Archivo de Septiembre de 2009

Makandal, el profeta de la libertad (parte II).

            Poco se sabe de los orígenes de este legendario personaje, pero algunas fuentes aseguran que nació en Guinea, en el seno de una familia tradicional, que le dio desde pequeño una importante formación religiosa musulmana e intelectual. Como muchos africanos, siendo muy joven, François Makandal,  fue apresado en un guerra fraticida, y vendido por sus enemigos tribales a los “civilizados” hombres blancos que se dedicaban al negocio de la trata negrera.

Luego de sufrir el periplo trasatlántico, arribo a Saint Domingue donde nuevamente fue vendido a un acaudalado terrateniente del norte y puesto a trabajar como esclavo en una de las plantaciones más importantes de la colonia. Al igual que el resto de los cautivos, vivió en carne propia las crueldades del sistema esclavista, padeciendo las permanentes torturas de los señores y llegando a sufrir la amputación del antebrazo en un accidente laboral. Aproximadamente para el año 1750, harto de humillaciones y luego de pelearse con su amo, Makandal se dio a la fuga, comenzando así, su larga y revoltosa trayectoria  como cimarrón en las regiones selváticas  de la Isla.[1] Lejos de optar por una vida apacible y de buscar reconstruir en la colonia el tradicional mundo africano como habían intentado otros cimarrones, Mackandal inició la conformación de un movimiento clandestino, cuyo objetivo ultimo y global, era  derrocar el poder de la casta dominante y terminar con la esclavitud en la Isla.[2]  En poco tiempo, gracias a sus dotes de líder, como eximio orador, valiente  luchador y profeta religioso vodu, Makandal junto a sus lugartenientes  Mayombé y Teysselo logró dar vida a una vasta comunidad cimarrona y a una red secreta  que fue creciendo en numero y abarcando amplias zonas de la región norte de la Isla. A su vez, debido a los conocimientos del líder en el uso de yerbas medicinales, el movimiento adopto como metodología de lucha, para socavar el poder colonial, el envenenamiento sistemático de los amos.

            Como señala Carolyn Fick, lo mas interesante del movimiento rebelde  liderado por Makandal es que representó, un importante giro en la historia de la resistencia de los esclavos en Saint Domingue  y un avance cualitativo en la conciencia de lucha de estos sectores. Así, en su opinión, la originalidad de éste radicó en su novedosa ideología y práctica política, ya  que, a diferencia de sus predecesores, no buscó conformar una comunidad libre, tradicional y afrocentrada como alternativa resistente a la esclavitud, sino que articulando  los elementos sincréticos contra-culturales del vodu, del cimarronaje y la resistencia cotidiana de los esclavos en las plantaciones, se propuso la destrucción total y absoluta del sistema esclavista y de la casta dominante[3]. En sus discursos frente a los esclavos y fugitivos, Makandal, “jugando” con tres pañuelos: uno amarrillo, otro blanco y negro, solía explicar con claridad pedagógica su proyecto político. Moreau de Saint Mery nos relata la escena. “He aquí –dijo- (mostrando el pañuelo amarillo) los primeros habitantes de Saint Domingue eran amarillos. He aquí los habitantes actuales y enseño el pañuelo blanco. He aquí, en fin, los que serán dueños de la Isla; era, el pañuelo negro[4] Makandal apostaba de esta manera a un proyecto emancipatorio universal y revolucionario (frente al anterior cimarrón/resistente/restauracionista), que redefiniera radicalmente el paisaje social político y económico de la colonia, su metodología era el veneno y hasta había planeado contaminar las fuentes de agua de Moreau de Saint Mery, para alcanzar su objetivo.

            El movimiento operó activamente aproximadamente desde 1752 hasta 1758, año en el que fue finalmente desarticulado. El número de integrantes superaba ampliamente el centenar, y entre ellos se encontraban cimarrones, esclavos de las plantaciones, domésticos y hasta negros libertos, en una rica y compleja alianza que permitía aunar esfuerzos, aprovechar las fisuras del sistema esclavista y golpear a los amos allí donde menos se los esperaban, en sus propios hogares. Los primeros años fueron de organización y las acciones individuales pasaron desapercibidas, pero con el correr del tiempo estas fueron incrementando y generalizándose, por toda la colonia, hasta que la casta dominante, empezó a notar que algo no andaba bien, que no era común la repentina plaga de envenenamientos. Los años 1757 y 1758, fueron los más trágicos para los blancos, con fuertes  brotes mortales en  ciudades claves como Port au Prince, le Cape Français y Fort Dauphin, propiciando un terror generalizado entre los amos y las autoridades coloniales, quienes, aunque apresaban, torturaban y ejecutaban a sus esclavos sospechosos, no lograban asestar el golpe definitivo que diera muerte a la hidra de mil cabezas, que  desde las tinieblas los acosaba[5]. Justamente, el terror, era uno de los objetivos claves del movimiento de Makandal, una de las herramientas principales de los cautivos, la posibilidad de demostrarles a los blancos, que a pesar de creerse amos y señores de la Isla, su poder era endeble y en última instancia se apoyaba, en un terreno fangoso, la aceptación pasiva de los esclavos. Una vez rota ésta, todo era posible, los amos vivían rodeados de enemigos y en los años 1757-1578, como nunca antes, éstos tuvieron clara conciencia del peligro real que eso significaba.

            A pesar de ello, como ya adelantamos el movimiento rebelde finalmente fracasó. El cimarrón, fue apresado en 1757, cuando bailaba en una calinda con sus hermanos y de ahí en más siguieron una serie de arrestos que con el tiempo lograron desarticular y dar por tierra con la organización clandestina que asolaba la Isla. Makandal, en un primer momento, logró romper las cadenas que  nuevamente lo aprisionaban y consiguió escapar a la selva sin embargo su suerte ya estaba echada y luego de una intensa búsqueda policial fue recapturado y ahora si, condenado a pagar sus pecados en la  hoguera. Pero Makandal, el místico,  se resistía a morir, él mismo les  había dicho  infinidades de veces a sus seguidores que era inmortal, que los blancos nunca podrían apresarlo y que de hacerlo, reviviría metamorfoseado en un animal mágico que continuaría eternamente la lucha hasta conseguir la definitiva libertad de los esclavos. Así el 20 de enero de 1758, el día de su ejecución ocurrió un hecho legendario que dejó atónitos a los blancos y cautivos, que habían sido convocados, para presenciar la ejemplar muerte del indómito cimarrón. Al prenderse la hoguera, este, estalló en furia, rompió las sogas y con un alarido se abalanzó sobre el público blanco. Cundió el pánico, pero finalmente el control fue restablecido y él condenado quemado vivo. Muerto al fin, habrán pensado los amos. Para los cautivos, la historia fue muy distinta, Makandal, con su última demostración de lucha, se había metamorfoseado, convertido, en un mártir inmortal, el cimarrón eterno, que con su coraje y su fe religiosa había sembrado los gérmenes de la libertad. Semillas que terminarían de brotar el 22 de Agosto de 1791, cuando miles de esclavos decidieron seguir su ejemplo y  emprender el camino definitivo hacia  la emancipación universal.[6]

 

Juan Francisco Martínez Peria

Invest. CCC

 

 


[1] Carolyn Fick , The Making of Haití , Ed University of Teneasse Press, Knoxville , 2006 ,pg 60 , José Luciano Franco , “Historia de la Revolución de Haití” ,Editora Nacional , Santo Domingo , pg 170 ,  CLR James , “The Black Jacobins” , Ed  Vintage ,New York , 1989 ,pg 20 ,Laurent Dubois , op cit , pgs 51,52.

[2] Carolyn Fick, op cit , pgs 61,62  ,  José Luciano Franco , op cit ,pg 171 ,CLR James ,op cit ,pg 20

[3] Carolyn Fick ,op cit , pg  61 ,62.

[4] Moreau de Saint Mery citado por Jose L.Franco , op cit , pg 171.

[5] Carolyn Fick , op cit , pgs  63-71

[6] Jose L .Franco , op cit  pg 172

Comentá »

Makandal, el profeta de la libertad (parte I)

Mapa de América Central, el Caribe y Haití

“Aquella tarde los esclavos regresaron a sus haciendas riendo. Mackandal había cumplido su promesa, permaneciendo en el reino de este mundo. Una vez más eran burlados los blancos por los  Altos Poderes de la Otra Orilla”[1].     

 

 

            A mediados del siglo XVIII, la colonia francesa de Saint Domingue, la actual Haití, era la posesión ultramarina europea más rica del Nuevo Mundo. Con una extensión territorial muy pequeña, su enorme prosperidad se basaba fundamentalmente en dos factores centrales: la competitividad de sus materias primas de exportación y su sistema de trabajo esclavista. La Isla se especializaba en el cultivo y comercialización de café, índigo, algodón y añil, pero sin lugar a dudas, su producto más valioso era el azúcar, el cual se cotizaba a precios muy altos en el mercado europeo. Ya para esa fecha, Saint Domingue, con miles  de plantaciones que tapizaban su  montañoso paisaje, se había convertido una de las  principales exportadora de azúcar del mundo. Sin embargo, ese boom económico hubiera  sido imposible sino fuera por otro elemento clave, los miles y miles de africanos esclavizados que trabajaban hasta desfallecer, en las  plantaciones modernas  de sus “civilizados” amos europeos.

            La esclavitud, como sistema de explotación y de dominación, se encontraba en el centro del orden colonial, marcándolo y generando profundas inequidades, tanto económicas como raciales. En la cima de la sociedad se encontraban aproximadamente 14000, blancos europeos o criollos descendientes de franceses que habitaban la Isla. Estos conformaban una casta/clase dominante, la cual sin embargo  no era absolutamente homogénea ya que reconocía importantes fracturas internas en términos de acumulación de capital político y económico. Así, se dividía en tres sectores, que tenían importantes contradicciones y tensiones entre si:  a) los políticos y funcionarios coloniales, quienes hegemonizaban el poder político de la Isla y la administraban  en nombre y representación de la corona francesa, b) los llamados grand blancs, adinerados comerciantes y terratenientes, dueños de la mayoría de las plantaciones y esclavos de la isla, económicamente muy poderosos pero  excluidos de la administración pública y c) los petit blancs, blancos pobres, artesanos, marineros, soldados, empleados y malvivientes, cuyo único capital social era el color de su piel. Segregados por las  leyes coloniales, fuertemente racistas, se encontraba otro sector social relevante, los llamados affranchis,    mulatos y  negros libertos, que paradójicamente, aunque eran víctimas de la exclusión política /social /cultural de la casta dominante, eran también amos esclavistas y poseían un porcentaje relevante de las plantaciones de la Isla.

 El último escalón en el orden social lo ocupaban, por supuesto, los desheredados de la tierra: aproximadamente 150.000 esclavos que habitaban la Isla.[2] Con un pequeño porcentaje de criollos, la población cautiva se conformaba en su mayoría de bozales, o sea africanos, que eran originariamente libres y habían sido arrancados violentamente de su tierra para trabajar forzadamente en la colonia. Humillados, vilipendiados y degradados permanentemente por sus amos, los esclavos debían cultivar las tierras en las plantaciones y acatar las órdenes de estos como si fuera la voluntad divina. De hecho, aunque existía un cuerpo normativo que regulaba la institución esclavista, el infame Código Negro (instaurado por Luís XIV en 1865), la voluntad de los amos era la única ley en las recónditas plantaciones de la Isla y ésta se aplicaba casi siempre de manera brutal y violenta. Tortura y represión corporal, no eran, sin embargo, las únicas manera de controlar a los cautivos, también apelaban los amos a la aculturación religiosa e ideológica para domesticarlos e imponerles su sometimiento racial, como algo natural, destinado por Dios. Muchos, especialmente entre los criollos domésticos, agachaban la cabeza y obedecían a sus señores, sin embargo la mayoría resistía al sometimiento, de las más diversas maneras. Esta lucha contra la esclavitud solía adquirir el carácter de pequeño cimarronaje, o sea una resistencia cotidiana e individual, que iba desde fugas momentáneas de las plantaciones, envenenamientos de amos, hasta el aborto propiciado por las madres cautivas para evitar el calvario de la esclavitud a sus propios hijos. Sin embargo periódicamente, la lucha adquiría un carácter explosivo, el del gran cimarronaje, que implicaba la fuga masiva de esclavos y la conformación de comunidades rebeldes en las zonas selváticas y montañosas de la isla, las cuales buscaban aislarse y reproducir el estilo de vida de su tierra natal. Estas comunidades, mantenían una constante posición beligerante frente a la casta dominante y representaban un peligro  para los amos, ya que eran el vivo ejemplo de que valía la pena apostarlo todo  para luchar por la libertad.

Sin embargo, éstas no eran las únicas formas de batallar contra el sistema, había otras, muy relevantes, que ponían en jaque la cosmovisión hegemónica de la casta dominante, la contra-cultura de los esclavos, conformada principalmente por el Vodu y el Cróele. De origen sincrético, ambas expresiones culturales les otorgaba una fuerte identidad a los cautivos (que en general provenían de diferentes etnias africanas) y les permitía vehiculizar sus anhelos de libertad, rompiendo con la lógica objetivizante de la esclavitud y convirtiéndolos en sujetos artífices de su propio destino. El Vodu y el cimarronaje sin duda eran elementos sumamente  subversivos y   cuando ellos se mezclaban, generaban un coctel altamente explosivo, cosa que sucedió, para terror de los amos, a mediados de la década del 1750, en un intento de rebelión de esclavos  liderada por François Makandal.

 

Juan Francisco Martínez Peria

Invest. CCC


[1] Alejo Carpentier ,”El reino de este mundo” ,Alianza Editorial , Madrid,reimpresion 2007.

[2] Sobre la estructura social de la Isla , Vease  Laurent Dubois “Avengers of the New World” Harvard Press , Boston , 2004 ,pg 19 y  Laurent Dubois , John D Garrigus , “Slave Revolution in the Caribbean 1789-1804” Ed.Bedford/St Martin , Boston , 2006 , pgs 15,16

Comentarios (1) »

EL CASO DE LA ISLA DE SAN ANDRÉS: Secesión para ir a la reanexión.

Ligado al tema anterior de la Mosquitia[1] está el caso del Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, actualmente bajo la soberanía colombiana, en donde –por lo menos en San Andrés- existen reclamos para reanexarse a Nicaragua, unificándose con la región de la Mosquitia.

El actual Departamento de Colombia se encuentra en el Mar Caribe a sólo 220 kilómetros al este de la costa de Nicaragua y a más de 770 kilómetros al noroeste de Colombia. El archipiélago está integrado por las islas de San Andrés, su capital, Providencia y Santa Catalina, además de una cantidad de islotes y cayos.

En el año 1631 se estableció en Providencia un grupo de puritanos ingleses, que se dedicaron a cultivar algodón y azúcar con mano de obra esclava. Diez años después fueron desalojados por los españoles, quienes posteriormente se retiran.

Estos territorios, ancestralmente, pertenecieron a la nación Mosquitia. En 1822 el Archipiélago y la costa de Mosquitia fueron separados de la capitanía de Guatemala para incertarlos en el Virreinato de la Nueva Granada. A partir de entonces perteneció a lo que hoy es la República de Colombia, pero manteniendo su cultura, diversas religiones y características lingüísticas (el inglés criollo sanandresano) diferentes a las del resto de Colombia.

En un trabajo del Centro de Estudios Económicos Regionales (CEER)- Cartagena, editado por el Banco de la República de Colombia, de autoría de Adolfo Meisel Roca, leemos los siguientes antecedentes históricos:

 

1851: Abolición de la esclavitud en la Nueva Granada.

1853: Plantadores de San Andrés se dedicaron al cultivo de la palma de coco, con demanda en el mercado norteamericano.

1883-1920: Auge en las exportaciones de cocos, prosperidad para los habitantes del archipiélago.

1929-1932: Deterioro de la situación económica de la isla por sequías, y caída de precios en el mercado internacional a causa de la Gran Depresión.

1930-1940: Migraciones de las islas hacia Panamá, Centro América y Colombia.

1950: Crisis económica por caída en exportaciones de coco, despoblación y emigración.

1951: La población alcanzó los 5.675 habitantes (853 menos que en el censo de 1938).

1946: Se inauguró el primer vuelo comercial regular a San Andrés desde una ciudad colombiana (Cartagena).

1953: San Andrés fue declarado puerto libre.

 

Al comienzo del trabajo citado Meisel Roca señala las consecuencias de haber declarado Puerto Libre al archipiélago:

 

En 1953, cuando el archipiélago fue declarado Puerto Libre y a los turistas colombianos se les permitió un cupo libre de aranceles para los artículos extranjeros que compraran en la isla, cambiaron dramáticamente las condiciones convirtiendo a los raizales en minoría en su propia tierra.

 

Y en las Conclusiones expresa:

 

 La marginalización económica, cultural y social de los raizales resulta ser el problema más serio que dejó la declaratoria de puerto libre a la isla en 1953.

Es urgente que se desarrollen programas de gobierno nacional, específicos y directos, que incrementen el capital humano de los raizales y la igualdad de oportunidades para que éstos participen mayormente en el control de la isla.

 

Con este cuadro de situación que llega hasta la actualidad, no es de extrañar la noticia que publicó El Nuevo Diario de Managua en su edición del 8 de diciembre de 1999 con el título: “Indígenas reclamarán isla de San Andrés”. El columnista es Oscar Merlo. En el copete de la noticia se lee: “Habitantes originales de la ínsula ocupada por Colombia, quieren reanexarse a Nicaragua. Invocan tratados que incluyen a Inglaterra, España, Estados Unidos y Austria en la solución del problema”. El artículo señala:

 

 El Consejo de Ancianos de la Costa Atlántica, prepara un documento legal mediante el cual reclamarán a Colombia la isla de San Andrés y demás territorios que ancestralmente pertenecieron a la Nación Mosquitia.

Los doctores Oscar Hodgson Argüello y Ernesto Scott Locawood, asesor legal y secretario ejecutivo respectivamente del Consejo de Ancianos, señalaron que en la solución a los problemas que se han presentado en el Mar Caribe, tienen derecho a participar diversas naciones, menos Colombia, que es la que se ha quedado con la ‘tajada del león’.

El doctor Hodgson manifestó que en la repartición del mar que se están haciendo Honduras y Colombia, los principales afectados son los indígenas de la Costa Atlántica de Nicaragua, incluyendo los que habitan las diferentes ínsulas.

En ese sentido, indicó que recientemente sostuvieron una reunión en San Andrés, y los indígenas que habitan allí manifestaron su deseo de volver a incorporar la isla a los antiguos territorios.

(…)

A través de los tiempos, señaló, el territorio indígena de la Costa Caribe ha tenido diferentes nombres, pasando por Togosgalpa y Tologalpa, en tiempos de la invasión española; Nación Mosquitia; Departamento de Zelaya; Zonas Especiales y actualmente Regiones Autónomas.

La posición de los ancianos ha sido definir este territorio como ‘Nación Comunitaria Mosquitia’, y partiendo de las diferentes agresiones culturales, territoriales, al medio ambiente y a los recursos naturales que le han hecho a nuestro territorio, el 17 de octubre de 1997 procedimos a izar la bandera de la nación Mosquitia.

El gobierno de la señora Violeta Barrios de Chamorro aceptó la izada de la bandera indígena por espacio de año y medio. ‘Hasta que llegó el doctor Alemán y la arrió, violando de forma flagrante el derecho internacional y el indígena’, señaló Hodgson.

La pelea es por nuestras tierras.

El problema actual entre Nicaragua, Honduras y Colombia, no es más que la discusión de la definición de las tierras indígenas, muchas de las cuales son patrimonio de la humanidad, dijeron los representantes del Consejo de Ancianos.

(…)

‘Pero ahora, con el actual problema de territorialidad, estamos tocando un avispero en términos del derecho internacional, por tratados como el Clayton-Bowler y el Clapton-Webster, que define la territorialidad entre Inglaterra y Estados Unidos, e involucran directamente a la Nación Mosquitia, al gobierno de Nicaragua y a los gobiernos de Centroamérica. Colombia nada tiene que ver en esto’.

Otros elementos normativos del derecho internacional mencionados por los indígenas, son el tratado entre Managua, Inglaterra y Estados Unidos; el laudo arbitral del emperador de Austria en 1870, hasta la definición del convenio de la Mosquitia, cuando el gobierno liberal de José Santos Zelaya se toma militarmente el territorio indígena ‘y se firma un convenio de buena voluntad entre los misquitos, los ramas y los nicaragüenses’.

 ‘Hay otro elemento clave, que es la entrega de la mitad del territorio indígena al gobierno de Honduras –y que es conocido hoy como la mosquitia hondureña- a través de subterfugios legales, aparentemente ‘cocinados’ en La Haya’, dijo el doctor Hodgson.

 

En nuestra sufrida América este caso puede verse como una rémora de las sucesivas colonizaciones y recolonizaciones impuestas en el Caribe, pero en particular remonta a responsabilidades concretas de España, Inglaterra y Estados Unidos en esos asuntos. Si bien directamente no aparece involucrado el coloso del norte, siendo más bien una disputa fronteriza entre Nicaragua y Colombia por la soberanía del archipiélago, la realidad indica el peligro latente de fragmentaciones, conflictos e inestabilidades, de las que siempre ha sacado ventajas Estados Unidos. Por lo menos eso es lo que enseña la historia en el continente.

 

Horacio A. López



[1] Nota publicada en el blog el día 20 de agosto de 2009. “EL CASO DE MOSQUITIA: Del Protectorado al intento de secesión”. http://www.centrocultural.coop/blogs/nuestramericanos/2009/08/20/el-caso-de-mosquitia-del-protectorado-al-intento-de-secesion/

 

Comentarios (2) »

Levantamientos Andinos en la segunda mitad del siglo XVIII (II parte)

Mapa de América del Sur en el siglo XVIII

         Las tensiones sociales en esta época aumentaban noblemente en América, y sobre todo cuando en 1779 comenzaría la guerra anglo española que se extendería hasta 1783, y que para esta parte del mundo significaría un aumento en los impuestos para poder financiar la guerra al otro lado del Atlántico.      

En enero de 1780, en oposición a las innovaciones fiscales impuestas por España, se produce en Arequipa un levantamiento que se extenderá por las ciudades de Huaraz, Cerro de Pasco, La Paz, Cochabamba. El levantamiento de Arequipa fue el más notorio porque unió a los patricios y a los pobladores de la ciudad para atacar a la aduana y la casa del corregidor. Esta rebelión dejo en claro que el poder español en Perú era vulnerable, pero a su vez también demostró que una alianza de clases era muy difícil de mantener por las diferencias o desigualdades raciales y sociales existentes.

Unos años antes, en 1777, en Chayanta, al norte de Potosí comenzaba una rebelión que sería llevada adelante por Tomás Katari.  Este levantamiento tuvo tres etapas: la primera, se inicia en las ciudades de Anasaya y Urisaya de Macha en reclamo de sustituir a sus jefes étnicos y lograr el nombramiento de Tomas Katari como cacique de la región. Los enfrentamientos entre los indígenas locales y los españoles duraron hasta agosto de 1780, cuando se produjo el levantamiento masivo en el pueblo de Pocoata, logrando expulsar al corregidor español de Chayanta, y logrando la liberación del líder aymara Tomas Katari.

La segunda etapa cuando Tomas Katari regresa a la provincia de Macha como cacique en septiembre de 1780. Para esta época, las comunidades tenían el control de las áreas rurales y la violencia colectiva se había extendido a otras zonas de la puna y los valles. A fines de 1780, Tomas Katari intento recomponer la relación con los funcionarios españoles por medio del diálogo, pero los enfrentamientos habían llegado a un punto de no retorno. Esta etapa finaliza cuando en 1781 el líder aymara es capturado y asesinado, coincidiendo  con la expansión de la rebelión que Tupac Amaru encabezaba en el Cusco, el levantamiento en la ciudad de La Paz encabezado por Tupac Katari, y la exitosa sublevación en la ciudad de Oruro.

La tercera etapa es la que alcanzó la mayor insurrección y violencia cuando miles de indígenas encabezados por los hermanos de Tomas Katari, luego de atacar varios pueblos en la provincia de  Chayanta fueron derrotados con relativa rapidez, y entre abril y mayo de 1781 los españoles comenzaron a tomar de nuevo el control cuando capturaron y ejecutaron a los principales caciques de la revuelta.

Como mencione anteriormente la segunda etapa del levantamiento de Chayanta se da en paralelo con otros levantamientos a lo largo de la región de los Andes centrales, y que tuvieron distintas características entre sí.

En Oruro, provincia vecina a Potosí y La Paz, fue la única región donde los rebeldes lograron dominar el territorio a comienzos de 1781, ya que los indígenas se aliaron con parte de la elite, criollos y mestizos, en nombre de Tupac Amaru, y liderados por Jacinto Rodríguez se alzaron contra las autoridades españolas constituidas y los peninsulares en general. La diferencia que tuvo este levantamiento a otros fue que la población local supo distinguir a los criollos de los europeos, y que parte de la elite de Oruro se alió con los pueblos andinos para la lucha.

El levantamiento de La Paz surge, a diferencia de los procesos que se dieron en Cusco, Oruro y Chayanta, en el marco de una gran agitación revolucionaria al norte y al sur de Lago Titicaca en febrero de 1781, encabezada por Tupac Katari. Lo que comenzó como una protesta anticolonial, terminó siendo una guerra racial.

La rebelión del Cusco encabezada por Tupac Amaru durante 1780 y 1781, tuvo dos rasgos esenciales, el primero fue el renacimiento de la cultura incaica que comenzó a darse durante el siglo XVIII. El segundo rasgo fue que la sociedad cusqueña tuvo un elevado estatus social gozado por la aristocracia indígena, tanto entre las comunidades campesinas como entre la población hispana[1].

 La sublevación en la zona de Cusco se inició como una conspiración, un acto de violencia insurreccional que sorprendió por completo a las autoridades, la captura y la ejecución pública del corregidor de Tinta por parte de un supuesto descendiente del último Inca.

El mecanismo general de la expansión de la rebelión consistió en la marcha militar de las fuerzas de Tupac Amaru y en el establecimiento de contactos en las áreas rurales a fin de instigar el alzamiento en los pueblos. Para los pueblos indígenas de Cusco, la impugnación del régimen colonial constituyo el punto de partida de la insurrección.

Los levantamientos y resistencias de los pueblos originarios y sus descendientes de Nuestra América ante la dominación europea dejaron sus huellas en nuestra memoria, claro que la mayoría de ellos tuvieron características e ideologías diferentes en oposición a la nueva religión, la imposición de impuestos, o buscaban la vuelta anterior a la llegada de los españoles. El levantamiento, que tuvo una idea diferente para su época, ya que asumió reivindicaciones más a fondo sobre la tierra, las libertades políticas y la independencia, fue el encabezado por Tupac Amaru en Cusco durante 1780 y 1781, el más conocido y relevante de la época, levantamiento que los españoles quisieron ocultar y hacer olvidar en las décadas posteriores, como así también parte de la historiografía peruana. Claro que para otros historiadores, este levantamiento y la figura de Tupac Amaru como uno de los primeros de los grandes precursores de la independencia de Nuestra América, sí tuvo relevancia, al punto que describe los cuarenta años que siguieron a su ejecución en términos tales como: “casi medio siglo de incesante lucha por la libertad política” hablando de un proceso que alcanzó su conclusión natural y gloriosa con la entrada de San Martín en Lima en 1821[2].     

 

 

Alejandro Pisnoy

Prof. / Invest. CCC

 

Referencias Bibliográficas

 

Fisher, John. Etnicidad, insurgencia y sociedad en los Andes: el caso curioso del Perú, c. 1750 1840. En: Revista  Andina N 38.

Serulnikov, Sergio. Conflictos sociales e insurrección en el mundo colonial andino. El norte de Potosí en el siglo XVIII. Ed. FCE.  Bs. As. 2006.

Oliva de Coll, Josefina. La resistencia indígena ante la conquista. Ed. Siglo XXI. México D.F. 1991.

Valencia Vega. Julián Tupak Katari. Toco a rebato las campanas para la liberación del indio. Ed. Librería Juventud. La Paz. 1984.



[1] Serulnikov, Sergio. Conflictos sociales e insurrección en el mundo colonial andino. El norte de Potosí en el siglo XVIII. Ed. FCE.  Bs. As. 2006. pg. 421.

[2] Fisher, John. Etnicidad, insurgencia y sociedad en los Andes: el caso curioso del Perú, c. 1750 1840. En: Revista  Andina N 38. Pg. 77.

Comentarios (1) »
Creative Commons License

Desarrollo y mantenimiento RCC - Red Cooperativa de Comunicaciones C.P.S.L.

Realizado con herramientas de Software Libre bajo licencia GPL