Archivo de Agosto de 2011

Segundas Jornadas del Departamento de Historia del Centro Cultural de la Cooperación (CCC) y la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC)

Segundas Jornadas del Departamento de Historia del Centro Cultural de la Cooperación (CCC) y la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC). 27 y 28 de Septiembre.

GUERRA DE EMANCIPACIÓN EN NUESTRA AMÉRICA. DOSCIENTOS AÑOS DE LUCHAS, UTOPÍAS Y CONTRAMARCHAS.

A fines del siglo XVIII la lucha antiesclavista en Haití dio lugar a la primera declaración de Emancipación de Nuestra América en 1804. Pocos años después la lucha se extendió por las colonias hispanas desde el río de la Plata a México. En este Bicentenario deseamos nutrir el debate acerca del proceso emancipatorio y de las cuestiones pendientes poniendo especial énfasis en el papel jugado por Simón Bolívar y otras figuras destacadas como Alexandre Pétion, Manuel Belgrano, Mariano Moreno, Bernardo de Monteagudo, José Gervasio de Artigas, Juana Azurduy de Padilla, José de San Martín, Miguel de Hidalgo, José María Morelos entre otros.

Por otra parte, como la colonial era una sociedad de castas cabe analizar también en qué medida los sectores subalternos participaron de estos procesos que culminaron en la separación de la mayoría de las colonias de la metrópoli, dado que muchas veces se presenta como un fenómeno exclusivo de las élites criollas. Sin dudas allí donde los paisanos, los pueblos originarios y los esclavos se unieron contra la opresión colonial, lograron resistir y finalmente derrotar a la represión metropolitana. Donde esa resistencia no logró ser tan persistente, como el caso cubano, pasaron décadas hasta consagrar su separación política de España.

Circular 2º Jornada CCC-ADHILAC

Si Ud. desea participar le pedimos que confirme su asistencia, los lugares para las mesas temáticas que se realizaran por la mañana y por la tarde, sea ponente o sólo presencial, son limitados; la mesa de las 19 hs. es pública y no requiere previa inscripción.

Si desea exponer, es necesario que envíe sus reflexiones sobre uno de estos ejes temáticos por escrito. La extensión deberá ser de 3 a 5 carillas.

Participantes:

a) De países hermanos: Carmen Bohórquez, Luis Pellicer (Venezuela)

Juan Paz y Miño, Jorge Núñez (Ecuador)

b) De Argentina: Profesores, docentes, investigadores y estudiantes de diversas Facultades y del CCC y de la ADHILAC Argentina.

Entre 50 a 60 participantes entre docentes y estudiantes de Historia, divididos en dos grupos. Cada grupo (integrado por expositores y asistentes) participa de una Mesa temática por la mañana y por la tarde, ambos días.

Los ejes de trabajo son los siguientes:

Eje 1: De Haití al Río de la Plata. Bolívar y la lucha por la emancipación de Nuestra América

Eje 2: Nuestra América en el Bicentenario: entre la integración regional y las presiones de las grandes potencias extra-regionales.

Lugar

CENTRO CULTURAL DE LA COOPERACIÓN “FLOREAL GORINI”

Avda. Corrientes 1543, C.A.B.A.

Martes 27 de Septiembre: Eje 1

Dos Mesas temáticas por la mañana (de 9 a 12.30 hs) y dos por la tarde (de 14.30 a 18 hs.) en el 3º piso

19 hs. Mesa Redonda abierta al público con los invitados.

Sala Solidaridad, 2º subsuelo

Miércoles 28 de Septiembre: Eje 2

Dos Mesas temáticas por la mañana (de 9 a 12.30 hs) y dos por la tarde (de 14.30 a 18 hs.) en el 3º piso

19 hs. Mesa Redonda abierta al público con los invitados.

Sala Solidaridad, 2º subsuelo

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El otro camino de la independencia

Escrito por Alejandro Pisnoy* Especial para CONVERGENCIA
DOMINGO, 24 DE JULIO DE 2011
Fuente: Revista CONVERGENCIA N° 42    (5-07-11)

 “ME MUERO CADA VEZ QUE OIGO HABLAR DE FEDERACIÓN. ¿NO SERÍA MÁS CONVENIENTE TRASPLANTAR LA CAPITAL A OTRO PUNTO, CORTANDO POR ESTE MEDIO LAS JUSTAS QUEJAS DE LAS PROVINCIAS? PERO ¡FEDERACIÓN!…” JOSÉ DE SAN MARTÍN. FEBRERO DE 1816.

http://www.espacioconvergencia.com.ar/index.php?option=com_content&task=view&id=2285&Itemid=1


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Rebautizar América (III Parte) AMÉRICA Y AMERICANOS

AMÉRICA Y AMERICANOS

Pero además de que estamos sin bautizar, como señala Fidel, el nombre que teníamos se lo apropió el gigante de botas de siete leguas del norte. . Tenemos que lidiar con los anglosajones del norte que se arrogaron la paternidad del nombre y se hacen llamar “americanos”, con un resultado asombroso, ya que la mayoría del mundo los acepta llamar así. Son ciudadanos de un país sin nombre: Estados Unidos de América es una razón institucional, una forma de organizar Estados, pero nunca un nombre propio; si el destino nos llevara, a los que vivimos en lo que hoy se define como América latina, por el camino que conduce a la integración, y ésta adquiriera una síntesis institucional, también podríamos llamarnos Estados Unidos de América, sin faltar a la verdad o a una razón con sentido común. Habría que plantearle a las Naciones Unidas –aunque fuese solamente por un ejercicio de ironía- que le exija a nuestros vecinos del norte, que se inventen un nombre propio, si es que no quieren –como supongo- utilizar algún nombre de los que utilizaban los originarios de allí para llamar a su territorio. Y este planteo, para no resignarnos como el panameño Justo Arosemena quien, en un discurso en Bogotá en 1856 en el que rehabilitaba el nombre de Colombia para el continente, explicó: “Nosotros, los hijos del Sur, no le disputaremos una denominación usurpada, que impuso también un usurpador”.

¿Qué América tenemos entonces en común con los Estados Unidos? Dice el chileno Miguel Rojas Mix:

“Siempre ha sido un problema para nosotros poder identificarnos. Saber cómo nos llamamos. Desde que, a comienzos del siglo XIX, el nombre de América deja de tener un sentido general para pasar a designar sólo a los Estados Unidos, los que vivimos al sur del Río Bravo nos encontramos en busca de nuestros papeles de identidad. Somos una especie de exiliados en nuestro propio continente. Ya lo constataba Humboldt en el suplemento agregado a la edición del Ensayo político sobre la isla de Cuba: “Para evitar las circunvoluciones fastidiosas” –decía- “pese a los cambios políticos ocurridos en la situación de las colonias, yo continúo describiendo en esta obra los países habitados por los españoles-americanos con la denominación de América Española. Nombro Estados-Unidos, sin agregar de la América septentrional, a los países de los anglo-americanos, bien que haya otros Estados-Unidos, formados en la América meridional. Es molesto cuando se habla de pueblos que desempeñan un papel importante en la escena mundial, y no tienen nombres colectivos. La palabra ‘americano’ no puede seguir siendo aplicada únicamente a los ciudadanos de los Estados Unidos de la América del Norte, y sería deseable que esta nomenclatura de naciones independientes del Nuevo Continente pudiera ser fijada de una manera a la vez cómoda, armoniosa y precisa.’”

Podríamos agregar que, en la misma sintonía de confusiones, la palabra “latinos” está incorrectamente utilizada para designar a los inmigrantes que, por causas originadas en la dominación neocolonialista de los mal llamados “americanos”, debieron cruzar el río Bravo hacia el norte. En un artículo aparecido en la Sección Enfoques del diario La Nación de Buenos Aires, que lleva el sugestivo título de “Nueva York, capital latina”, se lee: “ ‘Latino’ fue acuñado por militantes chicanos (descendientes de mexicanos) de California durante la era de los derechos civiles como un término de orgullo étnico. Obvia contracción de ‘latinoamericano’, la palabra adquirió muy pronto una connotación más específica. En principio, Latino es todo estadounidense que desciende de latinoamericanos, que tiene por lengua materna el inglés y por color de piel algún tono de la gama del marrón, y hasta el negro. La mayoría no tiene más contacto con América latina que el que los descendientes de alemanes, italianos o rusos tienen con Europa. En su sentido más amplio, el término engloba también a españoles y brasileños.”

La gran contradicción salta a la vista: Quien por su mezcla o pureza étnica tenga alguna gama del marrón o del negro en su piel, y viva en Nueva York u otra ciudad del norte, será catalogado como “latino”, aunque el fondo de su cadena ancestral lo denuncie como descendiente de maya, quechua, guaraní, congoleño o ugandés.

Horacio A. López.


Guerra y maldonado. Ob. Cit., p.23.

Miguel Rojas Mix. Los cien nombres de América. Editorial Lumen. Barcelona. 1991, p. 32.

Claudio I. Remeseira. Nueva York, capital latina. (Artículo) Diario La Nación. Buenos Aires. 26 setiembre, 2004.

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Efemérides Nuestra América. Mes de Agosto. Especial Chile (II Parte)

Este mes recordamos parte de la larga historia de la República de Chile, y en apoyo a la lucha de los estudiantes que buscan una educación libre y gratuita, y la resistencia del pueblo Mapuche que homenajea y honrra la memoria y recuerdo de V. Jara, V. Parra y Salvador Allende entre los grandes revolucionarios que tuvo el país.

16 de Agosto

1906 Terremoto de Valparaíso. Con un registro de 8,3 grados Richter, esta tragedia sacudió a Valparaíso, destruyendo gran parte del puerto y dejando a cientos de familias sin hogar. Se estima que hubo al menos 2 mil muertos y 20 mil heridos.

1910 Muere en Alemania el presidente Pedro Montt quién ordeno la masacre de la Escuela Santa María de Iquique.

1949 Se produce “La Huelga de la Chaucha” en protesta a las alzas de precios que impuso el presidente González Videla, quién además ordena la represión por parte de los carabineros, y que dejo 4 muertos y varios heridos.

17 de Agosto
1852 Se establece en Santiago el Observatorio Astronómico Nacional. De esta forma, se reemplaza el que estaba ubicado anteriormente y de forma muy primitiva en el Cerro Santa Lucía.

18 de Agosto
1891 Matanza de Lo Cañas. Asesinato masivo ocurrido en el contexto de la Guerra Civil de 1891, época en la cual gobernaba José Manuel Balmaceda. Murieron 84 hombres en el hecho.

19 de Agosto
1813 Se abre al público la Biblioteca Nacional. Fundada por José Miguel Carrera, es una de las primeras instituciones creadas en la naciente República de Chile.

1982 Se produce la “Marcha Contra el Hambre” convocada por el Partido Comunista.

20 de Agosto
1778 Nace Bernardo O’Higgins Riquelme. Considerado “El Padre de la Patria”, es una de las figuras militares más recordadas de Chile. Fue el Jefe de Estado de la República chilena bajo el título de Director Supremo, entre 1817 y 1823.

21 de Agosto
1891 Batalla de Concón. Penúltima acción de la Guerra Civil de 1891 y primer enfrentamiento de las fuerzas revolucionarias, encabezadas por el coronel Estanislao del Canto.

22 de Agosto
1971 Chile y Argentina convienen someter al arbitraje de Su Majestad británica, el diferendo en torno al Canal Beagle.

23 de Agosto
1965 Fallece el historiador Francisco Antonio Encina. Reconocido principalmente por su “Historia de Chile” en 20 volúmenes, investigó durante toda su carrera la trascendencia sobre el porvenir de los pueblos americanos.

24 de Agosto
1950 Fallece Arturo Alessandri Palma. Presidente de Chile durante dos periodos: 1920-1925 y 1932-1938. Conocido como “El León de Tarapacá”, en sus gobiernos enfrentó crisis tales como el Ruido de Sables y la crisis social que lo distanció de los sectores populares.

25 de Agosto

1939 El Gral. Ariosto Herrera intenta un golpe de Estados al gobierno del presidente Pedro Aguirre Cerda. Este hecho se conoció como el “Ariostazo”.

28 de Agosto

1891 Batalla de Placilla. Este enfrentamiento tiene lugar entre el Ejército Constitucional y el Balmacedista, obteniendo éxito el primero de estos.

29 de Agosto
1891 Presidente Balmaceda dimite y traspasa el mando al General Baquedano. Esto, tras la Guerra Civil que tuvo lugar y en la cual triunfó el bloque constitucional.
1914 Encabezado y organizado por Emilio Recabarren se lleva adelante el primer paro del mineral de cobre de Chuquicamata.

Fuente:

http://latercera.com/bicentenario/noticia/efemerides/2010/08/1705-283367-9-efemerides-agosto.shtml

http://www.pcchile.cl/index.php?option=com_content&task=view&id=734&Itemid=53

Efemérides de Nuestra América. Mes de Agosto (parte II)

20 de agosto

1904 Honduras, Nicaragua y El Salvador, firman un acuerdo por el que se comprometen a mantener la paz en Centroamérica.

21 de agosto

1960 La OEA toma medidas contra el régimen de Héctor B. Trujillo, al probarse la complicidad dominicana en el atentado contra el presidente venezolano, Rómulo Betancourt.

22 de agosto

1905 Murió asesinado el Gral. de división Quintín Banderas. Patriota y guerrillero cubano, participo en las dos guerras de independencia cubana.

1972 Tiene lugar “la masacre de Trelew”, dieciséis integrantes de distintas organizaciones de izquierda fueron asesinados en la Base Almirante Zar.

23 de agosto

1812 Se lleva adelante, a pedido de Manuel Belgrano, el éxodo Jujeño. La ciudad de Jujuy fue abandonada por el pueblo, esforzado y valeroso, llevándose todos los elementos y pertenencias posibles. Cuando llegaron los ejércitos realistas españoles sólo encontraron abandono y desolación.

1927 Son ejecutados los obreros anarquistas Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti.

24 de agosto

1954 Se suicidó Getulio Vargas, presidente del Brasil.

25 de agosto

1825 Independencia de la República Oriental del Uruguay.

28 de agosto

1821 José de San Martín funda la Biblioteca Nacional de Lima donando todos sus libros, la misma abrió al público el 17 de septiembre de 1822.

El general José de San Martín declara extinguidos la mita, encomiendas y otras contribuciones que pesaban sobre los indígenas.

29 de agosto

1533 Es sentenciado a la horca de Atahualpa, el último inca del Tahuantinsuyo.

30 de agosto

1980 La Policía Bonaerense quema más de un millón y medio de libros del Centro Editor de América Latina (CEAL) en un baldío de Sarandí.

31 de agosto

1519 Hernán Cortés invadió territorio tlaxcalteca.

1958 En Cuba el Ejército Rebelde dirigido por Ernesto Che Guevara y Camilo Cienfuegos comenzó la invasión de Occidente.

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Rebautizar América (II Parte) COMENCEMOS POR BAUTIZARNOS

COMENCEMOS POR BAUTIZARNOS

El escamoteo de nuestra identidad comienza por nuestro propio nombre; quiénes somos y cómo nos llamamos, es la cuestión.

Queremos hablar de “nuestra América” y no de “América latina” o cualquier otra formulación incorrecta, asumiendo la definición de José Martí de su ensayo de 1891. El término “América latina” es impropio y erróneo; se lo comenzó a usar durante la segunda mitad del siglo XIX desde los centros de poder económico y colonialista de Europa, para definir al territorio que comprende las dieciocho naciones de habla castellana en nuestro continente, por necesidades surgidas de sus demandas de dominación, de las de los negocios de exportación e importación y de las de proyectos de neocolonialismos tardíos.

“ La denominación América latina, a más de culturalmente imprecisa y cercana, se extendió al término de la centuria pasada –nos cuenta Hernández Arregui en su obra ¿Qué es el ser nacional?- apoyada por escritores encandilados por Francia, se aclimató finalmente en este siglo XX, bajo el ascendiente de personajes como Clemenceau o Poincaré, y es en alguna medida el resabio con cosméticos modernos de aquella inquina hacia España que viene de la política continental europea de los siglos anteriores, no sólo de parte de Inglaterra, sino de Francia, interesada por igual en el reparto de los restos del antiguo imperio Español en América.”

Al concepto también se lo utilizó para diferenciarse de aquellas partes que definen a la América anglo-sajona y a la francófona (Estados Unidos de Norteamérica, Canadá, archipiélago de las Bahamas). En esta conducta reivindicativa anduvieron el colombiano Caicedo y el chileno Bilbao principalmente: “En rigor – nos cuentan Sergio Guerra Vilaboy y Alejo Maldonado Gallardo- el neologismo América latina, que al parecer hizo su aparición a mediados del siglo XIX, tuvo como verdaderos padres al colombiano José María Torres Caicedo y al chileno Francisco Bilbao, ambos residentes en París. Este último empleó el vocablo, por primera vez en una conferencia dictada en la capital francesa el 24 de junio de 1856 con el título de “Iniciativa de la América”, donde también se valió del gentilicio latino-americano…

“… Torres Caicedo también lo utilizó, el 26 de septiembre de 1856, en la primera estrofa de la parte IX de su poema ‘Las dos Américas’…

“Poco después, en febrero de 1861, Torres Caicedo dio a conocer en París sus ‘Bases para la Unión Latino-Americana. Pensamiento de Bolívar para formar una Liga Latino-Americana; su origen y sus desarrollos, dirigida a la integración económica y política de las que llamó ‘Repúblicas latinoamericanas’…”

Pero la latinidad del término apenas abarcaría –por historia y por lenguaje- a la parte blanca, europea, de sus habitantes, dejando afuera a millones de pobladores descendientes de los pueblos originarios o de mezclas de ellos con negros o blancos, u otras combinaciones, los que no vienen solamente de una historia del mundo latino, ni sus lenguas se nutren de él; setenta y seis familias lingüísticas son originarias de América del Sur; muchas de ellas vivas, como el quechua, aymará, guaraní, mapuche.

Al respecto nos ilustra el peruano Luis Alberto Sánchez: “Ni nuestra cultura es latina, sino esencialmente indoíbera, con métodos y revoques franceses; ni lo español es latino, por cuanto fenicios, romanos, godos y árabes que plasmaron la Península representan, en conjunto, un aporte superior al latino; ni el indio, nuestra raíz, encarnación humana de lo telúrico, tiene nada de latino. Como reacción contra España, durante un período de nuestra historia, la denominación de América latina tuvo fortuna; hoy la disfruta sobre todo a guisa de facilitar el pensamiento de europeos y norteamericanos… y satisfacer el orgullo de franceses y afrancesados.

“Como ocurre casi siempre, estas generalizaciones resultan peligrosas o inexactas. Tal cual el término ‘latino’ aplicado a nuestra cultura encierra una jugosa ironía, de idéntica manera referirse a los Estados Unidos como una civilización definidamente ‘anglosajona’ no deja de ser disentible.”

Lo irrebatible es, como afirma Hernández Arregui, que la latinidad no existe. “Como no existe Occidente”, agrega en su obra citada.

Pero el término “América latina” termina por difundirse e imponerse, tomado principalmente por los norteamericanos, a quienes les viene bien la definición para que nadie nos confunda con ellos, y por los intelectuales nuestros con vocación de colonizados, hasta que termina siendo generalmente aceptado.

En el décimo aniversario de Playa Girón, en 1971, Fidel Castro señaló en su discurso:

“Todavía, con toda precisión, no tenemos siquiera un nombre, estamos prácticamente sin bautizar; que si latinoamericanos, que si iberoamericanos, que si indoamericanos.”

Es así, como señala Fidel. Partiendo del propio sustantivo “América” –que supuestamente proviene de la región nicaragüense habitada por los indígenas “americúas”, termino que termina generalizándose por el mapa que el cartógrafo florentino Vespucio realiza en 1507 y que firma con el seudónimo de “Americus”-, el aporte de poblaciones originarias, más europeas, más africanas e inclusive asiáticas, constituye un territorio de amalgamas notables y únicas que nos impide un nombre abarcador y sintetizador que contenga todos los afluentes.

Pero estos pueblos emergentes, que para nosotros son nuestros hermosos y gallardos pueblos, tienen otro concepto para los imperialistas.

Continúa Fidel en su discurso: “Para los imperialistas no somos más que pueblos despreciados y despreciables. Al menos lo éramos. Desde Girón empezaron a pensar un poco diferente. Desprecio racial. Ser criollo, ser mestizo, ser negro, ser sencillamente latinoamericano, es para ellos desprecio.”

Y ese pensar diferente, en cuanto a subestimarnos un poco menos, despreciarnos un poco menos, tal vez adquirió un nuevo nivel cuando fracasa el golpe de Estado de abril en Venezuela: ¡primer golpe de Estado tradicional, promovido por los imperialistas y sus agentes de afuera de Venezuela y también vernáculos, que fracasa una vez triunfante! Esos criollos, esos mestizos, esos mulatos y negros que construyen la llamada revolución bolivariana, les jugaron una mala pasada, como entonces en Girón.

Horacio A. López.


Juan J. Hernández Arregui. ¿Qué es el ser nacional?. Editorial Hachea. Buenos Aires. 1963, p. 34.

Sergio Guerra Vilaboy y Alejo Maldonado Gallardo. Los laberintos de la Integración Latinoamericana. Facultad de Historia de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. México. 2002, p. 33.

Luis Alberto Sánchez Exámen Espectral de América Latina. Editorial Losada. Buenos Aires. 1962, p.22.

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