Pagina 12 – Lunes 15 de junio de 2009
Pensar la crisis como una oportunidad
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Martín Burgos: Investigador del CCC
El crecimiento de la industria nacional durante el período 2003-2008 es destacable en la historia argentina por su durabilidad, pero también por su velocidad. Ambas características no hubiesen podido conjugarse sin la existencia de una primera etapa de importante capacidad ociosa en una macroeconomía donde el tipo de cambio aseguraba una protección a la industria nacional. Posteriormente, la fuerte inversión permitió ampliar la capacidad de producción para seguir creciendo a tasas del 8 por ciento anual. Lógicamente, el ritmo de crecimiento industrial fue reduciéndose a lo largo del período a medida que se llegaba al pleno empleo de las maquinarias y que la sostenida demanda requería de mayores inversiones.En el cuarto trimestre de 2008, cuando se agudiza la crisis financiera internacional, se frena el ritmo de producción industrial a consecuencia de la reducción de la demanda interna y externa, quedando una sobreproducción potencial derivada de las importantes inversiones que se realizaron en todas las ramas hasta entonces. Esto también repercutió en las importaciones, que caen 35 por ciento si se compara el primer trimestre de 2009 respecto del mismo período de 2008. Sin embargo, la comparación con el primer trimestre del año 2007 nos arroja una caída de sólo 9 por ciento. Si analizamos la reducción de las importaciones desde la perspectiva de sus usos, observamos marcadas diferencias: mientras caen fuertemente las importaciones ligadas a las inversiones, las importaciones de bienes de consumo tienen reducciones moderadas, e incluso son superiores en valores respecto de las ingresadas en el primer trimestre 2007. Esto último puede explicar los pedidos de medidas proteccionistas de parte de los sectores industriales y gremiales.
La herramienta de protección más intuitiva es la devaluación del tipo de cambio, que muchos solicitaron en el inicio de la crisis. Sin embargo, una devaluación brusca en un contexto de precios internacionales de los commodities estables puede generar un encarecimiento de los bienes exportables -tanto primarios como industriales- además de la totalidad de los importados. Ante el costo político que representaría compensar dicha devaluación con un aumento de las retenciones a las exportaciones, la consecuente inflación significaría una reducción de salarios en términos reales, que podría provocar una mayor caída de la demanda interna y obstaculizar una rápida vuelta al crecimiento. El Gobierno, desde ese punto de vista, parece haber acertado en su política de aumentar el tipo de cambio gradualmente respecto del dólar y el euro: sumado a la estabilización del real brasileño a niveles de septiembre 2008 y la reducción de la inflación, logró mejorar el tipo de cambio real.
Por otra parte, la devaluación protege la industria en su totalidad, sin diferenciar entre los sectores que son competitivos y los que no, ni entre los que tienen ganancias oligopólicas y los que no. Eso implica que la discusión sobre el tipo de cambio debe complementarse con numerosas medidas comerciales, que en general se orientan más a los sectores que a los orígenes. En ese sentido, resultaron oportunos los cambios destinados a acelerar los plazos para investigaciones antidumping y el regreso de las licencias no automáticas, instrumentos que están al alcance de cualquier pyme –aunque el acceso a dichos instrumentos se podría mejorar, en particular para las del interior del país-.
Aunque la política llevada adelante por el Gobierno en el medio de la crisis internacional tuvo varios logros, entre los que se destacan la mayor integración de nuestra economía mediante la sustitución de proveedores extranjeros por los nacionales, o los recientes anuncios de inversiones en sectores que están siendo investigados por presunto dumping -el calzado, por ejemplo-, las medidas comerciales parecen aún debatirse entre una concepción de protección defensiva y otra perspectiva de desarrollo.
La primera entiende la protección a la industria nacional como un medio de control social ante una coyuntura donde empeoran variables sensibles (producción, empleo y salarios). La segunda entiende a la política comercial como una herramienta del desarrollo económico, donde el proteccionismo aparece como una necesidad para la integración de la economía nacional, articulada con una política industrial orientada a la búsqueda de la fabricación de nuevos valores de uso en el país.
Esta segunda visión aparece como contenido de los discursos oficiales, aunque encuentra varios límites: en la gestión, por los problemas ligados a la falta de recursos asignados al empleo y la capacitación de los cuadros técnicos destinados a ese fin. La segunda es más compleja pero fundamental: la ausencia de conciencia industrial en varios de los actores sociales involucrados en un proyecto de desarrollo económico.
· Investigador del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.
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