
por Germán Marcos
¿El tango sigue siendo una música popular? ¿Lo es solo por tradición e historia o también por producción y acción actual? ¿De qué hablan los tangos? ¿A quiénes le hablan?
El músico y profesor de filosofía Gustavo Varela(*), en su libro “Mal de Tango”, describe el origen, el contexto de la sociedad porteña de principios de siglo XX, donde el tango se volvió expresión cultural popular y masiva.
Escribe Varela: “El tango inventa culturalmente a la clase media, es su primera expresión, su modo de construir afectos, su manera de expresar el afincamiento en una nueva tierra. El inmigrante trae consigo la zarzuela, la mazurca, que en una tarde de patio se mezcla con el sonido de la milonga campera. El italiano, el turco, o nuestro hombre de campo, son refugiados sociales, expulsados por el alambre de púa local, o por la miseria de sus países de origen […] Traen ideales, libros, partituras, costumbres, instrumentos, teatro. Pasan su tiempo añorando con volver a su tierra, para vivir la vida que se merecen, no la que lleven en el arrabal, cerca del río, pobres y mezclados unos con otros, en una ciudad que les es extraña”.
Durante un período inexacto, pero que se extendió aproximadamente por 50 años, el tango se nutrió de los valores de aquellos habitantes que conformaban la metrópoli. Los recientemente arribados, se mezclaron con los porteños y sumando minorías conformaron una mayoría social multicultural. El resultado erosionó la poética, las formas de abrazar, de bailar, de tocar los instrumentos y la expresión fue el tango.
Las letras representaban esa realidad. La pregunta que hacemos desde Fractura Expuesta es: ¿Qué es el tango hoy? Para nosotros, para los nuevos habitantes de esa misma ciudad de origen, pero casi un siglo después. Aquel italiano recién llegado a Buenos Aires quería volverse a su tierra y entonces encontramos canciones que expresan esa añoranza. O la de los polacos, que se refugiaron en un país con un idioma inentendible y que tuvieron que amontonarse con toda su ideología en los conventillos. Ahí estaba el tango para retratarlos, para autorretratarse.
En la actualidad, siguen siendo pocos los tangos que hablen de nosotros ¿Qué es lo que te pasa a vos? ¿Qué querés? ¿Qué te duele? ¿Qué te indigna? ¿Que te motiva? ¿Qué te moviliza? ¿Qué te hace bien? ¿Qué te divierte?
Conocer el árbol genealógico del tango, como bien explica el profesor Varela, es importante para entender los orígenes sin olvidar que se trata de una expresión cultural producida por fuerzas sociales, culturales, económicas, que están en tensión constante. Los rescates históricos son interesantes cuando no se olvidan de esa realidad en tensión. No pasa entonces por insistir con lo de siempre, con esa historia siempre gloriosa, siempre popular, siempre masiva, siempre presente, siempre idéntica. Hoy el tango ya no está presente en el menú de opciones de la mayoría de los jóvenes de esta ciudad. Está más presente que algunos años atrás, es cierto, pero falta muchísimo más.
Antes era grasa. Ahora, a veces, es “cool”. Pero para muchos de los jóvenes, el inconsciente colectivo les sigue dictando que el tango es música para viejos, llorona, que habla de la melancolía y de la vieja. Los nuevos habitantes de Buenos Aires no se apropiaron del tango. La pebeta o la percanta que te amura siguen sin ser la pendeja que te clavó. Tal vez decimos lo mismo, pero las palabras son otras, y cuando las palabras cambian, nunca se está comunicando lo mismo. La apropiación de las expresiones artísticas de nuestra región implica varios niveles. Algunos de esos niveles los tenemos al alcance, y sin embargo, todavía no los tomamos en nuestras manos para torcer el rumbo. (Por si hace falta aclarar, los niveles que implican la macro política o las acciones para contrarrestar la invasión cultural requieren de una construcción más sólida a nivel social que todavía parece no estar cercano.)
Por eso la pregunta: ¿Qué es el tango para nosotros? Y nos la hacemos en medio de la relación de mercado donde mandan axiomas de oferta y demanda, pero donde muchas veces se imponen ofertas y se nos muestra como supuesta demanda. Donde los chicos están incentivados a la adolescencia cuando todavía tienen 9 años. Donde una maquinaria cultural crea las “necesidades” disparando contenidos desde Miami, en algunas ocasiones con acento argentino. Resulta que ahora, para abaratar costos, somos necesarios y entonces armamos “operaciones triunfo” con pibes de todas las provincias, pero que cantan tango o folclore como Cristina Aguilera. Ni hablar de las novelas con el sello de “Cris” Morena, floggers, Cumbios, en definitiva, formas de no hacer. Mecanismos para pensar, respuestas lógicas ante problemáticas comunes, pero con los guiones que se escriben en otras latitudes y que nosotros leemos sin chistar.
La cultura a veces sirve como mecanismo de defensa, aunque sea para poner en estado crítico a esos guiones ajenos. Y el tango está ahí, con toda su impronta, tradición, historia y también con su nueva imagen, moda, marca en el mundo y recursos económicos. Puede “decir” como nosotros, pero todavía no le enseñamos a hablar como nosotros. Se revierte esa máxima tanguera: “Vos pibe no podés hacer tango porque no la viviste”. Mientras el tango no hable de nosotros, como generación, no va a pasar nada importante en materia de conquistar nuevo público, más seguidores, más chicos y chicas pensando en tango. Es menuda la tarea de los nuevos letristas, o si se quiere, de los nuevos poetas.
La idea es sincerar el tango, hacerlo nuestro, que entre canción y canción siempre aparezca algún tema que hable también de los habitantes de Buenos Aires, pero de los de ahora. Y que cada vez sean más, para poder ir encontrando esa calidad que se nos demanda, en la cantidad. Para reinstalarnos como expresión cultural, con público genuino, con gente que también quiera escuchar tango, porque encuentra que ahí se canalizan varias de las inquietudes del hombre, incluso cuando esas inquietudes consistan simplemente en pasarla bien.