Archivo de Abril de 2009

El día que el tango hable de nosotros

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por Germán Marcos

¿El tango sigue siendo una música popular? ¿Lo es solo por tradición e historia o también por producción y acción actual? ¿De qué hablan los tangos? ¿A quiénes le hablan?

El músico y profesor de filosofía Gustavo Varela(*), en su libro “Mal de Tango”, describe el origen, el contexto de la sociedad porteña de principios de siglo XX, donde el tango se volvió expresión cultural popular y masiva.

Escribe Varela: “El tango inventa culturalmente a la clase media, es su primera expresión, su modo de construir afectos, su manera de expresar el afincamiento en una nueva tierra. El inmigrante trae consigo la zarzuela, la mazurca, que en una tarde de patio se mezcla con el sonido de la milonga campera. El italiano, el turco, o nuestro hombre de campo, son refugiados sociales, expulsados por el alambre de púa local, o por la miseria de sus países de origen […] Traen ideales, libros, partituras, costumbres, instrumentos, teatro. Pasan su tiempo añorando con volver a su tierra, para vivir la vida que se merecen, no la que lleven en el arrabal, cerca del río, pobres y mezclados unos con otros, en una ciudad que les es extraña”.

Durante un período inexacto, pero que se extendió aproximadamente por 50 años, el tango se nutrió de los valores de aquellos habitantes que conformaban la metrópoli. Los recientemente arribados, se mezclaron con los porteños y sumando minorías conformaron una mayoría social multicultural. El resultado erosionó la poética, las formas de abrazar, de bailar, de tocar los instrumentos y la expresión fue el tango.

Las letras representaban esa realidad. La pregunta que hacemos desde Fractura Expuesta es: ¿Qué es el tango hoy? Para nosotros, para los nuevos habitantes de esa misma ciudad de origen, pero casi un siglo después. Aquel italiano recién llegado a Buenos Aires quería volverse a su tierra y entonces encontramos canciones que expresan esa añoranza. O la de los polacos, que se refugiaron en un país con un idioma inentendible y que tuvieron que amontonarse con toda su ideología en los conventillos. Ahí estaba el tango para retratarlos, para autorretratarse.

En la actualidad, siguen siendo pocos los tangos que hablen de nosotros ¿Qué es lo que te pasa a vos? ¿Qué querés? ¿Qué te duele? ¿Qué te indigna? ¿Que te motiva? ¿Qué te moviliza? ¿Qué te hace bien? ¿Qué te divierte?

Conocer el árbol genealógico del tango, como bien explica el profesor Varela, es importante para entender los orígenes sin olvidar que se trata de una expresión cultural producida por fuerzas sociales, culturales, económicas, que están en tensión constante. Los rescates históricos son interesantes cuando no se olvidan de esa realidad en tensión. No pasa entonces por insistir con lo de siempre, con esa historia siempre gloriosa, siempre popular, siempre masiva, siempre presente, siempre idéntica. Hoy el tango ya no está presente en el menú de opciones de la mayoría de los jóvenes de esta ciudad. Está más presente que algunos años atrás, es cierto, pero falta muchísimo más.

Antes era grasa. Ahora, a veces, es “cool”. Pero para muchos de los jóvenes, el inconsciente colectivo les sigue dictando que el tango es música para viejos, llorona, que habla de la melancolía y de la vieja. Los nuevos habitantes de Buenos Aires no se apropiaron del tango. La pebeta o la percanta que te amura siguen sin ser la pendeja que te clavó. Tal vez decimos lo mismo, pero las palabras son otras, y cuando las palabras cambian, nunca se está comunicando lo mismo. La apropiación de las expresiones artísticas de nuestra región implica varios niveles. Algunos de esos niveles los tenemos al alcance, y sin embargo, todavía no los tomamos en nuestras manos para torcer el rumbo. (Por si hace falta aclarar, los niveles que implican la macro política o las acciones para contrarrestar la invasión cultural requieren de una construcción más sólida a nivel social que todavía parece no estar cercano.)

Por eso la pregunta: ¿Qué es el tango para nosotros? Y nos la hacemos en medio de la relación de mercado donde mandan axiomas de oferta y demanda, pero donde muchas veces se imponen ofertas y se nos muestra como supuesta demanda. Donde los chicos están incentivados a la adolescencia cuando todavía tienen 9 años. Donde una maquinaria cultural crea las “necesidades” disparando contenidos desde Miami, en algunas ocasiones con acento argentino. Resulta que ahora, para abaratar costos, somos necesarios y entonces armamos “operaciones triunfo” con pibes de todas las provincias, pero que cantan tango o folclore como Cristina Aguilera. Ni hablar de las novelas con el sello de “Cris” Morena, floggers, Cumbios, en definitiva, formas de no hacer. Mecanismos para pensar, respuestas lógicas ante problemáticas comunes, pero con los guiones que se escriben en otras latitudes y que nosotros leemos sin chistar.

La cultura a veces sirve como mecanismo de defensa, aunque sea para poner en estado crítico a esos guiones ajenos. Y el tango está ahí, con toda su impronta, tradición, historia y también con su nueva imagen, moda, marca en el mundo y recursos económicos. Puede “decir” como nosotros, pero todavía no le enseñamos a hablar como nosotros. Se revierte esa máxima tanguera: “Vos pibe no podés hacer tango porque no la viviste”. Mientras el tango no hable de nosotros, como generación, no va a pasar nada importante en materia de conquistar nuevo público, más seguidores, más chicos y chicas pensando en tango. Es menuda la tarea de los nuevos letristas, o si se quiere, de los nuevos poetas.

La idea es sincerar el tango, hacerlo nuestro, que entre canción y canción siempre aparezca algún tema que hable también de los habitantes de Buenos Aires, pero de los de ahora. Y que cada vez sean más, para poder ir encontrando esa calidad que se nos demanda, en la cantidad. Para reinstalarnos como expresión cultural, con público genuino, con gente que también quiera escuchar tango, porque encuentra que ahí se canalizan varias de las inquietudes del hombre, incluso cuando esas inquietudes consistan simplemente en pasarla bien.

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Tango, patrimonio de la humanidad

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por Maximiliano Senkiw

Hacia octubre del año pasado, la Intendencia de Montevideo y el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires realizaron una presentación en forma conjunta ante la UNESCO para reconocer e integrar el tango a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Según el proceso administrativo y tras la presentación de documentos visuales, sonoros e informes técnicos que sustenten el pedido, se prevé que la resolución se efectuará en un año. O sea, hacia septiembre u octubre de este año se sabría si el tango es considerado por la UNESCO dentro su lista de producciones culturales patrimonio de la humanidad.

En aquel momento, el ministro de Cultura porteño Hernán Lombardi y Eduardo León Duter, director de Promoción Cultural de Montevideo, coincidieron en mancomunar esfuerzos para otorgarle mayor rango y reconocimiento a la expresión artística urbana que comparten las dos orillas. Al mismo tiempo, acompañando a Lombardi y a la iniciativa en el bar porteño Los 36 Billares, artistas de la talla de Susana Rinaldi, Atilio Stampone, Raúl Garello y Horacio Ferrer apoyaron la medida.

Medida que, como tal y a simple vista, siempre genera entusiasmo porque revaloriza una expresión cultural genuina que toca de cerca a los habitantes y artistas de dos países vecinos. No obstante, con estos emprendimientos sucede algo parecido a lo que escribía Cortazar en su cuento “Cefalea”: “todo se confunde y nada es menos cierto que su contrario”.

En principio, obviaremos un argumento que, a entender de quien escribe -y lee- estas palabras, no conserva ni impone ningún peso para entrar en la discusión. Hablamos de aquella postura de tono patriotero y “derechoso” que solo concibe al tango como una expresión argentina (para no decir porteña) y sostiene que cualquier tipo de intromisión externa no seria más que una ofensa a la patria, a los valores “verdaderos” y al ser nacional.

Salvada esta aclaración, conviene desplegar algunas preguntas para desentrañar parte de los fundamentos que podrían guiar la iniciativa gubernamental de declarar al tango Patrimonio de la Humanidad. En primer lugar, quienes lo postulan. En este caso, la gestión gubernamental de dos países lindantes. En segundo lugar, bajo que historial de acciones se inscribe esta acción y, finalmente, cuáles son los motivos reales que se combinan en la proclama.

El primer asunto ya esta dicho. Promoción Cultural de Montevideo y Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires toman la posta ante la postulación del tango en la UNESCO. El segundo tema es el que comienza a desentrañar un poco más la cuestión. Las acciones que, a lo largo de su gestión ha desarrollado el PRO en materia de tango, estuvieron mayormente dirigidas a afianzar al género como recurso estratégico para el fomento económico. De aquí el difundido programa de posicionamiento mundial que se lanzó durante 2008 para acrecentar la presencia del tango en numerosos territorios del globo terráqueo.

Sin duda esos recursos que se dispusieron para esa promoción no eran “chaucha y palito” sabiendo que son los turistas quienes más consumen tango. Hasta aquí, nada novedoso si se quiere. Mientras tanto, el mercado interno del tango no encuentra todavía verdadero estimulo más allá de alguna feria que se organiza para el Festival de Tango.
Pasando en limpio, la postulación del tango para Patrimonio de la Humanidad se inscribe en una serie de acciones estratégicas efectuadas desde el Ministerio de Cultura de la ciudad apuntaladas a afianzar la figura del tango en el exterior.

Por último, la tercera cuestión. Aquella que refiere a los motivos reales que se despliegan desde la acción de gobierno. Si bien es saludable que el tango sea considerado Patrimonio de la Humanidad, no conviene rendirse ante el hechizo de los posibles laureles que de allí podrían obtenerse. Sostener con fervor que este reconocimiento que podría obtener el tango es una forma de afianzar y conservar la identidad cultural de dos ciudades, si bien guarda cierto grado de verdad, maquilla también el fundamento con más solidez que guía la acción de estos gobiernos. Ese fundamento radica en los recursos económicos que pueden obtenerse desde la cultura. Y el tango, para la ciudad, además de un bien cultural intangible, es una fuente de recursos cada vez más exprimida.

Que quede claro. No hay gestión de gobierno que no entienda la cultura como objeto de políticas y como recurso estratégico para el fomento económico. Ingenuo -y hasta cierto grado hipócrita- seria creer y postular por estos tiempos que la cultura sirve solo a los efectos de la integración social y el arreglo de las desigualdades. De igual manera, hipócrita también resulta matizar con argumentos como “identidad cultural”, una medida que, en sus profundidades, solo se interesa por promover acciones que le sirvan al incremento de su caja.

Identidad, recurso económico, cultura. Variantes que se ponen en juego en esto de las políticas culturales contemporáneas.

Promover un bien cultural no habla solo de su reconocimiento en el exterior. No existe derrame o distribución cuando, al interior del sistema, ese bien es solo enmarcado en programas de posicionamiento de marketing que tienen sus antenas apuntadas hacia afuera. Si realmente existe voluntad para promover efectivamente al tango más allá del turismo, será hora de que las acciones que se realizan en esa materia se reorienten de manera efectiva y visible al interior del país.

No basta con organizar milongas en los barrios. Es necesario disponer los recursos que se usan para el fomento externo en incentivos reales en el sector interno. Solo así se sabrá si el tango realmente conserva aquellas propiedades de aglutinador social e identitario. Por lo demás, seguirá siendo un elemento exótico, no solo para los turistas sino también para las nuevas generaciones que habitan la ciudad.

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El tango no será televisado

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por Germán Marcos

El Tango no será televisado. La televisión no transmitirá tango. La tele no le da cabida al tango. Hace poco más de una década que el tango como género musical de la ciudad de Buenos Aires ha vuelto al ruedo. Estamos tal vez en el momento más consolidado en materia de músicos, de baile, de estudiantes en los conservatorios, de tangos nuevos, obra nueva, de protagonistas nuevos. Y el tango no será televisado. El medio, hasta aquí, le escapa a reflejar la realidad del tango que trasciende desde las bases de nuestra ciudad.

En enero, después de jugar un partido de fútbol, un grupo de cantores y guitarristas fueron a comer a una panchería de barrio, en Villa Urquiza. Casualmente algunos habían estado ensayando antes del picado y tenían las guitarras encima. Sin más que las ganas de cantar, se armó la fiesta. El pibe que atiende el mostrador, apagó la tele que sintonizaba el noticiero de Telefé y, en sus escasos momentos de ocio, se apoyaba en la mesada para escuchar. El panchero tiene la edad de los guitarristas y quedó sorprendido. Regaló de su sueldo unas botellas de cerveza más para prolongar la noche de verano. La rareza deja de ser rareza cuando sos testigo de algo cotidiano. Y el pibe vio eso, la cotidianeidad de los protagonistas.

Otro día, una peña organizada por músicos en Hollywood, pero el de Palermo, convocó a una importante cantidad de gente del palo que fue arribando cual cumbre del tango pero del futuro. O del presente. Las consecuencias de esa máxima enquistada en nosotros, esa que como sociedad nos hace legitimar a lo que sale en la televisión, les hace perder de vista, incluso a los propios protagonistas, que lo que están protagonizando es la misma actualidad del género que los moviliza. Y ahí están, cantando en silencio en la ciudad.

Y así podría continuar con movidas parecidas en La Plata, en Almagro, en San Telmo o con charlas de café donde músicos y bailarines diseñan un festival de tango paralelo o algún que otro espectáculo que se verá de acá a un año.

El tango no será televisado y, como las revoluciones, no necesita de la televisión para marchar hacia el futuro. El tema es que la difusión acelera las instancias y levanta la autoestima. No está demás reiterar que el medio audiovisual es fundamental en la materia. Fuimos educados para lo audiovisual. En las últimas dos décadas el bombardeo de contenidos televisivos se multiplicó exponencialmente. Los valores y los tiempos cambiaron. Los valores del tango y los valores de la sociedad de los porteños cambiaron. Pero el tango sigue sin ser televisado.

¿Qué tango es el que se muestra en la tele? ¿Cómo accede el tango a la tele? Y en general, ¿qué arte es el que se muestra en la televisión? ¿De qué forma? ¿En qué tiempos?

Los últimos intentos audiovisuales del género son cinematográficos. Documentales que por suerte han modificado la mirada, la forma de observar y de acercarse, desde la actualidad, desde directores jóvenes, como Nicolás Entel que filmó “Orquesta Típica”, o “Tango un Giro Extraño” de Mercedes García Guevara, o Caroline Neal que realizó el documental “Si sos brujo”.

Y aquí otra pregunta: ¿Qué pasa que la pantalla chica que no se hace eco de estas nuevas miradas? Solo el canal Encuentro con Tocá Madera, el programa de Rodrigo de la Serna, incursiona en otra forma de mostrar.

La mayor presencia del tango en la televisión es la del tango electrónico. Llega por cortesía de los noticieros que ya lo instalaron como lugar común en sus cortinas urbanas. La publicidad también hace lo suyo, sobre todo la que se filma en Buenos Aires para todo el continente. La otra presencia es más triste: parodias de estereotipos insólitos, funyi, frac, pañuelito, malevos que ya no son. Algo así como contar el 25 de mayo con una mujer morena repartiendo empanadas. Ya no se la cree nadie.

La totalidad de los contenidos llegan por la televisión por cable. El canal Solo Tango fracasa porque fue pensado para venderse como soja a mercados generosos con nuestro tango como lo son China y Japón. Una vez que se ubicó por allá, los contenidos son como forraje para alimentar chanchos. Textualmente sería: “no me importa la responsabilidad del medio puertas adentro porque ya cumplí mi objetivo de inversión”. Así suele ser en general el mundo de los negocios.

Lo de Soldán es terrible. Que alguien le avise que el éxito de la maquinaria de Tinelli no pasa por tener a un grupo de personajes que la van de jurados y que cumplen el estereotipo de un guión que parece haber sido escrito por un nene de cuarto grado: la buena, la exigente, el juez intransigente, etc. En esa puesta decadente consiste el espacio para los nuevos valores. Se presentan, cantan un tema sobre una pista y un jurado de notables hace el show.

El resultado de la televisación del tango hoy día es este. Y entonces, salvo por “Tocá Madera” y un poquito de lo que quiso ser “Sarpando Tangos” por Canal 7, hace un par de años podríamos aventurar que, si las cosas son así, que esta televisión no transmita al tango tiene hasta sus puntos positivos. Ojalá que la renovación de los difusores del género llegue algún día a la televisión. O que la forma de mostrar al tango se olvide de los estereotipos retrógrados de cuando la televisión y los televidentes eran otros. Ojalá que algún día se pueda mostrar en televisión el resultado de eso que arrancó en una panchería de Urquiza o en una peña de Palermo.

Finalmente, ya se ha presentado en La Plata el anteproyecto de la nueva Ley de Radiodifusión. De los 21 puntos que conformaron los miembros de la “Asamblea de la Coalición por una Radiodifusión Democrática” quiero recordar el número dos: “La radiodifusión es una forma de ejercicio del derecho a la información y la cultura y no un simple negocio comercial. La radiodifusión es un servicio de carácter esencial para el desarrollo social, cultural y educativo de la población, por el que se ejerce el derecho a la información.”

El tango es información. La actualidad del tango es noticia. Las revoluciones no se televisan, se hacen en la calle. El tango está en la calle. El tango no será televisado.

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¡Veo tierra! ¡Tierra de intérpretes!

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por Maximiliano Senkiw

A lo largo de la historia del tango, el lugar del intérprete adquirió un papel destacado. No solo por las referencias vocales e instrumentales que se elevaron al estrellato desde esa actividad sino porque fueron ellos -los intérpretes-, quienes hicieron y hacen carne el trabajo de letristas y compositores. Todos ellos, en una amalgama musical, supieron construir un cuadro de época en distintos periodos. Así Villoldo desflorando, con sus tangos procaces, la moral subterránea de principios del siglo XX, más tarde Gardel interpretando “Al mundo le falta un tornillo” o “Pan” y hasta Goyeneche, llegando el nuevo siglo, con su versión de “Cambalache” en plena Guerra de Malvinas.

Ahora bien, propongo un ejercicio para la imaginación que servirá para pensar la categoría de intérprete y su rol en las entrañas mismas del tango que corre por estos tiempos. Suponga usted que aquí y ahora se recopila en un disco el material más representativo del momento que hoy vive el tango. Ese disco sería algo así como un caso testigo del estado actual en el que se encuentra el género. Allí estarían pues no solo los creadores sino también los intérpretes.

Con este disco ya compilado del presente del tango, imagine ahora que se guarda el material bajo 4 llaves y se lo entierra cual tesoro de piratas. Ese tesoro, pasado 100 años, es descubierto por un grupo de exploradores tangueros. En perfectas condiciones, el reciente hallazgo comienza a escucharse y es allí donde aparecen las primeras preguntas para el equipo de arqueólogos musicales que poca información tenía sobre ese período. “¿Qué nos dice toda esa información allí compilada? ¿De qué momento nos habla? ¿Supone una fotografía de época o, por el contrario, retoma esquemas y modismos de otros tiempos? En este último caso, ¿por qué los retoma?” Como se verá, y si no se ve vale aclararlo, el descubrimiento plantea interrogantes acerca del contexto creativo en el cual ese compilado fue elaborado.

Afilando todavía más la mirada, a medida que el compilado suena en un vitrola de discos compactos, los descubridores deciden recortar la muestra y tomar solo aquello que se canta. En esa instancia, se encuentran con un abordaje particular. Sucede que los intérpretes decidieron, por aquel momento, priorizar tangos “usados” y disponer, en menor medida, de los “nuevos”. A esta altura, la cuestión ya parece más profunda. Se preguntan los arqueólogos musicales: “¿Qué habrá pasado en el tango para que los intérpretes decidieran apropiarse de aquellos tangos (los usados) en detrimento de los que, se suponía, podían configurar un panorama más claro del contexto?”.

Con esta pregunta en la punta de la lengua, los investigadores elaboran ahora algunas hipótesis:
1- Los tiempos no han cambiado tanto por lo cual los intérpretes razonan que ya hay tangos que pueden explicar la situación y explicarlos a ellos mismos.
2- Al contrario de la primera hipótesis, como no hay nada que pueda dar cuenta del momento, recurren a la morada de los clásicos.
3- Existe cierta inmovilidad por parte de los intérpretes para rastrear material que explique su tiempo y que, en esa explicación, los incluya.
4- Los productores de los intérpretes no renuevan sus estrategias y se estancan en cierta infalibilidad marketinera con que cuentan algunos tangos “usados”.
5- Los intérpretes prestan demasiada atención a sus productores.
6- Por más de que no se sientan “cantados” y “expresados” en tangos clásicos, vaya a saber por qué, los intérpretes apuestan a esas obras.
7- Hipótesis arriesgada: el tango ya dijo todo lo que tenía que decir y no harían falta nuevas interpretaciones.

Como sea, cada una de estas conjeturas comporta algo de cierto. Asimismo, todas ellas presumen un camino para desandar que refiere al quehacer de los miles de intérpretes que surcan por estas horas el espacio tanguero. En gran medida, pero no de manera excluyente, quienes se perfilan como intérpretes de tango, específicamente en lo que al canto toca, olvidan en ocasiones desenpolvar una pregunta movilizadora que, como tal, invita a responder con la mayor franqueza posible. Esa pregunta dice: ¿Cuan representado me siento en esto que canto? ¿Cómo me siento con esto que represento?

Esto es algo que poco se habla (sostiene y cree quien, desde esta pequeña porción de tierra, expresa estas palabras). Nos referimos a la responsabilidad del intérprete al momento de dar cuenta de un estado de situación del tango. Obviamente no se intenta mandar a la hoguera a aquellos que interpretan “Caminito” -sin duda esa obra en alguna parte de su sensibilidad toca y afecta a quien trae a su cuerpo y alma ese texto-, pero tampoco conviene olvidar que, dentro de 100 años, cuando los arqueólogos musicales desentierren el próximo compilado tanguero, poco habrá que descifrar porque parecerá que ya todo estuvo dicho desde hace tiempo. Y eso, para el tango, es otra vez una forma de momificación.

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