Tango, patrimonio de la humanidad

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por Maximiliano Senkiw

Hacia octubre del año pasado, la Intendencia de Montevideo y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires realizaron una presentación en forma conjunta ante la UNESCO para reconocer e integrar el tango a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Según el proceso administrativo y tras la presentación de documentos visuales, sonoros e informes técnicos que sustenten el pedido, se prevé que la resolución se efectuará en un año. O sea, hacia septiembre u octubre de este año se sabría si el tango es considerado por la UNESCO dentro su lista de producciones culturales patrimonio de la humanidad.

En aquel momento, el ministro de Cultura porteño Hernán Lombardi y Eduardo León Duter, director de Promoción Cultural de Montevideo, coincidieron en mancomunar esfuerzos para otorgarle mayor rango y reconocimiento a la expresión artística urbana que comparten las dos orillas. Al mismo tiempo, acompañando a Lombardi y a la iniciativa en el bar porteño Los 36 Billares, artistas de la talla de Susana Rinaldi, Atilio Stampone, Raúl Garello y Horacio Ferrer apoyaron la medida.

Medida que, como tal y a simple vista, siempre genera entusiasmo porque revaloriza una expresión cultural genuina que toca de cerca a los habitantes y artistas de dos países vecinos. No obstante, con estos emprendimientos sucede algo parecido a lo que escribía Cortazar en su cuento “Cefalea”: “todo se confunde y nada es menos cierto que su contrario”.

En principio, obviaremos un argumento que, a entender de quien escribe -y lee- estas palabras, no conserva ni impone ningún peso para entrar en la discusión. Hablamos de aquella postura de tono patriotero y “derechoso” que solo concibe al tango como una expresión argentina (para no decir porteña) y sostiene que cualquier tipo de intromisión externa no seria más que una ofensa a la patria, a los valores “verdaderos” y al ser nacional.

Salvada esta aclaración, conviene desplegar algunas preguntas para desentrañar parte de los fundamentos que podrían guiar la iniciativa gubernamental de declarar al tango Patrimonio de la Humanidad. En primer lugar, quienes lo postulan. En este caso, la gestión gubernamental de dos países lindantes. En segundo lugar, bajo que historial de acciones se inscribe esta acción y, finalmente, cuáles son los motivos reales que se combinan en la proclama.

El primer asunto ya esta dicho. Promoción Cultural de Montevideo y Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires toman la posta ante la postulación del tango en la UNESCO. El segundo tema es el que comienza a desentrañar un poco más la cuestión. Las acciones que, a lo largo de su gestión ha desarrollado el PRO en materia de tango, estuvieron mayormente dirigidas a afianzar al género como recurso estratégico para el fomento económico. De aquí el difundido programa de posicionamiento mundial que se lanzó durante 2008 para acrecentar la presencia del tango en numerosos territorios del globo terráqueo.

Sin duda esos recursos que se dispusieron para esa promoción no eran “chaucha y palito” sabiendo que son los turistas quienes más consumen tango. Hasta aquí, nada novedoso si se quiere. Mientras tanto, el mercado interno del tango no encuentra todavía verdadero estimulo más allá de alguna feria que se organiza para el Festival de Tango.
Pasando en limpio, la postulación del tango para Patrimonio de la Humanidad se inscribe en una serie de acciones estratégicas efectuadas desde el Ministerio de Cultura de la ciudad apuntaladas a afianzar la figura del tango en el exterior.

Por último, la tercera cuestión. Aquella que refiere a los motivos reales que se despliegan desde la acción de gobierno. Si bien es saludable que el tango sea considerado Patrimonio de la Humanidad, no conviene rendirse ante el hechizo de los posibles laureles que de allí podrían obtenerse. Sostener con fervor que este reconocimiento que podría obtener el tango es una forma de afianzar y conservar la identidad cultural de dos ciudades, si bien guarda cierto grado de verdad, maquilla también el fundamento con más solidez que guía la acción de estos gobiernos. Ese fundamento radica en los recursos económicos que pueden obtenerse desde la cultura. Y el tango, para la ciudad, además de un bien cultural intangible, es una fuente de recursos cada vez más exprimida.

Que quede claro. No hay gestión de gobierno que no entienda la cultura como objeto de políticas y como recurso estratégico para el fomento económico. Ingenuo -y hasta cierto grado hipócrita- seria creer y postular por estos tiempos que la cultura sirve solo a los efectos de la integración social y el arreglo de las desigualdades. De igual manera, hipócrita también resulta matizar con argumentos como “identidad cultural”, una medida que, en sus profundidades, solo se interesa por promover acciones que le sirvan al incremento de su caja.

Identidad, recurso económico, cultura. Variantes que se ponen en juego en esto de las políticas culturales contemporáneas.

Promover un bien cultural no habla solo de su reconocimiento en el exterior. No existe derrame o distribución cuando, al interior del sistema, ese bien es solo enmarcado en programas de posicionamiento de marketing que tienen sus antenas apuntadas hacia afuera. Si realmente existe voluntad para promover efectivamente al tango más allá del turismo, será hora de que las acciones que se realizan en esa materia se reorienten de manera efectiva y visible al interior del país.

No basta con organizar milongas en los barrios. Es necesario disponer los recursos que se usan para el fomento externo en incentivos reales en el sector interno. Solo así se sabrá si el tango realmente conserva aquellas propiedades de aglutinador social e identitario. Por lo demás, seguirá siendo un elemento exótico, no solo para los turistas sino también para las nuevas generaciones que habitan la ciudad.

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