Archivo de Febrero de 2009

SECESIONISMOS: VIEJAS ARTIMAÑAS

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La política secesionista es una vieja herramienta usada por Estados Unidos en los casos en que le convino más desmembrar Estados que invadirlos, porque sencillamente no tenía otra posibilidad. Cuando tuvo condiciones, anexó los nuevos países que se creaban; así ocurrió con la isla de Hawai en 1898, originariamente un reino tribal independiente; con Puerto Rico, anexándolo primero como “territorio”, cuando se desmembró de España en el mismo año y, finalmente, como Estado Libre Asociado; y lo intentó también con Cuba, al calor de las luchas independentistas de ambas islas.

En México logró que Texas se declarara primero país independiente y luego, en 1848, solicitara su incorporación a la Unión, hecho que motivó una guerra entre México y Estados Unidos. En esta guerra, como se sabe, perdió México, con lo cual Estados Unidos no sólo anexó Texas, sino también Nuevo México, Arizona, California, Nevada, Utah y parte de El Colorado. En total, pasaron a ser territorios estadounidenses dos millones de kilómetros cuadrados, más de dos veces el tamaño de Venezuela.

En 1903, Estados Unidos alentó el movimiento separatista de Panamá[1], logrando que ese Estado perteneciente a Colombia se transformara en República independiente. El objetivo, en este caso, era poder controlar al pequeño país naciente para dominar la construcción del canal que ya se proyectaba, y posteriormente detentar su control militar y económico.

Durante el siglo XX Estados Unidos apoyó los movimientos secesionistas, entre otros, en Ecuador –Guayaquil contra Quito-, en parte del norte amazónico brasileño, en Bolivia –Santa Cruz de la Sierra contra La Paz (fenómeno que ha adquirido actualidad)- e inclusive en la Patagonia argentina contra Buenos Aires.

Se sabe que la Venezuela bolivariana es un gran dolor de cabeza para el imperialismo; además de llevar adelante un proceso soberano e independiente, ejemplo para muchos países hermanos, tiene mucho petróleo. Estados Unidos importa petróleo venezolano, y ese petróleo está en el lago de Maracaibo en El Zulia. Fracasados los intentos electorales para desplazar a Chávez, y no creadas todavía las condiciones plenas para una invasión, intentan la jugada separatista. Allí se formó la organización autodenominada “Rumbo Propio”, la que promueve un plebiscito, para lo cual cuenta con profusos fondos con los que despliega una campaña que, por ejemplo, consta –entre otros elementos- de coloridos y enormes carteles murales que rezan: “Sí al Estatuto Autonómico. No al Socialismo. Basta de Izquierdas”.

Existe un trabajo de los venezolanos Luis Britto García y Fermín Toro Jiménez, titulado “Oscuras Intenciones” (6/9/02) que se refiere a las dos modalidades separatistas alentadas por Estados Unidos: la llamada “dura”, que impulsa la desagregación lisa y llana de una parte de un territorio nacional bajo la bandera de la autonomía e independencia, y la modalidad “blanda”, que consiste en potenciar el poder de los grupos dominantes de una región, con el objetivo de minar la capacidad de los Estados nacionales en cuanto a la coordinación e implementación de sus políticas administrativas, económicas, sociales y culturales. En este último caso entraría el accionar de las fuerzas contrarias al gobierno nacional boliviano en Santa Cruz, como plan “B”, si no logran la secesión como objetivo principal. También podemos ubicar aquí  el intento de unificación, pocos años atrás de los poderes provinciales de Río Negro y Neuquén en la Argentina, con el pueril pretexto de achicar los gastos de las respectivas administraciones provinciales.

En el año 1999 el diario chileno El Mercurio, en su edición dominical del 5 de septiembre, publica un artículo del periodista argentino Andrés Oppenheimer en el que difunde, a su vez, un trabajo del investigador mexicano Juan Enríquez Cabot, miembro del Centro David Rockefeller para Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Harvard. En dicho trabajo el autor cita a Enríquez, quien plantea que en un futuro próximo surgirán nuevos países en Sudamérica, centrando concretamente esa posibilidad en el sur de Chile y Argentina a partir de la adquisición de extensos territorios por parte de privados extranjeros. “Hasta ahora –plantea Enríquez- el hemisferio occidental ha sido una parte del mundo que parece haberse mantenido al margen de los impulsos secesionistas”. Más adelante señala: “El objetivo de la mayoría de las guerras actuales es hacer a los países más pequeños, no más grandes”. Avala su tesis con las siguientes cifras: 62 países había en el mundo en 1914; 74 en 1946 y 193 en 1998.

¿Será entonces Sudamérica la región del mundo que sufrirá las maniobras secesionistas futuras de Estados Unidos? Y afirmamos “Estados Unidos” porque creemos que seguirá vigente la aplicación de la Doctrina Monroe en la disputa por los nuevos repartos territoriales entre los socios imperialistas. Ya existen planes en marcha, como veremos en casos concretos, en Venezuela y Bolivia, Argentina, Chile, Brasil.

( En próximas entregas veremos los casos citados y otros, en particular).

 

Horacio A. López.

 

 

 


[1]  No abrimos juicio en este trabajo sobre las razones esgrimidas por los patriotas panameños para bregar por la independencia.

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Iberoamericanismo y Panamericanismo diferencias en busca de la Integración de América Latina

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Desde la conquista europea hasta nuestros días el concepto de integración de los pueblos de América Latina se fue haciendo cada vez más complejo debido a las diferentes concepciones ideológicas y a los distintos intereses. Dos de estas concepciones que llevaron a cabo este proceso de complicada integración o desintegración, aunque hoy en día parece estar algo más cercana, fueron las ideas de ibero-americanismo y pan-americanismo.

Tomando la idea de J. Mariategui (1925) analizaremos y diferenciaremos brevemente estas dos ideas[1].

El ibero-americanismo comienza a reaparecer, de forma esporádica, en los debates de España y de la América española. Es un ideal o un tema que, de vez en vez, ocupa el diálogo de los “intelectuales” del idioma o “de la raza”. 

El ibero-americanismo pone al descubierto, en el diálogo de los intelectuales libres, todo ornamento diplomático. Nos revela así su realidad como ideal de la mayoría de los representantes de la intelectualidad y de la cultura de España y de Nuestra América.

Al ibero-americanismo le hace falta un poco más de idealismo y de realismo. Le hace falta consustanciarse con los nuevos ideales de Nuestra América. Le hace falta insertarse en la nueva realidad histórica de estos pueblos. Mientras que, el pan-americanismo se apoya en los intereses del orden burgués; el ibero-americanismo oficial será siempre un ideal académico, burocrático e impotente, sin raíces en la vida. 

A diferencia del ibero-americanismo, el pan-americanismo, no goza del favor de los intelectuales. No cuenta, en esta abstracta e inorgánica categoría, con adhesiones estimables y sensibles. Cuenta sólo con algunas simpatías disfrazadas. Su existencia es exclusivamente diplomática. La más lerda perspicacia descubre fácilmente en el pan-americanismo una túnica del imperialismo norteamericano. El pan-americanismo no se manifiesta como un ideal del Continente; se manifiesta, más bien, inequívocamente, como un ideal natural del Imperio yanqui, (antes de una gran Democracia, como les gusta calificarlos a sus apologistas de estas latitudes, los Estados Unidos constituyen un gran Imperio). Pero, el pan-americanismo ejerce -a pesar de todo esto o, mejor, precisamente por todo esto- una influencia vigorosa en América Latina; muchas veces disfrazado en estos últimos tiempos con diversos nombres y organismos. Uno de ellos fue el intento del ALCA, que a pesar de las distintas presiones no logro prosperar.

La política norteamericana no se preocupa demasiado de hacer pasar como un ideal del Continente el Ideal del Imperio. No le hace tampoco mucha falta el consenso de los intelectuales. El pan-americanismo borda su propaganda sobre una sólida malla de intereses. Las vías de tráfico comercial pan-americano son las vías de esta expansión. La moneda, la técnica, las máquinas y las mercaderías norteamericanas predominan más cada día en la economía de América Latina. Puede muy bien, pues, el Imperio del Norte sonreírse de una teórica independencia de la inteligencia y del espíritu de Nuestra América. Los intereses económicos y políticos le aseguraran, poco a poco, la adhesión, o al menos la sumisión, de la mayor parte de los intelectuales. 

Nada resulta más inútil, por tanto, que entretenerse en confrontaciones entre el ideal ibero-americanismo y el ideal pan-americano. De poco le sirve al ibero-americanismo el número y la calidad de las adhesiones intelectuales; ya que ambos dos, el ibero-americanismo y el pan-americanismo, se apoyan en los en los intereses y los negocios como así también en los sentimientos y las tradiciones de Nuestra América.

Para poder lograr y pensar en una integración de América Latina debemos dejar de lado estos dos conceptos que lo único que buscan es imponer políticas económicas y sociales llevando a cabo la desintegración y el enfrentamiento de nuestros pueblos; y promover una integración cultural sin fronteras.

 

Alejandro Pisnoy

Prof./Investigador del CCC

[1] Mariátegui, José Carlos. Peruanicemos al Perú. Ed. El Andariego. Bs. As. 2007.

 


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Acerca de la Conmemoración del Bicentenario

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La concepción argento centrista

A medida que nos acercamos a la conmemoración del Bicentenario, aumentan los afanes “pedagógicos” de los grandes medios de comunicación y editoriales por ilustrar al soberano sobre la interpretación del proceso revolucionario del siglo XIX en nuestra América. Hablan y escriben sobre el Bicentenario de la Revolución de Mayo aquellos que adhieren a la concepción argento centrista, que se circunscribe a los sucesos desarrollados durante dicho mes del año 1810 en la ciudad de Buenos Aires y su influencia en el territorio de lo que fuera el virreinato del Río de la Plata. Esta interpretación mezquina e interesada es heredera de las ideas mitristas. Bartolomé Mitre, en su Historia de Belgrano, menciona: “El virreinato del Río de la Plata, dentro de cuyas fronteras se dilató la revolución argentina…(…) Tal fue el bosquejo del país argentino dentro del cual debía operarse su revolución interna.”[1] Y justifica lo que quedó afuera de esta revolución interna, como los casos del Paraguay, “miembro atrofiado de la sociabilidad argentina”, las provincias del Alto Perú, “era un mundo aparte”, la Banda Oriental, “patrimonio de multitudes desagregadas, emancipadas de toda ley…”[2]

Esta concepción fue la que instaló el poder porteño a partir de la contrarrevolución que se afirmó contra Mariano Moreno, Castelli, Belgrano, Monteagudo, Artigas. Fue la concepción que tergiversó, a partir de 1816, la “Declaración de la Independencia de las Provincias Unidas de Sud América”, por la más controlable de la “Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata”. Señala Astesano al respecto: “Ese cambio de rumbo independentista terminó en una fragmentación de seis patrias chicas (Chile, Perú, Bolivia, Paraguay, Uruguay y Argentina). La localista burguesía portuaria, armonizando sus ideas republicanas o monárquicas, armó a sus ejércitos para imponer su hegemonía minorizante, haciendo valer su derecho tradicional de capital del antiguo Virreinato del Río de la Plata, que le había dado el disfrute del Puerto y la Aduana, mecanismos del control de un desarrollo capitalista apoyado en el tráfico portuario.”[3]

En las llamadas Primeras Jornadas Internacionales Puertas del Bicentenario, desarrolladas en Buenos Aires en noviembre de 2006, la Ministra de Cultura del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Arq. Silvia Fajre, se refirió a que “Por la coincidencia con la que se producen los Bicentenarios de las naciones latinoamericanas (México, Chile, Argentina, Ecuador, entre otras), ésta es la primera oportunidad que tenemos para examinar de qué manera confluyeron o no en nuestra región los anhelos y logros independentistas.”[4]

Para la funcionaria parece ser producto de una gran casualidad las “coincidencias” de dichas efemérides, como si de procesos diversos se tratara, sumado a lo cual agrega la oportunidad de examinar “de qué manera confluyeron o no en nuestra región” esos anhelos y logros independentistas, para discernir si convergieron o no fenómenos originados en diversas zonas geográficas, a los que seguramente considerará distintos.

En el mismo error conceptual cae, a mi entender, Silvana Giudici, Ministra responsable del programa Puertas del Bicentenario, quien en su disertación en las mencionadas Jornadas expresa: “Desde estas latitudes rioplatenses la Revolución del 25 de Mayo de 1810 contagió su espíritu libertario por todas las arterias del debilitado edificio colonial. Propuso hacia todos los confines latinoamericanos un nuevo modelo de integración social basado en el concepto de ciudadanía, terminando con la pirámide social estática de la colonia.”[5] Concepción argento centrista y soberbia rioplatense.

Horacio A. López.


[1] Bartolomé Mitre. Historia de Belgrano. (III) Editorial Estrada. Buenos Aires. 1947, p. 38.

[2] Ibíd.

[3] Eduardo Astesano. Juan Bautista de América. El Rey Inca de Manuel Belgrano. Ediciones Castañeda. Buenos Aires. 1979, p. 176.

[4] Arq. Silvia Fajre. “El Bicentenario. Una visión desde las Instituciones” en las llamadas Primeras Jornadas Internacionales Puertas del Bicentenario, 14 y 15 de noviembre de 2006, realizadas en el Centro Cultural General San Martín, Buenos Aires.

[5] Silvana Giudici. “Mayo, una autopía de libertad vigente” en las Jornadas citadas.

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