Archivo de Agosto de 2009

Levantamientos Andinos en la segunda mitad del siglo XVIII (I parte)

Mapa de América del Sur en el siglo XVIII            Desde el comienzo de la conquista de Nuestra América los pueblos originarios y sus descendientes resistieron la dominación española a lo largo de los siglos XVI y XVII, pero será en la segunda mitad del siglo XVIII donde las protestas con distintos objetivos tomaron su caudal más violento  e idealista, sobre todo en la región de los Andes Centrales, desde el primer levantamiento pan amazónico en 1742 encabezado por Juan Santos Atahualpa, hasta los levantamientos que se dieron en paralelo en el norte de Potosí llevado adelante por Tomas Katari, y por Tupac Amaru en el Cusco.

             La llegada poder en España en la segunda mitad del siglo XVIII de los Borbones en lugar de los Austrias, no sólo trajo reformas políticas, económicas, administrativas y religiosas en España, sino que también este tipo de reformas fueron aplicadas en América que tuvieron como consecuencia el aumento de los levantamientos de los descendientes de los habitantes originarios, apoyados por criollos y mestizos, ya sea por el aumento de impuestos o tributos, o la idea de volver al pasado, anterior a la llegada de los conquistadores.

            En 1742, se producirá en la región de la selva central de Perú el levantamiento más prologado de la época de la conquista y la colonia llevado adelante por Juan Santos Atahualpa en reclamo de la expulsión de los españoles del Perú y sus esclavos negros, dejando a los indios, mestizos y criollos en el territorio, a la vez que proponía el retorno al imperio de los Incas, pero sin dejar rasgos culturales que la población ya tenía interiorizados, como por ejemplo el cristianismo. Otra proclama era lograr la coronación del nuevo Inca, que no sería en el Cusco, centro de poder por excelencia del antiguo imperio, sino en Lima, la sede política colonial. Estas ideas llevaron a que el movimiento adquiera un componente mesiánico, en la función del líder como salvador mítico y reorganizador del mundo, y milenarista en su propuesta de cambio del cosmos.

            En 1752 Juan Santos Atahualpa junto a su ejercito logran su victoria más importante tomando las ciudades de Sonomoro y Andamarca, la llegada a Lima estaba cada vez más cerca, pero la reacción española no se hizo esperar y el movimiento de Atahualpa tuvo que retroceder. En 1756, Atahualpa desaparecerá misteriosamente, y nunca más se lo volvería a ver, algunas fuentes dicen que murió luchando contra un líder local en el pueblo Metraro.

 

Alejandro Pisnoy

Prof. / Invest. CCC

 

Referencias Bibliográficas

 

Fisher, John. Etnicidad, insurgencia y sociedad en los Andes: el caso curioso del Perú, c. 1750 1840. En: Revista  Andina N 38.

Serulnikov, Sergio. Conflictos sociales e insurrección en el mundo colonial andino. El norte de Potosí en el siglo XVIII. Ed. FCE.  Bs. As. 2006.

Oliva de Coll, Josefina. La resistencia indígena ante la conquista. Ed. Siglo XXI. México D.F. 1991.

Valencia Vega. Julián Tupak Katari. Toco a rebato las campanas para la liberación del indio. Ed. Librería Juventud. La Paz. 1984.

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EL CASO DE MOSQUITIA: Del Protectorado al intento de secesión

Los ingleses, ávidos de conquistar territorios en el Nuevo Mundo, lograron una base en la Mosquitia –región oriental de la actual Nicaragua- en el siglo XVII. Establecieron allí un protectorado con el nombre de Reino de Mosquitia en 1661. Los indios mosquitios mantenían una fuerte identidad y habían rechazado a los españoles sistemáticamente; se aliaron con los ingleses por conveniencias comerciales y guerreras. Durante el siglo XVIII y parte del XIX el reino tuvo distintos monarcas sostenidos por Gran Bretaña. A mediados del XIX las presiones de los Estados Unidos, sustentadas en la Doctrina Monroe, y los intereses por las disputas territoriales debidas al proyecto de construcción del canal interoceánico por Nicaragua, llevaron a un acuerdo en 1850, entre este país y Gran Bretaña. Los ingleses mantendrían su dominación en la Costa y Estados Unidos lo haría sobre la ruta del Tránsito y el futuro del Canal.

En 1860 se firma el Tratado de Managua entre Nicaragua e Inglaterra.

 

Gran Bretaña renunciaba a su Protectorado Mosquitio y debía emprender su retirada paulatina de Centroamérica. Estados Unidos vendría a ocupar ese ‘vacío’. Sin embargo los ingleses retendrían su papel de ‘potencia protectora’ insistiendo en que los derechos de Autonomía de los misquitos se incluyeran en el Tratado. Así nació la ‘Reserva Mosquitia’. El rey de un plumazo dejó la corona y pasó a ser jefe hereditario de la Reserva… La ‘soberanía’ de Nicaragua era en realidad una formalidad… Un año después de firmado el Tratado de Managua, en Bluefields se reunieron 51 Witas (alcaldes) y aprobaron la Constitución de la Reserva, inspirada por el cónsul británico y que establecía de manera general, leyes inglesas.[1]

 

En 1894 la Mosquitia fue reincorporada oficial y concretamente a Nicaragua. La República de Colombia, durante muchos años, realizó a Nicaragua reclamaciones territoriales por la Mosquitia. Ambas naciones se pusieron de acuerdo recién en 1928 mediante un tratado por el cual Colombia reconocía la posesión nicaragüense sobre las costas de Mosquitia y, a su vez, Nicaragua le otorgaba reconocimiento soberano a Colombia sobre el Archipiélago de San Andrés y Providencia.

En 1909 los Estados Unidos pusieron sus ojos y sus intereses sobre Nicaragua, azuzados por la posición del gobierno de ese país que se oponía a la concesión de una ruta de Canal que EE.UU. proyectaba en dicha zona y, como agravante, tenía planes para otorgársela a Alemania. Entonces los norteamericanos reavivaron la aspiración secesionista de la zona de la Mosquitia, particularmente en la ciudad de Bluefields. Dicha ciudad había sido ocupada por el ejército nicaragüense en 1894, pero subsistía allí una cultura diferenciada del  resto del país: la habitaban mestizos y negros afro caribeños y se hablaba el inglés, además de tener el peso de una historia autonomista.

 

El procedimiento seguido por Taft y Knox[2] fue similar al empleado por Teodoro Roosevelt en Panamá. El 7 de octubre de 1909, el Cónsul norteamericano en Bluefields, Nicaragua, informaba cablegráficamente a Knox que al día siguiente estallaría una rebelión. Moffat, el susodicho Cónsul, detallaba los planes que aplicarían los alzados; el estado, con Bluefields como capital, se constituiría en ‘república’; Estrada, el gobernador, ocuparía la presidencia e inmediatamente apelaría a Estados Unidos para que lo reconociera…

El 10 se había constituido el gobierno provisional ‘amigo de los intereses yanquis’.[3]

 

A partir de allí viene un período de luchas fratricidas, renuncias de sucesivos presidentes de Nicaragua y el país convertido prácticamente en un protectorado yanqui, con sus aduanas controladas por funcionarios de EE.UU., para garantizar un empréstito cuya contratación se imponía y una comisión mixta de reclamaciones con mayoría yanqui.

 

Ante los rumores de que Díaz[4] se proponía hacer a Estados Unidos la concesión de una ruta para el canal y bases en ambas costas de Nicaragua, la Asamblea Nacional incluyó en la Constitución disposiciones que prohibían el traspaso del territorio nacional y fijaban la condición de nicaragüense para el desempeño de cualquier cargo público de la nación. Amenazaban venirse abajo los logros de Knox.[5]

 

Entonces entran en juego los marines, desembarcando en agosto de 1912. Sostenido en el poder por ellos, Adolfo Díaz es reelegido en noviembre en comicios vigilados por los marines. Finalmente, mediante el Tratado Bryan-Chamorro de 1916, Estados Unidos obtiene la tan ansiada ruta del canal, más una base naval en el Golfo de Fonseca.

Más adelante vendrá la heroica lucha del general Augusto César Sandino contra los marines invasores, los que se retiran en 1933 dejando a la Guardia Nacional bajo el mando del general Anastasio Somoza, quien en 1934 asesinará a Sandino.

Los intentos de secesión llegan hasta nuestros días y siempre con el aliento del imperialismo. A pesar de los intentos  del Frente Sandinista de Liberación Nacional para ganar a los misquitos para la causa de la revolución, incluido darles mayor autonomía, éstos escucharon los cantos de sirena de la contra.

Más recientemente, un cable de Prensa Latina, fechado el 30 de junio de 2004, da cuenta de lo siguiente:

 

El Consejo de Ancianos de los indígenas nicaragüenses anunció hoy que llevará al Tribunal Internacional de la Haya las demandas presentadas al gobierno para que le respeten su independencia heredada de sus ancestros. Lo anterior fue respaldado por más de 200 representantes de los grupos étnicos –misquitos, sumos, negros y ramas- que viven en la llamada zona de la Mosquitia, quienes participaron en la Asamblea general del Consejo. El evento que concluyó la víspera en Bluefields, capital de la Región Autónoma del Atlántico Sur, demandó al presidente Enrique Bolaños, se regresen a los indígenas las propiedades y derechos que heredaron de sus ancestros.

 

Hoy en día, cuando se vuelve a hablar de la posibilidad de un nuevo canal interoceánico por Nicaragua, la misma historia continúa.

 

Horacio A. López



[1] Reconquista Popular. Pueblos originarios y política imperialista.

http://archives.econ.utah.edu/archives/reconquista-popular/2004w38/msg00222.htm

 

[2]  Presidente y Secretario de Estado de los Estados Unidos respectivamente.

[3]  Ramos, César (comp.), Historia de América II, Selección de lecturas, Tomo II, Departamento de Historia de América, Universidad de La Habana, Editorial Pueblo y Educación, La Habana,  1980, p. 135.

[4]  Un nuevo Presidente de Nicaragua que respondía a Estados Unidos.

[5] Ibíd., p.138.

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El Faro del Pacífico entra en erupción. El Salvador, enero de 1932

El faro del Pacífico entra en erupcion

 

“…Todos juntos tenemos más muertes que ellos, pero todos juntos tenemos más vidas que ellos. La todopoderosa unión de nuestras medias vidas, de las medias vidas de todos los que nacimos medio muertos en 1932”[1].

 

Desde 1913, y hasta 1927 El Salvador estuvo gobernado por la familia Meléndez-Quiñonez. Desde el comienzo de la década de 1920 la organización de los sindicatos comenzaba a ser mayor, sobre  todo en las zonas cafeteras, ya que el café era el principal producto de exportación del país. En 1927 asume la presidencia Pío Romero Bosque, un conservador que anuncio importantes leyes laborales a favor de los obreros, una de las cuales fue la legalización de los sindicatos, también permitió la libertad de prensa. Su gobierno se vio favorecido por la prosperidad económica del país, pero que al final de su mandato debió enfrentarse a la crisis económica de 1930.

En 1931, Pío Romero finalizaba su mandato, lo  sucedió Arturo Araujo, un terrateniente que era admirador del laborismo inglés. Su victoria fue posible gracias al apoyo de algunos sectores sindicales e intelectuales. Pero la crisis económica que afectaba al mundo se sentía cada vez más en El Salvador, y los problemas sociales se acrecentaban como así también los problemas gubernamentales, ya que el gobierno de Araujo al tener problemas administrativos y fiscales dejo de pagar a los funcionarios civiles y militares.

            La crisis fue insostenible para el gobierno y el 2 de diciembre de 1931 comenzó el derramamiento de sangre en El Salvador. Un grupo de militares, encabezado por el general Maximiliano Hernández Martínez, vicepresidente y ministro de guerra de Araujo, apoyado por los terratenientes burgueses, provoco un golpe de Estado, derroco al presidente Araujo, y se instalo en el poder.

            El pueblo, cansado de tanta opresión decidió levantarse contra el gobierno militar de Hernández Martínez y las plazas de varios pueblos del país comenzaron a llenarse. Pero la respuesta por parte del gobierno no se hizo esperar y comenzó una gran represión que acabo con una gran cantidad de indígenas, campesinos, estudiantes y obreros heridos y asesinados, las fuentes hablan de casi treinta mil muertos, claro que el análisis de cómo comenzaron los acontecimientos y quienes fueron sus principales ideólogos de este 22 de enero de 1932, presentan sus diferencias.

            Las causas que llevaron al pueblo a este levantamiento fueron: La concentración de tierras en manos de una pequeña burguesía expropiando a indígenas campesinos, que comenzó a fines del siglo XIX; La conformación, en 1930 del Partido Comunista de El Salvador (PCS), cuya figura más relevante, tanto en la creación del Partido como en el levantamiento del 22 de enero donde fue asesinado, fue Agustín Farabundo Martí[2]. Por último, al descontento por el derrocamiento de Araujo, se le sumo el gran fraude que hubo por parte del gobierno militar en las elecciones municipales del día 3 de enero de ese mimo año.

            La historiografía salvadoreña tiene varias visiones sobre el levantamiento de 1932, algunas hablan de que estos acontecimientos son el primer intento comunista revolucionario en América Latina en el marco de la lucha del comunismo internacional para imponerse sobre el imperialismo de los EE.UU. Para otros fue o es el comienzo del ejemplo a seguir en la lucha revolucionaria del continente llevada adelante por campesinos, estudiantes y obreros. Otra visión, habla de que este levantamiento organizado por campesinos indígenas  ladinos, agrupados bajo el sistema tradicional de cofradías, se le sumo el PCS, pero que estos no fueron los ideólogos del levantamiento, pero otra visón habla de que es al revés, el plan fue ideado por el PCS, y los campesinos se incorporaron a ellos.

            Las visiones varían de acuerdo a la ideología política de los distintos historiadores, pero lo que si nos aclara como se inicio el levantamiento es lo que menciona Will Alfredo Pinto, dirigente indígena de Izalco, militante del Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) y miembro de la “Comisión de la Verdad sobre el genocidio de 1932” que se dedica a la investigación sobre las causas que desataron el levantamiento y la represión y etnocidio de ese año. En esta entrevista Will habla de que las causas que llevaron a este levantamiento fueron la pérdida de la tierra a manos de la burguesía terrateniente desde finales de la década de 1880, y que tubo como consecuencia a las malas condiciones económicas y de vida de los indígenas  campesinos, a esto se le sumo la crisis económica mundial de 1930, el posterior golpe de Estado y el fraude electoral de comienzos de enero ya mencionados.

En cuanto a la intervención del PCS en el levantamiento cuenta que “…la participación del Partido Comunista, al menos en lo que corresponde al sector indígena de Izalco es bastante poca. Lo que yo he logrado investigar es que era más el “Socorro Rojo”, el que estaba metido entre la comunidad indígena, tratando de orientar y organizar. Pero yo creo que al final el Partido Comunista  pudo haber tenido una participación en el levantamiento de 1932, pero aprovechando la situación, no es que la haya promovido, o que haya sido parte desde su inicio”.[3]

            Cuando el levantamiento popular fue derrotado el país entro en un largo período dirigido por una dictadura militar sangrienta y fascista, prohibiendo sindicatos y organizaciones partidarias democráticas. Se impuso el Estado de sitio, se llenaron las cárceles de presos políticos; se implantó una política a favor de la burguesía salvadoreña agroindustrial, comercial y financiera apoyada y respaldada por empresas y monopolios norteamericanos.

            Desviar la discusión y el análisis de la participación del PCS en el levantamiento popular de 1932 como lo hacen mucos historiadores, es importante, pero muchas veces nos puede llevar a dejar de lado las verdaderas causas y consecuencias, una maniobra que siempre les cabe bien a historiadores de derecha o que defienden los intereses de los EE.UU. para no mencionar la masacre que se llevo a cabo; análisis en los que muchas veces también caen algunos pensadores de la izquierda en la búsqueda de argumentar el porque de esa participación o simplemente justificarla. En ambos casos se pierde lo importante de los hechos que acontecieron y que deben permanecer en la memoria del pueblo salvadoreño y en la memoria de toda Nuestra América, dice Miguel Marmol (1981), escritor salvadoreño, “El Salvador es hoy ante todo, hechura de aquella barbarie… Puede que haya cambiado el estilo de los gobernantes, pero el modo de pensar básico que aún nos gobierna es el de los masacradotes de 1932”[4].

 

Alejandro Pisnoy  

Prof./ Invest. CCC.

 

Referencias Bibliográficas

Barishev, A. El Salvador. Medio siglo de miseria y de lucha. Ed. Cartago. Bs As. 1986.

Emanuelsson, Dick. Entrevista a Will Alfredo Pinto en: http://dickema24.blogspot.com/2009/06/las-raices-y-causas-de-la-insurreccion.html

Perez Brignoli, H. Breve historia de Centro América. Ed. Alianza. Madrid. 1990.



[1] Roque Dalton “Todos”. Poeta y escritos salvadoreño.

[2] Actualmente El Salvador esta gobernado por un Frente que en homenaje a Farabundo Martí lleva su nombre. Este Frente denominado Farabundo Martí para la Liberación Naciones (FMLN) fue creado por cuatro organizaciones en octubre de 1980. http://www.fmln.org.sv/historia.php

[4] Marmol, Miguel. En: Barishev, A. “El Salvador medio siglo de miseria y de luchas”. Ed. Cartago. Bs. As. 1986. Pg. 25

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EL CASO NICARAGUA: De la República al intento de anexión

Mapa de América Central y Nicaragua

Música de Nicaragua

En Nicaragua, con extensión a Centro América, se dio el caso más grosero de intervención yanqui en aras de anexar territorios ajenos: no fue alentando movimientos separatistas o anexionistas en sí, sino avalando a un aventurero sin escrúpulos –un verdadero filibustero como fue catalogado- de nombre William Walker, quien al frente de su “Falange Americana”, integrada por mercenarios yanquis, invadió Nicaragua llegando a proclamarse presidente de la misma como paso previo al objetivo de la anexión. Ya tenía antecedentes peligrosos:

 

En 1853 partió de San Francisco de California y desembarcó en La Paz, capital de la Baja California. Allí se proclamó presidente de la República de la Baja California. Era la inspiración del ‘modelo’ texano…

En mayo de 1854 se ‘anexa’ Sonora…

Agotados sus medios, se rindió a las autoridades norteamericanas. Procesado a instancia de México, fue finalmente absuelto.[1]

 

En 1855 desembarca en Nicaragua mediante un trato con los liberales en lucha civil contra los conservadores que gobernaban. Luego de una serie de batallas contra el gobierno constituido logra imponer un nuevo presidente, al que luego reemplaza por otro, hasta que termina asumiendo personalmente él la presidencia. El presidente norteamericano Pierce se apresuró a reconocer a su compatriota como presidente de otro país. Estaba en juego el control del territorio de una nación en la que era muy probable que se construyera el futuro canal interoceánico. Así lo confiesa en una carta el embajador yanqui designado por Pierce:

 

… Si el tránsito por su hermoso istmo es de una importancia vital para todas las naciones marítimas de la tierra, ¿de cuán mayor importancia no lo es para los Estados Unidos, desde la accesión a la California y el arreglo de nuestros territorios… sobre el Pacífico? Es importante para las demás naciones e indispensable para los Estados Unidos….

 

En su respuesta Walker deja traslucir sus verdaderas intenciones:

 

 … Es de esperar que se estén acercando mejores días, y que sea escuchada nuestra voz en nuestras reclamaciones de otras nacionalidades. Confío pues, que los Estados Unidos nos harán imparcial y estrictamente justicia, cuando presentemos nuestras demandas. Y además, esperamos con confianza y creemos de antemano que si hay otras naciones dispuestas a rechazar nuestros derechos, su gobierno no quedará frío espectador de sus actos.[2]

 

¿Cuáles eran esas reclamaciones de otras nacionalidades? ¿Cuáles las demandas a presentar y ante quién? Señala Gregorio Selser en su libro sobre Sandino:

 

… entre sus futuras ambiciones (se refiere a Walker) figuraba la de emular la hazaña de Sam Houston en Texas, incorporando la totalidad del territorio del istmo a los Estados Unidos. Para esto contaba no sólo con una situación política norteamericana propicia, sino con la benevolencia del propio presidente Pierce, quien no desautorizó al filibustero cuando éste proclamó que las elecciones que lo ungieron Presidente de Nicaragua habían sido supervisadas por tropas estadounidenses de New Orleáns y California…[3]

 

En una política de clara norteamericanización, Walker reestablece el sistema de la esclavitud y oficializa el  inglés como segundo idioma. Pero voluntarios de toda la región acudieron para expulsar al extranjero que pretendía convertir a esos países en territorios norteamericanos. En toda América hispana se escucharon airadas protestas. Tal vez la más paradigmática es la moción que en Chile llevaron a la cámara los diputados Errázuris, Irisarri, Prado, Aguirre, Barriga y otros, sugiriendo que el Poder Ejecutivo intervenga en los problemas de Nicaragua:

 

Mañana será tarde, porque si cae Centro América, cae con ella la llave del continente americano español en poder de los enemigos de nuestra raza…

Mañana será tarde, porque no faltará un pretexto cualquiera, una diferencia antigua, algún ridículo reclamo, un protectorado, una isla despoblada para traer sobre nuestras cabezas la tempestad que hoy ruge sobre nuestros hermanos”.

 

¡Cuánta razón y premonición encierra este alerta patriótico!

La resistencia al filibustero se amplió. Los ejércitos de las pequeñas repúblicas al mando del costarricense José Joaquín Mora lo enfrentan con variada suerte, hasta que en 1857 Walker finalmente capitula ante el capitán de un navío de guerra norteamericano, quien en definitiva lo salva trasladándolo hasta Panamá y desde allí a los Estados Unidos, donde fue recibido como un héroe.

En 1860 Walker realiza una nueva tentativa, esta vez desembarcando en Honduras. La suerte no lo acompañó, fue hecho prisionero y fusilado.

En la correspondencia de los agentes norteamericanos se revelan los planes que incluían a otros países centroamericanos: Beverly Clarke, ministro de Estados Unidos para Guatemala y Honduras, en carta a Lewis Cass, secretario de Estado de los Estados Unidos, escribe en 1859:

 

 En una época, mientras Walker fue jefe en Nicaragua, no hay duda que contaba con muchos amigos entre los liberales en Guatemala, y, a no ser por los supuestos errores en su política administrativa… muchos aseguran aquí que hubiera podido ser considerado como un libertador, y voluntariamente lo hubiesen constituido como cabeza política de este Estado.[4]

 

 

La derrota del proyecto Walker fue la derrota del Departamento de Estado de los Estados Unidos.

 

Horacio A. López



[1] Medina Castro, Manuel. Estados Unidos y América Latina. Siglo XIX. Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1974.

[2] Ibíd., p. 341.

[3] Selser, Gregorio, Sandino. General de hombres libres. Tomo I., Ediciones Especiales IV, Imprenta Nacional de Cuba, La Habana,  1960, p. 22.

[4] Medina Castro, Op. Cit., p. 344.

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