Archivo de Mayo de 2009

Ciclo Tango de miércoles: junio 2009

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A continuación les acercamos los conciertos de tango organizados por el Departamento La Ciudad del Tango que se realizarán en junio.
Los miércoles se presentarán:

- 03 de junio, 21.30, $15. -
Rafael De La Torre
- 10 de junio, 21.30, $15. -
Astillero
- 17 de junio, 21.30, $15.-
Dúo Reinaudo-Argañaraz
- 25 de junio, 21.30, $15.-
Altertango

Todos los conciertos se realizan en la sala Osvaldo Pugliese del CCC.
Av. Corrientes 1543 (C1042AAB)
Ciudad de Buenos Aires, Arg.
Informes: (011) 5077-8000
Boletería: (011) 5077-8077

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Esa cosa, el tango

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por Maximiliano Senkiw

Una campaña publicitaria de una gaseosa decía hace un tiempo que “la imagen no es nada”. Pues bien, si hablamos de tango y su representación en imágenes, preferentemente audiovisuales, aquella afirmación publicitaria pierde peso y contundencia. Es la imagen, en gran medida, la que ha legitimado un cuadro, una composición, una postal acerca del tango.

En este sentido, la televisión, sus operatorias de producción y representación, funcionan como constructoras y legitimadoras de aquel cuadro tanguero. Ese cuadro tanguero se compone de algunas imágenes que cualquier televidente podría rastrear con un simple pantallazo. El cantor engolado, la escenografía arrabalera, la pareja de baile a contraluz; todo en una vitrola televisiva que disipa un tango “cosificado”.

Ese es el callejón por el cual el tango transita en la televisión argentina. El recurso principal para mostrarlo es su “cosificación”. Es decir, su representación como un género cuyos elementos permanecen inmutables, sin variación e impermeables. En otras palabras, un tango que se muestra bajo un repertorio estático de imágenes y una matriz genética inalterable que solo es capaz de producir un único significado.

Se despliega así un proceso por el cual se asimila al tango como un objeto de museo y no como una expresión artística plástica, flexible, porosa, que se la puede llenar con diversos significados.

A esta altura, quizás convenga preguntarse por las posibilidades de alterabilidad que ofrece el soporte de la televisión a la hora de romper con aquella “cosificación”. ¿Qué seria de una TV sin géneros estables? ¿Qué seria de la televisión sin un marco de referencia que le permitiera fabricar sus productos? Casi imposible hacer televisión sin la guía que ofrece el estereotipo. Nada haría sentido en la pequeña pantalla si todo el tiempo la secuencia de imágenes intentara salirse de las casillas y fracturar los sentidos compartidos –siempre y cuando no hablemos de un proyecto que tenga por finalidad ese quiebre del sentido fijado-.

Los intentos por mostrar el tango en la televisión no han podido resolver la encrucijada que le plantea el propio formato televisivo. Por un lado, técnicamente permite idear y crear innovaciones y propuestas novedosas pero, por otro, no logra desprenderse de las reglas del estereotipo. Es como si todo el tiempo intentara quebrar su propia lógica pero con las herramientas que le ofrece el reglamento.

No es fácil salir de ese laberinto. No conocemos la salida para esa encrucijada. Hubo intentos más que loables para romper con las maneras básicas de representar al tango en la televisión. Sin embargo, el planteo respecto a la discusión de la representación televisiva del género no debería perder de vista que la cosificación es una forma de acostumbramiento. Como tal, si solo nos acostumbramos a esa una única imagen de tango, desconoceremos numerosas experiencias artísticas que lejos están de concebir la música ciudadana como inmutable.

Más allá de los pintoresquismos clásicos del tango -pintoresquismos que todavía tienen valor y producen sentido- es necesario dotar a esta expresión artística con nuevas vitalidades. Esto no implica dejar de lado “las herencias” sino más bien, usándolas como fondo de reserva, reelaborar el conjunto de imágenes que cuentan al tango. El verdadero acto de resistencia y potencia creativa no consiste solo en mantener lo que tenemos y sabemos sino en elaborar nuevos sentidos con eso que “supimos construir”.

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El grito del artista

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por Maximiliano Senkiw

El comentario editorial aquí pronunciado que retomaba algunos aspectos vinculados a la cuestión de la letrística, los letristas y los poetas contemporáneos de tango como expresiones del presente, despertó con posterioridad numerosas intervenciones y posturas.

Las diferentes posiciones plantearon de manera acertada temas que iban desde la falta de difusión mediática, los gustos y costumbres del público, las propuestas renovadoras, las grandes temáticas humanas, hasta la autorreferencia personal, entre otros. En este sentido, vale aclarar dos puntos esenciales respecto al texto original. Ni el editorial buscaba cargarle todo el peso y la responsabilidad sobre la cuestión a los letristas ni tampoco pretendía abonar la falsa teoría que sostiene que “no hay tangos nuevos”.

Aclarado esto, nos proponemos continuar recorriendo este mismo sendero pero ahora con nuevas preguntas. Quizás lo que sigue sea una breve cavilación más del orden “metafísico” que del análisis estructural. No obstante, si el terreno sobre el que estamos trabajando es el artístico, no hay porque escaparle pues a ese abordaje. Posicionados entonces sobre esta matriz surgen las preguntas.

¿Qué hay del “grito del artista”? ¿Qué hay de aquel desgarro personal, sorpresivo, movilizador, de impacto y activo que el artista experimenta y que necesita ser contado? Hay una gema del sentir humano –y que Discépolo bien lo manifestó en su obra- que es anterior y ajeno a las reglas y normativas de la interpretación y que no es tampoco exclusivo de aquel narigón melancólico. Es esta instancia de expresividad movilizadora (de la que intentamos dar cuenta) la que se borra o se omite cuando dejamos de hablar de “nosotros” –ese “nosotros” bien podría ser “todo el mundo y sus cosas”-.

¿Qué mayor éxtasis – si es que “éxtasis” resume lo que se plantea- para el artista que desangrarse en su propia letra, en su propio grito, en su propio desgarro, en su propia nota, con todas las posibles consecuencias que se derivan de ello? A esto apuntan nuestras intenciones. A la explosión creativa, feliz, desprejuiciada. Al salto al vacío, a la felicidad que produce la creación. Es ahí donde la expresión encuentra sus palabras, palabras que pueden ser nuevas, viejas o inventadas pero que, como resultado de un acto artístico, son genuinas, auténticas, vivas, incandescentes.

Nada de esto es ajeno al tango y nada debería permitir que le fuera ajeno en el corto plazo. Discépolo o Manzi no son “manuales de estilo” a los que se podría recurrir como modelos técnicos. Son, ante todo, ejemplos acabados del grito del artista. Son ellos, con sus inventos y también con sus determinaciones exteriores, los que se expresan con diferentes voces, la del pueblo, la de los dioses, la del animal, la que sea. Se asumieron como artistas y en ese acto de desgarro bautismal florecieron, se contaron y contaron el ambiente que los rodeaba sin necesidad de sentirse ni “testimoniales” ni agentes políticos. No hubo allí cuestionamientos porque la motivación venia de las profundidades y, como tal, ninguna barrera del súper-yo podía filtrar las ganas de gritar, contar y albergarse en su propia producción. Era su defensa, era su grito, eran sus vidas.

Y hoy, a pesar de la desintegración humana, natural, subjetiva, el arte sigue siendo morada de la expresión auténtica y son numerosas las producciones que bajo su techo se refugian. Más allá del fenómeno industrial de la cultura que no es nuevo, el arte ataca, conmueve y resiste para gritar otra vez “Este es mi tango, este soy yo en ustedes y estos son ustedes en mí”.

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