Archivo de Enero de 2013

Eric Hobsbawm. El rebelde primitivo de la historia crítica

Escrito por: Alejandro Pisnoy y Lucas Ricci*, Especial para CONVERGENCIA

Eric Hobsbawm, nació el 9 de junio de 1917 en Alejandría, Egipto, mismo año de la Revolución Rusa, acontecimiento que marcará el pensamiento de Hobsbawm como historiador. Se educo en Berlín y en Londres, se doctoró en la King´s College de Cambirdge; a lo largo de sus 95 años, ha publicado una gran cantidad de obras y artículos. Entre ellas, podemos mencionar “Rebeldes Primitivos” (1959) y “Bandidos”(1969); “La era de la Revolución, 1789-1848, Industria e Imperio” (1968); “Captain Swing” (en co-autoría con G. Rude, 1968); “En torno a los orígenes de la Revolución Industrial” (1971); “La era del capital, 1848-1875″ (1975); “La era del imperio, 1875-1914″ (1987); “Los ecos de la Marsellesa” (1990); “Naciones y Nacionalismos desde 1780″ (1990); “Historia del siglo XX”(1994); “Entrevista sobre el siglo XXI” (1999); “Sobre la Historia” (1998); “Guerra y Paz en el siglo XXI” (2007) y su última publicación “Cómo cambiar el mundo” (2011).

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“FRONTERAS NACIONALES, DESCOLONIALIDAD Y MEMORIA: PERSPECTIVAS Y DESAFÍOS”. (III Parte)

Por Horacio López.

CONCLUSIONES:

  1. Democratizar la Historia. Sacar a la Historia de los cubículos academicistas y de los manuales de fechas y personajes de bronce.

No podemos repetir el discurso de la dominación ni utilizar las fuentes documentales positivistas y neopositivistas; deberemos descubrir otras fuentes que respondan mejor a lo popular. Debemos ver la Historia en sus procesos, analizar las causas de los fenómenos, los protagonistas, las reivindicaciones que los mueven, desde el punto de vista de los intereses populares. Y tiene que ser una Historia intercultural, que tenga en cuenta la cosmovisión de los pueblos originarios, de los afros y de todo grupo que se haya asimilado en nuestros territorios, a través de sus culturas, y sus lenguajes escritos y orales.

  1. Reconstruir la Historia; escribir una nueva Historia y divulgarla masivamente.

(Ejemplo de divulgación de la Historia en Venezuela, en donde todos debaten la Historia en las plazas). Utilizar para esto las corrientes del pensamiento surgidas en Nuestra América, como el “Bolivarismo”, que incluye a lo creado por todos nuestros pro hombres de la independencia; el nuestroamericanismo redentor de Martí, Manuel Ugarte; el marxismo revolucionario (como los de Mariátegui, Fidel, el Che); las ideologías emanadas del nacionalismo popular, de la teología de la liberación.

  1. Este ciclo Bicentenario debe producir una profunda reflexión, una profunda reconceptualización desde el punto de vista del conocimiento y la epistemología de esa Historia tan manipulada, tan cómoda, en la que no aparecemos en tanto campo popular.

  1. Desmontar el cientificismo europocéntrico. Negarnos a construir el ciclo Bicentenario desde la óptica de la dominación. Rechazar la historia de contenido eurocéntrico en función del mundo mediterráneo y de Europa Occidental y construir la historia con nuestra mundivisión americanista.

Plantearnos una ruptura epistémica con esa mentalidad europea. No somos neutros en la Historia, no nos asumimos neutros. Creemos en una Historia comprometida y estamos contra un imaginario historiográfico de la dominación que subyace en discursos, en celebraciones pomposas, en los relatos de las Academias. Por eso también debemos descolonizar nuestras mentes primero, para luego descolonizar las culturas; pero primero, como dice Dussel, debemos autovalorarnos1

  1. Reivindicar la identidad nuestramericana. Francisco Bilbao, chileno, y José María Torres Caicedo, colombiano, comienzan a usar el término “América Latina” por 1856 en sus conferencias en París; los franceses lo utilizan a partir de la invasión de Maximiliano a México.

Cuando se habla de Íberoamérica o de Hispanoamérica, se lo hace desde la lógica de la dominación hispana, del neocolonialismo. Lamentablemente hay que reconocer que las actuales reuniones Íberoamericanas, de presidentes o ministros, son expresiones a mi modo de ver, del nuevo colonialismo que pretende ejercer España, representado claramente por el “¡Por qué no te callas!” del Rey a Chávez.

Siguiendo a Martí, hay que hablar de Nuestra América, esa América vestida de negro, de indio, de mestizo, mulato y blanco. Decía Simón Rodríguez:en lugar de pensar en medos, persas o egipcios, pensemos en los indios2. Y José Martí nos aconsejaba:La universidad europea ha de ceder a la universidad americana. La historia de América de los incas acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia3.

Y en esto de referenciar lo propio, pensemos también sobre qué fronteras eliminamos y cuáles erigimos en función de esa identidad y soberanía nuestramericanas constituidas en los desafíos urgentes de la nueva época: los ejemplos mejores tal vez sean las viejas fronteras que va eliminando UNASUR y las nuevas que la CELAC interpone entre nosotros y EE.UU. Y Canadá.-

1 Enrique Dussel. “Transmodernidad e interculturalidad, en Edgardo Lander compilador.La colonialidad del poder, Ediciones CICCUS, CLACSO, Buenos Aires, 2011, p. 65.

2 Simón Rodríguez. Obras completas, Caracas, Universidad Simón Rodríguez, 1975, t. I, p. 66.

3 José Martí. Antología mínima, La Habana, Editorial Ciencias Sociales, 1972, t. I, p. 244.

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“FRONTERAS NACIONALES, DESCOLONIALIDAD Y MEMORIA: PERSPECTIVAS Y DESAFÍOS”. (II Parte)

Por Horacio López.

En cuanto a la colonialidad del saber, en el campo de la Historia, estamos en una batalla contra esas producciones gestadas desde la herencia colonial. En estos tiempos de Bicentenarios hemos levantado lanzas contra aquellos que subsumen la guerra de independencia en fenómenos más amplios como la revolución liberal burguesa en España. El historiador colombiano Medófilo Medina, en un artículo inédito tituladoConsideraciones en torno al paradigma de François Xavier Guerra sobre las Revoluciones Hispánicas, señala que François Xavier Guerraasume los eventos ocurridos entre 1808 y1824-1825 como un proceso único entendido como la crisis de la Monarquía Hispánica que condujo a una transformación en sus dos pilares: la Península y América.1 O el llamadociclo de revoluciones atlánticasdefinido por historiadores europeos y norteamericanos como Jacques Godechot y Robert Palmer. En las obras de ambos autores ocupan un lugar central la investigación y la argumentación sobre las revoluciones y otros eventos de cambios políticos que se desarrollaron en los cuatro últimos decenios del siglo XVIII y los primeros del XIX. Si bien la revolución en Hispanoamérica no es objeto de la preocupación principal de estos historiadores, está incorporada en el modelo, así sea de manera sintética.

En 1947 Godechot publicó el libro Histoire de l´Atlantique,2 en el que en escala de larga duración aborda al océano Atlántico como sujeto y escenario de acontecimientos y procesos históricos. En otra escala temporal Godechot aborda en Les Révolutions (1770-1799) la revolución asociada a una época y a dos espacios geosociales: Europa y los Estados Unidos.3 En la misma perspectiva este autor extiende su análisis al período comprendido entre 1800 y 1815: L´Europe et l´Amérique à l´époque napoléonienne (1800-1815).4

El historiador norteamericano Robert Roswell Palmer, en su obra The age of democratic revolution,5 concibe la Revolución norteamericana y la Revolución Francesa como movimientos pertenecientes a la misma serie de eventos históricos, de la cual serían momentos culminantes pero no únicos. En verdad, Palmer construye un panorama del desarrollo de lo que con su correspondiente acento político-ideológico se ha denominado la civilización liberal de Occidente.

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“FRONTERAS NACIONALES, DESCOLONIALIDAD Y MEMORIA: PERSPECTIVAS Y DESAFÍOS”. (I Parte)

Por Horacio López.

Quiero comenzar compartiendo con Uds. una definición que nos diera el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, en marzo de 2000, a una delegación argentina del entonces llamado Congreso Bolivariano de los Pueblos que lo fuéramos a visitar: “Si este proyecto (se refería a esas ideas iniciales de la revolución bolivariana) queda dentro de las fronteras de Venezuela, está condenado a morir.

¿Premonición lúcida sobre lo que luego devendría en un cambio de época -como lo definiera Rafael Correa- a este proceso sudamericano, o convicción profunda de un estratega revolucionario?

Chávez estaba negando, con esa reflexión, las fronteras nacionales, intuyendo que la revolución y el socialismo en el siglo XXI serán posibles en tanto se planteen en el ámbito continental, como parte de los cambios globales y universales por venir.

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