Archivo de Abril de 2009

Escuela Santa Maria de Iquique, Chile 1907

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Mapa de Chile e Imágenes

“A las 7 horas, la población, soñolienta aún, fue despertada por el ruido marcial de las tropas que recorrían las calles con sus arreos de campaña”[1]

 

            En Chile a fines del 1800 comienzos del 1900 la clase obrera comenzaba a organizarse y a tener mayor presencia en los reclamos por mejores condiciones de trabajo. En 1903 se produce la huela portuaria en Valparaíso, en 1905 la huelga de la carne en Santiago, en 1906 se produce la huelga general de Antofagasta, en 1907 la denominada “huelga grande” o de “los 18 peniques”, en 1909 se producen 29 huelgas en los que se involucran unos 200.000 trabajadores, en 1910 los ferroviarios realizan una gran manifestación callejera y entre 1916 y 1921 se producen 13 huelgas generales a los largo de todo Chile.

            En la región pampeana de Chile, ubicada el norte del país y cuya ciudad principal es Iquique, los trabajadores del salitre comienzan a levantarse en contra de las malas condiciones de trabajo y de vida que les eran impuestas por las oligarquías empresariales extranjeras y locales que explotaban la región.

            Los trabajadores vivían en casas que les daban los empresarios y el contrato se terminaba o el trabajador era despedido quedaba en la calle hasta conseguir un nuevo empleo, ya que las viviendas formaban parte del contrato de trabajo. 

            A la hora de cobrar su sueldo, era remunerado en forma de fichas o bonos que los obligaban a comprar en los almacenes o pulperías de la misma empresa, la cual vendía lo que quería y no lo que necesitaba el empleado,  además el costo de las mercaderías era muy alto.

            Las jornada de trabajo rondaba las 14 horas que dadas las condiciones en las que se trabajaba el obrero se enfermaba rápidamente y moría dado a que la asistencia médica casi no existía; y cuando no moría de alguna enfermedad moría en el trabajo ya que tampoco existían medidas de seguridad en los denominados cachuchos, (lugar donde el salitre hierve a más de 100º C), si un obrero caía sobre o dentro de esta especie de horno se quemaba vivo.

            Debido a estas condiciones inhumanas de vida y trabajo los trabajadores de la región se organizaron y reclamaron: el pago del jornal a 18 peniques, la eliminación del sistema de fichas o bonos, cubrir los cachuchos para evitar accidentes fatales, balanzas en los almacenes o pulperías para controlar el peso y las medidas de los comprado y la reincorporación, permanencia o indemnización de los trabajadores que participan en las huelgas.

            Como consecuencia de estos reclamos a partir de mediados de diciembre de 1907 los trabajadores de las distintas regiones pampeanas comienzan a llegar a la ciudad de Iquique. Después de duras negociaciones con el gobernador los trabajadores deciden proclamar la “huelga general” y organizar un Comité de Huelga.

            Luego de decidir que no se retirarían de la ciudad, solicitarán albergue en ésta para los trabajadores. El gobierno ofreció que se alojen primero  en un convento y luego en un regimiento, claro que, en ambos casos los trabajadores decidieron que no se iban a alojar en ninguno de estos dos lugares propusieron y exigieron quedarse en la escuela Santa María, con lo cual el gobierno no tuvo más remedio que aceptar.

            Los días pasaban y la huelga cada vez era más fuerte en toda la región, además llegaban más y más trabajadores a la escuela para afianzar la huelga; en este lapso los trabajadores organizaron distintos comités de vigilancia, de aseo, de víveres y de orden, gracias a la gran cantidad de trabajadores y familias que se habían instalado en la escuela.

            Los trabajadores cada vez más firmes no aceptaban las propuestas del gobierno ni de los empresarios, quienes comenzaron a organizar grupos represivos que empezarían a generar disturbios para luego poder justificar la represión, por lo que se decretó el Estado de sitio en la ciudad.

            Así llegamos a la mañana del sábado 21 de diciembre de 1907 donde la población y los trabajadores en huelga despertaron con las corridas de las tropas por toda la ciudad. Al medio día, estas ya estaban concentradas en la plaza principal. A las 3 de la tarde los huelguistas son obligados a volver a sus pueblos y a sus trabajos, la decisión fue unánime entre los trabajadores, la huelga sigue en pie, pero la  respuesta del Estado también lo fue.

            Las tropas de la oligarquía llenaron la escuela de Santa María de sangre asesinando a 3600 obreros, a 3600 personas. “La gente moría en la confusión. Ahora no había silencio, sino gritos, tantos gritos como si toda la ciudad, todo el país, todos los hombres del mundo (…) estuvieran reventando en alaridos que formaban remolinos de sangre que subían al cielo. (…) No era sólo la pampa quién gritaba. La pampa asesinada en la ciudad”[2].

            Cuando esta salvaje matanza termino, el gobierno ordenó trasladar en trenes calicheras o planos (vagones en los que se traslada el salitre), a los obreros sobrevivientes con sus mujeres e hijos. A medida que el tren se  alejaba de la ciudad eran esperados por las denominadas “guardias blancas” (compuestas por los hijos de la alta burguesía) para balearlos.

            La huelga fue llevada adelante no sólo por obreros chilenos, sino también, a la escuela se llegaron trabajadores peruanos, bolivianos y argentinos que apoyaban la huelga; los ministro de Bolivia y Perú intentaron intervenir hasta último momento, pero esta huelga en busca de mejores condiciones de vida y de trabajo no conocía de nacionalidades, ya que todos pertenecían al pueblo latinoamericano.

 

Alejandro E. Pisnoy

Prof./Invest. CCC.

 

Referencias Bibliográficas:

Silva Galdames, Osvaldo. Breve Historia de Chile. Ed. FCE. México. 1999.

Mujica, Dolores. Clase Contra Clase. Santa Marís de Iquique. Los métodos de la clase trabajadora y el cuestionamiento a la propiedad privada. Chile. 2006.

Grez Toso, Sergio. La Guerra Preventiva: Escuela Santa María de Iquique. Las razones del Poder.

Zolezzi Velásquez, Mario. La Huelga de los 18 peniques (1907). Iquique. 2007. 

 



[1] Devés, E. Los que van a morir te saludan. En: Mujica, D. Clase contra clase. Diciembre 2006.

[2] Teitelbon, V. Hijos del Salitre. En: Mujica, D. Op. Cit.

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EL DESTINO MANIFIESTO

La doctrina que lleva este nombre, y mediante la cual los Estados Unidos justificaron tantas de sus tropelías en el continente, tiene un sustento religioso proveniente del puritanismo que profesaban los primeros colonos ingleses, mediante el cual estaban convencidos de ser el pueblo elegido por Dios para sobresalir por sobre los demás. Convencidos de su superioridad moral como pueblo, no tuvieron problemas de conciencia en la aplicación de sus políticas nacionales de expansión y conquista.

Ya en 1818 invaden Florida con la excusa de reprimir a los indios Semínolas que incursionaban sobre tierras yanquis; posteriormente llegan a un acuerdo de compra de ese territorio a España. Es conocida la expansión que desarrollan por todo el Oeste, desde el Río Bravo hasta Canadá. Ocupan Hawai, intentan invadir Cuba en 1841 y aplican, desde 1823, la comentada Doctrina Monroe, por medio de la cual ningún territorio del continente americano podía ser ocupado por potencias europeas, aunque en la práctica no se aplicaba a las colonias francesas, inglesas, holandesas o danesas existentes.

La denominación “Destino Manifiesto” aparece por vez primera en 1845 en un artículo publicado en la revista Democratic Review de Nueva York, de autoría del periodista John O’Sullivan, en el que se fundamenta la necesidad de demostrar el ser un pueblo elegido por Dios, extendiéndose

 

….por todo el continente que nos ha sido asignado por la Divina Providencia, para el desarrollo del gran experimento de libertad y autogobierno. Es un derecho como el que tiene un árbol de obtener el aire y la tierra necesarios para el desarrollo pleno de sus capacidades y el crecimiento que tiene como destino.

 

Es el tiempo de aplicar esa concepción a Texas, territorio por cuya disputa Estados Unidos entabla una guerra con México, de 1846 a 1848, y que termina anexando junto a otros territorios mexicanos, como ya comentamos. Se aplica en 1898 cuando Estados Unidos se involucra en la guerra con España por la posesión de Cuba y, posteriormente, en el período 1901 – 1914, en la secesión de Panamá, para señalar los hechos más significativos. Escribe Laura Garza Galindo sobre el “Destino Manifiesto” en La Jornada de México:

 

La expansión territorial y la concepción imperialista de Estados Unidos se asientan en el siglo XIX. En 1803 el presidente Thomas Jefferson compra Luisiana y Florida… A lo largo de ese siglo, compran o pelean con otros países; no sólo en la propia América del Norte desplazan a sus pueblos indígenas, esclavizan o guerrean entre ellos, sino también salen a lugares lejanos y, con estrategias amigables o no, se apoderan lo mismo de Puerto Rico, que de Cuba, Panamá, Hawai, Alaska, Filipinas, UAM, Islas Vírgenes, entre otros ejemplos…

Lo esencial es que desde su origen como nación, la obsesión de Estados Unidos ha sido encontrar la perfección social mediante un triple compromiso: con la divinidad (cumpliendo con el destino impuesto por Dios), con la religión (observando una moral intachable) y con la comunidad (defendiendo su libertad, su seguridad y su propiedad). A lo largo de su historia, los políticos de esa nación han invocado el favor de Dios en sus discursos y han insistido en la ‘misión trascendente’ que tienen la obligación de cumplir.[1]

 

Por supuesto que tal misión trascendente a cumplir no contemplaba entre sus objetivos eliminar la situación de esclavitud y miseria de los cientos de miles de negros que vivían explotados inhumanamente en el sur de los Estados Unidos.

 

Horacio A. Lopez



[1] Laura Garza Galindo. La Jornada, México. 31 de mayo de 2003.

 

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