Archivo de Octubre de 2010

Ensayo sobre quienes fueron los verdaderos protagonistas de nuestra independencia y como interpretamos su legado. (Parte II)

Por: Alejandro Pisnoy. Prof./Invest. CCC

 

México. 200 años de “tierra y libertad”

 

La lucha indígena campesina en México es actualmente reconocida, ya que desde 1994 el EZLN (Ejercito Zapatista de Liberación Nacional) descendió desde las montañas en el sur del país, más precisamente en el Estado de Chiapas para denunciar al “mal gobierno” y reclamar las tierras que le pertenecen a los verdaderos dueños de la tierra. Organizados a partir de siete caracoles (regiones administrativas) impulsaron en cada uno de ellos el trabajo agrícola, su propia producción de alimentos y medicinas, y la educación para cada uno de los zapatistas. Su principal arma es la palabra, muy diferente a la que la mayoría de los medios de comunicación quiere presentar, sumando a esto la permanente represión por parte del ejército, ya que cabe aclarar, que cerca de cada caracol hay establecido un regimiento.

La resistencia y lucha zapatista tiene su origen en los líderes de la Revolución llevada adelante por indígenas y campesinos en 1910, encabezada por Emiliano Zapata y Pancho Villa, en el sur y en el norte del país respectivamente, dicha revolución se basó en la libertad y  distribución de la tierra en manos a los que verdaderamente la trabajan.

 

La revolución de 1910 fue la segunda revolución importante de este país, ya que la primera fue 100 años antes, cuando México todavía era parte del virreinato de Nueva España, pero el reclamo era el mismo, devolver la tierra a sus verdaderos dueños; es por esto, sumado al  aumento de precio del maíz, que encabezados por el cura Miguel Hidalgo, mineros, campesinos pobres, peones e indígenas se transformaron en los principales impulsores de la revolución; desde el norte comenzaron a avanzar hacia el centro del país, sumando aliados a su paso, lograron derrotar al ejército realista y firmar la abolición de la esclavitud y el tributo.

A diferencia del norte, el sur de México era menos poblado, pero con las mismas convicciones y mejor armados. Encabezados, al igual que en el norte por un cura, José María Morelos, peones y rancheros indígenas, mestizos y trabajadores negros iniciaron el camino de la insurrección de los marginados en esta región. Sin dejar de lado el respeto por la religión católica, al igual que Hidalgo, Morelos junto a sus hombres se pronuncian a favor de la soberanía popular, recuperar las tierras, el libre comercio y proclamar la independencia.

Las grandes luchas sociales, tanto del norte como del sur, se vieron atrapadas por el conformismo criollo de las metrópolis que sólo apoyaba, y se conformaba, con la independencia, pero no con el programa revolucionario. Pero las luchas populares volvieron a ser importantes, sobre todo en el sur, a partir de la denominada “Junta de La Balsa”, encabezada por Vicente Guerrero y “el indio”, Pedro Asencio de Alquisiras; que ante tan fuerte resistencia, e incasables intentos, las fuerzas realistas tuvieron que pactar, es por ellos que se firma el Plan de Iguala el 24 de febrero de 1821 y que fue conocido porque garantizo la religión, la unidad y la independencia.

 

Centroamérica. De las ideas posibles a la violencia        

 

La violencia es algo cotidiano en Centroamérica por estos días, sea de carácter social o estatal, con una fuerte influencia de los EE.UU. y una mirada constante hacia el norte por parte de sus habitantes, lejos parecen estar aquellos ideales de resistencia cuando unos 100 años atrás Augusto C. Sandino, Farabundo Martí o Antonio O. Sánchez, lideraron movimientos obreros, campesinos e indígenas en protesta y resistencia a la explotación de las empresas norteamericanas.

 

En la Capitanía General de Guatemala se encontraba la mayor población de indígenas que tributaban al sistema colonial, la organización productiva era muy similar a la del sur del Virreinato de Nueva España, como así también la influencia que causó la revolución encabezada por Morelos e Hidalgo. Es por ellos que los indígenas junto a intelectuales liberales, algunos pequeños comerciantes y algunos criollos pertenecientes a las clases más populares, encabezaron las principales protestas y conspiraciones, pero éstas no lograron alcanzar el nivel de las que se produjeron más al norte, ni el resto del continente, por lo que tampoco lograron alterar el viejo y establecido orden colonial.

            De hecho cuando se convoco al cabildo en septiembre de 1821, éste estaba compuesto por notables y grandes propietarios apoyados por las autoridades españolas. Pero la manifestación popular reclamaba “independencia o muerte”, es por esto que la aristocracia no tuvo alternativa y convocó a un congreso en donde participaran todas la provincias de Centro América, en el mismo se declaró el libre comercio, el respeto a los bienes de la iglesia y se delegó el poder a una Junta Provisional Gubernativa que fue presidida por el Gral. Gabino Gainza, el mismo que había convocado al cabildo a notables y propietarios, con el título de “jefe político y supremo de las provincias de Centro América”.

            En desacuerdo con esta decisión, encabezados por el cura Delgado, el pueblo salvadoreño organizo una gran resistencia y proclamo su independencia en enero de 1822, tanto de España como de México y abolieron la esclavitud, base fundamental en la economía de esta región. Hecho que se repitió en Nicaragua cuando el pueblo, encabezado por Cleto Ordóñez, se reveló frente a los realistas en Granada, proclamando un gobierno basado en la igualdad y republicano el 16 de enero de 1823.

            Estos acontecimientos lograron que México decidiera que Centro América mismo defina su destino. Se convocó a un congreso que proclamó la eliminación de títulos, la igualdad entre los ciudadanos, la independencia y la creación, el 22 de noviembre de 1824, de la Federación de Centro América.  

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Ensayo sobre quienes fueron los verdaderos protagonistas de nuestra independencia y como interpretamos su legado. (Parte I)

Por: Alejandro Pisnoy. Prof./Invest. CCC

 

“En las entrañas de mi patria entraba la punta asesina hiriendo las tierras sagradas. La sangre quemante caía de silencio en silencio, abajo, hacia donde está la semilla esperando la primavera. Más hondo caía esta sangre. Hasta las raíces caía. Hacia los muertos caía. Hacia los que iban a nacer”.[1] 

 

Es innegable el papel fundamental que jugaron en la etapa de la emancipación americana hombres como Francisco de Miranda, J. De San Martín, Simón Bolivar, Manuel Belgrano, José A. Sucre y Bernardo O´Higgins por nombrar algunos de ellos resaltados por la historia clásica o académica, pero sin destacar la importancia de su gesta o idea de emancipación y unidad del continente. Otros hombres “olvidados, o menospreciados”,  que también lucharon por la libertad del continente fueron José G. Artigas, Mariano Moreno, Juan J. Castelli, y hasta el propio y el más ideólogo revolucionario de la independencia, Bernardo de Monteagudo; claro que faltan nombrar a muchos más. Hoy podemos vislumbrar que estos hombres y sus ideales fueron dejados de lado, qué lugar ocupan los pueblos originarios, los negros (inclusive en situación de esclavitud) y los criollos que pertenecían a las clases más populares, en esta parte de la historia; teniendo en cuenta, la gran influencia y el camino que marcó para ésta gran emancipación continental la independencia de Haití, la primera independencia del continente (1 de enero de 1804), es decir, la victoria de los esclavos frente al ejército napoleónico.

En el párrafo anterior sólo mencionamos a algunos de los hombres y pueblos, dejados de lado por la historia tradicional, que lucharon por la independencia, pero mucho más olvidado, menospreciado y mal interpretado es el papel que tuvieron las mujeres en la lucha por la libertad de nuestro continente. Juana Azurduy en el Alto Perú; Manuela Sáenz quien lucho junto y desde muy joven, junto a Bolívar y Sucre; Javiera Carrera en Chile; Josefa Ortiz y Leona Vicario en México entre otras. Hoy en día poco reconocidas, hecho que no fue así en aquel momento, ya que pensadores como Monteagudo entre otros, reconocieron el papel fundamental de ellas en la lucha “… Americanas: os ruego por la patria que desea ser libre, imiteís estos ejemplos de heroísmo y coadyuvéis a esta obra con vuestros hijos; mostrad el interés que tenéis en la suerte futura de vuestros hijos, que sin duda serán desgraciados si la América no es libre […] viva la exclamación que hacía en nuestra época una peruana sensible ¡¡¡libertad, libertad sagrada, yo seguiré tus pasos hasta el sepulcro mismo!!! y al lado de los héroes de la patria mostrará el bello sexo de la América del Sud el interés con que desea expirar el último tirano, o rendir el supremo aliento antes que ver frustrado el voto de las almas fuertes”[2]   

 

En casi todos los territorios que se decían pertenecer a España, el camino a la emancipación se desarrollo en dos etapas, la primera desde 1808 hasta 1816; y la segunda desde 1816 hasta 1826. La primera etapa, se caracterizó por la formación de juntas de gobierno dominadas por la elite criolla que en algunos casos pretendía separarse de España, pero sin alterar la estructura socioeconómica que se venía desarrollando[3]. Paralelamente se produjeron rebeliones armadas de las clases más populares, en algunos casos organizadas, y en otros, más espontáneas, con falta de coordinación y diferentes estrategias, éstas se desarrollaron en las principales ciudades de la colonia (México, Venezuela, Nueva Granada, Quito, Alto Perú, Río de la Plata y Chile), con mayor o menor presencia de personas en alguna de ellas durante esta primera etapa, el objetivo era liberarse de la explotación española, pero sin caer en la explotación de la elite local[4].

La etapa que va desde 1816 hasta el Congreso de Panamá convocado por Bolivar en 1826 se caracterizó fundamentalmente porque las colonias españolas y portuguesas logran la liberación definitiva (excepto Cuba y Puerto Rico) luego de la derrota del ejército realista a manos del ejército comandado por el Mariscal Antonio J. De Sucre en Ayacucho, derrota que impuso la firma de la capitulación definitiva por parte de España. En esta etapa además, las guerrillas populares y campesinas jugaron un papel fundamental, más aún que en la primera etapa, que fue el de apoyar y auxiliar permanentemente a los ejércitos libertadores.



[1] Pablo Neruda. “El Empalado”.

[2] Monteagudo, B. Horizontes políticos. Ed. Aterramar. Bs. As. 2008. pg. 34   

[3] “…para este sector aristocrático, puesto a la cabeza de la lucha, la independencia era concebida como un conflicto en dos frentes: “hacia arriba”, contra la metrópoli y “hacia abajo”, para impedir las reivindicaciones populares y cualquier alteración del statu quo…”. En: Guerra Vilaboy, Sergio. El dilema de la independencia. Ed. Ciencias Sociales. La Habana. 2007. pg. 26.  

[4] “La Pobre participación popular en esta etapa de la guerra emancipadora, el exagerado papel atribuido a las ciudades en la estrategia militar, el carácter fragmentario y local de los gobiernos criollos y sus múltiples contradicciones intestinas (centralistas y federalistas, republicanos y monárquicos, radicales y moderados) fueron los elementos principales que llevaron al fracaso, de los principales focos de la insurrección, entre 1814 y 1815”.  En: Guerra Vilaboy, S. Op. Cit. pg. 28.

 

 

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Efemérides de Nuestra América Octubre (II parte)

19 de Octubre

1960 EE.UU. establece el bloqueo embarques a Cuba.

1983 Es asesinado el líder granadino Maurice Bishop.

http://vimeo.com/9958883

 

20 de Octubre

1944 En Guatemala, la revolución vence a la dictadura de Federico Ponce, y bajo el lema “gobierno para el pueblo, por el pueblo y del pueblo” dicta una constitución basada en el sufragio universal, la libertad a los partidos políticos y la reforma agraria.

 

24 de Octubre

1842 Muere en Lima, Perú, el capitán general Bernardo O’Higgins.

 

25 de octubre

1825 Uruguay, entonces la provincia Oriental, se independiza del Brasil y se reincorpora a las Provincias Unidas del Río de la Plata.

 

26 de Octubre

1881 Nace en el pueblo de Kayampi, Ecuador, una abanderada y luchadora de los pueblos originarios, Dolores Cacuango.

http://www.educarecuador.ec/_upload/dolores%20cacuango.pdf

 

28 de Octubre

1959 Muere en un trágico accidente el comandante del movimiento 26 de julio Camilo Cienfuegos.

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El 26 de julio de 1953: inicio de la Revolución Cubana (IV Entrega)

Dr. Sergio Guerra Vilaboy

Universidad de La Habana

y Miembro de la Academis de Historia de Cuba

Renace la Academia de Historia de Cuba

http://www.ohch.cu/noticias/info.php?id_noticia=20101009090241&cat=noticias

 

 

La lucha armada en 1957

 

      Entretanto, en la ciudad de La Habana, el 13 de marzo de 1957, el Directorio Revolucionario fracasaba al intentar ejecutar a Batista en el propio Palacio Presidencial. La acción, en la que participaron unos 50 combatientes, en su mayoría jóvenes estudiantes universitarios, muchos de los cuales murieron en el intento. Al salir de la toma de una estación de radio, donde al mismo tiempo se daba a conocer la noticia de la supuesta muerte de Batista, cayó en combate con la policía en un costado de la Universidad de La Habana la máxima figura del Directorio, José Antonio Echeverría.

En la represión desatada en los días siguientes por el gobierno fueron asesinadas no sólo la mayor parte de la dirección del Directorio Revolucionario, sino incluso figuras políticas sin vínculos con la acción armada como el conocido político ortodoxo Pelayo Cuervo. Muchos de los dirigentes sobrevivientes del Directorio Revolucionario debieron abandonar el país.

Otro grupo oposicionista perteneciente a la Organización Auténtica (OA), seguidores del ex presidente Carlos Prío, intentó repetir la epopeya del Granma en el yate Corinthya, procedente de Estados Unidos, que desembarcó el 19 de mayo de 1957 por la bahía de Cabónico al norte de la provincia de Oriente. Los 27 hombres de la expedición fueron sorprendidos por el ejército unos días después y 16 de ellos asesinados, incluido el propio jefe Calixto Sánchez White.

Mientras el Directorio y la Organización Auténtica sufrían estos duros reveses, las fuerzas comandadas por Fidel Castro en la Sierra Maestra conseguían nuevas victorias. El 28 de mayo de 1957 las guerrillas del M-26-7 se anotaban otro significativo triunfo en el combate de El Uvero. El 27 de julio el naciente Ejército Rebelde atacó también con éxito el cuartel ubicado en la fábrica de azúcar Estrada Palma, aunque tres días después caía asesinado Frank País en Santiago de Cuba, cuyo entierro devino en una protesta popular que paralizó durante varias horas la capital de la provincia de Oriente.

En el segundo semestre de 1957 el Ejército Rebelde, ya organizado en dos columnas –una comandada por Ernesto Che Guevara y la otra por el propio Fidel Castro- se impuso en una serie de combates. En esa coyuntura, el 5 de septiembre de ese año, estalló una sublevación de marinos en la base naval de Cienfuegos (Cayo Loco). La rebelión, dirigida por un grupo de oficiales jóvenes de la marina de guerra vinculados al M-26-7, permitió la ocupación de la ciudad de Cienfuegos por varias horas, aunque fue aplastada con un indiscriminado bombardeo del ejército y la aviación, que incluyó entre sus víctimas a centenares de muertos y heridos civiles.

 

El auge guerrillero y la política de Estados Unidos.

 

      A principios de 1958 el Ejército Rebelde, cuyo número seguía incrementándose con la incorporación de miembros del M-26-7 y de campesinos de la zona, continuaba sus triunfos en la provincia de Oriente, lo que le permitió al Ejército Rebelde consolidar un área liberada en las estribaciones de la Sierra Maestra. En esta zona se fue organizando una sólida base logística que llegaría a tener hasta una emisora de radio.

Además, una columna de unos 70 hombres, al mando del comandante Raúl Castro, abría el II Frente Oriental en la zona nordeste de la provincia de Oriente, mientras el comandante Juan Almeida, con 55 guerrilleros, inauguraba el III Frente en la región cercana a Santiago de Cuba. Por su parte, el comandante Camilo Cienfuegos incursionaba exitosamente en los llanos del río Cauto y en las cercanías de Bayamo y el Che Guevara extendía sus operaciones con otra columna al este del Pico Turquino. El control de la columna 1 de Fidel Castro, ya era amplio sobre la Sierra Maestra. En la ciudad de La Habana, entre tanto, se producía una importante acción el 23 de febrero de 1958 cuando un comando del M-26-7 secuestraba al afamado automovilista argentino Juan Manuel Fangio, quien pretendía participar en una competencia deportiva convocada por Batista. 

Por otra parte, en las primeras semanas de 1958 habían comenzado a operar en la región central de la isla, en la provincia de Las Villas, otros grupos guerrilleros. Uno de ellos fue organizado por el Directorio Revolucionario 13 de Marzo, comandado ahora por Faure Chomón, su secretario general, llegado a Cuba en el yate Scapade. En la Sierra del Escambray ya operaban unos 40 guerrilleros comandados por Eloy Gutiérrez Menoyo. Pero los caminos de los combatientes ya establecidos y los recién llegados pronto se separaron, terminando por vertebrar dos organizaciones bien diferentes.

También a principios de 1958 Estados Unidos decidió, presionado por la opinión pública, adoptar medidas contra el cada vez más desprestigiado régimen de Batista. Con ese fin, el gobierno norteamericano decidió imponerle un embargo de armas, pretextando la violación del Acuerdo de Asistencia Mutua Militar que impedía utilizar los recursos entregados para la “defensa continental” en la represión interna.

El verdadero propósito de la disposición era presionar a Batista para que hiciera concesiones a la oposición burguesa y buscara una salida electoral que impidiera un triunfo revolucionario. La medida no implicaba el retiro de las misiones militares norteamericanos y sólo abarcaba las armas donadas a través del programa de Asistencia Militar, por lo que no afectaba la adquisición selectiva, aunque obligó al dictador a comprar pertrechos en Gran Bretaña, Bélgica, Israel y República Dominicana, entre otras fuentes.

     La impresionante cadena de victorias conseguidas por el Ejército Rebelde en los primeros meses de 1958 fue detenida momentáneamente por el fracaso de la huelga general convocada el 9 de abril de 1958 por el M-26-7. En la capital cubana la organización del 26 fue duramente golpeada y casi desarticulada, por lo que el centro de gravedad de la Revolución se trasladó en forma completa a la Sierra Maestra, pues Fidel Castro pasaría desde entonces a ostentar la máxima jefatura política y militar.

 

Derrota de la ofensiva militar gubernamental

 

     El duro revés que significó la fallida huelga de abril trajo, entre sus consecuencias, un endurecimiento del régimen de Batista, que incluyó el lanzamiento, el 24 de mayo de 1958, de una poderosa ofensiva militar contra la Sierra Maestra, denominada Plan FF (Fin de Fidel o Fase Final).

Veinte días después, como parte de la puesta en marcha de esta estrategia gubernamental, que preveía la movilización de 12 mil efectivos, comenzó la batalla por llegar a la comandancia de La Plata en plena Sierra Maestra, que obligó a las fuerzas guerrilleras –estimadas en poco más de 300 hombres- a retroceder ante el empuje del ejército, muy superior en número y armamento.

Pero entre los días 25 y 30 de junio, en la batalla de Santo Domingo, el Ejército Rebelde emboscó a las fuerzas enemigas, logrando detener su ofensiva, lo que significó el viraje de las operaciones militares que tenían lugar en el teatro de la Sierra Maestra. Sin duda el encuentro más importante fue el que tuvo lugar en la batalla del Jigüe, donde las tropas batistianas sufrieron un gran descalabro y todo un batallón se rindió a Fidel Castro. A este duro revés siguió unos días después el de Las Mercedes (30 de julio al 6 de agosto), que significó la derrota definitiva de la ofensiva de verano de la dictadura. Las bajas del ejército sumaban más del 10% de los efectivos gubernamentales, creándose las condiciones para volver a extender la guerra fuera de los marcos de la Sierra Maestra.

 

Invasión al occidente y triunfo de la Revolución

 

     Tras la derrota de la ofensiva militar gubernamental, Fidel Castro decidió invadir el resto de la isla. Para ello despachó a fines de agosto dos columnas guerrilleras, una integrada por 80 hombres, comandados por Camilo Cienfuegos, con la intención de llegar al extremo occidental (Pinar del Río); y la otra, compuesta de 140 combatientes y a las órdenes de Che Guevara, que debería hacerse fuerte en la provincia central de Las Villas. A la vez, otros destacamentos comenzaban a operar en varias direcciones, mientras surgían brotes guerrilleros en todas las provincias del país.

Las dos columnas del Ejército Rebelde, comandadas por el Che y Camilo Cienfuegos, tras recorrer pantanos y llanuras sorteando el hostigamiento enemigo y muy adversas condiciones climáticas, alcanzaron el centro de la isla a principios de octubre de 1958.

    A esa altura la ofensiva revolucionaria, iniciada el 12 de noviembre, era ya imparable ante la generalizada desmoralización enemiga, cuando el Ejército Rebelde sobre pasaba los tres mil hombres. El 30 de noviembre el propio Fidel Castro se imponía con su columna en la batalla de Guisa. Unos pocos días después, el 7 de diciembre, en un avión enviado por el gobierno de Venezuela con armas, entregadas por orden del almirante Wolfgang Larrazábal, llegó al territorio liberado en Oriente Manuel Urrutia, designado por el M-26 de Julio y otras organizaciones revolucionarias y partidos de oposición como presidente provisional. El 18 de diciembre en La Rinconada se llevó a cabo una reunión ampliada de la dirección del M-26-7 con el propósito de ir conformando el nuevo gobierno revolucionario presidido por Urrutia, que debería tomar posesión en Baire el 24 de febrero de 1959.

Sin duda, el punto culminante de la ofensiva rebelde se consiguió con la liberación por la columna del Che de la ciudad de Santa Clara, capital de la provincia central, así como por el sitio de Santiago de Cuba y Guantánamo establecido por las fuerzas de Fidel y Raúl Castro.

Desde el 22 de diciembre el jefe del Estado Mayor Conjunto de Batista, general Francisco Tabernilla Dolz, había informado en una reunión de los altos mandos militares “que consideraba perdida nuestra causa”[1], por lo que era necesario negociar con el Ejército Rebelde. En concordancia con estos planes, el 28 de diciembre, en las ruinas de una abandonada fábrica de azúcar, se produjo la entrevista del general Eulogio Cantillo, jefe de operaciones del ejército, con Fidel Castro, en la que se acordó que los militares se sublevarían contra Batista el 30 de diciembre e impedirían un golpe de estado y la fuga del dictador. Como parte del acuerdo, el inminente ataque rebelde a Santiago de Cuba se aplazaría al concederse una tregua hasta el día 31.

Cantillo incumplió todo lo pactado con Fidel Castro. El 1 de enero de 1959, en horas de la madrugada, este general –nombrado por Batista antes de huir jefe supremo de todas las fuerzas armadas- no sólo permitió la huida del dictador y los principales personeros del régimen, sino que en contubernio con la embajada de Estados Unidos nombró como presidente provisional al juez más antiguo del Tribunal Supremo. Pero este magistrado nunca podría ocupar el cargo.

En respuesta a la maniobra golpista, Fidel Castro lo desconoció, exigió la rendición incondicional de todas las fuerzas batistianas y convocó por radio a una huelga general nacional. En esas circunstancias, los planes fraguados apresuradamente por el alto mando militar y la embajada norteamericana para impedir el triunfo indiscutido de las fuerzas revolucionarias, se esfumaron ante la total paralización del país. Ante el ultimátum rebelde, el jefe de la guarnición de Santiago de Cuba aceptó pasarse al Ejército Rebelde con los 5 mil hombres acantonados en la ciudad. Esta oportuna acción evitó una sangrienta batalla por Santiago de Cuba y contribuyó a frustrar el golpe de estado en La Habana.

     Sin asidero, fracasada la maniobra dirigida a crear un gobierno provisional en la capital, los acontecimientos se precipitaron. Ante el incontenible desborde popular en todo el país, el régimen militar se desplomó en cuestión de horas y los efectivos gubernamentales se rindieron a las columnas de Camilo Cienfuegos y el Che Guevara que hacían su entrada triunfal en La Habana.

     En esas circunstancias, los planes fraguados por el alto mando militar, en contubernio con la Embajada norteamericana, para impedir el triunfo de las fuerzas revolucionarias, se esfumaron ante la paralización del país por una huelga general convocada por Fidel Castro. La Revolución Cubana, iniciada el 26 de julio de 1953 con el ataque al Cuartel Moncada, había llegado al poder y se iniciaba una nueva etapa en la historia de Cuba y, en cierta forma, de toda América Latina.

Texto Completo 26 de julio por S.G.V.

 


[1] Tomado de Andrés Castillo Bernal: Cuando esta guerra se acabe. (De las montañas al llano), La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 2000, p. 235.

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La Mano Negra del Norte

Breve informe del historiador ecuatoriano Jorge Nuñez sobre el intento de Golpe de Estado al presidente Rafael Correa

Los golpistas son un grupúsculo de policías manipulado por políticos de ultraderecha, liderados por el ex-Presidente coronel Lucio Gutiérrez. Lo comprobamos temprano en la noche, cuando estuvimos con Jenny en el edificio de los Medios Públicos (TV, Radio, Diario El Telégrafo), donde ella había sido invitada para una entrevista. Pues bien, llegaron unas 80 personas, muchas de ellas encapuchadas, y atacaron el edificio, rompieron las puertas y las mamparas de cristal y asaltaron las oficinas de los diversos medios, tratando de cortar las transmisiones. A la cabeza, arengando a ese grupo de golpistas, estaba un abogado a quien conocemos bastante bien, llamado Pablo Guerrero, hijo del inefable Pepe Guerrero y que es hombre de confianza y colaborador político de Gutiérrez. Por suerte, luego llegó al lugar un grupo de militares constitucionalistas, para proteger los Medios Públicos, y controlaron a esos golpistas.

Indignados con ese atentado, de ahí nos fuimos a la Plaza Grande y estuvimos presentes cuando el Presidente Correa regresó al Palacio Nacional, luego de ser rescatado por los militares y los policías no golpistas. Ahí había una multitud esperándolo desde la mañana y grandes concentraciones ciudadanas se produjeron al mismo tiempo en todos los rincones del país, en respaldo a Correa y al orden constitucional. La gente deliraba de emoción patriótica y daba vivas a la Revolución Ciudadana, que ha calado hondo en los sectores populares, a los que ha beneficiado notablemente.

Por lo visto, la gente está consciente de que que éste es un gobierno al servicio del pueblo y de la nación, que ha creado una gama de ayudas en beneficio de los más pobres: incrementó el bono de la pobreza, creó subisdios a la luz eléctrica y a la educación, entrega desayunos y almuerzos escolares, así como uniformes y becas a los mejores estudiantes. También ha creado la Misión Manuela Espejo (nombre de nuestra primera enfermera, hermana del Precursor de la Indeopendencia), que ha empadronado a todos los minusválidos y gentes abandonadas del Ecuador, para proveerles de ayudas, recursos ortopédicos y medicinas, y el Programa Joaquín Gallegos Lara (nombre de un gran escritor minusválido), para proveer pensiones estatales a familiares o amigos que cuidan de enfermos, ancianos y minusválidos.

La gente también está consciente de la recuperación económica del país, gracias a la política proteccionista y de incentivos a la producción nacional, ahora alabada hasta por la revista The Economist: hay un despegue de la industria y la artesanía nacionales, hay una agricultura floreciente (que este año ha producido 100 mil toneladas extras de arroz y otras tantas de maíz y soya), hay una nueva y formidable red de carreteras pavimentadas con hormigón rígido (para que duren treinta años) y una política de incentivos al turismo interno, entre muchas otras medidas destinadas a impulsar el desarrollo interno. El resultado es una disminución de la pobreza, que ahora es la segunda menor de Sudamérica, después de Uruguay, según cifras de la ONU, y también un crecimiento del empleo y disminución del desempleo, que antes era del 12% y ahora es del 9%. ¡¡¡¡Y todo esto en medio de la crisis mundial!!!!

Ayer la situación de orden público ha sido normal. Se sabe que en el putsch hubo cinco muertos (dos policías constitucionalistas y tres civiles pro correístas, atacados por los policías golpistas) y unos 190 heridos.

Seguiremos informando. Cordialísimo abrazo!!

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