Archivo de Abril de 2011

Charla: Frantz Fanon y los Condenados de la Tierra.

Frantz Fanon fue uno de los intelectuales latinoamericanos, más lucidos y comprometidos del siglo XX. Con su  enjundiosa obra y su accionar militante contribuyó, no sólo a comprender la realidad  colonial y neo-colonial de los países del tercer mundo, sino a transformarla radicalmente. Por ello, convencidos de la vigencia de sus ideas, nos proponemos en esta conferencia, a 50 años de su muerte,  recuperar su voz y su legado teórico para la  tradición del pensamiento crítico latinoamericano.

Charla a cargo de Francisco Martínez Peria el miércoles 4 de mayo de 2011 19 hs. en la Sala Jacobo Laks 3º Piso. Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini” Corrientes 1543 Capital. Federal.

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AFRODESCENDIENTES (I Parte)

Por: JORGE NÚÑEZ SÁNCHEZ en: El Telégrafo. Primer Diario Público. Guayaquil, Ecuador.

I

Las Naciones Unidas han declarado al 2011 como Año Internacional de los Afrodescendientes. Y un mínimo de consecuencia con nuestra propia historia exige hablar de nuestras lejanas raíces africanas, porque es bien sabido que toda la especie humana procede de África, continente en donde surgieron los primeros homínidos, que luego se regaron por el mundo. Para ponerlo en lenguaje bíblico, Adán y Eva eran africanos. En cuanto se refiere al continente americano, hay elementos que permiten afirmar que los primeros africanos llegaron a él mucho antes de la conquista europea. Los grandes monolitos de la cultura Olmeca, que inequívocamente representan cabezas de negros, son una de las principales pruebas de ello.

Los africanos llegaron al actual Ecuador con la conquista española. Una historia equívocamente escrita nos ha hecho creer que todos los conquistadores eran blancos y barbados, cuando, en realidad, eran gentes procedentes de muchos de los pueblos que formaban el imperio español: castellanos, moros, judíos, flamencos, germanos e italianos, entre otros. Basta leer la lista de los fundadores de Quito, grabada en piedra en el atrio de su catedral, para comprobarlo. En ella figuran los nombres de Pedro Salinas y de un tal Antón, sin apellido, a los cuales se los identifica como de color negro.

En todo caso, estos dos conquistadores negros no eran esclavos, puesto que la esclavitud se implantó en América algún tiempo después. Pudieron ser moros subsaharianos, es decir, habitantes de la España islámica, derrotada poco antes por los reyes católicos. O también africanos tomados como rehenes por los cristianos españoles, en medio de esa intermitente guerra irregular que mantenían los pueblos del uno y otro lado del Mediterráneo. Me consta que en el golfo de Huelva (donde se halla el puerto de Palos, del que salió Colón) se habla hoy mismo de familias locales de origen africano.

Pero todo indica que hubo más africanos, o descendientes de africanos, entre los conquistadores de Quito. Basta analizar los apellidos de los jefes de la hueste conquistadora, Diego de Almagro y Sebastián de Benalcázar, que originalmente debieron apellidarse Al Maghr y Ben Alcazar. Es decir, el uno procedía de una familia del Magreb, el norte de África, que hoy ocupan Marruecos, Túnez y Argelia, y el otro se llamaba Del Alcázar, aunque, de ser castellano, se hubiera apellidado Del Castillo.

Así, hilando fino y leyendo entre líneas, quizá podríamos encontrarnos con otros conquistadores españoles de origen africano. Y también, claro está, con judíos, flamencos y castellanos propiamente dichos. Entre los judíos estuvieron los Núñez, Sánchez y Carvajal, uno de los cuales, Rodrigo Núñez de Bonilla, fue uno de los grandes capitanes de conquista y futuro encomendero de Quito, ciudad de la cual fue también primer alcalde, en 1535. Y entre los nativos de Flandes (actuales Holanda y Bélgica), figuraron los frailes Jodocko Rikjie y Pedro Gosseal, y el militar Francisco de Londoño, futuro mariscal y fundador de un dilatado clan familiar que se extiende por los actuales Ecuador y Colombia.

II

La esclavitud fue la otra cara del colonialismo europeo. Casi extinguidos los indios del Caribe por los malos tratos de los conquistadores, estos buscaron mano de obra esclava en África para sus plantaciones tropicales americanas. Desde entonces, decenas de millones de africanos fueron secuestrados y esclavizados por los traficantes europeos, para alimentar ese vil negocio de carne humana.

Esos seres humanos eran raptados en sus pueblos de origen por bandas criminales venidas de Europa u organizadas en la misma África, y luego trasladados en los inmundos barcos negreros, sin consideración a su origen, nivel cultural o identidad personal. Para que entraran en mayor número en las bodegas, se los acostaba encadenados en el piso y uno junto a otro, como cucharas. Como se resistían a probar comida, se los alimentaba por la fuerza, usando embudos.

Muchos morían en el viaje y otros preferían lanzarse al agua antes que vivir en esclavitud. Ya en el puerto de destino, eran tasados y vendidos como animales domésticos, esto es, por su juventud, fortaleza o vivacidad, aunque entre ellos había sabios y hombres de cultura.

Para el colonialista, el negro era simplemente un esclavo, una especie de bestia con forma humana “creada por Dios para servir a sus amos blancos”, según decían los esclavistas. Pero para sí mismo era un ser humano victimizado por la violencia de sus opresores, un ser con sentimientos, lengua, dioses y sueños propios, que ansiaba constantemente la libertad. No es de extrañar, pues, que en la historia del colonialismo europeo en América se hallen como elementos estructurales de las diversas sociedades tanto la esclavitud cuanto la resistencia esclava, expresada en protestas, robos y delitos de sangre contra los amos y capataces, así como en fugas, levantamientos o formación de palenques y quilombos de negros prófugos.

“Para el colonialista, el negro era solo un esclavo, una especie de bestia con forma humana…”

También son testimonios de esa resistencia las formas de represión institucionalizadas por el sistema colonial contra la resistencia esclava, expresadas en leyes y mandatos legales, que detallaban y categorizaban tanto los posibles delitos de los esclavos cuanto las penas y castigos que debían merecer por ellos. En la culminación de ese proceso de institucionalización de la represión, se dictaron los famosos “Códigos Negros”, que buscaban normar todos los aspectos de la esclavitud en América Latina.

De ellos, el más opresivo fue quizá el Code Noir,  promulgado en 1685 para las colonias francesas del Caribe, que daba al esclavo la categoría de un bien mueble sin ningún derecho personal, establecía durísimas penas para los esclavos fugitivos y daba al amo un ilimitado derecho de castigo; inclusive negaba a los esclavos el derecho al culto religioso, aunque obligaba a los amos a bautizarlos. En cuanto al ámbito español, el Código Negro carolino  de 1784 era también bastante riguroso: disponía duros castigos contra los negros rebeldes o cimarrones, prohibía a los esclavos tener un peculio superior a la cuarta parte de su propio valor, así como efectuar legados a sus familiares; también impedía que los esclavos comprasen su libertad, sosteniendo que el dinero reunido por estos era generalmente fruto de robos o de prostitución.

III

La esclavitud de los negros fue un elemento central del sistema colonialista. Sin ella, no hubiera existido la economía de plantaciones y ninguna de las potencias coloniales se hubiera enriquecido con la agricultura tropical. Es más, fue gracias a la esclavitud que Inglaterra, Francia, Holanda, Portugal y hasta Suecia lograron su primera acumulación de capital, que luego permitió a la mayoría de esos países dar el salto a la industrialización. La mayor expresión de ello fue el “comercio triangular”: los comerciantes europeos iban al África a cazar esclavos o los compraban a los reyezuelos africanos, pagándolos con herramientas, armas y chucherías; luego trasladaban esos esclavos hacia América y los vendían a los plantadores; con esa mano de obra esclava se producían azúcar, café, cacao, tabaco o especias en América, que luego eran llevados a Europa para ser distribuidos por el Viejo Mundo.

Empero, más allá de esa brutal realidad socioeconómica consagrada por el sistema colonial, supervivía otra realidad, no menos significativa: era el espacio de la conciencia social de los esclavos, que se percibían a sí mismos como unos seres humanos oprimidos por la violencia, degradados por la injusticia del mundo y la sevicia de sus amos, y merecedores de mejor trato, en tanto que “seres racionales e hijos de Dios”.

Así, un esclavo quiteño de fines del siglo XVIII, Mariano Chiriboga, pidió a las autoridades que le cambiaran de amo, pues bajo el poder del cura Maximiliano Coronel había “padecido los mayores maltratos y tormentos que pudiera una criatura humana que, si no hubiera sido por haber concertado la gran misericordia de Dios, ya hubiera pasado de esta presente vida a otra”.

Según refiere el historiador francés Bernard Lavallé, otros dos esclavos, Claudio Delgado y Bonifacio Isidro Carvajal, denunciaron por la misma época la brutalidad con que eran tratados los negros en las minas de oro de Barbacoas (actual Colombia), en especial “… la impía crueldad del capitán y apoderado Honorio Estupiñán … y con este motivo no cabe explicación de la sevicia que hemos tolerado aun cuando por tinta corriera la sangre de nuestras venas”.

Delgado denunciaba, por su parte, la terrible situación de su esposa, que se hallaba “convaleciente de un novenario de azotes a ciento, hasta dejarla inhábil, tanto que al curarle iba echando trozos de carne por las partes verendas”.

Además de esas voces testimoniales del dolor humano, en los archivos existen también valiosas pruebas de esa conciencia de humanidad que poseían los esclavos y que les impelía a luchar por todos los medios para liberarse de la esclavitud o, al menos, evitar los maltratos y alcanzar algún resquicio de libertad personal.

Juliana Villacís, una negra quiteña, escribía en 1801: “Los esclavos somos las personas más miserables y penosas, pero racionales y de la especie humana, cuya servidumbre es contra naturaleza…”.

Y el esclavo Francisco Carrillo argumentaba, por la misma época: “No nos falta otra cosa sino es quitarnos esta color morena oscura e infeliz, pero en la que sea alma racional y sensitiva, tiene igual el amo como el siervo”.

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INFLUENCIAS DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA EN LOS MOVIMIENTOS OBREROS Y SINDICALES EN COLOMBIA (IV Parte).

INFLUENCIAS DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA EN LOS MOVIMIENTOS OBREROS Y SINDICALES EN COLOMBIA.

Por: JORGE ENRIQUE ELÍAS CARO

El manejo político que hizo el Estado Colombiano a la información real de los hechos fue tan obvio que, utilizando mecanismos de presión hizo que los medios de comunicación desinformaran y desdibujaran la verdad de cómo acontecieron los sucesos. Lo único cierto y reconocido de todo esto, es que las fuerzas del Estado así fueran ocho, cien o más de mil, acribillaron a trabajadores que lo único que querían eran ver mejoradas sus condiciones de vida, todo a costa de satisfacer los intereses de una compañía multinacional americana, la que al final por las presiones que ejercía sobre el Gobierno central y regional, dentro de la estructura administrativa y/o aparato orgánico de manera consecuente se convirtió en un Estado dentro del Estado.

Como se ha podido notar hasta ahora, los primeros paros y ceses de actividades más sobresalientes sucedieron en la Costa Caribe colombiana, en especial sus puertos y sus zonas de influencia. Verbigracia de ello, los paros de Barranquilla en 1910 y 1918, de Cartagena en 1918 y Santa Marta tres veces, la primera de ellas en 1918 por lo del paro de los trabajadores portuarios; igualmente en ese mismo año con la primera huelga hecha por los trabajadores de la United Fruit Company y por último, la segunda gran huelga y masacre obrera de 1928. Esta situación demuestra que por ser ciudades puertos, las mismas zonas urbanas y sus áreas adyacentes por la actividad marítima y de comercio internacional que ejercían, había un alto influjo de pasajeros nacionales y extranjeros, al igual que tripulantes y marinos.

Estas migraciones en mucho de los casos traían consigo no sólo la carga o mercancías, sino también las noticias de los acontecimientos que sucedían en el entorno mundial, llegando incluso con ideas renovadas cargadas de pensamiento anarquistas y socialistas. De ahí que, algunos políticos ligados a estos movimientos fueran de corte liberal, mutualista, anarcosindicalistas y social revolucionarios, en su mayoría pertenecientes al Partido Socialista Revolucionario (PSR).

Estos aspectos los relató el periódico The Times de New York, cuando anunciaba los hechos acaecidos sobre la matanza de las bananeras e informaba de manera extensa que los disturbios obreros eran encabezados por agitadores mexicanos que, dos décadas antes habían liderado los procesos de la Revolución de ese país y con sus ideas revolucionarias promovían estas huelgas. Este aviso realizado por este medio de comunicación norteamericano fue producto de un comunicado de prensa que expidió la United Fruit Company a las agencias de New York y a los corresponsales del mundo, así:

la situación difícil que venía reinando desde hacía días en la región bananera colombiana, en donde la empresa tiene valiosísimos intereses, ha mejorado mucho desde las últimas 24 horas y que los despachos ya recibidos desde allí, dan esperanza de que pronto termine el conflicto surgido entre los patrones y obrero que culminó en una extensa huelga con caracteres revolucionarios.

El término “revolucionario” para el Gobierno de turno era una herejía. Hasta el punto que las noticias, después de la masacre obrera, los periódicos anunciaban en letras grandes y resaltadas en rojo los resultados del Ejército de la siguiente manera: “Los revolucionarios huyen en desbandada hacia la Sierra Nevada ; “Las tropas del Gobierno batieron en toda la línea a los Huelguistas ; “El ministro de Guerra informa que hubo más muertos en los últimos encuentros” . Los medios de comunicación en general informaban en sus apartes que, sobre el movimiento revolucionario del departamento Magdalena, todo tiende a demostrar que la fuerza militar había procedido con energía, más no había incurrido en excesos, pues los jefes militares habían ordenado hacer lo único que debía hacerse y que de ahí, no habían pasado.

No contentos con ello, en un comunicado enviado por el general Carlos Cortés Vargas como Jefe Civil y Militar de la Zona Bananera del Magdalena, informa que él como máxima autoridad de la región había dictado un Decreto por medio del cual se consideraba como “Cuadrilla de Malhechores” a los revolucionarios del Magdalena. El decreto estaba conformado por tres artículos y entre sus apartes como justificación para expedir este decreto, se especificaba que se sabía que los huelguistas estaban muy conformes con las doctrinas comunistas y anarquistas.

Lo peor del asunto es que, después de ocurridos los hechos de la masacre, los medios de comunicación tanto nacionales como internacionales le dieron una significativa importancia a estos sucesos. En primeras páginas los periódicos anunciaban de forma resaltada que, en la madrugada del día 6 de diciembre de 1928 en la localidad de Ciénaga y toda la región bananera del Magdalena se había presentado un “combate” en la que tropas del Ejército colombiano se enfrentaron a muerte contra unos “revolucionarios” del Orden Estatal, y que en principio como resultado de ese enfrentamiento se habían dado de baja a varios “bandoleros” y otros huelguistas habían quedado heridos. El General Ignacio Rengifo, Ministro de Guerra, en la descripción que hiciera de los obreros fue que “en el Magdalena no hay Huelga sino Revolución”.

En efecto se pudo constatar que el movimiento obrero desarrollado en el Magdalena, si estuvo asesorado por revolucionarios mexicanos, quienes incluso promovieron la creación del semanario “Organización” en la ciudad de Santa Marta. Periódico éste que estaba editado por un grupo de anarquistas y de socialistas denominado como “Grupo Libertario”, que en principio buscaban promocionar el socialismo revolucionario, en especial, para los trabajadores del sector bananero, que liderados por María Cano, Raúl Mahecha e Ignacio Torres Restrepo, buscaban mejoras en las condiciones de los trabajadores y evitar más abusos laborales por parte de la multinacional norteamericana United Fruit Company.

Una de las personas de contacto con los mexicanos para el desarrollo de estas acciones fue el periodista colombiano Julio Cuadros Caldas, quién después de haber estado por espacio de treinta años residiendo en México se constituyera en uno de los agraristas más importante que tuvo ese país durante el periodo álgido de la revolución y su posterior consolidación. Cuadros Caldas para 1924 bajo el mandato del general zapatista Fortino Ayaquica llega a ser Coronel de la séptima división del Ejército Libertador del Sur y durante su permanencia allí, promocionó el proceso revolucionario a nivel nacional e internacional, ayudando además a masificar el pensamiento agrarista y popular, hasta que fuera expulsado de dicho país en 1933. Su entrada como representante en la Comisión Nacional Agraria (CNA) se da para fines de 1921.

Este personaje colombiano tan importante para la revolución mexicana tenía relaciones permanentes con Víctor Raúl Haya de la Torre, uno de los fundadores de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) y con el Presidente de Colombia de 1910-1914, el Antioqueño Carlos E. Restrepo, a quien le regaló un libro de su autoría y en su dedicatoria le escribe: “para evitar la miseria, la injusticia y el dolor en que viven los campesinos colombianos”. Para 1925 ya estando en la cúpula agrarista mexicana, inicia viajes a distintas zonas de México para promover que las distintas regiones se unan a la iniciativa reformista nacional.

Lo importante del asunto aquí, es que en esta campaña muchos extranjeros fueron invitados para que replicaran en sus países esta política. Como es lógico Colombia no fue la excepción. Por allá estuvieron varios representantes de los trabajadores de las plantaciones bananeras del Magdalena y algunos comisionados de cabildos indígenas del centro del país que, cansados de tanta explotación y usurpación de sus tierras querían buscarle solución a estos problemas. Otros países invitados que estaban con observadores extranjeros eran Cuba, que en cabeza del líder comunista José Antonio Mella ese país pudo hacer presencia; de la misma manera, Nicaragua con el revolucionario Augusto César Sandino y Chile, a través de Luís V. Cruz.

Dentro de este contexto, los invitados y observadores internacionales proponen la creación de la organización “Campesinos del Mundo Unidos”, pero después de una acalorada discusión terminan por denominarla “Campesinos de América Unidos”, pues consideraron que su envergadura no alcanzaba para una cobertura de talla mundial, pero si continental.

Campañas estas que, por la experiencia obtenida y por sus dotes de escritor, hicieron posible que Julio Cuadros publicara en 1923 la obra denominada Catecismo Agrario. Libro que fue de mucha importancia para la comunidad campesina de la época, fuera de ser además un texto que por su valor en la lucha revolucionaria mexicana tuvo seis ediciones entre 1923 y 1932, con tres mil ejemplares cada una. Asimismo, durante su residencia en México publicó dos libros más para conocimiento del mundo exterior, uno titulado México-Soviétic y el otro denominado El Comunismo Criollo.

Como se podrá notar el tema agrario estuvo ligado a los movimientos obreros y sindicales, pues para el caso colombiano, como se mencionó en párrafos anteriores la economía del país giraba en torno al sector agrícola y su incipiente industrialización, es decir, estaba dada en torno a las plantaciones de tabaco, cacao, algodón, banano y por supuesto café, que grosso modo operaban en función de su transformación y posteriormente su exportación.

La cuestión plantacionista y minera, quiérase o no, están ligados al tema de la tierra y de ahí su relación con los sectores de la economía. Fuera de lo anterior, por las conexiones que se tenían con otras actividades productivas, el tema agrario no era sólo del sector primario sino de la industria y de la prestación de servicios especializados que, de alguna u otra forma, mantienen relación. Es el caso de los ferrocarriles y los puertos, ya que, todos esos cultivos debían ser transportados y exportados, de ahí que existiera todo un clúster de dinámicas económicas y por ende, incluyera a los trabajadores de estos sectores y sus movimientos obreros y sindicales. Lo que hacía que la fuerza obrera se convirtiera en una posición estratégica de poder.

Ese poder generó manifestaciones, nuevas ideas impregnadas de cambio social y mecanismos de presión hacia la clase dirigente. Tales manifestaciones fueron promovidas, aparte de las noticias que entraban por los puertos, por los libros que llegaban y circulaban en el país, como fueron los textos escritos por los colombianos Julio Cuadros Caldas desde México y José María Vargas Vila, éste último, quien en 1917 desde un pensamiento nacional antiimperialista con su libro Ante los Bárbaros, hizo una encendida defensa de la autonomía de los mexicanos para escoger el camino de su liberación. Circunstancia que le valió para ser considerado en ciertos círculos como un escritor escabroso y en contra del sistema.

Los norteamericanos retrocedieron asustados, cuando las hordas de Zapata y pancho Villa les salieron al encuentro y los obligaron a buscar la vida, más allá de las fronteras violadas.

Otra forma o mecanismos de difusión de las ideas liberales de la revolución mexicana en Colombia, fue la radiodifusión, la cual desde 1930 después de entrada en vigencia, lo que se denominó como la “República Liberal”, los gobiernos de turnos sobre todo los de Enrique Olaya Herrera y Alfonso López Pumarejo, estimularon a los municipios para la creación de empresas de radios en el país y con ellas se obtuvieran aparatos de radiodifusión, con el fin de divulgar en principio las labores de las autoridades nacionales, departamentales y municipales y como segunda medida, los acontecimientos nacionales relacionados con los asuntos públicos, los aspectos económicos y sociales. De igual forma, sería el medio para escuchar las locuciones presidenciales y conocer todo aquello que estuviera relacionado con lo que sucedía en la Nación, hecho que se configuró como premisa del presidente Alfonso López, ya que su fin primario era que los habitantes de Colombia se mantuvieran enterados de los acontecimientos socioeconómicos y del orden público del país.

Lo importante de este asunto es que, el presidente Alfonso López también quería que las poblaciones con más de 5000 habitantes tuvieran aparatos de radiodifusión y recepción para la enseñanza pública, pues según el Gobierno Central en países como México, la radio era utilizada para fomentar la cultura y la educación, además porque destacadas personalidades locutaban por ese medio temas relacionados con la ética, los valores, el ser humano, la filosofía, etc., razón por la cual, la radio sirvió de herramienta educativa a obreros, y pueblos enteros donde el acceso a la educación, por la escasez de establecimientos educativos, fuera casi nula. Además porque las primeras emisiones que llegaron a Colombia procedían de Cuba, Venezuela y México.

Como quien dice, las dinámicas de América Latina y Colombia en la primera mitad del siglo XX se movieron a ritmo de Rancheras. De ahí la importancia de su estudio, pues para Colombia no sólo fue la influencia que generó la revolución mexicana, sino su herencia. Hasta el día de hoy, los cantos de los charros mexicanos, como alegorías de su revolución, se sienten como si el tiempo no pasara, de igual manera el cine sigue tan campante con sus películas al estilo mexicano y desde la cultura en sus distintas expresiones como el muralismo, la literatura, las artes plásticas, los bailes, la música y las audiovisuales, México y su revolución aún residen en Colombia.

Referencias y Bibliografía en el archivo que esta a continuación:

Ponencia Revolución Mexicana y Movimientos Obreros en Colombia

Docente e Investigador de la Facultad de Ciencias Empresariales y Económicas de la Universidad del Magdalena (Colombia). Secretario Ejecutivo Internacional de la Asociación de Historiadores Latinoamericanos y del Caribe (ADHILAC).

Esta situación de presión ejercida por multinacionales de potencias mundiales a Gobiernos de países subdesarrollados y sobre todo en esta época, no sólo se presentó en Colombia, sino que fue una generalidad. Ver en los trabajos de Malcolm Rutherford: Institutionalism Between the Wars. Journal of Economic Issues, 34(2), 291-303. 2000 y también en: Understanding Institutional Economics: 1918-1929. Journal of the History of Economic Thought, 22(3), 277-308. 2000.

Catherine Legrand. El Conflicto… op. cit; Jorge Enrique Elías Caro. La masacre… op. cit.

Revuelta altamente cargada con los ideales Anarquistas de tipo español, especialmente basados en los conceptos de los españoles Anselmo Lorenzo y Rafael Barrett, aunque posteriormente esos pensamientos fueron neutralizados con la creación del Partido Obrero en ese mismo año de 1910, el cual más tarde por una fuerte corriente socialista en 1925 se constituye en Partido Social Revolucionario, lo que hizo que para 1926 los pocos obreros que se mantuvieron con cierto arraigo a los pensamientos anarcosindicalista crearan la Federación Obrera del Litoral Atlántico (FOLA) con 16 sindicatos asociados en cabeza de los anarquistas Gregorio Caviedes y Elías Castellanos.

Es importante anotar, que estas huelgas sin ningún tipo de organización, son las que en la historiografía colombiana se han denominado como “Paros de Revuelta”.

Álvaro Tirado Mejía: “Colombia: Siglo y Medio…”. op. cit. p. 136.

Estas embarcaciones venían especialmente de Francia, Alemania, Inglaterra, España, EE.UU y de países y colonias del Gran Caribe como es el caso de Cuba, Panamá, Venezuela, Jamaica, Curazao y por supuesto de México.

Ignacio Torres Giraldo: Síntesis de historia política en Colombia. Bogotá. 1995. p. 50.

Catherine Legrand. El Conflicto… op. cit. Ver también en Miguel Urrutia. Historia del Sindicalismo en Colombia. Medellín, la Carreta. 1976.

The Times. New York, diciembre 7 de 1928. p. 1.

Reporte de la United Press. New York, viernes 7 de diciembre de 1928.

La Prensa. Nro. 254. Barranquilla, lunes 10 de diciembre de 1928. p. 1.

Ibíd.

Diario del Córdoba, Ciénaga, domingo 9 de diciembre de 1928. p. 1.

La Prensa. Nro. 252. Barranquilla, viernes 7 de diciembre de 1928. p. 1.

En la revuelta liderada por Raúl Mahecha fueron capturados por las autoridades varios mexicanos y españoles que habían llegado para asesorar al movimiento obrero, “El tiempo”. Año XVIII, Nro. 6180. Bogotá, Sábado 8 de diciembre de 1928. p. 1.

Para este caso ver los trabajos de Alfredo Gómez: Anarquismo y anarco-sindicalismo en América Latina. Madrid. Editorial Ruedo Ibérico. 1980. p. 29; Luis Vitale: Contribución a una historia del anarquismo en América Latina. Santiago de Chile. Instituto de Investigación de Movimientos Sociales “Pedro Vuskovik”. 1998. pp. 22-25.

Guillermo Palacios: “Julio Cuadros Caldas: Un Agrarista Colombiano en la Revolución Mexicana. Revista Historia Mexicana, enero – marzo 2000. Vol. XLIX, Nro. 3. México D.F. El Colegio de México. pp. 431-476.

En 1911 fue arrestado por las fuerzas constitucionalistas debido a que para ese entonces ya hacía parte de los ejércitos zapatistas. En la cárcel conoce a uno de los máximos exponentes agraristas de la revolución Andrés Molina Enríquez, quién días previos había sido detenido por promover el “Plan Completo de la Revolución Agraria” y años más tarde lo recomendara para que integrara comisiones agraristas. De la misma manera, compartió celdas con el General Juan Andrew Almazan, líder irrestricto de la revolución, con quien a raíz de esa situación genera una gran amistad.

Julio Cuadros Caldas durante su tiempo en la revolución estuvo altamente comprometido en el reparto equitativo de las tierras y en la organización de comunidades campesinas.

Julio Cuadros nació en Cali (Colombia) en 1885 y llegó a México en mayo de 1909 por el puerto de Salina Cruz (Oaxaca) probablemente como corresponsal del periódico “La Humanidad” de Cali. En un ceso de extranjeros realizado en 1930 se declaró como una persona casada, de profesión periodista y de religión “Liberal”. Ver en Guillermo Palacios: Julio Cuadros Caldas… op. cit. p. 435.

Roberto Sandoval Zarraus: “Liga de Comunidades Agrarias del Estado de Veracruz. Su contribución al pensamiento agrario mexicano”, en Olivia Domínguez Pérez (Coord.) Agraristas y Agrarismo. Veracruz. Editora del Gobierno del Estado de Veracruz (México). 1992. p. 59

Este libro en principio fue publicado parcialmente por editoriales o columnas de opinión desde 1921 en el periódico “La Humanidad” de Cali. Ver en Guillermo Palacios: Julio Cuadros Caldas… op. cit. p. 447.

Ambos libros vieron la luz gracias al apoyo de Santiago Loyo Editor de Puebla. El primero de ellos se publica en 1926 y el segundo en 1930.

Luis Vitale. “A cien años de Chicago. El movimiento Obrero Latinoamericano”. Nueva Sociedad Nro. 83. Mayo junio de 1983. pp. 54-65; Ver también en Pablo González Casanova (Coordinador). Historia del Movimiento Obrero en América Latina: Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia y Paraguay. Tomo III. México. Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. Siglo XXI Editores. 1984.

Jhon Womack Jr. Posición estratégica y fuerza obrera. Hacia una nueva historia de los movimientos obreros. México D.F. Fideicomiso Historia de las Américas, serie ensayos. Fondo de Cultura Económica. El Colegio de México. 2007.

El Periodista. Del Caribe a la Patagonia: Proyección Continental del México Insurgente. Buenos Aires. Noviembre de 1987. p. 2.

Aparte del libro Ante los Bárbaros. 1917.

Archivo Histórico del Magdalena Grande (A partir de esta cita en adelante se denominará A.H.M.G.), Gaceta Departamental de 1934. Segundo Semestre. 9 de Octubre de 1934, Santa Marta. p. 669.

A.H.M.G, Periódico EL Estado, 19 de Octubre de 1934, Santa Marta. p. 1

A.H.M.G., Periódico El Estado, 26 de Noviembre de 1934.Santa Marta. p. 1.

A.H.M.G., Periódico El Estado, 27 de Diciembre de 1934. Santa Marta. p.1.

En México la educación durante la revolución fue una prioridad y más cuando el Partido Nacional Revolucionario Mexicano (PNR) lo toma como bandera de lucha a fines de los años veinte. El PNR posteriormente fue transformado por Lázaro Cárdenas en Partido de la Revolución Mexicana (PRM) y convertido finalmente en el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Ver estos cambios en Alejo Maldonado Gallardo, Sergio Guerra Vilaboy y Roberto González Arana. Revoluciones Latinoamericanas del Siglo XX. Síntesis histórica y análisis historiográfico. Morelia-México. Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. 2006. p. 433.

Jorge Enrique Elías Caro. “La Radiodifusión en Santa Marta 1930 – 1940”. En Secuencia. Revista de Historia y Ciencias Sociales del Instituto Mora de México D.F (México). ISSN 0186-0348. Vol. 24 Número 72, Septiembre- Diciembre 2008. pp. 11 – 34

Ibíd.

Con la revolución mexicana se inició toda una tendencia nacionalista y anti-imperialista, sobre todo en la segunda mitad del siglo XX, la cual con el tiempo transformó el imaginario de una sociedad, que a su modo, de manera incluyente se vio reflejada en manifestaciones populares como la música y en ese caso la de los campesinos o rancheros mexicanos. Ejemplo de ello, se tienen las canciones “El Rey” y “La Ley del Monte” alusivas de una u otra manera a las luchas revolucionarias de Francisco “Pancho” Villa, Emiliano Zapata y demás colaboradores. Ver en Jesús Jáuregui. El Mariachi: Símbolo Musical de México. México D. F. Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1991. p. 37; Carlos Felipe Romero Anzola: Colombia en el Siglo XX: Una historia a ritmo de Ranchera. Bogotá. Universidad Javeriana. 2009. p. 30.

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Efemérides Nuestra América Abril: especial NICARAGUA

Este mes, el especial de las efemérides destaca a la historia de la República Centroamericana de Nicaragua, y en cuya historia e identidad nacional recordamos a las figuras revolucionarias de Augusto C. Sandino y Rubén Dario. Pero también hay que mencionar a William Walker, más conocido como el “filibustero” y Anastasio Somaza quienes se encargaron de reprimir y asesinar al pueblo nicaragüense; y de negociar con los EE.UU. en beneficio de este último.

Bandera: Se basa en la que perteneció a las Provincias Unidas de Centro América, que a su vez tomo la bandera de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Posee tres franjas horizontales del mismo tamaño. Azul-Blanco-Azul. El primero y el tercero simbolizan la justicia, la lealtad, la fraternidad, la fortaleza, el valor, el cielo, el color de los lagos Xolotlán y Cocibolca, el Mar Caribe y el Océano Pacífico que bañan las costas del Este y el Oeste del país, respectivamente, al igual que las de Centroamérica. La franja blanca simboliza la pureza, la integridad, la igualdad, la bondad, la paz y la nación.

Durante el mes de abril de 1928, los periódicos en los Estados Unidos divulgaron que Augusto César Sandino y sus partidarios armados tomaron dos minas de oro propiedad de Americanos al noreste de Nicaragua,  Sandino con su  ejército lograron arruinar las minas antes de que llegue el ejército de los EE.UU. http://www.manfut.org/museos/sanalbino.html

Efemérides Abril: Especial Nicaragua

Además de las efemérides especiales sobre Nicaragua, también podrás ver más efemérides de Nuestro Continente.

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