Notas con la etiqueta ‘Maximiliano Senkiw’

Charla con investigadores del Depto. La Ciudad del Tango

El martes 15 a partir de las 19, en el marco del II Festival de Tango Independiente, investigadores del Departamento La Ciudad del Tango del CCC disertarán en la charla “Panorama del presente”. En el encuentro, se prevé abordar distintos enfoques sobre la actualidad del género.

II festival de independiente

Participan:
Mercedes Liska (Nuevas propuestas en el baile social de tango),
Maximiliano Senkiw (Una mirada sobre la cuestión del fomento en el tango),
Sebastián Linardi (Panorama de la letrística actual)
Soledad Venegas (La fabricación del bandoneón en Argentina: un ámbito de disputa entre tradición y vanguardia).
Coordina:
Walter Alegre (responsable Depto. la Ciudad del Tango)

Martes 15 de marzo de 2011
Sala Osvaldo Pugliese - 19 hs. - Gratis
Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini
Av. Corrientes 1543 – Ciudad de Buenos Aires
Informes: (011) 5077-8000
Boletería: (011) 5077-8077

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El CCC en los medios

Pensar el tango más allá del turismo

Por Cristian Vitale

“¿El tango es un negocio?”, se pregunta Jorge Marchini, economista y tanguero. A su lado, en una mesa-debate armada en el tercer piso del Centro Cultural de la Cooperación, José Luis Castiñeira de Dios esboza una leve sonrisa y sube la mirada. Están, ambos, participando de una sustanciosa charla sobre el género en la economía y en las políticas públicas y cada quien representa una parte. Marchini, en tanto experto en números, miembro del EDI (Economistas de Izquierda) y docente de la UBA. Y Castiñeira, como director nacional de Artes de la Secretaría de Cultura de la Nación, y –sobre todo– músico. “Realmente mucha gente piensa al tango como un negocio. Acá ha habido inversiones y negocios con la cantidad de turistas a quienes les gusta el tango y pueden pagar una cena de más 150 dólares para ver un espectáculo. En rigor, máxime en la época de los cruceros, el tango es un negocio. ¿Pero es solamente eso?”, es la segunda pregunta de Marchini, cual Platón del tango en trance socrático.

Continúa en Página 12
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/3-17210-2010-03-12.html

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Tango de Miércoles - Marzo 2010

Les acercamos los conciertos del ciclo Tango de Miércoles organizados por el Departamento La Ciudad del Tango. Se presentan en marzo.

Miércoles 03 de marzo de 2010
NUEVO TRIO PORTEÑO
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Miércoles 10 de marzo de 2010
FESTIVAL DE TANGO INDEPENDIENTE - PROYECTO LCB Y ALAN HAKSTEN GRUPP - MESA REDONDA
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Miércoles 17 de marzo de 2010
GABRIELA ELENA Y EL CORDAL TRIO
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Miércoles 24 de marzo de 2010
ORQUESTA TIPICA CIUDAD BAIGON
***
Miércoles 31 de marzo de 2010
CARACOL CONFIDENCIAL

afichemarzo2010

Consultá la programación detallada

Todos los conciertos se realizan en la sala Osvaldo Pugliese del CCC.
Av. Corrientes 1543 (C1042AAB)
Ciudad de Buenos Aires, Arg.
Informes: (011) 5077-8000
Boletería: (011) 5077-8077

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Tango, turismo y desarrollo económico: una mirada

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“(El) foco puesto centralmente en la rentabilidad del turismo cultural respecto al tango supone varios peligros:
1- Desatender el desarrollo y el fomento cultural interno.
2- Pensar y trabajar solo con productos estereotipados y deshistorizados para el consumo extranjero perdiendo calidad y potencia creadora.
3- Fomentar el consumo solo para turistas relegando la oferta local y desalojando a los sectores de menor poder adquisitivo del acceso a ese bien.
4- Vincularse a una franja del sector privado comercial que desconoce acerca de procesos y fenómenos culturales.
5- Adaptar la agenda tanguera solo al gusto internacional (téngase en cuenta que, al iniciar Mauricio Macri su período de gobierno, el Festival y el Mundial se pasaron para el mes de agosto aludiendo al periodo vacacional europeo).
6- Recostarse sobre la “teoría del derrame” y suponer que si a los empresarios del tango “les va bien”, la torta se va a repartir entre todas los actores. Como si los temas culturales solo se resolvieran con el crecimiento del consumo y como si se realizara verdaderamente esa repartición que propone la copa derramada.
7- Trazar una estrategia cultural con el tango que solo tenga como eje el auge circunstancial del reverdecer económico del género y el oleaje del consumo exterior. Esto supondría un basamento muy débil para pensar una política cultural integral destinada al tango y a la cultura en general”.

Extracto de: “Políticas y gestión cultural en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires: el caso tango” (Trabajo realizado por Maximiliano Senkiw y Germán Marcos del Depto. La ciudad del Tango. Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini).

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Esa cosa, el tango

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por Maximiliano Senkiw

Una campaña publicitaria de una gaseosa decía hace un tiempo que “la imagen no es nada”. Pues bien, si hablamos de tango y su representación en imágenes, preferentemente audiovisuales, aquella afirmación publicitaria pierde peso y contundencia. Es la imagen, en gran medida, la que ha legitimado un cuadro, una composición, una postal acerca del tango.

En este sentido, la televisión, sus operatorias de producción y representación, funcionan como constructoras y legitimadoras de aquel cuadro tanguero. Ese cuadro tanguero se compone de algunas imágenes que cualquier televidente podría rastrear con un simple pantallazo. El cantor engolado, la escenografía arrabalera, la pareja de baile a contraluz; todo en una vitrola televisiva que disipa un tango “cosificado”.

Ese es el callejón por el cual el tango transita en la televisión argentina. El recurso principal para mostrarlo es su “cosificación”. Es decir, su representación como un género cuyos elementos permanecen inmutables, sin variación e impermeables. En otras palabras, un tango que se muestra bajo un repertorio estático de imágenes y una matriz genética inalterable que solo es capaz de producir un único significado.

Se despliega así un proceso por el cual se asimila al tango como un objeto de museo y no como una expresión artística plástica, flexible, porosa, que se la puede llenar con diversos significados.

A esta altura, quizás convenga preguntarse por las posibilidades de alterabilidad que ofrece el soporte de la televisión a la hora de romper con aquella “cosificación”. ¿Qué seria de una TV sin géneros estables? ¿Qué seria de la televisión sin un marco de referencia que le permitiera fabricar sus productos? Casi imposible hacer televisión sin la guía que ofrece el estereotipo. Nada haría sentido en la pequeña pantalla si todo el tiempo la secuencia de imágenes intentara salirse de las casillas y fracturar los sentidos compartidos –siempre y cuando no hablemos de un proyecto que tenga por finalidad ese quiebre del sentido fijado-.

Los intentos por mostrar el tango en la televisión no han podido resolver la encrucijada que le plantea el propio formato televisivo. Por un lado, técnicamente permite idear y crear innovaciones y propuestas novedosas pero, por otro, no logra desprenderse de las reglas del estereotipo. Es como si todo el tiempo intentara quebrar su propia lógica pero con las herramientas que le ofrece el reglamento.

No es fácil salir de ese laberinto. No conocemos la salida para esa encrucijada. Hubo intentos más que loables para romper con las maneras básicas de representar al tango en la televisión. Sin embargo, el planteo respecto a la discusión de la representación televisiva del género no debería perder de vista que la cosificación es una forma de acostumbramiento. Como tal, si solo nos acostumbramos a esa una única imagen de tango, desconoceremos numerosas experiencias artísticas que lejos están de concebir la música ciudadana como inmutable.

Más allá de los pintoresquismos clásicos del tango -pintoresquismos que todavía tienen valor y producen sentido- es necesario dotar a esta expresión artística con nuevas vitalidades. Esto no implica dejar de lado “las herencias” sino más bien, usándolas como fondo de reserva, reelaborar el conjunto de imágenes que cuentan al tango. El verdadero acto de resistencia y potencia creativa no consiste solo en mantener lo que tenemos y sabemos sino en elaborar nuevos sentidos con eso que “supimos construir”.

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El grito del artista

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por Maximiliano Senkiw

El comentario editorial aquí pronunciado que retomaba algunos aspectos vinculados a la cuestión de la letrística, los letristas y los poetas contemporáneos de tango como expresiones del presente, despertó con posterioridad numerosas intervenciones y posturas.

Las diferentes posiciones plantearon de manera acertada temas que iban desde la falta de difusión mediática, los gustos y costumbres del público, las propuestas renovadoras, las grandes temáticas humanas, hasta la autorreferencia personal, entre otros. En este sentido, vale aclarar dos puntos esenciales respecto al texto original. Ni el editorial buscaba cargarle todo el peso y la responsabilidad sobre la cuestión a los letristas ni tampoco pretendía abonar la falsa teoría que sostiene que “no hay tangos nuevos”.

Aclarado esto, nos proponemos continuar recorriendo este mismo sendero pero ahora con nuevas preguntas. Quizás lo que sigue sea una breve cavilación más del orden “metafísico” que del análisis estructural. No obstante, si el terreno sobre el que estamos trabajando es el artístico, no hay porque escaparle pues a ese abordaje. Posicionados entonces sobre esta matriz surgen las preguntas.

¿Qué hay del “grito del artista”? ¿Qué hay de aquel desgarro personal, sorpresivo, movilizador, de impacto y activo que el artista experimenta y que necesita ser contado? Hay una gema del sentir humano –y que Discépolo bien lo manifestó en su obra- que es anterior y ajeno a las reglas y normativas de la interpretación y que no es tampoco exclusivo de aquel narigón melancólico. Es esta instancia de expresividad movilizadora (de la que intentamos dar cuenta) la que se borra o se omite cuando dejamos de hablar de “nosotros” –ese “nosotros” bien podría ser “todo el mundo y sus cosas”-.

¿Qué mayor éxtasis – si es que “éxtasis” resume lo que se plantea- para el artista que desangrarse en su propia letra, en su propio grito, en su propio desgarro, en su propia nota, con todas las posibles consecuencias que se derivan de ello? A esto apuntan nuestras intenciones. A la explosión creativa, feliz, desprejuiciada. Al salto al vacío, a la felicidad que produce la creación. Es ahí donde la expresión encuentra sus palabras, palabras que pueden ser nuevas, viejas o inventadas pero que, como resultado de un acto artístico, son genuinas, auténticas, vivas, incandescentes.

Nada de esto es ajeno al tango y nada debería permitir que le fuera ajeno en el corto plazo. Discépolo o Manzi no son “manuales de estilo” a los que se podría recurrir como modelos técnicos. Son, ante todo, ejemplos acabados del grito del artista. Son ellos, con sus inventos y también con sus determinaciones exteriores, los que se expresan con diferentes voces, la del pueblo, la de los dioses, la del animal, la que sea. Se asumieron como artistas y en ese acto de desgarro bautismal florecieron, se contaron y contaron el ambiente que los rodeaba sin necesidad de sentirse ni “testimoniales” ni agentes políticos. No hubo allí cuestionamientos porque la motivación venia de las profundidades y, como tal, ninguna barrera del súper-yo podía filtrar las ganas de gritar, contar y albergarse en su propia producción. Era su defensa, era su grito, eran sus vidas.

Y hoy, a pesar de la desintegración humana, natural, subjetiva, el arte sigue siendo morada de la expresión auténtica y son numerosas las producciones que bajo su techo se refugian. Más allá del fenómeno industrial de la cultura que no es nuevo, el arte ataca, conmueve y resiste para gritar otra vez “Este es mi tango, este soy yo en ustedes y estos son ustedes en mí”.

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Tango, patrimonio de la humanidad

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por Maximiliano Senkiw

Hacia octubre del año pasado, la Intendencia de Montevideo y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires realizaron una presentación en forma conjunta ante la UNESCO para reconocer e integrar el tango a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Según el proceso administrativo y tras la presentación de documentos visuales, sonoros e informes técnicos que sustenten el pedido, se prevé que la resolución se efectuará en un año. O sea, hacia septiembre u octubre de este año se sabría si el tango es considerado por la UNESCO dentro su lista de producciones culturales patrimonio de la humanidad.

En aquel momento, el ministro de Cultura porteño Hernán Lombardi y Eduardo León Duter, director de Promoción Cultural de Montevideo, coincidieron en mancomunar esfuerzos para otorgarle mayor rango y reconocimiento a la expresión artística urbana que comparten las dos orillas. Al mismo tiempo, acompañando a Lombardi y a la iniciativa en el bar porteño Los 36 Billares, artistas de la talla de Susana Rinaldi, Atilio Stampone, Raúl Garello y Horacio Ferrer apoyaron la medida.

Medida que, como tal y a simple vista, siempre genera entusiasmo porque revaloriza una expresión cultural genuina que toca de cerca a los habitantes y artistas de dos países vecinos. No obstante, con estos emprendimientos sucede algo parecido a lo que escribía Cortazar en su cuento “Cefalea”: “todo se confunde y nada es menos cierto que su contrario”.

En principio, obviaremos un argumento que, a entender de quien escribe -y lee- estas palabras, no conserva ni impone ningún peso para entrar en la discusión. Hablamos de aquella postura de tono patriotero y “derechoso” que solo concibe al tango como una expresión argentina (para no decir porteña) y sostiene que cualquier tipo de intromisión externa no seria más que una ofensa a la patria, a los valores “verdaderos” y al ser nacional.

Salvada esta aclaración, conviene desplegar algunas preguntas para desentrañar parte de los fundamentos que podrían guiar la iniciativa gubernamental de declarar al tango Patrimonio de la Humanidad. En primer lugar, quienes lo postulan. En este caso, la gestión gubernamental de dos países lindantes. En segundo lugar, bajo que historial de acciones se inscribe esta acción y, finalmente, cuáles son los motivos reales que se combinan en la proclama.

El primer asunto ya esta dicho. Promoción Cultural de Montevideo y Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires toman la posta ante la postulación del tango en la UNESCO. El segundo tema es el que comienza a desentrañar un poco más la cuestión. Las acciones que, a lo largo de su gestión ha desarrollado el PRO en materia de tango, estuvieron mayormente dirigidas a afianzar al género como recurso estratégico para el fomento económico. De aquí el difundido programa de posicionamiento mundial que se lanzó durante 2008 para acrecentar la presencia del tango en numerosos territorios del globo terráqueo.

Sin duda esos recursos que se dispusieron para esa promoción no eran “chaucha y palito” sabiendo que son los turistas quienes más consumen tango. Hasta aquí, nada novedoso si se quiere. Mientras tanto, el mercado interno del tango no encuentra todavía verdadero estimulo más allá de alguna feria que se organiza para el Festival de Tango.
Pasando en limpio, la postulación del tango para Patrimonio de la Humanidad se inscribe en una serie de acciones estratégicas efectuadas desde el Ministerio de Cultura de la ciudad apuntaladas a afianzar la figura del tango en el exterior.

Por último, la tercera cuestión. Aquella que refiere a los motivos reales que se despliegan desde la acción de gobierno. Si bien es saludable que el tango sea considerado Patrimonio de la Humanidad, no conviene rendirse ante el hechizo de los posibles laureles que de allí podrían obtenerse. Sostener con fervor que este reconocimiento que podría obtener el tango es una forma de afianzar y conservar la identidad cultural de dos ciudades, si bien guarda cierto grado de verdad, maquilla también el fundamento con más solidez que guía la acción de estos gobiernos. Ese fundamento radica en los recursos económicos que pueden obtenerse desde la cultura. Y el tango, para la ciudad, además de un bien cultural intangible, es una fuente de recursos cada vez más exprimida.

Que quede claro. No hay gestión de gobierno que no entienda la cultura como objeto de políticas y como recurso estratégico para el fomento económico. Ingenuo -y hasta cierto grado hipócrita- seria creer y postular por estos tiempos que la cultura sirve solo a los efectos de la integración social y el arreglo de las desigualdades. De igual manera, hipócrita también resulta matizar con argumentos como “identidad cultural”, una medida que, en sus profundidades, solo se interesa por promover acciones que le sirvan al incremento de su caja.

Identidad, recurso económico, cultura. Variantes que se ponen en juego en esto de las políticas culturales contemporáneas.

Promover un bien cultural no habla solo de su reconocimiento en el exterior. No existe derrame o distribución cuando, al interior del sistema, ese bien es solo enmarcado en programas de posicionamiento de marketing que tienen sus antenas apuntadas hacia afuera. Si realmente existe voluntad para promover efectivamente al tango más allá del turismo, será hora de que las acciones que se realizan en esa materia se reorienten de manera efectiva y visible al interior del país.

No basta con organizar milongas en los barrios. Es necesario disponer los recursos que se usan para el fomento externo en incentivos reales en el sector interno. Solo así se sabrá si el tango realmente conserva aquellas propiedades de aglutinador social e identitario. Por lo demás, seguirá siendo un elemento exótico, no solo para los turistas sino también para las nuevas generaciones que habitan la ciudad.

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¡Veo tierra! ¡Tierra de intérpretes!

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por Maximiliano Senkiw

A lo largo de la historia del tango, el lugar del intérprete adquirió un papel destacado. No solo por las referencias vocales e instrumentales que se elevaron al estrellato desde esa actividad sino porque fueron ellos -los intérpretes-, quienes hicieron y hacen carne el trabajo de letristas y compositores. Todos ellos, en una amalgama musical, supieron construir un cuadro de época en distintos periodos. Así Villoldo desflorando, con sus tangos procaces, la moral subterránea de principios del siglo XX, más tarde Gardel interpretando “Al mundo le falta un tornillo” o “Pan” y hasta Goyeneche, llegando el nuevo siglo, con su versión de “Cambalache” en plena Guerra de Malvinas.

Ahora bien, propongo un ejercicio para la imaginación que servirá para pensar la categoría de intérprete y su rol en las entrañas mismas del tango que corre por estos tiempos. Suponga usted que aquí y ahora se recopila en un disco el material más representativo del momento que hoy vive el tango. Ese disco sería algo así como un caso testigo del estado actual en el que se encuentra el género. Allí estarían pues no solo los creadores sino también los intérpretes.

Con este disco ya compilado del presente del tango, imagine ahora que se guarda el material bajo 4 llaves y se lo entierra cual tesoro de piratas. Ese tesoro, pasado 100 años, es descubierto por un grupo de exploradores tangueros. En perfectas condiciones, el reciente hallazgo comienza a escucharse y es allí donde aparecen las primeras preguntas para el equipo de arqueólogos musicales que poca información tenía sobre ese período. “¿Qué nos dice toda esa información allí compilada? ¿De qué momento nos habla? ¿Supone una fotografía de época o, por el contrario, retoma esquemas y modismos de otros tiempos? En este último caso, ¿por qué los retoma?” Como se verá, y si no se ve vale aclararlo, el descubrimiento plantea interrogantes acerca del contexto creativo en el cual ese compilado fue elaborado.

Afilando todavía más la mirada, a medida que el compilado suena en un vitrola de discos compactos, los descubridores deciden recortar la muestra y tomar solo aquello que se canta. En esa instancia, se encuentran con un abordaje particular. Sucede que los intérpretes decidieron, por aquel momento, priorizar tangos “usados” y disponer, en menor medida, de los “nuevos”. A esta altura, la cuestión ya parece más profunda. Se preguntan los arqueólogos musicales: “¿Qué habrá pasado en el tango para que los intérpretes decidieran apropiarse de aquellos tangos (los usados) en detrimento de los que, se suponía, podían configurar un panorama más claro del contexto?”.

Con esta pregunta en la punta de la lengua, los investigadores elaboran ahora algunas hipótesis:
1- Los tiempos no han cambiado tanto por lo cual los intérpretes razonan que ya hay tangos que pueden explicar la situación y explicarlos a ellos mismos.
2- Al contrario de la primera hipótesis, como no hay nada que pueda dar cuenta del momento, recurren a la morada de los clásicos.
3- Existe cierta inmovilidad por parte de los intérpretes para rastrear material que explique su tiempo y que, en esa explicación, los incluya.
4- Los productores de los intérpretes no renuevan sus estrategias y se estancan en cierta infalibilidad marketinera con que cuentan algunos tangos “usados”.
5- Los intérpretes prestan demasiada atención a sus productores.
6- Por más de que no se sientan “cantados” y “expresados” en tangos clásicos, vaya a saber por qué, los intérpretes apuestan a esas obras.
7- Hipótesis arriesgada: el tango ya dijo todo lo que tenía que decir y no harían falta nuevas interpretaciones.

Como sea, cada una de estas conjeturas comporta algo de cierto. Asimismo, todas ellas presumen un camino para desandar que refiere al quehacer de los miles de intérpretes que surcan por estas horas el espacio tanguero. En gran medida, pero no de manera excluyente, quienes se perfilan como intérpretes de tango, específicamente en lo que al canto toca, olvidan en ocasiones desenpolvar una pregunta movilizadora que, como tal, invita a responder con la mayor franqueza posible. Esa pregunta dice: ¿Cuan representado me siento en esto que canto? ¿Cómo me siento con esto que represento?

Esto es algo que poco se habla (sostiene y cree quien, desde esta pequeña porción de tierra, expresa estas palabras). Nos referimos a la responsabilidad del intérprete al momento de dar cuenta de un estado de situación del tango. Obviamente no se intenta mandar a la hoguera a aquellos que interpretan “Caminito” -sin duda esa obra en alguna parte de su sensibilidad toca y afecta a quien trae a su cuerpo y alma ese texto-, pero tampoco conviene olvidar que, dentro de 100 años, cuando los arqueólogos musicales desentierren el próximo compilado tanguero, poco habrá que descifrar porque parecerá que ya todo estuvo dicho desde hace tiempo. Y eso, para el tango, es otra vez una forma de momificación.

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