Archivo de Julio de 2009

El león ruge en Guayaquil, Ecuador 1922.

Mapa de América del Sur y Ecuador

Música de Ecuador Los Arados 

“…hasta hoy el pueblo ha sido cordero, pero mañana se convertirá en León”.[1]

            La ciudad de Guayaquil se encuentra ubicada al sudoeste de Ecuador,  a orillas del río Guayas, cerca de la desembocadura al Pacífico; donde se encuentra el principal puerto del país. Guayas, también es el nombre que lleva la provincia y de la cual Guayaquil es la capital.

            La formación y organización de los sindicatos obreros en Ecuador,  comienza a darse a principios del siglo  XX, ya que hasta ese entonces las agrupaciones obreras y campesinas se dedicaban principalmente al “socorro o ayuda mutuo/a”, para luego ser el embrión de las primeras organizaciones socialistas del país.

En 1912 se crea la Confederación Obrera del Ecuador (C.O.E), de ella formaron parte la mayoría de los sindicatos, y admitía tres clases de organización: la primera se encargaba de agrupar a asalariados y pequeños patrones, la segunda organizaba a las organizaciones sindicales de obreros asalariados de distintas profesiones como panaderos, matarifes, albañiles, y que no admitían patrones en sus filas. Y la tercera estaba compuesta por organizaciones mixtas que agrupaban a obreros y patrones de distintas profesiones.

Además de la C.O.E, también fueron creadas, en 1922, la Federación Regional de Obreros del Ecuador que estaba conformada por sindicatos autónomos y regionales de base socialista, y la Federación Regional de Trabajadores del Ecuador de ideales anarcosindicalistas fundada por uno de los más importante anarquistas ecuatorianos, Alejo Capelo Cabello. Estas  dos federaciones se diferenciaron C.O.E, ya que esta tenía una ideología más radical y conciliadora con los sectores empresariales y burgueses.

La primera gran huelga de obreros en Ecuador se dio en 1919, y fue llevada a cabo por los tipógrafos de Quito. La segunda gran huelga fue en 1921, los obreros de los yacimientos auríferos se levantan en contra de los dueños de la compañía de origen estadounidense pero, fueron reprimidos por el gobierno.

La tercera gran huelga se dio el 15 de noviembre de 1922 cuando en la ciudad de Guayaquil, los obreros cansados de reclamar durante días mejores condiciones de trabajo y salarios decidieron proclamar la huelga general; dos días antes la ciudad ya se encontraba sin luz por la huelga que habían comenzado los trabajadores de la planta eléctrica. El día 14, en asamblea general los tipógrafos y canillitas de la ciudad decidieron que los diarios salgan por última vez al amanecer del día siguiente. Además los conductores de colectivos, tranvías y ferrocarriles también decidieron sumarse al paro, como así también los trabajadores de las fábricas y comerciantes. El día 15 los obreros, cansados de esperar una respuesta por parte del gobierno que hablara de mejoras salariales y condiciones de trabajo decidieron marchar multitudinariamente a la gobernación, ubicada en los alrededores de la plaza central de la ciudad.

La multitud se encontraba reclamando, no sólo por las mejoras laborales y salariales, sino que también reclamaban por la liberación de los presos políticos, aparentemente infiltrados militares entre los trabajadores comenzaron a realizar desmanes y la represión por parte del ejército en contra de los trabajadores no se hizo esperar[2]. Las calles quedaron regadas de sangre de la gran cantidad de obreros muertos y heridos. En el resto del país la respuesta por parte de los trabajadores no se hizo esperar e inmediatamente comenzaron las huelgas y protestas en otras provincias del país, pero tampoco se hizo esperar la respuesta del gobierno, estos, al igual que sus compañeros de Guayaquil fueron reprimidos.

Las mujeres obreras y esposas de los trabajadores cumplieron un papel muy importante durante la huelga, son conocidos los casos de Tomasa Garcés y la “Negra” Julia  quienes estuvieron en la primera línea de la huelga. Tomasa se acostó en las vías del ferrocarril junto a sus hijos para impedir que los empresarios hagan caer la huelga poniendo en funcionamiento los trenes, y la Negra acusando de asesinos a los militares que habían descargando sus armas al pueblo.  

Pero estos hechos no terminaron este día, días después de la represión y sobre el río Guayas comenzaron a flotar los cadáveres que fueron asesinados durante la represión, como así también comenzaron a flotar las cruces que los compañeros y esposas arrojaron al río para conmemorar a los caídos. Este fue el comienzo y el ingreso de los obreros ecuatorianos en la revolución social de su país y de Nuestra América.

 

Alejandro Pisnoy

Prof. / Invest. CCC

Referencias Bibliográficas

Avilés Pino, Efrén. Revolución del 15 de noviembre de 1922. En:

www.enciclopediadelecuador.com

Murrillo, Celeste. Las mujeres en la primera huelga general de Ecuador. Noviembre 1922. En: www.pyr.org.ar

Paredes, Ricardo. El movimiento obrero en el Ecuador. En: www.yachana.org

Alejo Capelo y el 15 de noviembre de 1922. En: www.anarkismo.net

Rodriguez, Linda Alexandre. Política y poder en el Ecuador, 1830 1925” En: http://revistas.ucm.es/ghi/02116111/articulos/QUCE8484110017A.PDF  

 

 

 


 

[1] Trujillo, José V. En: Avilés Pino, E. Revolución del 15 de noviembre de 1922. En www.enciclopedadelecuador.com

[2] Algunos autores hablan de que no hubo infiltrados, sino que fueron algunos sectores provenientes del anarcosindicalismo los que comenzaron los desmanes, y otros, que delincuentes infiltrados entre los obreros quisieron desarmar a las fuerzas policiales y a partir de los enfrentamientos que se produjeron comenzaron los desmanes.  

 

 

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Izquierda latinoamericana: historia y presente (a propósito del triunfo del FMLN)

El triunfo del FMLN en las recientes elecciones presidenciales en El Salvador es la confirmación de un proceso histórico que tiene como expresión actual el protagonismo del socialismo en el continente. Entendido este como un movimiento social, político y cultural plural cuyo objetivo es la descolonización del pensamiento, la ruptura de la dependencia política y la búsqueda de un desarrollo propio con perspectivas no capitalistas.

El triunfo de la casi totalidad de fuerzas políticas de izquierda en el continente que abarcan un rico abanico de organizaciones viejas y de reciente conformación y los gobiernos de este signo que desde hace varios años vienen consolidando una lenta transición tiene una profunda raíz histórica naturalmente.

La lucha por la liberación política del centro dominador, la ardua tarea por la libertad del pensamiento y de autonomía política tiene ya, desde que diera sus primeros pasos, más de un siglo de permanentes batallas. No es casual que una izquierda madura y heterogénea, que debe lidiar con grandes condicionamientos sociales se haya transformado en una fuerza verdaderamente popular a partir del apoyo creciente de amplios sectores sociales. La historia de Latinoamérica es una rica cantera de luchas por consolidar las identidades nacionales, por la búsqueda de un lugar en un mundo cada vez más interdependiente, por alcanzar un desarrollo sostenido con igualdad y justicia, por liberarse de las taras culturales producto del proceso colonizador y por la unidad fraterna de todas las naciones hermanas.

En cada una de estas cuestiones se han dado pasos de gigante en este corto período que comprende las gestiones de la izquierda americana en los albores del siglo XXI. La historia habla hoy y sus voces pueden remontarse al mismo proceso independizador. Pero ya en el siglo XX José Carlos Mariátegui, Farabundo Marti, Antonio García Nossa, Salvador Allende, Marcelo Quiroga Santa Cruz y Vivian Trías fueron voces que hoy se vuelven audibles claramente y vienen  a aportar junto a las expresiones actuales del pensamiento latinoamericano, cuya una de sus más poderosas miradas sea acaso la del vicepresidente boliviano, Antonio García Linera, en este presente cargado de esperanza y compromiso sin claudicaciones.

Esta realidad es consecuencia de una historia rica en acontecimientos, llena de episodios significativos, que tejieron procesos de resistencia, de lucha sin cuartel y de construcciones sociales de largo aliento. El triunfo del FMLN no puede comprenderse sin estudiar la situación armada de principios de la década de 1980, pero mucho menos sin las rebeliones masivas de 1930. La historia no solo no finalizó como lo predijo un efímero gurú del capitalismo liberal sino que ha demostrado que como topo esta más viva que nunca.

El devenir de la historia parece decir: ¡Ahora si Latinoamérica, lento pero seguro!

 

Julio Fornelli

Invest. CCC

Mapa de América Central

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SECESIONISMOS: EL CASO CALIFORNIA: De la República del Oso a la de Estados Unidos

En medio del clima de voracidad de los Estados Unidos hacia el territorio mexicano en esa década del 40, concretamente en 1845, el presidente norteamericano Polk había dado instrucciones secretas a su cónsul en Monterrey para trabajar en el objetivo de anexar pacíficamente California a los Estados Unidos. Previamente la ingerencia se venía materializando a través de una expedición “científica” al mando de un tal Fremont, destinada oficialmente a observaciones topográficas y científicas en California y Oregón, pero alertada para estar atenta a posibles estallidos revolucionarios.

Además, en 1843, tropas de la marina yanqui habían ocupado brevemente el puerto mexicano de Monterrey, presumiblemente para constatar el grado de reacción a tal medida.

En Sonoma, aventureros incitados para ello, organizan una revuelta y proclaman la creación de la “República del Oso” el 4 de julio de 1846. Tres días más tarde fuerzas yanquis vuelven a ocupar Monterrey y su comandante, Sloat, lanza una proclama: “De aquí en adelante, California será una porción de los Estados Unidos”. Efímera vida para la “República del Oso”.

El comodoro Robert Stockton, al mando de marines norteamericanos, desembarca en el puerto de San Pedro, cerca de Los Ángeles, sin enfrentar resistencia armada.

 

Kearney prosiguió a California. Al llegar advirtió que Sloat había condenado a los patriotas de la resistencia… Kearney decidió perdonarlos: ‘Yo, el suscrito, en nombre de mi gobierno, absuelvo a todos los que residen en territorios ocupados por la bandera americana, antes pertenecientes a México, de toda alianza que hayan tenido con su país y los declaro desde hoy para siempre, ciudadanos de los Estados Unidos…’

 

Cuando cae la capital de la República Mexicana y Santa Anna renuncia a la presidencia, el Congreso, asentado en Querétaro, se ve obligado a firmar el “Tratado Guadalupe Hidalgo”, por medio del cual la frontera norte de México quedó delimitada por los ríos Gila y Bravo. A cambio de todo el territorio perdido México recibe una indemnización de Estados Unidos de 15 millones de pesos.

Actualmente California representa la quinta economía del mundo y existe en su territorio un movimiento que propugna la secesión de Estados Unidos, aunque cuenta con poco poder y apoyo y, obviamente, con casi nula perspectiva de éxito en el futuro.

 

Horacio A. López.

Mapa de la frontera entre México y EE.UU.

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