
El escritor brasileño Teixeira Coelho, autor del Diccionario crítico de Política Cultural, manifiesta al diario Página 12 su mirada sobre el proceso de patrimonialización de los bienes culturales.
Por Silvina Friera
–¿Cómo conciliar la cuestión de la innovación con el hecho de que la política cultural esté muchas veces más orientada a preservar que a innovar?
–El “preservacionismo”, apoyado en la idea de patrimonio nacional o de grupos, es tomado como un valor en sí y para sí, y es uno de los grandes problemas no advertidos de la política cultural. Durante la dictadura que controló Brasil entre 1964 y 1985, ése fue el campo que mayor apoyo recibió. Y todavía hoy es el que domina. Representa lo políticamente correcto en política cultural. La innovación sucede al margen de las instituciones y de la política cultural, de los gobiernos y de las empresas que “apoyan” la cultura. Se olvida que el campo de la cultura es justamente “el campo de aquello que puede cambiar”. Hoy solamente el arte tiene ese privilegio y no debería ser así. El deseo de proteger y preservar adopta extremos dignos de risa: ¿qué significa declarar “patrimonio universal” un cierto plato nacional de comida? ¿Que ya no va a cambiar nunca (risas)? ¿O no significa nada, es apenas un gesto político vacío, como tantos otros? Lo ridículo bate records.









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