El despojo de casi la mitad del territorio mexicano por parte de Estados Unidos es históricamente el caso emblemático de la hipocresía y de la falta de escrúpulos del país del norte, en función de cumplir su objetivo del “Destino Manifiesto” para construir la gran potencia americana a costa de otros países del continente. Manuel Medina Castro relata la cronología de esta historia, de la que tomaremos algunos hitos.
En 1820, el puritano Moisés Austin de Luisiana obtiene del gobernador español de Texas permiso para introducir 300 familias norteamericanas con el objetivo de colonizar y con el compromiso de fidelidad al rey y de defensa del territorio contra los indios y los filibusteros. Los colonos traían sus esclavos como mano de obra para sus labores agrícolas. En México la esclavitud estaba prohibida, pero se les autorizó a los colonos a traer los suyos. Siete años después ya eran 10.000 las familias norteamericanas asentadas en Texas.
En 1826, con el pretexto de que el gobierno mexicano decretase la liberación de los esclavos, colonos encabezados por el norteamericano Hayden Edward, toman Nacogdoches y proclaman la “República Libre de Fredonia”. Un mes duró esta experiencia que fue condenada por el congreso mexicano, el que culpó al gobierno de Estados Unidos de haber estimulado el levantamiento.
El presidente norteamericano Jackson envió en 1832 a un antiguo subordinado suyo, Sam Houston, a Texas, para que organizara la rebelión y canalizara el separatismo. En 1833 logra concretar la Convención de Texas. En 1834 el negociador yanqui declara: “México está en posesión de un territorio que no le pertenece de derecho. Debemos recuperar Texas: pacíficamente si es posible; por la guerra, si es nuestro deber.”
Un año más tarde Washington manda al general Gaines a la frontera, con un regimiento de infantería, listo para cruzarla hacia Texas. En 1835 la Convención de Texas formula una “declaración de derechos” y se organiza el primer gobierno texano. Houston es designado jefe del ejército. Comenzó la guerra separatista.
Durante 1836 los insurrectos combaten contra las fuerzas mexicanas, a las que terminan derrotando en la batalla de San Jacinto, en la que Houston apresa a Santa Anna, quien comandaba las fuerzas nacionales. A cambio de su vida, Santa Anna rindió sus armas y se obligó a gestionar el reconocimiento de la independencia de Texas, con la frontera en el río Bravo. San Jacinto fue el 21 de abril; ya el 2 de marzo de 1836 la Convención de Texas había proclamado la República.
En 1845, Texas, la ‘República autónoma’, solicitó su anexión a Estados Unidos. Se repetía una vieja historia… La guerra con Estados Unidos se hizo inevitable. En tal coyuntura, Santa Anna apareció de nuevo en la arena política.[1]
Los ejércitos norteamericanos invaden territorio mexicano para reasegurar sus planes y, luego de varias escaramuzas, se declara la guerra entre México y Estados Unidos en mayo de 1846. Relata Medina Castro:
… el 15 de agosto (1846), el coronel Kearney se dirigió desde Las Vegas a los habitantes de Nuevo México: ‘He venido cerca de vosotros por orden de mi gobierno para tomar posesión de este país, y hacer extensivas a él las leyes de los Estados Unidos. Nosotros los consideramos y los hemos considerado desde hace tiempo, como parte del territorio de los Estados Unidos. Nosotros venimos a vosotros como amigos y no como enemigos; como protectores y no como conquistadores; para vuestro beneficio y no para vuestro daño. En consecuencia, yo os declaro libres de toda liga con el Gobierno Mexicano…’”[2]
Dos años duró esa guerra desproporcionada. En septiembre de 1847 las tropas yanquis entran a la Ciudad México. El 2 de febrero de 1848 se firmó el tratado que ponía fin a las hostilidades, y por el cual
México perdía 1.528.241 kilómetros cuadrados: 689.836, de Texas; 838.405, de Nuevo México y Alta California. Era el 51% del territorio original del país… un área tan extensa como Inglaterra, Irlanda, Escocia, Francia, España, Portugal, Italia y Alemania juntas. Allí se levantarían luego los nuevos Estados de la Unión: Texas, Nuevo México, Arizona, California, Nevada, Utah, y parte de Colorado, Oklahoma, Kansas y Wyoming.
Así se formaron los Estados Unidos.
Hay que recordarlo cada día.
¡Cada día!
¡Cada día![3]
Horacio López
[1] Sánchez, Luis Alberto, Breve Historia de América, Losada, Buenos Aires, 1978, p. 322.
[2] Medina Castro, Op. Cit, p. 303.
[3] Ibíd., p. 325.
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Etiquetas: Despojo de territorio, Destino Manifiesto, EE.UU., Mexico, República Libre de Fredonia, Texas





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VAMONOS POR PARTES
MEXICO SI PODRIA RECUPERAR LOS TERRITORIOS PERDIDOS ES ALGO QUE MUCHO HE LEIDO EL TRATADO DE GUEDALUPE HIDALDO TENGO RNYRNDIDO QUE MEXICO LE PROPORCIONABA A ESTADOS UNIDOS EL ABSORBER SUS RIQUEZAS COSAS QUE HICIERON PERO PORQUE NO LOS RECLAMA PORQUE NO PUEDE SOSTENER AL ACTUAL TERRITORRIO COMO CONTRAER OTRA DEUDA PERO DE QUE PUEDE PUEDE YA QUE EL TRATADO DE VARSOBIA PROCLAMABA LA DECOLUCION DE L,OS TERRITORIOS CONQUISTADOS O DIGANME AY ALGUN PAIS CON COLONIAS PÙES NO SOLO ESTADOS UNIDOS LOS DUEÑOS DEL PLANETA
excelente articulo mi hermano, y no recupèramos los territorios por que a Mexico le falta preparacion y patriotismo, Mexico siempre viviendo en conflictos internos cuando debia de unificarce, e ir a hacerle de conflicto a quien se mete con nosotros, como a China(por el comcercio informal que nos afecta), EU, etc. pero por desgracias, mientras en EU hay miles o por lo menos centenas de gente como Bill Gates, en Mexico solo hay un Carlos Slim. que onda con eso?
muy muy interesantes estos comentarios.