Notas con la etiqueta ‘fractura expuesta’

Radio CAFF

La Orquesta Típica Fernández Fierro acaba de lanzar su propia radio por internet. Con la intención de realizar “un repaso por el tango de hoy” y difundir a “artistas que están en actividad y que tengan una mirada contemporánea del género”, la Fierro llega con Radio CAFF.

Para celebrar el lanzamiento de la señal, organizan el Festival de Tango Radio CAFF con transimisión en vivo a cargo del programa de radio Fractura Expuesta que emitirá en dúplex por AM 530 La Voz de las Madres (los jueves) y por Radio CAFF (los viernes y sábados).
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Teoría y práctica en el CCC

Teoría y práctica en una misma noche

Por Carlos Bevilacqua

El director nacional de Artes, José Luis Castiñeira de Dios, el economista Jorge Marchini y el gestor cultural Ildefonso Pereyra confluyeron anoche en el Centro Cultural de la Cooperación (CCC) para describir las relaciones que el tango mantiene con la economía y con las políticas estatales en la primera de las tres mesas de debate organizadas por el Festival de Tango Independiente. En el camino, los tres disertantes también propusieron lineamientos para mejorar la situación relativa del género.

Continúa en http://www.fracturaexpuesta.com.ar/noticias/20100312.html

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Festival de Tango Independiente

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El nuevo secretario de Cultura de la Nación habla acerca del tango

Jorge Coscia, nuevo secretario de Cultura de la Nación tras la renuncia de José “Pepe” Nun, conversó con el programa de radio Fractura Expuesta y dijo, entre otras cosas:

“Yo creo que el conjunto de la producción cultural argentina es el resultado de una creatividad formidable. El tango es una parte importantísima y tal vez sea lo que más nos representa. Todos los pueblos tienen creatividad e identidad cultural pero de nada sirve tener esas identidades si no hay políticas que promuevan, fomenten y difundan. Esta no es una tarea solo de la Secretaría de Cultura, es una tarea un poco más compleja que tiene que ver con comunicar, difundir, educar. En lo que se refiere a cultura, está ligado al desarrollo de las industrias culturales. El tango cada día se canta y se baila más. Pero sabemos también que cada día se edita y se difunde menos en los medios. Está atrincherado, en una suerte de resistencia cultural. Así que hay que promover todo lo que tenga que ver con la difusión como soportes, tanto en discos, CD’s, como en medios de comunicación, pero no imponiendo sino fomentando, facilitando”.

Leer la nota completa en www.fracturaexpuesta.com.ar

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Lo formal y lo informal en el tango

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por Germán Marcos

Había una vez una sociedad, con sus costumbres, con sus códigos, una sociedad con algunos paradigmas que no conocemos a fondo, una sociedad en la que no nos tocó vivir. Viajemos en el tiempo, situémonos entre los años posteriores a la depresión económica de 1930 y anteriores a la primera presidencia de Perón.

Después de la inmigración masiva de europeos que escapaban de la Primera Guerra Mundial, la ciudad de Buenos Aires incorporó habitantes que, naturalmente, la modificaron. Venían por un tiempo y terminaron formando una familia. Eran aves de paso pero terminaron anidando para siempre.

En aquella época, donde la vida sin elección tenía como escenario el conventillo, el acceso a la vestimenta era una señal de estatus. La ropa habla, siempre comunica. Un ejemplo claro sobre la información de la moda es aquella anécdota que da cuenta de lo joven que era Aníbal Troilo cuando integró su primer grupo de tango. No solo su cara lo vende en las fotos sino también el uso de los pantalones cortos, símbolo de niñez previo a convertirse en “muchachito”. En aquella sociedad, tan o más violenta que esta, la gente iba en traje a la cancha y el qué nunca se había podido comprar un saco, se empilchaba ni bien tenía un peso para gastar.

“Nosotros tocamos con traje y corbata porque eso es un premio para nuestros padres, que trabajaban horas extras para que nosotros podamos comer y estudiar. El traje para tocar tango, el traje en sí, para quien se crió en un conventillo, representaba el ascenso social. Por eso es un orgullo para nosotros. Por eso cada vez que toco tango visto de traje”. Esa es la explicación sobre la tradición de tocar vestido de gala que dio el bandoneonísta Rodolfo Daluisio en el número 2 de la Revista Orquestódromo.

Viajemos un poco más. El tiempo pasó y nosotros, que vinimos al mundo unos 50 años después, estamos en nuestra cocina, con nuestros viejos, mirando lo que ellos miran, en uno de esos 5 canales que tenemos para hacer zapping.  Eran tiempos donde había que pararse para cambiar el televisor. Esta generación ya se está poniendo vieja.

En la tele, unos tipos tocan tangos. Muchos de ellos lucen peluquín. Podía ser ridículo, pero para esa sociedad de hace 25 años, no lo era. Todos los protagonistas, en ese televisor, están vestidos de estricto traje. Un corte, una quebrada.

Viajamos otra vez en el tiempo. Nos venimos unos años más acá. Aprendemos a escuchar tango, hurgamos en los huecos alternos, los que el sistema y los medios todavía no pueden penetrar y encontramos aquello que hace tiempo ya no está en boca de todos. Ahorramos un montón de plata y nos compramos el primer bandoneón. Se lo regateamos a un tipo que estuvo a segundos de rifarlo a los euros de un gallego. Todavía existe la compasión en algunos comerciantes, pero sin dudas, todavía existe el tango.

Armamos una orquesta, casi 90 años después de aquella inmigración. Nos separa más que una vida. Hacemos y bailamos la música de Buenos Aires, nos vestimos como andamos, como solemos vestirnos en nuestra vida cotidiana.

¿Qué es lo formal y lo informal en el tango? Todavía hay posiciones que blasfeman porque los pibes están “informales”, tienen el pelo largo, descuidado, es un signo de estos tiempos. No obstante, el propio Dema, de la Orquesta Petitera ya se mofa en su tango “Juguete Rabioso” cuando dice “peinado a lo despeinado, tu rebeldía es bastante popular”. Jeans rotos, aritos, barba, rastas, ropa que nos es común. El pibe se gana minitas, la minita conquista chicos. Tocan un instrumento exótico como el bandoneón, se visten como pueden y como quieren.  No es bueno que el hombre esté solo. Sobre todo si quiere volver a sembrar el tango.

Pero más allá del tango, la informalidad se volvió bandera. El traje y la corbata se transformaron, para muchos, en sinónimo de garcas. Para otros, el tipo de traje que se peina con fijador y forma surcos en su cabellera no es lo que era. Para otros, la que se tira un oso de bufanda, se tiñe de rubio y se maquilla como si se revocara, esa forma de vestir es sinónimo de “grasas”. La formalidad, en este otro contexto, en un paradigma posterior, que proviene de un pasado demasiado planchado, se vuelve “pianta-votos”.

Vulnerables son las generaciones que poblaron al tango. Benditos aquellos que comprenden el paso del tiempo. Vulnerables son las nuevas generaciones, las que están repoblando al tango olvidado. Como si fuéramos criados en cautiverio, lo más importante, ante tanta artificialidad, es que hagamos nuestro juego, que seamos como somos. Si no solemos andar por la vida vestidos de traje, no vamos a hacerlo para quedar bien. ¿Quedar bien? ¿Ante quien? Perdón ¿hablamos de música o de moda?

La vida se nos va y el pescado todavía está sin vender. El tango no será televisado, aunque ayer, Crónica TV haya transmitido desde la Plaza de Mayo uno de esos conciertos de tango que representan a alguna de esas tantas Buenos Aires que habitan Buenos Aires.

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Esa cosa, el tango

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por Maximiliano Senkiw

Una campaña publicitaria de una gaseosa decía hace un tiempo que “la imagen no es nada”. Pues bien, si hablamos de tango y su representación en imágenes, preferentemente audiovisuales, aquella afirmación publicitaria pierde peso y contundencia. Es la imagen, en gran medida, la que ha legitimado un cuadro, una composición, una postal acerca del tango.

En este sentido, la televisión, sus operatorias de producción y representación, funcionan como constructoras y legitimadoras de aquel cuadro tanguero. Ese cuadro tanguero se compone de algunas imágenes que cualquier televidente podría rastrear con un simple pantallazo. El cantor engolado, la escenografía arrabalera, la pareja de baile a contraluz; todo en una vitrola televisiva que disipa un tango “cosificado”.

Ese es el callejón por el cual el tango transita en la televisión argentina. El recurso principal para mostrarlo es su “cosificación”. Es decir, su representación como un género cuyos elementos permanecen inmutables, sin variación e impermeables. En otras palabras, un tango que se muestra bajo un repertorio estático de imágenes y una matriz genética inalterable que solo es capaz de producir un único significado.

Se despliega así un proceso por el cual se asimila al tango como un objeto de museo y no como una expresión artística plástica, flexible, porosa, que se la puede llenar con diversos significados.

A esta altura, quizás convenga preguntarse por las posibilidades de alterabilidad que ofrece el soporte de la televisión a la hora de romper con aquella “cosificación”. ¿Qué seria de una TV sin géneros estables? ¿Qué seria de la televisión sin un marco de referencia que le permitiera fabricar sus productos? Casi imposible hacer televisión sin la guía que ofrece el estereotipo. Nada haría sentido en la pequeña pantalla si todo el tiempo la secuencia de imágenes intentara salirse de las casillas y fracturar los sentidos compartidos –siempre y cuando no hablemos de un proyecto que tenga por finalidad ese quiebre del sentido fijado-.

Los intentos por mostrar el tango en la televisión no han podido resolver la encrucijada que le plantea el propio formato televisivo. Por un lado, técnicamente permite idear y crear innovaciones y propuestas novedosas pero, por otro, no logra desprenderse de las reglas del estereotipo. Es como si todo el tiempo intentara quebrar su propia lógica pero con las herramientas que le ofrece el reglamento.

No es fácil salir de ese laberinto. No conocemos la salida para esa encrucijada. Hubo intentos más que loables para romper con las maneras básicas de representar al tango en la televisión. Sin embargo, el planteo respecto a la discusión de la representación televisiva del género no debería perder de vista que la cosificación es una forma de acostumbramiento. Como tal, si solo nos acostumbramos a esa una única imagen de tango, desconoceremos numerosas experiencias artísticas que lejos están de concebir la música ciudadana como inmutable.

Más allá de los pintoresquismos clásicos del tango -pintoresquismos que todavía tienen valor y producen sentido- es necesario dotar a esta expresión artística con nuevas vitalidades. Esto no implica dejar de lado “las herencias” sino más bien, usándolas como fondo de reserva, reelaborar el conjunto de imágenes que cuentan al tango. El verdadero acto de resistencia y potencia creativa no consiste solo en mantener lo que tenemos y sabemos sino en elaborar nuevos sentidos con eso que “supimos construir”.

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El día que el tango hable de nosotros

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por Germán Marcos

¿El tango sigue siendo una música popular? ¿Lo es solo por tradición e historia o también por producción y acción actual? ¿De qué hablan los tangos? ¿A quiénes le hablan?

El músico y profesor de filosofía Gustavo Varela(*), en su libro “Mal de Tango”, describe el origen, el contexto de la sociedad porteña de principios de siglo XX, donde el tango se volvió expresión cultural popular y masiva.

Escribe Varela: “El tango inventa culturalmente a la clase media, es su primera expresión, su modo de construir afectos, su manera de expresar el afincamiento en una nueva tierra. El inmigrante trae consigo la zarzuela, la mazurca, que en una tarde de patio se mezcla con el sonido de la milonga campera. El italiano, el turco, o nuestro hombre de campo, son refugiados sociales, expulsados por el alambre de púa local, o por la miseria de sus países de origen […] Traen ideales, libros, partituras, costumbres, instrumentos, teatro. Pasan su tiempo añorando con volver a su tierra, para vivir la vida que se merecen, no la que lleven en el arrabal, cerca del río, pobres y mezclados unos con otros, en una ciudad que les es extraña”.

Durante un período inexacto, pero que se extendió aproximadamente por 50 años, el tango se nutrió de los valores de aquellos habitantes que conformaban la metrópoli. Los recientemente arribados, se mezclaron con los porteños y sumando minorías conformaron una mayoría social multicultural. El resultado erosionó la poética, las formas de abrazar, de bailar, de tocar los instrumentos y la expresión fue el tango.

Las letras representaban esa realidad. La pregunta que hacemos desde Fractura Expuesta es: ¿Qué es el tango hoy? Para nosotros, para los nuevos habitantes de esa misma ciudad de origen, pero casi un siglo después. Aquel italiano recién llegado a Buenos Aires quería volverse a su tierra y entonces encontramos canciones que expresan esa añoranza. O la de los polacos, que se refugiaron en un país con un idioma inentendible y que tuvieron que amontonarse con toda su ideología en los conventillos. Ahí estaba el tango para retratarlos, para autorretratarse.

En la actualidad, siguen siendo pocos los tangos que hablen de nosotros ¿Qué es lo que te pasa a vos? ¿Qué querés? ¿Qué te duele? ¿Qué te indigna? ¿Que te motiva? ¿Qué te moviliza? ¿Qué te hace bien? ¿Qué te divierte?

Conocer el árbol genealógico del tango, como bien explica el profesor Varela, es importante para entender los orígenes sin olvidar que se trata de una expresión cultural producida por fuerzas sociales, culturales, económicas, que están en tensión constante. Los rescates históricos son interesantes cuando no se olvidan de esa realidad en tensión. No pasa entonces por insistir con lo de siempre, con esa historia siempre gloriosa, siempre popular, siempre masiva, siempre presente, siempre idéntica. Hoy el tango ya no está presente en el menú de opciones de la mayoría de los jóvenes de esta ciudad. Está más presente que algunos años atrás, es cierto, pero falta muchísimo más.

Antes era grasa. Ahora, a veces, es “cool”. Pero para muchos de los jóvenes, el inconsciente colectivo les sigue dictando que el tango es música para viejos, llorona, que habla de la melancolía y de la vieja. Los nuevos habitantes de Buenos Aires no se apropiaron del tango. La pebeta o la percanta que te amura siguen sin ser la pendeja que te clavó. Tal vez decimos lo mismo, pero las palabras son otras, y cuando las palabras cambian, nunca se está comunicando lo mismo. La apropiación de las expresiones artísticas de nuestra región implica varios niveles. Algunos de esos niveles los tenemos al alcance, y sin embargo, todavía no los tomamos en nuestras manos para torcer el rumbo. (Por si hace falta aclarar, los niveles que implican la macro política o las acciones para contrarrestar la invasión cultural requieren de una construcción más sólida a nivel social que todavía parece no estar cercano.)

Por eso la pregunta: ¿Qué es el tango para nosotros? Y nos la hacemos en medio de la relación de mercado donde mandan axiomas de oferta y demanda, pero donde muchas veces se imponen ofertas y se nos muestra como supuesta demanda. Donde los chicos están incentivados a la adolescencia cuando todavía tienen 9 años. Donde una maquinaria cultural crea las “necesidades” disparando contenidos desde Miami, en algunas ocasiones con acento argentino. Resulta que ahora, para abaratar costos, somos necesarios y entonces armamos “operaciones triunfo” con pibes de todas las provincias, pero que cantan tango o folclore como Cristina Aguilera. Ni hablar de las novelas con el sello de “Cris” Morena, floggers, Cumbios, en definitiva, formas de no hacer. Mecanismos para pensar, respuestas lógicas ante problemáticas comunes, pero con los guiones que se escriben en otras latitudes y que nosotros leemos sin chistar.

La cultura a veces sirve como mecanismo de defensa, aunque sea para poner en estado crítico a esos guiones ajenos. Y el tango está ahí, con toda su impronta, tradición, historia y también con su nueva imagen, moda, marca en el mundo y recursos económicos. Puede “decir” como nosotros, pero todavía no le enseñamos a hablar como nosotros. Se revierte esa máxima tanguera: “Vos pibe no podés hacer tango porque no la viviste”. Mientras el tango no hable de nosotros, como generación, no va a pasar nada importante en materia de conquistar nuevo público, más seguidores, más chicos y chicas pensando en tango. Es menuda la tarea de los nuevos letristas, o si se quiere, de los nuevos poetas.

La idea es sincerar el tango, hacerlo nuestro, que entre canción y canción siempre aparezca algún tema que hable también de los habitantes de Buenos Aires, pero de los de ahora. Y que cada vez sean más, para poder ir encontrando esa calidad que se nos demanda, en la cantidad. Para reinstalarnos como expresión cultural, con público genuino, con gente que también quiera escuchar tango, porque encuentra que ahí se canalizan varias de las inquietudes del hombre, incluso cuando esas inquietudes consistan simplemente en pasarla bien.

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