Eric Hobsbawm. El rebelde primitivo de la historia crítica

23/01/2013

Escrito por: Alejandro Pisnoy y Lucas Ricci*, Especial para CONVERGENCIA

Eric Hobsbawm, nació el 9 de junio de 1917 en Alejandría, Egipto, mismo año de la Revolución Rusa, acontecimiento que marcará el pensamiento de Hobsbawm como historiador. Se educo en Berlín y en Londres, se doctoró en la King´s College de Cambirdge; a lo largo de sus 95 años, ha publicado una gran cantidad de obras y artículos. Entre ellas, podemos mencionar "Rebeldes Primitivos" (1959) y "Bandidos"(1969); "La era de la Revolución, 1789-1848, Industria e Imperio" (1968); "Captain Swing" (en co-autoría con G. Rude, 1968); "En torno a los orígenes de la Revolución Industrial" (1971); "La era del capital, 1848-1875" (1975); "La era del imperio, 1875-1914" (1987); "Los ecos de la Marsellesa" (1990); "Naciones y Nacionalismos desde 1780" (1990); "Historia del siglo XX"(1994); "Entrevista sobre el siglo XXI" (1999); "Sobre la Historia" (1998); "Guerra y Paz en el siglo XXI" (2007) y su última publicación "Cómo cambiar el mundo" (2011).

La historiografía marxista

Bajo la dirección de Maurice Dobb y Richard Henry Tawney, aparece en Gran Bretaña luego de la Segunda Guerra mundial, una de las generaciones de historiadores que mayor aporte ha hecho al campo de la historiografía social, y que ponían especial interés en la historia popular y de las clases bajas, utilizando una metodología marxista de exepcional flexibilidad y capacidad de renvación. Ligados al partido comunista británico, formaron parte de una de las escuelas marxistas de mayor entidad en aquel rincón del mundo. Entre sus representantes más  destacados aparece el historiador Eric Hobsbawm [1].

Afiliado al Partido Comunista desde los 14 años, Hobsbawm, fue uno de los historiadores que siempre buscó ampliar el pensamiento crítico y el campo del materialismo histórico. Para nuestro colega, el Prof. Daniel De Lucía[2], Hobsbawm es uno de los más importantes de la historiografía contemporánea como un gran revisionista y sobre todo de la teoría marxista. Su etapa más interesante son las décadas del 60 y 70 donde desarrolla trabajos como Rebeldes Primitivos, Bandidos, Captain Swing, En torno a los orígenes de la Revolución Industrial, entre otros, haciendo aportes muy importantes para que la historiografía marxista pudiera comprender en toda su rica complejidad los movimientos sociales y la lucha de clases en las sociedades pre-industriales, superando las viejas rémoras deterministas, evolucionistas y las miradas unilineales sobre el desarrollo de las sociedades modernas. Las formas en que los hombres luchaban por sus intereses y derechos cuando todavía no habían logrado elaborar una visión alternativa al orden social existente; antes que se hubiera inventado esa cosa resbalosa y media oscura que se llama política. Conceptos como "revueltas del trono y el altar", "turba pre-política", "sectas políticas", etc. revolucionaron la forma de comprender la lucha de clases en los siglos en que se iba formando la moderna sociedad burguesa y donde las sociedades periféricas al mundo industrial con sus rémoras pre-modernas e incluso a las sociedades del denominado tercer mundo (América Latina, mundo islámico, Oceanía) con sus propias contradicciones.

Para De Lucía, es en ese terreno donde la obra de Hobsbawm tiene, en el plano de la investigación histórica aplicada a casos concretos, un valor semejante a los aportes que Gramsci hizo para el enriquecimiento del materialismo histórico en un plano más teórico. Al igual que el pensador italiano, Hobsbawm intentó demostrar como se podía combatir en lo inmediato lo mismo que en otro plano se seguía considerando inamovible. A nuestro entender, también hay una diferencia entre el Hobsbawm de los 60 y 70 con el Hobsbawm pos caída del muro, donde apunta, sin dejar de lado el análisis crítico, a un discurso más moderado, tal vez arrastrado por un mundo globalizado, término que él mismo define como que “es posible garantizar a todo el mundo que van a tener igual acceso a la Coca-Cola. Pero no es posible que todos tengan el mismo acceso a una entrada para el teatro de ópera de la Scala de Milán. Porque por naturaleza misma de este, bien el número de entradas de la Scala es limitado y no se pueden producir más […] por eso creo que el problema de la globalización es la aspiración a garantizar un acceso tendencialmente igualitario para todos los productos de un mundo que es, por su naturaleza, desigual y distinto[3].

Este análisis es muy distinto al planteado a fines de los sesenta en un mundo donde distintos movimientos sociales irrumpían y se presentaban con consignas utópicas y revolucionarias, y Hobsbawm no dudaba en criticarlas diciendo que “el motivo por el que 1968 (y su prolongación en 1969 y 1970) no fue la revolución, y nunca pareció que pudiera serlo, fue que los estudiantes, por numerosos y movilizables que fueran, no podían hacerla solos. Su eficacia política descansaba sobre su capacidad de actuación como señales y detonadores de grupos mucho mayores pero más difíciles de inflamar. Desde los años sesenta los estudiantes han conseguido a veces actuar así: precipitaron una enorme ola de huelgas de obreros en Francia y en Italia en 1968, pero, después de veinte años de mejoras sin paralelo para los asalariados en economías de pleno empleo, la revolución era lo último en que pensaban las masas proletarias[4].

Antes de adentrarnos en la última parte del presente artículo, donde desarrollaremos brevemente el análisis y el interés de Hobsbawm por los acontecimientos en la historia de Nuestro continente, queremos presentar dos puntos de análisis de este gran historiador con respecto a conceptos que nos pueden ayudar a discernir temas de candente actualidad; el primero de ellos, es el análisis que hace sobre el significado de limpieza étnica. Para él, “el genocidio se ha convertido en un término utilizado con exceso y, por tanto, se ha depreciado; algo así como lo que ha sucedido con la palabra fascismo. El genocidio es un proyecto de eliminación total de una etnia. De algún modo, es una extensión lógica, y extrema, de la limpieza étnica[5]. El segundo término al que nos interesa hacer referencia es sobre el concepto de populismo. Hobsbawm plantea que “es un término que se usa en sentido demasiado general. La mayoría piensa que el populismo esta asociado a la derecha política, pero también puede estar asociado a la izquierda o al centro. Populismo simplemente quiere decir gobiernos que tratan de hablar directamente con la gente; lo que pueden hacer con diferentes propósitos. Perón era populista en un sentido, y Chávez, en otro. No diría que el populismo como tal debe ser aceptado por completo o rechazado […] el gobierno representativo no es muy eficaz. A veces funcionan mejor la prensa o los movimientos directos[6].

Nuestra América en la historia de Hobsbawm

El historiador cubano Sergio Guerra Vilaboy[7] nos definió la importancia de la historiografía inglesa marxista de la segunda mitad del siglo XX, y de la cual Hobsbawm es uno de los principales estandartes, como un pilar para la renovación historiográfica marxista en América Latina y Cuba. Pero el análisis del propio Hobsbawm sobre nuestro continente lo podemos dividir en dos partes, la primera es la que tiene que ver con sus obras La era de la Revolución (1789-1848) e Historia del siglo XX, donde no hay un gran desarrollo de la historia regional, quedando bastante desvirtuada y ligada directamente a los procesos europeos sin dar crédito a los procesos locales. Ejemplo de ello es cuando en la primera obra mencionada dice que el proceso de la revolución e independencia de Haití, la primera de nuestro continente, es un “movimiento de liberación colonial, inspirado por la Revolución Francesa, posibilitados por la separación temporal de las colonias de sus metrópolis[8]; si bien la discusión sobre el tema no pasa por este artículo, podemos decir que la Revolución Francesa fue una revolución burguesa, y la revolución Haitiana fue una revolución anti-esclavista e independentista liderada por esclavos negros.

Algo similar al caso planteado anteriormente, es lo que sucede con el proceso y la lucha por la emancipación del continente americano, donde Hobsbawm plantea y lo reduce a la simple consecuencia de que “La Revolución española (1808) reavivó el movimiento de liberación de sus provincias suramericanas, que había sido aplastado después de un esfuerzo inicial y reducido a unos pocos refugiados y a algunas bandas sueltas[9], dejando de lado más de 25 años de lucha, pensamientos e ideas para consolidar la independencia de nuestro continente.

La segunda parte, es muy diferente a la anteriormente citada, porque en sus obras más selectas, Rebeldes Primitivos y Bandidos, realiza análisis e investigaciones sobre acontecimientos y personajes de la historia de nuestro continente que muchas veces la propia historia local y elitista se encargó de silenciar, historias de héroes populares como la de los cangançeiros en el nordeste brasilero o Mate Cosido en el Chaco Argentino; los casos más conocidos de Villa y Zapata en México; los análisis que realiza sobre la violencia en Colombia y el movimiento campesino en Perú (ambas en Rebeldes Primitivos), o el permanente análisis sobre Fidel Castro y la Revolución Cubana en varias de sus más conocidos escritos. Porque para Hobsbawm “la emancipación de la humanidad no puede limitarse exclusivamente a las personas respetables. Las no respetables también se rebelan, a su manera[10].

Es mucho lo que podemos agregar sobre este gran historiador que nos dejo la mejor de sus palabras, su escritura y sus grandes obras, su influencia, y por sobre todas las cosas su ejemplo de que “el historiador tiene que ser infinitamente curioso; tiene que poder imaginar las emociones de personas que no se le parecen. […] los historiadores son, de alguna manera, escritores, novelistas: tienen que imaginar, pero no pueden, deben guiarse por los hechos. Y el historiador tiene sus propios sentimientos pero ellos no deben inferir con las pruebas[11].


[1] Aróstegui, Julio. La investigación histórica: teoría y método. Barcelona. Crítica. 2001. Cap. 2. pp. 121-123.

[2] Daniel De Lucía es Profesor del I.S.P. Dr. J. V. González de la C.A.B.A. En las cátedras de Historia Argentina y Americana I y II y de Historia de África. Es coordinador de un grupo de investigación en el Dpto. De Historia del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini”. Además publicó y prologó obras sobre diversos temas.

[3] Hobsbawm, Eric. Entrevista sobre el siglo XXI. Ed. Crítica. Barcelona. 2000.

[4] Hobsbawm, Eric. Primer Mundo y Tercer Mundo después de la Guerra Fría”. Revista de la CEPAL Nº 67. Abril de 1999. pag. 7-13.

[5] Hobsbawm, Eric. Op. Cit.

[6] Hobsbawm,Eric.En: La historia del siglo. Revista Ñ. 9 de Junio de 2007.

[7] Sergio Guerra Vilaboy es Doctor en Historia. Director de postgrado en la Universidad de La Habana. Presidente de ADHILAC. Además publico una gran cantidad de obras sobre la historia de América Latina y el Caribe.

[8] Hobsbawm, Eric. La era de la Revolución, 1789-1848. Ed. Crítica. Buenos Aires. 1999.pg.96.

[9] Hobsbawm,Eric.Op.Cit2.pg.117.

[10] Hobsbawm,Eric. Bandidos. Ed, Crítica. Barcelona 2001. pag. 195.

[11] Hobsbawm, Eric. La historia del siglo. Revista Ñ. 9 de Junio de 2007.

* Investigadores del Dpto. De Historia del Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini”


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