para la cosmovisión racista del mundo occidental 'impensable', porque aquellos que lo llevaban adelante eran esclavos negros.8 Porque para esa Historia, obviamente -esto lo digo yo- , los negros no hacen revoluciones.

Debemos pues descolonizar las categorías de la Historia, o sea no desplegar nuestra propia Historia con categorías europeas. ¿Por qué atenernos a la convencional periodización europea dividiendo la Historia en Antigua, Medioevo, Moderna, Contemporánea?¿Por qué no inventar nuestra propia periodización?

Lo hizo el historiador argentino nacionalizado chileno, marxista y de profunda identidad nuestramericana, Luis Vitale. En su trabajo Introducción a una teoría de la Historia para América latina, partiendo de la base de la necesidad de un enfoque totalizante para esbozar una nueva periodización de la historia de Latinoamérica, propone los siguientes períodos:

1º) Pueblos cazadores, reproductores; más de 50.000 años AnE.

2º) Modo de producción comunal; 5000 años AnE. 3º) Transición hacia las formaciones de las sociedades Incas y Aztecas; 1000 años AnE. 4º) Formaciones sociales Incas y Aztecas y Modo Producción comunal tributario. 5º) Formación social Colonial. 6º) Revolución Anticolonialista, hasta la formación de naciones formalmente independientes; 1804-1860.

7º) Formación social capitalista primaria exportadora; 1860-1890.

8º) Formación social semicolonial I en los inicios de la fase imperialista; 1890-1930. 9º) Formación social semicolonial II; de 1930 en adelante.

10º)Se inicia la nueva fase con periodo de transición al socialismo (Cuba).9

Estaríamos en esta última fase, incluyendo todas las luchas y cambios ocurridos en la segunda mitad del siglo XX y las experiencias actuales en Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua.

Pero si pensamos la Historia desde la lucha de los pueblos y los procesos revolucionarios, si cualificamos desde el punto de vista de las rupturas producidas por cambios profundos y revolucionarios, podríamos construir una subperiodización desde el inicio del nivel 6º) de Vitale, no ateniéndonos a los Modos de Producción sino a las rupturas políticas y sociales:

1º Subperíodo: 1804-1826/ 2º: 1826-1898 la guerra independentista en Cuba/ 3º: 1898-1910, rev. mexicana/ 4º: 1910-1959/ 5º: 1959-1999 (Cuba, Chile en los 70, Nicaragua 79, Chiapas 94)/ 6º Periodo: 1999 hasta nuestros días. Aquí entran los procesos en Venezuela, Bolivia, Ecuador (las revoluciones bolivariana, ciudadana, indígena).

Estas subperiodizaciones no significan santificar la concepción unilineal y unidireccional de evolución que, como nos dice Aníbal Quijano en Don Quijote y los molinos de viento en América Latina, el eurocentrismo enseñó a pensar desde fines del siglo XVII10, sino utilizando categorías como la de articulado o multilineal, lograr una concepción reticular, de entramados nodales dialécticamente influenciables unos por otros: La influencia de Venezuela en el continente, por ej., o la de Bolivia sobre otros países hermanos con población indígena; la influencia de las democracias como la argentina, ecuatoriana o brasileña sobre Honduras, por ejemplo.

Creo que la característica común entre el 1º y 6º subperíodos – o sea entre 1804-1826 y 1999 hasta nuestros días - es la Revolución Continental como objetivo estratégico.

1 Medófilo Medina, “Consideraciones en torno al paradigma de François Xavier Guerra sobre las 'Revoluciones Hispánicas'”, artículo inédito.

2 Jacques Godechot, Histoire de l´Atlantique (París: Bordas, 1947).

3 (París: Presses Universitaires de France, 1963). Hay traducción al castellano: Las revoluciones (1770-1799) (Barcelona: Editorial Labor, 1981). Un poco antes, este autor había publicado un extenso análisis sobre la difusión de la Revolución Francesa en Occidente, La grande nation: l´expansion révolutionaire de France dans le monde de 1789 à 1799, 2 vols. (Paris: Aubier, 1956).

4 (París: Presses Universitaires de France, 1967). Hay traducción al castellano: Europa y América en la época napoleónica (1800-1815) (Barcelona: Editorial Labor, 1969).

5 Robert R. Palmer, The age of democratic revolution, 2 vols. (Nueva Jersey, Princenton University Press, 1959-1964). Antes de este libro, Palmer había publicado un artículo en el que hablaba por vez primera de larevolución democrática de Occidente,The world Revolution of the west: 1763-1801, Political Science Quaterly, 69.1 (1954): 1-14. Para un comentario sobre el paradigma interpretativo de Palmer cf. Edoardo Tortarolo,Eighteen-century Atlantic history old and new, History of European Ideas, 34.4 (2008): 369-374.

6 Edgardo Lander, “Ciencias Sociales: saberes coloniales y eurocéntricos” en Eduardo Lander, compilador, La colonialidad del saber, ediciones CICCUS, CLACSO, Buenos Aires, 2011, p. 16.

7 Juan Francisco Martínez Peria, ¡Libertad o Muerte! Historia de la Revolución Haitiana, Ediciones del CCC, Buenos Aires, 2012, contratapa.

8 Ibid., p. 12.

9 Luis Vitale. Introducción a una teoría de la Historia para América Latina. Buenos Aires, 1992, Editorial Planeta, p. 66.

10 Aníbal Quijano, Don Quijote y los molinos de viento en América Latina, PDF, p. 3.

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