Miradas al sur - Domingo 24-01-2010
Una historia signada por el intervencionismo
Por Horacio A. López .
Subdirector del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini
Cuando Carlos V autoriza en 1518 que 4.000 esclavos africanos fuesen llevados a la isla Española, entre otras, inaugura un régimen de explotación y sometimiento inhumano sobre la población negra, que generaría, con el paso del tiempo, revueltas, sublevaciones y la revolución más radical del siglo XVIII y principios del XIX con gran influencia en Hispanoamérica. Napoleón Bonaparte decidió poner fin a la aventura revolucionaria en 1802 y envió expediciones para restablecer el régimen racista-esclavista en las islas soliviantadas. La empresa fue derrotada definitivamente a fines de 1803 por los negros y mulatos conducidos por Dessallines y Petión. El 1º de enero de 1804 Saint Domingue, rebautizada con su nombre nativo arawak Haití, declaraba su independencia, convirtiendo ese proceso en la primera revolución antiesclavista triunfante del mundo, promoviendo la libertad individual, la emancipación nacional y la solidaridad interamericana.

A partir de allí, la historia de Haití estuvo signada por grandes inestabilidades, marcadas por constantes luchas por el poder entre los negros y los mulatos. Hubo grandes rebeliones, como la llamada “de los piquets” (campesinos negros del sur) en 1844, duramente reprimidas. En 1849, Faustin Soulouque, un negro, se proclamó emperador con el nombre de Faustin I y se lanzó a una sangrienta represión contra los mulatos. Diez años después se restauró la república y hasta 1910 el país fue gobernado exclusivamente por los mulatos.
El neocolonialismo de Estados Unidos ya le había echado el ojo a Haití en 1891: tropas de ese país reprimen a trabajadores negros que se alzan en la isla Navassa -isla perteneciente a Haití- reivindicada por Estados Unidos. En 1915 las tropas norteamericanas directamente ocupan el país, quedándose hasta 1934. A partir de ese año, y siempre bajo la órbita de los Estados Unidos, funciona una débil democracia bajo los grupos oligárquicos mulatos. Desde 1956 los haitianos tuvieron que soportar la larga dictadura de la familia Duvalier (30 años), bajo las presidencias vitalicias sucesivas de padre e hijo, sustentadas por el terrorífico cuerpo paramilitar Tonton-Macoute y con la complacencia del país del norte.
En 2004 el presidente Aristide -que había sido repuesto por Estados Unidos en un anterior mandato en 1994- es derrocado, aunque se anunció al mundo que había renunciado, secuestrado por fuerzas encabezadas por Estados Unidos y trasladado a Sudáfrica.
En este presente trágico y doloroso para el pueblo haitiano, los Estados Unidos vuelven a aparecer y no queda claro ante el mundo si lo hacen como una operación humanitaria o como una invasión. El desmesurado contingente de tropas y elementos bélicos desembarcados plantea la duda. Los infantes de marina han ocupado el aeropuerto internacional de Puerto Príncipe y se erigen en los gendarmes que autorizan y controlan los aterrizajes. Cuba y Francia se han quejado porque sus naves debieron esperar largo tiempo antes de que se las autorizara a descender. Las agencias internacionales hablan de 12.000 infantes que llegaron para reforzar los 3.000 que ya estaban en el aeropuerto. El portaaviones USS Carl Vinson y sus buques de apoyo han llegado ya a Puerto Príncipe, así como también la Unidad Anfibia de la Marina con 2.000 efectivos y los soldados de la 82 División Aerotransportada del Ejército de Estados Unidos. Arrecian las protestas por los medios de prensa: el gobierno francés exige que “se precise el papel que desempeñan los Estados Unidos”. El embajador argentino en Haití, refiriéndose a lo mismo, declara que “Haití precisa de otra clase de ayuda”. Estando desde hace algunos años la llamada Misión de Naciones Unidas para la estabilización de Haití (Minustah), integrada entre otras por tropas argentinas, no se entiende este despliegue prepotente de los militares norteamericanos. Si la Minustah está para mantener el orden, cabe preguntarse: ¿no sería mejor concentrarse en enviar más médicos, hospitales, medicamentos, comida, antes que unidades anfibias, buques de asalto, barcos de desembarco, infantes y armas sofisticadas para la guerra?
¿No será que la intención de los Estados Unidos no es tan humanitaria?.
Etiquetas: CCC, Haití, Horacio López, Miradas al sur

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