Página 12. Sábado 24 de Abril de 2010. El país
Historiadores y especialistas en educación critican la decisión del ministro de Educación porteño de no publicar los textos elaborados por especialistas de esa cartera en discrepancia con su enfoque teórico.
Pablo Imen * Secretario de Investigaciones del CCC Floreal Gorini.
Creer que todos son de su condición
El ministro de Educación porteño intentó justificar ese 9 de abril la decisión de no imprimir materiales sobre el Bicentenario, en una decisión que la comunidad educativa no dudó en caracterizar como “censura”. Uno de los portavoces de esta crítica fue Eduardo López, secretario general de UTE, a quien Bullrich le contesta acusándolo, a su vez, de ser censor del propio ministerio. Curiosa paradoja.
En primer lugar, los materiales proponían una perspectiva gramsciana para la lectura de la historia que focalizaba las luchas de quienes fueron privados de sus derechos, discriminados, perseguidos, asesinados. La recuperación de esa memoria es valiosa porque permite comprender ese pasado en clave de presente y de futuro: son las asignaturas pendientes para una democracia protagónica y participativa.
El argumento ministerial de que el conocimiento debe ser neutral es ya inaceptable en el mundo de la ciencia. Sólo puede ser defendido por algún sector fundamentalista que se propone impedir la enseñanza de la teoría de le evolución de Darwin.
En segundo lugar, nos parece que argumentar que saca de circulación un material porque implica un solo punto de vista es, en el mejor de los casos, pueril, y en el peor, cínico. ¿Desde dónde podría escribirse un texto sino desde un determinado punto de vista? Otra opción implicaría un eclecticismo incomprensible para el lector: la construcción de teoría suele fundarse en un marco teórico y epistemológico.
Tercero, el ministro Bullrich debe tener presente que las ideas dominantes que circulan en el sistema educativo, en los medios de comunicación, y en su propio partido político, están bien lejos de la perspectiva gramsciana. La ideológica afirmación de que el mercado es superior al Estado, de que Julio Argentino Roca trajo la civilización frente a la barbarie, de que los pobres son incapaces de aprender o de expresarse o de que las mujeres son en el mejor de los casos partenaires de la trama social son parte del peor sentido común y también de la currícula que se enseña dentro del sistema educativo. En otras palabras: incluir en ese mar pedagógico de perspectivas neoclásicas, funcionalistas, posmodernas o conservadoras un punto de vista gramsciano sería, claramente, un paso en la democratización del conocimiento.
Hay en cuarto lugar otras cuestiones como la desvalorización inaceptable de quienes trabajaron para producir este material o el derroche de recursos públicos para una publicación que finalmente no va a ser distribuida.
El ministro es parte de un gobierno que prohibió la palabra pública a los docentes, que redujo las becas escolares, que quitó las jornadas de reflexión, que promovió la elaboración de listas negras de docentes en paro e impulsó demandas judiciales contra estudiantes que tomaron las escuelas porque no encontraron otro modo de ser escuchados.
Es parte de un proyecto político autoritario y represivo que promueve la formación de escuadrones paramilitares para apalear a indigentes (UCEP) y ahora propone cárcel para pobres mientras apaña a una “nueva policía” cuya cúpula está procesada y detenida por delitos inadmisibles en una fuerza de seguridad.
Bullrich termina su artículo acusando a Eduardo López de censor porque censura la acción de Bullrich. Un galimatías de palabras que parece confirmar la sabiduría popular: cree el ladrón que todos son de su condición.
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